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LAS HABILIDADES DEL ANALISTA DE INTELIGENCIA EN SU DIMENSIÓN ONTOLÓGICA

Santiago Bruno Palumbo*

“La mejor manera de hacer es ser”

Lao Tse

Introducción

Las postrimerías del siglo XX y los comienzos del siglo XXI, han comenzado a consolidar la figura del analista de inteligencia (AI), como figura clave en el proceso de elaboración y toma de decisiones, no solo de las instituciones estatales —como originalmente lo hacían— sino también en los ámbitos empresariales.

La idea de que Thomas Hobbes, expresara en El Leviatán, “quien tiene la información, tiene el poder”, en la era de la inteligencia artificial ha mutado ese poder no ya a quien tiene la información, sino a quien tiene la capacidad para procesarla. La abundancia de información, la desinformación y el cambio permanente, ello en un contexto que fuerza la rápida conformación de nuevos escenarios de incertidumbre, enfrentan al AI a exigentes desafíos, para los cuales tendrá que ser no solo un hábil conocedor de sus debilidades y fortalezas analíticas, sino también personales.

El abordaje de las habilidades del AI en su dimensión ontológica, pretende indagar en una dimensión hasta ahora no muy considerada, como es la importancia por parte de cada analista de conocer el modelo de observador que es, y como a través del mismo observa y analiza la realidad. Para este propósito hemos encontrado en la obra de Rafael Echeverría, creador de la Ontología del Lenguaje, un importante aporte conceptual para dar sustento a esta nueva dimensión del AI.  

EL ANALISTA DE INTELIGENCIA

Su importancia y conceptualización

Durante mucho tiempo se sostuvo que la información era poder, razón por la cual su reunión constituía la principal preocupación de las organizaciones, así como de sus máximos decisores. El siglo XXI refleja claramente la abundancia de una cantidad de información, que hasta los censores más audaces no pueden impedir su circulación; no obstante, pueden estar abocados a contrarrestar este fenómeno con otro igualmente peligroso: la desinformación o su exceso. En un mundo de estas características el decisor necesita quien tenga la capacidad de dar sentido y orientación a esta realidad, donde la abundancia de información —verdadera o falsa—, el cambio permanente y la falta de certezas se transforman en un común denominador de los escenarios humanos.

En este contexto, el AI se constituye en un protagonista axial, en la fase de elaboración de todo proceso de decisión cuya importancia y necesidad, ha comenzado a trascender desde su ámbito originario como fueron las instituciones estatales, para ser en la actualidad un engranaje vital en los esquemas de elaboración y toma de decisiones de cualquier organización del ámbito empresario[1].

Si bien en un sentido amplio se ha conceptualizado al AI como aquel actor, cuyo principal rol es el de proporcionar información procesada, que permita reducir las posibles incertidumbres que se presenten, en los distintos niveles de dirección y/o ejecución, donde se toman o implementan decisiones. En un sentido restringido, si consideramos la etimología del vocablo inteligencia, del latín “inter” = entre, y “legere = elegir, (aunque es también “intus” = adentro, o sea leer adentro de la cuestión, del asunto), el rol del analista de inteligencia se traducirá en el hecho de saber extraer de la realidad —con un criterio sistémico— aquellos hechos o circunstancias relevantes para la generación de aquellos escenarios de probabilidad, de interés o importancia para a un decisor u organización, que permitan adoptar las mejores elecciones posibles[2]. Ello en razón, de ser el AI quien posibilita al decisor —político o empresario— tener por anticipado una aproximación de las consecuencias de sus acciones, las diferentes posibilidades de evolución futura, así como aquellos factores a tener en cuenta, muchas veces no siempre evidentes. Su desafío será siempre traducir lo incierto de los futuros contingentes en posibles o probables[3].

Su perfil profesional

La compleja tarea que debe llevar adelante un AI, como es la de trabajar permanentemente en escenarios de incertidumbre y contingencia, en muchas situaciones lo enfrenta a esa antigua dicotomía que, parafraseando a Clausewitz, presenta a la inteligencia como un arte y/o ciencia, en la cual el analista debe conjugar su habilidad, práctica y conocimiento teórico[4].

Actualmente se habla con bastante énfasis de la Inteligencia como disciplina científica, debido a la convergencia de enfoques y disciplinas diferentes que se presentan para su estudio[5]. Una muestra de ello, es el auge en los programas académicos modernos orientados hacia la formación de AI, de las denominadas “Técnicas Analíticas Estructuradas para el Análisis de Inteligencia”[6], cuya técnica más destacada es la conocida como “Análisis de Hipótesis en Competencia”; la cual si bien tuvo un amplio consenso en el mundo académico, no ocurrió lo mismo entre los profesionales del análisis, quienes consideraban que su importancia era más didáctica que real, siendo de escaso uso en la práctica[7]. Ello de alguna manera mantiene vigente, que el AI siga reviviendo este antiguo dilema de la Inteligencia como arte y/o ciencia; el cual en cierta forma, se trata de la complementación entre la intuición y razón.

Durante buena parte del siglo XX, principalmente durante los años de la denominada Guerra Fría, todo resultaba ser más previsible por lo que la razón (tan solo una de las funciones intelectuales), era la fuente más apropiada para la evaluación y análisis de cualquier escenario[8]. Pero en las últimas décadas del siglo XX y las primeras del presente siglo, han expuesto al AI a revivir nuevamente ese dilema de su especialidad, al tener que enfrentarse a un mundo cambiante; en el cual como bien define Zygmunt Bauman[9], se enfrenta a una modernidad liquida, cuyas características dominantes son la figura del cambio, la transitoriedad, nada existe como firme o seguro y todo reviste una incertidumbre amenazante[10].

El AI cualquiera sea su formación profesional, en numerosas ocasiones hace empleo de todos sus mecanismos psíquicos no siendo capaz de controlarlos todos, ni en condiciones siempre de comprender cuál de ellos, ha intervenido en cada situación. Cualquier análisis de inteligencia que se lleve a cabo, desde el análisis y la reunión de la información, hasta la elaboración de escenarios, intervienen la percepción de acontecimientos, la imaginación o representación visual, la formación de conceptos de distinto grado de abstracción, la comparación que lleva a establecer analogías y la generalización inductiva; la deducción tanto formal como informal, las intuiciones intelectuales[11], hasta la consideración y análisis de escenarios más extravagantes o inverosímiles, como los denominados “cisne negro[12].

En tal sentido, cuando el AI no conoce exactamente cuál de dichos mecanismos ha intervenido, cuando no recuerda o tiene clara conciencia de los procesos inferenciales o cuando no fue lo suficientemente riguroso y sistemático, es cuando considera que su tarea ha sido obra de la “intuición”.

La intuición (o la visión directa) conforma para el AI una suerte de caja de herramientas en la cual deposita todas aquellas metodologías de cuño personal, que si bien no presentan un cierto rigor científico, surgen de esa extraña simbiosis entre el conocimiento teórico y el conocimiento práctico, cuya efectividad fue demostrada por el nivel de ocurrencia de los escenarios propuestos, en trabajos anteriores. No obstante, con ello no pretendemos asignar primacía a la intuición por sobre la razón; sino por el contrario, ambas deben combinarse, complementarse, armonizarse, debiéndose disciplinar racionalmente la intuición y permitir que esta movilice y guíe a la razón[13].

Frente a este escenario dual, en el cual el AI debe apreciar y evaluar sus desafíos profesionales, surge como un interrogante central:

¿Cuáles serían las habilidades necesarias que deberá tener un analista del siglo XXI?

Si bien las habilidades duras, como son las vinculadas a su capacidad de aplicar métodos, procedimientos y técnicas, propias de su formación profesional, sin lugar a dudas serán vitales e importantes. Según un estudio llevado a cabo en el año 2011, por el Institute for the Future of University of Phoenix Research Institute denominado “Future Work Skills 2020”, serán las denominadas habilidades blandas, que son aquellas capacidades que esencialmente están vinculadas a los rasgos de personalidad, las que tendrán primacía, siendo ellas: Creación de sentido, Inteligencia social, Pensamiento novedoso y adaptativo, Competencia cultural, Pensamiento computacional, Nuevos medios de comunicación, Transdisciplina, Mentalidad de diseño, Gestión de la carga cognitiva, Colaboración virtual[14].

A modo de síntesis, podemos agregar que los desafíos a los cuales se enfrentara una AI del siglo XXI exigirá en su formación una actitud y preparación en aquellas habilidades de uso general para la vida, siendo lo más importante su capacidad de adaptación al cambio, de estar apto parta aprender cosas nuevas y mantener el equilibrio mental frente a situaciones con las cuales no esté familiarizado. Para estar a la altura de los desafíos del mundo actual, necesitara en definitiva reinventarse una y otra vez[15].

Su dimensión ontológica

El hecho de ser el mundo interior de las personas condicionante de cómo interpretan la complejidad del mundo exterior y su evolución incierta, resulta ser este un aspecto determinante para un AI, observador profesional de la realidad sobre la cual opera, a los efectos de su interpretación y análisis.

En este sentido Vega Lamas, destaca que la “introversión”, resulta ser la forma de comportamiento más habitual de los AI Senior, según un estudio llevado a cabo en US Joint Military Intelligence College (JMIC), donde se destaca la especial orientación del AI hacia el mundo interior de las ideas, más que hacia el mundo de las cosas y las personas[16]. Una de las debilidades o fallas que habitualmente se destacan en todos los AI con relación a su mundo interior, son las denominadas por los psicólogos y filósofos como sesgos cognitivos; como producto de paradigmas de base, modelos mentales, percepciones, juicios y recuerdos modelados por sus creencias, prejuicios, expectativas, intereses, conocimientos adquiridos, deseos y temores[17]. Debido a la influencia que ese mundo interior (un microcosmos), representa en el tipo de observador en el cual se convierte un AI; realizar sus análisis desde una dimensión ontológica[18], le permitirá realizar el mismo desde una visión sistémica más amplia y abarcativa de los acontecimientos.

El Analista de Inteligencia: un observador

Todo AI es plenamente consciente que la realidad que observa (atentamente[19]) y luego analiza (parte, disecciona, sintetiza, conceptualiza…), es producto del tipo de analista que es y por ende del tipo de observador. Cada analista es un observador diferente, la forma en que ve la realidad, es como la interpreta; no sabe de manera objetiva como es la realidad, solo sabe como la ve o la interpreta. En tal sentido, esta forma de interpretar la realidad lo conduce a considerar una parte de ella y, necesariamente, a excluir otra.

Si bien, todo observador es consciente que observa la realidad y a la vez también se observa a sí mismo, no obstante existirá un “punto ciego” en su capacidad de observación, que será el lugar en el cual se posiciona para llevar a cabo la misma. Al no observar tal situación, no podrá advertir que todas sus observaciones estarán condicionadas por esa posición desde la cual se encuentra y observa. La forma en que todo analista observa, contiene por lo tanto luces, sombras y espacios ciegos; la realidad que construye estará condicionada por aquello que llame su atención o interés de ella y por aquella otra parte que por los mismos motivos sea incapaz de percibir. Cada observador reconstruye la realidad de manera diferente y de esa manera particular de generar sentido, surgen los variados escenarios que visualizara como posibles o probables.

Las creencias, juicios, paradigmas, percepciones, cultura, historia personal e inconsciente de cada observador serán las que producirán los distintos tipos de observador y será frente a esta subjetividad propia del ser humano (también lo llamaríamos “perspectivismo[20]) que el Dr. Echeverría, con su propuesta de Ontología del Lenguaje, marca un camino a través del cual nos presenta un criterio de interpretación, para ayudar a discernir entre la diversidad de interpretaciones a las que se enfrenta todo observador. El mismo, se desarrolla partiendo de ciertos principios que para Echeverría definen la propuesta de su Ontología del Lenguaje; siendo el primero de ellos el denominado “Principio del Observador”, el cual formula de la siguiente manera:

No sabemos cómo las cosas son, solo sabemos cómo las observamos o como las interpretamos. Vivimos en mundos interpretativos”[21].

Por tal motivo, el hecho de vivir en “mundos interpretativos” de la realidad, generara en cada AI la necesidad de ser consciente del tipo de observador que es[22]. Motivo por el cual, partiendo de esta premisa cabe formular el siguiente interrogante: ¿qué tipo de observador es para observar lo que observa?[23] Respuesta que será vital conocer y responderse a sí mismo, para evaluar aquellos sesgos que puedan afectar su producto. Razón por la cual, la importancia que representará comprender la estructura básica que determina qué tipo de observador es, lo enfrenta como “una alternativa”, a remitirse a los denominados dominios primarios del observador -también denominados del ser u ontológicos- constituidos por el cuerpo, la emoción y el lenguaje.

Estos dominios ontológicos, contenidos dentro de un supra-dominio como es el biológico, constituyen los componentes y relaciones que conforman entre sí, la estructura corporal del observador, como sistema para dar lugar a la unidad biológica que representa. Con ello hacemos referencia a lo que sucede en los sistemas nervioso, digestivo, circulatorio, endocrinológico, respiratorio, así como en lo relativo a lo hormonal y genético.

Anteriormente destacábamos como cada persona conforma un observador diferente[24] desde las distintas interpretaciones que hace de la realidad; pero no sólo las distintas interpretaciones que se lleven a cabo marcarán las diferencias entre los distintos observadores sino que también las distintas características que presente en su conformación biológica, como características de su sistema nervioso, el tipo de motricidad, funcionamiento glandular, la afección o disfuncionalidad en algunos de sus órganos, influirán en la actitud del observador frente a la realidad.

En tal sentido, es notable como hombres y mujeres desarrollan modos de observar diferentes, como productos de sus diferencias biológicas, siendo ellas mucho más profundas que aquellas que surgen de sus diferencias de sexo. Como aquellas relativas a su estructura celular, sus configuraciones neuronales, en las características de sus hemisferios cerebrales, las cuales inciden en la forma como observan y describen la realidad[25].

Por tal motivo, y como destaca Echeverría el hecho de cuestionarse la capacidad de los seres humanos para acceder a la realidad, de forma inmediata, produce dos desplazamientos significativos:

  1. el centro de gravedad en materia de conocimiento se desplaza desde lo observado (el ser de las cosas) hacia el observador;
  2. el conocimiento hace referencia tanto a lo que se observa como a quien lo observa.[26]

Dominios primarios del observador

Cada AI como observador se constituirá, por lo tanto, en estos dominios primarios de observación que corresponde a los dominios propios de la existencia humana y, por ende, se insertan en el dominio básico de la biología. Pese a no ser los únicos, son ellos dominios fenoménicos irreductibles, ya que no permiten su reducción a otro de los dominios, no obstante, mantener relaciones de coherencia entre ellos.

Estos dominios primarios del observador son tres, a saber:

  • Cuerpo: este dominio de observación está vinculado al comportamiento físico del observador, como unidad biológica, la manera en que se posiciona en su entorno, así como las relaciones físicas que establece con las entidades que conforman el medio en el cual debe desempeñarse. La gestualidad corporal en sus distintas manifestaciones es la que definirá un tipo de presencia del observador en su entorno; es la que influirá para determinar como él se sitúa frente a la realidad. Conforme a como sea su postura, definirá un tipo de observador.
  • Emociones: el estado emocional en el cual se encuentre el observador, será el prisma a través del cual abordara la realidad que observa. El dominio emocional nos constituye en observadores diferentes; este nos predispone a observar ciertos aspectos de la realidad y a no observar otros. En tal sentido, cada vez que el observador cambia su estado emocional su forma de percibir la realidad puede experimentar modificaciones. La versatilidad emocional de un observador será un factor clave, en la claridad y precisión de sus observaciones[27].
  • Lenguaje: sin menoscabar la importancia de los dominios anteriores, es en este dominio donde encontramos, las principales características que hacen a un buen observador. Ello en razón, de la nueva comprensión que ECHEVERRÍA hace de los seres humanos con lo que denomino “Ontología del Lenguaje”. Por medio del lenguaje el AI, se transforma en un particular observador del mundo y del fenómeno humano, posición que claramente expresa en lo que denominó los tres postulados básicos de la Ontología del Lenguaje, a saber:

      a) Interpretamos  a  los  seres  humanos  como seres        lingüísticos.

     b) Interpretamos  al  lenguaje  como  generativo   de       realidades.

      c) Interpretamos que los seres humanos se crean a sí        mismos en el lenguaje y a través de él[28].

El ser humano es humano porque tiene lenguaje y es desde el lenguaje que describe y genera su realidad, por ser este uno de los dominios a través de los cuales ellos actúan. Motivo por cual, el lenguaje es más que una “herramienta comunicativa”, es ACCIÓN y genera REALIDAD. Es por ello, que el poder de la palabra toma compromiso, cuando está acompañada por la acción (“el contexto dice más que el texto”). En tal sentido, el hecho de que el lenguaje constituye un observador diferente, está relacionado a tres factores:

  • Las distinciones: no solo la realidad es percibida a través de los sentidos, sino también lo hacemos por medio de nuestras distinciones; sin distinciones no podría observarse, ya sólo tendríamos experiencias perceptuales no significativas.
  • Los juicios: ellos son aquellos actos del lenguaje a través de los cuales el observador, toma posición frente a la realidad que observa. Ellos influyen de manera axial en las acciones que lleva a cabo o que decide no realizar, así como para tomar posición frente a las personas, los hechos o su propia vida. Cada observador adoptara cursos de acción de acuerdo con los juicios que formule, abriendo o cerrando posibilidades de nuevas acciones.
  • Las narrativas: están conformadas por los relatos que el observador construye sobre el mundo, las cuales pueden limitar la capacidad de crear acciones y visiones nuevas, al ofrecer interpretaciones que muchas veces responden a visiones aceptadas por la mayoría, aunque piense que existan aspectos del relato que pueda cambiar[29].

Condicionantes del observador: el Modelo OSAR

Este modelo elaborado por el Dr. Echeverría, cuya sigla describe sus componentes: Observador-Sistema-Acción-Resultados, nos permite describir los condicionantes frente a los cuales el analista se enfrenta como observador de la realidad.

En toda estructura u organización en la cual el AI le toque realizar su tarea, tanto las ACCIONES que lleve a cabo, como los RESULTADOS que ellas produzcan, serán motivo de evaluación y consideración. Si bien, los resultados son siempre los primeros a tomarse en consideración, no debemos olvidar que ellos están directamente relacionados con las acciones.

Existen varios factores que pueden ser condicionantes en las acciones que lleve a cabo un analista, los cuales al ser identificados permiten evaluar la forma en que pueden incidir en ellas y por ende en sus resultados:

  • Predisposiciones biológicas: la constitución biológica de cada observador es condicionante para determinar su capacidad de acción. No todos poseen las mismas habilidades para llevar adelante determinadas tareas. Su predisposición o sus talentos para hacer ciertas cosas y su dificultad para otras, serán producto de su naturaleza, de su biología.
  • Adquisición de competencias: las habilidades cognitivas del observador conforman competencias esenciales para el desarrollo de su actividad, en especial aquellas adquiridas durante su formación profesional. En este punto es importante destacar, la relevancia del proceso de aprendizaje en la adquisición de competencias, como una cualidad vital para la optimización y mejoramiento de sus acciones y por ende de sus resultados.
  • Cambios tecnológicos: en muchas ocasiones la mejora en los resultados, conlleva la necesidad ya no de optimizar sus competencias, sino de realizar cambios tecnológicos que le permitan el empleo de las mejores y más actualizadas herramientas tecnológicas. Sin perjuicio de que en tales circunstancias deba realizar algunos aprendizajes para su empleo.
  • Factores emocionales: todo observador es un ser emocional que razona y en este dominio donde adopta gran parte de sus decisiones. En muchas ocasiones no son las competencias o las tecnologías con que el mismo lleva adelante su trabajo, sino los factores emocionales que lo afectan y condicionan, con los cuales debe llevar adelante su actividad.
  • Nuestras habitualidades: la volatilidad del mundo que enfrente un analista como observador de la realidad, el hecho de ser recurrente en su accionar, constituye una habitualidad sobre la cual no puede dejar de prestar atención de manera constante, ya que la manera en que lleva adelante su actividad no es indiferente desde el punto de vista de los resultados que genera.

Por tal motivo, podemos apreciar entonces que si el resultado no es el esperado, será necesario modificar la acción que lo generó por parte del observador, situación que en muchos casos lo remite a un nuevo aprendizaje, en línea ello con lo que Albert Einstein sostenía al respecto, al decir: “Nunca se puede resolver un problema en el mismo nivel en el que fue creado”. Siendo el APRENDIZAJE, aquella acción que posibilitará al observador generar una nueva acción, tomaremos el Modelo OSAR para identificar los tipos de aprendizaje necesarios para dicho propósito.

En principio tenemos un “aprendizaje de primer orden”, el cual se presenta como el de más frecuente empleo y en tal sentido el más obvio, ya que ante un resultado desfavorable el revisar las acciones que lo generaron, es la práctica más empleada. Modificamos acciones para obtener diferentes resultados. No obstante, este aprendizaje de primer orden nos presenta límites, en cuanto a que sus posibilidades de transformación están acotadas, ya que en muchas ocasiones el cambio de acción va a requerir un nuevo tipo de observador que es el analista. Por esta razón, se requiere de un nuevo tipo de aprendizaje llamado “aprendizaje de segundo orden”, el cual implica un cambio de observador, en la persona del analista. El criterio sería que, al modificarse el tipo de observador que el analista es, se podrán superar las limitaciones que afectaban su accionar y con ello las acciones que generaba, siendo por ello el aprendizaje individual insuficiente para producir dicho cambio, requiriéndose por tal motivo un aprendizaje que se instrumente desde el sistema al cual el observador pertenece.

En el aprendizaje de segundo orden podemos reconocer dos niveles, uno superficial orientado al mejoramiento de las habilidades del observador y otro más profundo orientado a modificar aspectos vinculados a su forma de ser. A esta modalidad de aprendizaje la denominamos “aprendizaje transformacional”, y su finalidad será la de permitir reconocer y lograr una ruptura con viejos patrones de observación y comportamiento que habían sido característicos de la forma de ser de ese observador. Una de las características distintivas de este tipo de aprendizaje es la alteración o ruptura con la linealidad[30].

Consideraciones necesarias

El abordaje desde una visión ontológica, para analizar al AI del siglo XXI, muestra que frente a las exigencias que el nuevo siglo presenta, en especial por el horizonte de incertidumbre y de cambio permanente, su perfil profesional ya no podrá solamente descansar en aquellos aspectos vinculados a sus habilidades cognitivas, que por cierto, son importantes. Sino que debido a que sus nuevas habilidades estarán mayormente vinculadas a sus rasgos de personalidad, tendrá que contar con herramientas conceptuales que le permitan reconocer qué tipo de observador es.

Para Echeverría, la existencia de los tres dominios primarios del observador, si bien por éste carácter observamos que no son los únicos que caracterizan a los seres humanos, en cierta forma permiten poner de manifiesto que cualquier otro domino remitirá inexorablemente a estos tres. Dada la estructura sistémica que ellos conforman, en la cual los distintos dominios mantienen relaciones de interdependencia, será en la estructura de coherencia de estos tres dominios que cada AI podrá evaluar el tipo de observador que es. Siendo esta coherencia determinante, ya que podrán existir hechos o realidades que serán percibidos de forma diferente por un observador, según predomine en él el dominio del cuerpo, la emoción o el lenguaje. No obstante, estén presentes los tres dominios de forma activa y conectada entre sí.

La mejor manera de hacer es ser” sostuvo el creador del taoísmo Lao Tse hace casi 2500 años, máxima que sin duda sigue teniendo actualidad, más allá que nuestra actitud instintiva nos lleve siempre a buscar resultados. Precisamente será en los resultados donde la atención y los esfuerzos del analista están mayormente dirigidos; y ello en razón de, sentirse condicionado por esa necesidad instintiva de operar bajo el paradigma del: HACER-TENER-SER. De tal modo que el analista este motivado por la natural predisposición a buscar resultados (el tener), olvidando el proceso (el hacer) necesario para alcanzar esos resultados y en la mayoría de las situaciones, sin tener cabal conciencia de su modelo de observador (el ser), que es el cual le proporcionara en definitiva, las capacidades y habilidades necesarias para llevar adelante sus actividades.

Si bien “a priori”, es razonable y comprensible tal motivación, entendiendo que su trabajo inexorablemente es evaluado por ser asertivo o no, en la predicción de sus escenarios. Tampoco es menos veraz en este sentido, que ningún analista tanto valiéndose de su razonamiento como de su intuición, posee las capacidades o habilidades que posibiliten de forma sistemática la precisión en sus resultados, al traducir con ellos lo incierto de los futuros contingentes, en posibles o probables. Motivo, por el cual, para obtener resultados específicos un AI deberá tener un acabado conocimiento del tipo de observador que es y las fortalezas y debilidades que el mismo presenta, ya que será esta variable (ser) la que podrá manejar en la búsqueda de los mejores resultados[31].

En tal sentido, como bien sostiene Fredy Kofman[32], desde que el mundo es mundo, las personas han sido atraídas siempre por el resultado, perdiendo de vista la infraestructura y el proceso, pre-condición para obtenerlo. Razón por la cual, resulta paradójico que para obtener un resultado, y para comportarse de tal manera de modo de producir ese resultado, sea necesario primero SER el tipo de persona capaz de comportarse de esa forma. Por tal motivo, y a modo de síntesis, podemos decir que el AI del siglo XXI debería basar su nuevo perfil en un nuevo paradigma de observador: SER-HACER-TENER, ante la necesidad que estos nuevos tiempos exigen; teniendo que focalizar su formación inicial en la esencia de los que es el SER de un AI. Dado que al concentrase en el SER, el analista se vuelve una persona más flexible para modificar sus conductas y por ende lograr una mejor adaptación al devenir de sus permanentes desafíos.

 

* Graduado en Ciencia Política (Universidad J. F. Kennedy). Posgrado en Negociación (UCA). Posgrado en Geopolítica (Escuela Superior de Guerra). Posgrado en Estrategia (EMCFFAA). Curso Superior de Defensa Nacional (Escuela de Defensa Nacional). Curso de Planificación y Administración para la Defensa (CHDS/Universidad Nacional de la Defensa-Washington DC). Desempeñó actividades docentes en la Facultad de Derecho y CBC (UBA). Facultad de Ciencia Política (UJFK), Escuela Superior de Guerra Y Escuela Superior de la Prefectura Naval Argentina.

Referencias

[1] España cuenta en la actualidad con cuatro universidades que dictan el Master de Analista de Inteligencia. Ver: “Los 6 mejores programas Master Analista de Inteligencia en España”. Papeles de Inteligencia, <https://papelesdeinteligencia.com/los-mejores-master-analista-de-inteligencia/>.

[2] Antonio M. Díaz Fernández. Conceptos Fundamentales de Inteligencia. Valencia: Tirant Lo Blanch, 2016, p. 197.

[3] Posible: es una situación que puede o no suceder o ejecutarse, y no se sabe si se hará o no. Probable: que una situación puede suceder o hay mayor factibilidad de que suceda, basado en pruebas o razones que la sustenten. Lo “probable” se basa en pruebas, y ellas sostienen que suceda la situación, la posibilidad que suceda el acontecimiento es mayor; en lo “posible” se basa en hipótesis o suposiciones que se pueden dar o no. Si no hay razones o motivos de que se va a realizar, entonces no es probable que suceda, o hay una mínima posibilidad que se cumpla.

[4] Karl von Clausewitz. De La Guerra. I Barcelona: Labor, 1984, p. 154-155.

[5] Fernando Velazco, Diego Navarro y Rubén Arcos. La inteligencia como disciplina científica. Madrid: Ministerio de Defensa y Plaza y Valdés Editores, 2010, 579 p.

[6] Richards J. Heuer Jr, Randolph H. Pherson: Técnicas Analíticas Estructuradas para el Análisis de Inteligencia. Madrid: Plaza y Valdés Editores, 2015, 360 p.

[7] José Miguel Palacios. “Enseñanza de la inteligencia: errores relacionados con ACH”. GESI, 01/06/2017, <https://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/ense%C3%B1anza-de-la-inteligencia-errores-relacionados-con-ach-0>.

[8] Ello debido a la lucha de bloques y al control de las superpotencias sobre las zonas de tensión o de conflictos existentes, actuando como “amortiguadores de conflicto”. Gustavo Diaz Matey. Los Servicios de Inteligencia ante el Siglo XXI. Madrid: D.V. Chavín, Servicios Gráficos y Editoriales, S. L., 2011, p. 82.

[9] Zygmunt Bauman. Modernidad Liquida. México: FCE, 2003.

[10] Zygmunt Bauman. Ética Posmoderna. Argentina: Siglo XXI, 2004, p. 171.

[11] Un ejemplo concreto de “Eureka” o “Geisteblitz”, del descubridor del agente propagador del tifus, el Dr. Ch. Nicolle; en Jean Laloup. La ciencia y lo humano. Madrid: Herder, 1981, p. 246.

[12] En su libro El Cisne Negro: El Impacto de lo Altamente Improbable, Nassim Nicholas Taleb explica La Teoría del Cisne Negro o Teoría de los Eventos del Cisne Negro, como una metáfora que encierra como concepto central que el evento es una sorpresa para el observador pues está fuera de las expectativas normales ya que no existe ningún evento en el pasado que apunte de forma convincente a su posibilidad. Dicha frase era una expresión común en el Londres del siglo XVI como una declaración de imposibilidad.

[13] Mario Bunge: Intuición y Razón. Buenos Aires: Sudamericana, 1976, p. 119-121.

[14] Institute for the Future of University of Phoenix Research Institute: Future Work Skills 2020.Phoenix 2011.

[15] Yuval Noah Harari. 21 Lecciones para el Siglo XXI. Buenos Aires: Debate, 2018 (3ª ed.), p. 288.

[16] José C. Vega Lamas. “La pieza clave en la Inteligencia: el analista”. En: Fernando Velazco, Diego Navarro y Rubén Arcos. La Inteligencia como Disciplina Científica. Madrid: Plaza y Valdés Editores, 2010, p. 130.

[17] Antonio Vélez. “Sesgos, Ilusiones y otras Fallas Cognitivas”. En: Revista Universidad del Antioquía, nº 249, p. 18. Versión digitalizada, disponible en: <https://es.scribd.com/doc/76604776/Antonio-Velez-Sesgos-ilusiones-y-otras-fallas-cognitivas>.

[18] Para abordar su estudio se utilizó la extensa obra del Dr. Rafael Echeverría, creador a nivel mundial de la propuesta conocida como La Ontología del Lenguaje y de la práctica del Coaching Ontológico.

[20] El perspectivismo es una teoría filosófica la cual considera que no existe un único conocimiento o verdad absoluta de la realidad, sino múltiples y variadas interpretaciones o puntos de vista del mismo. Si bien Nietzsche ya planteaba como imposible el hecho de conocer la verdadera realidad, debido a que la visión e interpretación de cada individuo viene dada desde su percepción, fue José Ortega y Gasset uno de los más importantes exponentes del perspectivismo.

[21] Rafael Echeverría. El Observador y Su Mundo. Volumen I. Buenos Aires: Ediciones Granica, 2016 p. 149-151.

[22] Ibíd., p. 109-110.

[23] Ibíd., p. 135-137.

[25] Rafael Echeverría. Op. cit., p. 161-163.

[26] Ibíd., p. 42.

[27] Ibíd., p. 164-169.

[28] Ibíd., p. 30-31

[29] Ibíd., p. 169-180.

[30] Ibíd., p. 91-122.

[31] Fredy Kofman. La Empresa Consciente. Buenos Aires: Grito Sagrado, 2018, p. 44.

[32] Fredy Kofman. Metamanagment. Tomo I – Principios. Buenos Aires: Grito Sagrado, 2008, p. 76-77.

Políticos y poder en el mundo actual. La llegada de los millonarios.

Marcelo Javier de los Reyes*

 

Nuestra conversación, en resumidas cuentas, ha girado de forma específica en torno a la modalidad moderna liquida del mal: una modalidad posiblemente más amenazadora y traicionera que otras manifestaciones históricas del mal, porque hoy este se nos presenta fracturado, pulverizado, desarticulado y disperso, en marcado contraste con su versión inmediatamente anterior, cuando pugnaba por estar concentrado y condensado al máximo, además de administrado por un poder central. Todo ello conlleva que el actual mal licuado quede oculto a simple vista y no se detecte (ni se lo reconozca tal como es, ni se vislumbre lo que se presagia). El mal líquido tiene la asombrosa capacidad de adoptar disfraces muy eficaces y de “reclutar” toda clase de inquietudes y deseos humanos (demasiado humanos) para ponerlos a su servicio valiéndose de pretextos tan falsos como exageradamente difíciles de desacreditar y falsar. Para colmo, no pocos de esos reclutas se presentan voluntarios para la acción, seducidos por la llamada.

 Zigmunt Bauman y Leonidas Donskis[1]

 

En torno del poder

Lejos estoy de considerarme de izquierda pero hay veces que considero que quienes nos sentimos más cercanos a un pensamiento de derecha tenemos ciertas coincidencias con algunos pensadores del polo opuesto.

Cuando me encontraba preparando mis clases para mis alumnos de inteligencia de la universidad se me ocurrió buscar algunos videos en los que pudiera mostrar en imágenes a relevantes intelectuales que nos hablaran acerca de la incertidumbre del mundo actual. De ese modo encontré varios de interés, como una entrevista a Zigmunt Bauman explicando su concepto sobre la “modernidad líquida” o, por nombrar otro ejemplo, uno de la socióloga francesa Monique Pinçon-Charlot, quien nos aproxima a cómo es el poder en la actualidad. Como ya me he referido en otros escritos y en mi tesis doctoral a Bauman, esta vez consideraré a la segunda.

No me cansaré de reiterar que en inteligencia debe tenerse siempre muy presente a los actores y al poder, sobre todo al “poder fáctico”[2], al “Estado Profundo”, al deep state en inglés, o derin devlet en turco. Es por demás relevante tener presente el origen de este concepto en Turquía porque se remonta a un accidente automovilístico ocurrido en 1996, en el que un auto Mercedes negro se estrelló contra un camión en la localidad de Susurluk —pequeña localidad en la provincia de Balıkesir, al noroeste del país—, en el que murieron un ex jefe de policía de Estambul, Hüseyn Kocadag, y el líder de la organización de extrema derecha “Lobos Grises”, Abdulá Çatlı, quien también sería un agente secreto de la contraguerrilla del gobierno turco que habría ejecutado a miembros del “Partido de los Trabajadores del Kurdistán” (Partiya Karkerên Kurdistan, PKK) y del “Ejército Secreto de Armenia para la Liberación de Armenia” (Հայաստանի ազատագրության հայ գաղտնի բանակ). Çatlı, quien también estaba vinculado al tráfico de drogas, figuraba con alerta roja en Interpol y viajaba con pasaporte diplomático. En el accidente también murió la novia de Çatlı, Gonca Us, y el único que resultó herido fue Sedat Bucak, diputado de origen kurdo a cargo del grupo paramilitar “Guardia Rural”. Lo que se denominó el “escándalo de Susurluk” puso en evidencia la estrecha relación entre el gobierno turco, las fuerzas armadas y los grupos del crimen organizado.

El accidente de Susurluk

A propósito de esta aclaración y para cerrar esta digresión, vale recordar el atentado que tuvo lugar el miércoles 13 de mayo de 1981, perpetrado en plena Plaza de San Pedro contra el Papa Juan Pablo II por el ciudadano turco Ali Agca, ataque al que siempre las fuentes occidentales adjudicaron a “una conexión búlgara”, vinculada a los comunistas en plena Guerra Fría, la que no parecería explicar la pertenencia de Ali Agca al grupo de ultraderecha turco “Lobos Grises”, por ese entonces quizás financiado por la CIA. Como escribió el escritor argentino Tomás Eloy Martínez (1934-2010) en su libro El Purgatorio, “nada es nunca como se espera, nada es tan siquiera lo que parece que es[3].

Una visión de izquierda sobre el poder global

Con respecto a Monique Pinçon-Charlot, autora de libros como La violence des riches —publicado en 2014—, o Les prédateurs au pouvoir : Main basse sur notre avenir —escrito con su esposo Michel Pinçon y publicado en 2017— y ex directora del Centre national de la recherche scientifique (CNRS), en una entrevista en la que se refirió al despido de trabajadores de Air France[4], expresa que “hay una guerra de clases de los ricos contra los pobres”, en la que se enfrentan los defensores de la burguesía, “los militantes del sistema neoliberal” y los trabajadores que “quieren defender también sus intereses y su derecho a simplemente vivir normalmente en esta tierra en la que están de pasada, como todos nosotros”.

Monique Pinçon-Charlot

Según Monique Pinçon-Charlot, existe una guerra entre “los más ricos y los más poderosos que se adaptan perfectamente a las nuevas tecnologías que se desarrollan en la sociedad —y de las cuales se apropian— y los trabajadores, las clases medias y las clases populares”, que son dejadas de lado. Cita una frase del Papa Francisco a la que considera “preciosa” y en la que expresó que “los obreros han pasado de un estatus de explotados al de desechos”. En su último libro manifiesta que los más ricos roban los recursos del Estado francés —decenas de billones de euros— y que si pagasen los impuestos acordes a sus respectivas fortunas no habría semejantes agujeros en la seguridad social, ni déficit, ni deuda pública.

En esa entrevista expresó que en el mundo hay 85 personas que concentran tantos recursos como la mitad del planeta y que al año siguiente sólo serían 60, lo que nos lleva “hacia una especie de infierno terrible para las clases populares”. Afirma que la burocracia, la tecnocracia en Europa, “es una forma de matar la democracia”. En síntesis, la intelectual afirma que se “pone una cortina de humo que impide la comunicación entre los ciudadanos y los oligarcas que hoy ocupan todas las instituciones, como el FMI, que no son instituciones elegidas democráticamente”, sino “instituciones creadas por los oligarcas para defender sus intereses a escala mundial”.

En otra entrevista concedida a France 24, denunció que “la evasión de impuestos es un arma para esclavizar a la gente”[5].

A su juicio estamos ante un neoliberalismo globalizado en el que los poderosos ocupan todas las cumbres de todos los Estados, de todos los poderes, para lo cual utilizan todo tipo de armas, económicas e ideológicas, recurriendo a la manipulación y a la corrupción del lenguaje y del pensamiento.

En este sentido, debe destacarse que son los propios ricos o sus empleados quienes acceden al poder, por lo que los políticos están siendo reemplazados por los “gerentes” o los empresarios. Si se toma el caso de Nicolas Sarkozy, Monique Pinçon-Charlot y su esposo Michel lo vinculan con la oligarquía y respecto del actual presidente Emmanuel Macron, destacan el asombroso ascenso de quien fuera banquero de Rothschild, un elemento más que pone en evidencia el control de las élites económicas sobre la esfera política, así como el incremento de las desigualdades. Ya el entonces presidente Georges Pompidou había sido gerente de la banca Rothschild. A juicio de Monique Pinçon-Charlot, Macron representa la desaparición de la división entre lo público y lo privado.

La crítica a Macron y a su política globalista desde la derecha

Como he dicho ut supra, izquierda y derecha pueden coincidir. En la “Lettre” del Rassemblement National del 8 de febrero, la agrupación de Marine Le Pen ha expresado:

Con la obstinación de un niño caprichoso, Emmanuel Macron intenta, por sí solo, persuadir al mundo entero de que “su mundo”, el del ultra-liberalismo, la globalización salvaje que actúa contra y contra los pueblos, sigue siendo relevante. La ceguera del presidente de la República aísla cada vez más a Francia.

Recordando esta semana, el embajador francés en Italia, el gobierno y Emmanuel Macron hunden a nuestro país en un conflicto injustificado, irresponsable y peligroso. Como si no fuera suficiente insultar a los líderes de los países europeos de “lepra nacionalista” o “cínicos”, Emmanuel Macron opta por el desprecio de los líderes que se oponen a su política globalista y la opción de la sumisión para aquellos que lo alientan.

Sí, Emmanuel Macron desprecia a Matteo Salvini porque se niega a recibir inmigrantes ilegales en Italia. Sí, Emmanuel Macron somete a Francia a Alemania a veces entregando una gran parte de nuestra soberanía diplomática al gobierno de Angela Merkel y, a veces, a la Comisión Europea de Juncker al permitirle firmar tratados sobre tratados sin tener en cuenta la opinión de los franceses.[6]

Por su parte, Jordan Bardella, del partido de Le Pen y cabeza de lista para las elecciones europeas de 2019, expresó: “Estamos por la cooperación en una Europa de naciones. ¡Pero cooperar no es dar todo y sólo en una dirección!”

Por otro lado, Le Pen respalda a los gilets jaunes, los “chalecos amarillos”, y acusa a Macron de ser responsable de esa crisis. Del mismo modo, afirma que Francia está viviendo “un proceso casi revolucionario” y que en la actitud de Macron se percibe una situación “de fin de reino”[7].

Puede observarse que tanto desde la izquierda como desde la derecha se ataca la política globalista de Macron, su insensibilidad por las cuestiones sociales y su falta de nacionalismo que lleva a ceder la soberanía de Francia a organismos supranacionales o, incluso, a otros gobiernos como el de Alemania.

Ahora bien, si se habla de una “política globalista” de Macron significa que existen coincidencias con otros gobernantes que también resignan las soberanías nacionales de sus países en función de un poder global.

Millonarios y “gerentes globalistas” al poder

Macron no es la excepción. En otros casos los millonarios llegaron directamente al poder. En Estados Unidos también un empresario llegó al poder: Donald Trump. Impulsado desde el interior profundo de su país, Trump es un millonario que se ha hecho a sí mismo y que ha sabido hacer uso de un discurso populista para captar adeptos. Foco de severas críticas y de serias dudas acerca de “algún tipo de colaboración electoral” por parte de Rusia y de Vladimir Putin.

Si se observa el incremento de los fondos donados durante las campañas en Estados Unidos, que superan a las precedentes, se aprecia la participación de un reducido grupo de millonarios que financia la mayor parte de la campaña. Así, en 2018, una pequeña élite del 0,42% de los más ricos estadounidenses fue responsable de la financiación del 70% de la campaña[8]. Esto se habría visto favorecido a partir de las decisiones del Tribunal Supremo que ha facilitado a compañías, sindicatos y a los ultra ricos influir en las elecciones[9].

Otro caso de un empresario millonario que llegó al poder es el de Petró Oleksíyovych Poroshenko, quien desde junio de 2014 es el presidente de Ucrania. Se trata de uno de los hombres más ricos de su país, quien desde febrero de 2007 hasta marzo de 2012 estuvo al frente del Consejo de Banco Nacional de Ucrania. Su actividad empresarial gira en torno a las empresas de confitería y de chocolate, siendo este último rubro el que le ha aportado la mayor parte de su fortuna y que le ha valido el apodo de “Rey del Chocolate”. En la actualidad ha diversificado sus empresas, las que abarcan las industrias automotrices, los astilleros y los medios.

En el ámbito político fue un aportante a la campaña electoral de Viktor Yúshchenko en 2004, y tuvo su influencia a partir de la “Revolución Naranja”. Fuerte opositor a la influencia de Rusia en su país, Poroshenko forma parte de la oligarquía ucrania que pretende cortar todo lazo con Rusia y caer en los brazos de Occidente a como dé lugar. El presidente ucranio está acompañado por Vlodymir Groysman quien, como bien destaca el sitio Enlace Judío, es la primera vez que Ucrania tiene un primer ministro de religión judía[10]. El propio Poroshenko, cuyo verdadero apellido sería Waltzman o Valtsman —“la teoría más común es que su padre judío, Alexander Valtsman de Odessa, tomó el apellido de su esposa, Yevgenya Poroshenko, en 1956”[11]—, ha dado un último paso para distanciarse de Rusia, al impulsar la separación de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania del Patriarcado de Moscú[12]. En este sentido, también ha firmado un tratado de libre comercio con Israel en oportunidad de su visita a Jerusalén en enero de 2019[13]. Este acercamiento a Israel también implica un mensaje hacia Rusia, habida cuenta que las relaciones entre Rusia e Israel no pasan por su mejor momento y que el gobierno de Vladimir Putin es el mayor respaldo que tiene el gobierno sirio de Bashar Al Assad.

En nuestra región también empresarios ricos han llegado al poder. En los últimos años podemos mencionar el caso del actual presidente de Chile, Sebastián Piñera, quien ocupó ese cargo entre 2010 y 2014 y quien se encuentra desempeñando su segundo mandato desde 2018. Piñera, quien obtuvo su título de ingeniero comercial en 1971 y cursó estudios de posgrado en el área económica en la Universidad de Harvard, en Boston, en 1973, es poseedor de una fortuna que se compone de grandes inversiones y de numerosas compañías comerciales que incluyen aerolíneas y supermercados, y hasta equipos de fútbol. En 1976 obtuvo su doctorado con la tesis titulada “Economía de la Educación en Países en Desarrollo. Una Colección de Ensayos”[14]. Entre 1974 y 1976, fue consultor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y, casi paralelamente, entre 1975 y 1978, fue consultor del Banco Mundial.

En Perú, el economista y empresario Pedro Pablo Kuczynski Godard asumió la presidencia el 28 de julio de 2016 pero debió presentar su renuncia el 21 de marzo de 2018, la que fue aceptada por el Congreso. Su dimisión se debió a “la aparición de videos y grabaciones que implicaban a su abogado, un ministro y otros socios políticos en la supuesta compra de votos de congresistas de oposición a cambio de obras públicas”, aunque no admitió ninguna falta y rechazó “categóricamente” esas “afirmaciones nunca comprobadas”[15]. La educación de Kuczynski también se completó en el Rossall School, colegio independiente británico ubicado entre Cleveleys y Fleetwood, en Lancashire, Reino Unido, en el conservatorio de Suiza y en en el Royal College of Music. Estudió filosofía, economía y política en el Exeter College de la Universidad de Oxford, también en el Reino Unido, obteniendo su título en 1959. Posteriormente cursó una maestría en economía en la Universidad de Princeton, en Estados Unidos. En la década de 1960 trabajó en el Banco Mundial y en 1967 regresó al Perú, hacia fines del primer gobierno de Fernando Belaunde Terry, desempeñando sus actividades en el Banco Central de Reserva con tan sólo 29 años pero, en 1968, ya durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado, como funcionario del mencionado banco Central, fue acusado de vender dólares a la International Petroleum Company, que acababa de ser expropiada por el gobierno militar[16]. Sin embargo, su carrera como funcionario a la que se asociaron otras acusaciones por favorecer a empresas privadas no le impidieron llegar a la presidencia[17].

En la Argentina, en diciembre de 2015 asumió como presidente Mauricio Macri, hijo del conocido empresario Franco Macri, quien arribó a la Argentina en la década de 1950 y contrajo matrimonio con la terrateniente Alicia Blanco Villegas. Mauricio estudió en la Universidad Católica Argentina, en la que en 1984 se graduó como ingeniero civil. Trabajó en el Citibank y condujo empresas de su grupo familiar, como la automotriz Sevel. Fue presidente del Club Atlético Boca Junior entre 1995 y 2008 y también jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hasta asumir la presidencia, sucediendo a Cristina Fernández de Kirchner.

Los argentinos procuraron salir del populismo, solucionar los problemas económicos —entre ellos la inflación, el cepo cambiario, la devaluación de la moneda, etc.—, superar las cuestiones de inseguridad y acabar con la corrupción. Actualmente buena parte de la población que votó por la coalición Cambiemos, que llevó a Macri a la presidencia, hoy sienten que esos objetivos no se cumplieron. Lejos de ello, el país fue nuevamente endeudado con el FMI, organismo que, como ya he mencionado, Monique Pinçon-Charlot considera manejado por los “oligarcas” para favorecer sus propios intereses.

Buena parte de los argentinos buscaron su “Jair Bolsonaro” y han visto frustradas sus intenciones. Ante el escenario de las elecciones a llevarse a cabo en 2019, no existirían alternativas que le permitan a la Argentina salir del estancamiento político y económico. En síntesis, no se aprecia que haya una salida a la crisis.

Con respecto a Jair Bolsonaro, poco se puede decir hasta el presente, aunque todo parecería indicar que responde a la emergencia de una “derecha no nacionalista” sino ligada a intereses globalistas, del mismo modo que el presidente encargado de Venezuela Juan Guaidó, a quien algunos medios han destacado como un joven miembro de la masonería, un joven político que ha dado un gran paso desde las sombras de la política.

La realidad es que las alternativas locales a los populismos en la región no se percibe que vayan a dar respuestas a las necesidades de las respectivas sociedades. Amplios sectores de la población adoptan posturas nihilistas de cara al futuro y reclaman la aparición de nuevos espacios políticos que respondan a una derecha nacionalista como los que se aprecian en Europa con Viktor Orban en Hungría, Sebastian Kurz en Austria —ambos claramente antiglobalistas, quienes tomaron duras medidas contra la figura emblemática del globalismo, George Soros—, Matteo Salvini en Italia, Vox en España y el conocido y ya mencionado Rassemblement National de Le Pen.

Con respecto al gobierno italiano cabe destacar que sigue manteniendo una posición equidistante respecto a Maduro y a Guaidó y que ha bloqueado la moción conjunta de la Unión Europea para reconocer a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. El ministro de Exteriores, Enzo Moavero Milanesi, afirmó el 12 de febrero que Maduro no tiene “legitimidad democrática” y pidió “elecciones libres, transparentes y creíbles”, pero tampoco avanza en el reconocimiento formal a Guaidó[18]. La posición del gobierno italiano respecto de Venezuela quizás sea la sensata y, de alguna manera, muestra una coherencia frente al poder globalista.

A modo de conclusión

A partir de lo expuesto puede considerarse que la división política no pasa por una izquierda o una derecha coherente —en el sentido de que expresan argumentos que pueden ser aceptados aunque no compartidos— sino por una puja en la que se observa un creciente intento de dominación mundial que se aprecia claramente en un empequeñecimiento del número de poderosos a escala mundial, quienes detentan cada vez un mayor porcentaje de las riquezas mundiales, y la emergencia de partidos y de gobiernos que responden a una derecha nacionalista que pretende frenar ese avance que atenta contra las soberanías nacionales, que aprecian “quienes manejan los hilos detrás de bambalinas” —quienes conforman el poder fáctico global— e imponen gobiernos o medidas de alcance mundial.

Esas respuestas al globalismo político y económico pueden apreciarse de forma nítida en el contexto europeo pero no así en el de América. La decisión del gobierno italiano, en buena medida, procura no repetir las tristes experiencias vividas en Afganistán, en Iraq, en Libia o en Siria en las que, con pretextos sin basamentos, se ha intentado favorecer a los grandes intereses geopolíticos de corporaciones y potencias, incrementando los problemas en un mundo ya de por sí complejo.

En nuestra región asistimos a un rápido movimiento que busca un realineamiento geopolítico de proporciones, el que no es percibido plenamente por ciertos sectores intelectuales pero que es omitido por numerosos políticos que sólo buscan sus posicionamientos personales sin importar las serias consecuencias que tendrán para sus respectivos países. El intento de perpetuarse en el poder por parte de Evo Morales en Bolivia o el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela son indefendibles pero el reconocimiento de Juan Guaidó tampoco sería plausible. No debe correrse el riesgo a que se desate una sangrienta guerra civil ni tampoco una guerra regional.

Las sociedades de la región precisan encontrar nuevos líderes, nuevos espacios políticos dispuestos a evitar que se lleven a cabo disputas por los recursos impulsados por potencias y corporaciones extra regionales. Para ello es imprescindible formar a ciudadanos en geopolítica y en estrategia, dispuestos a defender sus respectivas soberanías nacionales, armonizándolas en un esquema de cooperación que favorezca el crecimiento y el desarrollo de nuestros países. El tiempo apremia y se requiere apresurar estos pasos.

* Licenciado en Historia, graduado en la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales, School of Social and Human Studies, Atlantic International University (AIU), Honolulu, Hawaii, Estados Unidos. Tema de tesis: “Intelligence and International Relations: an old relationship and its current revaluation for decision-making”.

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[1] Zigmunt Bauman y Leonidas Donskis. Maldad líquida. Buenos Aires: Paidós, 2019, 256 p.

[2] “Poder fáctico”, según el diccionario de la Real Academia Española (RAE) es “el que se ejerce en la sociedad al margen de las instituciones legales, en virtud de la capacidad de presión o autoridad que se posee”.

[3] Tomás Eloy Martínez. Purgatorio. Buenos Aires: Alfaguara, 2008, 296 p.

[4] El video de la entrevista puede verse en YouTube, <https://www.youtube.com/watch?v=g2_vzHuN9JE>, [consulta: 12/04/2018].

[5] “Monique Pinçon-Charlot : ‘La fraude fiscale est une arme pour asservir le peuple’”. France 24, 15/10/2018, <https://www.france24.com/fr/20181015-invite-jour-monique-pincon-charlot-evasion-fraude-fiscale-riches-tribunal-cahuzac>, [consulta: 25/10/2018].

[6] “En diplomatie, le pyromane Macron isole la France”. La lettre du Rassemblement National du 08 février 2019.

[7] Eusebio Val. “Le Pen plantea las elecciones europeas como un plebiscito sobre Macron”. La Vanguardia, 13/01/2019, <https://www.lavanguardia.com/internacional/20190113/454112748732/marine-le-pen-elecciones-europeas-macron.html>, [consulta: 22/01/2019].

[8] Eva Catalán. “¿El poder político en manos de millonarios? El avance de los candidatos ultra ricos”. El Confidencial, 06/11/2018, <https://blogs.elconfidencial.com/mundo/elecciones-eeuu-trump-a-examen/2018-11-06/las-elecciones-mas-caras-de-la-historia-cada-vez-mas-donantes-y-candidatos-millonarios_1641214/>, [consulta: 02/01/2019].

[9] Ídem.

[10] Silvia Schnessel. “Histórico: Ucrania nombra un primer ministro judío”. Enlace Judío, 14/04/2016, <https://www.enlacejudio.com/2016/04/14/historico-ucrania-nombra-un-primer-ministro-judio/>, [consulta: 18/04/2016].

[11] Adam Eliyahu Berkowitz. “Ukrainian President Petro Poroshenko’s Jewish Enigma”. Breaking Israel News11/01/2016, <https://www.breakingisraelnews.com/58633/ukrainian-president-petro-poroshenkos-jewish-enigma-jewish-world/>, [consulta: 18/02/2016].

[12] Xavier Colás. “Petro Poroshenko anuncia la creación de una iglesia ucraniana independiente de Moscú”. El Mundo (España), 15/12/2018, <https://www.elmundo.es/internacional/2018/12/15/5c1528d6fdddff140c8b4570.html>, [consulta: 18/12/2018].

[13] “Israel y Ucrania firman tratado de libre comercio”. Enlace Judío, 21/01/2019, <https://www.enlacejudio.com/2019/01/21/israel-ucrania-tratado-libre-comercio/>, [consulta: 06/02/2019].

[14] Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. Reseñas biográficas de parlamentarios – Sebastián Piñera Echenique – Senador, <https://www.bcn.cl/historiapolitica/resenas_parlamentarias/wiki/Sebasti%C3%A1n_Pi%C3%B1era_Echenique>, [consulta: 08/02/2019].

[15] Diego Salazar. “Pedro Pablo Kuczynski renuncia a la presidencia del Perú”. The New York Times, 21/03/2018, <https://www.nytimes.com/es/2018/03/21/pedro-pablo-kuczynski-renuncia-a-la-presidencia-del-peru/>, [consulta: 18/01/2019].

[16] “Pedro Pablo Kuczynski, el nuevo presidente electo del Perú [Perfil]”. Perú21, 10/06/2016, <https://peru21.pe/politica/pedro-pablo-kuczynski-nuevo-presidente-electo-peru-perfil-220331>, [consulta: 18/01/2019].

[17] Ídem.

[18] Anna Buj. “Italia sigue sin reconocer a Guaidó como presidente de Venezuela”. La Vanguardia, 12/02/2019, <https://www.lavanguardia.com/internacional/20190212/46411085951/italia-guaido-maduro-reconocer.html>, [consulta: 18/01/2019].

LA INTELIGENCIA ESTRATÉGICA COMO INSTRUMENTO FUNDAMENTAL PARA LA TOMA DE DECISIONES

Marcelo Javier de los Reyes*

 El pesimista se queja del viento;
el optimista espera que cambie;
el realista ajusta las velas.

William George Ward (1812-1882)


Introducción

Se le atribuye al escritor, filósofo y humanista italiano Giovanni Pico de la Mirándola ―Italia, 1463-1494― la expresión De omni re scibili, que podemos traducir como “concerniente a todo lo que se puede conocer”. Quizás, no haya sido casualidad que esa expresión fue escogida como lema de la Escuela Nacional de Inteligencia de la actual Agencia Federal de la República Argentina[1]. Como es sabido, la inteligencia, de la que Walter Laqueur intentó discernir si se trataba de “arte o ciencia”, tiene una profunda avidez por el conocimiento.

Escudo de la Escuela Nacional de Inteligencia, Argentina.

En el presente trabajo se describe cómo la inteligencia, tras la Segunda Guerra Mundial, fue convirtiéndose en una disciplina científica a partir de la conformación de teorías y métodos que, en un principio, fueron notoriamente estructurados, habida cuenta que sus basamentos tuvieron su origen en la inteligencia militar. Progresivamente, la inteligencia fue adaptándose a los cambios mundiales y la emergencia de la inteligencia estratégica fue acompañada de una desestructuración de sus métodos de análisis, aun cuando comenzó a formar parte de un organismo civil de inteligencia.

La complejidad del mundo actual y la ocurrencia de acontecimientos no previstos, promovió una reestructuración de los organismos de inteligencia, esencial para la toma de decisiones acordes con los nuevos desafíos.

La inteligencia se convierte en disciplina científica

Si bien los orígenes de la inteligencia se encuentran en el espionaje, del que dan cuenta libros como La Biblia o El Arte de la Guerra de Sun Tzu, en su evolución operaron cambios, los cuales determinaron que hacia mediados del siglo XX comenzara a ser pensada científicamente.

La inteligencia como disciplina científica comenzó a tomar forma una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, por inspiración de Sherman Kent, con su obra Inteligencia Estratégica[2], primero, y de Washington Platt[3], después. Ambos autores pusieron en evidencia que la inteligencia estratégica era imprescindible para los responsables de la conducción civil o militar de un Estado. Fue así como se comenzó a hablar de inteligencia como “información procesada”, como “producto” y como “organización”. De ese modo tomó forma lo que se denominó el “ciclo de inteligencia”, a veces cuestionado pero vigente y útil hasta hoy.

Sherman Kent (1903-1986). Foto: Central Intelligence Agency

En línea con este pensamiento, Walter Laqueur, reconocido autor por sus libros sobre terrorismo[4], se planteó en otra obra si la inteligencia debería ser considerada como un arte o una ciencia, ya que en la década del ’50 del siglo XX —en gran medida fuera de la comunidad de inteligencia—, comenzó a forjarse la idea de que debía cimentarse sobre una base teórica más profunda[5]. Ello motivado por ser la inteligencia una herramienta de vital importancia para los decisores políticos, en la cual sus resultados asertivos constituyen el único criterio de valor[6].

No obstante, fue el historiador Sherman Kent el “autor de los primeros trabajos más importantes en inteligencia, comparando el método de aquellas ciencias sociales empleadas favorablemente en la inteligencia estratégica con el de las ciencias físicas”, según describe Walter Laqueur[7]. Por otro lado, también se refirió a la controversia que se instaló con Willmore Kendall, autor del artículo “The function of Intelligence” publicado en la revista World Politics en 1949. En su artículo Kendall considera que la inteligencia estratégica puede abordarse desde distintas perspectivas, a saber: 1) como una introducción general al trabajo de inteligencia; 2) un memorándum de un analista sénior en el trabajo de inteligencia que lo ha pensado todo; y 3) un intento del mismo veterano para hacer que tenga sentido una actividad del gobierno. Debido a que para Kendall el libro de Kent es en parte cada una de estas tres cosas, a la vez no es perfectamente satisfactoria para cualquiera de ellas. El gran mérito de su libro es que proporciona un cuerpo de material descriptivo que permitió el inicio de una seria discusión pública sobre la relación de la inteligencia con la política en un sistema democrático[8].

Kendall distinguió que la función de la inteligencia consistía en ayudar a los líderes “políticamente responsables” a alcanzar sus objetivos de política exterior, en gran medida mediante la identificación de los elementos de un problema susceptible a la influencia de los Estados Unidos[9]. Además, Kendall observó que si la misión de la inteligencia era iluminar a los tomadores de decisiones con lo mejor que el conocimiento experto podía proporcionar, las aversiones de Kent al tomar en cuenta la política doméstica de los Estados Unidos y la teoría de las ciencias sociales eran contraproducentes[10].

Walter Zeev Laqueur (1921-2018). Foto: Joanna Helander

Walter Laqueur también cita en su artículo a otros autores que propusieron métodos estructurados, como Richard J. Heuer, o la adopción por parte del área de Métodos y Pronósticos de la Offices of Regional and Politics Analysis (ORPA) de la CIA, de las Estadísticas “Bayesianas”, basándose en el Teorema de Thomas Bayes (1702-1761)[11]. Sin embargo, en su evolución, la inteligencia fue tomando distancia de los métodos estructurados y, en este sentido, Laqueur destaca que, al igual que en la medicina, en inteligencia no hay certezas absolutas sino probabilidades y similitudes pero, al igual que cada hombre, cada caso es único. De modo tal que el analista de inteligencia ha de enfrentarse a situaciones “únicas” por lo que, para enfrentarlas y resolverlas, el recurrir a un pensamiento basado en una metodología estructurada podría ofrecer más una dificultad que una solución.

Hacia una inteligencia estratégica “no estructurada”

El dilema interesante propuesto por Walter Laqueur sobre si debemos considerar a la inteligencia como “arte o ciencia”, encuentra en Karl von Clausewitz algunos elementos conceptuales interesantes para su comprensión, desarrollados en su obra De la Guerra. En ella plantea este dilema para la guerra, considerando que todo pensamiento constituye, en verdad, un arte, y será allí donde la lógica encuentra su límite —como resultado del conocimiento— y comienza a actuar el juicio. Incluso el conocimiento del espíritu es juicio y, en consecuencia, arte, y finalmente lo es también el conocimiento mediante los sentidos. Motivo por el cual, resulta tan imposible imaginar a un ser humano que posea tan sólo la facultad del conocimiento sin la del juicio, como lo inverso, determinando ello que el arte y el conocimiento nunca pueden separarse completamente el uno del otro. De tal forma que ello permite resumir que, allí donde se trata de creación y de producción, allí se encuentra el ámbito del arte; por el contrario, si el objetivo es la investigación y el conocimiento, allí impera la ciencia[12].

En tal sentido, la evolución de las diversas sociedades, la complejidad del mundo, la incertidumbre ―a la que con gran claridad Nassim Nicholas Taleb definió a través del concepto de “cisne negro”― o los “megacambios” a los que se refiere Ervin Laszlo, llevan a un replanteo y a una actualización de la actividad de inteligencia, ya que se comienza a plantear cada vez más la alternancia entre habilidad práctica y conocimiento científico. Laszlo ―en una visión más allá de la física pero que no debería ser soslayada― considera que la humanidad se encuentra en la disyuntiva “evolución o extinción”, por lo que el hombre debe transitar hacia una visión del mundo multidisciplinar, viviendo armónicamente con las tradiciones espirituales del planeta[13]. Sin embargo, quien ha puesto más en evidencia la fragilidad y la volatilidad de nuestra sociedad actual fue el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, particularmente al introducir el concepto de “modernidad líquida”.

En su libro Modernidad Líquida, Bauman explica que la diferencia entre los líquidos y los sólidos es que los primeros no conservan fácilmente una forma durante mucho tiempo y están continuamente dispuestos a cambiarla. Para los líquidos lo que cuenta es el flujo del tiempo y no el espacio que ―como los sólidos― puedan llegar a ocupar[14]. Considera que la “era de la modernidad sólida”, con sus certezas, ha llegado a su fin. Bauman se vale de esta metáfora de la liquidez para explicar la fase actual de la modernidad, caracterizada por la desregulación, la flexibilización, la liberalización de todos los mercados, la disolución de lo público en favor de lo privado, en síntesis, la inestabilidad.

Zygmunt Bauman (1925-2017). Foto: Jordi Belver

En una entrevista, el propio Bauman explicó acerca del concepto de la “modernidad líquida” en los siguientes términos:

El problema con la realidad líquida es que es tan difícil de pronosticar cómo se desarrollará y reaccionará a nuevas situaciones, crisis, dilemas de confianza o lo que sea y, como sabemos tan poco sobre ello, nos sentimos impotentes. Si uno no es capaz de pronosticar cómo las cosas evolucionarán, no puede tomar medidas de precaución, entonces uno no puede prepararse, defenderse. Los hechos nos toman por sorpresa. Es una presentación muy dramática de algo que está profundamente arraigado en nuestra manera de vivir hoy en día. Por eso se llama ‘modernidad líquida’.[15]

Bauman continuó su elucidación con lo que podemos considerar más relevante desde la inteligencia:

La planificación del futuro desafía nuestros hábitos y costumbres, las capacidades que aprendimos para superar los escollos del camino.[16]

Nos encontramos ante una encrucijada y se hace difícil encontrar el camino a seguir ante un sinnúmero de alternativas que se nos presentan pero que no sabemos hacia dónde nos llevarán. De ahí que Bauman considera importante debatir acerca de la siguiente cuestión:

¿Cómo restablecer el equilibrio entre política y poder? Porque ahora la política es local y el poder global.[17]

De tal manera que cada vez más tenemos una certeza y es que el conflicto es inevitable en un mundo en el que, cotidianamente, Thomas Hobbes demuestra haber tenido razón cuando escribió “la condición del hombre… es una condición de guerra de todos contra todos”[18].

En su libro La Sociedad Poscapitalista, Peter F. Drucker también hace referencia a las profundas transformaciones del mundo actual y vaticina, entre otras cosas, que esa será una “sociedad de grandes organizaciones”, tanto oficiales como privadas, que necesariamente operarán en virtud del flujo informativo[19].

En este contexto de incertidumbres, han tenido lugar una suma de acontecimientos que no fueron percibidos con anterioridad por los servicios de inteligencia. Entre ellos pueden mencionarse el derrumbe del Muro de Berlín por parte de los alemanes (1989) ―parece impropio hablar de “caída” y aún más cuando lo hacemos desde la inteligencia―, la implosión de la Unión Soviética (1991), los ataques del 11 de septiembre (11-S) en Washington y Nueva York (2001), los atentados del 11 de marzo (11-M) en España (2004), la crisis de las hipotecas subprime o “hipotecas basuras” ―que terminó detonando en 2008 con consecuencias de alcance global―, por citar algunos ejemplos.

En esta “sociedad de grandes organizaciones” —como la ha definido Peter Drucker—, las correspondientes a la inteligencia han debido repensar sus funciones, reorganizarse, reestructurarse y adecuarse a la multiplicidad de actores que hoy se encuentran en la mira. Para la inteligencia el mundo de la Guerra Fría ―si se considera su final con la implosión de la Unión Soviética, visión que no es compartida por el autor de este trabajo― era de una “realidad sólida” y el posterior es de una “realidad líquida”, parafraseando a Bauman.

Este mundo actual requiere de una interpretación por parte de una inteligencia estratégica sumamente flexible, con capacidad de reorientarse en función de poder dar respuesta a las cambiantes circunstancias que los diversos actores y las diversas problemáticas le imponen al Estado.

Dicho de otro modo, no podemos ser absolutamente racionales adoptando una duda cartesiana, ni absolutamente empiristas pues, de seguir sólo lo que la experiencia nos indique, podríamos alcanzar el destino del “pavo de Russell”. En tal sentido, el analista veterano no debe dejar de lado la intuición pues, en alguna medida esa intuición obedece a un “ordenamiento de sus carpetas mentales”. De tal modo que la intuición debe movilizar a la razón y la razón debe disciplinar a la intuición.

Una inteligencia estratégica basada en un pensamiento flexible que le permita “ajustar las velas” acorde a las condiciones del viento, es el principal instrumento del cual se deben valer quienes tienen la responsabilidad en la toma de decisiones.

Básicamente, la inteligencia no ha cambiado su naturaleza pero en la actualidad se vale de un sinnúmero de herramientas que no llevarán a eliminar la incertidumbre pero sí a reducirla. Como bien expresa el doctor Diego Navarro Bonilla:

El avance tecnológico ha determinado una ineludible evolución de las capacidades, en las herramientas o en los instrumentos de la inteligencia aunque no ha modificado sustancialmente su esencia ni sus fundamentos teóricos.[20]

De omni re scibili

Como ya se ha expresado, inteligencia es un término polisémico que fue expresado ―en lo que respecta al tema de esta presentación― por Sherman Kent como “información procesada”, como “producto” y como “organización”.

En principio, debemos recordar que Washington Platt dice que:

Inteligencia es un enunciado o exposición significativa y llena de sentido derivada de la información que ha sido seleccionada, evaluada, interpretada y finalmente expresada de modo que su significación sea clara para la resolución de un problema actual de política nacional.[21]

En esta definición cabe hacer la salvedad que puede ser tanto un problema nacional como internacional pero que afecte los intereses nacionales aunque, lo importante, es destacar que la inteligencia tiene por objetivo “la resolución de un problema” o, dicho más ampliamente, la resolución o la prevención de un conflicto, una amenaza o un riesgo. En este sentido, se trata del análisis, del procesamiento de un cúmulo de información proveniente de fuentes públicas y propias destinado a la toma de decisión. Para sintetizar, entonces, la actividad de inteligencia debe desarrollarse ―preferentemente― para la adecuada toma de decisiones con el objetivo de prevención y resolución de conflictos que pudieran derivar en crisis.

Por otro lado, el término ha dado lugar a varios niveles que podemos conceptualizar en “inteligencia táctica”, “inteligencia operacional” e “inteligencia estratégica”.

La inteligencia táctica está íntimamente vinculada al combate y sus principales características son la urgencia y la limitación de medios que obligan a que, en la mayoría de las situaciones, se opere con información bruta o semielaborada.

La inteligencia operacional o inteligencia operativa es aquella requerida por los mandos para el planeamiento y dirección de las operaciones —de combate, militarmente hablando— mediante la cual se establecen posibilidades operativas o tácticas —según incumba—, determinando las características, las limitaciones y las vulnerabilidades del adversario. De alguna manera, esta inteligencia se encontraría en un escalón intermedio entre la inteligencia táctica y la inteligencia estratégica.

En una profusa obra, el Dr. Federico Frischknecht expresó que un conflicto da origen a una estrategia para superarlo. La estrategia tiene las siguientes características:

  • opera en el mediano y largo plazo,
  • compete a los más altos niveles de la conducción, al presidente de la Nación o a los máximos responsables civiles o militares y
  • requiere de planificación y de la planificación de la inteligencia[22].

A partir de lo expuesto, cabe citar la definición de “conducción estratégica”:

Todas las definiciones de conducción coinciden en que se trata básicamente de un proceso de decisión para convertir ideas en acción. Esa es la responsabilidad indelegable de estadistas, directivos y comandantes.

La conducción le da intencionalidad a la acción, que responde así a ideas inteligentes y no a causas ciegas. La decisión, al relacionar fines con medios, ideas con acción, es la racionalidad, ‘el intelecto que le da vida a la materia’, al decir de Clausewitz (1832, Libro II, Cap. 2 secc. 15). […]

La conducción está indisolublemente ligada a la decisión y la decisión es una forma de pensamiento, un pensamiento que concibe, diseña y elige alternativas para pasar de las ideas a la acción.[23]

La toma de decisiones nunca debería estar sujeta a la improvisación sino íntimamente vinculada a la adopción de una estrategia destinada a resolver el conflicto o reducir la incertidumbre. Es precisamente ese el momento en que se debe recurrir a la inteligencia estratégica. El Licenciado en Administración de Empresas Aníbal Rodríguez Melgarejo le reconoce a la inteligencia las siguientes virtudes, las que son citadas textualmente[24]:

  • Multidimensionalidad: la aptitud de ver una realidad en todos sus aspectos.
  • Capacidad: potencialidad de imaginar, crear y operativizar.
  • Aprendizaje: el esfuerzo de aumentar el “stock de conocimientos”.
  • Generalidad: capacidad de percibir el amplio espectro de los problemas.
  • Sentido común: don de percibir y distinguir actuando en base a él.
  • Capacidad de Comunicación: aptitud muy valiosa en las actuales circunstancias.

Una observación que podría realizarse a la descripción de estas características es que el autor se refiere meramente a la “inteligencia” pero la integralidad  conforma ampliamente todo lo pertinente a la “inteligencia estratégica”. Se trata de la conjunción de lo racional con lo empírico, de la suma de la mayor cantidad posible de conocimientos, de la creatividad, de la intuición y de la comunicación en función de favorecer la toma de decisiones.

De tal manera que la inteligencia estratégica está íntimamente vinculada a la máxima conducción, dado que es la que responde a los requerimientos de los diversos gobiernos nacionales a los efectos de proporcionar una visión global de las cuestiones políticas, económicas, diplomáticas, militares, sociales, empresariales, etc., indispensables para la planificación de políticas y procedimientos en tanto a nivel nacional como internacional. Se trata, entonces, de una inteligencia integral conformada por la suma de las inteligencias sectoriales y debe ubicarse en el escalón más alto de un organismo de inteligencia. En síntesis es la inteligencia “concerniente a todo lo que se puede conocer”.

Proceso de decisión y toma de decisiones

La toma de decisiones, en el mayor nivel de la conducción, debe comprender a la organización y a la sociedad en la cual se desarrolla “ello en virtud de que ningún proceso de decisión puede divorciarse del ambiente respecto del cual ésta se toma”[25].

En primer lugar, debe reconocerse la existencia de un problema/conflicto que determine la necesidad de un proceso de decisión que lleve a su resolución[26]. Este proceso requiere de la elección de una acción posible entre dos o más alternativas con el propósito de lograr el objetivo deseado: la resolución o desactivación del problema/conflicto.

El proceso decisional se conforma de tres etapas: elaboración, toma y ejecución[27]. Cuando el problema/conflicto ha sido determinado se requiere de la mayor información posible, “válida y confiable”, para poner en funcionamiento el proceso de toma de decisiones. Claro está que en la toma de decisiones convergen factores personales, políticos y de contexto que condicionan la elección de la alternativa pero, sin duda, debe contar con información de inteligencia apropiada para discernir cuál sería la alternativa a adoptar para la efectiva resolución del problema/conflicto. Para generar esas alternativas se hace necesario apelar a la creatividad más que a una forma de pensamiento estructurado. En este sentido, la inteligencia estratégica, a partir de un conocimiento global, producto del procesamiento de las diversas inteligencias sectoriales que permitan determinar los riesgos y/u oportunidades que emergen del análisis del problema/conflicto, se transforma en un instrumento fundamental al momento de la toma de decisiones.

Indubitablemente, corresponderá al máximo responsable de la conducción elegir la alternativa más apropiada pero no debería soslayarse la relevancia de contar con la información de inteligencia “válida, confiable y oportuna” para proceder a la ejecución, a la implementación de una de las alternativas propuestas.

El pensamiento estratégico es un proceso sumamente complejo que requiere del más amplio conocimiento de la información, de su procesamiento, capaz de proponer nuevas direcciones, de ofrecer varios caminos, aun aquellos menos evidentes. Para ello se valdrá de diferentes métodos y recursos con la intención de facilitar las mejores respuestas para que la conducción alcance sus objetivos.

En función de lo expuesto, vale en este punto recordar a Shinmen Musashi No Kami Fujiwara No Genshin, más conocido como Miyamoto Musashi —nacido en 1584, en la población de Miyamoto, en la provincia de Mimasaka, Japón—, autor de El Libro de los Cinco Anillos (en japonés 五輪書 [Go rin no sho]), quien afirma en su obra que comenzó a comprender el Camino de la Estrategia cuando alcanzó los 50 años de edad. Hijo de un samurái, Musashi devino en un ronin (浪人 – literalmente “hombre ola”), es decir, en un samurái sin amo, durante el período feudal de Japón. En el año 1643 escribió su libro, en cuyo prólogo proporciona varios puntos a tener en cuenta[28]:

  • deja de lado una estrategia “estructurada” (“depurada”) y no siguió una ley determinada;
  • alude a una “habilidad natural”, la cual es una característica destacable en un analista de inteligencia estratégico;
  • la imperiosa necesidad de buscar en todo momento (“mañana y tarde”) el conocimiento;
  • la combinación de “muchas artes y habilidades”, es decir, la apelación a un pensamiento flexible, la necesidad de la adaptación permanente al cambio y de la innovación, de la creatividad;
  • llegó a comprender el Camino de la Estrategia a los 50 años, lo que implica que un analista estratégico debe ser una persona experimentada, con amplios conocimientos y una gran apertura, es decir, un “cinturón negro” en términos de inteligencia. De ahí en más, su pericia lo llevará a escalar a través de diferentes danes, para continuar con la metáfora de las artes marciales.[29]

Miyamoto Musashi (1584-1645)

Si bien su libro fue orientado hacia las artes marciales, al igual que El arte de la guerra de Sun Tzu —el cual contiene un capítulo titulado “El aprovechamiento de los espías”[30]—, ha sido valorado desde la estrategia, en particular la empresarial.

A partir de lo expuesto puede deducirse que un servicio de inteligencia que cuente con numerosos analistas seniores y, particularmente, con numerosos analistas estratégicos experimentados, se constituirá en un verdadero “órgano colegiado” destinado a asistir en la toma de decisiones.

Finalmente, cabe citar nuevamente a Musashi: cuando has comprendido el Camino de la Estrategia, no existe una sola cosa que no seas capaz de comprender y puedes ver el Camino en todas las cosas.

A modo de conclusión

“El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos”, habría expresado el filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788 – 1860). De modo tal que nuestro mundo actual, dada su alta complejidad, somete permanentemente a la conducción estratégica a diversos desafíos pero con las alternativas proporcionadas por la inteligencia estratégica se podría dar respuestas efectivas.

Lucio Anneo Séneca (4 a.C. – 65), en su carta dirigida a Lucilio, escribió: Ignoranti quem portum petat, nullus sus ventus est, “Ningún viento será bueno para quien no sabe a qué puerto se encamina”. Esta cita debería ser seriamente tomada en cuenta por quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones. ¿Cómo saber a qué puerto debe dirigirse el decisor? La respuesta ya está dada: apelando a la inteligencia estratégica, la que le señalará las fortalezas y las vulnerabilidades de aquellas cuestiones que hacen al interés de la Nación. De ese modo, el decisor tendrá en claro cuáles son los vientos favorables en los distintos escenarios de probabilidad y cuál debería ser el mejor puerto de destino.

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* Licenciado en Historia, graduado en la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales, School of Social and Human Studies, Atlantic International University (AIU), Honolulu, Hawaii, Estados Unidos. Tema de tesis: “Intelligence and International Relations: an old relationship and its current revaluation for decision-making”.

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 Bibliografía

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Referencias:

[1] La Escuela Nacional de Inteligencia fue creada el 5 de junio de 1967, como instituto de formación de la entonces Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE). Con la promulgación del Decreto Presidencial Nº 1536/91 fue reconocida como el instituto de mayor nivel de la especialidad en la Argentina.

[2] Kent, Sherman, Inteligencia estratégica. Buenos Aires, Pleamar, 1967.

[3] Platt, Washington, Producción de inteligencia. Principios básicos. Buenos Aires, Struhart & Cía, 1983.

[4] Laqueur, Walter, Terrorismo. Madrid, Espasa-Calpe, 1980. Laqueur, Walter, Una historia del terrorismo. Barcelona, Paidós Ibérica, 2003.

[5] Laqueur, Walter, A World of Secrets: The Uses and Limits of Intelligence. New York, Basic Books, 1985.

[6] Ídem.

[7] Ídem.

[8] Kendall, Willmore, The Function of Intelligence. En: World Politics, 1(4), 542-552. doi: 10.2307/2008837, 1949.

[9] Davis, Jack, The Kent-Kendall Debate of 1949. Sitio web oficial de la CIA, 08/05/2007, <https://www.cia.gov/library/center-for-the-study-of-intelligence/kent-csi/vol35no2/html/v35i2a06p_0001.htm>, [consulta: 01/07/2018].

[10] Ídem.

[11] Laqueur, Walter. Op. cit.

[12] Von Clausewitz, Karl. De La Guerra. Barcelona, Labor, 1984, pp. 154-157.

[13] Laszlo, Ervin, El cambio cuántico. Cómo el nuevo paradigma científico puede transformar la sociedad. Barcelona, Kairós, 2009.

[14] Bauman, Zygmunt, Modernidad líquida. Buenos Aires, FCE, 2004.

[15] “Educación Líquida Bauman” (video). Think1.tv (Col·legi Montserrat), 12/03/2012, <https://www.think1.tv/es/video/zygmunt-bauman-educacion-liquida-es>, [consulta: 13/04/2018].

[16] Ídem.

[17] Ídem.

[18] Hobbes, Thomas, Leviathan. México, Fondo de Cultura Económica (FCE), 1998.

[19] Drucker, Peter, La sociedad poscapitalista. Buenos Aires, Sudamericana,  1993, p. 276

[20] Navarro Bonilla, Diego, Derrotado pero no sorprendido. Reflexiones sobre la información secreta en tiempo de guerra. Madrid, Plaza y Valdés Editores, 2007, p. 23.

[21] Washington Platt, Producción de inteligencia. Principios básicos. Buenos Aires, Struhart & Cía., 1983, p. 24.

[22] Al respecto ver: Frischknecht, Federico et al, Lógica, teoría y práctica de la estrategia. Buenos Aires, Escuela de Guerra Naval, 1994, 271 p.

[23] Íbid., pp. 19 y 20.

[24] Rodríguez Melgarejo, Aníbal, La toma de decisiones. En: Boletín de Lecturas Sociales y Económicas, UCA, FCSE, Año 3, nº 13. Puede encontrarse una versión digitalizada en <http://200.16.86.50/digital/33/revistas/blse/melgarejo4-4.pdf>.

[25] Palumbo, Santiago, El proceso de decisión en la elaboración de política. En: Revista Nacional de Inteligencia, Vol. IV, nº 2, Segundo Cuatrimestre, 1995, p. 85.

[26] Íbid., p. 87.

[27] Ídem.

[28] Musashi, Miyamoto. Prólogo de Miyamoto Musashi. Go Rin Kai, <http://www.gorinkai.com/textos/gorin0.htm>. [consulta: 10/06/2018].

[29] En la parte final de su prólogo, Miyamoto Musashi dice:

“Cuando llegué a la treintena, miré hacia atrás contemplando mi pasado. Todas esas victorias no se debieron a tener una estrategia depurada. Quizás fue mi habilidad natural, o el deseo del Cielo, o que los luchadores de las diversas escuelas eran inferiores. Por lo tanto, estudié mañana y tarde buscando el principio, y llegué a comprender cuál era el Camino de la Estrategia cuando cumplí cincuenta años.

Desde entonces he vivido sin seguir ningún camino en particular. De acuerdo con la virtud de la Estrategia he practicado muchas artes y habilidades, siempre sin un maestro. Para escribir este libro no uso la ley de Buda o las enseñanzas de Confucio, ni las antiguas crónicas guerreras o libros de tácticas marciales. Tomo mi pincel para explicar el auténtico espíritu de esta escuela ‘Ichi’, tal y como se refleja en el Camino del Cielo y de Kwannon. Este momento es la noche del décimo día del décimo mes, a la hora del Tigre. [3 a 5 a.m.]”.

[30] Sun Tzu, El arte de la guerra. Beijing, Ediciones en lenguas extranjeras, 1996, p. 91-96.

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