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LOS HERODES ACTUALES

Marcelo Javier de los Reyes*

Líbrame Señor, del hombre perverso, defiéndeme del hombre violento, de los que en su corazón planean maldades y provocan discordias todo el día.

Salmo 140

 

El 28 de diciembre es la fecha en la que la cristiandad conmemora a los Santos Inocentes. En la época en que ocurrieron los hechos gobernaba en Palestina —región en la nació el cristianismo y desde la que se extendió al mundo— el Imperio romano. Palestina formaba parte de la provincia romana de Siria, conquistada por los romanos en el 64 a.C. Un año después, Jerusalén fue tomada y saqueada. Palestina gozó de una independencia limitada durante los reinados de Herodes el Grande (37-4 a.C.) y de su hijo Herodes Antipas (41-44 d.C.).

En el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Mateo, el evangelista nos narra que Jesús nació en Belén, un pueblo de Judea en tiempos de Herodes (Mateo 2,1). Cuando unos sabios de oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron “dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer”, hecho que sabían que había ocurrido porque habían visto su estrella en el oriente y por el cual se dirigieron a esa ciudad para adorarlo, la pregunta alarmó al rey Herodes el Grande, quien convocó a todos los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley para preguntarles dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le respondieron en Belén de Judea. Herodes agudizó su curiosidad y pidió a algunos sabios que se trasladaran a Belén para que lo informaran con precisión con el pretexto de que él quería adorarlo.

Mateo nos dice que los sabios encontraron al niño con su madre María pero que fueron advertidos en sueños de que no debían regresar para informarle a Herodes, por lo que regresaron a su país por otro camino (Mateo 2,9-12). Una vez que los sabios se marcharon, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo que tomara al niño y a su madre y que huyeran a Egipto, porque Herodes buscaría al niño para matarlo. Permanecieron en Egipto hasta la muerte de Herodes, quien al sentirse burlado por los sabios, ordenó matar a todos los niños menores de dos años de Belén y de todos sus alrededores.

Este evento que podemos leer en Mateo 2,16-18 es el que suele conocerse como la “masacre de los inocentes”. No es un hecho de poca importancia en la fe cristiana. En absoluto.

Resulta por demás ofensivo que por esos días, siguiendo lo propuesto por el presidente argentino Alberto Fernández, los legisladores nacionales debatieron sobre la ley del aborto, la cual aprobaron los senadores cuando se conmemoraba esa masacre.

Su aprobación significa que bajo el argumento de que “mi cuerpo es mi derecho”, muchos niños por nacer no nacerán. Muchos inocentes serán víctimas de ese “derecho” que no les da ningún derecho. Vidas destruidas por un derecho absolutamente subjetivo.

No obstante, cabe recordar que esta siniestra idea de matar niños por nacer fue previamente sugerida por el presidente Mauricio Macri, porque ni Cristina Fernández de Kirchner se animó a tanto. Pero la agenda global es la agenda global y no importa el color del gobierno, ambos, macristas y kirchneristas, la siguen al pie de la letra. No debemos engañarnos.

El sacerdote católico irlandés Malachi Martin (1921-1999), en su libro publicado a principios de la década de 1990, El último Papa, nos muestra un mundo que se parece al que asistimos. En su novela nos presenta un complot de miembros de la Iglesia, políticos y empresarios que, unidos por su pertenencia a la masonería, por su delirio globalista y por su sumisión al Maligno, procura establecer un gobierno mundial, en el que la Iglesia Católica abandone sus tradiciones y su misión para servir al poder global. Por ese entonces, tenían un fuerte enemigo al que deseaban hacer renunciar: el “papa eslavo”, como lo llama el autor.

Como otras novelas suyas, los hechos reales del mundo y de la Iglesia se mezclan entre los personajes, no siempre totalmente ficticios.

Es conocido donde se origina el plan de control demográfico pero vale aquí citar unos párrafos del libro:

“El documento de 1974, titulado oficialmente National Security Study Memorandum 200: Implications of Worldwide Population Growth for U.S. Security and Overseas Interests, pero conocido simplemente como NSSM 200, había determinado la política estadounidense para los treinta años siguientes”.

“Como documento básico, el NSSM 200 señalaba trece países cuyo papel sería estratégico como fuentes de materias primas para la seguridad estadounidense y como mercados importantes para mercancías y servicios occidentales. Las naciones en cuestión eran India, Paquistán, Bangladesh, Nigeria, México, Indonesia, Brasil, Filipinas, Tailandia, Egipto, Turquía, Etiopía y Colombia. La preocupación que se expresaba en dicho documento era que la tasa de crecimiento demográfico de dichos países se consideraba demasiado alta para su estabilidad”.

“Las recomendaciones del NSSM 200 eran simples y claras: ayuda financiera del gobierno de Estados Unidos a dichos países entre otros, a fin de aumentar el uso de anticonceptivos, abortos y esterilización de ambos sexos, y promover la investigación genética. En otras palabras, la premisa básica del NSSM 200 era que el control de la población en el extranjero era tan necesario para Estados Unidos, como la integridad de su propio territorio, o como su derecho a sus libertades fundamentales y a su viabilidad como nación soberana”.

“El NSSM 200 se entremezcló rápidamente con la textura de la política exterior estadounidense. El 26 de noviembre de 1976, mediante otro documento titulado National Security Decision Memorandum 314, conocido como NSDM 314, el presidente Ford convirtió el NSSM 200 en una guía obligatoria para todos los departamentos gubernamentales estadounidenses, incluido lo relacionado con el Departamento de Estado, la Tesorería, los ministerios de Defensa, Agricultura, Salud y Servicios Sociales, el Departamento de Desarrollo Internacional y el Consejo Presidencial de Economía. En consecuencia, Estados Unidos gastó más que todos los demás países unidos durante los años siguientes, para poner en práctica dicha política de control demográfico. Pero otros países comprendieron también la sensatez de cooperar en cierta medida. Junto a Estados Unidos, canalizaban aportaciones mediante el Fondo de Población de las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Federación de Paternidad Planeada y un sinfín de organizaciones privadas”.

“Pero en los años noventa, a pesar de su innegable progreso, había llegado el momento de lanzar una política de control demográfico a gran escala. El próximo presidente, fuere quien fuese, debería asegurar la disponibilidad regular de materias primas de los países todavía no industrializados y la viabilidad de dichas naciones como mercados para los siete grandes gigantes industriales. Pero a fin de que dicho impulso venidero fuera viable, los estrategas estadounidenses debían superar las reticencias políticas de algunos de sus socios en el grupo de los siete grandes, para quienes el control demográfico era todavía un tabú político. Sencillamente, y a pesar del desdén oficial por la Roma papal, la política local convertía el consentimiento del sumo pontífice en indispensable para que los socios de Estados Unidos en el G-7 apoyaran la política de control demográfico, a la escala que los estrategas estadounidenses consideraban esencial”.

Kissinger fue secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional siendo Richard Nixon presidente. Foto AP.

De esa manera la seguridad nacional de los Estados Unidos estadounidense quedaba ligada al control sistemático de la población. De este modo puede comprenderse por qué las corporaciones se lanzaron al control global de las empresas de alimentos, al control de las semillas y a través de ellas de los propios grandes productores, dejando al margen a los campesinos que cultivaban para la subsistencia. Paralelamente, la Geopolítica era considerada una mala palabra por haberla asociado al Tercer Reich, pero de hecho se ponía en práctica.

Asimismo Malachi Martin explica detalladamente el uso que se les da a los nonatos, cómo se los clasifica y separa en partes como si fueran repuestos.

Lo que resulta incomprensible, quizás si uno no piensa mucho, es cómo los grupos de izquierda y dirigentes políticos con una retórica anti imperialista, apoyan el aborto siguiendo al pie de la letra los planes de la seguridad nacional estadounidense. Claro, hay que recordar que hay muchas fundaciones por detrás, las que mueven mucho dinero y tienen la posibilidad de comprar voluntades, o políticos de convicciones débiles pero con ciertas ambiciones económicas.

Los Herodes actuales son lo que propician la muerte de millones de niños sancionando leyes en contra de la vida y en detrimento de su Patria y de la fe de su población. Se trata de un asesinato y ya se ha escrito bastante acerca de su inconstitucionalidad, pues nuestra Carta Magna brinda garantías en favor de la vida.

Por otro lado, la mentira, porque nuestro país ya contemplaba el aborto en su Código Penal desde 1921.

Para mayor inri, en el mismo momento en que los legisladores votaban el ajuste para los jubilados, la Justicia autorizó a Cristina Kirchner a cobrar la pensión de Néstor Kirchner, a lo que suma los honorarios como vicepresidenta. Cabe recordar que el 13 de octubre de 2010, el Senado sancionó una ley que instauraba el 82% móvil para las jubilaciones pero, al día siguiente, la entonces presidente Cristina Kirchner la vetó.

Como alguien recordó por ahí “el sentido de la oportunidad es uno de los componentes de la prudencia, virtud esencial de quien gobierna, aunque no la única”.

Asistimos a una era en la que no valoramos la vida sino que propiciamos la muerte… y la de los que no pueden defenderse.

La cobardía y miserabilidad de la casta política es tal que sólo se animan a ir contra los que no se pueden defender: los niños por nacer y los ancianos.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

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ATLÁNTICO SUR: UN NUEVO ANIVERSARIO DE LA USURPACIÓN BRITÁNICA Y EL ENVÍO DE UN GUARDACOSTAS ESTADOUNIDENSE

Marcelo Javier de los Reyes*

Guardacostas USCGC Stone

El pasado 29 de diciembre, el diario Infobae publicó una nota en la que informaba que Estados Unidos, en el marco de la “Operación Cruz del Sur”, envió un buque de la Guardia Costera a patrullar el Atlántico Sur “para contrarrestar la pesca ilegal”. Según la información, el USCGC Stone tiene por misión “garantizar que el hemisferio occidental sea seguro, libre y próspero” ante las crecientes actividades ilícitas de numerosas países, entre ellos China[1].

Según informaron autoridades de Estados Unidos, indica la noticia, el buque inició su despliegue en el Atlántico Sur el día 28 en el marco de una operación para “contrarrestar la pesca ilegal, no regulada y no declarada”

“El despliegue de varios meses marca la primera patrulla del Servicio de Guardacostas a América del Sur de la que se tenga memoria recientemente y contará con asociados en Guyana, Brasil, Uruguay, Argentina y Portugal. El guardacostas también embarcó a un observador de la marina portuguesa”, destaca Infobae, citando al sitio gCaptain[2].

En este sentido cabe mencionar que en 2017, el entonces ministro de Defensa de Portugal, Azeredo Lopes, propuso a James Mattis, entonces Secretario de Defensa de los Estados Unidos, la creación de un Centro de Seguridad Atlántica en la Base de Lajes, en las Azores. Portugal considera que llegó el momento de presentar nuevas ideas para valorizar aquello que es, de hecho, un enorme activo para la seguridad atlántica. Este centro de seguridad en las Azores con proyección sobre el Atlántico, incluye el control de la piratería en el golfo de Guinea.

El propósito del centro sería formar a oficiales portugueses y de otros países interesados en la seguridad del Atlántico, “un centro de excelencia para la formación y entrenamiento de esos países, refiriéndose a países como São Tomé e Príncipe y Cabo Verde”. El centro incluiría a los Estados Unidos, al Reino Unido y a la OTAN, a la vez que Portugal aspira a que en el futuro podría ser reconocido como un centro de excelencia de la Alianza Atlántica.

Las Azores cuentan con una relevante posición geopolítica en el Atlántico que se sumarían al que he denominado “collar de perlas británico” esparcido por este océano[3].

El guardacostas estadounidense apoyará los objetivos de seguridad nacional en todo el Atlántico, en el marco de la llamada “Operación Cruz del Sur”, que se llevará a cabo conjuntamente con el Comando Sur de Estados Unidos.

El mencionado portal gCaptain, señala que en 2018 el valor de la producción pesquera mundial fue de US$ 401.000 millones y se estima que se pierden decenas de miles de millones de dólares cada año como consecuencia de la pesca ilegal. Agrega que en septiembre de 2020, el Servicio de Guardacostas publicó la Perspectiva Estratégica sobre la Pesca Ilegal, No Reglamentada y No Declarada (INDNR)[4], en la que se reafirmó el compromiso de la Guardia Costera “con la seguridad marítima mundial, la estabilidad regional y la prosperidad económica”.

La presencia de las flotas pesqueras chinas en el Atlántico Sur está despertando la preocupación de los países de la región. Sin embargo, a los pesqueros chinos deben sumarse los de España, Corea y Taiwán, los cuales también contribuyen a la depredación de la riqueza ictícola en el Atlántico Sur y en la Zona Económica Exclusiva de la Argentina.

Por su parte, la agencia oficial argentina Telam, proporciona una versión diferente a la de Infobae bajo el título “Aclaración de Cancillería”. Señala, aludiendo a fuentes de la Cancillería argentina, que la llegada del buque “tendrá el marco de una visita a puerto por razones de ceremonial en ocasión de la conclusión del viaje inaugural de la embarcación”[5]. La nota destaca que “desde el Palacio San Martín también informaron que tanto la Cancillería como el Ministerio de Seguridad mantuvieron conversaciones con las autoridades de los EEUU sobre la llegada del barco en cuestión, el buque patrulla USCGC (United States Coast Guard Cutter) Stone, y sobre la posibilidad de que a través de la Prefectura Naval Argentina se pueda ofrecer una ceremonia de bienvenida a dicha embarcación, en ocasión de la conclusión del viaje inaugural”.

Dado que varios medios hicieron mención a que el buque estadounidense tiene por misión operar contra la pesca ilegal, la nota de Telam cierra diciendo que el ministerio de Relaciones Exteriores informó a esa agencia oficial de noticias “sobre las gestiones y contactos con las autoridades de EEUU justamente para ‘evitar la posible distorsión de la naturaleza de la llegada del barco’ a territorio argentino”.

Un poco de historia

El 6 de noviembre de 2020 se conmemoran doscientos años del izamiento, por primera vez, del pabellón nacional en las islas Malvinas[6].

Ese día, el marino y corsario estadounidense David Jewett, al servicio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, tomó posesión de las islas Malvinas al mando de la fragata Heroína echó anclas en proximidades de Puerto Soledad el 27 de octubre de 1820[7].

Ya en el lugar constató la presencia de 50 buques dedicados a la pesca y la caza de la fauna marina.

El 2 de noviembre Jewett envió una circular que fue transcripta por el capitán James Wedell, al mando del buque Jane. En ella informa que toma posesión de las islas en nombre del Superior Gobierno de las Provincias de América del Sud, al que pertenecen “por ley natural”[8].

En la transcripción hecha por el capitán Wedell puede leerse:

Al desempeñar esta misión deseo proceder con la mayor corrección y cortesía para con todas las naciones amigas.

Uno de los objetos principales de mi cometido es evitar la destrucción de las fuentes de recursos necesarios para los buques que de paso o recalada forzada arriban a las islas, y hacer de modo que puedan aprovisionarse con el mínimo de gastos y molestias. Dado que los propósitos de Ud. no están ni en competencia con estas instrucciones, y en la creencia de que una entrevista personal resultará de provecho para entrambos, invito a Ud. a visitarme a bordo de mi barco, donde me será grato brindarle acomodo mientras le plazca.

He de agradecerle asimismo tenga a bien, en lo que esté a su alcance, hacer extensiva esta invitación a cualesquiera otros súbditos británicos que se hallaran en esas inmediaciones.[9]

Cabe señalar que la toma de posesión de las islas fue difundida por la prensa española y la prensa estadounidense y que el Reino Unido no formuló ningún reclamo. Aún más, en 1825 el gobierno de Londres firmó el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con las Provincias Unidas y a la vez reconoció su independencia.

En 1821, en el marco de sus funciones como custodio de la Soberanía Nacional en el Atlántico Sur, Jewett detuvo y remitió a Buenos Aires a la goleta estadounidense Rampart, a bordo de la cual iba Cristóbal Carnelia, teniente de presa, portador del pedido de relevo del capitán Jewett[10]. La Rampart, que había sido capturada a la altura de las Malvinas, arribó a Buenos Aires el 17 de febrero. Este hecho ocasionó un incidente diplomático con los Estados Unidos.

El 10 de junio de 1829, Luis Vernet fue nombrado con el cargo de Primer Comandante Político y Militar de las islas, a las que se trasladó junto a su esposa, la uruguaya María Sáez. El 5 de febrero de 1830, en Puerto Soledad, islas Malvinas) nació Matilde Vernet y Sáez —quien falleció en San Isidro el 24 de septiembre de 1924—, una de las hijas del comandante. Por su lugar de nacimiento fue apodada Malvina y fue la primera persona de la que se tenga registro oficial en nacer en nuestras islas y es la primera descendiente de argentinos antes de la ocupación británica del territorio en 1833.

Las Provincias Unidas fundamentaron sus derechos soberanos en las islas como heredera de la corona española, la cual las había poseído previamente, lo cual había sido reconocido por otras potencias marítimas, a lo que se agrega la proximidad al territorio del antiguo virreinato del Río de la Plata.

La corona británica reaccionó ante el nombramiento de Vernet y formuló una protesta formal a través de su cónsul general ante el gobierno de las Provincias Unidas, Woodbine Parish, quien la presentó el 19 de noviembre de 1831.

A Vernet se le había otorgado el derecho exclusivo de la caza de focas y en ocasión de la protesta británica, la caza de focas había alcanzado un alto grado de depredación por lo que el comandante de las Provincias Unidas, el 30 de agosto de 1829, emitió una circular dirigida a los capitanes de los buques pesqueros. A pesar de la amenaza de ser enviados a Buenos Aires para ser sometidos a juicio, los depredadores hicieron caso omiso de la circular, por lo que fueron capturados tres  pesqueros estadounidenses, el Harriet —el único que fue enviado a Buenos Aires, a bordo del cual iba Vernet y su familia—, el Superior y el Breakwater.

Al arribo del Harriet a la capital de las Provincias Unidas, el cónsul de los Estados Unidos, George W. Slacum —el embajador estadounidense en Buenos Aires, John Forbes, acababa de fallecer—, presentó una protesta desconociendo la autoridad de Vernet y calificando sus acciones de piratería y reivindicaron la actividad pesquera en el Atlántico Sur. Slacum, considerado un funcionario “falto de tacto”, tomó contacto con el capitán de la corbeta de guerra USS Lexington, Silas Duncan, estacionada en el puerto de Buenos Aires. La escalada diplomática derivó en la decisión del presidente estadounidense Andrew Jackson de enviar una flota naval al Atlántico Sur para “proteger los derechos de los norteamericanos que pesquen y comercien”.

En la medianoche del 27 de diciembre de 1831 la USS Lexington arribó a la bahía de la Anunciación y enarbolando bandera francesa, al día siguiente llegó a Puerto Luis, donde procedió a la destrucción de las instalaciones, al saqueo y a la detención de la población, incluido a quien Vernet había dejado a cargo de la comandancia, Mattew Brisbane, quien había abordado la corbeta en visita de cortesía oficial.

El 21 de enero de 1832 Duncan abandonó las islas a las que consideró “libres de todo Gobierno”, pero la acción de Estados Unidos, en un implícito entendimiento diplomático entre los gobiernos de Washington y Londres, fue la que abrió la oportunidad para que el 3 de enero de 1833 la corbeta HMS Clio de la Marina Real británica, al mando del comandante Onslow, con apoyo de otro buque de guerra, mediante el uso de la fuerza y dada su superioridad numérica, exigió la rendición y procedió a la expulsión de las autoridades argentinas.

La ocupación británica se produjo diez años después de que se emitiera la “Doctrina Monroe”, la que no aplicaron en oportunidad de la usurpación británica cuando Argentina la invocó, encontrando como respuesta del gobierno estadounidense que esa doctrina no tenía efectos retroactivos[11], ni ante el “bloqueo anglo-francés en el Río de la Plata, en 1845 (cuarta invasión inglesa a Argentina); ni en el mismo año, cuando Inglaterra tomó posesión de Belice; ni en 1838, cuando Francia bloqueó puertos argentinos; ni en 1844, al bloquear el Reino Unido el puerto de San Juan, de Nicaragua; ni en 1863, cuando apresó navíos brasileños; ni cuando, en 1864, Napoleón fundó en México el imperio de Maximiliano de Austria[12].

Fue por esa declaración del comandante Duncan de la USS Lexington acerca de que el territorio de las Malvinas era res nullius que la Argentina hoy tiene su principal conflicto, al que las autoridades nacionales no toman en su verdadera dimensión.

Algunas reflexiones finales

Una vez más se demuestra cómo la dirigencia argentina desconoce la historia nacional y el entramado complejo de las relaciones internacionales. La propia Cancillería Argentina, una vez más, minimiza la cuestión, la omite u obra en contra de los Intereses Nacionales.

Resulta inconcebible que no se perciban los pasos que se vienen dando en el escenario internacional y en lo que, específicamente, al Atlántico Sur se refiere.

El restablecimiento de la Cuarta Flota de los Estados Unidos en 2008, el fortalecimiento militar británico en el Atlántico Sur, las declaraciones del comandante del Comando Sur, Craig S. Faller, en marzo de 2020 de que habría un incremento de la presencia militar de Estados Unidos en el hemisferio hacia finales de año —lo que incluiría mayor presencia de buques, aviones y fuerzas de seguridad “para tranquilizar a nuestros socios y contrarrestar una serie de amenazas que incluyen al narcoterrorismo” y la “amenaza china al continente americano”[13]—, la creación del Centro de Seguridad Atlántica en la Base de Lajes, en las Azores, pone en evidencia la reconfiguración del “atlantismo” y su peligrosa proyección sobre el hemisferio sur, lo que debe impulsar a los países del litoral americano y africano del Atlántico Sur a tomar las acciones pertinentes para garantizar la seguridad en la región sin interferencias externas.

Para ello debería revalorizarse la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZPCAS), creada por Resolución A/RES/41/11 de la Asamblea General de las Naciones Unidas bajo el título de “Declaración de una zona de paz y cooperación en el Atlántico Sur”[14]. En 1998 fui miembro de la delegación argentina ante la V Reunión Ministerial de la ZPCAS, llevada a cabo en el Palacio San Martín (Buenos Aires, 21 y 22 de octubre de 1998) y pude observar las posibilidades que ella nos ofrecía no sólo para defender nuestros derechos soberanos sino también el interés que por entonces mostraban algunos países africanos hacia la Argentina. Sin embargo los diversos gobiernos argentinos casi nunca tomaron en cuenta la relevancia de África en nuestra política exterior así como en la cuenca atlántica. En este sentido, la Argentina podría proponer la institucionalización de la ZPCAS y ofrecer una sede para crear una Secretaría General que robustezca esa herramienta imprescindible para mantener el Atlántico Sur al margen de los conflictos extraterritoriales.

Como escribiera oportunamente,

El despliegue de posesiones y bases militares británicas en el Atlántico Sur, con sus vinculaciones con la parte septentrional del mismo océano, obedece a la relevancia geopolítica que tanto el Reino Unido como la OTAN le otorgan a este espacio. A través del “collar de perlas británico” se ejerce una estricta vigilancia económica y militar no sólo sobre el espacio marítimo sino también sobre la parte continental del hemisferio sur, habida cuenta del control que desde estos territorios de ultramar se ejerce sobre las comunicaciones de nuestros países.[15]

Si se tienen en cuenta las declaraciones del jefe del Comando Sur, así como el envío de este buque guardacostas estadounidense, y atento a los antecedentes históricos que llevaron al inicio de conflictos armados (guerra hispano-norteamericana de 1898 con la explosión del USS Maine; guerra de Vietnam con el “incidente del golfo de Tonkín” y la propia escalada que desembocó en el Conflicto del Atlántico Sur en 1982, entre tantos otros casos históricos), los países de la cuenca atlántica se encuentran amenazados ante un potencial conflicto armado entre Estados Unidos y China que podría tener como escenario nuestra región.

Sería deseable que el gobierno argentino le proporcione a las Fuerzas Armadas material moderno y apropiado para la ejercer su misión de defender la Soberanía Nacional, así como desarrollar nuevamente la industria de la defensa, la cual puede ser llevada a cabo con la concurrencia de países de la región en un emprendimiento multinacional.

Del mismo modo, los países de la región deberían deponer sus rencores y percibir seriamente dónde se encuentra el enemigo, el que primero conspiró contra la corona española y luego contra la integración de América o, más precisamente, de los países de la región. A estos efectos debe apelarse a la creatividad para poner en marcha instituciones y alianzas estratégicas a los efectos de salvaguardar la región en un mundo caracterizado por la incertidumbre y la volatilidad.

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

 

Referencias

[1] “Estados Unidos envió un buque de la Guardia Costera a patrullar el Atlántico Sur ‘para contrarrestar la pesca ilegal’”. Infobae, 29/12/2020, https://www.infobae.com/america/eeuu/2020/12/29/estados-unidos-envio-un-buque-de-la-guardia-costera-a-patrullar-el-atlantico-sur-para-contrarrestar-la-pesca-ilegal/

[2] Mike Schuler. “U.S. Coast Guard’s New National Security Cutter to Patrol South Atlantic for Illegal Fishing”. gCaptain, 28/12/2020, https://gcaptain.com/u-s-coast-guards-new-national-security-cutter-to-patrol-south-atlantic-for-illegal-fishing/?subscriber=true&goal=0_f50174ef03-6dcde27ad0-139881493&mc_cid=6dcde27ad0&mc_eid=6be13e2917

[3] Marcelo Javier de los Reyes. “El collar de perlas británico en el Atlántico Sur. Una amenaza a la seguridad regional”. Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG), 16/04/2016, https://saeeg.org/index.php/2016/04/16/el-collar-de-perlas-britanico-en-el-atlantico-sur-una-amenaza-la-seguridad-regional/

[4] “Illegal, Unreported, and Unregulated Fishing Strategic Outlook”. United States Coast Guard /US Department of Homeland Security, https://www.uscg.mil/iuufishing/

[5] “Aclaración De Cancillería. Por qué viene al país un buque patrulla estadounidense”. Telam, 31/12/2020, https://www.telam.com.ar/notas/202012/540188-cancilleria-buque-patrulla-estadounidense.html

[6] Al respecto, ver: Marcelo Javier de los Reyes. “A doscientos años de la toma de posesión de las Malvinas por las Provincias Unidas. Ayer y hoy”. Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG), 04/04/2020, https://saeeg.org/index.php/2020/04/04/doscientos-anos-de-la-toma-de-posesion-de-las-malvinas-por-las-provincias-unidas-ayer-hoy/

[7] Sergio Esteban Caviglia. Malvinas: Soberanía, Memoria y Justicia: 10 de Junio de 1829. Rawson: Ministerio de Educación de la Provincia de Chubut, 2012 (1ª ed.), p. 166.

[8] Ibíd., p. 167.

[9] Ídem.

[10] Ibíd., p. 139.

[11] José María Otero. “Reino Unido-EE UU, una vieja alianza”. El País (España), 31/05/1982, https://elpais.com/diario/1982/06/01/internacional/391730404_850215.html

[12] Ídem.

[13] “El Comando Sur de EEUU incrementará su presencia militar en América Latina”. Infodefensa, 15/03/2020, https://www.infodefensa.com/latam/2020/03/15/noticia-comando-incrementara-presencia-militar-hemisferio.html

[14] Integrada por Argentina, Brasil, Uruguay, Angola, Benín, Cabo Verde, Camerún, Congo, Costa de Marfil, Gabón, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea-Bissau, Guinea Ecuatorial, Liberia, Namibia, Nigeria, República Democrática del Congo, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Sierra Leona, Sudáfrica y Togo.

[15] Marcelo Javier de los Reyes. “El collar de perlas británico en el Atlántico Sur. Una amenaza a la seguridad regional”. Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG), 16/04/2016, https://saeeg.org/index.php/2016/04/16/el-collar-de-perlas-britanico-en-el-atlantico-sur-una-amenaza-la-seguridad-regional/

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OCEANOPOLÍTCA: SU IMPORTANCIA PARA UN PAÍS “PENINSULAR”

Marcelo Javier de los Reyes*

Algunos conceptos

En 1942 fue editado el libro Mar y Tierra[1] del politólogo, jurista y filósofo político alemán Carl Schmitt (1888 – 1985), en el que se refiere a las dos bestias de la Biblia, a Leviatán y a Behemot —la del mar y la de la tierra—, para ejemplificar la puja entre el poder naval y el poder terrestre, denominados respectivamente talasocracia y telurocracia.

Thalassa (θάλασα) proviene del griego y significa “mar”. Como bien explica el profesor Luis Dallanegra Pedraza,

Cuando uno utiliza el término “política”, se está haciendo referencia a la “toma de decisiones”. “Talasopolítica” tiene que ver, no sólo con el estudio sobre el mar, sino y fundamentalmente, con las decisiones que se toman respecto de él, sus recursos, su ámbito como medio de comunicación, como espacio vital.[2]

Agrega que la Talasopolítica es una rama de la Geopolítica, pero se trata de una disciplina de gran relevancia ya que tiene por objeto de estudio los océanos, que abarcan más de las dos terceras partes del planeta.

El almirante chileno Jorge Martínez Busch (1936 – 2011), quien fue Comandante en jefe de la Armada de Chile entre 1990 y 1997 y, senador institucional, entre los años 1998 y 2006, en 1990 introdujo el término “Oceanopolítica” en ocasión de la inauguración del ciclo del Mes del Mar, al desarrollar el tema “Ocupación efectiva de nuestro Mar. La tarea de esta generación”[3]. El propio almirante Martínez Busch explica:

En aquella oportunidad sostuve que la respuesta nacional al desafío oceánico debía surgir de una apreciación de este orden, fundada en la necesidad de establecer qué acciones pueden ser efectuadas para que el espacio oceánico que está frente a nuestras costas constituya un ámbito de desarrollo y crecimiento para el Estado.[4]

Es de destacar en este párrafo que le compete al Estado la responsabilidad de llevar adelante esas acciones que permitan convertir ese espacio en un “ámbito de desarrollo y crecimiento”.

El marino estadounidense Alfred Thayler Mahan (1840 – 1914), autor de Influencia del Poder Naval en la Historia (1660-1783)”[5] —obra publicada en 1890—, es quien vislumbró la importancia del mar para su país y trazó los objetivos políticos que llevaron a los Estados Unidos a lanzarse al dominio de los mares, que hasta ese momento se encontraba en poder del Reino Unido.

Hacia fines del siglo XIX, el poder naval se constituía el medio más importante para controlar el destino de las actividades de una nación, del mismo modo que para ejercer el control de sus rivales de ultramar.

A partir de lo expuesto por Mahan, cabe tener en cuenta ciertos conceptos como el de “Poder Marítimo”, “Intereses Marítimos” y “Poder Naval”.

El oficial de la Armada de Chile, Jorge Terzago Cuadros, sintetiza estos conceptos de la siguiente manera:

El “Poder Marítimo” es la capacidad de crear, desarrollar, explotar y defender los Intereses Marítimos de un país tanto en la paz como en conflicto. En síntesis, consiste en la facultad que tiene un Estado para usar el mar en su beneficio. El Poder Marítimo está integrado por dos elementos de distinta naturaleza pero complementarios: Los Intereses Marítimos, los cuales le otorgan la sustancia y el Poder Naval que los defienden.[6]

Los “Intereses Marítimos” comprenden el conjunto de beneficios de carácter político, económico, social y militar que obtiene una nación de todas las actividades relacionadas con el uso del mar. Estas labores son llevadas a cabo tanto por el Estado como por los privados en la alta mar, aguas jurisdiccionales, fondos marinos y litoral con la finalidad de aprovechar sus facilidades y explotar los recursos contenidos en ellos[7]. En síntesis, los “Intereses Marítimos” comprenden los valores económicos y sociales de una nación, que concurren en su desarrollo. El “Poder Naval”, por su parte, se refiere a los valores políticos y militares, es decir, a las cuestiones de seguridad, y para ello se requiere de la implementación de Políticas de Estado y de la enunciación y ejecución de los “Intereses Nacionales”.

Avances y retrocesos en la Argentina

Se han cumplido quinientos años de la llegada de la expedición de Fernando de Magallanes a la Patagonia. Entre finales de marzo y principios de abril de 1520, arribó al paraje que denominó Puerto de San Julián con el objetivo de pasar el invierno, aunque las condiciones climáticas y el agotamiento de los bastimentos provocó un malestar en su tripulación, tras proceder a racionalizar los alimentos. Magallanes debió enfrentar un motín, para lo cual dio muestra de su severidad. Tras casi cinco meses de haber tocado tierra, la expedición continuó la travesía.

Cuando los españoles ya se habían establecido en el territorio de la actual Argentina, en 1768, durante la gestión del gobernador de Buenos Aires, Francisco de Paula Bucarelli, la ciudad de Buenos Aires estaba rodeada de unos pocos fuertes que formaban como una línea de circunvalación para protegerla de los malones de los aborígenes.

Es a partir del virreinato de Juan José de Vértiz y Salcedo (1719-1799) —quien se desempeñó como gobernador y capitán general del Río de la Plata entre 1770 y 1776 y como virrey del Río de la Plata entre 1778 y 1783— que se comienza a avanzar sobre la frontera sur, pues la orden era dominar el río Salado, en ese entonces en poder de los aborígenes.

La corona española intentó avanzar hacia el sur con el propósito de llegar al río Negro y llevar a cabo estudios para fundar establecimientos en la costa patagónica, con el objetivo de defenderse de la política británica[8].

En 1778 la corona española ordenó el establecimiento de fuertes y poblaciones en la costa del Río de la Plata hasta el estrecho de Magallanes, más aún en vista de las ambiciones británicas sobre la región. Esta fue la empresa que debió llevar adelante Francisco de Biedma por instrucciones de la corona impartidas al virrey Vértiz. Fue así como se procedió a la fundación de Carmen de Patagones. En esa oportunidad también el alférez de la Real Armada, Basilio Villarino, el piloto al frente de la expedición exploratoria del río Negro, sugirió ocupar Choele-Choel y la confluencia de los ríos Neuquén y Negro. De ese modo la corona española comienza a mostrar su preocupación por la Patagonia y a planificar su defensa y ocupación.

El 9 de julio de 1816 las Provincias Unidas del Río de la Plata declararon su independencia del Reino de España y prontamente procedieron a tomar posesión de las islas Malvinas como herederas de las posesiones españolas. El 6 de noviembre de 1820, el marino y corsario estadounidense David Jewett, al servicio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, tomó posesión de las islas Malvinas al mando de la fragata Heroína y procedió al izamiento de la Bandera Nacional en las Malvinas[9].

El “problema del indio” y la expansión de Chile —ambas en buena medida asociadas, habida cuenta que, por un lado, la aparición de los araucanos de este lado de la cordillera de los Andes ocurrió tanto por presiones internas de ese país y, en otras oportunidades, con la ayuda de milicianos chilenos y, por el otro, porque el robo de las miles de cabezas de ganado que llevaban a cabo los malones sobre Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Cuyo, tenía por finalidad su venta en Chile— motivó la efectiva ocupación de ese espacio geográfico durante la presidencia de Nicolás Avellaneda (1874-1880) y cuya empresa militar fue llevada a cabo por el general Julio Argentino Roca.

La expedición de Luis Py a la Patagonia, enviada por el Ministro de Guerra Julio Argentino Roca a finales de 1878, tuvo como misión sostener los derechos que reclamaba la Argentina en el extremo sur del continente y defender ese territorio de la política expansionista de Chile, en momentos en que se avizoraba una guerra entre ambos países. Esta expedición es considerada la primera operación de una división naval de mar de la República Argentina, lo que motivó a que el 1º de diciembre fuera instituido como el Día de la Flota de Mar Argentina.

Un hecho que demuestra el interés que tenía el Estado argentino de proyectar su dominio sobre el Atlántico lo demuestra la adquisición de las instalaciones que había dejado la expedición del Scotia, comandada por el escocés William Speirs Bruce, quien procedió a realizar una cartografía de las islas y estableció una estación meteorológica (la Omond House). El comandante escocés, cuando logró zafar la inmovilidad de su navío apresado con los hielos, navegó hacia Buenos Aires para reaprovisionarse, a la que llegó en diciembre de 1903. Bruce ofreció en venta por $ 5000 las instalaciones al gobierno argentino. El presidente argentino, general Julio Argentino Roca, por decreto del 2 de enero de 1904 aceptó el ofrecimiento de las instalaciones, en cuya negociación prestó su conformidad el embajador británico en Buenos Aires. La base argentina de las islas Orcadas es el establecimiento humano permanente más antiguo de la Antártida.

Inmediatamente fue destinada una delegación argentina que, el 22 de febrero de 1904, izó la Bandera Nacional en la isla Laurie y procedió al establecimiento de personal para proseguir con sus actividades. Esa fecha motivó que se instituyera el 22 de febrero para conmemorar el día de la Antártida Argentina.

Es oportuno recordar la expedición de rescate llevada a cabo por la Corbeta “Uruguay”, que fue acondicionada convenientemente y puesta al mando del Teniente de Navío de la Armada Argentina Julián Irizar, con el objetivo de auxiliar a la expedición del doctor Otto Nordenskjöld en la Antártida, de la que participó el alférez de fragata de la Armada Argentina José María Sobral. La nave zarpó el 8 de octubre de 1903 y cumplió exitosamente su misión, demostrando la capacidad de búsqueda y rescate en aguas antárticas por parte de la Argentina. La proeza de la Corbeta “Uruguay” dio origen a la presencia permanente e ininterrumpida de la República Argentina en la Antártida.

Pocos años después, siguiendo los lineamientos planteados por Mahan, otro tucumano —que se suma a los presidentes Avellaneda y Roca—, el Almirante Segundo Storni (1876 – 1954) planteó la necesidad de considerar las cuestiones del mar y de la actividad naviera como Políticas de Estado. Lo hizo a través de sus obras “Proyecto de Régimen de Mar Territorial” en 1911 y “El Mar Territorial” en 1926, en las que abordó la temática del régimen jurídico en el mar de nuestro país. Las obras en cuestión fueron consideradas en la Conferencia de Codificación del Derecho Internacional —que en 1930 se reunió en La Haya— y, posteriormente, en la Primera, Segunda y Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

No obstante, el trabajo de mayor relevancia del almirante Storni en “Intereses Argentinos en el Mar”, de 1916, el cual reúne una serie de conferencias dictadas en el Centro Naval. En esta obra ofrece una visión integral los intereses marítimos argentinos que incluyen el aprovechamiento del mar, al cual apreciaba como el motor del desarrollo nacional, los intereses sobre las islas Malvinas, la Antártida Argentina, el mar argentino y las pesquerías, la plataforma continental, la Defensa Nacional, el derecho del mar, la explotación sustentable de los recursos naturales, el desarrollo de la industria naval y el establecimiento de la marina mercante nacional.

Sus ideas cobraron fuerza en el seno de la Armada Argentina favoreciendo la toma de conciencia marítima no sólo por parte de esa fuerza sino también por parte de la sociedad argentina. Cabe destacar que los diversos gobiernos, hasta la llegada de la democracia, continuaron con las ideas propuestas por Storni, protegiendo los intereses marítimos argentinos a través de su poder naval, la Armada Argentina, y exportando los productos nacionales a bordo de los buques de la empresa ELMA.

Es menester recordar al almirante Segundo Storni con esta frase de su autoría:

La política naval es, ante todo, una acción de gobierno; pero es indispensable, para que tenga nervio y continuidad, que sus objetivos se arraiguen en la Nación entera, que sean una idea clara, un convencimiento de las clases dirigentes, y una inspiración constante de todo el pueblo argentino.

Storni consideraba que la población argentina miraba más a la tierra que al mar, por lo que estimaba que la actividad marítima no arraigaría en nuestra sociedad. Del mismo modo, el poder naval y la marina mercante tenían como misión favorecer la exportación de los productos argentinos en un contexto de una Argentina productora de materias primas, tal como la había concebido la generación del ochenta.

Con respecto a la geografía del país, observaba a la Argentina desvinculada de la región, como si se tratase de una isla.

Frente a la visión de la Argentina “insular”, basada en el análisis de la situación geográfica del país desarrollada por Storni, el general Guglialmelli considera que la Argentina “tiene ‘carácter peninsular’, en la más amplia acepción geopolítica del término. Mantiene en este sentido su condición marítima pero asume, también el rol continental”.

En efecto. Su territorio, al norte de la línea Cabo San Antonio-San Rafael (Mendoza) se articula con la masa terrestre continental “introduciéndose” en ella. Al sur de aquel linde, se prolonga hacia el sur como una cuña entre los grandes océanos. En su extremo austral, esta región incluye los sectores insular y antártico. Debido a esta conformación, nuestro país recibe la influencia del Pacífico (Chile por medio) y del Atlántico, en particular este último, sobre parte de cuyas aguas, plataforma y subsuelo, extiende su soberanía. Teniendo en cuenta, por último la situación de la América del Sur y de la Argentina dentro de ésta, resalta, como lo señaló Storni, su posición periférica y marítima respecto a las masas continentales del Hemisferio Norte.

Todo el espacio argentino se articula con los países vecinos a través de los aspectos geoambientales fronterizos incluidos los medios de integración física (caminos, ferrocarriles, vías fluviales).[10]

En este concepto geopolítico de la Argentina “peninsular” debe considerarse “al mercado interno, apoyado sobre un aparato productivo integrado en lo espacial y sectorial”[11]. El desarrollo de las diversas regiones, cada una aportando sus riquezas a la producción —alimentos, minería, energía, etc.— debe contar con “un sistema de comunicaciones que vincule, además de los puertos, con preferencia a las distintas regiones y sus grandes polos”, lo que permitirá concretar una “estructura económica integrada, independiente y autosostenida, base indispensable para un destino de gran potencia”[12].

En este concepto de la Argentina “peninsular” le otorga gran importancia a los intereses marítimos, lo que lleva a valorar los recursos del mar y el desarrollo —al igual que proponía el vicealmirante Storni— de una Marina Mercante, “con sus beneficios de trabajo e ingreso por fletes y seguros”[13].

Para el general Guglialmelli, la Argentina, en términos geopolíticos es, entonces, “peninsular”: es continental, bimarítima y antártica. Agrega a esto:

Esta conceptuación significa no sólo una situación geográfica, sino también y fundamentalmente, una economía integrada e independiente, un mercado interno en permanente expansión y una irrenunciable vertebración cultural con los países de América del Sur en particular los vecinos y el Perú”[14].

Era consciente de que las grandes potencias y las corporaciones internacionales, o la combinación de éstas con las primeras, procuran mantener la dependencia del mundo periférico, fomentando integraciones regionales en desmedro de la Soberanía Nacional. Como ejemplo de esas integraciones regionales cita la Cuenca del Plata como una prioridad que puede relegar al resto del país.

En la visión del general Gulialmelli debe repararse en esa visión de una Argentina “peninsular”, para lo cual vale aquí la definición de “península” que proporciona el diccionario de la Real Academia Española: “Tierra cercada por el agua, y que solo por una parte relativamente estrecha está unida y tiene comunicación con otra tierra de extensión mayor”.

A su juicio, la Argentina peninsular comienza al sur de la línea San Rafael-Mar del Plata y distingue “un área de transición que cubre hasta la línea imaginaria que une San Antonio Oeste-Neuquén-Ruta 22. Esta región también tiene una zona de frontera. Su gran polo de desarrollo es el alto valle de Río Negro-Zapala. Pero su característica principal es que constituye la sutura con el área patagónica propiamente dicha”[15].

 


Ruta Nacional 22. Atraviesa las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Neuquén y Río Negro.

Se trata de una “península” compartida con Chile, país que ha sabido interpretar su proyección marítima mientras que la Argentina ha perdido su “conciencia marítima”.

¿Qué ha pasado en la Argentina para que ello haya ocurrido?

El quiebre podría fijarse en el Conflicto del Atlántico Sur de 1982, cuando la Armada Argentina, tras el ataque y hundimiento del crucero ARA “General Belgrano”, la Flota de Mar retornó al continente para refugiarse. Ese repliegue constituiría el inicio del proceso de extinción de la Armada Argentina.

Desde entonces, los gobiernos democráticos —en particular desde 1990— dejaron de considerar la proyección oceánica de la Argentina. Durante el gobierno del presidente Carlos Saúl Menem, se procedió a la liquidación de la empresa ELMA, uno de los pivotes del desarrollo que había trazado el almirante Storni. Las empresas pesadas y los astilleros fueron vendidos o sometidos a su extinción.

La política de “desmalvinización” que siguió al conflicto contribuyó en el abandono de la “conciencia marítima”, lo cual fue acompañado por una serie de tratados, acuerdos y declaraciones que los diversos gobiernos democráticos firmaron en detrimento de los “Intereses Argentinos en el Mar”.

Con respecto a las Fuerzas Armadas, debe considerarse que no fueron subordinadas a los gobiernos democráticos sino que fueron humilladas por estos, al punto de poner a la Nación en un estado de indefensión.

 

A modo de conclusión

Si acordamos con el general Guglialmelli de que nuestro país es “peninsular”, y en verdad una gran parte del territorio se proyecta como una península, debemos mirar hacia el mar y poner manos a la obra para reconsiderar nuestros “Intereses Argentinos en el Mar”.

Para revertir esta situación se hace necesaria una serie de condiciones que deberán ser llevadas a cabo por un gobierno que desarrolle una fuerte estrategia en pos de lograr una vertebración del territorio nacional, logrando una armonía entre el continente y el mar.

Del mismo modo, deberá proponerse la recuperación de la “conciencia nacional” a través de acciones más que de declamaciones. Es positivo que en diciembre de 2003, mediante la Ley N°25.860, el Congreso Nacional instituyera el “Día de los Intereses Marítimos”, el 16 de julio “para homenajear y conmemorar el nacimiento de Segundo Storni en Tucumán, en reconocimiento a los valiosos aportes en la materia que realizó el Vicealmirante”. De nada sirve si no se fortalece la presencia de la Argentina sobre el Atlántico a través de su Armada, de las flotas pesqueras, si no se procede a una verdadera protección de sus riquezas contra la depredación que llevan a cabo los pesqueros extranjeros.

Deberán denunciarse acuerdos, tratados y declaraciones que obran en contra de los intereses argentinos.

Deberá procederse a un cambio cultural que promueva nuevamente la proyección oceánica y antártica de la Argentina, para lo cual se requiere poner a funcionar a pleno los astilleros para la construcción de buques comerciales, militares y pesqueros, fundar nuevamente una marina mercante del Estado e instruir en los diversos niveles educativos la importancia de la oceanopolítica.

Finalmente, debe imitarse a otros países y procederse a la creación del Ministerio del Mar. 

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

 

Referencias

[1] Carl Schmitt. Tierra y mar. Una reflexión sobre la historia universal. Madrid: Trotta, 2007, 112 p.

[2] Luis Dallanegra Pedraza. “Talasopolítica: el aislacionismo marítimo de América Latina”. Trabajo expuesto entre el 2 y el 6 de septiembre de 2013 en el Curso sobre Teoría y Metodología de la Geopolítica de la UNAM.

[3] Jorge Martínez Busch. “La Oceanopolítica en el desarrollo de Chile”. Revista de Marina, 3/1993, <https://revistamarina.cl/revistas/1993/3/martinez1.pdf>, [consulta: 18/12/2020].

[4] Ídem.

[5] Alfred Thayler Mahan. Influencia del Poder Naval en la Historia (1660-1783)”. Valparaíso: Biblioteca del Oficial de Marina, Academia de Guerra Naval, 2000.

[6] Jorge Terzago Cuadros. “Alfred Thayer Mahan (1840-1914), Contraalmirante U.S. Navy, Su contribución como historiador, estratega y  geopolítico”. Revista de Marina (Chile), 01/02/2006, <https://revistamarina.cl/revistas/2006/1/terzago.pdf>, [consulta: 17/12/2020].

[7] Ídem.

[8] Estanislao Zeballos. Op. cit., p. 22.

[9] Marcelo Javier de los Reyes. “A doscientos años de la toma de posesión de las Malvinas por las Provincias Unidas. Ayer y hoy”. Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG), 04/04/2020, <https://saeeg.org/index.php/2020/04/04/doscientos-anos-de-la-toma-de-posesion-de-las-malvinas-por-las-provincias-unidas-ayer-hoy/>.

[10] Juan Enrique Guglialmelli. Geopolítica del cono sur. Buenos Aires: El Cid Editor, p. 78.

[11] Ibíd., p. 79.

[12] Ibíd., p. 80.

[13] Ídem.

[14] Ídem.

[15] Ibíd., p. 267.

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