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CÓMO OPERAN LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA CHINOS

Giancarlo Elia Valori*

Desde la época de la emperatriz Wu Chao, que creó el primer servicio de inteligencia chino en el año 625 d.C., mucho ha cambiado, pero también podríamos decir que algunos rasgos no han cambiado por completo, como podríamos creer a primera vista.

Más tarde surgió la extraordinaria aventura de China en el mundo moderno, que comenzó con la caída del último emperador Pu Yi, que también fue culpable de colaboracionismo con los japoneses en Manchukuo y terminó sus días dibujando artísticamente la frase “hoy el pueblo es soberano” en la corte de Mao Zedong. Sin embargo, ya en 1934, los servicios de inteligencia británicos descifraron MASK, el código utilizado por el Komintern para la información de Moscú a Shanghái que, en ese momento, era el polo del Partido Comunista Chino (PCCh).

Sin embargo, fue en 1957 que los Estados Unidos comenzaron a volar sus U-2 sobre China, partiendo desde Peshawar.

En 1966, dos años después del comienzo de la Gran Revolución Cultural y Proletaria, hubo una gran purga de los servicios de inteligencia en China llevada a cabo por el muy poderoso Kang Sheng. Fue el impulsor de la caída de Liu Shaoqi, Deng Xiaoping y Lin Biao, pero luego se asoció con la “Banda de los Cuatro” y por lo tanto sufrió la habitual damnatio memoriae. Un hombre de Mao Zedong que sabía demasiado, pero murió en su cama.

Kang Sheng (康 生, 1898-1975). Detalle del cartel “¡Viva la victoria de la línea revolucionaria proletaria con el presidente Mao como representante!”, 1967.

Luego, como es bien sabido, en 1971 Li Biao fue asesinado mientras huía a la URSS con su avión.

No es de extrañar que, de nuevo en 1971, Kissinger comenzara a tratar en secreto con China. La muerte de Lin Biao fue el sello de la separación estratégica definitiva entre China y la Unión Soviética, que era lo que interesaba a Estados Unidos. En 1973 se creó la primera “estación” de la CIA en la oficina de enlace de Estados Unidos en Beijing, mientras que China tomó las islas Paracel y la CIA dejó su estación principal en Taiwán.

En 1975 se lanzó el primer satélite chino de Inteligencia Electrónica (ELINT), pero al año siguiente vio la muerte de Zhou Enlai, el verdadero maestro de la política exterior china y amigo de Kissinger, quien protegió a Mao de sus errores. Las Fuerzas Armadas regresaron al poder: con el apoyo de todos los militares, Deng Xiaoping rápidamente dejó a Hua Guofeng a un lado y se convirtió en el Secretario del PCCh, pero todavía se estaban estudiando reformas. Inicialmente Deng no era tan reformista como se creía en Occidente.

Por lo tanto, en la fase reformista de Deng, el reconocimiento diplomático estadounidense se trasladó de Taiwán a la República Popular China, que era el verdadero objetivo de China en ese momento. Poco después, China también abrió oficinas diplomáticas en los Estados Unidos.

En 1981, sin embargo, los estadounidenses desarrollaron programas para controlar a los agentes chinos en los Estados Unidos, mientras que el propio Deng Xiaoping inició el rearme nuclear de China.

La Corporación Nuclear Nacional de China fue fundada en 1988.

Diez años más tarde, en 1999, las Fuerzas Armadas chinas construyeron una base para interceptar señales militares en Cuba, pero, en 2002, comenzaron los ataques cibernéticos chinos contra algunas redes estadounidenses —conocidas como TITAN RAIN—, mientras que el FBI incluso abrió una oficina de enlace en Beijing, con asignaciones también extendidas a Mongolia.

En 2004, China puso en órbita el Nanosatellite I, pero también hubo otro ataque cibernético —probablemente de origen chino— en el Comando de Ingeniería de Sistemas de Información del Ejército de los Estados Unidos, así como en el Centro de sistemas oceánicos navales y finalmente en el espacio y la instalación estratégica en Huntsville, Alabama.

En 2010, Google sufrió el ataque cibernético AURORA. Un ataque largo, potente e inicialmente incontrolable.

Probablemente también Symantec, Northrop Grumman, Morgan Stanley y Dow Chemical fueron golpeados por los ataques cibernéticos de AURORA, aunque este hecho no está confirmado. De ahí la recopilación de datos, principalmente inteligencia económica y tecnológica para China, pero también una relación compleja con los Estados Unidos para ser penetrada informalmente pero no excesivamente dañada.

En cualquier caso, las riendas del Servicio Chino (o más bien, los servicios de inteligencia) estaban en manos del Ministerio de Seguridad del Estado.

Hay que subrayar una diferencia jurídica: si bien la KGB era un Departamento del Comité Central, el Servicio de Inteligencia de la China Comunista era un verdadero Ministerio.

El Ministerio del Interior estaba representado por el Ministerio de Seguridad Pública, pero en términos generales, debería decirse que —a diferencia de los antiguos soviéticos— los servicios de inteligencia chinos son menos obsesivos en su relación con posibles “fuentes”, de todos modos, prefiriendo a los chinos étnicos.

Además, el Servicio Exterior chino parece preferir fuentes que —a diferencia de lo que sucedió con la KGB soviética— no tienen dinero ni problemas de crisis personales, que se puedan volver peligrosas o ambiguas.

Una vez más a diferencia de los soviéticos, los servicios de inteligencia chinos no pagan voluntariamente por noticias e información. No chantajean y no extorsionan. Todo lo contrario. No pagan en absoluto. A lo sumo ayudan a familiares de los chinos en el exterior o cuestiones similares. Por lo tanto, rara vez los servicios de inteligencia chinos pagan por los datos que reciben.

En consecuencia las agencias de inteligencia chinas están interesadas en personas que raramente llaman la atención de los Servicios de Inteligencia enemigos. Operativamente hablando, esta es una excelente opción.

Una vez más a diferencia de los antiguos soviéticos, los servicios de inteligencia de China no se organizan en el extranjero. Rara vez celebran reuniones clandestinas y casi nunca usan comunicaciones encubiertas.

“El pájaro flotante es la existencia, si se sumerge es inexistencia”. La mente es como la luna: se refleja en el agua a una velocidad que el hombre no percibe. La mente no debe ser detenida, sino liberada para asir el vacío, lo invisible, la Nada.

Los Servicios de Inteligencia chinos, sin embargo, organizan áreas cerradas donde se encuentra una “fuente” —con su ritmo y necesidades— proporcionando los materiales necesarios para el gobierno chino.

La anchura de la red, sin embargo, es tal que el ritmo lento y no invasivo de los agentes chinos es capaz de alcanzar la misma —o incluso mayor— cantidad de material sensible recogido por un Servicio que no sigue al Tao, es decir, el flujo natural de eventos y personas.

Además, el Servicio de Inteligencia chino a menudo opera con académicos reales, estudiantes reales, periodistas reales y empresarios muy reales.

La cobertura es a menudo irrelevante, pero también muy cierta. De hecho, se considera una cubierta que atrae un excesivo interés, como los celos que, como Karl Kraus solía decir, “es el ladrido de un perro que atrae a los ladrones”.

Obviamente, en este sentido, los servicios de inteligencia chinos tienen una ventaja significativa, ya que pueden utilizar legalmente periodistas reales y académicos reales, mientras que en el oeste —incluso en Italia— está prohibido utilizar como agentes “periodistas, clérigos, parlamentarios y concejales de ciudad”. La estupidez ha estado atormentando a los Servicios de Inteligencia con una ferocidad digna de una mejor causa.

Por lo tanto, nadie que realmente pueda ser útil. Esto lleva a los servicios de inteligencia occidentales a fabricar complicadas e inútiles “historias” que a menudo son fácilmente descubiertas por los adversarios. Por no hablar de la difamación durante cuarenta años del Servicio de Inteligencia —como es el caso en Italia— que causa otros daños.

Para los Servicios de Inteligencia, las empresas tecnológicas chinas que operan en Occidente deben ser económicamente autosuficientes y, de hecho, obtener beneficios, sin sopesar las arcas del Servicio o del Estado.

También se permite una ganancia a menudo depredadora “al estilo occidental”, al menos siempre que esto no afecte negativamente las operaciones de inteligencia. Por lo tanto, las empresas chinas que utilizan tecnología y datos —que son el material principal de la inteligencia china actual— deben ser las empresas más obvias y naturales, sin compartimentos ocultos ni operativos ambiguos que los servicios de inteligencia del país anfitrión puedan descubrir, al menos no tan fácilmente.

Otro problema en el control de las operaciones chinas en Occidente es la dificultad —y, de hecho, podríamos decir la renuencia— con la que nuestras empresas, incluidas las PYME, denuncian los frecuentes ataques cibernéticos a menudo bajo chantaje, o incluso las crisis resultantes del fraude y las estafas que con frecuencia llevan a cabo los gerentes y los empleados.

La obsesión de estar siempre cotizando en la Bolsa hace que las empresas, incluidas las pequeñas y medianas, tengan excesivamente miedo de revelar tales operaciones adversas.

Según Leonardo-Finmeccanica, durante la fase Covid-19, se han realizado 230.000 operaciones de malware en todo el mundo, 6% de ellas en Italia.

Este año el 51% de todas las empresas italianas han sufrido uno o más ataques cibernéticos significativos, con una expansión media del 125% para los dominios llamados “Covid”.

Sin embargo en China, ha habido recientemente un cambio en el sistema estatal.

Mientras que en el pasado, antes de la globalización, también gracias a una psicología “imperial”, el Servicio tenía que defender sobre todo las fronteras y, en algunos aspectos, también la “pureza” del equilibrio étnico chino, hoy —considerando el papel económico global desempeñado por China—, el Servicio tiene que lidiar con: 1) la seguridad de los suministros de materias primas del extranjero y 2) la estabilidad del sistema productivo en una fase de grandes transformaciones sociales.

De ahí la necesaria complejidad actual del sistema de toma de decisiones del Partido Chino y del Estado: el nivel superior es el Pequeño Grupo Líder en Seguridad Nacional (NSLSG), que también tiene muchos mecanismos informales de toma de decisiones estratégicas dentro de la clase dominante china. Una élite que siempre ha sido más informal de lo que podríamos pensar.

Ciertamente, a nivel institucional, también está el Comité Permanente del Politburó, pero todavía queda Hu Jintao, un hombre todavía esencial para la arquitectura de poder de Xi Jinping, quien lo escucha atentamente.

También está el Pequeño Grupo Líder de Asuntos Exteriores, que está menos involucrado en las relaciones con los Estados Unidos —del que el mencionado Grupo Principal de Seguridad Nacional está a cargo—, pero principalmente controla el trabajo de las Agencias y las conecta.

Además del papel de los Servicios de Inteligencia, los diversos y a menudo excelentes grupos de reflexión académicos y no académicos desempeñan un papel fundamental.

También los resultados de estas estructuras son evaluados por Grupos Pequeños.

Pero, ¿cómo se decide la política exterior en China?

En primer lugar, está la PCCh pero, más precisamente, el “Comité Central del Politburó”, además del mencionado Comité Permanente del Politburó (PBSC). Con sus 204 miembros y 167 miembros “suplentes”, el Comité Central se reúne una vez al año.

El “Comité Central del Politburó” está compuesto por 25 miembros, elegidos por el Comité Central. Se reúne una vez al mes y cinco de sus miembros no suelen vivir en Beijing.

El PBSC, el Grupo Permanente del Comité Central para Asuntos Exteriores, se reúne una vez a la semana y cuenta con nueve miembros.

La Reunión es a menudo coordinada por la Oficina de Asuntos Exteriores del Comité Central.

Dentro del Comité Permanente, la Oficina de Asuntos Exteriores tiene una responsabilidad específica en el ámbito, pero no debemos pensar que el comunismo chino es autoritario, al menos en el sentido infantil del término.

Cuanto mayor sea el tema, más amplia y libre será la discusión. La línea política del líder es siempre construir el consenso más amplio entre sus asesores.

Con referencia específica a los temas más espinosos, el líder a menudo nombra a un “primer colaborador”, pero por lo general las reuniones “centrales” son rutinarias para cuestiones menores, incluso geopolíticas, mientras que el líder habla y decide sobre las cuestiones esenciales: las relaciones con los Estados Unidos —todavía una obsesión constante del Servicio de Inteligencia chino—, con Japón, Taiwán o, muy probablemente, la Federación de Rusia.

La línea política en la parte superior del sistema de toma de decisiones —y esto también complace a Xi Jinping— sigue siendo la antigua y estable línea política desarrollada por Jang Zemin, que se definió en 1999: “liderazgo colectivo, centralismo democrático, preparación individual y decisiones que siempre resultan de las reuniones”.

De este modo, el Comité Permanente y la Oficina de Asuntos Exteriores del Comité Central preparan sesiones informativas y las distribuyen entre las oficinas del Comité Central.

A menudo no hay votación, pero las discusiones se mantienen hasta que se llega a un consenso.

Por ejemplo, un raro caso de votación fue cuando Corea del Norte llevó a cabo una prueba nuclear en 2009 y China tuvo que decidir si retiraba su apoyo al país. Se emitieron siete votos negativos en contra del apoyo a Corea del Norte.

El establecimiento del mencionado Grupo Principal de Seguridad Nacional (NSLSG) siguió principalmente el bombardeo estadounidense de la Embajada de China en Belgrado. Un hecho que ha marcado la historia política reciente de China.

Hu Jintao, a quien el PSBC definió como una “personalidad principal”, dirige una oficina compleja: ocho ministros del Consejo de Estado; dos del Ministerio de Relaciones Exteriores; el Ministro de Seguridad Nacional; el Ministro de Comercio; la Oficina de Asuntos de Taiwán, la Oficina que se ocupa de Hong Kong y Macao; Oficina de Asuntos Chinos en el Extranjero y, finalmente, la Oficina de Información.

También hay dos órganos del Partido: el Departamento de Propaganda y el Departamento Internacional.

Las Fuerzas Armadas están representadas por el Ministro de Defensa y el Jefe del Estado Mayor.

Por lo tanto, los Servicios de Inteligencia chinos tienen un estilo y un modus operandi completamente diferentes en comparación con las prácticas de inteligencia de los occidentales. También tienen una organización compleja y técnicamente refinada del control político sobre las operaciones de los Servicios y, finalmente, una ejecución diferente de las operaciones de las agencias chinas en Occidente, al menos por el momento.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

Artículo exclusivo para SAEEG. Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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CÓMO FUNCIONAN LOS SERVICIOS RUSOS

Giancarlo Elia Valori* 

 El presidente Vladimir Putin habla en una reunión con oficiales de la inteligencia militar rusa, GRU en Moscú, Rusia, noviembre de 2018. (Alexei Druzhinin, Sputnik, Foto de la piscina del Kremlin vía AP).

El sistema de seguridad de la Federación de Rusia estaba formado, por supuesto, por los restos de la KGB, que se había disuelto deliberadamente y tal vez de manera irrazonable en 1991. Gran parte del “Comité” fue destruido sin ningún programa, y luego redistribuyó algunos elementos de la KGB a otros organismos o incluso a otras oficinas que no son de inteligencia, siempre tratando de contrastar y competir con las oficinas y los aparatos de seguridad entre ellos. Una idea razonable, pero para ser utilizada de una manera no exclusiva. Pero, cabe señalar, los Servicios de Seguridad rusos fueron reconstruidos y modificados después de la Guerra Fría, precisamente según el modelo estadounidense, no porque Estados Unidos hubiera ganado la “Guerra Fría”, sino porque Washington todavía mantiene, y es un error allí también, hasta 17 servicios diferentes en funcionamiento. El fin de la confrontación global había debilitado y marginado incluso antes de 1989 a las estructuras occidentales. La unidad de inteligencia política en los EE.UU. fue abolida en 1985, al igual que la División General de Inteligencia del FBI.

En Inglaterra, la Subdivisión F, la unidad contra las “actividades subversivas” cambió del MI5 a la lucha contra el terrorismo, y el criterio básico en Londres, que hoy parece cuestionable, era operar contraespionaje en el país y el espionaje sólo en el extranjero. El divide y reinarás de la clase política en los Servicios. Pero también una garantía de ineficiencia y “agujeros” informativos.

La Rusia postcomunista hizo lo mismo: la KGB fue desmembrada, con la asignación de la Guardia Fronteriza a otro organismo ad hoc y tropas de comunicaciones a la FAPSI, otra nueva agencia, mientras que los búnkeres secretos fueron en gran parte retirados o asignados a una simple oficina de la Administración Presidencial. Sin embargo, el sistema nacido de la antigua KGB duró hasta 1998. En 1991 Yeltsin intentó, sin embargo, establecer un único Ministerio de Seguridad y Asuntos Internos, una vieja reforma que había sido establecida en 1953 por Stalin, pero la Corte Constitucional bloqueó la decisión.

Y, por supuesto, ningún país puede permitirse hoy una concentración de poder como la derivada de un único servicio. Especialmente las clases políticas cleptocráticas o, como suele ser el caso de Occidente, las que son completamente incompetentes. O ambas cosas.

La larga guerra entre las clases políticas y los Servicios se ganaría, en este caso, precisamente por los Servicios. Y no es verdad que esto siempre sea malo. Las amenazas a Moscú no fueron particularmente agudas a principios de la década de 1990 por lo que el Servicio Ruso pudo transformarse, con la debida lentitud burocrática, de una manera bastante radical. Y sin demasiados daños, excepto por la falta de noticias sobre la relación entre los operadores de la transformación clepto-liberal de la economía y la clase política. No es extraño, era el objetivo que querían alcanzar.

La “liberación” de la economía rusa postsoviética fue el fin, el silencio obligatorio de los Servicios, o su participación en el clepto-sistema, era el medio. Una gran parte de la KGB, especialmente la relacionada con la contrainteligencia, fue reconstruida como FSB.

La Primera Dirección Central, la de operaciones extranjeras y espionaje, se convirtió en el Servicio de Inteligencia Extranjera, el SVR; la 6ª y 8ª Dirección de la KGB, que ya operaban en inteligencia electrónica y señales, se fusionaron y organizaron en una nueva Agencia, la Agencia Federal de Comunicaciones e Inteligencia Gubernamentales, FAPSI, sobre el modelo explícito de la NSA estadounidense. La 15ª Dirección de la KGB se convirtió en la Dirección Presidencial de Programas Especiales, responsable de la protección de la infraestructura más secreta y delicada del país, mientras que la Primera Dirección de Seguridad, o 9ª Dirección de la antigua KGB, tenían como objetivo proteger a las personalidades más importantes del país.

Las tropas fronterizas, como ya hemos señalado, se convirtieron en una administración autónoma. Fue Yeltsin quien se aseguró de que la competencia entre los Servicios y las agencias fuera máxima, también para evitar que sus ministros conocieran cuestiones antes o mejor que él.

Pero el problema es la comprensión, no «tenerlo primero». Si el estadista no lo logra, no hay nada que pueda mostrarle una nota del Servicio, una nueva idea, iniciativa, una nueva operación, nada. Están los que nacieron evaluadores de tráfico, los que nacieron estadistas. Y nosotros, como asesores de segundo nivel, somos demasiados. El SVR también compitió con el GRU (el Servicio Militar) y el FSB, que luego participó en competencias reales con la FAPSI.

Dentro de la Presidencia, también estaban los servicios que los rusos llaman “sociológicos”: el GAS, para monitorear la situación sociopolítica (y económica) en las regiones más alejadas de Moscú, luego el Vybory, que sirve para monitorear los procesos electorales y también el desafío de controlar los costos administrativos. Eficiente incluso hoy.

En 1993 incluso se fortaleció el sistema de competencia interna de los Servicios. Ese año también apareció la Policía Tributaria, que competía directamente con el Departamento de Seguridad Económica del FSB. En manos de Putin, estas estructuras, especialmente la Oficina Tributaria, se convirtieron en la principal herramienta, muy selectiva, contra los «oligarcas». Los oligarcas afines fueron elegidos, los otros fueron forzados al exilio o algunas visitas a Siberia.

Una elección racional y práctica para no destruir el sistema, que habría sido exagerado, y una manera de mantenerse en el poder.

La competencia excesiva entre los Servicios puede dar lugar a peligrosas luchas internas por la estabilidad del Estado y, sobre todo, por la fiabilidad de la información, por lo que la Presidencia trató de poner un límite a este “juego de matanza”. En 1998, la idea de reunir todas las piezas en las que la vieja KGB había sido dividida renació justamente para evitar que la competencia entre las Estructuras destruyera la función misma de inteligencia. Pero no fue hasta 2003 que Putin, ahora en el poder, abolió el Servicio Federal de Policía Tributaria, luego también la FAPSI, finalmente la Agencia Federal para la Guardia Fronteriza y algunas otras oficinas. En cambio, nació el “Comité Estatal para combatir el comercio ilegal de estupefacientes”, los Guardias Fronterizos se reincorporaron al FSB y la FAPSI se dividió de nuevo entre el FSB y el Servicio Federal de Seguridad. Eso se había mantenido intacto entre las diversas y a menudo inteligentes “reformas”.

El FSB tuvo inmediatamente un control total, casi directo, del Ministerio del Interior. La 5ª Dirección de la KGB, que se ocupaba de la “investigación política” dirigida e inventada por Yuri Andropov, escapó en parte de la reconstrucción-fragmentación de los servicios rusos. Como dijo el propio Andropov, la 5ª Dirección fue creada para “luchar contra la subversión ideológica inspirada en nuestros enemigos en el extranjero”. Y pensar que algunos periódicos italianos, cuando se convirtió en secretario del PCUS, hablaron de su “pasión por el jazz” y por el “arte moderno”. Nada lo prohíbe, por supuesto, pero Andropov no dudaría por un momento en enviar a ciertos artistas al frío siberiano.

El 1º Departamento de la 5ª Dirección se especializó en la infiltración y el control de los sindicatos, el 2º operaba contra los centros, internos y extranjeros, que apoyaban a los disidentes soviéticos en el extranjero, la 3ª operaba dentro del mundo estudiantil, y sólo la 5ª Dirección, con la 14ª controlaban a periodistas extranjeros, el 13º mantuvo un ojo en los punks y grupos espontáneos, el 8º a los judíos. Llegaron a emplear hasta 2.500 empleados. Para “limpiar” la imagen de la 5ª Dirección, en 1989, fue renombrada “Dirección para la Protección de la Constitución”, pero fue eliminada formalmente en agosto de 1991. Después de siete años, en 1998, la nueva Dirección para la Protección de la Constitución nació dentro del FSB. Opera, según la Presidencia rusa, en la “esfera sociopolítica” contra la “sedición interna” que siempre ha sido, afirmaba Yeltsin, “más peligrosa que las invasiones externas”.

Luego, este departamento fue colocado en el departamento de “Lucha contra el Terrorismo”, debido a que los servicios de inteligencia rusos siempre han separado el “terrorismo” de la “subversión”, una señal de que su análisis político es más fino que el occidental. Pero en 2002, de nuevo por temor a concentrar demasiado poder en un servicio, el Servicio de Lucha contra el Terrorismo se dividió en dos. Increíble cómo una agencia de inteligencia podría haber trabajado con esta continua trituración institucional. El Servicio BT, o Contraterrorismo, fue devuelto al FSB pero con un nuevo nombre, SZOKS y BPeh, el “Servicio para la Protección de los Fundamentos del Sistema Constitucional” en el primer caso y el de “Lucha contra el Extremismo Político” en el segundo. Se debe tener en cuenta que la lucha contra el terrorismo siempre estuvo separada de la lucha por la “protección de la Constitución”.

En esos años, nació una nueva necesidad rusa: el control del vecino extranjero, es decir, la CEI. El proyecto vigente de la Federación Rusa-Belarús nació en 1999.

Pero en 2005 el FSB necesitó realizar operaciones serias más allá de sus vecinos, por ejemplo en las zonas europeas y norteamericanas. Desde entonces, los servicios rusos tienen especial cuidado de no permitir que las revoluciones de color, típicas del enfoque actual de los Servicios Occidentales a la desestabilización/aislamiento de la Federación de Rusia, estallen en su “área de respeto”. Todo surge de la transformación “democrática” serbia, de la red de OTPOR, organizada en la embajada de Estados Unidos en Hungría, y de las redes de las fundaciones estadounidenses e incluso europeas.

Ante las revoluciones de color, el FSB también resultó una agencia de inteligencia del viejo estilo, con su nueva “Dirección para la Coordinación de la Información Actual” (UKOI) y la de “planificación estratégica, análisis y previsión” (DAPSP) como los órganos más importantes y poderosos del Servicio. El GRU y el SVR también retoman su antigua función como agencias de inteligencia en las etapas de la llegada y los primeros años de Putin en el poder.

En 2005, la estructura del FSB que organiza las relaciones con los países de la CEI, es renombrada como “Servicio de Información Actual”. En 2003, vimos que los Guardias Fronterizos finalmente fueron retornados al FSB.

Pero hay, la Federación siempre sigue siendo un “estado policial”, otros dos cuerpos que se ocupan de las fronteras y que no son dirigidos por el Kremlin. Es el “Centro Antiterrorista de los Países de la CEI” y luego el sistema de control interno de la Organización de Cooperación de Shanghái. En 2006, la Duma aprobó el establecimiento de un servicio especial que elimina a los terroristas en el extranjero. Escribí “elimina”. Por otro lado, un Servicio también tiene que ver con ciertas etapas de la vida.

Siempre recordamos el delicado y largo momento del pasaje entre Yeltsin y Putin en 2000. En ese año que Vladimir Putin insertó una parte del FSB en las Fuerzas Armadas, feudo del excelente GRU, nunca muy manipulado por los políticos. El FSB, que era el objetivo geográfico y estratégico, organizó inmediatamente una “Dirección para el Cáucaso Norte” y una contrainteligencia militar en esa área.

También cambia el estilo de trabajo del Servicio: a partir de 2003, el FSB y el SVR no sólo revelan la información confidencial que han recopilado, sino que también la interpretan, algo a lo que la vieja KGB nunca se habría atrevido.

El “kappa” fue excelente, como todos los Servicios que tienen detrás de ellos un verdadero Estado (meditación actual para Italia) especialmente para las operaciones en el extranjero y para la penetración en otros lugares, como en Italia, por ejemplo, pero nunca se atrevió a interpretar los datos que recopiló, esperando irremediablemente al discurso paramarxista y osificado del Kremlin. Según la charla pseudo-marxista, la KGB hizo lo que se le antojaba. Buenos tiempos. La información llegaba casi sin procesar y sólo al escritorio del director de la KGB (y luego, por un tiempo, también al del FSB) y sólo él quien seleccionaba los datos que consideraba importantes. Los datos recogidos por el Servicio eran enviados a los diversos departamentos de la Comisión Central, y por supuesto aquí radicaba el control del Partido sobre la KGB.

Luego, en la década de 1990, se añadieron a la Lubjanka otras Direcciones: el Servicio Psicológico, que estaba interesado en los fenómenos de masas y la contrapropaganda.

El análisis de fuentes abiertas, tan importante hoy en día para todos los servicios, no existía entonces como tal. Ni antes ni después de la caída del régimen soviético. Hubo algún estudio de los errores y de las evaluaciones correctas realizadas por el Servicio en años anteriores y para casos similares. También existía la campaña, organizada a través de los muchos canales occidentales complacientes, para crear el «mito» del FSB, como años antes se había realizado para la KGB, sin duda un excelente servicio, pero no tan extraordinario como la propaganda indicaba, incluso la occidental.

Pero la propaganda, para un Servicio, siempre debe estar bien organizada y apoyada, no como sucede en Italia, donde parece que nuestros Servicios están representados principalmente por los militantes de “Avanguardia Operaia”. Y, por nombrar uno, uno de estos viejos militantes fue ministro del interior y de un partido de derecha. Está muy implicado Francesco Cossiga, que votó a favor de una moción individual de no confianza sobre este líder político.

Aquí, incluso hoy en día, los Servicios Soviéticos, aunque excelentes y eficientes (especialmente desde el punto de vista operativo) surgen de esta larga odisea entre clases políticas inciertas, evaluaciones sectoriales y a menudo de “consensos” políticos incompetentes. Hoy es crucial el papel de Putin, que ha restablecido la competencia entre las agencias, pero de una manera más compleja y controlada por el Kremlin. Después de Vladimir Vladimirovic, y este es sin duda uno de los objetivos de las actuales operaciones occidentales, los servicios rusos volverán al caos resultante de una poliarquía política a menudo para-criminal.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Nota: traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. 

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CAMBIO E INSTITUCIONALIZACIÓN EN LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA LATINOAMERICANOS: BREVE REPASO

Fabricio Rauber Lema*

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Introducción

En noviembre de 2015, una serie de ataques terroristas perpetrados en París dejaron más de 120 muertos y centenares de heridos. Según reportes policiales, sujetos armados con fusiles de asalto y explosivos generaron tiroteos “en los distritos 10 y 11 de la capital, además de provocar varias detonaciones cerca del Estadio de Francia”[1]. El punto más grave donde el ataque tuvo lugar fue en la sala de conciertos Bataclan, en la que murieron más de 80 personas. François Hollande, entonces Presidente de Francia, declaró el estado de emergencia en toda la República y el cierre de fronteras.

Meses después, una comisión estatal encargada de investigar el ataque y la respuesta que dieron los organismos estatales al mismo —de la que formaron parte los diputados Georges Fenech y Sébastien Pietrasanta—, afirmó que hubo “varios fallos en la gestión global de la amenaza terrorista (…) destacando la ausencia de preparación de Francia frente a este tipo de acciones”[2]. Del informe presentado se derivaba como parte primordial la reforma del servicio de inteligencia francés; entre las 39 propuestas emitidas para luchar contra el terrorismo —asunto sobre el que se centró la atención del debate político y público—, cuenta Fernández), estaba la creación de una agencia nacional de inteligencia y la fusión de tres entidades de élite (GIGN, RAID y BRI)[3]. A la falta de coordinación entre entidades del ramo y la presunta incapacidad para detectar la amenaza y su naturaleza, se le atribuyó una directa denominación como fallo de inteligencia.

La no articulación entre miembros de un determinado sistema de Inteligencia o la no identificación de una amenaza a tiempo supone serias consecuencias que, como en el caso descrito y uno de los escenarios más catastróficos, puede incluso costar vidas de ciudadanos y ciudadanas. Lejos de la idealización de la actividad de inteligencia y contrainteligencia implantada por el séptimo arte, donde los agentes transitan entre país y país, a bordo de lujosos automóviles y accionando sofisticadas armas que podrían fácilmente encajar en la ciencia ficción, la actividad de inteligencia y contrainteligencia supone tareas mucho más profundas de operaciones y análisis para la obtención de datos e información en busca de seguridad y oportunidades para el Estado y su ciudadanía. Es una actividad que, como otras, ha mutado a fin de ajustarse a las características y necesidades que la sociedad actual demanda y que, para el caso de los países latinoamericanos, supuso un encuadre dentro de conflictos ajenos que causaron serias heridas sociales y desconfianza colectiva. Hoy, sin haber superado aún tal bache por completo, se tienen en frente amenazas para la región que son objeto de una intervención colectiva y estratégica. 

Primeras prácticas

Luis Darío Buitrago explica que la inteligencia es una actividad cuya práctica se remonta a siglos atrás y ha fungido como una herramienta para el “desarrollo de los pueblos”[4]. Relata que en China se tienen los primeros registros sobre el empleo de espías. En el siglo XIX a.C., el rey Shao-K’ang envío a un colaborador para que vigile al asesino de su padre, mientras él reunía lo necesario para implantar la dinastía Xia. Tiempo después, Yi Yin, el que sería el primer espía reconocido, trabajó como agente encubierto para la dinastía Shang, y tuvo un papel preponderante en las campañas para derrotar a los Xia[5]. Yi Yin pasó como consejero del emperador Chieh y, gracias a su trabajo y jornadas junto a la autoridad, hizo un perfil sobre cómo era éste, lo que permitió, según cuenta Buitrago, realizar operaciones psicológicas sobre él.

En otro ámbito, continúa Buitrago, el primer desertor reconocido en la historia china fue Tai Kung, quien había sido espía para los Shang y se puso a servicio de la dinastía Zhou, a quienes informó sobre la organización, poderío militar, debilidades y fortalezas de los primeros. Con los datos entre manos, los Zhou pudieron “sorprender a los Shang en la batalla decisiva que terminó por derrocarlos”[6] (Sanz 2012, 05).

Durante la segunda guerra púnica, añade Buitrago, los comandantes romanos empleaban espías, colaboradores, embajadores y otros recursos para obtener datos e información que les permitiera conocer acerca de las actividades de los pueblos y combatientes cartagineses. Durante la Segunda Guerra Púnica, tales datos fueron fundamentales para interceptar dos ejércitos al mando de Asdrúbal Barca.

Así como se tenían actividades para la obtención de datos en el terreno, otras tareas como la recolección de imágenes resultaban estratégicas para conocer las capacidades y distribución del oponente. De acuerdo con la raíz misma de la actividad de inteligencia, en el seno militar se desarrollaron medios tecnológicos para obtener dichos datos que apoyaban la planificación de operaciones.

La primera vez que se utilizan medios aéreos para la obtención de imágenes estratégicas es en la batalla de Fleurus, en 1794, donde el Cuerpo Aerostático Francés de la Primera República usó un globo retenido por cuerdas, l’Entreprenant, para ganar un punto de observación que sería determinante en el transcurso de la batalla.[7]

Desde sus inicios, la inteligencia y la contrainteligencia vieron en su naturaleza el empleo militar fundamentalmente. Sin embargo, explica Andrew Rathmell, dicha actividad tuvo un proceso de evolución tardío, como “profesión y proceso moderno” [8] respecto del momento histórico en el que la sociedad se ubicaba. En el periodo temprano de la llamada modernidad, la inteligencia era un asunto militar y diplomático ad hoc. En dicha época, los servicios de inteligencia eran informales y, en muchos pasajes, una tarea personal. La actividad se fue formalizando tras el establecimiento de embajadas desde el siglo XVII y la evolución de las relaciones internacionales. La inteligencia militar inició un proceso de estructuración moderna “durante la era napoleónica a medida que en que la naturaleza de la guerra cambiaba y los requerimientos para información de uso militar útil se incrementaron”[9] [10].

A finales del siglo XIX, en medio de latentes conflictos bélicos y una habitual coyuntura beligerante, las potencias de entonces comenzaron a integrar la inteligencia y la contrainteligencia en las funciones del mundo militar, y la acreditación de agregados se normalizó. Conforme al avance de la tecnología, tanto desde lo industrial cuyas aplicaciones se dirigían a la cotidianidad ciudadana y empresarial, y a aquella de fines militares, fungieron como una oportunidad para que la inteligencia tomara un rol más sólido, en el marco de la Primera Guerra Mundial. Asimismo, esa necesidad y papel relevante que tomó, dio paso para que los medios técnicos y tecnológicos también experimentasen un avance para la recolección de datos y su difusión. Por un lado, la inteligencia y la contrainteligencia se ubicaron como actividades fundamentales para el conocimiento del entorno y de la naturaleza del oponente y también se cimentaron las bases de ésta como una entidad estructurada, organizativa y con procesos propios.

El periodo entreguerras, continúa Rathmell, detuvo la institucionalización en marcha. Durante la Segunda Guerra Mundial hubo un enorme avance debido a la escalada mundial de las necesidades de datos e información y el alcance de las operaciones. Allí, los consumidores de inteligencia y de contrainteligencia ya no fueron solamente las instancias militares —a las que naturalmente correspondía— sino también a las políticas. En otra instancia, y quizá no como un objetivo primigenio, la coalición contra Alemania y Japón dio como producto una comunidad de inteligencia, anclada en la estructura del Reino Unido y de los Estados Unidos.

Las estructuras de inteligencia de la Guerra Fría que surgieron en las décadas de 1940 y 1950 profundizaron y ampliaron esta institucionalización de la inteligencia. Por primera vez, la inteligencia desarrolló las características de un proceso y una profesión verdaderamente modernos. Curiosamente, el surgimiento de la inteligencia “moderna” tuvo lugar en una era en que la modernidad misma comenzaba a ser desafiada en las esferas artística e intelectual.[11]

Luego del cese de las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad de inteligencia conformada había implementado una estructura burocrática permanente, con responsabilidades determinadas y procesos de producción establecidos. Las nuevas necesidades de información, esta vez en el marco de la Guerra Fría, ya no tenían que ver con un conflicto abierto, sino en la confrontación de dos bloques ideológicamente opuestos y que planteaban ordenamientos sociales divergentes. Tres características de la Guerra Fría proporcionaron a los servicios de inteligencia su modelo de funcionamiento y objetivos, según Andrew Rathmell:

    1. Escalada de la amenaza percibida: ideología y aniquilación nuclear.
    2. Naturaleza militarizada del objetivo: recolección de indicadores técnicos, científicos y económicos sobre el oponente.
    3. Previsibilidad del contexto geopolítico: el enfoque de las tareas apuntaba al monitoreo de las actividades militares y estratégicas de la Unión Soviética.

Dentro de tal escenario, la inteligencia y la contrainteligencia operaban con blancos específicos cuyo tratamiento obligaba, en la mayoría de ocasiones, al empleo de técnicas clandestinas que profundizaron la separación entre el servicio, la sociedad y los intereses de ésta.

Nuevo sentido

El fin de la Guerra Fría y la caída de la Unión Soviética supusieron el posicionamiento de un modelo económico con claros roles para el Estado y el sector privado, de donde derivaban percepciones de mundo y organización social, la preponderancia de una ideología hegemónica y, entre otras cosas, la superación de anteriores objetivos para las actividades de inteligencia. Frente a la ausencia del bloque antagónico y la amenaza que implicaba, apunta nuevamente Rathmell, surgieron múltiples críticas que demandaban la reforma de los servicios de inteligencia y los blancos de tratamiento sobre los que ubicaban su atención, sobre todo en un momento donde la revolución de la información dotaba de necesidades y herramientas nuevas y se avizoraba el surgimiento de amenazas transnacionales.

Sherman Kent, analista de Inteligencia y director de la Office of National Estimates (ONE), una prestigiosa dependencia de la CIA, fue quien tras publicar su célebre texto Strategic Intelligence for American World Policy, inauguró una novedosa visión de la inteligencia donde ésta se vuelve estratégica para el análisis de los fenómenos, riesgos y amenazas.

El inicio de una era de información ha permitido cambios dramáticos que abarcan el fin del comunismo, el inicio del «estado de mercado», con las transformaciones que lo acompañan en los roles del Gobierno y de actores privados, el surgimiento de Estados emergentes y la proliferación de actores no estatales. La inteligencia ahora tiene muchos objetivos, no uno; muchos consumidores, no sólo unos pocos; y vastas cantidades de información que es en gran medida poco confiable, no una escasez de información que proviene principalmente de satélites o espías y, por lo tanto, se considera precisa.[12]

El nuevo estadio de la inteligencia, denominada estratégica, no se ceñía a la identificación de aquellos posibles factores que constituyen lo antagónico, sino a un estudio y análisis del fenómeno donde se ubican los objetivos planteados, sus amenazas y las oportunidades que se pueden desprender de él. Es una tarea que busca minorar el aspecto reactivo y profundizar lo prospectivo. Don Macdowell[13], explica que para que la inteligencia estratégica tenga el éxito deseado, está sujeta a dos aspectos:

    1. Convencimiento al aparado directivo sobre la necesidad de un buen análisis para una alcanzar una buena planificación.
    2. Capacitación adecuada y amplia a los responsables de realizar el análisis, para que comprendan lo que implica la aplicación de sus habilidades y conocimientos en cuestiones estratégicas.

La actividad en Sudamérica

La inteligencia y contrainteligencia en nuestra región ha estado ligada en el imaginario social, y con justa razón, a tareas clandestinas, encubiertas y, principalmente, de persecución. En su germen, los servicios apuntaban hacia el tratado de objetivos a nivel interno, que luego se alinearon a la lucha contra una ideología determinada durante la Guerra Fría. Gómez de la Torre Rotta explica que el inicio formal de la actividad en América del Sur se ubica en mediados de los años cuarenta[14]. Entonces, Argentina creó la Coordinadora de Informaciones del Estado (CIDE) y Brasil, de su lado, el Servicio Nacional de Informaciones y Contra-informaciones (SFICI). En 1947, el PRI crea en México la Dirección Federal de Seguridad (DFS). El ejercicio de dichas entidades les alineó más a una verdadera policía política.

Ya en medio de la Guerra Fría, en Colombia se creó, en 1953, el SIC-DAS. En 1960, durante el gobierno de Manuel Prado, en Perú nació el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN).

La revolución cubana, como principal evento de la región, se ancló en el mapa mundial del enfrentamiento entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. En países de Sudamérica la disputa entre ambos bloques se alineó a la Doctrina de Seguridad Nacional, promovida por el país del norte, y que buscaba combatir la diseminación y avance del comunismo. A la luz de los hechos surgen —o se reforma—, por ejemplo, en Brasil el Servicio Nacional de Informaciones (1964); en Venezuela, la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (1969); la Dirección de Inteligencia Nacional y la Central Nacional de Informaciones, en Chile; la Dirección Nacional de Inteligencia, en Ecuador o la Agencia Nacional de Servicios Especiales, de El Salvador.

En el otro frente, entidades inspiradas en la doctrina y tareas de inteligencia de la URSS tuvieron su germen en instituciones como la Dirección General de Inteligencia cubana, y luego, con apoyo de la isla, la Dirección General de Seguridad del Estado en Nicaragua.

Durante dicha época, la inteligencia y la contrainteligencia en los países de la región estaba orientada hacia la seguridad interna, donde se buscaba un enemigo ideológico, los mecanismos para contrarrestarle y sus posibles efectos subversivos que se deriven, dentro de un campo de acción caracterizado por la falta de control y límites a las operaciones. José Manuel Ugarte afirma que en aquel momento las características de la inteligencia estaban alineadas a la “doctrina de seguridad continental y fronteras ideológicas de contrainsurgencia (…)”.

La actividad de inteligencia de la época tuvo caracteres comunes, aplicables en menor grado al caso costarricense: competencias muy amplias, orientadas fundamentalmente al ámbito interno, derivadas de conceptos de seguridad de gran amplitud (…) analizaba la propia sociedad, buscando allí al enemigo ideológico (…).  El objeto fundamental de tal actividad era el de detectar en la propia sociedad el enemigo u oponente de carácter subversivo, para lo cual se entendía necesario, como se sostenía a la época, conocer el acontecer de toda la sociedad. Esa orientación hacia la propia sociedad, sin límites de ninguna naturaleza, constituyó –con algunas excepciones- la característica más saliente de la actividad de inteligencia latinoamericana durante la Guerra Fría, que influiría en cierto grado en las características de tal actividad durante épocas posteriores.[15]

El fin del conflicto Este-Oeste, así como generó debate acerca de los objetivos sobre los que debería enfocarse la inteligencia en los Estados Unidos, acarreó análoga reflexión para los servicios en el sur del continente. El interés político que conllevaba el control y manejo de los servicios, capitalizado por la experiencia dejada sobre la población, fue uno de los primeros motores que llevaron a la democratización de éstos, como apunta Gómez de la Torre Rotta[16], y encuadrarlo en el estado de derecho. El proceso de institucionalización de la inteligencia y contrainteligencia en la región inició a través de la expedición de normativas que buscaban definir la actividad, y fijarle límites y contrapesos. Años después, tales cambios se acrecentaron frente a la proliferación de nuevas amenazas y a los cambios geopolíticos mundiales que afectaron, en la medida correspondiente, a la región[17]. En este sentido, se pueden mencionar los siguientes ejemplos:

País[18]

Año Normativa Detalle
Argentina 1991 Ley N°24.059, de Seguridad Interior Instauró el primer órgano de control legislativo para inteligencia y de seguridad interior en Latinoamérica. Creó una Comisión Bicameral de Fiscalización de Seguridad Interior e Inteligencia. La Ley fue modificada por la N° 25.520 (2001) y la N° 27.126 (2015).
Brasil 1999 Ley N°9.883 Creó el Sistema Brasileño de Inteligencia (SISBIN) y de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN).
Venezuela 2000 Ley del Sistema Nacional de Inteligencia Junto a la de 2000, en 2008 la Ley del Sistema Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia fue el segundo intento por aprobar un marco normativo en dicha materia. Según críticos de la época, el proyecto incluía aspectos que menoscababan los derechos individuales.

En 2010, el Decreto N° 7.453 convirtió a la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP) en el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), bajo control del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores y Justicia.

Perú 2001 Ley N° 27.479 Sustituida por la ley N° 28.664 (2006) y luego modificada por el Decreto Legislativo N° 1141 (2012).
Chile 2004 Ley N° 19.974 Fue creada la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI), y reemplazó a la Dirección de Seguridad Pública e Informaciones.
México 2005 Ley de Seguridad Nacional Dentro del marco normativo de incluyeron aspectos sobre Inteligencia.
Guatemala 2005 Ley 71 y Ley 18 Sobre la Dirección Nacional de Inteligencia Civil  (71) y el Marco del Sistema Nacional de Seguridad, donde se abordan normas para la función de inteligencia.
Ecuador 2009 Ley de Seguridad Pública y del Estado Creó la Secretaría Nacional de Inteligencia (SENAIN). En diciembre de 2018, el Decreto Ejecutivo N° 526 eliminó la entidad tras ser ésta objeto de críticas y reparos a las acciones que llevó a cabo, y dio paso al Centro de Inteligencia Estratégica.
Nicaragua 2010 Ley N° 750, Ley de Seguridad Democrática de la República de Nicaragua Creó el Sistema Nacional de Seguridad Democrática, donde a la Dirección de Información para la Defensa se le dio funciones de Secretaría Ejecutiva. Fue reemplazada, en 2015, por la N° 919, la Ley de Seguridad Soberana de la República de Nicaragua.
Bolivia 2010 Varios proyectos legislativos acerca de Defensa y Seguridad Algunos de las propuestas trataban sobre el Sistema de Inteligencia del Estado Plurinacional, donde se planteaba la creación de la Dirección de Inteligencia del Estado Plurinacional, que estaría fiscalizada por una comisión en la Asamblea Legislativa Plurinacional.
Colombia 2011 Ley Estatuaria N° 1.621 En 2011 se suprimió, mediante Decreto N° 4.057, el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) tras serios cuestionamientos sobre sus actividades, asimismo, se creó la Dirección Nacional de Inteligencia, a través del Decreto N° 4.179.
Paraguay 2014 Ley N° 5.241 Creó el Sistema Nacional de Inteligencia y la Secretaría Nacional de Inteligencia. Depende directamente del Presidente de la República.

Pese a que los marcos normativos, que suponen un avance no menor para la institucionalización de la inteligencia y de la contrainteligencia en la región, el proceso ha trascurrido —quizá— no a la brevedad esperada, y en medio de cuestionamientos y críticas hacia algunos servicios por alejarse de su misión esperada y convertirse en herramientas coyunturales con determinados fines políticos. Por la naturaleza de la actividad, y el poder que conlleva su manejo frente a la capacidad de los sistemas para estudiar el entorno social y sus componentes, resulta imperioso claros márgenes normativos para sus acciones.

(…) el proceso de institucionalización de inteligencia en América Latina tuvo un trasfondo marcado por la guerra fría, y hoy en día es característico que las estructuras tengan como eje de acción la seguridad interior y la defensa nacional. Además de los cambios de paradigma (…) aun [sic] siguen presentes las prácticas del enemigo interno (…).[19]

Consideraciones finales

El escenario actual que viven los países en el continente no precisa de una visión sobre los objetivos de inteligencia tradicionales. Las amenazas y conflictos híbridos, cuyas expresiones se pueden manifestar de forma simultánea en diversos ámbitos como el legal, cibernético, económico, político, comunicacional y mediático, y que en su naturaleza combinan elementos de diversos fenómenos con la participación de actores no estatales y en formas multimodales, según apunta Mariano Bartolomé[20], arrojan necesidades de análisis y tratamiento diversas para el estudio de los fenómenos, sus participantes, efectos e, incluso, las oportunidades para el Estado que puedan identificarse. Dichos fenómenos modifican las relaciones sociales entre ciudadanos y desde los sujetos hacia el Poder, y alteran conceptos clásicos como el monopolio del uso de la fuerza por parte del Estado —planteado por Weber—, que moviliza la actividad a diferentes dimensiones y sujetas a respuestas transdisciplinares. Un ejemplo de ello es el narcotráfico.

La institucionalización de la Inteligencia y de la Contrainteligencia en Latinoamérica requiere de un fortalecimiento orgánico que permita tener entidades sólidas con claros márgenes de acción y de personal altamente calificado, no sólo en las áreas del conocimiento que les corresponde, sino en cuanto a ética, sentido de pertenencia y servicio a la ciudadanía, principal beneficiario de los logros que puedan alcanzarse. Por otro lado, y con un papel preponderante, es necesario fomentar la Cultura de Inteligencia en la población, de modo tal que permita superar los imaginarios negativos asociados al campo y que posicionen la necesidad e importancia de la Inteligencia fundamentalmente para la seguridad del Estado y su ciudadanía, pero también como un elemento adicional de desarrollo de las naciones.

 

Referencias

Bartolomé, Mariano. “Amenazas y conflictos híbridos: características distintivas, evolución en el tiempo y manifestaciones preponderantes”. URVIO, Revista Latinoamericana de Estudio de Seguridad. No.25, 2019, p. 8-23.

Buitrago, Luis Darío. “El paradigma de la Inteligencia en el Estado democrático de Derecho”. Nuevos paradigmas de las Ciencias Sociales Latinoamericanas, Instituto Latinoamericano de Altos Estudios (ILAE), Lima, Perú, 2013, p. 27-44.

Carlos Yárnoz. “Más de 120 muertos en los atentados de París”. El País (España), 14/11/2015, <https://elpais.com/internacional/2015/11/13/actualidad/1447449607_131675.html>.

Fernández, Sophie. “Fallos de inteligencia en los atentados de París”. La Voz de Galicia, 06/07/2016, <https://www.lavozdegalicia.es/noticia/internacional/2016/07/06/fallos-inteligencia-atentados-paris/0003_201607G6P19992.htm>.

García Pérez, Heiner. “Servicios de inteligencia en América Latina, una visión comparada de la inteligencia estratégica: Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Perú”. Tesis. Bogotá: Universidad del Rosario, septiembre de 2018.

Gómez de la Torre Rotta, Andrés. “Servicios de Inteligencia y democracia en América del Sur: ¿Hacia una segunda generación de reformas normativas?” Agenda Internacional, 2009, p. 119-130.

Mcdowell, Don. Strategic Intelligence: A handbook for Practitioners, Managers, and Users. Maryland: The Scarecrow Press, 2009.

Rathmell, Andrew. «Towards postmodern Intelligence .» Intelligence and National Security, 2010, p. 87-104.

Sanz, Antonio. Historia de la inteligencia China: de Sun-tzu a la ciberguerra. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 2012.

Treverton, Gregory. Reshaping national intelligence for an age of information. Cambridge: Cambridge University Press, 2004.

Ugarte, José. “Actividades de Inteligencia en América Latina: características, fortalezas, debilidadades, perspectivas de futuro”. Política y Estrategia. Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos, 2016, p. 37-74.

Walburga, Wisheu. “Debate sobre la historicidad de la dinastía Xia y sus capitales: ¿fue Wangchenggang la capital de Yu?”. Estudios de Asia y de África, vol. 30, núm. 3 (98). Septiembre de 1995. https://estudiosdeasiayafrica.colmex.mx/index.php/eaa/article/view/1587/1587.

 

* Estudios en periodismo, Política Pública, por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO); e Inteligencia. Analista de política pública y temas relacionados a Inteligencia, Contrainteligencia y Seguridad.

Referencias

[1] Carlos Yárnoz. “Más de 120 muertos en los atentados de París”. El País (España), 14/11/2015,  <https://elpais.com/internacional/2015/11/13/actualidad/1447449607_131675.html>, [consulta: 16/02/2020].

[2] Fernández, Sophie. “Fallos de inteligencia en los atentados de París”. La Voz de Galicia, 06/07/2016. <https://www.lavozdegalicia.es/noticia/internacional/2016/07/06/fallos-inteligencia-atentados-paris/0003_201607G6P19992.htm>, [consulta: 16/02/2020].

[3] Ídem.

[4] Buitrago, Luis Darío. “El paradigma de la Inteligencia en el Estado democrático de Derecho”. Nuevos paradigmas de las Ciencias Sociales Latinoamericanas, Instituto Latinoamericano de Altos Estudios (ILAE), Lima, Perú, 2013, p. 28.

[5] En algunos espacios también llamada Hsia, es la dinastía más antigua en la historia de China. Sobre ella, tan sólo existen referencias literarias aunque, como explica Wisheu Walburga (1995), los relatos sobre su origen, existencia, obras y demás fueron puestas en duda debido a la falta de evidencia arqueológica que la respalde. Para  Gu Jiegang  -añade Walburga- de acuerdo a la tesis de la estratificación, dicha época fue modelada según las necesidades políticas de periodos concretos. Algunos hallazgos, como el complejo Erlitou, dan cuenta de asentamientos organizados con divisiones administrativas pero, hasta el momento, no son concluyentes para esbozar un entramado de sucesión dinástica.

[6] Sanz, Antonio. Historia de la inteligencia China: de Sun-tzu a la ciberguerra. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 2012, p. 5.

[7] Buitrago, Luis Darío. Op. cit., p. 30.

[8] Rathmell, Andrew. “Towards postmodern Intelligence”.  Intelligence and National Security, 2010, p. 90.

[9] Traducción del autor.

[10] Ídem.

[11] Rathmell, Andrew. Op. cit., p. 90, (traducción del autor).

[12] Treverton, Gregory. Reshaping national intelligence for an age of information. Cambridge: Cambridge University Press, 2004, p. 6 (traducción del autor).

[13] Mcdowell, Don. Strategic Intelligence: A handbook for Practitioners, Managers, and Users. Maryland: The Scarecrow Press, 2009.

[14] Gómez de la Torre Rotta, Andrés. “Servicios de Inteligencia y democracia en América del Sur: ¿Hacia una segunda generación de reformas normativas?” Agenda Internacional, 2009, p. 119-130.

[15] Ugarte, José. “Actividades de Inteligencia en América Latina: características, fortalezas, debilidadades, perspectivas de futuro”. Política y Estrategia. Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos, 2016, p. 44.

[16] Gómez de la Torre Rotta, Andrés. Op. cit.

[17] Uno de los eventos más relevantes que dio paso al cambio de paradigma en la Inteligencia fue el ataque a las Torres Gemelas, en los EE.UU. A partir de ello, el fenómeno del terrorismo fue entendido como una amenaza diferente que conjugaba factores y motivaciones diversas y actores no estatales.

[18] Elaboración propia, con base a Ugarte (2016) y Gómez de la Torre Rotta (2009).

[19] García Pérez, Heiner. “Servicios de inteligencia en América Latina, una visión comparada de la inteligencia estratégica: Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Perú”. Tesis. Bogotá: Universidad del Rosario, septiembre de 2018.

[20] Bartolomé, Mariano. “Amenazas y conflictos híbridos: características distintivas, evolución en el tiempo y manifestaciones preponderantes”. URVIO, Revista Latinoamericana de Estudio de Seguridad. No.25, 2019, p. 8-23.