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EL MAPA IDEOLÓGICO DE AMÉRICA LATINA

Editorial de El Deber* 

El mosaico político-ideológico latinoamericano —en esta época de convulsiones de diversa índole y origen— ha mutado varias veces y puede seguir cambiando aún.

Son nutridos los análisis al respecto, así que tampoco seremos muy originales, pero sí cabe afirmar que en líneas generales hubo un debilitamiento de las llamadas “líneas populistas”, al principio demagógicamente autoproclamadas “progresistas”, aunque con los años han caído en dramáticas regresiones. Los casos aún vigentes son los de Daniel Ortega en Nicaragua y Nicolás Maduro en Venezuela. Ambos son duramente criticados por la comunidad internacional, pero hasta el momento siguen manteniéndose, con el apoyo de aparatos represivos policiales y militares.

En materia de giros hacia corrientes no izquierdistas cabe citar en el reciente pasado los casos de Mauricio Macri en Argentina y de Jair Bolsonaro en Brasil. El primero acaba de concluir su mandato: entregó el bastón presidencial al peronista Alberto Fernández, retomando así la República Argentina el giro hacia la izquierda populista tras un solo periodo de centrismo moderado, afectado éste por una fuerte inflación y crisis sociales.

En la vecina orilla rioplatense (Uruguay) se acaba de dar otro giro: esta vez hacia el centro, luego de haber perdido su dominio de 14 años el izquierdista Frente Amplio. Anteriormente, Colombia, Perú y Ecuador ya habían girado hacia posiciones moderadas.

El caso más espectacular y controvertido ha sido el boliviano. Tras el escándalo de un indesmentible fraude electoral, el indignado pueblo boliviano salió espontáneamente a las calles y con un pacifismo verdaderamente admirable logró sacudirse tras 21 días de paro el yugo de casi 14 años de la tiranía pseudo constitucional de Evo Morales.

El presidente cocalero optó por renunciar y abandonar el país dejándolo librado a su propia suerte, no sin antes instigar a la violencia; ahora lo sigue haciendo desde el exterior.

Aun así, primó la institucionalidad, se prosiguió con lo señalado constitucionalmente en materia de prelación ante la acefalía presidencial y de ahí el Gobierno legal y legítimo que hoy preside Jeanine Añez. En ningún momento hubo golpe de Estado, pero algunos lo tildan de esa manera, por ignorancia o sesgo ideológico. La realidad nos señala más bien el feliz retorno de la institucionalidad democrática boliviana luego de casi tres lustros.

El mapa se completa con el giro de México. Desde enero 2019 impera allí la izquierda de López Obrador. El presidente mexicano trató de posicionarse como caudillo regional del “progresismo de izquierda” pero no ha logrado hacerlo. Y no solo contribuyó en contra de las ambiciones de “AMLO” el breve y controvertido exilio de Evo Morales.

La propia limitación azteca por su relación fronteriza con la superpotencia estadunidense, sumando las lógicas prioridades e inhibiciones de esa relación, han hecho que lo ambicionado por AMLO no prospere, no tiene la fuerza para ello.

Así llegamos al mapa actual, que cada lector puede diseñar y rediseñar a su antojo. Probables cambios se avizoran, ya veremos. El péndulo seguirá girando. Lo importante es que el pluralismo democrático persista y que las pocas dictaduras remanentes pronto sean apenas un triste recuerdo.

* Tomado de El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, <https://www.eldeber.com.bo/159719_el-mapa-ideologico-de-america-latina >.

 

EL ANTIGUO VÍNCULO ENTRE INTELIGENCIA Y RELACIONES INTERNACIONALES

Marcelo Javier de los Reyes Giménez*[1]

 

Introducción

Normalmente suele observarse a la Inteligencia y a las Relaciones Internacionales como disciplinas de las Ciencias Sociales que transitan por caminos separados y, quizás, inconexos. Nada más alejado de eso, como podrá apreciarse cuando se aborde la evolución de la inteligencia a lo largo de la Historia.

Como bien afirma el profesor Gustavo Díaz Matey, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid y MA en estudios de Inteligencia y Seguridad por la Universidad de Salford, Manchester, “es curioso comprobar como el estudio de la inteligencia, que en último término es una de las herramientas claves para la toma de decisiones, está ausente en los inicios de la teoría de las Relaciones Internacionales”[2].

El mismo Díaz Matey sostiene que esto se debió a que, hacia 1948, cuando Hans Morgenthau escribió su libro Politics among Nations[3], solo hacía tres años que había finalizado la Segunda Guerra Mundial y que sus protagonistas, los militares, eran homenajeados en todos los países que salieron victoriosos de la contienda. Agrega que por esos años se iniciaba la confrontación entre los Estados Unidos y la Unión Soviética por lo que todo lo inherente a lo militar “cubría gran parte de todo lo que tenía que ver con la inteligencia”[4], a lo que se debe agregar la cultura del secretismo que imperaba sobre esa actividad.

De este modo, la inteligencia no tuvo su lugar en los estudios teóricos de relaciones internacionales sino que debió ir abriéndose un nuevo camino a partir de la teorización que Sherman Kent comenzó a desarrollar sobre esa actividad[5].

Desde sus orígenes la Inteligencia, entonces considerada como la actividad de espionaje, estaba íntimamente vinculada al arte militar, a la guerra, y así permaneció durante siglos. Esa actividad contribuyó a la expansión y a la seguridad de las entonces ciudades-Estado, reinos e imperios, por lo cual desde esos tiempos estuvo vinculada a las relaciones internacionales —aunque éste, como se verá más adelante, no sea el concepto apropiado para la historia antigua— como un elemento fundamental de la estrategia.

Durante la Edad Media y, en general, durante la Moderna, la Inteligencia estuvo vinculada a las misiones de los emisarios y diplomáticos que respondían en forma directa a los monarcas. Se trataba entonces, no de un funcionario que actuaba en el marco de un organismo estructurado sino prácticamente en solitario y por una relación personal. Si bien los monarcas recurrían a enviados, emisarios o embajadores, con el correr del tiempo algunos Estados fueron dando, paulatinamente, lugar a la creación de organismos que fueron tomando forma, principalmente, hacia el siglo XIX. El siglo XX fue el siglo de los servicios de inteligencia, los cuales se consolidaron durante las dos guerras mundiales y durante la Guerra Fría.

“Espionaje” y “situación internacional”

En los orígenes de esta interrelación no se puede hablar ni de “inteligencia” ni de “relaciones internacionales” ya que, por un lado, los orígenes de lo que hoy se conoce como “inteligencia” fue el “espionaje” y, por el otro, en el mundo antiguo no existían naciones, ya que por ejemplo si bien la Biblia habla de “nación” y “naciones”, no lo hace en el mismo sentido que ha alcanzado el término luego de la firma del tratado de Westfalia que, en 1648, puso fin a la guerra de los Treinta Años. En ese sentido, el mundo antiguo no conformaba un “sistema internacional”, sino lo que el Doctor Manfred Wilhelmy considera una “situación” internacional, habida cuenta que no existían naciones[6].

El término “inteligencia” es mucho más amplio que la mera actividad realizada por los espías. Las más antiguas informaciones respecto a esta actividad las podemos encontrar en numerosas citas de la Biblia, por ejemplo, en Josué 2:1-7, Números 13:1-2 y también encontramos referencia a los espías en el Génesis, cuando luego de los siete años de abundancia en Egipto comenzaron los siete años de escasez que generaron hambre en la población de Canaán. En ese libro leemos que Jacob, enterado de que en Egipto había alimentos, envió a sus hijos a comprar trigo y fue donde se encontraron con José, su hermano y señor de la tierra. Aunque éste los reconoció no lo demostró y, en cambio, les dijo: “Vosotros sois unos espías, que habéis venido a reconocer las partes no fortificadas de la tierra” (Génesis 42:1,17.).

La Biblia también nos da cuenta de otro elemento importante de la inteligencia: el mensaje encriptado. En el libro del Apocalipsis o libro de la Revelación, el objetivo es comunicar la revelación de Dios a su pueblo en una etapa trágica de la historia, entre el 92 y el 96 d.C., durante una de las persecuciones romanas a los cristianos. A raíz de ello, el libro debía enviar un mensaje a través de símbolos que fueran comprensibles solo para un grupo de gente, usando un lenguaje secreto para evitar que los representantes del imperio consideraran el texto como una amenaza e intensificaran la persecución. Algunos símbolos provenían del Antiguo Testamento, mientras que otros los explica el mismo escrito. Por ejemplo, los “siete candeleros” son las “siete iglesias”; los colores también tienen su significado: “blanco” implica “victoria” y “rojo” “derramamiento de sangre”. El “Cordero” es “Jesús resucitado”, “la Bestia” es el “Imperio romano” y el número “666” es “Nerón” ya que en “Nerón César” cada consonante de sus palabras tiene un valor numérico en hebreo y todas juntas suman “666”. La “otra bestia” que se parece a Jesús son los “falsos profetas”. Estos son algunos ejemplos de los que existen en este libro.

Alvin Toffler menciona que en El libro de los muertos del antiguo Egipto se describió el espionaje como uno de los más graves pecados del alma[7].

Sun Zi ―más conocido en Occidente como Sun Tzu― en El arte de la guerra (1996), una obra que ya tiene 2.500 años, se refiere a la actividad de los espías, como se menciona en el capítulo III, y en el cual expresa: “Quienes no sean muy sensatos y sabios no pueden valerse de espías; quienes no sean bondadosos y generosos no pueden dirigir a espías, quienes no sean minuciosos y bien calculadores no pueden discernir las informaciones verídicas, proporcionadas por espías”[8].

La utilización de los espías también era conocida en la época de Alejandro Magno, rey de Macedonia, quien vivió entre el 356 y el 323 a.C. En vísperas de la batalla de Gaugamela (Tell Gomel, a unos 35 kilómetros al noroeste de Mosul, norte de Asiria), el 1º de octubre de 331[9], Alejandro Magno se estableció a unos cinco kilómetros de las tropas persas. A sabiendas de la existencia de espías entre sus tropas, Alejandro Magno hizo correr el rumor de que llevaría a cabo el ataque esa misma noche. Esta información se trasmitió a las fuerzas persas, que recibieron la orden de mantenerse atentas a la espera de los macedonios, pero, en cambio, Alejandro ordenó a sus soldados que descansaran y procedió a atacar en la mañana siguiente aprovechando el cansancio de los persas[10]. Este ejemplo nos permite apreciar que Alejandro Magno no solo utilizó la contrainteligencia sino que echó mano de otra herramienta de la inteligencia: la desinformación.

Además de la reunión de información de inteligencia, contrainteligencia, acciones encubiertas y operaciones clandestinas, técnicas, códigos y sistemas de cifrado, en el mundo antiguo también se recurrió al asesinato político, se apeló al escape y a la evasión, a la creación de disfraces, al uso de tinta que desaparecía, entre otras[11]. Textos de escritores de la antigüedad, como Eneas el Táctico, Polibio, Polyaenus ―autor macedonio del siglo II d.C., quien escribió Estratagemas en la guerra, dedicada a los emperadores romanos Marcos Aurelius y Lucius Verus―, Sextus Julius Africanus y Vegetius ―autor del siglo IV d.C., cuya obra principal es Epítoma rei militaris, también conocida como De re militari (“Compendio de técnica militar) y autor, asimismo, de Digesta Artis Mulomedicinae, tratado de veterinaria sobre las enfermedades de caballos y mulos―, contienen menciones acerca del uso de la información de señales.

Eneas el Táctico escribió un tratado acerca de las medidas que conviene adoptar en ocasión del sitio de una ciudad. Se estima que lo escribió entre 357 y 340 a.C. y en ese tratado “traza una interesante imagen de una pequeña polis de la metrópoli, imagen que resulta mucho más realista que todo lo que puede extraerse de las demás fuentes literarias de dicha época”[12]. Eneas ha proporcionado el primer instructivo en el que recomienda qué hacer ante la inminencia de una guerra: desde recomendaciones sobre provisiones y esclavos hasta medidas sobre seguridad en las comunicaciones[13]. Describió en detalle dieciocho métodos diferentes de envío de mensajes, algunos de ellos empleando sistemas de encriptado[14]. Proponía una vigilancia especial para que entre la ciudad y los exiliados que vivían fuera de ella —considerada una fuente permanente de agitación— no se estableciera ningún tipo de enlace, para lo cual aconsejaba la implementación de la censura en la correspondencia. Del mismo modo proponía un estricto control de ingreso y egreso de la ciudad y que las autoridades debían tomar conocimiento acerca de los forasteros que entraban a la ciudad, dónde se alojarían, además de tener un registro de todos los moradores de la ciudad. Consideraba que, aunque para mantener la ciudad debían reclutarse mercenarios, cuando se efectuasen los ejercicios de alarma los forasteros y mercenarios debían ser trasladados a un área preventivamente asignada por motivos de seguridad[15]. En su tratado se refiere también a la forma correcta de cerrar las puertas de la ciudad, al servicio de la guardia y al sistema de señales, entre otras cosas[16].

Debido a que desde la antigüedad muchas de las operaciones de inteligencia se desarrollaron en forma encubierta, existen pocos registros a los que puedan recurrir los historiadores. Sin embargo, las fuentes conocidas nos permiten apreciar que los decisores en la antigüedad entendieron que las actividades de inteligencia formaban parte del arte de la guerra y que eran muy necesarias para quien ejercía el gobierno. La reunión de información de inteligencia era fundamental al momento de conquistar una ciudad, de ejercer el dominio sobre poblaciones rivales o, como se mencionó en el caso del imperio persa, para controlar a sus propias poblaciones con el objetivo de perpetuar el régimen. 

La inteligencia en la Edad Media y Moderna

En la Edad Media los monarcas también se valieron de emisarios y de informantes que hacían las veces de espías y que se infiltraban entre los enemigos.

Las repúblicas italianas y otros monarcas europeos apelaron al uso de embajadores, quienes representaban a sus gobiernos ante otros estados pero quienes, además, cumplían con la misión de reunir información y noticias de interés que era enviada a sus respectivos gobiernos.

Eavesdroppers, “fisgones”

Las coronas tenían sus eavesdroppers[17], que deriva de eavesdropping, término inglés que se traduce al español por “escuchar secretamente” y que, en la actualidad, pasó a ser utilizado en ámbitos relacionados con la seguridad para referirse, por ejemplo, a las escuchas telefónicas. En español traduciríamos eavesdroppers por “fisgones”. Eaves son aleros en inglés y eavesdropping se refiere al hecho de quedarse en la zona entre la caída del agua de los aleros y la pared de la casa para espiar lo que ocurre dentro.

El período entre 1500 y 1800 puede definirse como de transición. En Occidente los monarcas y los diplomáticos empleaban espías pero éstos no formaban parte de un servicio permanente de inteligencia[18]. Por esos años, el arte de lo secreto y del espionaje estaba más desarrollado y extendido en Oriente, particularmente durante el imperio mogol en India, aproximadamente entre 1550 y 1750, y en China[19]. Emperadores mogoles como Akbar —quien se propuso reivindicar su soberanía sobre los reinos locales para construir un imperio poderoso a partir de una administración centralizada—, su hijo Jahangir (1605-1627), el hijo de éste, Shah Jahan (1627-1658), quien amplió el imperio creado por Akbar y pasó a la historia como el constructor del Taj Mahal, y Aurangzeb (1658-1707), financiaron personalmente un cuerpo de espías con redes entre recolectores de basura, mendigos y comerciantes que reportaban sobre conspiraciones y complots[20].

En Occidente la inteligencia asumió un papel relevante durante dos conflictos: el primero entre Inglaterra y Escocia; el segundo entre Inglaterra y España, conducidas por Isabel I y Felipe II, en las décadas ochenta y noventa del siglo XVI.

Por esos años también Francia desarrolló un entramado de inteligencia tanto dirigido hacia el interior del reino como hacia otras potencias. Fue una de las grandes preocupaciones del cardenal Richelieu (1586-1642) durante su gestión de gobierno. Esta experiencia llevó a que, en torno de 1700, los franceses alcanzasen la reputación de clever spymaster, tal como lo expresa el profesor de Historia de la Univesity of New Hampshire Douglas L. Wheeler[21]. Por este motivo, muchas palabras de esta profesión pasaron al idioma inglés —como cita Wheeler— desde el francés: reconnaissance, reconnoitre o reconnoiter, surveillance, espionnage, aunque esta última se escribe con una sola “n” en inglés, espionage.

En el siglo XVIII se profesionalizó la diplomacia y se estructuraron los ejércitos y las armadas regulares que acompañaron la consolidación del Estado nación. Hasta entonces la actividad de inteligencia dependía directamente de los gobernantes y de los jefes militares. 

La inteligencia en la Edad Contemporánea

Las revoluciones políticas y tecnológicas que tuvieron lugar a partir de 1800 motivaron a los líderes y comandantes a utilizar la inteligencia para propósitos cotidianos y recurriendo a medios tradicionales. Así, en tiempos de paz, bancos, compañías de seguros y mercaderes procuraban información para proteger sus respectivos negocios y expandir sus inversiones. A partir del siglo XIX, acompañando la industrialización, las innovaciones tecnológicas también favorecieron a la inteligencia. El desarrollo de las comunicaciones y de los transportes más rápidos contribuyó en la recolección y diseminación más rápida de la información de inteligencia[22].

En tiempos de guerra se realizaban exploraciones de reconocimiento en cercanías del enemigo, se enviaban espías para descubrir los planes del adversario y se interceptaban mensajes y documentos, entre otras actividades[23].

Es la época de la aparición de los primeros organismos. En 1825 se creó en Rusia la Okhrana, Servicio de Seguridad de los zares rusos que tenía por objetivo descubrir a los opositores: los primeros servicios estaban más destinados a la represión interior y al espionaje con respecto a otras potencias. El caso de Rusia no fue el único. La inteligencia prusiana fue desarrollada por Wilhelm Stieber, al cual el canciller Otto von Bismarck le encargó la creación de una red de espías en el interior de Austria[24]. Bismarck tenía como propósito la unificación de los estados germano parlantes para lo cual debía debilitar el poder del Imperio austrohúngaro. Stieber, quien se recibió de abogado en 1844 y había decidido incorporarse a la policía de Berlín, resolvió casos de alto perfil recurriendo a disfraces para obtener información e infiltrarse en las bandas criminales. Otras técnicas que utilizó fueron la observación cuidadosa, la interceptación de correspondencia y las operaciones encubiertas. Puso en su mira a grupos subversivos, enfrentó a los revolucionarios de 1848[25] y en su mira estuvieron Karl Marx y otros líderes socialistas[26]. Para llevar a cabo la tarea encargada por Bismarck estableció una agencia de noticias como pantalla y desarrolló una amplia red de espías en Austria y “fue el primero en observar que era más seguro usar cientos de hombres, cada uno de los cuales obtenía fragmentos de información, que basarse en unos pocos espías estrella que trabajaran en profundidad”[27]. Su red de espionaje fue la que facilitó las victorias de Prusia en la guerra contra Austria (1866) y contra Francia (1870-1871).

Del mismo modo, debe considerarse la importancia de la inteligencia durante la guerra de Secesión estadounidense (1861-1865). Por ese entonces en los Estados Unidos no existía ninguna organización dedicada a la inteligencia y esa actividad fue manejada de forma descentralizada tanto por la Unión como por la Confederación. Tampoco se utilizaba el término “inteligencia” sino “servicio secreto” y sus oficiales aprendieron acerca de la inteligencia a través de la historia militar[28]. Ambas partes obtuvieron información mediante la interceptación de documentos del enemigo y del correo, a través de la decodificación de mensajes e interrogación de prisioneros[29].

Las telecomunicaciones militares brindaron oportunidades únicas de recopilación de información. Ambos bandos progresaron en las operaciones de interceptación y señales de telégrafo, así como en el criptoanálisis y la criptografía.

El uso del telégrafo constituyó un elemento primordial para el sistema de comunicaciones en tiempos de guerra y el “cifrado” y el “criptoanálisis”, para descifrar el texto cifrado interceptado, estuvieron a la orden del día en este conflicto.

En general, los organismos de inteligencia fueron constituyéndose durante el siglo XX. En el caso de Alemania, su servicio de inteligencia sentó las bases sobre el organismo creado en Prusia en 1866, Amt Auslands und Abwehr o simplemente denominado Abwehr[30]. El organismo quedó fuera de servicio con motivo de la derrota del Imperio alemán en la Primera Guerra Mundial, pero fue reestructurado y abierto nuevamente en 1921, pocos años después de proclamarse la República de Weimar. Cabe destacar que, en las últimas semanas de la guerra, el servicio alemán se abocó a la construcción de una red de espionaje alemana en Argentina con el objetivo de fortalecer la presencia del capital alemán en el mercado argentino y recobrar la importante presencia económica adquirida antes de 1914. Esta operación fue denunciada por los hombres de negocios estadounidenses, quienes observaron una declinación en el número de pedidos de bienes norteamericanos en el mercado argentino.

Abwehr

La Abwehr, organización de inteligencia militar alemana, estuvo operativa hasta la caída de la Alemania Nazi.

Por su parte, la inteligencia británica encuentra sus orígenes en su ejército, más precisamente en el Departamento topográfico. En 1909, con posterioridad a la guerra contra los bóers, fue fundado el Secret Service Bureau que luego dará lugar a la creación del MI5 (Military Intelligence, Section 5)[31]. Hasta ese momento no existió una oficina de inteligencia militar formalmente organizada[32].

Como ya fuera mencionado, por esos años los Estados Unidos no contaban con un servicio de inteligencia, el cual comenzará a ser organizado recién a partir de la Segunda Guerra Mundial. Fue precisamente este conflicto el que potenció la actividad de la inteligencia, la cual fue acompañada por el desarrollo de las comunicaciones y de las tecnologías asociadas. Por esos años, el Reino Unido aún era un imperio colonial expandido por todo el mundo, presencia que le facilitaba obtener información de inteligencia casi en cualquier lugar del planeta, en el marco de los recursos humanos disponibles y de los adelantos tecnológicos que existían por esos años. Cabe agregar que ese conflicto permitió el desarrollo de nuevas tecnologías o la mejora de otras ya existentes.

Los lazos entre la inteligencia británica y la estadounidense encuentran hitos fundamentales durante la Segunda Guerra Mundial. En este sentido, uno de los puntos cruciales de esa cooperación en materia de inteligencia se encuentra en el descifrado de la máquina Enigma, utilizada por las fuerzas alemanas para la transmisión de mensajes utilizando la criptografía (del griego κρυπτος —kryptos— = oculto, secreto, disimulado; γραφη—graphé— = escritura), disciplina científica que tiene por propósito encubrir mensajes a través de la utilización de un algoritmo que, posteriormente, debe permitir volver ese mensaje a su escritura original.

A los efectos de desarrollar la actividad de inteligencia destinada a la interceptación y análisis de información transmitida por medios electromagnéticos (SIGINT), en 1939, los británicos crearon una base militar en una mansión victoriana en Bletchley Park, Buckinghamshire. En la misma llevaron a cabo la tarea de descifrar los códigos que utilizaban los alemanes durante la guerra. En ese sitio desarrollaron e instalaron la primera computadora denominada Colossus bajo la dirección del matemático, filósofo y criptógrafo Alan Turing, considerado uno de los padres de la informática moderna. A juicio de Stephen Hawking fue el matemático más brillante del siglo XX. No obstante, el descifrado del código Enigma se atribuye también a la labor de tres criptógrafos polacos: Marian Rejewski, Henryk Zygalkski y Jerzy Rozycki. Desde 1928 los polacos se encontraban abocados a descifrar el código Enigma, para lo cual utilizaban cuatro estaciones de escucha en Varsovia, Starogard, Poznam y Krzeslawice. Ante la imposibilidad de lograrlo, los militares polacos recurrieron a la asistencia de matemáticos de la Universidad de Poznam, liderados —precisamente— por Marian Rejewski. Con ese propósito los polacos echaron mano a una máquina Enigma comercial, pues originariamente ese invento tenía ese propósito[33].

En vísperas de que estallara la guerra, en julio de 1939, el teniente general Waclaw Stachiewicz —a la sazón, jefe del Estado Mayor de Polonia—, permitió que los secretos acerca del descifrado de Enigma fueran compartidos con los servicios de inteligencia aliados. De este modo, los polacos entregaron a las inteligencias británica y francesa, copias de las máquinas Enigma.

El trabajo realizado en forma conjunta entre británicos y estadounidenses para el descifrado de la máquina Enigma fue el inicio de una colaboración, en materia de inteligencia, que trascendió la Segunda Guerra Mundial y se mantuvo durante la Guerra Fría.

Las fuerzas armadas establecieron una estrecha relación en materia de SIGINT (signals intelligence) que dio origen a la firma de un acuerdo entre los Estados Unidos y el Reino Unido que, originariamente, fue denominado BRUSA, ahora conocido como UKUSA, United Kingdom-United States Security Agreement (National Security Agency, 1940-1956). El objetivo ya no era la Alemania Nazi sino la Unión Soviética, la potencia que había integrado la “extraña alianza” que salió victoriosa de la guerra. Ciertamente, la desconfianza de Churchill durante el conflicto fue confirmada y los entonces aliados bien pronto se abocaron a la tarea del espionaje de sus ex socios. Precisamente, la vigilancia masiva se consolida a partir de este tratado entre el Reino Unido y los Estados Unidos, cuyo objetivo era y es recolectar información de inteligencia en el marco de un sistema bipolar liderado por Estados Unidos y por la Unión Soviética. Demás está decir que fue realizado en forma absolutamente secreta.

Desde entonces las partes colaboran en forma muy estrecha en el intercambio de información de inteligencia. Para llevar adelante su misión, los cinco miembros que conforma la red de espionaje global conocida como Five Eyes o red Echelon —Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda— se han repartido el planeta para rastrillar las comunicaciones a escala global y su funcionamiento fue vital durante la Guerra Fría para espiar al bloque comunista. A pesar de que el bloque comunista ha desaparecido tras la implosión de la Unión Soviética, acaecida en 1991, las actividades de inteligencia entre ambas partes continúan y la red Five Eyes está vigente.

Reunión de Five Eyes en agosto de 2018. El Ministro de Asuntos Interiores, Peter Dutton, el Ministro de Seguridad Pública de Canadá, Ralph Goodale, el Ministro de Justicia de Nueva Zelanda, Andrew Little, el Ministro del Interior británico, Sajid Javid, y el Secretario de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Kirstjen Nielsen, en Gold Coast. En una declaración conjunta, los ministros dijeron que los gobiernos extranjeros, los actores y sus representantes estaban involucrados en “actividades coercitivas, engañosas y clandestinas” para “sembrar la discordia, manipular el discurso público, sesgar el desarrollo de políticas o perturbar los mercados”[34].

De una “desconocida seguridad” a un mundo incierto

El mundo bipolar que se inició poco después de finalizada la Segunda Guerra Mundial y que se extendió hasta 1991 se caracterizó por ser un período dominado por el potencial enfrentamiento bélico entre las superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, y por la amenaza nuclear. Sin embargo, fue un periodo de la historia en el que los escenarios internacionales podían ser previsibles.

El fin de la bipolaridad derivó en un mundo que tendió hacia una alta complejidad que no había sido prevista. Emergieron amenazas que se constituyeron en los principales temas de observación por parte de los organismos de seguridad y de inteligencia a escala global a partir de 1991. Se trata de amenazas que, en general, no provenían de otro Estado sino amenazas causadas por actores no estatales nacionales o transnacionales: terrorismo, narcotráfico, proliferación de armas livianas, de armas químicas o biológicas, de crimen organizado, etc.

A estas cuestiones preocupantes se suman las “guerras comerciales” y la puja entre globalismo y nacionalismo, lo que ha invertido la tradicional posición de los actores: Estados Unidos, presidido por Donald Trump se manifiesta contrario al globalismo, mientras que Rusia y China se constituyen como defensores del internacionalismo.

El considerado fin de la Guerra Fría de ninguna manera ha significado el fin de los conflictos y mucho menos de la incertidumbre. Por el contrario, los conflictos se incrementaron, sobre todo los regionales y los intraestatales

Quien ha puesto más en evidencia la fragilidad y la volatilidad de nuestra sociedad actual fue el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, particularmente al introducir el concepto de modernidad líquida. En su libro Modernidad Líquida explica que la diferencia entre los líquidos y los sólidos es que los primeros no conservan fácilmente una forma durante mucho tiempo y están continuamente dispuestos a cambiarla. Para los líquidos lo que cuenta es el flujo del tiempo y no el espacio que ―como los sólidos― puedan llegar a ocupar[35]. Considera que la “era de la modernidad sólida”, con sus certezas, ha llegado a su fin. Bauman se vale de esta metáfora de la liquidez para explicar la fase actual de la modernidad, caracterizada por la desregulación, la flexibilización, la liberalización de todos los mercados, la disolución de lo público en favor de lo privado, en síntesis, la inestabilidad.

Bauman continuó su elucidación con lo que podemos considerar más relevante desde la inteligencia: “La planificación del futuro desafía nuestros hábitos y costumbres, las capacidades que aprendimos para superar los escollos del camino”[36].

Nos encontramos ante una encrucijada y se hace difícil encontrar el camino a seguir ante un sinnúmero de alternativas que se nos presentan pero que no sabemos hacia dónde nos llevarán. De ahí que Bauman considera importante debatir acerca de la siguiente cuestión: “¿Cómo restablecer el equilibrio entre política y poder? Porque ahora la política es local y el poder global”[37].

En su libro La Sociedad Poscapitalista, Peter F. Drucker[38] también hace referencia a las profundas transformaciones del mundo actual y vaticina, entre otras cosas, que esa será una “sociedad de grandes organizaciones”, tanto oficiales como privadas, que necesariamente operarán en virtud del flujo informativo.

En este contexto de incertidumbres, han tenido lugar una suma de acontecimientos que no fueron percibidos con anterioridad por los servicios de inteligencia. Entre ellos pueden mencionarse el derrumbe del Muro de Berlín por parte de los alemanes (1989) ―parece impropio hablar de “caída” y aún más cuando lo hacemos desde la inteligencia―, la implosión de la Unión Soviética (1991), los ataques del 11 de septiembre (11-S) en Washington y Nueva York (2001), los atentados del 11 de marzo (11-M) en España (2004), la crisis de las hipotecas subprime o “hipotecas basuras” ―que terminó detonando en 2008 con consecuencias de alcance global―, por citar algunos ejemplos.

En esta “sociedad de grandes organizaciones” —como la ha definido Peter Drucker—, las correspondientes a la inteligencia han debido repensar sus funciones, reorganizarse, reestructurarse y adecuarse a la multiplicidad de actores que hoy se encuentran en la mira de las mismas. Parafraseando a Bauman, para la inteligencia, el mundo de la Guerra Fría ―si se considera su final con la implosión de la Unión Soviética, visión que no es compartida por el autor de este trabajo― era de una “realidad sólida” y el posterior de una “realidad líquida”.

A modo de conclusión

En el presente estudio se ha podido observar como la Inteligencia y las Relaciones Internacionales son dos disciplinas que desde la antigüedad han estado interactuando, a veces una sobre la otra, conforme a los escenarios mundiales que se fueron dando a lo largo de la historia. Los ejemplos brindados no dejan duda que ambas disciplinas se entrelazan desde sus orígenes y ha sido así desde entonces, aunque en la actualidad la inteligencia y particularmente la inteligencia estratégica deben considerarse como esenciales en un mundo complejo, diverso e incierto. Para ello, seguramente, deberá considerarse que los servicios tendrán que recurrir a la obtención de información por medios propios en mayor medida, quizás disminuyendo el porcentaje dedicado a las fuentes abiertas.

Un buen servicio de inteligencia debe anticiparse a los hechos a los efectos de evitar las sorpresas, por lo que puede ayudar a evitar que un conflicto escale y derive en una guerra o evitar un ataque terrorista. Incluso durante el transcurso de una guerra, la inteligencia también ayuda a minimizar los riesgos en vidas y en pérdidas materiales. La historia nos da muchos ejemplos de ello.

De ahí que debe ser ponderada por cada Estado que desee brindar seguridad y protección para sus ciudadanos, así como mantener intacta su soberanía nacional.

En la época de Sherman Kent la inteligencia parecía limitarse a la reunión de información, pero ya desde fines del siglo XX la inteligencia comenzó a poner el peso en el análisis. Para ello debe recurrir a lo que se denomina “comunidad ampliada de inteligencia”, concepto por el cual los servicios de inteligencia deben incorporar para sus propósitos a los think tank, para lo que deberán constituir organismos que deberían trabajar como intermediarios entre ellos y esos centros de pensamiento académico, de modo tal de no mostrarse abiertamente en estas actividades.

Las relaciones internacionales y los diversos actores del escenario mundial presentan en la actualidad un dinamismo como nunca antes se ha visto. Los actuales virajes en ciertas posiciones que han sido tradicionales coadyuvan a un incremento de la incertidumbre.

Es evidente que los nuevos escenarios, nacionales, regionales y mundiales, harán aún más necesaria la actividad de la inteligencia estratégica a los fines de obtener la mayor información posible sobre las cuestiones que resulten necesarias, con el objetivo de ofrecer los elementos imprescindibles para proceder a la toma de decisiones. Esto requiere cada vez más equipos multidisciplinarios de profesionales en el seno de los servicios de inteligencia. La complejidad mundial, también demanda prestar atención a lo que expresan sociólogos, filósofos y hombres de otras disciplinas, escritores y artistas incluidos, respecto a sus observaciones del curso que toman las sociedades y las políticas a escala nacional, regional y mundial.

 

* Licenciado en Historia, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Doctor en Relaciones Internacionales, Atlantic International University (AIU), Estados Unidos. Fue docente de la Universidad del Salvador, de la Escuela Superior de Guerra del Ejército Argentino y profesor de “Inteligencia” en la Maestría en Inteligencia Estratégica Nacional de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Referencias

[1] El presente artículo es una síntesis del libro: de los Reyes Giménez, Marcelo Javier. Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones. Buenos Aires, Argentina: Almaluz, 2019, 310 p.

[2] Gustavo Díaz Matey. “La naturaleza del concepto de inteligencia desde el estudio de las Relaciones Internacionales”. Intelligence Press, 21/08/2012, <https://www.intel.press/article3-La-naturaleza-del-concepto-de-inteligencia-desde-el-estudio-de-las-Relaciones-Internacionales>, [consulta: 12/04/2018].

[3] Hans J. Morgenthau. Politics Among Nations. New York: Alfred A. Knopf, 1948. 489 p.

[4] Gustavo Díaz Matey. Op. cit.

[5] Sherman Kent. Inteligencia estratégica. Buenos Aires: Pleamar, 1967, 249 p.

[6] Manfred Wilhelmy. Política internacional: enfoques y realidades. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano (GEL), p. 79.

[7] Alvin Toffler. El cambio del poder. Barcelona: Sudamericana, 1999, p. 345.

[8] Sun Zi. El arte de la guerra. Beijing: Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1996, p. 95.

[9] Bengtson, Hermann. Griegos y persas. El mundo mediterráneo en la edad antigua I. Madrid: Siglo XXI Editores, 1979 (7ª ed.), p. 288 y 347.

[10] Gonzalo Ruiz. “Alejandro Magno: la batalla de Gaugamela, Parte IV”. Sobrehistoria.com, 20/12/2007, <https://sobrehistoria.com/alejandro-magno-la-batalla-de-gaugamela-parte-iv/>, [consulta: 12/01/2008].

[11] Rose Mary Sheldon. “A Guide to Intelligence from Antiquity to Rome”. En: The Intelligence, Journal of U.S. Intelligence Studies, vol. 18, number 3, Summer/Fall 2011, Association of Former Intelligence Officers (AFIO), Virginia, United States.

[12] Bengtson, Hermann. Op. cit., p. 240.

[13] Ídem.

[14] Rose Mary Sheldon. Op. cit.

[15] Bengtson, Hermann. Op. cit., p. 241.

[16] Ídem.

[17] Raúl Sohr Biss. Claves para entender la guerra. Barcelona: Mondadori, 2003, p. 215.

[18] Douglas L. Wheeler. “A Guide to the History of Intelligence in the Age of Empires, 1500-1800”. En: The Intelligencer, Journal of U.S. Intelligence Studies, vol. 18, number 3, Summer/Fall 2011, Association of Former Intelligence Officers (AFIO), Virginia, United States.

[19] Ídem.

[20] Ídem.

[21] Ídem.

[22] Douglas L. Wheeler. “A Guide to the History of Intelligence 1800-1918”. En: The Intelligencer, Journal of U.S. Intelligence Studies, vol. 19, number 1, Winter/Spring 2012, Association of Former Intelligence Officers (AFIO), Virginia, United States.

[23] Ídem.

[24] Wilhelm Stieber: el rey de los sabuesos”. Selecciones Reader’s Digest, 08/11/2017, <https://selecciones.com.mx/wilhelm-stieber-el-rey-de-los-sabuesos/>.

[25] Luego del Congreso de Viena de 1815, la Europa de la Restauración, impulsada por el canciller austríaco príncipe Klemens de Metternich, debió enfrentar tres oleadas sucesivas de revoluciones burguesas que se produjeron en 1820, 1830 y 1848, poniendo fin al denominado “sistema Metternich”.

[26] Ídem.

[27] Ídem.

[28] Edward J Glantz. “Guide to Civil War Intelligence”. En: The Intelligencer, Journal of U.S. Intelligence Studies, vol. 18, number 2, Winter/Spring 2011, Association of Former Intelligence Officers (AFIO), Virginia, United States.

[29] Ídem.

[30] Stephen Wade. Spies in the Empire: Victorian Military Intelligence. Londres: Anthem Press, 2007, p. 157.

[31] “The establishment of the secret service bureau”. Security Service MI5, <https://www.mi5.gov.uk/the-establishment-of-the-secret-service-bureau>, [consulta: 21/08/2018].

[32] Stephen Wade. Op. cit.

[33] “The Enigma: The Secret Weapon of World War II”. En: Polish American Journal (North Boston, NY), octubre de 1990, <http://www.polamjournal.com/Library/APHistory/enigma/enigma.html>.

[34] Primrose Riordan. “Five eyes speak as one on foreign interference”. Weekend Australian, 31/10/2018, <https://www.theaustralian.com.au/nation/foreign-affairs/five-eyes-speak-as-one-on-foreign-interference/news-story/7fcdd18e0cd2ddfc485f5e0f9e45f12d >, [consulta: 21/10/2018].

[35] Zygmunt Bauman. Modernidad líquida. Buenos Aires: FCE, 2004, 232 p.

[36] “Educación Líquida Bauman” (video). Think1.tv (Col·legi Montserrat), 12/03/2012, <https://www.think1.tv/es/video/zygmunt-bauman-educacion-liquida-es>.

[37] Ídem.

[38] Peter Drucker. La sociedad poscapitalista. Buenos Aires: Sudamericana, 1993, 276 p.

Bibliografía

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¿QUÉ HA PASADO CON EL NACIONALISMO ARGENTINO?

Las grandes naciones han surgido a partir de un fuerte sentido nacionalista y Argentina no ha sido la excepción, pero, de un tiempo a esta parte la doctrina del Nuevo Orden Mundial ha sembrado la idea de que éste es un sentimiento perimido, obsoleto y anacrónico; por supuesto, las nuevas ideas son totalmente acordes con su plan de dominio mundial y apropiación de recursos en vistas a un futuro no muy lejano.

El principio de las nacionalidades apareció como una consecuencia de la situación creada por la Revolución Francesa. La abolición de la monarquía volvió a entregar la soberanía en las manos de los pueblos, los cuales deberían definir sus límites y los principios por los que se iban a guiar. Así nacieron el «derecho de los pueblos a disponer de sí mismos» y los partidos políticos.

Tal como lo entendemos, y como se ha venido transmitiendo desde tiempos remotos, podemos decir que:

El nacionalismo es la búsqueda de las leyes que convienen a un país determinado para mantenerse incorrupto en su ser nacional.

El nacionalista, en lo sucesivo, considera la nación como una herencia inalienable, de la cual no tiene el derecho de disponer y que debe transmitir intacta a sus hijos.

Pero, como bien lo explica Auguste-Maurice Barrès:

La nación puede estar amenazada por algo distinto a una agresión exterior; puede perder su voluntad de ser.

Todo, en apariencia, permanece inmutable: el suelo inviolado, los hombres yendo y viniendo a su trabajo y, sin embargo, todo ha sido modificado; sí, en ellos la tradición ha muerto, no saben ya lo que son ni por qué lo son.

En torno a este concepto se ordenan todas las nociones complementarias de lealtad y de tradición, de soberanía y de derecho. Si se abandona, lealtad, tradición, soberanía y derecho pierden todo su significado, falta un punto fijo con respecto al cual ordenarse.

La situación a la que alude Barrès, parece sacada de nuestra Argentina actual, producto de más de tres décadas de destrucción del ser nacional, de nuestros valores, creencias y tradiciones.

¿Se puede revertir esta apremiante situación y volver a ser una de las naciones más pujantes del continente y del mundo? En lo personal, creo que sí es posible, pero debemos cambiar nuestra forma de pensar, de votar y de vivir. Dejar de pensar en la individualidad y hacerlo en vista de la comunidad, que a la larga termina siendo beneficioso en lo personal. Debemos recuperar valores y tradiciones. Debemos plantarnos en la defensa de nuestros recursos y producción. Debemos quitar cada manzana podrida de la casta política y llevar a la gestión pública a aquellos que defiendan lo nacional, justamente lo contrario de lo que hace nuestra casta política actual.

Estamos inmersos en un sistema perverso, lleno de promesas de campaña que una vez logrados los votos que le dan la mayoría, dejan caer en el olvido y se dedican a llenar sus propias arcas, olvidando las promesas de campaña y sumiendo al pueblo en la miseria, exprimiéndolo para seguir siendo la casta dominante, privilegiada y eternizada en el poder.

Argentina ha sido en algún momento de su historia, el “granero del mundo”. Al llegar la IIGM abastecía las necesidades alimentarias de una Europa devastada. Los ingresos eran cuantiosos, pero luego, masas de hombres, que ascendían a millones de individuos, abandonaron el campo para ir a las grandes ciudades a fin de ganarse la vida en calidad de obreros de fábrica en las industrias recientemente creadas. De alguna manera fue el principio de la debacle. Hoy en día, en el mundo hay una gran demanda de alimentos, nosotros tenemos la capacidad de proveerlos sacando provecho de nuestra bendecida tierra, pero por el contrario, nuestros gobiernos de las últimas tres décadas se han dedicado a perseguir y destruir a pequeños y medianos productores, dejando al campo en un estado de emergencia que ojalá pueda revertirse. No es gratuito que al no ocupar el lugar de proveedor, se favorezca a mercados como Ucrania, EEUU y Brasil, no es casualidad, es connivencia.

No podemos competir en industria electrónica ni automotriz con el Tigre asiático, pero sí podemos competir y sobresalir en la industria alimenticia. Hacerlo es una obligación de nuestros gobernantes.

Lamentablemente, desde hace más de tres décadas, nuestros gobernantes, en mayor o menor medida han sido influidos por ideas marxistas. Lo importante es tomar en cuenta que para el marxismo, todo el sistema democrático no es, en el mejor de los casos, más que un medio para llegar a sus fines: se sirve de él para paralizar al adversario y dejar libre su campo de acción. El marxismo apoyará a la democracia mientras no haya logrado, persiguiendo tortuosamente sus designios destructores, ganar la confianza del espíritu nacional que quiere destruir.

Durante las últimas tres décadas, cada gobierno electo por el pueblo se ha dedicado a destruir las fuerzas armadas y de seguridad, dejando indefensa a la Nación ante eventuales hipótesis de conflicto, tanto externas como internas, lo que constituye lisa y llanamente “Alta traición a la Patria”. Cada uno de ellos lo ha hecho esgrimiendo su derecho como “Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas”, derecho que trae consigo obligaciones y castigos por incumplimiento. Por ser cada uno de ellos “Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas” y perpetrar alta traición a la Patria, los debe juzgar la justicia militar…  y la traición se paga con la vida.

¿Pero qué podríamos considerar traición a la Patria?…

En esta primera entrega analizaremos brevemente la gestión de Raúl Alfonsín:

    • La entrega de territorio nacional, con Picton, Lennox y Nueva, (también llamadas islas del Beagle), que trajo por consecuencia la pérdida de la soberanía del paso bioceánico, de porción de la Isla de Tierra del Fuego, (por lo cual debemos de hacer aduana al ir del continente a la isla), de porción del sector antártico, y con ello, de enorme cantidad de recursos económicos producto de la explotación minera, pesquera y petrolera, dejando todos esos recursos en manos del estado chileno.
    • Juzgamiento de los militares que combatieron a la subversión cumpliendo las órdenes del gobierno democrático de la Presidente María Estela Martínez de Perón, según Decreto 2772/75, firmado entre otros políticos, por Ítalo Luder (quien ocupó interinamente la presidencia de la Nación durante una licencia por razones de salud de la Presidente María Estela Martínez de Perón. En este período Luder firmó los decretos 2770, 2771, y 2772, creó un Consejo de Seguridad Interior integrado por el presidente y los jefes de las fuerzas armadas, y extendió a todo el país la política de «aniquilar» el accionar de los «elementos subversivos»), Manuel Arauz Castex (Ministro de Relaciones Exteriores y Culto), Tomás  Vottero (Ministro de Defensa), Carlos Emery (Ministro de Bienestar Social y Salud Pública), Carlos Ruckauf (Ministro de Trabajo), Antonio Cafiero (Ministro de Economía de la Nación) y Ángel Federico Robledo (Ministro del Interior).

Muchos de ellos, transformados en diciembre de 1983 en adalides de la “democracia”, borraron con el codo lo que escribieron con la mano y olvidando las órdenes por ellos emitidas, comenzaron una “caza de brujas” que aún no ha terminado.

El juicio de la Junta Militar en septiembre de 1985 fue la primera andanada de la campaña por «reformar» las Fuerzas Armadas hasta su extinción, mediante operaciones prácticas tales como la guerra psicológica. Ese juicio, orquestado por el gobierno de Raúl Alfonsín y los cabilderos internacionales de los derechos humanos, especialmente los congregados en el gobierno de Jimmy Carter en los Estados Unidos, se copió de los juicios de Nremberg, posteriores a la Segunda Guerra Mundial, a criminales de guerra nazis, con todo y la consigna de «nunca más»

Pero los integrantes de la junta militar, y por extensión toda la institución castrense, fueron enjuiciados, sobre todo, por osar enfrentarse a los británicos, y en segundo lugar por librar la guerra contra la subversión comunista: la llamada «guerra sucia». Esos fueron los delitos por los que se les envió a prisión, transmitiendo un claro mensaje al resto de las Fuerzas Armadas, lo mismo que a la población argentina.

El patriotismo dentro de las fuerzas armadas se pagó muy caro… y aún lo siguen pagando, muchos aún sin sentencia firme. Lo contrario ocurre con aquellos que delinquen y sumen en el miedo a la sociedad argentina en su totalidad.

Como lo documentó el Coronel Seineldín en su alegato ante la Cámara Federal, a lo largo de todo el resto del gobierno de Alfonsín y luego durante el de Carlos Menem, la política del gobierno para con las Fuerzas Armadas ha consistido de una tras otra provocación: hostigamiento y maltrato de oficiales nacionalistas, drásticas reducciones del presupuesto y retiro forzado de personal de alto rango, bajos salarios, el cercenamiento de las capacidades tecnológicas de la institución, y el constante incumplimiento de cualquier promesa de desagraviar la institución y subsanar sus condiciones.

Seineldín explicaba que la política de Alfonsín apuntaba, sobre todo, a destruir la misión de las Fuerzas Armadas en tanto «brazo armado de la Patria», eliminar el concepto de la «hipótesis de conflicto» y, por último, acabar con el papel de la institución como protectora de «los más altos intereses de la Nación». En palabras del mismo Seineldín, ello condujo a «la desmoralización y el deterioro del material y personal de las Fuerzas Armadas y, sobre todo, la desmoralización».

Alfonsín inicia el ataque contra la Iglesia, como fuerza espiritual. Continúa su ataque contra la pequeña y mediana empresa, la empresa industrial y los gremios. La idea era demoler la Argentina tradicional. Pero la maniobra más importante que el doctor Alfonsín realiza fue una maniobra de desculturalización, utilizando las técnicas gramscianas, lo que provoca una desorientación en todo el pueblo argentino, tratando de reemplazar los valores tradicionales por los valores nuevos, o llamémoslos los «anti valores». Tomemos en cuenta que el doctor Alfonsín era un agente de la Segunda Internacional Roja.

Finalizó el gobierno de Alfonsín con una debilidad inmensa de la Iglesia y la proliferación de las sectas; con un fracaso en la dirigencia política producto de los errores, de los desvíos y fundamentalmente por la gran crisis, por la gran corrupción dirigencial que tenía; debilitada la pequeña y mediana empresa y, sobre todo, la industrial y, por supuesto, comienza el endeudamiento, que habíamos quedado que se va a instalar un sistema financiero de especulación.

Pero muy especialmente queda el pueblo argentino en una desorientación total, por la forma como atentaron contra las inteligencias nacionales.

Si esto no constituye alta traición a la Patria, ¿qué lo hará?.

Es hora que los gobernantes comiencen a manejarse con austeridad para poder sacar este maravilloso país adelante. Esperemos lo entiendan de una vez por todas para poder ocupar el lugar que nos merecemos entre las naciones del mundo. Quizás sea hora de releer la historia, que ha demostrado ser cíclica. Miremos a Esparta si es necesario, cuna de grandes guerreros.

“Indiscutiblemente, la sociedad espartana fue austera. Hasta el día de hoy hablamos de la «sobriedad espartana». Lo que pasa es que, en la enorme mayoría de los casos, se la entiende mal. Sobriedad no significa conformarse con menos. Significa no arruinarse la vida deseando más de lo necesario. Ser sobrio significa no gastar toda una existencia persiguiendo lo prescindible. Ser austero no significa ser «menos», o tener «menos». Ser austero significa exigir lo preciso y desechar lo superfluo. No es una cuestión de cantidad. Es una cuestión de sabiduría”.

Es hora de devolver a las Fuerzas Armadas y de seguridad el papel que les corresponde dentro de una Nación constituida. Debe cesar la destrucción sistemática de las últimas tres décadas. Debemos volver a equiparlas y restituir el fuego sagrado que alguna vez fue su norte.

Se deben aplicar las leyes para todos por igual, no debemos olvidar las palabras del General Osiris Villegas:

“Cuando las leyes callan, hablan las armas”.

Hay que terminar con la traición perpetrada a las Fuerzas Armadas, que fueron enviadas a acabar con la subversión marxista y apátrida, restituir el honor y el valor histórico. Que vuelvan a sentir el orgullo de pertenecer a la Fuerza. Que los políticos dejen de sembrar el odio y la marginación a nuestros hombres de armas, no olvidemos la historia, no repitamos viejos errores.

Del siguiente texto, que cierra esta primera entrega, cualquier parecido con nuestra realidad… no es pura coincidencia.

“Nos habían dicho, al abandonar la tierra madre, que partíamos para defender los derechos sagrados de tantos ciudadanos allá lejos asentados, de tantos años de presencia y de tantos beneficios aportados a pueblos que necesitan nuestra ayuda y nuestra civilización.

Hemos podido comprobar que todo era verdad, y porque lo era no vacilamos en derramar el tributo de nuestra sangre, en sacrificar nuestra juventud y nuestras esperanzas. No nos quejamos, pero, mientras aquí estamos animados por este estado de espíritu, me dicen que en Roma se suceden conjuras y maquinaciones, que florece la traición y que muchos, cansados y conturbados, prestan complacientes oídos a las más bajas tentaciones de abandono, vilipendiando así nuestra acción.

No puedo creer que todo esto sea verdad, y, sin embargo, las guerras recientes han demostrado hasta qué punto puede ser perniciosa tal situación y hasta dónde puede conducir.

Te lo ruego, tranquilízame lo más rápidamente posible y dime que nuestros conciudadanos nos comprenden, nos sostienen y nos protegen como nosotros protegemos la grandeza del Imperio.

Si ha de ser de otro modo, si tenemos que dejar vanamente nuestros huesos calcinados por las sendas del desierto, entonces, ¡cuidado con la ira de las Legiones!”

MARCUS FLAVINIUS

(Centurión de la 2* Cohorte de la Legión Augusta, a su primo Tertullus, de Roma).

Por Der Landsmann para SAEEG.


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Bibliografía:

  • Doctrines du Nationalisme, Jacques Ploncard d’Assac.
  • “El complot para aniquilar a las Fuerzas Armadas y a las naciones de Iberoamérica” – Gretchen Small y Dennis Small (coord.).
  • Denes Martos – Los Espartanos.
  • Jean Larteguy – Los Centuriones.

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