Marcelo Javier de los Reyes*

Varias veces hice referencia a la necesidad de desarrollar un pensamiento crítico y, sobre todo, a la necesidad de desarrollar una masa crítica.
El mundo actual, totalmente incierto e imprevisible, precisa que desarrollemos un «pensamiento flexible» y, en este sentido, vuelvo nuevamente a Helmuth von Moltke. Pero no se trata sólo de un pensamiento que debe quedar circunscrito al ámbito militar, sino que también debe emplearse en el ámbito empresarial y, por qué no, en el personal. Prueba de ello es cómo Toyota ha sabido tomar esa enseñanza y lleva décadas aplicándola a través del método denominado «Kaizen», el cual tiene el espíritu de von Moltke y está en el slogan de la empresa, «Siempre Mejor», porque esa es la mentalidad de la marca japonesa cuyo método se puede traducir por «mejora continua», un método de gestión y optimización de procesos cuyo origen se remonta a los primeros años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.
Agregaría a esto que, desde mi punto de vista, el pensamiento flexible requiere de conocimientos sobre nosotros mismos, como así también de nuestro entorno de una manera holística.
En esencia, de lo que se trata es de establecer una «estrategia», una «planificación estratégica» que se adapte a los tiempos, a las coyunturas. Como bien expresa Edward Mead Earle en su famoso libro «Creadores de la estrategia moderna»:
«La estrategia, por lo tanto, no es simplemente un concepto para tiempos de guerra, sino un elemento del arte de gobernar empleable en todo tiempo».
Como lo demuestra Edward Mead Earle, la estrategia se nutre también de la experiencia que la historia nos proporciona acerca de este arte. De ello se dio cuenta claramente von Moltke, quien pensó que la historia podía favorecer de forma considerable a la estrategia, «siempre y cuando ésta fuera estudiada con el debido sentido de la perspectiva». Al fin y al cabo, la estrategia es la aplicación de los conocimientos a la vida práctica, el desarrollo de una idea originaria adaptada a circunstancias continuamente cambiantes. Es el arte de la acción a ejecutarse bajo la presión de las condiciones más difíciles.
La preparación de la estrategia insume mucho tiempo y esfuerzo, pero como bien lo percibió von Moltke «nuestra voluntad no tardará en enfrentarse con la voluntad independiente del enemigo». De esta manera, Moltke determinó que «Ningún plan de operaciones puede ser visto con alguna seguridad, más allá del primer encuentro con las fuerzas principales del enemigo». En síntesis, concluyó que ningún plan sobrevive al primer contacto con el enemigo, lo que de ninguna manera implica que no debamos tener un plan o una estrategia. Lo que significa es que debemos estar preparados porque la realidad nos demostrará que la planificación puede —y seguramente será así— no resultar como la esperábamos.
En este sentido, debemos tener en claro que el plan precisará ser monitoreado y ajustado en función de los contratiempos, inconvenientes, dificultades y los diversos problemas que puedan presentarse. De ahí la necesidad de desarrollar un pensamiento flexible para poder adaptarnos a las circunstancias y afrontar los desafíos que se nos presenten.
* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director ejecutivo de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG).
Autor del libro «Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones», Buenos Aires: Editorial Almaluz, 1ª edición 2019, 2da edición 2024.
Autor del libro «El arte de pensar. Su aplicación en un mundo incierto». Editorial Almaluz, 2026.