Archivo de la etiqueta: Defensa

LA DEFENSA NACIONAL DEL ATLÁNTICO SUR

César Augusto Lerena*

Foto Gaceta Marinera, https://gacetamarinera.com.ar

El Atlántico Sur Argentino está siendo internacionalizado, como Medio Oriente con el petróleo. Dos países —el Reino Unido y China— con poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU y España, que es el principal socio del Renio Unido en Malvinas y destino principal de los recursos pesqueros argentinos capturados con licencias ilegales. En algún momento también Rusia e inversionistas americanos haciéndose de las principales empresas pesqueras. Las grandes potencias vienen por nuestros recursos naturales, algunas de ellas, —asombrosamente— mantienen con nosotros una relación de amistad y comercio y otras lo hacen desnacionalizando la industria nacional o apropiándose de los recursos nacionales por la fuerza o por presión frente a nuestra debilidad comercial. No es la guerra tradicional, son las formas de dominación modernas.

Los buques nacionales son amenazados de ser embestidos por buques extranjeros para desalentarlos en la pesca de altura. Se trata de una confrontación marítima para hacerse de los recursos, como si tuviesen “patentes de corso”, mientras la defensa argentina y la Subsecretaría de Pesca están ausentes, pese a la mayor presencia extranjera en la región, provocándonos un daño inconmensurable a nuestra soberanía política, económica y alimentaria. ¿Quién no entiende que la primera defensa del territorio continental nacional es el mar argentino y no el litoral terrestre? Bastaría con ver las fuerzas navales de Estados Unidos, China, Rusia y del Reino Unido desplegadas en el mundo para entenderlo. El sistema vertical que impera en las fuerzas militares y en la cancillería nos priva de un debate amplio sobre el daño de no tener controlado el Atlántico.

Con en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) se denominó a los países con mar “Estados Ribereños”. Cuando en 1995 se ratificó por Ley 24.543 en la Argentina, yo, modestamente —ante la mirada absorta de oficialistas y opositores— puse reparos, pero nunca entendieron que el mar, es parte de nuestro territorio y que más allá de las 200 millas se prolonga hasta el fin de la plataforma continental. La palabra “Ribera” del latín riparĭa, deriva de ripa (orilla) y al igual que “Litoral”, es la franja de tierra que está junto al mar (o río)” y no alcanza a definir a “el mar formando parte íntegra e indivisible del territorio nacional continental hasta las 200 millas marinas y, más allá de estas, sobre su lecho y subsuelo hasta límite exterior de la Plataforma Continental Argentina” y que el Código Civil y Comercial de la Nación refiere a la línea de ribera (Art. 235) como la “porción de las tierras que las mareas bañan y desocupan ordinariamente durante las más altas y más bajas mareas…” y desde el punto de vista literario Rodrigo Costoya (“El enigma de Colón”, 2019) nos cuenta: “…la mujer de Pinto seguía en la Ribera, mirando fijamente el mar”.

La Argentina, más que un “Estado Ribereño” debe tipificarse como un “Estado Marítimo”, más aún cuando la Argentina cuenta con una superficie continental de 2.791.810 Km2 mientras que el territorio marítimo argentino dentro de las 200 millas alcanza a los 3.146.345 km2 y más allá de ellas la Plataforma Continental Argentina asciende a los 1.784.000 km2 (firmes 351.633 km2), a lo que habría que sumar los 965.597 Km2 de la Antártida Argentina, la parte correspondiente de los 20.237.000 Km2 del Océano Antártico que se encuentra comprendido en el marco del Tratado Antártico y los 30.212 km2 del Río de la Plata (Mar Dulce, Juan Díaz de Solís, 1516), cuya navegación y explotación se acordó con Uruguay; a lo que debemos agregar el extenso litoral argentino de 6.816 km de costa según los últimos estudios del CONICET. La Argentina es —sin duda alguna— un Estado Marítimo, por lo que nos agravia aún más nuestra identidad, el tener ocupados y explotados por el Reino Unido de Gran Bretaña, 1.639.900 km2 de territorio marítimo e insular nacional.

Una invasión y explotación de nuestros recursos, en abierta violación a la Res. ONU 31/49, con la pretensión ilegal de acogerse a lo reglado para los “Estados Ribereños”, sobre lo cual, la propia directora ilegal de Recursos Naturales de Malvinas Dra. Andrea Clausen convalidó nuestra titularidad sobre los recursos al manifestar que “…la zona en que se ha denunciado todas estas capturas ilegales es muy al norte de la ZEE de Falklands. Y, si bien la captura del calamar Illex pertenece a la misma biomasa, la verdad es que las Falklands han tenido una zafra…”, pese a lo cual la Argentina no ha hecho nada sobre los recursos migratorios y nos surgen varios interrogantes:

¿No le llama la atención a nuestras autoridades que buques chinos pesquen lejos del área bajo control británico rica en recursos? ¿No es sorprendente que en 40 años solo se detuvieron 80 buques extranjeros, con una presencia en esos años en el Atlántico Sur de 12.000 buques ilegales?

¿No es irregular que el Consejo Federal Pesquero (CFP) y el Subsecretario de Pesca, siendo los Administradores del Recurso, a pesar de ingresar al mar argentino 100 buques extranjeros no se hayan reunido para tratar esta invasión y, nunca el CFP haya actuado para impedir la pesca ilegal, violando su deber de funcionarios públicos? La asignación del Fondo Nacional Pesquero lo dice todo: Según Actas del CFP 4 y 5 (12/3/20), de los saldos de 2019 y de los existentes en 2020 se asignaron para la administración el 75,7% de los fondos ($ 30.451.957) y para patrullaje y control un 24,3% ($ 7.400.000), dejando claro el interés de controlar y malgastar los fondos públicos, porque es sabido que los gastos administrativos no deben alcanzar entre el 17% y el 30% de los operativos.

La ocupación del mar argentino y la explotación de nuestros recursos es gravísima. Lo hacen dentro de la ZEE y la plataforma nacional (buques con licencia ilegal británica y, plataformas petroleras dentro del área de Malvinas); extracción de nuestros recursos pesqueros dentro de la ZZE y fuera de ella a especies migratorios que la funcionaria británica reconoce como de la misma biomasa (de dominio Nacional) y lo que resulta aún más insólito y, sobre lo que el Estado Nacional ha permanecido indiferente desde 1994 a la fecha, es el establecimiento del Reino Unido al noroeste de las islas, por fuera de la zona de exclusión pesquera ilegalmente impuesta por este Reino (FICZ) y dentro de la ZEE Argentina, de un Área “GAP” de 1.400 Km2, para proteger importantes capturas de calamar. El GAP es un espacio 7 veces más grande que la ciudad de Buenos Aires (203 km2), casi 3 veces el tamaño de la isla de los Estados (534 km2) o algo más de 3,5 veces lo que miden las islas Picton (105 km2), Nueva (120 km2) y Lennox (171,5 km2) que carecen del valor económico que el GAP y que casi nos llevan a una guerra contra Chile. Cualquier ciudadano podría ver en alguno de los localizadores disponibles la concentración de buques extranjeros a la pesca del calamar en ese punto para confirmar la ocupación británica de nuestro territorio.

Ante el conocimiento de la invasión de buques chinos al mar argentino, la Armada el 6 de mayo sumó al control al destructor ARA Argentina con un helicóptero Fennec para agregar al patrullero oceánico ARA Bouchard P51 y al guarda-costa GC-27 Prefecto Fique de la Prefectura Naval y alistó un avión naval antisubmarino Tracker.

Recordemos que la ZEE Argentina tiene 3.146.345 km2, por lo que este aparente refuerzo, como dijo un amigo (JCP), es como calentar el océano con una pava de agua caliente” y, al pasar, recordemos también, que tanto las patrulleras oceánicas francesas (¿con nuestras finanzas, recibirá la Armada las tres faltantes?), como los guardacostas españoles, que podrían haberse construido en la Argentina, si fuésemos un país que promoviésemos nuestra defensa y la industria nacional.

Con las fuerzas disponibles, los buques extranjeros seguirán pescando y escapándose, como lo han hecho en los últimos 40 años. Las cuestiones inherentes a la defensa nacional, de eso se trataría frente a la ocupación y explotación extranjera en el Atlántico Sur, deben estar en manos de la Armada Argentina apoyadas con la Prefectura Naval si fuera necesario, ocupándose o empezando a ocuparse esta, de las cuestiones contravencionales de los buques nacionales, ya que resulta muy llamativo, por ejemplo, que no haya sanciones derivadas de las 300 mil toneladas/año que se descartan de recursos o que salgan a la pesca buques que terminan en trágicos naufragios.

Para que el control —en principio— disuasivo sea efectivo, los recursos militares anunciados no alcanzan. La Armada Argentina debería disponer al menos de cinco buques clase Gowind similares al Bouchard con cañones de 40 mm (hay otros países que tienen patrullas con piezas de 76 mm), y dos ametralladoras manuales de 12,7 mm, de modo que puedan actuar en forma efectiva si el buque ilegal intentara escapar y, efectuar el relevo correspondiente sin desatender la zona de conflicto. Las naves equipadas con helicópteros bimotor polivalentes ligeros artillados del tipo AS 555 Fennec 2. A ello, hay que agregar unos cuatro aviones de vigilancia naval P-3 Orion o S-2 Tracker. Por supuesto que esto supone además dotar a la Armada del presupuesto necesario para las operaciones y mantenimiento, ya que es conocido los efectos de la desinversión y falta de mantenimiento que llevan a que, en Puerto Belgrano, haya varias corbetas fuera de servicio.

Accesoriamente a ello, pero muy importante, se deberían quintuplicar las multas y actualizarlas por el precio del gasoil, si las ilegales son chinas, siendo estatales, expulsar las empresas radicadas de origen estatal en el país, al igual que las españolas si tienen relación societaria; y la flota congeladora nacional debiera ir a pescar con apoyo militar, en las condiciones subsidiadas ya explicadas en mi artículo “El Atlántico Sur Argentino ocupado por Britania, España y China”, fuera de las 200 millas y, muy especialmente en el GAP y el área adyacente a la de exclusión británica; iniciar contactos con empresarios españoles y chinos, con la intervención necesaria del sector empresario nacional y comenzar el proceso de denuncia de los Acuerdos de Madrid, por el que la pérfida falange de Albión tiene en sus manos el control del Atlántico Sur Argentino entre el paralelo 46º S (altura Comodoro Rivadavia, Chubut) y el 60º S (altura de las islas Orcadas).

Cumpliéndose el 207º aniversario de la aprobación del Himno Nacional, tal vez sea el momento de plantear reincorporar a éste la estrofa: “se levanta a la faz de la Tierra una nueva y gloriosa Nación” y otras, sacadas de nuestra Canción Patria a sugerencia de Inglaterra, para recordarles a los argentinos, el espíritu original con el que se construyó nuestra Nación.

Ceterum censeo Carthaginem esse delendam.

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado, ex Secretario de Bienestar Social (Provincia de Corrientes). Ex Profesor Universidad UNNE y FASTA. Asesor en el Senado de la Nación. Doctor en Ciencias. Consultor, Escritor, autor de 24 libros (entre ellos “Malvinas. Biografía de Entrega”) y articulista de la especialidad.

Copyright ©2020

 

EL ATLÁNTICO SUR ARGENTINO OCUPADO POR BRITANIA, ESPAÑA Y CHINA

César Augusto Lerena*

Reconquista de Buenos Aires por las fuerzas regulares e irregulares comandadas por Santiago de Liniers. Rendición del comandante británico William Carr Beresford, 12 de agosto de 1806.

El 2 de febrero de 1825, se firmó el “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación” entre el Reino Unido y las Provincias Unidas del Río de la Plata que, luego repitió Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela, transfiriendo la conducción económica y financiera a los británicos. En ese Tratado se estableció una “Perpetua Amistad” —ello no frenó a la pérfida falange de Albión— para que, en forma oscura y traidora, invadiera Las Malvinas en 1833 y se establecieron privilegios, como transformar en inembargables sus posesiones, la libre navegación en mares y ríos, la aplicación de la “cláusula de Nación más favorecida” en todos los negocios, incluso, más de las que podrían recibir las argentinas.

Cuando el 12 de agosto de 1806 orientales y españoles echaron a los ingleses de Buenos Aires, comenzó un largo y silencioso derrotero de ocupación inglesa, con la complicidad de gobernantes y la tolerancia o el interés de los ciudadanos influyentes.

Ello se ratificó en 1933 con el Tratado Roca-Runciman y en las Declaraciones Conjuntas de 1989 en París, convertidas luego, en el Tratado del 14/15 de febrero de 1990, comúnmente llamado Acuerdo de Madrid (sin ratificación del Congreso) y, en el Tratado de “Promoción y Protección de Inversiones” de 1990, complementario del anterior, convalidado por la Ley 24.184.

Estos Tratados terminaron con la Argentina soberana, industrial, tecnológica, científica y dueña de sus recursos naturales y servicios públicos y la devolvieron a sus orígenes de proveedor de granos, transgénica, semilla-dependiente y química-fumigada. La Argentina del monocultivo, con los servicios y los recursos naturales privatizados y el Atlántico Sur Argentino ocupado por la Britania, España y China.

En mi artículo anterior “Los extranjeros invaden el Atlántico Sur y la Patagonia Argentina” dije: “Los británicos ocupan 1.639.900 millones de km2 de territorio marítimo argentino, equivalente a toda la Patagonia y a las provincias de La Pampa, San Luis, Mendoza, Jujuy y Formosa. ¿Es necesario darle más énfasis a esta deshonrosa pérdida de soberanía nacional?

Dije también que desde hace más de 50 años y, con más intensidad desde 1976 los gobiernos argentinos han tolerado la pesca ilegal de un promedio anual de 300 buques extranjeros que se llevaron 44 millones de toneladas por un valor comercial final del orden de los 770 mil millones de dólares, aunque, días atrás la Directora ilegítima de Recursos Naturales de Malvinas Dra. Andrea Clausen, le explicó al Penguin News que “generalmente hay un número grande de poteros y arrastreros, unos 400 de origen chino operando en el Atlántico sur” y, entre ellos, no ha sumado los más de 100 buques españoles y otros que pescan con licencia ilegal británica. ¿Es necesario resaltar que mediante esta pesca ilegal se han llevado unas tres deudas externas argentinas? ¿Esta entrega económica no ha sido exagerada como hipotético pago a la guerra perdida en 1982? ¿Es tal vez una compensación económica a las compras chinas de granos como ocurrió en su momento con la URSS o, como se dijo que ocurrió con Japón, cuando donó a la Argentina el INIDEP?

La misma Dra. Clausen nos “relata” que “todas estas capturas ilegales son muy al norte de la ZEE de Falklands. Y si bien la captura del calamar Illex pertenece a la misma biomasa, la verdad es que las Falklands han tenido una zafra razonablemente positiva con un volumen total por encima de las 60 mil toneladas”. ¡Que notable casualidad! Ni soviéticos ni búlgaros se acercaron a pescar en la zona arbitraria de exclusión británica de Malvinas en oportunidad de los “Acuerdos Marco” y ahora, tampoco los chinos (¿?). Y el Estado Argentino desde hace 40 años tolera que todos estos barcos subsidiados pesquen nuestros recursos pesqueros, los depreden y compitan con los empresarios argentinos con esta materia prima argentina, ingresando sin aranceles en el mercado internacional.

¿Y porque la Argentina nunca ha reclamado sobre la captura de los recursos migratorios argentinos? y no ha hecho cumplir las observaciones explicitadas en el Artículo 2º de la Ley 24.543 (CONVEMAR). Una renuncia vergonzosa a nuestros derechos.

Los hechos recientes que terminaron con la captura de un buque chino y otro portugués, dieron motivo a una auspiciante reunión interministerial presidida por el Jefe de Gabinete Santiago Cafiero, donde participaron además el Jefe de la Armada y el Prefecto Nacional Naval y, si bien es necesario coordinar las acciones de vigilancia y control (léase la acción de la Armada y la Prefectura), lo importante es definitivamente evitar la pesca clandestina y detener —con los elementos que sean necesarios— los buques que pescan los recursos nacionales (y en estos incluyo, a los migratorios), ya que es una vergüenza que estos últimos 40 años solo se hayan capturado 80 buques y multados por un valor de 25 millones de dólares. Para ser más preciso: solo 2 buques capturados por año cuando en la región pescan 300 buques (según la representante británica en Malvinas 400) por año que no solo ingresan a la ZEE Argentina, sino que capturan nuestros recursos migratorios (calamar, merluza, etc.) y, además respecto a las multas citadas me gustaría saber cuánto efectivamente cobró el Estado Argentino y, aún cobradas, igualmente resultarían insignificantes en atención a los valores de las capturas que efectúan estos barcos.

En distintos artículos hemos dado herramientas para terminar con este escarnio, me referiré solo a dos de ellas:

  • Poner toda la flota congeladora a pescar por fuera de las 200 millas, con el combustible libre de impuestos y todas las extracciones que se realicen en esa zona igualmente liberarlas de todo tipo de impuestos. Esta flota debería pescar con el apoyo militar de la Armada Argentina, tratándose de cuestiones que afectan a la soberanía nacional.
  • La Cancillería debería tomar urgente contacto con los países cuyos buques pescan en el Atlántico Sur, en especial con los españoles y chinos, para iniciar caminos de acuerdos empresarios, con la intervención necesaria del sector empresario nacional.

José Prego de Oliver escribió una Oda a la gloriosa jornada de Reconquista de la Ciudad de Buenos Aires el 12 de agosto de 1806: “La atroz muerte con mano descarnada, sus caballos, agita, y el carro estrepitoso precipita sobre una y otra gente encarnizada. Húndese el eje todo en cráneos, en escombros, en sangre, en lodo. Por puntos se ensangrienta la pelea; el español avanza, y horror, y confusión, y estrago lanza. La falange de Albion ya titubea; y a la diestra cuchilla cede por fin, y la cerviz humilla. La hermosa Capital encadenada por los crudos Britanos, viéndose libre, al cielo entre ambas levanta enternecida y prosternada: Sobre los muertos llora, y orna la sien del jefe, vencedora”.

A CASI 210 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO El ATLANTICO SUR ARGENTINO ESTÁ INVADIDO POR BRITÁNICOS, CHINOS Y ESPAÑOLES. ¿Ha quedado claro? La declaratoria de derechos y la administración de la crisis no alcanza. Argentinos de los dichos a los hechos.

Ceterum censeo Carthaginem esse delendam.

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado, ex Secretario de Bienestar Social (Provin05cia de Corrientes). Ex Profesor Universidad UNNE y FASTA. Asesor en el Senado de la Nación. Doctor en Ciencias. Consultor, Escritor, autor de 24 libros (entre ellos “Malvinas. Biografía de Entrega”) y articulista de la especialidad.

Copyright ©2020

A DOSCIENTOS AÑOS DE LA TOMA DE POSESION DE LAS MALVINAS POR LAS PROVINCIAS UNIDAS. AYER Y HOY.

Marcelo Javier de los Reyes*

Fragata Heroína

 

La Revolución y los corsarios

Este año se conmemoran doscientos años del izamiento, por primera vez, del pabellón nacional en las islas Malvinas.

El 6 de noviembre de 1820, el marino y corsario estadounidense David Jewett, al servicio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, tomó posesión de las islas Malvinas al mando de la fragata Heroína.

Cuando llegó a Puerto Soledad estableció una pequeña colonia dedicada a la pesca y a la ganadería ovina y fue quien izó por vez primera el pabellón argentino en las islas, reafirmando de esa manera su indiscutible derecho sobre las anteriores posesiones españolas.

Inmediatamente después de la Revolución de Mayo, en 1810, las Provincias Unidas del Río de la Plata llevaron la guerra revolucionaria utilizando buques corsarios, cuya intención era defensiva en función de enfrentar la amenaza de expediciones españolas, pero ofensiva y exitosa al perturbar el normal desarrollo del comercio español. La guerra del corso se desarrolló entre 1815 y 1821 y en ese período se destaca la acción del capitán Hipólito Bouchard, quien al comando de la fragata La Argentina puso rumbo a las islas Filipinas, para continuar la persecución de las naves españolas y perjudicar el comercio marítimo del Reino de España[1]. Bouchard recaló en Tamatave, Madagascar, luego navegó hacia las Filipinas. En Hawaii, Bouchard celebró tratados comerciales con el rey Kamehameha I en nombre de la Argentina y obtuvo del Reino de Hawaii el reconocimiento formal de la independencia de la República Argentina, siendo la primera nación en hacerlo. Luego se dirigió a California, donde enfrentó a las fuerzas españolas e hizo ondear la Bandera Nacional en el fuerte de Monterrey durante cinco días. En su travesía pasó por América Central, motivo por el cual varias de esas naciones tomaron como modelo la bandera argentina[2]. Del mismo modo, se le atribuye a Bouchard la intención de rescatar a Napoleón Bonaparte, quien había sido confinado por los británicos a la isla de Santa Elena, cuando La Argentina se encaminaba a África.

Santa Bárbara, California. En uno de los muelles de su puerto flamean las banderas de todos los países que en algún momento ocuparon California. Allí flamea la Bandera Argentina.

Con anterioridad, el almirante Guillermo Brown encabezó una expedición de corso a las costas del Pacífico de América del Sur entre 1815 y 1816, pero encontró su límite en Guayaquil.

La expedición de David Jewett

En este contexto fue que Jewett obtuvo la patente de corso cuando Marcos Balcarce, secretario de Guerra y Marina del director Ignacio Álvarez Thomas, aceptó el ofrecimiento del marino estadounidense y le expidió “Despacho de Comandante del Bergantín de su propiedad ‘el Invencible’”.

En 1819 Jewett obtuvo una nueva patente de corso por parte del Director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, José Rondeau. Este acto fue a instancias del armador Patricio Lynch, a cargo de la construcción de la fragata Heroína, quien le propuso al titular de Guerra y Marina, Matías de Irigoyen, que el comandante de la nave fuera David Jewett[3]. Antes de partir, el 5 de enero de 1820, la fragata Heroína fue habilitada como “buque de guerra del Estado”[4] y le confió a su comandante la misión de tomar posesión de las islas Malvinas. En enero de 1820 Jewett fue nombrado coronel del ejército al servicio de la Marina Nacional[5].

David Jewett (1772-1842) nació en North Parish, Connecticut, ingresó a la marina de guerra de Estados Unidos y participó en la guerra de independencia de su país contra el Reino Unido. Antes de arribar a Buenos Aires, prestó servicios como comandante en jefe de la escuadra naval chilena en 1814. Jewett arribó a Buenos Aires el 22 de junio de 1815 y ofreció sus servicios, no desinteresados, al gobierno nacional que en ese momento estaba a cargo interinamente de Ignacio Álvarez Thomas, ya que el director supremo, José Rondeau, se encontraba en campaña en el Alto Perú[6]. Durante dos años estuvo al frente de su propia nave, el bergantín Invencible —que en algunos documentos es nombrada como goleta— en el océano Atlántico con el cual capturó cuatro naves brasileras. Esos antecedentes fueron considerados al momento de otorgarle la patente de corso y el comando de la Heroína, el buque más grande y poderoso de la época.

El reclutamiento de la tripulación no fue fácil, para lo cual se incluyeron presidiarios y voluntarios. La navegación fue compleja debido a que la fragata debió sortear fuertes tormentas, lo que ocasionó malestar en la marinería[7]. La Heroína recorrió las costas de Brasil y llegó a hasta Cabo Verde. La tripulación de la fragata capturó una nave portuguesa, la fragata Carlota. Luego prosiguió viaje pero la travesía hasta las islas Malvinas no fue fácil, ya que Jewett debió enfrentar amotinamientos —para lo cual no contaba con los oficiales adecuados ya que hasta ellos eran motivo de conflictos a bordo—, a lo que se sumó el escorbuto que se diseminaba en la tripulación. La Heroína echó anclas en proximidades de Puerto Soledad el 27 de octubre de 1820[8].

Ya en el lugar constató la presencia de 50 buques dedicados a la pesca y la caza de la fauna marina.

David Jewett

El 2 de noviembre Jewett envió una circular que fue transcripta por el capitán James Wedell, al mando del buque Jane. En ella informa que toma posesión de las islas en nombre del Superior Gobierno de las Provincias de América del Sud, al que pertenecen “por ley natural”[9].

En la transcripción hecha por el capitán Wedell puede leerse:

Al desempeñar esta misión deseo proceder con la mayor corrección y cortesía para con todas las naciones amigas.

Uno de los objetos principales de mi cometido es evitar la destrucción de las fuentes de recursos necesarios para los buques que de paso o recalada forzada arriban a las islas, y hacer de modo que puedan aprovisionarse con el mínimo de gastos y molestias. Dado que los propósitos de Ud. no están ni en competencia con estas instrucciones, y en la creencia de que una entrevista personal resultará de provecho para entrambos, invito a Ud. a visitarme a bordo de mi barco, donde me será grato brindarle acomodo mientras le plazca.

He de agradecerle asimismo tenga a bien, en lo que esté a su alcance, hacer extensiva esta invitación a cualesquiera otros súbditos británicos que se hallaran en esas inmediaciones.[10]

Wedell aceptó la invitación de Jewett y describió que fue recibido con gran afabilidad pero destacó el mal estado de la Heroína y como el escorbuto estaba minando a su tripulación. No obstante reconoció que Jewett “asumió un carácter de poder y autoridad que yo estaba por cierto lejos de imaginar”[11].

El 6 de noviembre de 1820, en las ruinas de Puerto Soledad, el capitán Jewett asumió el mando militar del archipiélago reafirmando la soberanía de las Provincias Unidas en el Atlántico Sur. Se izó la Bandera Nacional, leyó la declaración y se dispararon veintiún cañonazos en presencia de su tripulación y con sus oficiales vestidos de gala[12]. Esa fue la posesión formal de las islas del Atlántico Sur por parte del capitán David Jewett en nombre del Superior Gobierno de las Provincias Unidas de Sud América. Al acto asistieron ciudadanos estadounidenses y súbditos británicos y la noticia de este acontecimiento fue publicada en medios de Estados Unidos, el Reino Unido y España.

Ante su penosa situación, en un informe fechado el 1º de febrero de 1821, Jewett pidió al Gobierno Supremo que enviara un comandante de su confianza para substituirlo[13].

En 1821, en el marco de sus funciones como custodio de la Soberanía Nacional en el Atlántico Sur, Jewett detuvo y remitió a Buenos Aires a la goleta estadounidense Rampart, a bordo de la cual iba Cristóbal Carnelia, teniente de presa, portador del pedido de relevo del capitán Jewett[14]. La Rampart, que había sido capturada a la altura de las Malvinas, arribó a Buenos Aires el 17 de febrero. Este hecho ocasionó un incidente diplomático con los Estados Unidos.

El gobierno respondió a Jewett que sentía las desgracias por las que tuvo que pasar así como también esperaba que fuera más afortunado en otra empresa y envío al capitán Guillermo Roberto Mazón para reemplazarlo.

Ayer y hoy

Cabe destacar que el gobierno de una joven Nación, abrumado entonces por grandes deudas y gastos ocasionados por la guerra de independencia, a lo que se sumaban los conflictos internos, consideró necesario llevar la guerra revolucionaria fuera de sus fronteras y decidió —asimismo— afianzar la Soberanía Nacional en los confines de la Patria.

En función de ello, no sólo envió tropas al Alto Perú sino que también invirtió sus escasos recursos para hacer ondear la Bandera Nacional en las islas del Atlántico Sur. La gesta del capitán David Jewett al mando de la fragata Heroína debe ser puesta en valor cuando se cumplen doscientos años de ese acontecimiento. Del mismo modo, debe estimarse la relevancia que tuvo al tener como otro objetivo la protección de los recursos naturales en esos confines.

Frente a ello, lamentablemente, nuestra democracia ha dado por tierra la proeza del capitán Jewett y de nuestros héroes que en 1982 se hicieron presentes para ratificar los derechos soberanos de la República Argentina, muchos de los cuales se quedaron como custodios en las Malvinas. Lamentablemente, el propio gobierno del Proceso de Reorganización Nacional puso en práctica la política de “desmalvinización”, la que fue continuada por los distintos gobiernos democráticos desde 1983.

No obstante, la situación se agravó principalmente a partir de la década de 1990, cuando durante la presidencia de Carlos Saúl Menem se implementó la política de alineamiento a los Estados Unidos, la cual fue acompañada de una serie de medidas que llevó a la pérdida de poder de fuego de nuestras Fuerzas Armadas y a la destrucción de la industria de la Defensa y de los proyectos que podrían garantizar la protección de nuestra soberanía. Entre tantas lamentables decisiones tomadas por su gobierno se destacan la venta como chatarra del portaaviones ARA 25 de Mayo; desactivación del proyecto misilístico Cóndor; entrega y desarticulación del Área Material Córdoba; paralización de la construcción de las corbetas y fragatas MEKO y de los submarinos. A ello se suma la sospechosa explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero. En esa línea siguió el gobierno de la Alianza liderado por Fernando de la Rúa, la que se potenció nuevamente durante el gobierno de Mauricio Macri, el cual celebró que en marzo de 2016 la ONU aprobara por unanimidad un pedido de extensión sobre el límite exterior de la plataforma continental realizado por nuestro país. Gracias a este fallo de la ONU, Argentina aumentó su plataforma marítima en un 35%, es decir, exactamente 1.700.000 kilómetros cuadrados.

Paradójicamente, esa celebración fue acompañada de una mayor reducción de las Fuerzas Armadas y de nuevas medidas que afectaron seriamente su operatividad: suspensión de los proyectos de investigación; finalización del proceso de remotorización de los aviones Pucará a pesar que tampoco se habían reemplazado los Mirage retirados de servicio durante el gobierno que lo precedió; pérdida de un arma estratégica como el ARA San Juan, hecho en el que perecieron todos sus tripulantes; un virtual abandono de los buques de la Armada y una tardía compra de inútiles patrulleros oceánicos a Francia. De esta manera, la República Argentina ha sido puesta en un virtual estado de indefensión.

La Armada Argentina, que contó con marinos de la talla de Guillermo Brown, Hipólito Bouchard, Tomás Espora, Martín Jacobo Thompson, Samuel Spiro, y el propio David Jewett, entre una larga lista de patriotas, hoy está incapacitada para responder a las mínimas necesidades que requiere nuestro extenso espacio oceánico. La Armada ha sido convertida en una mera “guardia costera”.

Hace doscientos años, el Superior Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, con todas sus limitaciones, encomendó al capitán Jewett a custodiar la Soberanía Nacional y proteger los recursos naturales, algo que hoy la República Argentina no puede concretar. Es imperioso que esta situación sea revertida en el corto plazo y que se tome conciencia no sólo de la necesidad de despertar nuevamente nuestra “conciencia marítima” sino también nuestra “conciencia territorial” en un país que avanza hacia su lamentable fragmentación.

 

* Licenciado en Historia egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (1991). Doctor en Relaciones Internacionales, School of Social and Human Studies, Atlantic International University (AIU), Honolulu, Hawaii, Estados Unidos. Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires, Editorial Almaluz.

Referencias

[1] Marcelo Javier de los Reyes. “Hipólito Bouchard, la fragata La Argentina y las banderas Centroamericanas”. Anuario del CEID (Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo) 2017, <http://saeeg.org.nutria.avnam.net/wp-content/uploads/2018/05/CEID-ANUARIO-2017.pdf >, p. 173 y ss.

[2] Marcelo Javier de los Reyes. Op. cit.

[3] Mario D. Tesler. “Expedición de David Jewett a las islas Malvinas, 1820-1821”. Universidad Nacional del Litoral, p. 121, <https://bibliotecavirtual.unl.edu.ar:8443/bitstream/handle/11185/4662/RU074_08_A006.pdf?sequence=1&isAllowed=y>, [consulta: 12/03/2020].

[4] Ibíd., p. 126.

[5] Ibíd., p. 125.

[6] Ibíd., p. 106.

[7] Sergio Esteban Caviglia. Malvinas: Soberanía, Memoria y Justicia: 10 de Junio de 1829. Rawson: Ministerio de Educación de la Provincia de Chubut, 2012 (1ª ed.), p. 166.

[8] Ídem.

[9] Ibíd., p. 167.

[10] Ídem.

[11] Ibíd., p. 168.

[12] Ídem.

[13] Ibíd., p. 138.

[14] Ibíd., p. 139.

©2020-saeeg®