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LA GUERRA EN UCRANIA, ¿QUÉ GUERRA?

F. Javier Blasco Robledo*

Tan solo han trascurrido, casi 120 días desde el comienzo de la invasión de Ucrania por las fuerzas rusas y para muchos países y la mayoría de los ciudadanos del resto del mundo, este conflicto, como previamente sucedió con otros muchos más, está ya casi olvidado o en proceso de ello.

Paradójicamente, en dicho provocado olvido y que obedece a varias y variopintas razones, de entre ellas destacan las ganas de que finalice realmente para poderlo olvidar de forma definitiva, por los muchos efectos negativos que a todos ha podido acarrear.

Creo que estaría aún más olvidado, si no fuera por las grandes y graves repercusiones económicas, alimenticias y energéticas que se siguen sucediendo en el mundo entero y porque, como suele ocurrir en cualquier conflicto de relevancia, tras ciertos malabares, del día a la mañana, se convierte en el chivo expiatorio de todos los males que asolan la humanidad.

Ciertamente, en lugar de prever, atajar y anular las nefastas consecuencias del anquilosamiento o retraso de las políticas económicas, industriales y sociales, es la presencia y los efectos de un conflicto o cualquier tipo de crisis importante lo que, descaradamente, se usa para tapar los errores y las deficiencias estructurales no realizadas en tiempo y forma y, con ello, contentamos al respetable y acallamos las conciencias públicamente, de forma especial.

Ahora resulta que el petróleo sube porque, al parecer, no se han mejorado ni aumentado las capacidades de refino a nivel mundial por culpa de la pandemia y de esta misma guerra. Suelo ser abierto al análisis de las cosas, de sus causas y consecuencias, pero reconozco que estas dos razones, me parecen totalmente fuera del contexto, inventadas y de poca honestidad.

Las economías no levantan cabeza por culpa de la guerra en Ucrania, pero resulta que llevábamos años viviendo la «dolce vita», sin que los bancos centrales más importantes, ni los nacionales, hicieran nada para cortar tales despilfarros y ahora, a toda prisa, es Putin y su maldita «Operación especial» la culpable de la inflación y de que todos los indicadores se encuentren desbocados. Tampoco lo entiendo por mucho que me ponga a cavilar.

Asistimos machacona y masivamente, con pavor y en directo (efecto CNN) a los combates, bombardeos, asesinatos y movimientos de miles de refugiados y desplazados; pero hoy, tras apenas cien días, solo van quedando pequeñas referencias al tema en los telediarios y en las páginas interiores de los diarios. Y esto sucede, a pesar, de que Ucrania está quedando hecha un erial y de que es ahora cuando se juegan las batallas cruciales para su futuro y más que probable división en sangrientos gajos que no se recuperarán jamás.

Si atendemos a lo que pregonan muchas encuestas, indicadores y declaraciones políticas sostenidas en países occidentales, cada vez con más claridad y en una acuciante inquietud y unidad de criterios, dichos territorios totalmente ocupados, pronto serán reconocidos como moneda de cambio para sentar a las partes a la mesa de negociación, para desde ahí, como punto de partida, no bajar.

Hace dos días en esa visita forzada o empujada por Biden de los tres más importantes mandatarios de la UE, acompañados por un vecino de Ucrania, el mismo Macron, tuvo que desdecirse, a medias, de sus palabras, cuando pocos días antes pregonaba sin ambages, que la única solución viable al conflicto, era ceder terreno nacional a los rusos y sobre esa base, sentarse a negociar.

Hasta hace poco, todos los países, en una especie de carrera sin freno y por no quedarse atrás, se aprestaban a mandar materiales, munición y cierto tipo de armamento a los pobres y bravos luchadores ucranianos para que pudieran defenderse y, al mismo tiempo, con la velada pretensión de que se convirtieran en nuestro escudo o «buffer zone», sobre el que se estrellase un prepotente, pero no tan bien preparado ejército ruso, que tenía más de fama que de realidad. Ahora, desde hace tres días, sabemos que el arsenal ucranio está en las últimas y a punto de cerrar sus depósitos por falta de material.

Recuerdo que muchos se planteaban la posibilidad de que fueran aquellas tierras y su población en horas reconvertida en soldados dispuestos a matar, quienes, con un mínimo de apoyo por nuestra parte, nos salvaran de la amenaza roja y de un hombre que quiere recuperar el extinto imperio ruso, para mayor gloria de su mandato y forma de gobernar.

Ilusiones aquellas las de Occidente, que pronto se dieron de bruces con la realidad. Por muy mal preparadas que estén las fuerzas rusas, sus sistemas de mando y control, la logística y el sistema de reemplazos. Al final, el grande suele acabar tragándose al chico si no le importa seguir luchando a pesar de la elevada cuenta a pagar.

Los países suministradores de apoyos militares, salvo EEUU, pronto han mostrado que sus reservas de material en buen estado o en surplus, no eran tan grandes como se esperaban o imaginaban; el material obsoleto no servía de nada y que esta guerra, cada día que continua se convierte en un gasto muy grande y un alto riesgo, hasta para los que miramos los toros desde la barrera.

Como mencioné previamente, ha tenido que ser Biden quien levantara la voz de alarma y forzase esa reciente visita conjunta de los mandatarios de los países de la UE para recordar a los europeos y a los británicos —tras la segunda visita de Johnson a Kiev—, que el conflicto aún sigue ahí fuera con toda su crudeza, muy cerca o en nuestras mismas fronteras comunitarias, que siguen muriendo cientos y miles de personas, que los refugiados y desplazados en todas direcciones siguen sus marchas y desesperaciones y que las reiteradas peticiones de socorro de Zelenski pidiendo material de guerra y llamando a las puertas de la Unión son veraces y sinceras.

Ayer supimos que la Unión, en su lento y tradicional caminar, ha dicho que sí, ha accedido a la adhesión de Ucrania al club económico; pero, aunque aún debe ser ratificado por los miembros sin excepción, lo ha hecho con tantas condiciones que ya veremos que sucede finalmente. No creo que se alcance algo realmente positivo hasta que no pasen diez años, por lo menos.

Nos apresuramos a otorgarles el triunfo del pasado festival de Eurovisión en un solemne y sonado pucherazo, para contentar a aquellos hermanos que, entre canción y canción, siguen luchando hasta con los dientes. Pero, tras la algarabía inicial, ha llegado la hora de la verdad y la organización del festival, como no se fían de ellos, de la evolución de la situación ni de su inmediata capacidad organizativa, han decidido por unanimidad, que no sea Ucrania quien albergue la gala del próximo año y lo sea el Reino Unido en su lugar. Otro golpe bajo, que anula todo lo hecho en este sentido al concederles un inmerecido premio.

Permanecemos impasibles ante las noticias e imágenes de niños deportados masivamente a Rusia, una forma más, junto a los refugiados —que no volverán cuando descubran que en otras tierras se vive mejor, o al menos sin tantos sustos y contratiempos— de vaciar un país y dejarlo sin futuro por la desaparición de sus auténticas raíces. Fenómeno al que se une el de los miles de niños, que con las prisas de los primeros momentos, fueron evacuados como refugiados, en franca desbandada a países occidentales por manos de deslamados y ahora, no aparecen por ningún lado.

Una vez más, y tal y como algunos anunciábamos desde los primeros días de la guerra, en los países europeos han disminuido tanto, que casi han desaparecido, aquellas acogidas en masa en los puntos de llegada y las carreras públicas y privadas para ir hasta allí a traerse refugiados sin orden ni concierto, solo por buena voluntad.

De nuevo y como ocurrió con los refugiados de Siria y de Afganistán entre otros, han pasado solo tres meses y ya no queremos hablar ni escuchar nada de ellos; molestan en nuestro entorno y pueden llegar a ser un problema grave para nuestra sociedad, tanto de por sí o porque los estados y sus gobiernos, de nuevo, lo han dejado aparcado y sin solucionar de verdad.

La guerra de Ucrania, como todas las guerras son horribles y es normal que el ser humano no quiera que suceda ni una más; pero no se puede ser tan hipócrita, alborotar nuestro estado de ánimo, las pasiones humanitarias, poner en marcha a nuestros políticos para que se saquen una foto más, recoger a unos cuantos desgraciados y dar unas pocas limosnas, para en algo más de tres meses, mirar para otro lado y ponernos a buscar otra excusa o suceso al que poderle culpar de todo nuestro mal.

Somos muy pobres de espíritu, personas que verdaderamente se mueven bajo ciertas condiciones y presiones, pero nuestra mente y no por olvidadiza, sino por mal preparada y muchas veces perversa, nos lleva a apagar la luz del teatro para que dejemos de ver la función que, al fondo, en el escenario se desarrolla con toda su crudeza y realidad.

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España. Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.

©2022-saeeg®

LAS INVASIONES

F. Javier Blasco*

Cuando se habla de invasiones, a una gran mayoría se nos viene a la cabeza aquellas llevadas a cabo a lo largo de la historia por pueblos bárbaros nórdicos en búsqueda de mejores tierras y climas cálidos hacia el sur, las famosas invasiones griegas, fenicias o de Roma con idea de ocupar todo el territorio conocido, cercano y no tanto a sus confines originales, las realizadas por los pueblos musulmanes en sus pretensiones de expandirse al norte de África, los muchos imperios en Europa y en Asia que en su afán de expandirse y anexionarse las llamadas colonias, han llegado a dominar el mundo, como el propio imperio español y, algo más recientemente, las hazañas de Napoleón y las dos grandes guerras mundiales.

Pero ya entrados en el siglo XXI, muchos incautos pensábamos que dicho término, idea y estrategia quedaban para la historia y el recuerdo de épocas que ni por asomo, volverían a ocurrir.

Los afanes de anexionismo como tal, con ocupación presencial de terrenos donde poder echar raíces, establecerse, sembrar y edificar una ideología política, religiosa o cultural y procrear nuevas generaciones, al menos en lo que conocemos como el mundo occidental, quedaban muy atrás. La globalización, las nuevas tecnologías o la rápida intercomunicación entre los territorios y las personas hacían inviable pensar que los pueblos de nuestro entorno, por diversas razones o necesidades, se vieran avocados a recurrir o sufrir cualquier tipo cruento o incruento de invasión.

Pensamiento que, a la vista de los acontecimientos actuales, es claramente erróneo y nos da la opción de pararnos un poco y ponernos a pensar. Estamos siendo testigos mudos y casi impávidos de una cruenta y despiadada invasión de un Goliat, aunque un  poco disminuido y falto de fuerzas, sobre un David cada día más crecido, que a cambio de migajas, palmaditas en la espalda, confusas promesas y algo de variopinto armamento se ha convertido en él, de facto, ‘salvador’ de occidente frente a una Rusia alocada en manos de un demente, al parecer bastante enfermo de otros males mayores, que pretende despedirse de este mundo terrenal a lo grande, evocando las glorias y dominios de una Gran Rusia, que no lo volverá a ser jamás.

Vemos que si las invasiones, en su día, cambiaban el mundo geopolítico y los confines de los territorios o dominios de los estados y movían el equilibrio de la balanza o el yugo de un lado a otro en función de los éxitos y logros obtenidos. Hoy en día, la actual invasión de Ucrania —para muchos poco o nada relevante y hasta lejana— se ha convertido en un terremoto para la economía y las relaciones de todo tipo a nivel mundial, por haber incidido directamente sobre el fulcro o punto de apoyo sobre el que descansaba gran parte del equilibrio y satisfacción económica, energética y hasta ser unos de los mayores graneros para alimentar a los países circundantes y hasta los del denominado tercer mundo, que se tambalean por perder su esfera de confort los unos y para los otros, uno de los mayores flujos sobre los que se sustentaba la escuálida y deficiente alimentación y subsistencia de su gran y paupérrima población.

Las consecuencias iniciales de esta, aparentemente poco importante invasión, son cada vez mayores tanto inicialmente como a medio y a largo plazo. Aparte de los millones de refugiados que éste, como todos los conflictos bélicos propician, las economías mundiales, apenas salientes a trancas y barrancas de una gran crisis económica, sanitaria y de identidad política y social, han recibido un mazazo como ese gancho, a veces definitivo, que recibe un boxeador casi noqueado y tambaleante sobre el ring, que le lleva de bruces a la lona, desde donde tardará en levantarse o para ello necesitará bastante tiempo y la ayuda de los demás.

Vemos entonces que una invasión, aunque sea muy regional y focalizada, en los tiempos actuales, en función de sus actores puede traer consigo implicaciones importantes a nivel mundial y que las consecuencias de todo tipo para salir de ellas, por lo general serán muy duras y costosas; e incluso, para algunos de los directamente implicados, las cicatrices dejadas puede que tarden muchos años en sanar.  

Pero, en estos mismos momentos y desde unos cuantos años atrás, el mundo civilizado y próspero y por lo tanto muy acomodado, está sufriendo otro tipo de invasiones, que podríamos calificar como lentas, progresivas, incruentas y silenciosas. Me refiero claro está, a la incorporación a nuestra sociedad de inmigrantes venidos desde todas las latitudes —al margen de los mencionados refugiados que provocan las guerras y las persecuciones en todos los continentes— influidos por diversas y múltiples circunstancias, diferentes clases de efectos de llamada y muchos tipos de necesidad.

Llevamos lustros viendo como las ciudades en Europa, EEUU, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y algunos países más se van haciendo mucho más multiculturales. Es cada vez más frecuente ver copados la mayor parte de los puestos de trabajo de cara o en contacto con el público por personas de diferente raza, cultura y origen social.

La falta de personal aborigen y un desorbitado e imprudente cambio cultural, nos está llevando a que nuestra sociedad rechace puestos de trabajo, hasta ahora considerados normales para nosotros, que aspiremos a otros de mayor cualificación y que prefiramos quedarnos en el paro o, emigrar, a su vez, a países cercanos o no tanto en busca de trabajos, aparente o realmente mejor remunerados y no pensemos en volver a nuestro país de origen en un tiempo prudencial.

La mayor parte de la atención al público, salud y el cuidado de nuestros, mayores e hijos está en un alto porcentaje en manos de estas personas que emigran de sus países buscando prosperidad. Vemos que muchos de los que llegan, se ven forzados a renunciar a su preparación universitaria o dedicación profesional para ejercer otro tipo de trabajo o profesión por ser lo único que, inicialmente se les ofrece, si es que quieren trabajar. 

El trasvase de personas de un país a otro, ya no queda relegado a aquellos habitantes de países lejanos, donde su cultura, exceso de población, hambrunas o problemática social, les obliga a emigrar; no, ahora y cada vez más, hay un trasvase de personas, cerebros y profesionales de verdad que, poco a poco, van abandonando sus países de origen para establecerse en otros con lo que cada vez en los países receptores es mayor el mix social, racial, cultural, político, religioso y social.

Hoy nadie se extraña al ver grandes directivos, gobiernos, alcaldes de grandes ciudades, gobernadores y políticos de diferente raza o cultura a la nacional. Es más, debido a la creciente y peligrosa tendencia a disminuir la natalidad y al citado aumento de la emigración; pronto llegará un día, en que los no aborígenes -más tendentes a la procreación- superen con creces a la población de larga tradición y origen nacional.

Debido a todo lo anterior, pienso firmemente que los gobiernos actuales deben tomarse más en serio sus políticas para evitar la emigración masiva de lugareños, lo que evitará la afluencia cada vez mayor de inmigrantes hacia los territorios donde, al quedar vacíos de mano de obra, les es más fácil encontrar un trabajo inicial y un asiento a la lumbre, a cuyo entorno poder reunir a esos familiares, que dejaron atrás, allí desde donde ellos saltaron a la aventura.

Las consecuencias de estas invasiones silenciosas, no sé sí serán buenas, mejores o peores de lo que cabría esperar de seguir con nuestra forma de vida y tradición; pero lo que sí está claro, es que los movimientos migratorios, ya no son de carácter temporal como antaño; son definitivos, se hacen para siempre y la presencia de tanto extraño al lugar, sin suda cambiará las formas, costumbres y normas de vida de la nación y por ello, hasta se puede afirmar, que muchos países están sufriendo una autentica invasión silenciosa y no se dan cuenta de que esto va cada día a más, basta con utilizar el transporte público y darse cuenta de esta realidad.                       

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España. Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.

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GAS

Iris Speroni*

Importaciones y Exportaciones de gas licuado en Argentina y en el mundo.

Ergo, Europa va a tener que reevaluar no sólo sus consumos de energía sino todo su armado industrial

 

«Cuando no sabes hacia dónde navegas, ningún viento es propicio».

Séneca

 

El presidente Alberto Fernández acaba de realizar una gira por España, Alemania y Francia. Ofreció proveer alimentos y energía.

No es descabellado pensar que Europa sufra carencias de ambos grupos de productos, expuestas descarnadamente por la guerra en Ucrania.

La falta de combustibles y alimentos ha sido descripta en Restaurar en varias ocasiones y por diversos autores. En cuanto a energía, Europa trazó un círculo de baba a su alrededor, encerrándose en una trampa en diversas oportunidades. a) Cuando Thatcher cerró las minas de carbón (con el inconfeso doble objetivo de favorecer el negocio petrolero, en particular en el Mar del Norte, y debilitar a los fuertes sindicatos mineros de Escocia, Gales y el Norte de Inglaterra, férreos opositores). b) Las “políticas verdes”, la histeria del calentamiento global, han sido caballos de Troya, con fuertes lobbies financiados con el fin de recibir multimillonarios fondos públicos en inversiones, en su mayoría disparatadas. Eso llevó a desactivar generadoras eléctricas a base de carbón (b.1.) o de uranio (b.2) en la mayoría de los países de la UE. El carbón es el único combustible genuinamente europeo. Todo el resto lo deben importar. El uranio francés proviene de África, lo que implicó e implica sangrientas dictaduras subsumidas a Francia en los países productores.

Por lo tanto, están en la situación actual: la energía solar y eólica es cara y poco confiable. Días sin viento dejan a Londres con un apagón. La “chatarra” de ambos métodos es aún más contaminante que las energías desplazadas. ¿A quién se le puede ocurrir que deshacerse de baterías, paneles solares o aspas de fibras de vidrio es fácil?

Resulta todo una mentira. Alemania continúa con su electricidad a carbón, con la idea de incrementar su uso. Francia archivó su plan de desactivación de plantas nucleares y ahora va a construir nuevas. España no tiene otra opción que postrarse a los pies de los países norafricanos si quieren calentar su comida con algo que no sea leña.

Mientras, los precios suben

En cuanto a los alimentos, Europa importa el 70% de su forraje, mayormente de Brasil, Argentina y EEUU. Eso les permite a España y Alemania ser los mayores exportadores de carne de cerdo del mundo (particularmente a China) y Francia, Holanda y Alemania ser los de queso. Gracias al forraje americano. Europa prohíbe (mediante cuotas y aranceles) que los americanos les exportemos alimentos (desde Alaska a Tierra del Fuego, acá no hay distingos) pero sí compran forraje. Si hubiéramos tenido algún plan general estratégico, desde Canadá a Argentina, hubiéramos negociado vender forraje si y sólo sí también compraban alimentos. Faltó voluntad e inteligencia política desde 1956 [1] a la fecha.

Europa importa gran parte de sus fertilizantes de Ucrania y Rusia. Han subido de precio, toda vez que los mismos (o gran parte de ellos) se fabrican en base a gas.

Ergo, Europa va a tener que reevaluar no sólo sus consumos de energía sino todo su armado industrial. Hasta su forma de transportar, cocinar y calefaccionar los hogares. Deberán calcular cuántos animales (ganado) podrán criar, cuántos litros de leche y kilos de queso producir. Cuánto consumir y exportar. Va a ser una modificación sustancial de sus economías, finanzas y poblaciones [2].

En otro orden, los países desarrollados jugaron todas sus fichas a la globalización. A importar productos (¿baratos?) del sudeste asiático y mantener a su propia población en trabajos precarizados, con sindicatos debilitados. Dejaron que China prácticamente monopolice el transporte de carga marítima y se vieron con faltantes en la cadena de producción luego del simulacro que resultó la supuesta pandemia de gripe. Algo huele mal en Dinamarca.

La gira del presidente argentino

 

https://es.euronews.com/2022/05/11/alberto-fernandez-presidente-de-argentina-ofrece-su-gas-a-europa

Euronews reportó que Alberto Fernández sostuvo que Argentina era el segundo exportador mundial de gas. Pero se trata de las palabras del locutor en off. Lo único que pude encontrar es que el presidente afirmó que teníamos una de las reservas más grandes del mundo y que para que ese gas llegara a Europa (supongo que con el fin de suplantar el gas ruso) necesitábamos construir un gasoducto (ya en marcha) y plantas para licuarlo en puerto para ser cargado a barcos. Les dijo a los españoles que ellos poseen el 30% de las terminales receptoras de gas licuado de Europa, por lo que podían ser la puerta de ingreso del gas argentino a Europa. No está mal para alguien de quien yo, al menos, espero muy poco.

Estrategia, historia, pensar con dos dedos de frente

Y acá voy a una de mis tantas obsesiones, la planificación estratégica de nuestro país. ¿Qué vamos a producir? ¿Cómo? ¿Quién? ¿Quiénes son nuestras naciones amigas, enemigas y ni-fu-ni-fa? ¿Cuál debería ser el ordenamiento interno para lograr la mayor producción, mayores excedentes de exportación y el mayor nivel de vida posible para nuestros compatriotas?

A veces creo que todos esos puntos, que para mí son tan claros, ni se cruzan por las cabecitas de nuestros políticos, sin distinción de partido político, formación, puesto burocrático o edad.

Argentina podría exportar tres veces los volúmenes y los montos actuales, no sólo de bienes agropecuarios sino de bienes industriales (maquinaria agrícola, textiles, aluminio y acero) o servicios (informáticos, patentes, arte, turismo receptivo). Sin embargo todas las medidas gubernamentales de los últimos 10 años (y un poco más) son consistentemente antiexportadoras. Tipo de cambio atrasado, carga tributaria (nadie importa impuestos), falta de infraestructura (trenes, puertos, flota), trabas paraarancelarias (cupos), burocracia (permisos, DDJJ, trámites, Aduana kafkiana, etc.).

Exportación de gas

Actualmente Argentina es un importador neto de gas. Así lo sostiene el INDEC y organizaciones internacionales de comercio.

Exportaciones e importaciones de gas natural, en Argentina y en mundo. Nuestros valores son ínfimos.

Argentina en poco tiempo podría, tal vez, producir más gas. Shale gas. Siempre y cuando los precios sigan altos. Si en un futuro baja el precio, los costos de Vaca Muerta no se cubrirán. Así que el gas está, pero según sea el precio internacional, su explotación es o no redituable. Planificar en momentos de precio inusualmente alto no resulta razonable.

Fuente: INDEC.

El gobierno anunció un gasoducto desde Tratayén, Neuquén, a Saliquelló, provincia de Buenos Aires. Télam sostiene que el presupuesto es de Us$ 1.500 millones. Ahora bien, se lo planificó para abastecer el mercado doméstico. Lo que se refuerza por el anuncio de un segundo tramo hasta la provincia de Santa Fe.

Exportaciones de combustibles de Argentina 2020.

El gobierno sostiene que una planta de licuación de gas costaría US$ 2.000 millones adicionales (a construirse en Bahía Blanca). En total US$ 3.500 millones entre gasoducto y planta. Supongamos mayores costos o adecuación del puerto o lo que sea. ¿Hablamos de US$ 4.000 millones? Es de creer que ese dinero está disponible para las empresas petroleras con intereses en Vaca Muerta sin necesidad de que los contribuyentes tengamos que poner de nuestro dinero para que ellos hagan negocio. ¿O no son empresas privadas? Si necesitan de un gasoducto para darle valor a su producto ¿por qué lo tengo que pagar yo? Y si lo pago yo, ¿cuánto me van a pagar a mí, contribuyente, por el uso del mismo?

El presidente en varios de sus discursos europeos dijo que está en contra de apoyar a los poderosos. Suena o bien que no entiende de qué habla o extremadamente hipócrita. ¿Las empresas petroleras no integran el grupo de “poderosos”, lo que esto signifique?

Sin embargo el presidente propone que todos los ciudadanos argentinos paguemos los activos fijos que las empresas petroleras usufructuarán para, lean bien, lucrar. Si van a lucrar, ¿no debería ser sobre su propio capital?

Dejemos las preguntas incómodas de lado. Si el gasoducto y la planta de transformación la va a hacer la Argentina. ¿Para qué necesitamos financiación europea? ¿Nosotros no tenemos US$ 4.000 millones tirados en algún cajón del escritorio? En realidad los excedentes de dólares del año pasado (2021) fueron de US$ 15.000.000.000. Podemos hacer tres gasoductos, tres plantas para licuar y sobra dinero.

Esquema de licuación, transporte y regasificación de gas natural.
Recaudación AFIP enero-abril 2022

Sólo de derechos de exportación la AFIP recaudó entre enero y abril del 2022 la suma de 412.181 millones de pesos. Equivalente a US$ 3.493 millones si tomamos el dólar oficial de $ 118. En cuatro meses tenemos para hacer el gasoducto y la planta de conversión. Si sumamos los derechos de importación por 141.772 millones de pesos, equivalentes a US$ 1.201 millones con cambio oficial, llegamos a US$ 4.694 millones en un cuatrimestre.

Fuente: AFIP. Última columna a la derecha elaboración propia, tipo de cambio a $ 118. https://www.afip.gob.ar/institucional/estudios/

Entonces ¿por qué va el presidente Fernández con la escupidera en la mano a Europa a pedir dinero? 

Infraestructura para todos y todas

Al gobierno le parece bien que el estado provea a su costo la infraestructura para que el sector petrolero se desarrolle, exporte y traiga dólares al país. Supongamos que el razonamiento esté bien (ya expuse mis prevenciones).

¿Por qué entonces no tiene la misma actitud respecto al sector que hoy sí trae dólares a diferencia de los petroleros que tal vez, en una de esas, los traerán? ¿Por qué no están cuidados los caminos rurales? Es un tema de todos los partidos políticos [3].  El sector rural necesita: ferrocarriles, caminos rurales cuidados, baja de los impuestos en el combustible y a las transacciones, eliminación de derechos de exportación, tipo de cambio alto o retener los propios dólares (facilidad que sí tienen las petroleras y las mineras). Lo que es bueno para el sector petrolero (que el estado financie la infraestructura) no lo es para el rural, evidentemente. Sin embargo, sólo con ocuparse de esto, las exportaciones agropecuarias se triplicarían. No la ven o no la quieren ver.

Viejas facturas pendientes

Los europeos nos pusieron a parir desde que implementaron sus subvenciones agrícolas a partir de mediados de la década del ‘50 del siglo pasado con el fin de autoabastecerse. Nos perjudicaron a nosotros junto a todos los países productores, incluido los EEUU. Sobrevivimos 45 años exportando trigo y carne a Sudáfrica y Rusia hasta que apareció China como comprador. Compro que les vendamos comida ahora. De acuerdo. ¿Pero no deberíamos hacernos rogar, aunque sea un poquito? ¿No deberíamos poner condiciones, como por ejemplo, que levanten las restricciones a las importaciones de carne vacuna? Sabemos que alimentamos a los europeos durante la guerra y la posguerra y en la primera oportunidad nos dieron vuelta la espalda. ¿Va a ser gratis en esta nueva oportunidad que nos regalan en bandeja?

¿No serían mejores socios Medio Oriente, el Sureste Asiático, África o los mismos EEUU?

Cuando uno no sabe a dónde va ni la guerra Ucrania-Rusia le es propicia.

 

* Licenciada de Economía (UBA), Master en Finanzas (UCEMA), Posgrado Agronegocios, Agronomía (UBA).

 

Referencias

Declaraciones de Alberto Fernández en Europa. DW, https://www.dw.com/es/alberto-fern%C3%A1ndez-se-despide-de-europa-ofreciendo-a-argentina-como-socio-energ%C3%A9tico/a-61795083

Euronews

https://www.youtube.com/watch?v=SohkfbRcnvw

https://es.euronews.com/2022/05/11/alberto-fernandez-presidente-de-argentina-ofrece-su-gas-a-europa

TVE

https://www.youtube.com/watch?v=ApOBji4k-N8

Bloomberg

https://www.bloomberglinea.com/2022/05/11/alberto-fernandez-busca-en-europa-clientes-e-inversiones-para-el-gas-de-vaca-muerta/

Licitación Gasoducto desde Neuquén a Provincia de Buenos Aires. 

Télam 

https://www.telam.com.ar/notas/202204/590107-alberto-fernandez-dara-comienzo-a-la-construccion-del-gasoducto-nestor-kirchner-en-neuquen.html

El Gas Licuado

Ing. Ernesto López Anadón

https://www.petrotecnia.com.ar/junio12/sinpublicidad/GNL.pdf

España, puerta de ingreso del gas licuado a Europa

Enrique Pérez

https://www.xataka.com/energia/espana-puede-convertirse-granero-gas-europa-para-eso-necesita-apostarlo-todo-al-gnl

INDEC

Exportaciones Mapa Dinámico

https://opex.indec.gov.ar/index.php?pagina=mapa_dinamico

AFIP

Recaudación – Cuadros Estadísticos

https://www.afip.gob.ar/institucional/estudios/

Notas

[1] La fecha se debe al inicio del plan de autosuficiencia alimentaria de la CEE y no del golpe de estado en Argentina. Algún día deberemos averiguar si es casualidad o hay causalidad. Creo que es lo primero.

[2] Piensen que hace menos de cinco años Alemania importó cinco millones de humanos. Detrás de esa decisión hay un marco conceptual de una oferta infinita de comida, vivienda, calefacción. Alimentar cinco millones de personas más de un día para el otro no es juego de niños. Lo que hace pensar que o tenían un plan muy preparado detrás o improvisaron.

[3] En Provincia de Buenos Aires cuando hay gobernador peronista, el Tribunal de Cuentas está en manos de radicales. Sin embargo no hay procesos por malversación de fondos para mantenimiento de caminos rurales. Los cuatro años en que gobernó el PRO, con la Sra. Vidal al frente, tampoco hubo cambios al respecto.

Artículo publicado originalmente el 14/05/2022 en Restaurar.org http://restaurarg.blogspot.com/2022/05/gas.html