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Una mirada cibernética de Israel para salvar vidas

Agustín Saavedra Weise*

En Bolivia la lista de accidentes en camiones de carga y transportes públicos interdepartamentales o “flotas” alcanza niveles trágicamente elevados. No hay semana en la que no lamentemos la pérdida de vidas debido al descalabro de las pésimas carreteras del país, imprudencia de los conductores y/o falta de control por una policía caminera que existe sólo de nombre… Como la actual administración política se jacta tanto del “cambio”, es hora de que cambie en serio sus ineficientes controles e ingrese en la era de la tecnología de punta y la inteligencia artificial.

Para reducir probabilidades de accidentes han surgido diversas reglamentaciones, tales como descanso apropiado de los conductores, no consumir drogas ni alcohol, etc. Pero es un hecho que una vez que los choferes de vehículos colectivos o de carga se colocan frente al volante de un camión o de un ómnibus, no hay manera de controlarlos; tampoco hay forma de evitar que se distraigan o se duerman y así ocasionen terribles accidentes. Aquí es donde entra en juego una innovadora tecnología israelí ofrecida por la empresa EyeSight, que significa “mirada” o “vista” en inglés (www.eyesight-tech.com) y se especializa en desarrollar productos de avanzada en materia de visión aplicados en la vida diaria y especialmente para la seguridad en vehículos automotores.

Eyesight Technologies desarrolló soluciones de detección que hoy son líderes en el mercado: DriverSense, monitoreo del conductor, y CabinSense, monitoreo de la cabina. El DriverSense es un proceso de vigilancia enfocado en el conductor, identificando y monitoreando atributos visuales, para poder determinar su comportamiento. Se permite una conducción mucho más segura al generarse la evaluación continua del estado del chofer ¿Está el conductor somnoliento? ¿Atento o distraído y sin mirar la carretera? DriverSense ofrece otros componentes e indicadores, tales como monitoreo del conductor e identificación del conductor; movimientos del párpado, posición y orientación de la cabeza, tasa de parpadeo y dilatación de pupila. De esa manera se detecta si el conductor está distraído, somnoliento, ebrio o drogado. Con DriverSense, los sistemas de seguridad de la movilidad también pueden ser informados en tiempo real del estado peligroso del conductor; eso permite activar alertas y medidas de precaución en el momento adecuado. Además, hay parámetros tales como identificación del conductor, detección facial y otros.

Autoridades responsables: ¿Qué están esperando? tienen los datos, aplíquenlos con rigor y encuentren una solución efectiva para el recurrente drama de las carreteras bolivianas.

*  Ex canciller, economista y politólogo

Tomado de El Deber (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia) https://www.eldeber.com.bo/opinion/Una-mirada-cibernetica-de-Israel-para-salvar-vidas-20190413-9150.html 

DIVIDE Y VENCERÁS

F. Javier Blasco*

“Divide et impera, frase de dudoso origen atribuida al dictador y emperador romano Julio Cesar, que resume la estrategia con la que los gobernantes de nuestra nación y quienes aspiran a serlo nos dirigen o alientan”[1]. Así es como inicia Juan Perea un trabajo, titulado “Divide y Vencerás, una estrategia política generalizada”, publicado en El Confidencial el 30 de septiembre de 2011.

El trabajo citado, es un breve artículo en el que el autor aprovecha dicha cita histórica y otras más pronunciadas durante la época del imperio romano para poner al descubierto las vergüenzas y desvergüenzas de la clase política de aquel tiempo y, al mismo tiempo, trasladarnos con ellas a la rabiosa y cruda actualidad, mostrando así que, en eso cómo en otras muchas cosas ―para nuestra desgracia―, la humanidad no sólo no ha evolucionado positivamente, sino que ha empeorado.

Una estrategia de muy posible origen militar, como muchas otras cosas en la vida, que real y desgraciadamente se transforma en una táctica bastante rastrera al trasladarse a la arena política y social ya que, como es fácilmente entendible, sólo suelen recurrir a ella aquellos que son muy pobres estrategas y por quienes se encuentran en inferioridad numérica o en desventaja de capacidades dada la escasez y poca valía de sus medios o argumentos empleados o en juego, según los casos.

Cuando uno no tiene una plena convicción en sus capacidades y posibilidades para derrotar al contrario o la diferencia en medios es notoria, patética y muy palpable, se ve forzado a recurrir a todo tipo de artimañas, estratagemas y maniobras sucias basadas en el engaño o la simulación a fin de aparentar ante su contrincante que está en disposición de hacerle frente e incluso alzarse con la victoria gracias a su “superioridad aparente”.

Si todo lo anterior no es suficiente para ello, es muy grave la inherente cobardía y falta de confianza en los suyos o pobre su capacidad para el mando, entonces es cuando el “villano acosado” se ve forzado a variar o a aumentar un grado más las tácticas, técnicas y procedimientos antes mencionadas a base de introducir ciertos elementos perturbadores que imposibiliten la coordinación y conjunción de esfuerzos en su contra, sobre todo, cuando el contrario no sea un único interlocutor, sino el resultado de la combinación y concurrencia de varias fuerzas de distinta procedencia.

No es un fenómeno nuevo en la historia de la humanidad en ninguno de los aspectos militares, políticos, económicos y sociales. Es una estratagema muy empleada por aquellos nada convencidos de sus capacidades o posibilidades y fundamentalmente, por los más ruines, falaces y cobardes. Porque con ella tratan lograr sus objetivos sin enfrentarse a sus contrincantes ni a pecho descubierto ni en campo abierto; se escabullen, emplean la escaramuza, la mentira y lo que ahora se conoce como la posverdad y las noticias falsas.

Todo vale para ese tipo de marrulleros y gente de poca honestidad; no les importa nada cambiar sus principios, negarlo todo aunque un día fuera verdad, difundir mentiras, romper los tratos, huir corriendo cuando sea preciso para, posteriormente, buscar la forma de atraer ―mediante el engaño― al contrario allí donde el terreno y el ambiente no les sea extraño, sino más propicio para él y peor para su adversario.

Bien. es verdad que la culpa de caer en las estratagemas y malas praxis del contrario no sólo reside en quién las lanza y práctica, sino y ―en mucho más de lo que pensamos― en aquel que alocada y acaloradamente o por las ansias de lograr una fácil victoria, se las cree sin pensar en la posible malicia de quien las proclama. Muchos desnortados ven en ellas la posibilidad de mostrar su capacidad y alardear ante propios y extraños para abatir a sus contrincantes de mayor fama y peor calaña.

La vanidad, definida como el “orgullo de la persona que tiene en un alto concepto sus propios méritos y un afán excesivo de ser admirado y considerado por ellos” es una de las más graves enfermedades del ser humano. Muchas veces nos lleva a cometer errores tremendos, al asumir el gran deseo de venganza de modo muy ufano y sin pensar contra qué o quién nos enfrentamos, cuál es su forma de ser y la mucha o poca pulcritud de su forma de actuar.

El malvado y perverso ruin, dado que suele ser muy cobarde y bastante malhadado, estudia y conoce de antemano la vanidad de su contrincante para poder engañarle en función de que aquella sea del mayor grado. Sabe que la prudencia y la verborrea del contrario son sus peores enemigos y, a la vez, los flancos más débiles por donde debe ser atacado. Y no digamos, si son varios los objetivos a batir a la vez y todos o casi todos ellos con más o menos el mismo perfil.

En dicho caso, la cosa es bien fácil, basta con echarles un poco de trigo para que, cómo a las palomas en un parque, todas ellas al unísono tomen confianza y se lancen sin desenfreno a la vez por el mismo botín, sin darse cuenta de que lo que están haciendo, es quitarse unas a otras su bocado, del que si hubieran bien pensado, lo podrían haber compartido mejor atacando cada una por su lado.

Otros animales mucho más carroñeros, pero totalmente expertos y eficaces, imponen una jerarquía a la hora de dar cuanta de una pieza a abatir; atacan cada uno por su lado, según su experiencia y tino y a la hora de comer, lo hacen por orden y sin empujones, siendo pacientes para esperar tranquilos su turno y, al final, todos ellos quedan saciados, sin interrumpirse ni meterse en problemas o en harinas de otro costal.

La prudencia es muy importante en esta vida, como también lo es ―antes de una vital o decisiva afrenta― saber identificar y apuntar hacia quién es el verdadero enemigo a batir. Enzarzarse con los posibles colegas por aquello del prurito o lo que se conoce como calentar el banquillo, que espera ver en sus líderes todo tipo de coraje y mucha maldad sin mirar contra quien se emplea, es la peor de las tácticas para atacar con certeza y tino a dicho enemigo.

Más les vale, reunirse antes, estudiarle, ver cómo puede influir el terreno y el ambiente presentado para la batalla, trazar estrategias derivadas de las posibles líneas de acción y asignarse claros cometidos de los que, salvo extrema necesidad, no desviarse ni salir manteniéndolos ―de ser posible― hasta el fin.

Pedro Sánchez, el mayor calculador, controvertido, cuestionado, poco claro, cambiante y posiblemente, el más nefasto presidente de los que hemos tenido en España en los últimos 40 años, tras muchas y variopintas dudas, rogativas, negativas y amagos, ha decidido “tener a bien” ―como si fuera una dadiva concedida por el presidente del gobierno al resto de partidos (primera argucia)― tener “un debate a cinco” en Antena 3 el próximo día 23.

Aquel que exigió por activa y por pasiva, cuando era el mayor representante de la oposición, un careo entre él y Rajoy, ahora reniega de aquello, se olvida y aparenta ceder ―en aras de la “pluralidad política”― a que dicho debate sea fuera de “su TV pública” porque, claro está, el impacto será mucho mayor, ya que esta otra cadena es más popular y vista (segunda argucia) que la que él, en pocos semanas, arruinó con su política del cerrojazo y expulsiones para coartar la libre comunicación.

Ha amoldado a su idea el escenario y ha elegido el terreno y el ambiente que considera más propicio para llevar a cabo un gran estropicio entre la oposición por el que espera que los tres representas de centro-derecha se hagan el harakiri cual bravos samuráis por no haber sabido ganar una batalla que jamás debió ser perdida. Dadas las características de Sánchez y de sus tres mejores escuderos (Calvo, Ábalos y Redondo), todo apunta a que el escenario mencionado está claramente ideado a Dividir para Vencer.

Creo que, por su parte, él ya habrá aprendido la lección de su colega y amigo Pablo Iglesias que, en una situación similar hace unos años (junio de 2016) y con muy diferentes puestos asignados, le gritaba a plena voz en mitad de la refriega “Pedro, no te confundas de enemigo: es Rajoy y no nosotros” [2] y en esta ocasión no lo vuelva a hacer. Pero, lo que más deseo de todo corazón, es que los “tres tenores o temores” (según sea el punto de vista) no caigan en el mismo error que Sánchez hizo en aquella ocasión.

* Coronel (retirado), España.

Referencias

[1] Juan Perea. “Divide y vencerás, una estrategia política generalizada”. El Confidencial, 30/09/2011, <https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2011-09-30/divide-y-venceras-una-estrategia-politica-generalizada_522447/>.

2] Josep Ramoneda. “Cabe en un tuit”. Ara en Castellano, 14/06/2014, <https://www.ara.cat/es/josep-ramoneda-cabe-en-un-tuit_0_1595840599.html>.

  • Publicado originalmente en Artículos F. Javier Blasco https://sites.google.com/site/articulosfjavierblasco/divide-y-venceras

Acerca de los reclamos del presidente de México a España

Marcelo Javier de los Reyes*

Fuente: AMLO, https://lopezobrador.org.mx/2019/01/30/afianzan-relacion-bilateral-mexico-y-espana/

El pasado 26 de marzo dos de mis alumnos universitarios me preguntaron qué pensaba yo respecto de la carta que el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, envió el 1º de marzo al Rey de España Felipe VI, a través del Ministerio de Exteriores. En ella le insta a reconocer los atropellos que las autoridades mexicanas consideran que se cometieron durante la conquista y a pedir disculpas por ellos. Ese reconocimiento, según el mandatario de México, constituiría la única forma posible de lograr una reconciliación plena entre ambos países[1]. Cabe señalar que en 2021 se conmemora el quinto centenario de la llegada a México del conquistador Hernán Cortés.

Como era lógico, el gobierno de España rechazó con firmeza esa exigencia.

La reacción del presidente López Obrador amerita algunas reflexiones.

Llama la atención que su abuelo era español, nacido en Cantabria, pero su posición intransigente responde a su ideología de izquierda más que una rebeldía —obviamente, no juvenil— a sus orígenes. Aún es más llamativo que el Presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, estuvo de visita oficial en México el pasado 30 de enero. Pedro Sánchez le agradeció a su par mexicano la cálida recepción con las siguientes palabras: “Quiero agradecer de corazón la hospitalidad y la hermandad que hemos sentido desde que llegamos, el honor de ser el primer gobierno extranjero en recibir, no es una casualidad, es una declaración de intenciones, de relanzar la relación bilateral”[2]. ¡Qué buena oportunidad perdida para exigirle disculpas!!! Ah, claro, Pedro Sánchez es un político de izquierda como López Obrador y no podía arruinar ese encuentro. Además, una cosa en un gobierno socialista, aunque sea español, y otra es la Corona de España.

Seguramente el presidente mexicano no se animará a pedirle a Estados Unidos que le reintegre la mitad del territorio que le robó en una guerra inventada, como tantas otras que creó esa potencia desde su independencia en 1776.

Por otro lado, López Obrador respalda el régimen del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quien comete atrocidades y somete al hambre ya la carencia de recursos esenciales a su pueblo. En el futuro, quizás alguien le exija disculpas al mandatario mexicano por ese respaldo y se lo acuse de apoyar el “genocidio de venezolanos”. Tal vez López Obrador debiera leer a Giambattista Vico (1668-1744), quien, en su obra Principi d’una scienza nuova intorno alla natura delle nazioni —escrita en 1725— hablaba del devenir histórico como corsi e ricorsi, una teoría que aludía a que la historia no avanza linealmente sino en forma de ciclos, avances y retrocesos[3].

Desde ya que el tema es complejo. Es cierto que los españoles cometieron vejaciones pero también trajeron cultura, a diferencia de otros imperios. Eso se aprecia en la creación de las universidades, como por ejemplo la Universidad Nacional de Córdoba —fundada en 1613, la más antigua del país y una de las primeras de América, una de las sedes del recientemente celebrado VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE)[4], a la que asistieron los Reyes de España— y eso es un plus respecto de los otros imperios coloniales.

A modo de digresión pero en el mismo sentido, se puede recordar cuando el gobierno de Cristina Kirchner retiró el monumento a Cristóbal Colón de la plaza sita detrás de la Casa Rosada o, en 2018, el retiro de una estatua de Colón en la ciudad de Los Ángeles argumentando que no hay que celebrar al responsable de un genocidio[5]. Una de las funcionarias de Los Ángeles, Hilda Solís, autora de la moción en la Junta de Supervisores del Condado para reemplazar el “Día de Colón” con el “Día de los Pueblos Indígenas”, expresó: “La estatua de Cristóbal Colón reescribe un capítulo manchado de la historia que romantiza las expansiones de los imperios europeos y las explotaciones de los recursos naturales y de los seres humanos”. Esta cruzada fue impulsada también por el concejal Mitch O’Farrell.

Por otro lado, juzgamos la historia con valores, con categorías actuales que, por otro lado, también estamos destruyendo. Es un grave error analizar la historia mirándola desde la actualidad.

¿Tiene algún sentido el pedido del mandatario mexicano? La verdad que quizás fue un mensaje destinado a sus seguidores pero sólo sirvió para tensar la relación bilateral.

La historia es interesante y una gran maestra pero tampoco podemos vivir anclados en estos rencores. Francia y Alemania superaron graves problemas y más recientes como lo fueron tres guerras atroces: la guerra franco-prusiana de 1870/1871, la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). En nuestra región, entre 1864 y 1870 Argentina, Brasil y Uruguay se enfrentaron en una sangrienta guerra contra Paraguay, país que en ese momento estaba en pleno desarrollo y que fue arrasado por sus vecinos. Hoy los cuatro países mantienen buenas relaciones y conviven en el MERCOSUR.

¿No tiene México suficientes problemas de qué ocuparse el presidente López Obrador? Me refiero, por ejemplo, al narcotráfico, a la corrupción, a la pobreza, a deficientes sistemas de salud, a poblaciones que carecen de agua potable, por citar algunos problemas compartidos por varios países de América, incluida la Argentina.

Tal vez sea mejor interesarnos y preguntarnos qué hemos hecho los americanos para que nuestros países estén en las condiciones actuales, para que muchos de nuestros hermanos hayan caído en la adicción a la droga, sufran los vejámenes de no poder poner un plato en la mesa para sus hijos, de padecer graves enfermedades y no contar con un buen sistema de salud, de no encontrar empleos, de vivir en ciudades en las que predomina la violencia, etc., etc. La mal llamada “America Latina” —denominación que no comparto[6]— es la región en la que impera la mayor desigualdad.

Es por demás llamativo que estas cuestiones a las que le da prioridad Lopez Obrador, Evo Morales y otros, responden a su ideología de izquierda, coincidente con la agenda indigenista e internacional promovida desde el norte y que revelan otros intereses, pues esos que en Los Ángeles retiraron la estatua de Colón parecen darle mayor importancia a este personaje de la historia vinculada a España pero no a las atrocidades llevadas a cabo por el gobierno estadounidense contra los aborígenes que ocupaban ese territorio. Es sabido que Mapuche International Link tiene sede en 6 Lodge Street, Bristol, BS1 5LR, England[7].

Resulta significativo que los Estados que fueron parte del Imperio español renieguen de su herencia hispánica, mientras que las naciones que integraron el Imperio británico —el cual no tiene punto de comparación con el español, en cuanto a crímenes cometidos—, no reaccionan de la misma manera y, aún más, muchos de ellos como Australia y Nueva Zelanda, lucen orgullosas la bandera británica en sus respectivos pabellones nacionales.

En lugar de remover una historia irreversible, de poner nuestros problemas afuera, deberíamos sentarnos a pensar cómo encauzar nuestros países en la senda del desarrollo y de la producción, para generar trabajo así como capitales propios destinados a la inversión y no a la especulación. Esto supone también deponer nuestros propios recelos en la región.

En 1939, en oportunidad de una de sus visitas a la Argentina, el filósofo español Ortega y Gasset nos dijo: “¡Argentinos! ¡A las cosas, a las cosas! Sin embargo, ochenta años después, los argentinos aún no lo hemos comprendido.

Parafraseando a Ortega y Gasset alguien debería decirnos: “¡Americanos! ¡A las cosas, a las cosas!”

* Licenciado en Historia, graduado en la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales, School of Social and Human Studies, Atlantic International University (AIU), Honolulu, Hawaii, Estados Unidos. Tema de tesis: “Intelligence and International Relations: an old relationship and its current revaluation for decision-making”.

Referencias

[1] Javier Lafuente, Lucía Abellán. “España rechaza con firmeza la exigencia de México de pedir perdón por los abusos de la conquista”. El País, 26/03/2019, <https://elpais.com/internacional/2019/03/25/mexico/1553539019_249884.amp.html>, [consulta: 27/03/2019].

[2] “El presidente de España, Pedro Sánchez Pérez-Castejón inició su visita oficial por México”. Infobae, 30/01/2019, <https://www.infobae.com/america/mexico/2019/01/30/el-presidente-de-espana-pedro-sanchez-perez-castejon-inicio-su-visita-oficial-por-mexico/>, [consulta: 27/03/2019].

[3] Giambattista Vico. Principios de una ciencia nueva en torno a la naturaleza común de las naciones. España: FCE, 2008, 312 p.

[4] VIII CILE (Argentina, 2019). El VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) tuvo lugar en Córdoba (Argentina) del 27 al 30 de marzo de 2019, y se celebró bajo el lema “América y el futuro del español”.

[5] Tony Arranaga. “Crews Remove Christopher Columbus Statue from Grand Park”. City of Los Angeles, 10/11/2018, <https://cd13.lacity.org/news/crews-remove-christopher-columbus-statue-grand-park>, [consulta: 13/11/2018].

[6] Marcelo Javier de los Reyes. “América sigue sin definir su identidad”. Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo (CEID), 14/02/2011, <http://www.ceid.edu.ar/biblioteca/2011/marcelo_javier_de_los_reyes_america_sigue_sin_definir_su_identidad.pdf>.

[7] Ver: Mapuche International Link, <https://www.mapuche-nation.org/contact/>.

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El afán histórico de la reelección

El 1º de mayo de 1948, en su mensaje ante el Congreso, el presidente argentino Juan Domingo Perón rechazó los rumores acerca de que pretendía modificar la Constitución Nacional en la parte referida a la reelección. El artículo 77 especificaba que el mandato era de seis años para presidente y vice; solo podían ser reelegidos tras el intervalo de un período. Perón negó querer ser reelecto. Expresó que la reelección inmediata “sería un enorme peligro para el futuro político de la República”. Sin embargo, cuatro meses después se inició la reforma, que concluyó en la Constitución de 1949 y se cambió el artículo 77, que pasó a ser 78, el que simplemente expresaba: “el presidente y el vicepresidente duran en sus cargos seis años y pueden ser reelegidos”. En 1951 Perón se convirtió en el primer mandatario argentino reelecto; ciertamente su meta era seguir así indefinidamente pero el alzamiento militar de 1955 truncó sus planes. El resto de la historia es conocida. Años después Perón retornó de su exilio y fue presidente nuevamente, esa vez mediante voto popular indiscutido. Falleció en pleno ejercicio de su mandato en julio de 1974.

La llamada Constitución peronista se promulgó el 16 de marzo de 1949, hace 70 años. Según los justicialistas, marcaba la cima del llamado “constitucionalismo social”. Se derogó tras la caída de Perón. En el hermano país hoy rige la Constitución de 1994.

Poco pueden sorprender ahora los malabares de Daniel Ortega y Evo Morales con este antecedente. Es un hecho que, desde hace mucho tiempo, el caudillaje latinoamericano ha pretendido estar por encima de la ley o modificarla a su antojo con el fin de perpetuarse. Casi siempre la cosa ha terminado mal, pero la historia no desalienta a los caudillos de turno. Ellos siguen insistiendo en permanecer al mando, inclusive burlando la voluntad popular. Tal cosa sucedió en Bolivia, donde luego del rechazo mayoritario del 21 de febrero de 2016, un tribunal complaciente sacó de la galera la idea del “derecho humano” a ser reelegido. Y lo hizo ante el silencio cómplice de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y de la propia Organización de Estados Americanos (OEA), cuyo actual Secretario Luis Almagro ha dado muestras de vergonzosa duplicidad.

Escudados en conceptos formales de soberanía o autodeterminación, los afectos a perpetuarse se burlan de la Carta Democrática interamericana, como también de sus propios pueblos. Y mientras tanto, el sistema hemisférico -en su tremenda ineficacia lindante con complicidad- sigue sin hacer nada que termine con esas maniobras.

Tomada de El Deber (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia),  https://www.eldeber.com.bo/opinion/El-afan-historico-de-la-reeleccion-20190325-7514.html

La diplomacia de los pueblos

La administración de Evo Morales, desde el inicio de su gestión en 2006 rechazó conceptos clásicos de la diplomacia y proclamó una ‘diplomacia de los pueblos’, sin elaborar nada que vaya más allá de esa ambigua definición. Si por los resultados podemos calificar, en la práctica la misma no tuvo aciertos y pareciera haberse convertido en un fracaso.

Tras desmantelar la vieja casona de la calle Ingavi -sede tradicional de la Cancillería- y crear una ficción indigenista, con notable sesgo aimara que ignoró la rica diversidad étnica del país, ha transcurrido un margen de tiempo suficiente para juzgar resultados. Lograr la participación de los pueblos originarios sería positivo si se acompañara de la formación indispensable para representar a Bolivia en el concierto internacional.

En esa perspectiva, hay muestras de fracasos de la diplomacia nacional en los últimos años. Sin duda, uno de ellos —quizás el más importante— fue el fiasco ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), cuyo veredicto de octubre 2018 sepultó casi para siempre las posibilidades que Bolivia podía tener de retornar algún día al mar que perdió en la Guerra del Pacífico. Más de cinco años después de iniciado el trámite judicial y tras muchos millones de dólares gastados, vino el fallo adverso, no sin previos actos internos y externos de triunfalismo, algo que hizo aún más amarga la derrota para el oficialismo y sobre todo para el inocente pueblo boliviano. Es más, expresar una leve crítica o dudas acerca del proceso llevado a cabo ante la CIJ era hasta peligroso, se corría el riesgo de ser tildado de ‘traidor’; la demanda presentada ante La Haya se transformó en dogma. A esos extremos se llegó.

En 2013 se aprobó una nueva ley del servicio exterior, que borró con el codo los esfuerzos de muchos años por tener una carrera diplomática estable y un cuerpo de formación profesional vía la Academia Diplomática. Desdeñando lo actuado antes —tildado de “elitista” y para “pocos” — el MAS pretendió crear una diplomacia inédita.

De las 36 legaciones diplomáticas de Bolivia en el mundo, 15 no tienen embajador. Solo dos de los representantes tienen carrera diplomática y las nuevas designaciones son casi siempre sorprendentes. Ya pasaron militares, dirigentes indígenas y cantantes. Ahora hay otros perfiles, pero se mantiene la falta de formación especializada.

Bolivia es un país diverso y de riqueza productiva, pero de nada le sirve si quienes nos representan en los grandes mercados mundiales, carecen de iniciativas que permitan buscar nuevos mercados para las exportaciones. En fin, se necesita mucho y es poco lo que se consigue con el actual sistema del servicio exterior.

No es evidente ningún “ejercicio de soberanía”, como se afirma. Lo que sí se ve es que hay improvisados diplomáticos, muchos de ellos convencidos de que, por vestir ropas extravagantes y expresar altisonancias, son ‘representativos’. Los embajadores profesionales son contados, el resto son designaciones dispuestas al calor político.

Tomada de El Deber (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia), https://www.eldeber.com.bo/opinion/La-diplomacia-de-los-pueblos-20190324-7488.html 

 

Inminente funeral de Unasur

EDITORIAL DE EL DEBER (SANTA CRUZ DE LA SIERRA, BOLIVIA)

“Ecuador está comprometido con la integración regional, pero con una integración que funcione”, expresó textualmente el presidente ecuatoriano Lenin Moreno, al informar oficialmente que su país abandonaba definitivamente la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur). A todo esto, los mandatarios de Argentina, Ecuador, Paraguay, Brasil y Colombia, asistirán a una reunión cumbre que tendrá lugar en Santiago de Chile en los próximos días y ha sido convocada por el jefe de estado de ese país, Sebastián Piñera. Lo más probable es que también asista Moreno. La idea madre para el cónclave es gestar un nuevo organismo en reemplazo de la ya agonizante Unasur, ente cuya muerte institucional es cuestión de días, pese a que el gobierno boliviano insiste en la necesidad de que “subsista” y pide la búsqueda de “consensos” para que el organismo no desaparezca. El único consenso parece ser el entierro definitivo de esta fallida organización. Es más, ya se habla de la posibilidad de tener un nuevo cuerpo integrativo llamado Prosur. Habrá que esperar la conclusión del evento de Chile para emitir juicios al respecto.

Un tremendo edificio construido en Ecuador para albergar la sede de Unasur será destinado a otros fines. Al respecto, cabe preguntarse —aquí en nuestro país— qué hará la administración de Evo Morales con el conjunto de lujosas instalaciones —también para Unasur— construidas en Cochabamba y en las que se gastaron casi 60 millones de dólares del erario público.

La Unasur abarcó a doce países sudamericanos pero a partir de 2019 la mayoría se ha retirado. El Tratado Constitutivo de Unasur se firmó el 23 de mayo de 2008 en Brasilia. El exceso de politización fue el golpe de gracia de este organismo; por nacer bajo premisas ideológicas no tenía buen destino ni mucho futuro. Es un hecho que la integración funciona cuando los intereses son comunes y a la par de establecer mecanismos de unión se generan en paralelo aspectos económicos y comerciales de común beneficio. Organizaciones demasiado sesgadas en lo ideológico terminan como Unasur: en una lenta agonía hasta morir definitivamente. El Gobierno de Bolivia ya no debería insistir más ni pedir consensos inexistentes. Tendrá que asimilar la realidad y ver cómo y de qué manera se acopla a los nuevos ímpetus integracionistas o decide quedarse aislado, lo cual no es conveniente para el interés nacional. Es de esperar que, en la actual coyuntura, la mirada del Gobierno nacional sea estratégica y que no esté enfocada únicamente en quedarse en el poder a como dé lugar.

Tomado de la web de El Deber https://www.eldeber.com.bo/opinion/Inminente-funeral-de-Unasur-20190317-9496.html

Geopolítica y Alimentos. Incidencia de la competencia internacional por los recursos naturales en la seguridad alimentaria

Juan José Borrell*

Introducción al libro de Juan José Borrell, 2019, Berlin: OmniScriptum publ. (EAE en castellano) 

Link: https://www.morebooks.de/store/gb/book/geopol%C3%ADtica-y-alimentos/isbn/978-3-659-08987-9

El tema de Geopolítica y Alimentos es la incidencia de la competencia internacional por los recursos naturales en la seguridad alimentaria. El libro tiene como objetivo central analizar desde una perspectiva geopolítica los factores mundiales o tendencias que inciden en el sistema agroalimentario internacional, en particular las dinámicas de apropiación, acaparamiento y control de recursos naturales que incluyen al suministro alimentario, y de este modo comprender las condicionantes de la seguridad alimentaria tanto en un plano mundial como local.   

El concepto de seguridad alimentaria, formulado por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO-ONU), refiere a que ésta existe cuando todas las personas tienen acceso físico y/o económico permanente a suficientes alimentos nutritivos e inocuos para cubrir sus necesidades alimenticias según sus preferencias culturales para una vida sana y activa. Actualmente se estima que a nivel mundial existen aproximadamente 821 millones de personas que padecen inseguridad alimentaria o hambre crónica —una de cada nueve personas en el planeta—, de las cuales cerca de 40 millones se encuentran en la región América Latina y Caribe (FAO, 2018). De acuerdo con los Objetivos de Desarrollo del Milenio establecidos por ONU y consignados por los países miembros del organismo, se espera solucionar el desafío mayor de la subalimentación y el hambre en el mundo hacia el año 2030.

Según la FAO, la seguridad alimentaria en sus cuatro dimensiones constitutivas —disponibilidad, estabilidad, acceso y utilización— debería ser garantizada para toda la población por las acciones que disponen los Estados respecto al suministro alimentario. Aunque en el proceso de diseño de políticas públicas y toma de decisión deben también contemplar la interacción del propio país respecto a la economía política internacional, en particular la manera en que los componentes del sistema alimentario doméstico se relacionan con el sistema agroalimentario internacional.

En este sentido, ciertos factores mundiales o tendencias geopolíticas pesadas inciden en la economía política de los países; en particular el trabajo considera el fenómeno de competencia por los recursos naturales. Lo que algunos especialistas han dado en denominar competencia por los recursos naturales refiere a un complejo conjunto de dinámicas a nivel mundial, particularmente acentuado desde principios de la década de 1990 hasta la actualidad, en las que una diversidad de actores estatales y corporativos pugnan por acceder, acaparar, apropiarse y controlar fuentes, yacimientos, circuitos de extracción, comercialización, transformación y/o consumo de recursos naturales. En lo que respecta a los alimentos, los recursos naturales que son objeto de dicha competencia incluyen directamente ítems agrícolas particulares como trigo, maíz, arroz y soja entre otros, pero más aún recursos básicos necesarios para su producción, como tierra fértil, agua y biodiversidad, así como también recursos que parecieran no tener relación directa como los hidrocarburos pero que son vitales para el circuito agroindustrial. Diversos procesos como la carrera por el petróleo son más conocidos, sin embargo otras dinámicas recientes menos conocidas —por ejemplo el acaparamiento de tierras (land grabbing) y la apropiación de recursos genéticos— presentan desafíos cruciales que deberían ser investigados y ponderados en el diseño y aplicación de políticas que tienen como objetivo garantizar el acceso y la disponibilidad de un suministro alimentario.

El tema de investigación de Geopolítica y Alimentos adquirió relevancia internacional en el contexto de marcado aumento del precio de los alimentos en los años 2007-2008. Desde entonces quienes se dedicaron a investigar y divulgar dicha cuestión —agencias gubernamentales para el desarrollo, organismos internacionales y especialistas universitarios de países centrales entre otros— dispusieron información cuantitativa de medios y recursos involucrados, sin embargo el área temática quedó vacante en lo que respecta a comprender la dinámica de competencia internacional en sí. Es decir, no sólo considerar en una visión de conjunto por ejemplo la incidencia de la matriz hidrocarburífera en la relación costo-ganancia del sistema agroproductivo o las mejoras técnicas agronómicas para obtener mayores rindes, sino que la lógica geoestratégica de competencia por los recursos naturales, la cual se relaciona directamente con la noción de competencia posicional internacional del campo disciplinar de la geopolítica y la política internacional. En paralelo, otra significativa vacancia que presentaba esta temática era la manera que incidía la competencia por los recursos naturales en la seguridad alimentaria, cuestión que se aborda en la investigación como objetivo principal. En otras palabras, el modo que por un lado a nivel sistémico dicha tendencia geopolítica pesada incide en el circuito de suministro alimentario mundial, y por otro la manera que condiciona el suministro alimentario de un país periférico, vital para la seguridad alimentaria de la población local.

Por lo cual, el período marco que aborda el texto comprende dos décadas, iniciando en el año 1996 con el cambio clave que implica para el sistema agroalimentario internacional la introducción y expansión del modelo de cultivos con semillas genéticamente modificadas, y cerrando en el año 2016 con la significativa reconfiguración a nivel estructural que adquiere el sistema agroalimentario internacional a consecuencia de los procesos de las dos décadas previas —entre ellos la competencia internacional. Vale destacar que los procesos mundiales en materia agroalimentaria durante el período seleccionado, y durante el tiempo de elaboración del trabajo, han tenido un ritmo vertiginoso. Un lustro atrás el escenario era diferente, derivado de ello también los supuestos del conocimiento e interrogantes. Actualmente la configuración del sistema agroalimentario es distinta, y dada la velocidad de los procesos estructurales mundiales es altamente probable que en el corto plazo vuelva a reconfigurarse.

Metodológicamente, sin pretender caer en la rigidez de las taxonomías convencionales de las disciplinas ni en un encorsetamiento explicativo causa-efecto, como si las unidades de análisis del tema fuesen objetos cerrados mensurables y los procesos globales movimientos mecánicos cuantificables y predecibles, la investigación establece de manera aproximada algunas variables generales de análisis: en primer lugar parte del supuesto que la configuración geopolítica mundial está integrada por un amplio conjunto de actores estatales y corporativos principalmente que están en pugna permanente en pos de mejorar su posición en el sistema mundial y su quantum de poder, por lo que los posicionamientos son diferenciados y conforman un sociograma asimétrico y jerárquico de actores. En este sentido, esa dimensión mundial que es dinámica y competitiva, protagonizada por los actores con mayores capitales de poder económico y militar —denominados comúnmente potencias de primer y segundo orden— tiene un carácter independiente. Es decir, inevitablemente desde un nivel sistémico puede influir en procesos a nivel subsistémico, aunque no necesariamente los determine. De aquí que el fenómeno singular que adquiere cierta condición de causalidad en el esquema explicativo de la investigación es la dinámica de competencia internacional por los recursos naturales, proceso tributario de la dinámica mayor antes mencionada de competencia posicional sistémica.

Por su parte, la dinámica de competencia internacional por los recursos naturales que incluye a los alimentos, incide en la seguridad alimentaria a través de los componentes que conforman el sistema de suministro agroalimentario. Como la seguridad alimentaria está en estrecha relación con el suministro de alimentos, la configuración que tiene dicho circuito, más allá de poseer características propias, es afectada por la dinámica de competencia internacional. En este sentido, la investigación establece que la configuración particular del sistema agroalimentario internacional, está influida por la competencia internacional por los recursos naturales y a su vez incide en las condiciones de la seguridad alimentaria. Es decir, articula ambas instancias, es influida y a la vez influye. Esta situación de estar en medio de la interrelación explicativa, le confiere el carácter de fenómeno interviniente. En particular —y este es un aporte original del libro— por su configuración desde el contexto de la segunda post-guerra mundial y durante el período de la Guerra Fría, podemos afirmar que constituye lo que denomino un poder estructural agroalimentario. Dicha matriz estructural específica, coincide de manera tributaria con la conformación de un poder de tipo estructural a nivel sistémico que durante el período mencionado tuvo su epicentro en los Estados Unidos de Norteamérica (EEUU).

Finalmente, luego de caracterizar las tendencias geopolíticas pesadas y la consecuente reconfiguración del poder estructural agroalimentario durante el período 1996-2016 —efecto de la dinámica de competencia internacional por los recursos— se pondera por un lado su incidencia negativa en las dimensiones de la seguridad alimentaria, y por otro la relación funcional que establece con sistemas agroalimentarios de países en desarrollo y/o menos desarrollados, tomándose Argentina como caso de referencia de periferización subordinada.

Los dos principales interrogantes a elucidar entonces son: primero, ¿cómo incide la competencia internacional por los recursos naturales durante el período 1996-2016 en la configuración del poder estructural agroalimentario heredado de la Guerra Fría? ¿Genera una difusión mundial del poder entre distintos actores o un fortalecimiento de la matriz estructural de poder con epicentro en EEUU? En segundo plano, derivado de lo anterior, ¿a partir de qué factores el sistema agroalimentario argentino establece una relación de subordinación al poder estructural agroalimentario de manera tal que es funcional a su fortalecimiento y a la vulneración de las dimensiones de la seguridad alimentaria nacional?

Cada pregunta problema tiene como objetivo específico, en primer lugar, identificar los componentes del poder estructural agroalimentario e interpretar su significancia geopolítica mundial. Luego, analizar la incidencia de la competencia internacional por los recursos naturales en la configuración del poder estructural agroalimentario, a partir de identificar ciertas dinámicas mundiales de apropiación, acaparamiento y control de recursos naturales durante el período seleccionado. Por otro lado atendiendo al interrogante sobre el caso argentino, identificar los componentes de su sistema agroalimentario que implican una relación subordinada y funcional respecto al poder estructural agroalimentario internacional.

De aquí que la proposición central de Geopolítica y Alimentos plantea que en el marco de la competencia internacional por los recursos naturales durante el período 1996-2016, Argentina a partir de su sistema agroalimentario establece una relación subordinada respecto al poder estructural agroalimentario internacional, vulnerando las dimensiones de la seguridad alimentaria nacional.

Para su desarrollo el cuerpo del libro se divide en cinco capítulos. Cada uno aborda las variables centrales de la investigación, a excepción del primero que establece los conceptos, perspectivas teóricas e interrogantes que contribuyen al análisis.

El primer capítulo entonces realiza un desarrollo de las distintas perspectivas teóricas y nociones —aunque cada sección ameritaría al menos un volumen para su debido tratamiento— y presenta el enfoque epistemológico interdisciplinario de la investigación, a partir de comprender que los supuestos subyacentes de las ciencias sociales convencionales no son suficientes para abordar la temática en su complejidad. En este sentido, se toman conceptos y perspectivas de subcampos como la geopolítica, la política internacional y la economía política que permiten una aproximación realista y crítica al conocimiento desde un enfoque analítico cualitativo.

El segundo capítulo desarrolla la conformación y evolución del poder estructural agroalimentario durante el período de la Guerra Fría como una manifestación de la situación excepcional que goza los EEUU finalizada la gran contienda bélica en 1945. El concepto se desarrolla a partir del aporte conceptual de la economista y politóloga inglesa Susan Strange, focalizando en las estructuras particulares que contribuyeron a su formación respecto al sistema agroalimentario mundial. Se priorizan cuatro facetas: la seguridad geoestratégica, el orden económico-político internacional y su incidencia en la comercialización granaria, el cambio tecnológico y ampliación al agro de la matriz industrial hidrocarburífera, y la política denominada desarrollo internacional en el marco de la doctrina de la Contención.

El tercer capítulo aborda la dinámica general de competencia internacional finalizada la Guerra Fría en el contexto de expansión económica mundial de la década de 1990; así como también el modo que esto incide en la elaboración de las agendas de seguridad estratégica y la percepción de amenazas de las potencias centrales atlánticas, haciendo especial hincapié en la ponderación de tendencias geopolíticas pesadas que comprenden de manera general al suministro alimentario como el crecimiento de la población mundial y la securitización de lo ambiental.  

El siguiente capítulo, derivado del anterior, aborda los procesos globales de apropiación, acaparamiento y control de recursos naturales en el período seleccionado. En particular, se destacan las acciones y dinámicas que involucran indirectamente al suministro alimentario —hidrocarburos, tierra fértil, agua potable y biodiversidad— y que también incluyen la problemática de los recursos naturales en las agendas de seguridad de las potencias atlánticas, tomando distancia analítica de los documentos y bibliografía que emiten tales planteos, a los efectos de elaborar una perspectiva propia.   

Finalmente el quinto capítulo, trata por un lado la reconfiguración del poder estructural agroalimentario durante el período 1996-2016 y por otro lado de manera relacionada el caso argentino. Esto implica una doble perspectiva geopolítica: una dimensión de tipo simétrico que corresponde a la dinámica horizontal de competencia entre potencias económicas de Europa, EEUU, Japón y recientemente China; y desde una dimensión de tipo asimétrico corresponde a la dinámica vertical entre las potencias centrales mencionadas y países en la periferia mundial, en particular Argentina.

Por el análisis de carácter geopolítico del libro, cabe aclarar que si bien en algunas secciones se emplean datos estadísticos y diagramas de flujo, es sólo a título ilustrativo, como mero recurso didáctico con el objeto de facilitar la comprensión significativa de algún fenómeno o proceso más general. De ninguna manera el enfoque de la investigación es nomotético ni cuantitativista. Lo que es aún más, pretender hacer un estudio cuantitativo en esta temática sería una gran ingenuidad. Por tomar dos grandes ejemplos que demuestran de manera realista que no es factible un abordaje desde dicha metodología: primero, el número de personas que padecen subalimentación crónica. La misma FAO ha variado en su reporte oficial del estado de la inseguridad alimentaria mundial la cifra total de un año a otro (2011-2012) en más de 250 millones de personas, reconociendo que su método de medición no es exacto, tiene un amplio margen de error, y está sujeto en algunos países menos desarrollados a que entes nacionales procuren datos censales; cuando en diversos casos tales instituciones no existen, menos los censos, a veces tampoco la voluntad política de reconocer el estado nutricional de la población doméstica, o lo que es todavía más: tampoco existe un Estado en todo el territorio que figura en un mapa por fuera de una ciudad capital. En algunas subregiones del África subsahariana, áreas grises sin presencia estatal o en situación de conflicto armado, las estadísticas se grafican por aproximación estimativa desde una oficina técnica en la sede del organismo en Roma sin medición en terreno de indicadores nutricionales y de salud de las personas referidas como “los hambrientos”. ¿Cómo resuelve entonces el gobierno de un país débil los indicadores (inexistentes) de emaciación y retraso del crecimiento infantil o anemia en mujeres lactantes, careciendo de capacidades para la proyección estatal a su entero territorio?

El segundo ejemplo de imposibilidad de estudio cuantitativo riguroso, más allá de lo superficial de los discursos corporativos o las cifras del comercio granario mundial que son de relativo fácil acceso, es que no existe información pública fehaciente sobre la relación autoridad-mercado. La naturaleza privada del sistema agroalimentario donde grandes corporaciones transnacionales articulan oligopólicamente el entero circuito, vuelve muy difícil conocer el grado de influencia del conglomerado del agribusiness internacional sobre la política nacional, el origen de una decisión político-económica en el inmenso mar del sistema agroalimentario mundial, o bien el real alcance político de un ministro de un país periférico, cuando —a modo de analogía— una corporación del conglomerado alimentario como Coca-Cola tiene mayores ganancias anuales que el PBI de un país latinoamericano rico en recursos como Bolivia.

De igual manera, la configuración del poder estructural agroalimentario presenta la dificultad de ahondar en la descripción de sus componentes a los efectos de lograr un esquema detallado de, en palabras de Strange, «el quién-obtiene-qué en el sistema como un todo». Por lo que de la investigación surgen algunos interrogantes que es preciso entender que no tienen respuesta, otros no son operacionalizables, o bien la información no es accesible y la respuesta se formula por inferencias o aproximación comprensiva; por ejemplo: no es posible acceder públicamente a información fidedigna sobre qué volúmenes de cereales acopian y comercializan a nivel mundial grandes traders como Cargill, Bunge o Dreyfus, y cómo incide dicho oligopolio en la formación del precio internacional de las commodities. Tampoco saber quiénes son los propietarios del capital de las compañías navieras en la era de las finanzas transnacionales y qué volúmenes reales de cereales trasportan. A todas luces la acción de los grandes actores del comercio cerealero mundial no coincide con los principios enarbolados de estabilidad, predictibilidad y libre oferta-demanda, ya que la clave del circuito es el control oligopólico y gestión de la volatilidad del precio internacional.

La realidad indica sin lugar a dudas el principio que el conocimiento es poder y que una de las condiciones puras del poder es el control de la información que debe circular. De todos modos, ello no es impedimento para la realización de una investigación desde otro enfoque epistemológico-metodológico. En rigor de verdad, dada la importancia del sistema agroalimentario en su dimensión internacional y doméstica el cual involucra los intereses geoestratégicos de las potencias centrales del planeta, pretender comprenderlo desde el cuantitativismo econométrico o la técnica aplicada de las ciencias biológicas, resultaría funcional a dejar fuera del análisis las condicionantes políticas y los juegos de poder. Por lo que el análisis general propuesto del libro es de carácter geopolítico, realista y elaborado desde la perspectiva de un país periférico. Quiere decir esto que procura ser objetivo respecto a distintos sectores e instituciones, pero además indagador incluso de los supuestos “evidentes” y las preguntas sin respuesta.

En los últimos años ha proliferado cierta bibliografía académica e institucional que aborda aspectos y relaciones del sistema agroalimentario a nivel internacional y en casos locales. Sin embargo, al principio del período seleccionado cuando comenzaron a aplicarse los cultivos con organismos genéticamente modificados (OGM), por fuera del ámbito supuestamente neutral de la técnica y del optimismo rentístico del sector agropecuario, la bibliografía académica internacional con mirada crítica del impacto de los transgénicos era escueta o bien inexistente; algunos estudios provenían de asociaciones civiles ambientalistas. A casi una década de iniciado el proceso, comenzaron a aparecer algunos estudios internacionales pero con perspectivas “desde el Norte”. Existía por lo tanto un vacío disciplinar que no lo ocuparon los estudios que investigaron los efectos ambientales del uso de la dupla transgénicos-agroquímicos, ni los trabajos de sociología rural sobre la implementación en gran escala de la siembra directa, así como tampoco los valiosos pero puntuales estudios que en su momento denunciaron el sistema internacional de patentes sobre la propiedad intelectual en materia biotecnológica. En este sentido, un aporte de Geopolítica y Alimentos no ponderado antes por otros autores, consiste en analizar de manera integral con una perspectiva geoestratégica la matriz agroproductiva actual en tanto herencia singular del período de la Guerra Fría. Por sus componentes, la matriz agroproductiva puede ser entendida como el dispositivo particular que a nivel sistémico contribuye por un lado a dinamizar la competencia internacional por los recursos naturales, y por otro a reforzar el poder estructural agroalimentario.

Al respecto, tampoco existe casi bibliografía en el subcampo de la seguridad internacional que en el conjunto de elementos que son objeto de la competencia por los recursos naturales incluya a la biodiversidad genética, exceptuando los estudios en materia de bioterrorismo que tratan el riesgo que presenta el empleo de OGM como arma bionanotecnológica. De los recursos naturales objeto de la competencia (hidrocarburos, tierra fértil y agua potable), pocos analistas académicos han incluido a los alimentos, y en particular los recursos genéticos vitales para la producción agroalimentaria. De aquí que la investigación parte del presupuesto que el sistema agroalimentario está incluido en la competencia internacional por los recursos naturales, y que particularmente la biotecnología es un instrumento potenciador de dicha dinámica.

Lo anterior no implica que en ámbitos no académicos se haya omitido abordar la cuestión del suministro de alimentos como objeto de competencia internacional y su contribución a la seguridad mundial. Por el contrario, el tema adquiere prioridad en las agendas de seguridad de potencias atlánticas a partir del fenómeno de aumento del precio internacional de las commodities agrícolas de 2007-2008. Reportes de influyentes agencias gubernamentales y think-tanks norteamericanos y británicos incluyen desde entonces al suministro alimentario como asunto central en la percepción de amenazas para la seguridad. Al mismo tiempo organismos multilaterales especializados abordaron en estudios económicos las causas internacionales y riesgos de la tendencia al alza del precio de las materias primas alimenticias. En los últimos años, casi fuera ya del período investigado, por la dimensión del circuito internacional y los factores geopolíticos intervinientes en la elaboración de prospectivas a mediano y largo plazo, se acentuó la tendencia de comprender al suministro alimentario como un asunto de seguridad internacional.

En definitiva, las fuerzas de fondo que dinamizan y dan rumbo al entero circuito agroalimentario mundial, escapan al saber técnico aplicado y fragmentado convencional de ámbitos universitarios y empresariales. Es labor de la geopolítica procurar realizar el esfuerzo de comprensión de la compleja madeja que imbrica el sistema agroalimentario internacional con la seguridad alimentaria. Esa es la tarea que Geopolítica y Alimentos invita a recorrer.

Juan José Borrell*

Profesor Titular de Geopolítica en nivel posgrado, Universidad de la Defensa Nacional (ESG, UNDEF), Buenos Aires. Profesor Adjunto e Investigador, Universidad Nacional de Rosario (UNR). Miembro de la Delegación Argentina ante la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Roma, 2011 a 2018

África y sus mujeres Reflexiones sobre el feminismo poscolonial africano

Eugenia Arduino*

La colonización europea en el continente africano afectó, entre otros aspectos, a la condición de género en general y a la de las mujeres en particular. Desde la creación de los nuevos estados fueron esgrimidas acciones e ideas tendientes a la implementación de estrategias que propusieran la modernización de las sociedades poscoloniales, entendida en términos de inserción y equidad.

Así, lentamente se fue conformando el campo de lo que más tarde sería el feminismo negro en África, en cuyo proceso debieron ser asumidos diferentes desafíos. Inicialmente, se impuso la necesidad de repensar el modo en que podrían ser superados los esquemas vigentes sobre el tema, dado que sólo eran descriptivos de los escenarios europeo y americano.

En tal sentido, se comprendió que las características que daban cuenta de las heterogeneidades africanas iban a pasar desapercibidas si no se proponía una diferenciación metodológica que condujera a comprender la diversidad de situaciones de etnicidad, cultura, cosmovisión, historicidad y agencia, además de las consabidas de clase y género, que allí se producían.

Por lo antedicho, fueron esbozadas líneas de pensamiento y de acción que permitieran entender el modo en que las africanas vivieron, incorporaron y sostuvieron en el tiempo la experiencia de una triple opresión: de género, de etnicidad y de subalternidad. Desde esa posición, el feminismo negro se postuló desafiante de la dominación para luego deconstruir al sujeto masculinista del discurso eurocéntrico.

El trabajo que se propone busca comprender tales dinámicas, a través de una perspectiva metodológica interdisciplinaria y relacional, en la cual las cuestiones de identidad, ligadas a las de subjetividad y de relaciones sociales, sean interpeladas por bibliografía actualizada y contextual, para obtener una aproximación al proceso por medio del cual fue construido el debate sobre género y feminismo en África.

Género y colonialismo

Durante el siglo XIX se produjo en Europa un conjunto de cambios que, además de profundizar la relación de dicho continente con otros, potenció múltiples transformaciones en cuestiones de pensamiento político, aspiraciones sociales, comunicaciones, transporte, medicina, armamentística, entre otras, cuyos efectos impactaron en el escenario geopolítico global (Marks, 2007).

Además de la consolidación de estados como el italiano y el alemán, apoyados en ideas nacionalistas presentes en casi todo el continente, la redimensión de conceptos vinculados con el poder estatal y sus alcances llevó al surgimiento de pretensiones territoriales de expansión que se materializaron en la incursión de varios países en otros continentes.

Fueron relevantes avances como los de la industria de las armas, que ostentaron mayor poder de alcance y velocidad de repetición; en las comunicaciones, con el uso del telégrafo; en el transporte terrestre y marítimo, con barcos más veloces y con mayor capacidad de carga; y en la medicina, con el descubrimiento de vacunas y fármacos para mitigar enfermedades consideradas endémicas hasta entonces (Headrick, 1989).

No obstante, la crisis económica de 1873 evidenció cierto agotamiento en la fase en curso de la industrialización europea debido a que las ideas librecambistas habían llevado a un fuerte crecimiento del comercio internacional. La producción interna había aumentado tanto que ocasionó situaciones de exceso de oferta, mientras que la agricultura decayó por la competencia de productos importados (Hobsbawm, 1998).

El descubrimiento y la difusión de nuevas fuentes de energía, junto con el surgimiento de sectores industriales con renovadas formas de organización de la industria, denominados cárteles o trust, permitieron a algunos países salir de la crisis en mejores condiciones. El imperialismo, como forma de expansión económica y territorial de Europa en otros continentes, fue otra de las vías para tratar de superarla.

En ese contexto se produjo la reunión denominada Conferencia de Berlín, cuyo resultado fue un acta que dejó sentadas las bases del reparto del continente africano[1]. Así, se trabajó en el modo de llevar a cabo la partición de dicho continente entre las potencias que ya habían tenido presencia previa en él y que desde ese momento podrían explotar todos los recursos disponibles en las áreas bajo su control (Wesseling, 1999).

De ese modo se inició el rápido ingreso a África de europeos que delimitaron sobre el terreno los escenarios en los que actuarían, creando mapas que alteraron la espacialidad local. Fueron establecidas fronteras artificiales por medio de las cuales se consolidó la pérdida de la soberanía y de la territorialidad de los pueblos africanos, quienes quedaron sujetos a inescrupulosos administradores coloniales (Nugent, 1998).

El colonialismo, instalado para expoliar los recursos naturales y humanos en el continente africano, se expresó a partir de diferentes modalidades administrativas e institucionales, y se diferenció según la metrópolis que lo condujera. No obstante, en líneas generales, coincidió en las premisas que lo sustentaron: la idea de superioridad europea, de misión civilizadora y de otrificación de los no europeos, sobre todo racial.

La creación de estereotipos subalternizantes fue uno de los legados de tal proceso, junto con la dualidad jurídica, la asimetría de las relaciones humanas, las diferenciaciones étnicas, la creación de sujetos coloniales híbridos, la reconfiguración territorial, la dependencia económica, la conversión religiosa, la racialización de la población y la inequidad de género (Ferro, 2000).

Fue de alto impacto el control que desplegaron las administraciones coloniales en temas relacionados con las mujeres y la sexualidad. Se puso fuerte énfasis en el manejo de instancias de lo que denominaban moralidad, y fueron promovidas legislaciones tendientes a evitar las relaciones interraciales, basadas en premisas de eugenesia derivadas del darwinismo social de la época.

En la manipulación social impuesta por el colonialismo, fueron rigidizadas las otrora flexibles identidades africanas. Las mujeres, que históricamente habían gozado de instancias laborales, participativas y sociales, asistieron al reforzamiento de liderazgos masculinos que, junto con el discurso misional cristiano cristalizaron nuevos papeles sociales limitantes (Sáez Suárez, 2002).

Así, fueron aplicadas prescripciones sexuales específicas según la etnicidad, que contribuyeron a las estrategias de ingeniería social aplicadas en las colonias, por medio de las cuales se intervino en la cultura, tanto material -vestimenta, costumbres, tabúes sociales, espacios privados- como en la inmaterial (roles, ideas), para evitar la presunta contaminación y decadencia moral que la miscigenación podía provocar.

En ese contexto, la inequidad de género se profundizó en extremo, derivando en una fuerte misoginia que ubicó a las mujeres en situación de subalternidad, tanto por ser colonizadas, como por el papel desempeñado en la sociedad  y por su género, que devino en un aspecto de peligrosidad como contaminante de los varones europeos, que debían evitar el contacto con ellas (Stoler, 2002).

Esa política colonial de exclusión de género, que contenía elementos de control social demarcador de clase y etnicidad, se utilizó a la sexualidad, a la maternidad, al concubinato y a la hibridación como marcadores de otredad y subalternización. A pesar de ello, en la práctica, hubo contradicciones y transgresiones que dieron cuenta de las elusiones a tal diseño.

No obstante, el legado de las dinámicas coloniales en relación con las mujeres persistió en el tiempo. La idea de su inferioridad, tanto por su género como por su etnicidad, junto con la de mestizaje y concubinato como degeneración moral continuó en los espacios simbólicos de las niñas, madres, hermanas, esposas y viudas que vieron sus relaciones interpersonales y sociales condicionadas por la androcentricidad.

Durante el proceso que condujo a las independencias, surgieron movimientos femeninos y conformados por feministas que destacaron el papel que habían desempeñado las mujeres durante el colonialismo y su transición hacia la libertad. Sus ideas estuvieron dirigidas a resaltar tales acciones, a la vez que a solicitar a los  gobiernos recién creados la implementación de acciones para empoderarlas.

Género en debate

Ya desde la constitución de los nuevos estados, se pensó que estos conducirían a las mujeres africanas, de la mano de acciones democráticas reparadoras, hacia el logro del desarrollo y la democracia que la colonización había impedido (Campos: 2006). Las estrategias femeninas que ya se habían expresado como resistencias anticoloniales, también fueron relevantes en este momento histórico.

Una de las premisas sostenidas fue que el uso del género como principio de organización social no era aplicable a los pueblos africanos, hacia el interior de los cuales la flexibilidad era una característica. En el mismo sentido, quedó resaltado que la experiencia vivida por las africanas que habían sido oprimidas fue muy diferente a la de otras, por la simultaneidad de la opresión: por ser mujeres y por ser negras.

Además, tales características pervivieron en las diásporas y migraciones —tanto de la trata esclavista atlántica como del siglo XX— y dieron lugar a un pensamiento afrocentrista a partir del cual las integrantes de la comunidad imaginada no sólo respondían a un pasado africano común, sino también a una doble conciencia: de género y étnica a la vez[2].

La disyuntiva ontológica resultante propició el surgimiento de líderes políticas femeninas, de acción fundamentalmente urbana, en cuyas acciones e ideas de resistencia antiopresiva se hizo presente la no identificación con el feminismo del lugar de destino, y el sostén integrado de principios de militancia antirracial.

Tal particularidad constituye una derivación, debido a que, entre las africanas, evitan autodenominarse feministas. Hacerlo supondría sentirse parte de la agencia de una cuestión occidental, instancia que no está entre sus objetivos. En su caso, concretamente, promueven reivindicaciones a favor de una transformación social profunda para la obtención de mejores posibilidades para el colectivo femenino.        

En perspectiva histórica, desde los años ‘60 comenzaron, a nivel internacional, y principalmente en Estados Unidos, movilizaciones por el logro de derechos. Éstas motivaron a las Naciones Unidas a lanzar un movimiento reivindicador de las mujeres, que tuviese como finalidad discutir cuestiones referentes a sus vivencias y necesidades en el área de los derechos humanos[3].

Desde esa perspectiva, se focalizó en la situación del papel femenino en los aspectos económico y social, sobre todo el desempeñado en las áreas rurales, que sostenía realidades diferentes de las de residentes en zonas urbanas. Tanto el lugar en la sociedad como en el trabajo ocupado por las mujeres fue percibido como necesitado de investigación y análisis.

Ya en los años ´70, el modo de incursionar en el tema incorporó aspectos relacionados con la planificación familiar y la inferioridad en términos económicos. Se buscó instalar la premisa que promovía igualdad, desarrollo y paz. De ello derivó una conferencia realizada en Ciudad de México[4] en la cual se adoptó un plan de acción a nivel global para instalar el estatus de mujer en las agendas políticas internacionales[5].

En 1975 fue declarado el Año Internacional de la Mujer por las Naciones Unidas, hecho a partir del cual comenzó a ser enfatizada la promoción de su educación y desarrollo. Pero más importante aún fue el documento realizado en 1979, denominado Convention on the Elimination of All Forms of Discrimination against Women – CEDAW[6].

Conocido internacionalmente como la base legal para la protección internacional de los derechos de las mujeres, expresó en un preámbulo y 30 artículos los aspectos y acciones que constituían discriminación contra ellas. Además, definió una agenda para definir las gestiones que detuvieran y finalizaran tales situaciones. La convención definió la discriminación contra el género femenino como:

         ´…any distinction, exclusion or restriction made on the basis of sex which has the effect or purpose of impairing or nullifying the recognition, enjoyment or exercise by women, irrespective of their marital status, on a basis of equality of men and women, of human rights and fundamental freedoms in the political, economic, social, cultural, civil or any other field. [7]

Así, cuando estas corrientes de pensamiento comenzaron a actuar, la crítica surgió desde diferentes ámbitos, sobre todo el africano, ya que fueron percibidas como un arma que solamente basaba la liberación femenina en la igualdad entre las personas, la concepción de la mujer como ser individual, y el desplazamiento de los roles históricos (Obianuju, 1995).

Los años que siguieron pudieron dar cuenta de los sucesivos congresos de mujeres reunidos a lo largo del mundo[8]. Tales encuentros condujeron a debates e informes finales que crearon un escenario que permitió el inicio de un cambio de paradigma tanto en el tratamiento del tema como en las acciones planificadas y en las especificidades de los diferenciados contextos[9].

En tal sentido, hacia 1980, la igualdad de la mujer comenzó a ser interpretada como un tópico clave, que se irradió a otros continentes[10]. La conferencia de las Naciones Unidas celebrada en Nairobi en 1985 reunió a un grupo de activistas, escritoras y críticas africanas que impulsaron el Movimiento de Mujeres Africano, hito de gran importancia para la región[11]:

         ´The UN’s Third World Conference on Women in Nairobi represented the culmination of ten years of work on gender empowerment. Attended by approximately 1,400 official delegates from 157 countries and 15,000 NGO representatives, the conference aimed to evaluate the progress made during UN Decade for Women and devise a new course of action for the advancement of women.

         While substantial progress had been made in the last ten years, it was clear that there was still a great deal to be done. Participants were especially vocal on the subject of violence against women, which they felt had not been given the attention it deserved.´

         At the same time, many others believed that the conference needed to focus on finding ways to strengthen the role of women in Peace and Development initiatives. At the Nairobi conference, participants set their differences aside and awarded equal consideration to these interrelated and mutually reinforcing goals.

         The Nairobi Forward-looking Strategies, adopted by the conference, provides a blueprint for action until 2000 that link the promotion and maintenance of peace to the erradication of violence against women throughout the broad spectrum of society. The document urges member states to take constitutional and legal steps to eliminate all forms of discrimination against women, and tailor national strategies to facilitate the participation of women in efforts to promote peace and development.

         At the same time, it contains specific recommendations for gender empowerment in regard to health, education and employment.The greatest achievement of the Nairobi conference is that, despite the acute differences dividing the 157 member states, representatives were able to find a common ground on all the issues addressed and unanimously adopt the Nairobi Forward Looking Strategies[12]´.

En síntesis, si bien los esquemas a seguir eran los euro-americanos, que no representaban del todo su realidad, fueron un impulso para lo que más tarde sería la lucha feminista en el continente. La querella por los derechos civiles, enmarcada en las cuestiones de género, aún tenía pendiente la incorporación de la racialidad como rasgo distintivo.

Feminismo en África

Como ya fue expuesto, la adopción incondicional del feminismo occidental por parte de mujeres africanas fue rechazada desde los inicios de aquel movimiento, pues por una parte dejaba de lado el análisis de las causas de desventaja de las africanas relacionada con el colonialismo, y por otra, mostraba al hombre africano como el opresor y causante de las desigualdades existentes.

En ese sentido, oponer las identidades hombre y mujer, como una dualidad de la cual se erigía el primero como superior y dominante, resultaba ajeno a muchas culturas locales. Si las feministas negras hubiesen adoptado esa perspectiva, lejana de su realidad, se las habría impulsado a rechazar su papel histórico en la familia nuclear y extensa del continente (Acholonu, 1995).

Además, las categorías de género emergidas a partir de la hegemonía cultural eurocéntrica, continuaban soslayando, para el escenario africano, un eje tan relevante como el de la etnicidad subalternizada desde el colonialismo y hasta el presente, y presentando una visión estereotipada de mujer, descripta como una miserable bestia de trabajo rodeada por hijos famélicos (Aidoo, 1998)

Así, el feminismo[13], como una herramienta fundamental en las luchas de las mujeres del mundo, no podía ser reducido para el caso africano al rechazo del sujeto masculino como un otro opuesto y destructivo (Arndt, 2002). En la Women in Africa and the African Diáspora Conference, celebrada en 1992 en Nigeria[14], se observó inclusive que las africanas trataron de usar diferenciadamente esa denominación.

En ese marco, hubo numerosas activistas que exaltaron la herencia cultural y política vigente en el continente, como Alice Walker[15], quien por primera vez pretendió establecer un movimiento de todas las mujeres negras, afirmando que su realidad pasada y presente era diferente del de las demás, y que por tal motivo había que esclarecer diferenciaciones en metodología de lucha y objetivos.

Alice Walker

La deconstrucción de pensamientos esquemáticos que limitaban los estudios sobre género a cuestiones generalizadoras llevó a profundizar las reflexiones en los textos africanos, sobre todo en relación con el cuerpo y la sexualidad. Esos elementos fueron considerados a partir de su sometimiento a relaciones de poder, en términos de etnicidad y como derivados del legado de colonialista.

En tales aspectos se habían suscitado situaciones de discriminación, opresión y la violencia que, instaladas en el imaginario social hasta el presente, debían ser indagadas. A su vez, debían rechazar presunciones vigentes sobre el carácter homogéneo en la constitución del colectivo feminista africano, las experiencias vividas y los intereses sostenidos en su militancia (Cornwall, 2005).

Así, la adopción del feminismo tal como se postulaba en otros continentes, fue rechazada, considerándolo ajeno a la esencia cultural africana y subordinado a las necesidades de las mujeres blancas. Se requería enmarcar la experiencia propia en otros mecanismos opresivos como fueron el imperialismo, el racismo, el neocolonialismo, los sistemas políticos corruptos, etc.

A ello, también debían sumarse las demandas pendientes que las africanas poseían, como el acceso a servicios de salud, vivienda, educación, que debían ser incluidas en estos movimientos de lucha. Las europeas y americanas, por su parte, tenían resueltos tales aspectos desde mediados del siglo XX, y no necesitaban puntualizar en ellos (Sarr, 2007)

Así, dado que los intereses y las solicitudes eran diferentes, se optó por buscar alternativas al término que designaba a las ideas y acciones por medio de las cuales las mujeres africanas proponían su empoderamiento. La denominación debía dar cuenta tanto de lo estrictamente feminista como de lo vivido en el contexto africano, y del equilibrio entre ambas cuestiones.

Además, la conciencia de lucha en África estuvo limitada hasta finales de los años ´90 a escasas representantes emanadas del mundo académico o intelectuales independientes, hecho que da cuenta de la escasa llegada a la población mayoritaria. No obstante, el incremento de activistas fue gradual desde el siglo XXI, sin incurrir en radicalizaciones, como en los casos de otras regiones.

Mujeres en acción

La impronta de pioneras en la militancia feminista permitió al continente africano visibilizar su problemática en relación con el tema. Así, se postuló una posición que la presentó dotada de autonomía y cooperación femeninas, con centralidad  en los niños y en la multiplicidad de maternidades, y construida en las particularidades de la visión del mundo de la mujer africana (Steady, 1996).

Se concibió como una tendencia humanista o también llamada Motherism, que además se basó en la problemática de la etnicidad a través del uso del  término negro / a, permitiendo  enmarcar el pensamiento feminista con la autoidentificación étnica más allá de las características fenotípicas. Aquél hace referencia a procesos / construcciones culturales, políticas, ideológicas emanadas de la sociedad en la que se vive[16].

Se puso especial énfasis en los factores socioeconómicos y de clase que contribuyeron a la opresión de la mujer africana, su explotación económica y su marginalización, así como las respuestas a dicha opresión que le otorgaron seguridad en sí misma. Desde ese lugar, fue propuesto un feminismo humanista que elogiaba tanto a los hombres como a las mujeres y los niños africanos en unidad (Obianuju, 1995).

En esa línea de pensamiento, la mujer africana fue mucho más feminista que la europea, y por ello logró alejarse de la estigmatización que la consideraba como un ser apolítico y pasivo cuando, en realidad, siempre tuvo que asumir papeles que las mujeres occidentales no hubiesen podido desempeñar (Jagne, Siga Famita y Parekh, Pushpa Naidu, 1998).

Otra perspectiva fue la del mujerismo / Womanism[17], cuyas seguidoras pusieron acento en la lucha, diferenciada en el escenario internacional en que en África se enfocó en la superación de las discriminaciones de género, étnicas y de estatus socioeconómico como un movimiento para las mujeres de negras que excluía a las blancas, por lo cual tuvo voces de rechazo externas (Obianuju, 1995: 89).

Womanism: The Black Feminist

Entre otras ideas sustentadas, aquel feminismo propuso la ausencia de antagonismos con los hombres africanos, con los cuales podía formar un frente común en la lucha por la erradicación de la dominación y explotación foráneas que aún perviven en la actualidad, asumiendo a la vez que algunas características de las sociedades locales también debían ser cuestionadas (Arndt, 2000).

La corriente denominada stiwanism fue impulsada por la nigeriana Molara Ogundipe – Leslie[18], quien consideró que no se mantenía oposición con los hombres, que las mujeres no tenían por qué renunciar a su roles biológicos, que la maternidad constituía una fortaleza para la mujer africana, y que existía una lucha étnica y de clases que aún en el presente se proyectaba en África (Ogundipe – Leslie, 1994).

Fue enfatizada la necesidad de independencia económica de tales mujeres, que debían ser liberadas de seis grandes cargas que les impedían su desarrollo: la opresión representada por la dominación colonial, la herencia de tradiciones locales antiguas, el retraso cultural y económico, la persistencia de actitudes patriarcales en los varones, la etnicidad, y la autoimagen negativa promovida por siglos de opresión.

La propuesta ideológica llamada Negofeminism, por su parte, se fundó en la filosofía de negociación, esencial en la cultura Ibo, a la cual pertenece su autora Obioma Nnaemeka[19]. Para ella, en el caso de las mujeres africanas, sería feminista actuar como tal, oponiéndose a toda manifestación radical, defendiendo la maternidad, y trabajando con la articulación más que con la confrontación (Nnaemeka, 2003).

Además, para entender adecuadamente el feminismo africano éste no debería remitirse al occidental, sino enmarcarse en el contexto local, dado que mientras en el primero se enfatiza el individualismo, el discurso del segundo proponía compartir el poder, la complementariedad, la acomodación, el compromiso y la negociación.

Las ideas feministas de Oyèrónké Oyèwumi[20] también fueron relevantes por cuanto definieron a las procedentes desde occidente como un rango de conducta que indicaba la agencia femenina y su autodeterminación, diferenciada del vigente en las africanas, que gozaban desde el pasado de valores como poder, autoridad y privilegios, en apariencia estrictamente masculinos (Oyèwumi, 2003).

Dicha autora tomó como estudio de caso a las mujeres Ibo, que desempeñaban, a través de cinco papeles socioculturales -espiritual, económico, político, educacional y maternal- sus instancias de género, con flexibilidad e intercambio con los varones, con quienes sostenían relaciones de complementariedad en la época precolonial. El término sisterhood, en ese contexto, actuó como identificación con la figura de las hermanas.

Así, más que a la racialidad se hacía referencia a una comunidad de mujeres en búsqueda de superación de la percepción del otro africano como el salvaje, infrahumano e hipersexuado. Esas justificaciones burdas que los europeos establecieron para la dominación colonial tenían que ser deconstruidas, junto con la imagen del  feminismo occidental, que no veía más allá de la mujer blanca y universalizada.

Entre otras ideas feministas presentes en África, fue destacada la camerunesa Werewere Liking[21], quien acuñó el término misovire para aludir a las mujeres que no hallaban a un hombre íntegro. Su neologismo pretendía provocar y promover la reflexión en los varones sobre los vínculos intergénero en el contexto africano, para contraponerlos con la misoginia, objeto de lucha en el feminismo occidental[22].

Una tendencia, denominada Missionary Feminism, liderada por Antonia Kalu[23], identificó rasgos diferentes de los anteriores en las cuestiones de género en África, tomando el estudio de caso de los estereotipos y las subordinaciones que algunas mujeres sostuvieron en el ámbito de la labor misionera y su vínculo con la misión civilizadora del cristianismo (Kalu, 2001).

Aquella autora explicó que la mujer africana, en el pasado, fue participativa en las sociedades locales, pero que el colonialismo remodeló sus identidades, al igual que la etapa poscolonial. En esas instancias, tendió a occidentalizarse, cuestionando lo típicamente africano. Por eso, en el presente, debe luchar ante todo por la superación de esa persistente cosmovisión.

Finalmente, una forma de feminismo que podría ser denominada neo-colonial, se ocupó de indagar acerca de las estrategias que fueron implementadas por las mujeres ante los cambios que se propulsaron en la etapa poscolonial e independiente. En tal sentido, propuso el empoderamiento de aquéllas en sus respectivas sociedades, sobre todo en lo relacionado con el ámbito laboral como espacio de desarrollo personal.

Luego del recorrido por los principales aportes emanados del pensamiento feminista negro, se ha dado cuenta de la diversidad de enfoques, puntos de vista, objetivos y modalidades que han sido desarrollados en favor de las mujeres africanas. Algunos se diferenciaron de la mirada occidental, y otros partieron desde ella para adecuarla a escenarios extraeuropeos, como el africano.

Allí, sus mujeres han sabido priorizar sus valores individuales y colectivos, sin dejar de lado el acervo cultural propio. Las estrategias planteadas se enfocaron en el logro de cuestiones vinculadas con sus necesidades, y para ello, tomaron la experiencia que el escenario internacional podía brindarles. Así, a partir de las particularidades y expectativas que las definían, propusieron valiosas acciones e ideas.

Consideraciones finales

La situación histórica subalternizada y oprimida de las mujeres africanas las condujo a la necesidad de proposición de ideas a través de las cuales pudiese ser establecida una variable superadora del pasado. En tal sentido, una primera diferenciación con el feminismo occidental es que aquéllas partieron de las desventajas provocadas por la opresión colonialista y una diferenciada experiencia local.

La imagen que mostraba al hombre africano como causante de las desigualdades existentes tampoco fue avalada por las mujeres del continente, que se abocaron a deconstruir tal androcentrismo en el que se oponían las identidades hombre y mujer, como una dualidad ajena a muchas culturas locales, cimentadas en la combinación de ambos géneros para el liderazgo familiar.

La racialidad fue un tercer punto de diferenciación, pues además de expresarse de modo distintivo en África, estuvo unida al estereotipo de mujer explotada y subalterna que se buscó superar. Como contrapartida, la subordinación en términos de acceso a la educación, la vivienda y la salud resultaron aspectos a partir de los cuales pudieron ser construidas estrategias de superación y autodeterminación.        

No obstante, muchos de los semblantes de la conciencia feminista emergida de las africanas, en su mayoría intelectuales o académicas, no lograron alcanzar a la población mayoritaria como destinataria, quedando limitados a ciertos círculos socioculturales. En tal sentido, tampoco se ha radicalizado su pensamiento, por lo cual en el presente se expresa mayormente a través de acciones culturales y / o pacifistas.

Así, pues, el feminismo africano negro, heterogéneo en composición y en objetivos, pudo potenciar, desde finales del siglo XX hasta el presente, el surgimiento de diferentes líneas de reflexión y trabajo. Éstas se expresaron a través de ideologías que, desde hace décadas, lideran acciones de empoderamiento integrantes de la agencia de género que el continente promueve activamente.

 

* Investigadora – Docente en UNLu y UBA. Líneas de investigación: relocalizaciones, expresiones religioso / espirituales y estudios urbanos relacionados con la calidad de vida en contextos urbanos de África y Asia.  Contacto: arduineugenia@gmail.com

Bibliografía consultada

-Acholonu, Catherine Obianuju (1995) Motherism. An Afrocentric alternative to feminism. Abuja: Afa Publications.

-Aidoo, Ama Ata (1998) The African Woman Today. Nnaemeka, O. (Ed.) Sisterhood, feminisms and power. Trenton: Africa World Press.

-Arduino, Eugenia (2014) Identidades afroasiáticas translocalizadas. Buenos Aires: Mnemosyne.

-Arndt, Susan (2000) African Gender Trouble and African Womanism: An interview with Chikwenye Ogunyemi and Wanjira Muthoni. Sign. Vol. 25, No. 3, 709-726.

– ————- (2002) The Dynamics of African Feminism. Defining and classifying African Feminist literatures. Trenton & Asmara: Africa World Press. 

-Campos, A. (2006) Política poscolonial al Sur del Sahara. Echart – Puerto – Sotillo. (Coods.) África en el horizonte. Introducción a la realidad socioeconómica del África

Subsahariana. Madrid: Libros de la Catarata.

-Cornwall, Andrea (2005) Readings in Gender in Africa. Oxford and Bloomington: SOAS.

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-Sarr, Fatou (2007) La reconstruction du mouvement social féminin africain et la production d’une pensée politique liée à la lutte des femmes. Luttes politiques & résistances féminines en Afrique. Dakar: Panafrika.

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-Wesseling, H. (1999) Divide y vencerás. El reparto de África, 1880-1914. Barcelona: Península.

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[1] Acta General de la Conferencia de Berlín, 26 de febrero de 1885, <http://www.dipublico.org/3666/acta-general-de-la-conferencia-de-berlin-26-de-febrero-de-1885/ Sitio web de Derecho Internacional. Consultado el 3 de marzo de 2019>.

[2] Las migraciones también han sido un tema clave a lo largo de la historia africana, sobre todo durante el colonialismo, como movimientos forzados de población, y luego, en la etapa independiente, impulsados por la necesidad de reubicación laboral. En tal sentido, la feminización de las migraciones africanas –femina migrans– aparece como un fenómeno contemporáneo sumamente disruptivo para las sociedades locales. Para el tema véase Gaytán Cuesta, Andrea Adhara. Mujeres Cruzando Fronteras. La feminización de las migraciones y la incorporación de la teoría del género a las teorías migratorias. <http://www.academia.edu/191764/Mujeres_Cruzando_Fronteras_La_Feminizaci%C3%B3n_de_las_Migraciones_y_la_Incorporaci%C3%B3n_de_la_Teor%C3%ADa_de_G%C3%A9nero_a_las_Teor%C3%ADas_Migratorias>.

Consultado el 1 de marzo de 2019. También a Mbuyi Kabunda (2004) Las mujeres en África: apuntes sobre los avances de sus derechos, logros y vulnerabilidades. San Miguel, N. Buenas prácticas en Derechos Humanos de las mujeres. África y América Latina. Madrid: Oficina de Acción Solidaria y Cooperación.

[3] <http://www.unwomen.org/en/where-we-are/africa. Consultado el 1 de marzo de 2019>.

[4] World Conference on Women Mexico City, June 19-July 2, 1975, <http://www.5wwc.org/conference_background/1975_WCW.html Consultado el 2 de marzo de 2019>.

[5] <http://www.unwomen.org/en/how-we-work/intergovernmental-support/world-conferences-on-women Consultado el 1 de marzo de 2019>.

[6] <http://www.un.org/womenwatch/daw/cedaw/index.html Consultado el 3 de marzo de 2016>.

[7] <http://www.un.org/womenwatch/daw/cedaw/text/sconvention.htm Consultado el 3 de marzo de 2019>.

[8] En 1995 se llevó a cabo, liderada por United Nations, The Fourth World Conference on Women (FWCW or Beijing), held in Beijing, China, September 4–15. This was the largest and most influential of all the World Conferences on Women. Nearly 180 government delegations and 2,500 nongovernmental organizations met to discuss a broad range of issues concerning women. They drew on and moved beyond language agreed upon at earlier international conferences, including the International Conference on Population and Development in 1994. The Beijing Conference was a turning point in the world’s understanding of women’s human rights.

<http://www.5wwc.org/conference_background/1995_WCW.html Consultado el 2 de febrero de 2019>.

[9] <http://www.unwomen.org/en/where-we-are/africa Consultado el 2 de marzo de 2019>.

[10] World Conference on Women, Copenhagen, July 14-30, 1980, <http://www.5wwc.org/conference_background/1980_WCW.html Consultado el 3 de marzo de 2019>.

[11] 1985 World Conference on Women. Nairobi, Kenya, July 15-26, 1985, <http://www.5wwc.org/downloads/Report_of_WCW-1985.pdf>

[12] <http://www.5wwc.org/conference_background/1985_WCW.html Consultado el 3 de marzo de 2019>.

[13] Feminism is a worldview and way of life of women and men who, as individuals, groups and/or organizations, actively oppose existing gender relationships based on discriminating hierarchies and rating. Feminists not only recognize the mechanisms of oppression, they also aim at overcoming them. Changes are envisaged in three vital areas: First, discrimination against women in society and public life must be ended. Second, gender-specific roles in the family, and with them the oppression and disadvantaging of women in the familial sphere must be overcome. Third, an amendment of unwholesome individual and collective conceptions of wo/manhood is striven for (Arndt: 2002: 71-2).

[14] <http://africanwomenstudies.org/conference.html. Consultado el 2 de marzo de 2019>.

[15] <http://www.biography.com/people/alice-walker-9521939. Consultado el 3 de marzo de 2019>.

[16] Un motherist, hombre o mujer, ama y respeta a todas las personas independientemente de su sexo, etnia o religión; ama a Dios y a la naturaleza; protege a los niños y el entorno natural; respeta las diferencias a la vez que defiende los valores de la familia; odia el sufrimiento, la injusticia y la opresión; ama la prosperidad, el progreso y la justicia; posee cualidades de coraje, humildad, realismo, sentido de la continuidad y siempre está dispuesta a las reformas, incluso al propio sacrificio, por el bien de los demás, como una madre. Así, la mujer es percibida como la extensión de la madre tierra que puede facilitar la vuelta a la esencia maternal (Obianuju: 1995).

[17] Concepto acuñado por Alice Walker, una escritora afroamericana criticada por las africanas por dejar de lado las peculiaridades de ese continente, <http://www.biography.com/people/alice-walker-9521939>. Consultado el 1 de marzo de 2019.

[18] Se propuso un concepto alternativo al feminismo africano al que denominó según el acrónimo Social Transformations Including Women in Africa: STIWANISM. Véase Ogundipe Leslie, Molara (1994) Re-Creating Ourselves. African Women & critical transformations. Trenton: Africa World Press.

[19] <http://liberalarts.iupui.edu/directory/bio/nnaemeka>. Consultado el 2 de marzo de 2019.

[20] Véase Oyèwumi, Oyèrónké (2003) African Women and Feminism.Reflecting on the Politics of Sisterhood. Trenton: Africa World Press.

[21] <http://aflit.arts.uwa.edu.au/WerewereLiking.html>. Consultado el 3 de marzo de 2019.

[22] <http://www.africultures.com/php/?nav=personne&no=3646>. Consultado el 2 de marzo de 2019.

[23] <http://complitforlang.ucr.edu/pdf/anthonia_kalu_cv.pdf> Consultado el 3 de marzo de 2019.

¿Cuál es la importancia, hoy, del estudio de la Geopolítica?

Marcelo Javier de los Reyes*

El término “geopolítica” fue utilizado por primera vez a comienzos del siglo XX por el geógrafo, politólogo y político sueco Johan Rudolf Kjellén (1864-1922) en un artículo titulado Las grandes potencias.

Johan Rudolf Kjellén

Debe destacarse que, no obstante, la geopolítica llegó a su máxima expresión con Karl Haushofer (1869-1946) quien no aceptó la “mutilación” que había sufrido Alemania con su derrota en 1918 y desarrolló la teoría del Lebensraum o del “espacio vital” para albergar y alimentar a la —entonces— creciente población alemana. Se trataba de una concepción imperialista que ponía fin a la idea de las fronteras como líneas rígidas para concebirlas como “organismos vivos que se extienden y se contraen, del mismo modo que la piel y otros órganos protectores del cuerpo humano”[1].

Karl Haushofer

Durante el período de entreguerras no sólo se fue gestando el nacionalsocialismo sino también una amistad entre Rudolf Hess, Adolf Hitler y Karl Haushofer —quien fue oficial del Estado Mayor—, un “extraño triunvirato” como lo denomina el escritor británico Martin Allen, quien se refiere a esta relación en una de sus obras[2]. De ese triunvirato también salió una fuerte amistad entre Hess y Albrecht Haushofer, el hijo de Karl, quien fue un relevante asesor de Hitler en materia de política internacional a pesar, como dice Allen, de que su madre, Martha Mayer-Doss, era de sangre judía y a la que el Führer besaba su mano desde antes del putsch de 1923[3].

Albrecht Haushofer era partidario de lograr la paz con el Reino Unido y junto a su amigo Hess se esforzó por lograr ese objetivo. El propio Hitler también tenía la intención de llegar a un acuerdo de paz porque aspiraba a plasmar la concepción geopolítica del Lebensraum de Haushofer quien, a su vez, se basó en la concepción geopolítica del escocés Halford Mackinder, basada en que Eurasia era el epicentro para la dominación del mundo. También tomó del geógrafo Friedrich Ratzel la opinión biológica de que “el espacio amplio conserva la vida”[4].

La asociación que se le atribuyó a la geopolítica con la Alemania nazi llevó a que ese concepto fuera prácticamente borrado de la academia y de las relaciones internacionales no bien finalizó la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, aunque el término no fuera utilizado explícitamente, la propia Guerra Fría dio cuenta de su existencia y ejecución por parte de las superpotencias y sus principales aliados.

Como dice el Profesor José William Vesentini la geopolítica “de 1945 hasta cerca de 1975 estuvo confinada a pequeños círculos, en especial militares”[5].

Hacia la década de 1970 recobró vigencia en América, más precisamente en el hemisferio sur, a partir de los gobiernos militares que se hicieron del poder en la región. Es así como se reedita Conjuntura política nacional: o Poder Executivo e geopolítica do Brasil de Golbery do Couto e Silva[6], Geopolítica de Chile de Augusto Pinochet Ugarte[7] y se publica El litoral boliviano: perspectiva histórica y geopolítica de Raúl Botelho Gosálvez[8]. Como contrapartida, Júlio Chiavenato escribió el libro Geopolítica, arma do fascismo[9], en el que hace una referencia crítica a la relación entre los regímenes totalitarios y el uso de la geopolítica como instrumento de fuerza en las relaciones de poder presentes en las sociedades.

 

Conjuntura Política Nacional o Poder Executivo & Geopolítica do Brasil de Golbery do Couto e Silva; Geopolítica de Chile de Augusto Pinochet Ugarte; El litoral boliviano: perspectiva histórica y geopolítica de Raúl Botelho Gosálvez

Fuera como fuese, de esa manera la geopolítica fue nuevamente considerada, aunque en algunos claustros universitarios continúan mirándola de soslayo y prefieren hacer uso del concepto de “geografía política” para evitarla, a pesar de la diferencia que señala el profesor José William Vesentini.

En la actualidad, el desarrollo de las comunicaciones, de las nuevas tecnologías, la multiplicidad de actores en el escenario internacional, la necesidad de contar con determinados recursos naturales y la velocidad de los cambios en un contexto de recomposición del poder mundial, le ha otorgado una relevancia única al estudio de la geopolítica. Durante los últimos años, la necesidad de contar con recursos como el petróleo y el gas dieron lugar a una silenciosa aplicación de una especie de Lebensraum por parte de las principales potencias. Vale citar los trazados de los oleoductos y de los gasoductos —motivo muchas veces de disputas—, ejemplo de lo cual es el proyecto del Gasoducto Transadriático, también denominado TAP por sus siglas en inglés, anunciado oportunamente. Este proyecto contempla transportar gas natural desde el Mar Caspio (Azerbaiyán) a Europa para reducir la dependencia de las importaciones de gas ruso[10].

El estudio de la geopolítica nos permite comprender las nuevas políticas de los Estados así como de otros actores (corporaciones, grupos terroristas, ONGs, etc.) con capacidad de transformar la realidad, tanto en términos políticos, económicos, sociales o medioambientales.

La geopolítica se mantiene y se mantendrá viva debido a que los factores geográficos continuaran influyendo en el escenario internacional. La esencia de los conflictos puede haber cambiado como consecuencia, por ejemplo, de la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, los gobiernos de las grandes potencias utilizan geopolíticamente al terrorismo para limitar o neutralizar la participación de otro Estado en una determinada región. El caso de Siria es un ejemplo válido en el que se percibe la puja de intereses entre Rusia y los Estados Unidos, así como de otras potencias regionales, Arabia Saudí, Irán, Israel y Turquía. Las guerras civiles en Siria y Ucrania han puesto en bandos diferentes a Estados Unidos y Rusia en lo que parece ser una reedición de la Guerra Fría, si es que alguna vez finalizó. Esta confrontación así como la que sostienen Estados Unidos y China en el mar de China, parece recordar a Leviatán y a Behemot, las bestias de la Biblia —la del mar y la de la tierra— mencionadas por Carl Schmidt en Mar y Tierra[11], obra editada en 1942, para ejemplificar la puja entre el poder naval y el poder terrestre. También cabe aquí mencionar la disputa por el Ártico.

En todos estos conflictos se juega el dominio por el espacio y se contemplan los factores geográficos. De tal manera que precisamos de la geopolítica para comprender la complejidad del mundo actual porque a través de ella podemos evaluar la correlación de fuerzas, no sólo desde un punto de vista militar sino también económico, tecnológico, social y cultural entre los diversos actores.

* Licenciado en Historia, graduado en la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Doctor en Relaciones Internacionales, School of Social and Human Studies, Atlantic International University (AIU), Honolulu, Hawaii, Estados Unidos. Tema de tesis: “Intelligence and International Relations: an old relationship and its current revaluation for decision-making”.
Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG).

Referencias:

[1] Ratzel, Kjellen, Mackinder, Haushofer, Hillon, Weigert, Spykman. Antología geopolítica. Buenos Aires: Pleamar, 1975, p. 92.

[2] Martín Allen El enigma Hess. El último secreto de la segunda guerra mundial al descubierto.Barcelona: Planeta, 2005, 397 p.

[3] Rudolf Hess y Adolf Hitler fueron encarcelados en la Fortaleza de Landsberg durante un año y medio por su participación en el putsch. Haushofer los visitó en varias oportunidades.

[4] Ratzel, Kjellen, Mackinder, Haushofer, Hillon, Weigert, Spykman. Op. cit., p. 89.

[5] José William Vesentini. “O que é geopolítica? E geografia política?” Geocritica, <http://www.geocritica.com.br/geopolitica.htm>, [consulta: 22/05/2016].

[6] Golbery do Couto e Silva. Conjuntura política nacional: o Poder Executivo e geopolítica do Brasil. Rio de Janeiro: Livraria José Olympio Editora, 1981, 273 p.

[7] Augusto Pinochet Ugarte. Geopolítica de Chile. Buenos Aires: El Cid Editor, 1978.

[8] Raúl Botelho Gosálvez. El litoral boliviano: perspectiva histórica y geopolítica. Buenos Aires: El Cid Editor, 1980, 170 p.

[9] Júlio Chiavenato. Geopolítica, arma do fascismo. São Paulo: Global Ed, 1981.

[10] Nektaria Stamouli. “Inicia en Grecia la construcción del Gasoducto Transadriático”. En: The Wall Street Journal, <http://lat.wsj.com/articles/SB11012343666397284708604582074540086864480>, 18/05/ 2016, [consulta: 22/05/2016].

[11] Carl Schmitt. Tierra y mar. Una reflexión sobre la historia universal. Madrid: Trotta, 2007, 112 p.

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¿Cuál es el contexto histórico alemán que influyó en la obra de Ratzel?

Marcelo Javier de los Reyes*

 

En primer lugar, la obra de Friedrich Ratzel (1844-1904) debe enmarcarse en la corriente de pensamiento positivista que imperaba por esos años en el ámbito científico, bajo la impronta de los grandes nacionalismos y de las políticas expansionistas llevadas a cabo por las metrópolis.

Friedrich Ratzel

En segundo lugar, en lo que se refiere al contexto histórico de su país, Alemania, debe destacarse la política llevada a cabo por el canciller Otto von Bismarck entre los años 1871 y 1890. A su vez también debe mencionarse que entre los pueblos de Europa crecía fuertemente el sentimiento nacionalista, si bien puede hablarse de un período de relativa paz que se extendió desde la celebración del Congreso de Viena de 1815 hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial.

Bismarck se propuso llevar adelante la unidad de Alemania en favor de Prusia y con la férrea intención de marginar de su proyecto al Imperio austríaco. En función de ello procedió a constituir un ministerio fuerte que enfrentó a la oposición liberal, así como un ejército poderoso conducido por Helmuth von Moltke. En el plano de la política exterior, fue el artífice de una serie de tratados que involucraron a las potencias europeas y que tenía por propósito garantizar la neutralidad de Francia y Rusia y aislar diplomáticamente al imperio austríaco. Con estas herramientas Bismarck logró la unificación de Alemania y consolidó su poder. Alemania pronto estuvo al lado de las principales potencias europeas.

Durante ese siglo de relativa paz pueden destacarse conflictos o guerras focalizadas, como las guerras de Crimea (1853-1856), la denominada “guerra de los Ducados” ─que enfrentó al imperio austríaco y Prusia contra Dinamarca (1864) y que llevó a que este último país, tras ser derrotado, debiera ceder Schleswig-Holstein a las otras dos potencias─, la austroprusiana (1866), la francoprusiana (1870-1871) y las guerras balcánicas (1912-1913). Como se ha mencionado, tres de estas guerras citadas involucraron a Prusia pero la que llevó a cabo contra Francia fue la que consagró la unificación de Alemania.

Como producto de ello, el 18 de enero de 1871 surgió el imperio Alemán, que se extendió como un Estado monárquico hasta 1918. Luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial Alemania se convirtió en una república pluralista y democrática.

Politische Geographie (1987)

Ratzel falleció en 1904 y formó parte de un grupo destacado de geógrafos alemanes que transformaron los estudios geográficos. Él mismo se definió como defensor del expansionismo y el colonialismo y, en esta línea de pensamiento, colaboró estrechamente con el Congreso de Berlín (1884-1885) que procedió al reparto de África entre las potencias europeas y del que también participaron los Estados Unidos y el Imperio Otomano, aunque no obtuvieron beneficios territoriales. Cabe destacar que el Imperio Otomano ya languidecía por esos años y que fue perdiendo el control sobre sus dominios en los Balcanes, Medio Oriente y norte de África.

A partir de allí Alemania se lanzó a la conquista de colonias, las cuales pueden identificarse en cuatro zonas:

  1. golfo de Guinea, donde constituyó el protectorado de Togo y Camerún;
  2. suroeste africano, espacio en el que desarrolló la explotación de minas de cobre;
  3. África Oriental, centrándose en la isla de Zanzíbar y Tanganika y
  4. Oceanía, donde establece su soberanía sobre el noreste de Nueva Guinea y el archipiélago de Nueva Bretaña, denominado Bismarck en honor al canciller.

La Conferencia de Berlín le permitió a Bismarck constituirse en el árbitro de las cuestiones coloniales y tuvo por objetivo que el Reino Unido y Francia concentraran sus esfuerzos y que dirimieran sus diferencias fuera de Europa. Sin embargo, el tiempo llevó a que ese propósito no se lograra, pues la relación con los británicos se fue debilitando a la par que Londres y París lograban un acercamiento.

En este marco, Ratzel ─quien consideraba que el medio físico determinaba a las sociedades humanas como colectivo y al hombre como individuo, por lo que el hombre debía adaptarse a las condiciones impuestas por ese medio─ dio origen a dos grandes obras: “Antropogeografia” (1891) y “Geografía Política” (1897). En estos trabajos Ratzel logró plasmar una fusión de lo político con lo geográfico, consagrándolo como uno de los principales forjadores de la geopolítica.

* Licenciado en Historia, graduado en la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Doctor en Relaciones Internacionales, School of Social and Human Studies, Atlantic International University (AIU), Honolulu, Hawaii, Estados Unidos. Tema de tesis: “Intelligence and International Relations: an old relationship and its current revaluation for decision-making”.
Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG).

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