{"id":9650,"date":"2025-06-25T20:18:00","date_gmt":"2025-06-25T23:18:00","guid":{"rendered":"https:\/\/saeeg.org\/?p=9650"},"modified":"2025-06-26T03:30:39","modified_gmt":"2025-06-26T06:30:39","slug":"washington-entre-tel-aviv-y-teheran-la-politica-exterior-de-ee-uu-ante-la-guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/saeeg.org\/index.php\/2025\/06\/25\/washington-entre-tel-aviv-y-teheran-la-politica-exterior-de-ee-uu-ante-la-guerra\/","title":{"rendered":"WASHINGTON ENTRE TEL AVIV Y TEHER\u00c1N: LA POL\u00cdTICA EXTERIOR DE EE.UU. ANTE LA GUERRA"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\"><strong><em>Mateo Patelli*<\/em><\/strong><\/span><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"646\" height=\"472\" src=\"https:\/\/saeeg.org\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/PATELLI-WASHINGTON-TEL-AVIV-TEHERAN.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-9651\" srcset=\"https:\/\/saeeg.org\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/PATELLI-WASHINGTON-TEL-AVIV-TEHERAN.jpg 646w, https:\/\/saeeg.org\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/PATELLI-WASHINGTON-TEL-AVIV-TEHERAN-300x219.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 646px) 100vw, 646px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\"><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/span><\/h5>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif; font-size: 10pt;\"><strong><em>\u00abEn el mundo an\u00e1rquico del sistema internacional, es mejor parecerse a Godzilla que a Bambi\u00bb.<\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif; font-size: 10pt;\"><strong>John Mearsheimer<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">T. S. Eliot escribi\u00f3 alguna vez \u00abel mundo no terminar\u00e1 con un estruendo, sino con un gemido\u00bb. Pero en los m\u00e1rgenes ardientes del Medio Oriente, el gemido y el estruendo parecen confundirse en un mismo eco. Desde la academia se han ensayado m\u00faltiples intentos por explicar la pugna \u2014casi teol\u00f3gica\u2014 entre Israel e Ir\u00e1n. Sin embargo, muchas de esas interpretaciones tienden a agotarse en lecturas ideol\u00f3gicas antes que estructurales, m\u00e1s preocupadas por imputaciones morales que por desentra\u00f1ar los equilibrios de poder y las l\u00f3gicas de inter\u00e9s que configuran el sistema internacional.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">En ese panorama, sobresale una obra que, pese a su escasa presencia en las c\u00e1tedras de pol\u00edtica internacional, ha provocado un profundo debate en la academia y los c\u00edrculos de formulaci\u00f3n de pol\u00edtica exterior: <em>The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy<\/em>, escrita por John Mearsheimer y Stephen Walt. En la misma los autores \u2015referentes de la escuela neorrealista\u2015 desandan los hilos del paternalismo autom\u00e1tico de los Estados con su par israel\u00ed y buscar\u00e1n dar respuesta a una de las preguntas m\u00e1s inquietantes de la pol\u00edtica mundial contempor\u00e1nea: <strong>\u00bfpor qu\u00e9 Estados Unidos mantiene un apoyo incondicional hacia Israel, incluso cuando dicho v\u00ednculo parece contradecir sus intereses estrat\u00e9gicos m\u00e1s amplios?<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">La guerra entre Israel e Ir\u00e1n devuelve a primer plano las tesis centrales de dicha obra publicada en 2006, al reavivar interrogantes sobre el verdadero alcance del alineamiento estrat\u00e9gico entre Washington y Tel Aviv. En un escenario atravesado por una peligrosa escalada regional, la intervenci\u00f3n \u2015ya sea directa o por interp\u00f3sitos actores\u2015 de Estados Unidos parece responder menos a un c\u00e1lculo racional de intereses nacionales que a la persistencia de una alianza profundamente enraizada en factores culturales, pol\u00edticos y lobbies dom\u00e9sticos. Mearsheimer y Walt anticiparon precisamente este tipo de din\u00e1micas: una pol\u00edtica exterior condicionada no solo por las exigencias del realismo cl\u00e1sico, sino por la influencia persistente de un entramado de actores con capacidad de incidir en la toma de decisiones del Congreso, el Ejecutivo y los medios de comunicaci\u00f3n estadounidenses.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">La guerra no solo confirma aquel diagn\u00f3stico, sino que lo intensifica y lo proyecta sobre nuevas coordenadas geopol\u00edticas. En un escenario internacional que pensadores como Aleksndr Dugin han caracterizado como el advenimiento de un \u00ab<em>mundo multipolar\u00bb,<\/em> la escalada b\u00e9lica ha reactivado \u2015contra lo que suele asumirse en los an\u00e1lisis convencionales\u2015 los impulsos mesi\u00e1nicos de Washington en las tierras santas de Oriente Pr\u00f3ximo. Estos impulsos, de raigambre hist\u00f3rica y cultural, aparecen precisamente en el momento en que Estados Unidos se enfrenta a una redefinici\u00f3n estrat\u00e9gica de su rol global, alimentando una tensi\u00f3n constitutiva entre su legado hegem\u00f3nico y la pretensi\u00f3n, al menos declarativa, de contenci\u00f3n geopol\u00edtica.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">Este dilema encuentra una expresi\u00f3n particularmente n\u00edtida en el interior del universo ideol\u00f3gico del trumpismo. El repliegue estrat\u00e9gico de los Estados Unidos respecto del orden liberal internacional forjado tras la Segunda Guerra Mundial constituy\u00f3, sin lugar a duda, la promesa m\u00e1s audaz \u2015y acaso la m\u00e1s coherente\u2015 del proyecto pol\u00edtico de Donald Trump en su regreso a la Casa Blanca. Esta agenda cont\u00f3 con un respaldo s\u00f3lido por parte del n\u00facleo duro del nuevo Partido Republicano, representado por figuras como Steve Bannon, as\u00ed como por corrientes conservadoras de orientaci\u00f3n aislacionista, encarnadas en referentes como Peter Navarro o Tulsi Gabbard. Incluso Elon Musk, entonces un actor clave dentro del ecosistema trumpista, desempe\u00f1\u00f3 un rol significativo en la reconfiguraci\u00f3n de la proyecci\u00f3n internacional estadounidense, al promover el desmantelamiento de buena parte de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), lo que deriv\u00f3 en el cierre de aproximadamente el 83 % de sus programas de asistencia exterior.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">La esperada restricci\u00f3n de la pol\u00edtica intervencionista de los Estados Unidos en los asuntos mundiales, sin embargo, se enfrenta hoy a una encrucijada tan decisiva como inc\u00f3moda. La pol\u00edtica exterior del trumpismo oscila entre dos impulsos en abierta tensi\u00f3n: por un lado, la voluntad declarada de desinversi\u00f3n militar en escenarios de conflicto cr\u00f3nico como Medio Oriente; por el otro, la persistencia de una ret\u00f3rica beligerante, muchas veces alentada por la presi\u00f3n de aliados estrat\u00e9gicos de Israel profundamente insertos en los engranajes del sistema pol\u00edtico estadounidense.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">No obstante, a medida que se intensifica la estrategia de guerra preventiva emprendida por Israel \u2015justificada en el presunto desarrollo de capacidades nucleares por parte de la teocracia iran\u00ed\u2015, los Estados Unidos parecen cada vez m\u00e1s cerca de reinsertarse activamente en el complejo y vol\u00e1til tablero de Medio Oriente. Al momento de redactar este art\u00edculo, el presidente Donald Trump ha confirmado el bombardeo con aviones B2 de tres instalaciones nucleares iran\u00edes ubicadas Fordo, Natanz e Isfahan, lo que sugiere una posible escalada del involucramiento estadounidense en el conflicto. Esta inclinaci\u00f3n responde en parte a la inercia hist\u00f3rica de su rol como potencia hegem\u00f3nica; sin embargo, las profundas fracturas internas que atraviesan su pol\u00edtica exterior dotan de incertidumbre y ambivalencia a cada decisi\u00f3n. El dilema excede con creces el plano estrictamente militar: lo que se encuentra en disputa es, en \u00faltima instancia, la arquitectura misma del orden internacional. En este contexto, se vuelve cada vez m\u00e1s evidente la contradicci\u00f3n estructural que aqueja al poder estadounidense: una potencia que aspira a sostener su liderazgo global mientras, simult\u00e1neamente, ensaya formas de repliegue estrat\u00e9gico frente al ascenso chino, en un intento por recomponer su fuerza desde adentro.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">A los fines de vislumbrar los horizontes estrat\u00e9gicos, me propongo delinear al menos tres niveles de an\u00e1lisis que permitan una aproximaci\u00f3n al laberinto en el que hoy se debate la proyecci\u00f3n global del poder estadounidense.<\/span><\/p>\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\"><strong>Capas del poder: una anatom\u00eda del laberinto estrat\u00e9gico de Estados Unidos<\/strong><\/span><\/h5>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">El primer nivel de an\u00e1lisis remite a la <strong>din\u00e1mica interna de la agenda p\u00fablica<\/strong> en los Estados Unidos. Desde una perspectiva neorrealista, resulta central observar c\u00f3mo los factores dom\u00e9sticos \u2015tradicionalmente considerados secundarios en el an\u00e1lisis estructural del sistema internacional\u2015 pueden condicionar de manera significativa la conducta externa de una superpotencia. Tal como sostienen John Mearsheimer y Stephen Walt, la arquitectura institucional del r\u00e9gimen pol\u00edtico estadounidense \u2015caracterizada por una divisi\u00f3n de poderes robusta, un federalismo competitivo y una notable apertura a la influencia de actores no estatales\u2015 configura un entorno especialmente receptivo a la acci\u00f3n de grupos de presi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">En este marco, los intereses organizados cuentan con m\u00faltiples v\u00edas para incidir en el proceso de formulaci\u00f3n de pol\u00edticas exteriores: desde el cabildeo directo sobre legisladores y funcionarios del Ejecutivo, hasta el financiamiento de campa\u00f1as, la movilizaci\u00f3n electoral o las estrategias de modelado de la opini\u00f3n p\u00fablica. Esta influencia se vuelve decisiva cuando el grupo movilizado se compromete con una causa espec\u00edfica que no despierta una atenci\u00f3n proporcional por parte de la ciudadan\u00eda general. En tales escenarios, los responsables pol\u00edticos tienden a responder a las demandas del sector m\u00e1s activo, seguros de que el electorado mayoritario no impondr\u00e1 un castigo pol\u00edtico.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">En este contexto, el <em>israel lobby<\/em> no se distingue por pr\u00e1cticas conspirativas \u2015como postulan algunos discursos antisemitas\u2015, sino por su eficacia organizativa y estrat\u00e9gica. Su l\u00f3gica operativa no difiere sustancialmente de la de otros grupos de presi\u00f3n sectoriales o identitarios; su excepcionalidad reside en su capacidad para construir consensos bipartidarios, movilizar recursos a gran escala y asegurar un alineamiento sostenido entre los intereses israel\u00edes y la pol\u00edtica exterior de Washington. Esta eficacia se ve amplificada por la ausencia de un contrapoder pro\u00e1rabe de escala comparable que pueda equilibrar el debate o disputar el sentido com\u00fan en los \u00e1mbitos legislativo y medi\u00e1tico.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">La consecuencia de este desequilibrio no es menor: la centralidad de la causa israel\u00ed en la pol\u00edtica exterior de Washington ha devenido en una forma de paternalismo diplom\u00e1tico que, lejos de obedecer a una l\u00f3gica de intereses estrat\u00e9gicos estrictamente definidos, parece responder a un patr\u00f3n de compromisos autom\u00e1ticos. Esta din\u00e1mica, argumentan Mearsheimer y Walt, erosionan la capacidad de c\u00e1lculo racional de la pol\u00edtica exterior estadounidense, dado que el respaldo sistem\u00e1tico al Estado de Israel no ha redundado, en t\u00e9rminos emp\u00edricos, en beneficios tangibles o sostenibles para los intereses nacionales de Estados Unidos. Por el contrario, ha contribuido en muchos casos a comprometer su legitimidad internacional, deteriorar sus relaciones con el mundo \u00e1rabe y arrastrarlo a conflictos de baja rentabilidad geopol\u00edtica. En \u00faltima instancia, se trata de una anomal\u00eda sist\u00e9mica que socava la racionalidad estructural que el realismo pretende preservar en el an\u00e1lisis de la pol\u00edtica internacional.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">El respaldo sistem\u00e1tico al Estado de Israel configura lo que podr\u00eda denominarse un proceso de <em>securitizaci\u00f3n selectiva<\/em>, en el que ciertos intereses particulares son elevados al estatus de amenazas existenciales para el conjunto del sistema pol\u00edtico. Esta l\u00f3gica, conceptualizada por Barry Buzan y los te\u00f3ricos de la Escuela de Copenhague, permite comprender c\u00f3mo intereses privados o sectoriales pueden desplazar la agenda de seguridad nacional a trav\u00e9s de pr\u00e1cticas discursivas y presi\u00f3n institucional.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">Robert Gilpin advierte que los sistemas internacionales tienden a entrar en crisis cuando las potencias dominantes, en lugar de ajustar sus compromisos a su poder real, adoptan agendas que comprometen su estabilidad y aceleran su declive. En este sentido, el alineamiento autom\u00e1tico con Israel no parece obedecer a un c\u00e1lculo estrat\u00e9gico basado en la maximizaci\u00f3n del poder relativo, sino a una forma de captura institucional que distorsiona el equilibrio entre intereses globales y presiones dom\u00e9sticas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">La magnitud del respaldo estadounidense a Israel ilustra emp\u00edricamente esta anomal\u00eda. Desde la guerra de octubre de 1973, Washington ha proporcionado a Israel un nivel de apoyo que supera con creces al destinado a cualquier otro Estado. Desde 1976 ha sido el principal receptor anual de asistencia econ\u00f3mica y militar directa, acumulando \u2014solo hasta 2004\u2014 m\u00e1s de 140 mil millones de d\u00f3lares (a valores constantes), lo cual representa aproximadamente una quinta parte del presupuesto de ayuda exterior de Estados Unidos. A modo ilustrativo, esta transferencia equivale a cerca de 3 mil millones de d\u00f3lares anuales, o unos 500 d\u00f3lares por ciudadano israel\u00ed, a pesar de que Israel es una econom\u00eda avanzada, con un ingreso per c\u00e1pita comparable al de pa\u00edses como Corea del Sur o Espa\u00f1a.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">La Primera Guerra del Golfo (1990\u20131991) revel\u00f3 hasta qu\u00e9 punto Israel se estaba convirtiendo en una carga estrat\u00e9gica: Washington no pod\u00eda utilizar bases israel\u00edes sin arriesgar la cohesi\u00f3n de la coalici\u00f3n \u00e1rabe contra Irak, y se vio obligado a desviar recursos \u2015como bater\u00edas de misiles Patriot\u2015 para evitar una reacci\u00f3n unilateral de Tel Aviv que pudiera desestabilizar la alianza. La situaci\u00f3n se repiti\u00f3 en 2003. Aunque Israel presionaba por una intervenci\u00f3n estadounidense en Irak, el presidente George W. Bush no pod\u00eda aceptar p\u00fablicamente su colaboraci\u00f3n militar sin provocar una reacci\u00f3n adversa en el mundo \u00e1rabe. En consecuencia, Israel se mantuvo al margen una vez m\u00e1s, evidenciando que su involucramiento directo pod\u00eda restar m\u00e1s de lo que sumaba en t\u00e9rminos de capital diplom\u00e1tico.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">En segundo t\u00e9rmino, <strong>las disputas internas<\/strong> que atraviesan al universo ideol\u00f3gico del trumpismo configuran un escenario particularmente complejo para el ejercicio del liderazgo presidencial. Esta tensi\u00f3n fue advertida tempranamente por el fil\u00f3sofo ruso Aleksandr Dugin en <em>The Trump Revolution<\/em>, donde esboza tres grandes incertidumbres que marcar\u00edan el rumbo de la nueva era inaugurada por la irrupci\u00f3n de Donald Trump. Si bien el an\u00e1lisis de Dugin merecer\u00eda un tratamiento espec\u00edfico en otro trabajo, resulta pertinente se\u00f1alar que una de esas incertidumbres alude, precisamente, a la fragilidad estructural del liderazgo trumpista y a la encrucijada hist\u00f3rica del movimiento <em>Make America Great Again<\/em> (MAGA).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">En el interior del movimiento MAGA pueden identificarse al menos dos niveles de conflicto ideol\u00f3gico que estructuran su din\u00e1mica interna y condicionan sus m\u00e1rgenes de proyecci\u00f3n estrat\u00e9gica.<\/span><\/p>\n<ul>\n<li style=\"list-style-type: none;\">\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">En un primer nivel, se evidencia una fractura doctrinaria entre dos grandes corrientes: por un lado, la derecha tecno-optimista, asociada a una visi\u00f3n postnacional, disruptiva e impulsada por la innovaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, representada emblem\u00e1ticamente por figuras como Elon Musk; por el otro, la derecha tradicionalista, nacionalista y antiprogresista, encarnada por Steve Bannon y por sectores del paleoconservadurismo cristiano.<\/span><\/li>\n<li><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">En un segundo plano anal\u00edtico, emerge una tensi\u00f3n de naturaleza geopol\u00edtica m\u00e1s profunda: la hist\u00f3rica contraposici\u00f3n entre intervencionismo y aislacionismo, dos corrientes que han moldeado la tradici\u00f3n republicana desde los inicios del siglo XX. Mientras que el intervencionismo \u2015representado hist\u00f3ricamente por figuras como Lindsey Graham, George W. Bush o John McCain\u2015 postula una proyecci\u00f3n global activa, legitimada por imperativos de seguridad y una vocaci\u00f3n universalista de cu\u00f1o wilsoniano, el aislacionismo \u2015cuyo referente paradigm\u00e1tico puede hallarse en Ron Paul\u2015 defiende una retirada selectiva del escenario internacional.<\/span><\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">Sin embargo, la estrategia de pol\u00edtica exterior impulsada por la administraci\u00f3n Trump desborda esta dicotom\u00eda tradicional. En efecto, su primer mandato (2017\u20132021) articul\u00f3 una praxis de repliegue estrat\u00e9gico, que no se inscribe ni en el aislacionismo cl\u00e1sico ni en el intervencionismo hegem\u00f3nico. Ejemplos como la reducci\u00f3n sustancial de tropas en Afganist\u00e1n o la apertura de un canal diplom\u00e1tico sin precedentes con Corea del Norte ilustran este giro: un desplazamiento desde el universalismo liberal hacia una racionalidad geopol\u00edtica transaccional, donde las alianzas se subordinan a la reciprocidad material y los compromisos se renegocian bajo una l\u00f3gica de costo-beneficio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">En t\u00e9rminos prospectivos, la proyecci\u00f3n discursiva del trumpismo durante su segunda gesti\u00f3n tiende a profundizar esta orientaci\u00f3n. Su narrativa exhibe un desapego creciente respecto del andamiaje institucional del orden liberal internacional, gestado en los acuerdos de Bretton Woods y sostenido por organismos multilaterales como las Naciones Unidas, el FMI o la OTAN. Desde esta perspectiva, el liderazgo estadounidense en ese orden ya no es percibido como un activo estrat\u00e9gico, sino como una carga onerosa que compromete los intereses vitales de la naci\u00f3n. Lejos de reproducir la doctrina wilsoniana de expansi\u00f3n democr\u00e1tica y gobernanza global, el trumpismo postula una reconfiguraci\u00f3n profunda del rol de Estados Unidos en el sistema internacional, centrada en tres pilares: la primac\u00eda del inter\u00e9s nacional como principio rector, una desconfianza estructural hacia las instituciones multilaterales y una l\u00f3gica transaccional en las relaciones exteriores.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">Sin embargo, esta estrategia de repliegue selectivo y recentramiento soberano encuentra hoy, ante la intervenci\u00f3n estadounidense en Ir\u00e1n, un quiebre significativo. La creciente presi\u00f3n ejercida por sectores favorables a la defensa irrestricta de Israel mina toda posibilidad de sostener una pol\u00edtica exterior plenamente coherente con los postulados no intervencionistas que ciertos sectores del trumpismo \u2015incluso Trump mismo\u2015 ha reivindicado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">En efecto, en el marco de esta reconfiguraci\u00f3n doctrinaria, la cuesti\u00f3n israel\u00ed no remite a un cuerpo ideol\u00f3gico unificado, sino que revela un clivaje interno persistente. Aunque el respaldo a Israel ha constituido, durante d\u00e9cadas, un punto de convergencia bipartidista dentro del <em>establishment<\/em> pol\u00edtico estadounidense, el trumpismo ha introducido una fractura relevante en esa tradici\u00f3n. En su seno coexisten \u2015en tensi\u00f3n permanente\u2015 dos vertientes claramente diferenciadas: por un lado, una corriente nacionalista de orientaci\u00f3n no intervencionista, esc\u00e9ptica de todo tipo de proyecci\u00f3n militar exterior, cr\u00edtica del gobierno israel\u00ed y partidaria de una geopol\u00edtica centrada en el repliegue soberano; por el otro, una facci\u00f3n evang\u00e9lico-sionista, estrechamente alineada con los intereses del Estado de Israel, al que no solo consideran un socio estrat\u00e9gico en Medio Oriente, sino tambi\u00e9n un actor providencial dentro de una narrativa teol\u00f3gico-mesi\u00e1nica de matriz milenarista. Mearsheimer y Walt en su libro advert\u00edan sobre este tipo de interpretaci\u00f3n escatol\u00f3gica del cristianismo evang\u00e9lico sobre Israel. Los autores incluso citan una declaraci\u00f3n de Benjamin Netanyahu, quien en 2005 sostuvo que los \u00ab<em>cristianos sionistas ser\u00edan los mejores aliados de Israel en el futuro\u00bb.<\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">Esta fisura doctrinaria se manifest\u00f3 con particular nitidez en una entrevista reciente protagonizada por Tucker Carlson \u2015ex comentarista de Fox News y figura central del ecosistema medi\u00e1tico conservador\u2015 y el senador Ted Cruz, uno de los portavoces m\u00e1s vehementes del alineamiento proisrael\u00ed en el seno del Partido Republicano. El intercambio, de tono frontal desde sus primeras l\u00edneas, puso en evidencia la profundidad del desacuerdo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\"><em>\u00abUsted ha apoyado un cambio de r\u00e9gimen en Ir\u00e1n, no s\u00f3lo la eliminaci\u00f3n de instalaciones nucleares. \u00bfC\u00f3mo lucir\u00eda ese cambio?\u00bb, <\/em>pregunt\u00f3 Carlson.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">A lo que Cruz respondi\u00f3 sin ambages:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">\u00ab<em>Alguien m\u00e1s a cargo. A Estados Unidos le va mejor con un pa\u00eds que tenga un l\u00edder que quiera ser nuestro amigo, no uno que quiera matarnos.\u00bb<\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">Este episodio no solo visibiliza el clivaje interno que atraviesa al trumpismo en relaci\u00f3n con la pol\u00edtica hacia Medio Oriente, sino que tambi\u00e9n expone las crecientes dificultades para articular un consenso sostenido dentro del Partido Republicano en torno al lugar estrat\u00e9gico que debe ocupar Israel en el dise\u00f1o de la pol\u00edtica exterior estadounidense.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">M\u00e1s all\u00e1 del caso puntual, el intercambio evidencia la tensi\u00f3n estructural entre dos concepciones antag\u00f3nicas del orden global: una, centrada en la defensa de un sistema internacional moldeado a imagen de los intereses estrat\u00e9gicos estadounidenses; otra, cada vez m\u00e1s inclinada a desmontar ese mismo orden en nombre de la autonom\u00eda soberana, el bilateralismo selectivo y la contenci\u00f3n del sobreextensi\u00f3n imperial.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">La guerra en curso reactualiza \u2015de forma tan parad\u00f3jica como sintom\u00e1tica\u2015 las tensiones latentes en el <em>mainstream<\/em> de la pol\u00edtica exterior estadounidense y, al mismo tiempo, revive los viejos reflejos ideol\u00f3gicos del neoconservadurismo articulado durante la administraci\u00f3n de George W. Bush. Lejos de constituir un fen\u00f3meno marginal, este retorno discursivo y doctrinario sugiere la persistencia de una matriz intervencionista que, si bien fue desacreditada tras los fracasos en Irak y Afganist\u00e1n, conserva una capacidad latente de reorganizaci\u00f3n ante contextos de crisis internacional.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">En este marco, incluso las recientes declaraciones del senador Ted Cruz evocan los postulados m\u00e1s duros de aquella doctrina. Su apelaci\u00f3n a un \u00abcambio de r\u00e9gimen\u00bb en Ir\u00e1n remite a la l\u00f3gica transformacional que estructur\u00f3 la visi\u00f3n estrat\u00e9gica de figuras como Paul Wolfowitz, quien en plena efervescencia post-11S lleg\u00f3 a afirmar que \u00ab<em>tiene que haber un cambio de r\u00e9gimen en Siria\u00bb<\/em>, o de Richard Perle, quien declar\u00f3 a un periodista que se pod\u00eda enviar un mensaje breve, de dos palabras, a otros reg\u00edmenes hostiles de Medio Oriente: \u00ab<em>Son los siguientes\u00bb.<\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">Donald Trump est\u00e1, sin lugar a duda, en el epicentro de esta encrucijada geopol\u00edtica. El d\u00eda posterior al 16 de junio \u2015fecha que marc\u00f3 el inicio de las hostilidades israel\u00edes contra objetivos iran\u00edes\u2015, su equipo de campa\u00f1a emiti\u00f3 un comunicado en el que se aclaraba que los Estados Unidos no hab\u00edan dado su consentimiento a dicha operaci\u00f3n militar. Apenas 48 horas m\u00e1s tarde, el propio Trump rechaz\u00f3 p\u00fablicamente el plan presentado por el primer ministro israel\u00ed, Benjamin Netanyahu, para ejecutar un ataque selectivo contra el ayatol\u00e1 Al\u00ed Khamenei, dejando en evidencia la ambig\u00fcedad \u2015y, en cierto sentido, la fragilidad\u2015 de su posicionamiento frente a la cuesti\u00f3n iran\u00ed.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">El posicionamiento de Trump en la regi\u00f3n ha experimentado incluso un quiebre respecto a su primer mandato. En 2018 orden\u00f3 la retirada de las tropas estadounidenses de Siria, lo que provoc\u00f3 la renuncia de su secretario de Defensa, James Mattis, quien se opuso a dicha decisi\u00f3n, considerando que dejaba a los aliados kurdos en una situaci\u00f3n vulnerable y debilitaba la postura de Estados Unidos frente a Rusia e Ir\u00e1n. Si bien el trumpismo se ha inclinado hacia un repliegue estrat\u00e9gico, al menos en comparaci\u00f3n con las administraciones anteriores, su intervenci\u00f3n en Ir\u00e1n marca una clara desviaci\u00f3n de esa tendencia. Este episodio cristaliza con nitidez el dilema pol\u00edtico y geoestrat\u00e9gico que enfrenta el expresidente: Trump oscila entre su impulso por desmarcarse del intervencionismo tradicional y las exigencias de una pol\u00edtica exterior que contin\u00faa operando bajo coordenadas estructurales de hegemon\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">Por \u00faltimo, <strong>el factor estrat\u00e9gico a nivel sist\u00e9mico. <\/strong>Un incremento de la intervenci\u00f3n estadounidense en un conflicto abierto entre Israel e Ir\u00e1n tendr\u00eda implicancias que trascienden lo regional, reconfigurando potencialmente las coordenadas del sistema internacional. En un escenario caracterizado por una transici\u00f3n hegem\u00f3nica incipiente, tal como ha sido conceptualizado por el pol\u00edtico chino Shiping Tang \u2015uno de los referentes te\u00f3ricos del neorrealismo defensivo\u2015 las potencias dominantes tienden a interpretar las crisis regionales no como episodios aislados, sino como expresiones sintom\u00e1ticas de un orden en declive. Esta percepci\u00f3n suele inducir respuestas sobredimensionadas \u2015intervenciones de alta intensidad o compromisos desproporcionados\u2015 que, lejos de consolidar su primac\u00eda, aceleran el desgaste de sus capacidades materiales y simb\u00f3licas. Es lo que Organsky denomina el <em>s\u00edndrome de la sobrerreacci\u00f3n sist\u00e9mica<\/em>: una tendencia de las potencias declinantes a actuar de forma excesiva frente a amenazas percibidas, a menudo incentivadas por presiones internas o alianzas estrat\u00e9gicas asim\u00e9tricas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">La reciente operaci\u00f3n militar ordenada por la administraci\u00f3n Trump puede ser interpretada como una victoria p\u00edrrica del lobby israel\u00ed y de las corrientes intervencionistas que a\u00fan persisten en el aparato gubernamental estadounidense. Esto supone, en esencia, una colusi\u00f3n entre el primer aparataje ideol\u00f3gico del trumspimo respecto a Ir\u00e1n, y los sectores neoconservadores que a\u00fan conviven en tensa relaci\u00f3n con el nuevo <em>Grand Old Party<\/em>. Si bien representa una concesi\u00f3n simb\u00f3lica a las presiones crecientes por adoptar una postura m\u00e1s agresiva frente a Ir\u00e1n, sus efectos estrat\u00e9gicos son, en el mejor de los casos, limitados, y refuerzan la imagen de una potencia atrapada entre compromisos contradictorios y presiones ex\u00f3genas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">No se trata, en modo alguno, de una alarma novedosa. Desde al menos 2003, el primer ministro israel\u00ed Benjam\u00edn Netanyahu ha sostenido reiteradamente que Ir\u00e1n se encuentra \u00aba pocos pasos\u00bb de adquirir capacidad nuclear. M\u00e1s de dos d\u00e9cadas despu\u00e9s, la insistencia en esa inminencia plantea leg\u00edtimas dudas respecto de la veracidad o al menos la proporcionalidad de dichas afirmaciones. Esta estrategia de sobredramatizaci\u00f3n no solo ha buscado movilizar apoyos diplom\u00e1ticos, sino que tambi\u00e9n ha servido como herramienta para justificar una agenda regional agresiva por parte del Estado israel\u00ed.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">El renovado envalentonamiento de Israel ha venido acompa\u00f1ado de un activismo intensificado del lobby proisrael\u00ed en Estados Unidos, particularmente en torno a la necesidad de frenar \u2015por medios coercitivos si es necesario\u2015 el avance del programa nuclear iran\u00ed. Sin embargo, pese al c\u00famulo de medidas adoptadas \u2015incluyendo sanciones multilaterales, ciberoperaciones como el ataque con Stuxnet, y diversas iniciativas diplom\u00e1ticas fallidas\u2015, la pol\u00edtica exterior estadounidense ha cosechado logros escasos y fragmentarios. Teher\u00e1n, lejos de ceder ante la presi\u00f3n, ha mostrado una voluntad sostenida de desarrollar sus capacidades nucleares, articulando dicho proceso dentro de una estrategia de disuasi\u00f3n racional frente a un entorno regional crecientemente hostil. A fin de cuentas, lejos de desalentar el comportamiento revisionista de Ir\u00e1n, la presi\u00f3n unilateral de los Estados Unidos ha consolidado su percepci\u00f3n de vulnerabilidad estrat\u00e9gica, reforzando los incentivos internos para la nuclearizaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">Podr\u00eda sostenerse que el Estado de Israel y su red de apoyos en Washington no han sido los \u00fanicos factores determinantes de la pol\u00edtica estadounidense hacia Ir\u00e1n, dado que existen razones estructurales para que Estados Unidos busque impedir la nuclearizaci\u00f3n de la Rep\u00fablica Isl\u00e1mica. En efecto, el control de la proliferaci\u00f3n ha sido hist\u00f3ricamente un eje central de la estrategia de seguridad nacional estadounidense. Sin embargo, incluso concediendo ese punto, debe reconocerse que las ambiciones nucleares de Ir\u00e1n no constituyen, en t\u00e9rminos estrictamente estrat\u00e9gicos, una amenaza directa para la seguridad continental de Estados Unidos. A lo largo del siglo XX, Washington ha aprendido a coexistir \u2015aunque con tensiones\u2015 con potencias nucleares de mucho mayor envergadura e ideolog\u00eda hostil, como la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica o la Rep\u00fablica Popular China. Incluso en el caso de Corea del Norte, cuya ret\u00f3rica beligerante excede ampliamente la de Ir\u00e1n, la disuasi\u00f3n mutua ha logrado evitar una conflagraci\u00f3n abierta.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">Desde esta perspectiva, resulta veros\u00edmil suponer que, en ausencia del <em>lobby<\/em>, la pol\u00edtica exterior estadounidense hacia Ir\u00e1n ser\u00eda sustancialmente m\u00e1s moderada. El enfrentamiento persistente, la ret\u00f3rica maximalista y, sobre todo, la posibilidad de contemplar una guerra preventiva, dif\u00edcilmente ser\u00edan opciones serias sin la presi\u00f3n sostenida ejercida por este entramado de actores que operan tanto en el Congreso como en la opini\u00f3n p\u00fablica, los medios y los organismos de seguridad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">No resulta sorprendente, por ende, que tanto Israel como sus aliados dentro del sistema pol\u00edtico estadounidense aspiren a que Estados Unidos se haga cargo de las principales amenazas percibidas por la seguridad israel\u00ed. Si sus esfuerzos por moldear la pol\u00edtica exterior estadounidense resultan exitosos, los rivales estrat\u00e9gicos de Israel \u2015como Ir\u00e1n, Hamas o incluso sectores del aparato estatal sirio\u2015 ser\u00e1n debilitados o directamente eliminados, allanando el camino para que Tel Aviv consolide su hegemon\u00eda regional y expanda unilateralmente sus m\u00e1rgenes de acci\u00f3n en los territorios palestinos, sin enfrentar presiones diplom\u00e1ticas significativas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">La conclusi\u00f3n es m\u00e1s que clara. Estados Unidos est\u00e1 asumiendo, al momento, no s\u00f3lo la responsabilidad de la ofensiva militar, sino tambi\u00e9n los costos pol\u00edticos de una nueva intervenci\u00f3n. Incluso si ese objetivo no se cumple plenamente \u2015es decir, aunque Washington no logre una reconfiguraci\u00f3n integral de Medio Oriente a imagen y semejanza del <em>statu quo<\/em> deseado por Israel\u2015, el balance seguir\u00eda siendo aceptable para Tel Aviv: la protecci\u00f3n del escudo militar estadounidense y el mantenimiento de su superioridad cualitativa frente a cualquier adversario regional est\u00e1n, en \u00faltima instancia, garantizados por la alianza estrat\u00e9gica con la superpotencia, no por su propia supervivencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">Este no ser\u00eda, sin duda, el escenario ideal para los sectores m\u00e1s maximalistas, pero sigue siendo preferible a una alternativa en la que Estados Unidos decidiera distanciarse de la agenda de seguridad israel\u00ed o utilizar su peso diplom\u00e1tico para presionar a Israel a alcanzar un acuerdo duradero con los palestinos. En ese eventual viraje, el Estado israel\u00ed no s\u00f3lo perder\u00eda margen de maniobra geopol\u00edtica, sino que quedar\u00eda expuesto a mayores costos reputacionales, estrat\u00e9gicos y normativos ante la comunidad internacional.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">En definitiva, la pol\u00edtica exterior estadounidense atraviesa una fase cr\u00edtica de dispersi\u00f3n estrat\u00e9gica, donde la superposici\u00f3n de frentes \u2015Europa del Este, Medio Oriente, Indo-Pac\u00edfico\u2015 ha puesto en jaque la posibilidad misma de sostener, como se\u00f1ala Posen, una <em>grand strategy<\/em> coherente. En 2023 John Mearsheimer advirti\u00f3, durante una conferencia ofrecida en el Center for Independent Studies, que el principal desaf\u00edo geopol\u00edtico que enfrenta Estados Unidos no proviene ni de Mosc\u00fa ni de Teher\u00e1n, sino del ascenso sostenido de China. En este sentido, resulta revelador el planteo del acad\u00e9mico chino Zhang Yunling, quien sostiene que <em>\u00ablas restricciones externas \u2015siempre que no conduzcan a la confrontaci\u00f3n directa ni busquen la destrucci\u00f3n de China\u2015 pueden resultar, en realidad, beneficiosas para nuestro pa\u00eds\u00bb<\/em><em>.<\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\"><em>\u00abAmerican grand strategy is losing focus\u00bb, <\/em>dijo Mearshimer en 2023. Siguiendo aquel diagn\u00f3stico, la persistente implicaci\u00f3n de Washington en conflictos perif\u00e9ricos \u2015ya sea en Ucrania o en Medio Oriente\u2015 dificulta el necesario pivote hacia Asia y erosiona la capacidad estadounidense de ejercer un liderazgo global racional y focalizado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">La intervenci\u00f3n actual en el conflicto entre Israel e Ir\u00e1n se inscribe en esta deriva. Aunque Israel haya empujado a Estados Unidos hacia una escalada, lo cierto es que Washington tambi\u00e9n comparte un inter\u00e9s estructural en mantener a Ir\u00e1n debilitado. Pero de ah\u00ed no se sigue que una estrategia de cambio de r\u00e9gimen sea funcional a los intereses estadounidenses. En efecto, si el r\u00e9gimen iran\u00ed concibe \u2015como probablemente lo haga\u2015 que su supervivencia depende del desarrollo de un arsenal nuclear, una pol\u00edtica de presi\u00f3n maximalista podr\u00eda precipitar exactamente lo que busca evitar: la radicalizaci\u00f3n del sistema pol\u00edtico iran\u00ed, la regionalizaci\u00f3n del conflicto y una din\u00e1mica de disuasi\u00f3n asim\u00e9trica, similar a la que hoy representa Corea del Norte. En t\u00e9rminos simples: el desarme es un suicidio y sobrevivir significa mantenerse armado hasta los dientes.<\/span><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/span><\/p>\n<h5 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\"><strong>Reflexiones finales <\/strong><\/span><\/h5>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">En 2012, pocos meses antes de su muerte, Kenneth Waltz \u2015el padre fundador del neorrealismo estructural\u2015 public\u00f3 un art\u00edculo provocador en <em>Foreign Affairs<\/em> titulado<em> \u00abWhy Iran Should Get the Bomb\u00bb<\/em>. All\u00ed sosten\u00eda, en abierta disonancia con el consenso predominante, que un Ir\u00e1n nuclear no constituir\u00eda una amenaza para la estabilidad regional, sino m\u00e1s bien ser\u00eda un factor de equilibrio. Su argumento era tan simple como subversivo: la proliferaci\u00f3n, lejos de ser inherentemente desestabilizadora, pod\u00eda generar una relaci\u00f3n de disuasi\u00f3n mutua que inhibiera conductas aventureras. En otras palabras, el verdadero peligro no resid\u00eda en que Ir\u00e1n adquiriera capacidades nucleares, sino en que se le negara ese derecho en un entorno donde sus rivales \u2015como Israel\u2015 ya poseen ese tipo de armamento.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">Como advert\u00eda Waltz:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\"><em>\u00abLo m\u00e1s importante es que los formuladores de pol\u00edticas p\u00fablicas y los ciudadanos del mundo \u00e1rabe, de Estados Unidos, de Europa y de Israel deben tener el consuelo de que la historia ha demostrado que ah\u00ed donde surgen las capacidades nucleares, tambi\u00e9n surge la estabilidad. Ahora m\u00e1s que nunca, cuando se trata de armas nucleares, m\u00e1s puede ser mejor\u00bb.<\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">El verdadero dilema, entonces, no radica en el potencial armament\u00edstico de Ir\u00e1n, sino en la negativa occidental a aceptar un nuevo equilibrio regional. Cuando Israel adquiri\u00f3 la bomba en la d\u00e9cada de los sesenta, se encontraba en guerra con muchos de sus vecinos. Sus armas nucleares eran una amenaza mucho mayor para el mundo \u00e1rabe que la que representa el programa de Ir\u00e1n hoy en d\u00eda. En ese marco, si Washington persiste en una estrategia punitiva, sincronizada con la l\u00f3gica preventiva que anima la ofensiva israel\u00ed, y avala \u2015aunque sea de manera impl\u00edcita\u2015 una escalada progresiva sobre territorio iran\u00ed, incluso de baja intensidad en las pr\u00f3ximas semanas, corre el riesgo de convertirse, una vez m\u00e1s, en el garante involuntario de los intereses de un aliado cuyo horizonte estrat\u00e9gico no necesariamente se alinea con los objetivos estructurales de Estados Unidos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\">El resultado ser\u00eda, as\u00ed, una paradoja estrat\u00e9gica: mientras Israel avanza en la eliminaci\u00f3n de sus amenazas inmediatas, Estados Unidos asume los costos globales de una confrontaci\u00f3n prolongada en un teatro que no es prioritario. El alto al fuego vigente al terminar esta nota no cambia las capas geol\u00f3gicas que moldean la pol\u00edtica exterior estadounidense, al menos en el corto-mediano plazo. En un escenario de transici\u00f3n hegem\u00f3nica y multipolaridad creciente, donde cada recurso cuenta, este desv\u00edo no solo revela una p\u00e9rdida de enfoque, sino una erosi\u00f3n profunda del juicio estrat\u00e9gico. La historia sugiere que las grandes potencias no suelen caer por debilidad, sino por agotamiento. Tal vez ese sea su destino: no sucumbir por lo que las supera, sino por olvidar lo que las sostiene.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\"><strong><em><span style=\"font-size: 10pt;\">* Estudiante avanzado de la Licenciatura en Relaciones Internacionales. Alumni del Programa virtual para el Fortalecimiento de la Funci\u00f3n P\u00fablica en Am\u00e9rica Latina de la Fundaci\u00f3n Bot\u00edn y del Programa \u00abEstados Unidos en el Siglo XXI\u00bb de la UCA. Coordinador del Instituto de An\u00e1lisis Pol\u00edticos y Electorales.<\/span> <\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: tahoma, arial, helvetica, sans-serif;\"><em><strong>\u00a92025-saeeg\u00ae<\/strong><\/em><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mateo Patelli* Introducci\u00f3n \u00abEn el mundo an\u00e1rquico del sistema internacional, es mejor parecerse a Godzilla que a Bambi\u00bb. John Mearsheimer \u00a0 T. S. Eliot escribi\u00f3 alguna vez \u00abel mundo no terminar\u00e1 con un estruendo, sino con un gemido\u00bb. 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