Roberto Mansilla Blanco*
Los dos polos políticos e ideológicos que dominan el debate actual, la derecha estilo «trumpista» y una izquierda socialdemócrata y «progresista», se dieron cita este fin de semana en España.
En Madrid, la Premio Nobel de la Paz y líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, se dio un nuevo «baño de masas» ante más de 350.000 compatriotas, los principales dirigentes de la oposición española y algunos latinoamericanos, entre otras personalidades.
Un lema fue coreado durante este acto: «a la venezolana», una seña de identidad propia y un modus operandi para asumir la convivencia y resolución de problemas. De este modo, la capital española se confirma como un centro político neurálgico para pulsar la situación en Venezuela.
Paralelamente, en Barcelona, el presidente de gobierno español Pedro Sánchez, recién llegado de su gira por China, reunía un foro de izquierdas «progresistas», el Global Progressive Mobilisation, con el atractivo de contar con un ícono de la izquierda como el mandatario brasileño Lula da Silva y una figura emergente, su homóloga mexicana Claudia Sheinbaum. Al encuentro acudieron unos 3.000 intelectuales y activistas.
El foro de Barcelona se intuía como un revival de otros anteriores, destacando el Foro de São Paulo o el Grupo de Puebla, en esta ocasión para «resistir ante el auge del fascismo, la ultraderecha y Trump». El encuentro era oportuno tomando en cuenta que una semana antes, Hungría ponía punto final en las urnas a más de una década de poder casi absoluto de Viktor Orbán, probablemente el más entusiasta «trumpista» en Europa y aliado del presidente ruso Vladimir Putin; por tanto, un líder incómodo para las elites europeístas. No obstante, la izquierda brilla por su ausencia en el nuevo Parlamento húngaro, dominado ahora por fuerzas derechistas y conservadoras.
Volviendo al caso venezolano, la reaparición por todo lo alto de Machado coincide con una coyuntura de aparente normalización con no menos tensiones en Venezuela. Esta semana el país ha regresado con garantías al sistema financiero internacional, un giro que confirma la progresiva reducción de sanciones por parte de EEUU, toda vez que multinacionales energéticas como Chevron y Repsol acordaron una nueva etapa con el gobierno interino en manos de la «presidenta encargada» Delcy Rodríguez. Al mismo tiempo, la Unión Europea realizó su primera toma de contacto con el gobierno de Rodríguez para abrir canales de cooperación. Incluso una publicación tan influyente como The Economist informó recientemente sobre los «avances» y síntomas de mejora en la Venezuela actual.
Con todo, la conflictividad social volvió a las calles venezolanas a través de una manifestación de pensionados que generó tensión con las autoridades post-Maduro. El tema electoral comienza a cobrar forma en la agenda política nacional. El «chavismo radical» visiblemente en manos de Diosdado Cabello intenta recobrar protagonismo en este contexto político y eventualmente electoral, oficialmente alineado con una Delcy Rodríguez que imprime al mismo tiempo un cambio de imagen como sutil herramienta propagandística, muy probablemente preparándose para unas elecciones presidenciales que no se atisban al menos a corto plazo.
Situándonos de nuevo en el escenario español, el foro progresista de Pedro Sánchez ocurre mientras la oposición del PP y VOX acordaron gobernar en Extremadura, histórico bastión socialista, toda vez que las elecciones autonómicas de Andalucía (17 de mayo) auguran un resultado similar.
Manejando la política exterior como una herramienta política y electoral, Sánchez comienza a calcular la posibilidad de un adelanto de elecciones generales en España, oficialmente previstas para mediados de 2027. El presidente español juega sus cartas en la arena internacional: si en 2024 rompió la baraja en la UE reconociendo al Estado de Palestina, en este 2026 se opuso al uso por parte de EEUU de sus bases en territorio español para atacar a Irán mientras suspendía la venta de armamentos a Israel. Al mismo tiempo, el Parlamento español ha aprobado la ley de regularización de inmigrantes, que Sánchez ha promocionado como «anti-Trump» pero que interpreta obvios intereses electoralistas.
En Madrid, María Corina Machado impulsó el mantra de «a la venezolana» para recuperar posiciones dentro del incierto panorama venezolano y ampliar sus apoyos por parte de sus aliados exteriores. Paralelamente, en Barcelona, Pedro Sánchez busca su lugar en este nuevo mundo de cambios geopolíticos y geoeconómicos bajo la perspectiva de la lucha entre la «ultraderecha» y el «progresismo». Dos visiones, antagónicas y polarizadoras que auguran un choque político inevitable en ambas márgenes del Atlántico. Por cierto, durante su gira madrileña, María Corina Machado declinó reunirse con Pedro Sánchez.
* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.
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