Francisco Carranza Romero*
La palabra raza, desde su etimología, ya es problemática y compleja: radius (rayo), radix (raíz), aféresis de generatio son de origen latino; ras (cabeza, origen) es árabe. Sus derivados son: racismo (raza-ismo), racista (raza-ista).
El racismo expresa el rechazo mental y de actitud a otro que es diferente. Esta conducta es la bestia dormida o despierta que excluye al que le es diferente. Juntarse sólo entre los semejantes es la herencia del gregarismo animal que se conserva en la especie humana. Se manifiesta en prejuicios, odios, crímenes y la vana justificación de quien pisotea la dignidad de otro que es diferente. ¡Qué tal raza!
El racista se basa más en las diferencias físicas; ignora que la humanidad no es una fábrica que produce seres de un solo modelo. Tiene la absurda creencia de que su prototipo antropológico es superior por lo que debe imponerse sobre la realidad heterogénea.
El clasificador racista agrupa a los seres humanos por los factores externos (color y forma) captados por la vista en cinco grandes grupos, citados aquí en orden alfabético: australoide, capoide, caucasoide, congoide y mongoloide. Como vemos, las denominaciones llevan el sufijo despectivo -oide. Y, cuando ya no puede clasificar, dice: «no te conozco».
Por la pigmentación. El color es un factor relevante que se manifiesta en la piel, pelo y ojo. Por la piel: gente blanca, negra, amarilla, marrón, bronceada… Por el cabello: de pelo negro, castaño, rubio… Por los ojos: de ojos oscuros, azules, zarcos, verdes, marrones… Poca melanina da el color claro; mucha melanina da el color oscuro.
Por la forma. Se refiere a la estatura y a otras referencias de la estructura corporal. Así, los seres humanos se diferencian.
Por la estatura: altos, medianos y pequeños.
Por los cabellos: lacios, ondulados, crespos o rizados.
Por el cráneo: dolicocéfalo (alargado hacia arriba), braquicéfalo (redondo). Por el tamaño: cabezón, de cabeza mediana, de cabeza pequeña.
Por los ojos: de ojos grandes, medianos, pequeños, rasgados, prominentes y hundidos.
Por el tabique nasal: aguileño (delgado y corvo en el centro, platirrino, narigón, ñato.
Por los pómulos: de pómulos altos, bajos, planos, hundidos, resaltantes.
Por los glúteos: esteatopígicos (por mucha acumulación de grasa), poco resaltados, anchos.
Esta clasificación también se complica porque en un grupo no falta alguien que reclame su linaje, pureza o pedigrí. Y, para el colmo, el clasificador rechaza a otro hasta por el olor; por eso dice que el otro «apesta». Ante tanto cacareo de la granja racista ―con el perdón de las aves― los científicos honestos y con muchos años de estudios nos enseñan que, biogenéticamente, no existen razas superiores ni razas inferiores. La humanidad pertenece al mismo repertorio genético.
El lugar donde se nace y vive con su clima y altitud y el tipo de gastronomía durante miles de años determinan el color (cantidad de melanina) y la forma. Otros factores determinantes pueden ser: la endogamia y exogamia. Así, el racismo es sólo la justificación para excluir, despreciar, maltratar, dominar y cometer los genocidios étnicos.
El racista es excluyente porque ignora que la biodiversidad también implica antropodiversidad; no acepta a otro diferente en lo físico y cultural como su semejante; se cree la «divina pomada», el hijo de la divinidad y el único modelo. Si tiene el poder, partiendo de su prototipo, promueve la homogenización étnica y cultural, origina muchos fenómenos socioculturales y patológicos como la marginación, humillación, explotación, esclavización y genocidio.
Ahora trato de explicar la conducta del racista desde diferentes ópticas.
Explicación lingüística. Yo (ego) / cualquiera. El yo del racista excluye a otro (interlocutor); por eso lo califica como un cualquiera. Es la calificación despectiva a otra persona a quien se le quita toda relevancia. En plural también tiene la misma connotación despectiva: nosotros excluyente / cualesquiera. En este caso el pronombre plural «nosotros» (nos-otros) se entiende así: sólo yo y otros de mi categoría.
Para explicar mejor recurro a la lengua quechua que tiene dos pronombres diferentes en el plural de la primera persona:
Nosotros excluyente: nuqakuna (nuqa: yo; -kuna: morfema del plural): yoes, egos, solamente los de mi grupo.
Nosotros incluyente: nuqantsik o nuqanchik (nuqa: yo; -ntsik o -nchik: morf. plural incluyente): nosotros incluyendo al interlocutor y a la tercera persona.
Estos dos pronombres determinan las variaciones morfémicas en la conjugación verbal. Los siguientes ejemplos son del dialecto Quechua Central o Quechua I:
Nuqakuna mikuyaa (miku-yaa): (Solamente) nosotros comemos. Se excluye al interlocutor.
Nuqantsik mikuntsik (miku-ntsik): (Todos) nosotros comemos. Se incluye al interlocutor y a la tercera persona mediante el morfema –ntsik.
En el continente americano las lenguas de los conquistadores europeos fueron impuestas y convertidas en oficiales; las lenguas nativas quedaron marginadas y estigmatizadas. Esto sucede en Perú desde el siglo XVI.
Factor geográfico y social. Las urbes se han convertido en los centros del poder económico, político, de mejores condiciones de educación escolarizada y de mejores centros de salud y labor. Por el centralismo nacional la urbe capital absorbe el mayor presupuesto nacional. El capitalino de cualquier color de piel se siente superior al provinciano. Y la conducta del centralismo se extiende a la capital departamental, provincial y distrital. Este factor diferencia al que labora en la ciudad del que labora en el campo. El citadino racista menosprecia al poblador del área rural porque lo considera sólo como un productor de los recursos alimenticios.
En las elecciones nacionales se destapa el velo racista contrastivo: citadino/campesino. Los citadinos, generalmente, miran con menosprecio a todo lo relacionado al campo porque el desarrollo de la ciencia y la tecnología tarda en llegar allá. Entonces, los listos candidatos de origen urbano, para agradar y ganar los votos de los del área rural, se presentan ante ellos disfrazados de campesinos haciendo el teatro de la farsa. Se visten con bufanda, faja, manto, monillo, poncho, sandalia, sombrero… Y sus partidos políticos usan como símbolos las herramientas de labranza: arado, hoz, lampa o palana, sierra, sombrero…
Aunque no podemos cambiar el pasado, tampoco debemos olvidarlo. En las conquistas, los conquistadores o vencedores que se consideran superiores y modelos étnicos, imponen de facto a los vencidos y colonizados sus ideas, creencias, ritos, maneras de vivir, curar y vestir, sus comidas. Y los conquistados, para sobrevivir, deben aceptar la jerarquía y todo lo que se les impone. La invasión europea al continente americano, que comenzó en el siglo XV, usó calificativos de menosprecio para los nativos conquistados: bárbaros, incultos, indios, gentiles, salvajes, incivilizados…
Después de 1492 hubo polémicas sobre el jus gentium (derecho de las gentes). El dominico Juan Ginés de Sepúlveda, que no conoció de visu el Nuevo Mundo, se erigió en fervoroso defensor de los conquistadores españoles y de sus atrocidades con los indígenas americanos a quienes los consideró como seres inferiores y hasta dudó si tenían alma.
Sin embargo, hubo frailes que fueron más amigos de la verdad que del poder. El dominico Bartolomé de las Casas, que vivió por décadas en las islas del Caribe, México y Guatemala, defendió la condición humana de los americanos y denunció los crímenes de los conquistadores. Las polémicas de 1550 y 1551 en Valladolid, le valieron repudios y calumnias. Posteriormente, los académicos Marcelino Menéndez y Pelayo y Ramón Menéndez Pidal lo calificaron de enfermo mental. A pesar de todo, Las Casas es considerado el avatar del Derecho Internacional y de los Derechos Humanos.
Luis Jerónimo de Oré (1554 -1630), franciscano de Huamanga (Perú), escribió: «Las rencillas entre los religiosos y administradores coloniales marcaron las relaciones entre los ‘dos cuchillos’ ―Iglesia y Estado, como los llamó el obispo Gaspar Villarroel― en las Indias Españolas, y en la Florida no fue excepción» («Relación de los mártires de la Florida», p. 35).
En Hispanoamérica, los españoles (resultados del mestizaje de varios siglos en la Península de Iberia), para diferenciarse de los indígenas americanos se autocalificaron de «sangre azul». Después de la independencia del poder español, sus descendientes criollos, siguiendo la misma política, se apoderaron del poder político y económico para sojuzgar a los indígenas haciéndoles pagar tributos por su indigenidad. «En cuanto a la raza como factor histórico, su valor ha sido ideológico, mero pretexto para justificar las invasiones, los expolios, la explotación y la brutalidad» (López – Millones: «Dioses del Norte, Dioses del Sur», p. 18).
Los europeos, utilizando la Biblia, también conquistaron, colonizaron y se repartieron el continente africano (1884). Interpretaron el relato sobre los hijos de Noé según sus intereses: Sem (padre de los judíos y árabes), Cam (padre de los negros) y Jafet (padre los blancos). Enfatizaron la maldición de Noé a Canaan (hijo de Cam), y así justificaron la explotación y esclavización de los africanos. Y, recurriendo a sus interpretaciones, se apropiaron de la divinidad y de sus mensajes; las imágenes se blanquearon y se convirtieron en retratos de los colonizadores blancos. Y utilizaron este texto bíblico: Filius hominis non venit ministrari sed ministrare et dare animam suam redemptionem pro multis. (Mateo 20:28). Resumiendo: Unos nacen para ser servidos; y otros nacen para servir.
Después de la Segunda Guerra Mundial (motivada por los que creían en la superioridad de la raza aria) el 10 de diciembre de 1948 la Organización de las Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y el 21 de marzo de 1965 estableció el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial. Y el 21 de diciembre del mismo año, la Asamblea General de la ONU adoptó la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial. Los países miembros aceptaron la propuesta. Claro, una cosa es la formalidad y la firma del acuerdo; otra es la vida cotidiana sin la discriminación racial. Y el factor económico sigue marcando las diferencias internacionales; así tenemos el contraste:
Países ricos del norte / países pobres del sur que son llamados basureros.
Países colonizadores / países colonizados.
Países desarrollados con tecnología avanzada / países subdesarrollados y dependientes.
Dentro de los países también hay diferencias: urbes capitales (receptoras del mayor presupuesto y de la atención gubernamental) / áreas provincianas (receptoras de menos presupuesto) y áreas rurales olvidadas.
El racismo también se relaciona con otros factores: los apellidos relacionados con los grupos del poder. Y la ubicación de la vivienda también indica el poder económico y social. «Más poderoso no significa necesariamente mejor. 93» León XIV (Magnifica humanitas).
El nivel de la escolarización, la profesión y los logros académicos no son datos tan relevantes para los clasificadores.
Las expresiones culturales amerígenas (creencias, ritos de comunicación y ofrenda a la naturaleza, invocación y ofrenda a los difuntos) fueron calificadas por los conquistadores racistas como paganismo, error, niñería y hasta expresión diabólica; por eso decidieron exterminarlos para imponer su religión y ritos. Sin embargo, las prédicas, amenazas e insultos no han matado estas creencias y ritos.
La diferenciación por la lengua, vestimenta, gastronomía, método de curación, música, baile, etc. levantan muros visibles e invisibles. El currículo escolar promueve la castellanización forzada y sin planificación lingüística en las áreas donde se hablan las lenguas indígenas. Además, hay poco apoyo a los estudios de las lenguas y culturas indígenas. Sobre las formas de curar los males físicos, mentales y espirituales, hay hasta ahora el rechazo a la medicina tradicional. «Durante quinientos años, mayormente, nuestras poblaciones andinas y mesoamericanas han sido tildadas de herejes, salvajes, supersticiosas y tradicionales que se resisten a la modernidad y la ciencia hegemónica. Pero, a pesar de ello, nuestros pueblos han persistido y persisten con la transmisión de conocimientos ancestrales a las nuevas generaciones. Gracias a lo cual aún podemos aproximarnos a aprender de sus prácticas» (Torres – Anguiano, p. 7).
Durante el virreinato (siglos XVI – XVIII) las limeñas se tapaban el rostro en ambiente público y nadie decía nada en Lima ni en España. En el siglo XXI, cuando las mujeres andan destapadas, Europa y América problematizan el uso del velo islámico. Pero, el hiyab o shayla y el chador son elegantes prendas que cubren la cabeza y el cabello y muestran el rostro con claridad.
El racismo mezclado con el ultranacionalismo produce la xenofobia en todo el mundo. Este sentimiento de odio y desprecio al extranjero, desgraciadamente, se fomenta en el hogar, en la escuela, en los medios de comunicación, en los centros de trabajo y en las oficinas de inmigración. Verbigracia: la ley de Arizona criminaliza a los indocumentados hispanos. El musical «West side story» (Música de Leonard Berntein. Letra de Stephen Sondheim que en el mundo hispano es conocido como «Amor sin barreras») expresa los conflictos socioculturales en Estados Unidos; problemas que aún no han sido resueltos totalmente. Y en el siglo XXI el racismo continúa en todo el mundo.
Mezclas interétnicas. Las gentes se movilizan, pacífica o militarmente, por la búsqueda de mejores espacios y oportunidades para vivir. razones: Estas movilizaciones originan las mezclas étnicas y, en el mejor de los casos, originan las relaciones afectivas entre la mujer y el varón a pesar de las diferencias. El fenómeno natural de la exogamia es la apertura mental y afectiva, y hasta expresión de rebeldía. Esta interrelación de la especie humana es calificada como mezcla de razas, mestizaje, cruce de razas, hibridación racial…
Los endógamos que creen en la pureza sanguínea y en el linaje, insultan, discriminan y crean toda clase de desventajas a los protagonistas de la exogamia y a sus descendientes; por eso hay países que otorgan la nacionalidad sólo por el principio del jus sanguinis (la ley de la sangre o del linaje. Y hay países que sólo reconocen la línea paternal). Sin embargo, algunas embarazadas de los países endógamos hacen el turismo de nacimiento para que sus hijos obtengan la nacionalidad por el lugar de nacimiento porque la mayoría de los países reconoce la nacionalidad por el lugar de nacimiento (jus loci o jus terrae).
El racismo mezclado con el ultranacionalismo, clasismo y homogenismo es la lacra normalizada y justificada que diariamente experimentamos; por eso, debemos reflexionar y proponer alguna actitud que nos ayude a superarlo y no quedarnos sólo en lamentaciones y críticas. Quaestiono; ergo sum.
Buscarse a sí mismo. Cada persona debe ser sincero consigo mismo; esforzarse en encontrase y aceptarse tal como es para alcanzar el conocimiento de sí mismo. En el nororiente de Asia, Corea, el monje budista Hyeon (1206-1289) escribió: «Si queremos relacionarnos con personas honorables, antes hemos de ser honorables nosotros mismos» (Samguk Yusa, Libro IV, p. 336). En la antigua Europa también ya se reflexionaba y se hacía el esfuerzo para alcanzar la identidad con el principio: Nosce te ipsum (Conócete a ti mismo).
Comulgar con otros. Conociéndose a sí mismo es posible ir al encuentro del otro por más diferente que éste sea. Después de este encuentro sincero se puede aceptar que nuestra humanidad es un gran arco iris racial y cultural. Así, juntos podemos participar en la construcción de una humanidad más fraterna, y cuidando a la naturaleza que es nuestra casa y entonando: «Y por eso los grandes amores de muchos colores me gustan a mí» (Joan Baez: De colores).
* Investigador del Instituto de Estudios de Asia y América, Dankook University, Corea del Sur.
Referencias
Hyeon. Samguk Yusa (traducido por Kap Dong Cho). Málaga: UMA editorial, Universidad de Málaga, España, 2024.
León XIV. Encíclica Magnifica humanitas, 2025.
López, Alfredo – Millones, Luis. «Dioses del Norte, Dioses del Sur». México DF: Edic. Era, 2008.
Oré de, Luis Jerónimo. Relación de los mártires de la Florida. Lima: PUCP (Edición de Raquel Chang-Rodríguez), 2014.
Torres, Vicente – Anguiano, Víctor (coordinadores). Recuperando la vida. Lima: Ríos profundos editores, 2017.
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