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LA HIPOCRESÍA EN EL MANEJO DE LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA EN LATINOAMÉRICA

Pablo Ariel Rodríguez*

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Resulta a veces conflictivo referirse a este tema, particularmente en el subcontinente americano, donde en cada país, distintos sectores se encuentran enfrascados en enfrentamientos político-ideológicos arrastrados desde el fin de la Guerra Fría.

Los sectores progresistas latinoamericanos, como las organizaciones continentales y extra continentales que los apoyan, usan su influencia tendiente a generar “legislaciones restrictivas” de las actividades de los organismos de inteligencia en sus respectivos países, más allá de los lógicos controles civiles que necesariamente deben mantenerse sobre estas estructuras para evitar excesos o desviaciones.

Esos mismos sectores progresistas difícilmente hayan realizado alguna crítica a las actividades que el KGB realizó durante la existencia de la URSS, tampoco sobre los métodos de la Stasi para lograr su nivel de eficiencia en la entonces Alemania Oriental, menos de las acciones de espionaje cubano y de la exportación de la “Revolución” a través del Departamento América, donde evidentemente tampoco pareciera tener ninguna importancia la “injerencia” en otros países.

Hoy, los embelesados con el modelo denominado “Socialismo del Siglo XXI” no han notado aún las actividades del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) que según el informe de la Misión Internacional Independiente de determinación de los hechos sobre Venezuela (creada el 27 de septiembre de 2019 mediante la resolución 42/25 de la ONU, con validez renovada hasta 2022), parece poder tener todas las prerrogativas represivas necesarias para el ejercicio de sus funciones, entre ellas el espionaje político, capacidad de detención, torturas, desapariciones forzadas, etc.

Cabe aquí realizar entonces el planteo de la hipótesis: las capacidades de los servicios de inteligencia ¿son necesarias y aceptables para coadyuvar a sostener la Seguridad y Defensa de un país y facilitar el cumplimiento de sus objetivos estratégicos?, o ¿solo son necesarias y aceptables si responden a determinado modelo político-ideológico, en cuyo caso todo es aceptable?

Creo que esto se resolverá sólo cuando, con el tiempo, predomine prolongadamente alguna de las posturas en la política latinoamericana o, la dirigencia política entienda que la actividad de Inteligencia debe existir para fines más altruistas como lo son las políticas de Estado y no las disputas sectoriales.

 

* Licenciado en Relaciones Industriales de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE). Formación de Analista y Diseño de Escenarios Estratégicos en el Instituto de Inteligencia de las Fuerzas Armadas y otros efectuados en la entonces Escuela de Guerra de Ejército y en la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI) sobre Terrorismo Internacional para Analistas de Inteligencia.

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LA REUNIÓN DE INFORMACIÓN EN INTELIGENCIA

Marcelo Javier de los Reyes*

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La buena inteligencia es el preludio de la victoria.

Sun Zi

 

La inteligencia se vale de diversas técnicas y herramientas para la reunión de información. Puede clasificarse a partir de las fuentes o de los medios de obtención.

A partir de las fuentes de información pueden clasificarse en públicas o abiertas y cerradas. Las públicas o abiertas, también conocidas con la sigla OSINT ―por su nombre en inglés Open Source Information Intelligence― son las que se obtienen a partir de los medios de comunicación social como diarios, revistas, libros y otro tipo de publicaciones, televisión, radio, Internet, medios alternativos de comunicación, estadísticas, etc., así como a partir de la concurrencia a congresos y seminarios académicos.

Las fuentes abiertas “están ahí”, son de fácil acceso, están al alcance de cualquier ciudadano pero pueden proporcionar indicios que lleven a la profundización de una determinada información por medios propios de la inteligencia, a la confección de un requerimiento a otros organismos, etc. Se estimaba que durante la época de la Guerra Fría las fuentes abiertas proporcionaban el 90% de la información que utiliza una agencia de inteligencia pero en el presente es muy probable que ese porcentaje sea aún mayor, sobre todo teniendo en cuenta el volumen de información que circula por medios impresos y electrónicos. Esta abundancia de información deriva en una mayor dificultad para procesarla y en lo que también se ha dado en llamar infoxicación.

La información abierta requiere de una cuidadosa lectura e interpretación, de una confrontación o “triangulación” con otras informaciones.

Markus Wolf, quien durante treinta y dos años se desempeñó como jefe del Ministerium für Staatssicherheit de la República Democrática de Alemania —más conocido como Stasi— se refiere a su colega Robert Korb de la siguiente manera:

Era un analista brillante, que me enseñó a considerar con escepticismo los informes provenientes del trabajo de campo, y así pronto llegamos a la conclusión de que una lectura cuidadosa de la prensa a menudo ofrecía resultados muy superiores a los informes secretos de los agentes, y de que nuestros propios analistas debían extraer conclusiones independientes de distintas fuentes, con el fin de evaluar el material de inteligencia en bruto. He continuado adhiriéndome a este concepto desde entonces.[1]

En este sentido, también es oportuno citar a Raúl Sohr:

Aunque cueste creerlo, 90 por ciento de la información que nutre a los servicios proviene de fuentes abiertas: documentos de gobierno, balances de empresa, organizaciones políticas, estudios académicos, compendios estadísticos y, por supuesto, la prensa. Cada día se acumulan cientos de toneladas, por cuantificar de alguna forma, de antecedentes e informes. ¿Cuáles son los relevantes y cuáles no? He aquí el dilema. Todo depende de lo que se busca y de la evaluación de las fuentes.[2]

En contraposición a la abierta, la información cerrada obedece —en general— a la forma de obtención que se realiza a través de medios humanos o de medios técnicos.

Estos medios de obtención se agrupan en lo que se denominan disciplinas de la inteligencia conocidas en inglés como intelligence collection disciplines. Esto permite entonces, hablar de otro tipo de clasificación que distingue entre medios humanos o medios técnicos.

La forma “tradicional” de obtención de información, la más antigua, es la que se produce a través de medios humanos y aquí vale mencionar las fuentes históricas de la Biblia y del Arte de la guerra de Sun Zi[3] —más conocido como Sun Tzu—, textos que nos brindan claros ejemplos de la obtención de información por esos medios ―espionaje― en la antigüedad.

A esta fuente se la conoce como inteligencia humana y se la denomina por su sigla en inglés: HUMINT (Human Intelligence). Se encuadran dentro de esta forma la fuente primaria de la actividad de inteligencia, es decir el espionaje que abarca el reconocimiento directo, la observación, la utilización de informantes, las operaciones basadas en la actividad de dobles agentes, operaciones realizadas con cobertura y el análisis de la información obtenida tanto por medios humanos como técnicos.

De esa manera se puede obtener documentación, información que puede aportar pruebas de actividades de sabotaje, de insurgencia, de terrorismo o, incluso, poner en evidencia las fortalezas y/o vulnerabilidades de un Estado o de una empresa o de una persona.

La inteligencia humana si bien supera en muchos aspectos a la inteligencia obtenida por medios técnicos presenta algunas limitaciones derivadas de los tiempos de obtención, de verificación y de análisis. Del mismo modo, por tratarse de información humana entra en juego la subjetividad, lo cual lleva a los diferentes grados de confiabilidad que se le puede otorgar.

Cuando se utilizan medios técnicos se la puede agrupar en TECHINT, inteligencia tecnológica, la cual puede agrupar, de un modo sintético, a la IMINT, inteligencia de imágenes, la SIGINT, inteligencia de señales (comunicaciones, electrónica y telemetría), a la RADINT, inteligencia de radar (proporciona señales enviadas o recibidas por radar) y a la MASINT, inteligencia obtenida del análisis cualitativo y cuantitativo de datos y parámetros de medida (mediciones e identificaciones).

Dentro de esta clasificación, a su vez, cada grupo cuenta con otras técnicas que no ameritan ser mencionadas a los efectos de esta investigación.

Las ventajas de la información obtenida por medios técnicos residen en su rapidez y en su confiabilidad pero siempre está supeditada a una interpretación humana.

En numerosos casos actúa como una información complementaria a la obtenida a través de medios humanos.

Sin embargo, toda esta “aparatología” tan eficiente puesta al servicio de la inteligencia requiere recordar ciertos principios básicos:

    • la tecnología por sí sola no elabora conocimiento;
    • el análisis humano, aun hoy, sigue siendo el principal elemento en la producción de inteligencia;
    • el análisis humano posee una flexibilidad en los procesos de la que carecen los medios técnicos.

Debe tenerse presente que desde los orígenes de la inteligencia los avances técnicos la han ido acompañando y, en las últimas décadas, la tecnología ha sido de una gran utilidad, al punto que les ha permitido a determinadas agencias una vigilancia omnipresente, una vigilancia masiva.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

 

Referencias

[1] Markus Wolf. El hombre sin rostro. La autobiografía del gran maestro del espionaje comunista. Buenos Aires: Javier Vergara, 1997, p. 65.

[2] Raúl Sohr. Claves para entender la guerra. Barcelona: Mondadori, 2003, p. 218.

[3] Zi corresponde a una fórmula de respeto o título de nobleza para algunas personas distinguidas y no es un nombre propio. Tal es el caso, también, de Kong Fu Zi, es decir, Confucio.

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ISRAEL. EL DEBATE POLÍTICO DESENCADENA UNA GUERRA SECRETA ENTRE LOS APARATOS DE INTELIGENCIA.

Giancarlo Elia Valori*

Desde el nacimiento del Estado de Israel en 1948, la joven democracia, importada por la fuerza de las armas en lo que Lord Balfour llamaba en 1917 el “hogar judío” en Palestina, se ha distinguido por ser, a pesar de su precaria seguridad regional, permanentemente atravesada por un animado, acalorado y controvertido debate político.

El antiguo Partido Socialista Mapam de David Ben Gurion, el primer Jefe de Estado de Israel, ha chocado desde su fundación con el alma político-religiosa del judaísmo fundamentalista, el del “Hasidim” que incluso negó que se estableciera un estado de Israel, sin esperar la “venida del Mesías”.

A lo largo de las décadas, el alma socialista de los fundadores del Estado se ha ido desvaneciendo gradualmente y hoy dos formaciones están en el poder, una derecha y otra en el centro, respectivamente el Likud y el Partido Azul y Blanco, encabezado por dos personalidades destacadas: el Likud encabezado por el líder histórico Benjamín Netanyahu y el Partido Azul y Blanco encabezado por el ex Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Benny Gantz.

Los dos han estado en el gobierno juntos desde marzo del año pasado, pero su convivencia en el gobierno de coalición claramente ha resultado más difícil de lo esperado, hasta el punto de que el 22 de diciembre del año pasado se declaró la crisis del gobierno, la Knesset (el Parlamento de Israel) se disolvió y menos de un año después de las elecciones se convocó una nueva elección prevista para el próximo mes de marzo.

Netanyahu se enfrenta a una investigación de corrupción y siempre ha mantenido que es víctima de un poder judicial politizado y ha argumentado que su partido “Likud” no quiere elecciones: siempre hemos votado en contra de estas elecciones. Desafortunadamente, Benny Ganz renegó de los acuerdos.

Ganz, por su parte, respondió que las afirmaciones del Primer Ministro eran “mentiras” y que su colega de gobierno estaba apuntando a elecciones anticipadas “para evitar ser juzgado”.

Posiciones duras e irreconciliables que, en un país pequeño como Israel en el que la política, las instituciones y las sociedades están fuertemente integradas, han tenido consecuencias directas incluso dentro de la poderosa comunidad de Inteligencia que está tan intrínsecamente vinculada a otras instituciones, que se ve inmediatamente afectada por los ecos del debate político.

La Comunidad de Inteligencia de Israel se basa en tres pilares de eficacia probada y reconocida: el Mossad, el Servicio que opera en el extranjero con tareas de espionaje y lucha contra el terrorismo a través de la frontera; Shin Bet, el Servicio de Seguridad Interna responsable de la contrainteligencia y la lucha antiterrorista dentro de las fronteras, y Aman, el Servicio de Inteligencia Militar.

La división simple y pragmática de tareas asigna funciones geográficamente distribuidas a los dos servicios “civiles”, mientras que Aman realiza no sólo tareas específicas de inteligencia militar sino, en estrecha coordinación con los dos servicios civiles, tiene habilidades de análisis estratégico.

En otras palabras, el Mossad y el Shin Bet no tienen sus propios departamentos de análisis y confían, para esta función, en los colegas de Aman, que luego son responsables de proporcionar al gobierno marcadores fiables sobre todos los asuntos de importancia estratégica.

Para entender cómo ha funcionado el sistema a lo largo de los años, hay que volver a la Guerra de Yon Kippur de 1973, cuando a principios de octubre Israel fue atacado simultáneamente y repentinamente por Egipto y Siria y durante unos diez días se encontró comprometido antes de lograr éxito en el conflicto.

En aquellos días, todos los observadores, tanto en el país como en el extranjero, se preguntaban por qué los renombrados servicios israelíes no habían anticipado las medidas del enemigo, al tiempo que tenían extensas y profundas redes de información en el campo contrario.

La respuesta vino del comité de investigación “Agranat”, encargado por la entonces jefa de Estado Golda Meir, quien se enteró de que la información sobre los preparativos egipcios y sirios había sido recopilada, pero que éstos no eran suficientes, según los analistas de Aman, para declarar la alerta general y advertir al gobierno del peligro inminente del peligro inminente.

El fiasco le costó al director de servicio militar su puesto.

Desde entonces, el vínculo y la cooperación entre los tres servicios se ha vuelto cada vez más eficiente, con excelentes resultados en términos de coordinación entre inteligencia, poder ejecutivo y capacidad de Israel para responder eficazmente a las amenazas nacionales o extranjeras. Todo esto hasta la fecha.

De hecho, en las últimas semanas, las noticias de fuentes israelíes cualificadas de que los Servicios del Estado de Israel han participado —en una cuestión estratégica de vital importancia como Irán— en el debate que divide a Benjamín Netanyahu y Benny Ganz no sólo sobre las decisiones que deben tomarse en el ámbito económico y de la salud, sino también sobre la actitud que debe seguirse hacia la política nuclear de Teherán y los intereses iraníes en el Medio Oriente en general y en El Líbano y Siria en particular.

Mientras, tanto el Mossad como el Aman están esperando ver cuáles serán los primeros movimientos de la nueva administración Biden sobre el programa nuclear de Irán, el jefe del Departamento de Análisis de Inteligencia Militar, Dror Shalom, con el apoyo de su jefe Tamir Hayman —muy cercano a Benny Ganz— ha señalado al gobierno la conveniencia de una actitud “más suave” hacia Teherán incluso sugiriendo la participación directa de Israel junto a los Estados Unidos en la posible reanudación de las negociaciones con los iraníes sobre la limitación de las ambiciones nucleares del régimen ayatolá.

Benny Ganz, que fue jefe de gabinete hasta 2015, mantuvo una estrecha relación con Aman y todo el establecimiento militar y promovió, incluso durante la campaña electoral, una actitud más moderada hacia Irán.

El movimiento de Aman ha irritado profundamente el liderazgo del Mossad, que, en línea con la posición de Netanyahu, quiere mantener una línea dura sobre Irán, que todavía se considera una amenaza estratégica para el Estado de Israel.

Como para responder a los movimientos de su oponente político, Netanyahu extendió hasta el próximo mes de junio la posición de jefe del Mossad de Yossi Cohen, un jefe del Servicio que planeó y organizó la campaña de asesinatos contra científicos iraníes involucrados en la investigación atómica (el 27 de noviembre fue eliminado en las afueras de Teherán Moshen Fakrizadeh, jefe del programa nuclear).

Yossi Cohen será reemplazado al frente del Servicio por otro leal de Netanyahu, el actual jefe del departamento de operaciones del Mossad, actualmente conocido sólo como “Mr.D”, quien se cree que continúa siguiendo los pasos de su predecesor en su estrategia de feroz oposición a la nuclear de Irán, también a pesar de la posible actitud moderada futura del nuevo presidente estadounidense Joseph Biden.

Entonces, mientras el servicio de inteligencia militar que monopoliza el análisis estratégico de toda la comunidad de inteligencia israelí toma el terreno en apoyo de las tesis de política exterior del candidato centrista en las próximas elecciones, Benny Ganz, el Mossad se alía decisivamente con su oponente, el actual Primer Ministro Benjamín Netanyahu, partidario de una actitud cada vez más dura hacia el sueño nuclear de Teherán y sus objetivos expansionistas en Siria, El Líbano e Irak.

Por lo tanto, el Mossad sigue planeando futuras eliminaciones de científicos iraníes y proporcionando a las Fuerzas Armadas datos precisos sobre las posiciones iraníes, en Siria y en los objetivos a atacar. En diciembre, el Jefe del Estado Mayor del Tsahal (las Fuerzas Armadas de Israel), Avin Kochavi, declaró que, gracias a los bombardeos aéreos, la presencia militar de Irán ha disminuido progresivamente.

Aman “prefiere” continuar con su “Unidad 8200” de ciberataques contra Teherán, en la línea del éxito del ciberataque contra el sistema de control de centrifugadora nuclear de Irán, obtenido hace años con la inoculación del virus “Stuxnet” en el sistema.

Una paradoja totalmente israelí: civiles agresivos y militares moderados.

Sin embargo, es lamentable que esta paradoja no sea parte de una dialéctica política reservada, sino que incluso haya entrado en la campaña electoral por arrogancia.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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