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SUBMARINOS ALEMANES EN LA PATAGONIA

Walter A. Martínez*

Alemania se había rendido el 8 de mayo de 1945. La mañana del 10 de julio de ese año había amanecido en Mar del Plata, Argentina, estaba nublado y todo parecía normal en el puerto.

De pronto a las 0700 hs., la guardia militar advirtió unas señales luminosas que venían desde unos 5000 metros mar adentro. El jefe a cargo de la base naval fue despertado de urgencia y se dirigió hasta el puesto de observación. Momentos más tarde, cuando descifró el mensaje que las luces transmitían en código Morse, casi no podía creer lo que estaba leyendo. Alguien desde alta mar se estaba identificando en inglés como “German submarine”.

 

Cuando el jefe argentino y su interlocutor comenzaron a intercambiar mensajes, este último se identificó como Otto Wermuth Comandante del U-530 y dijo que su intención era rendir el submarino ante autoridades argentinas. Después de aclarados los términos de la rendición, se le dio autorización para que el submarino avanzara navegando en superficie y atracara en la escollera del puerto.

Las maniobras de amarre fueron tensamente vigiladas desde tierra y una vez concluidas, Wermuth luciendo sus condecoraciones, formó en cubierta a sus hombres y esperó que llegara la tripulación de presa que tomaría el control del submarino. El Comandante alemán tenía 25 años y la tripulación un promedio de edad cercano a los 18. En el interrogatorio evadió muy bien las preguntas más comprometedoras. El libro de bitácora de la nave había desaparecido, no pudo explicar la falta de los torpedos, tampoco la carecía del cañón de cubierta y por qué faltaba la balsa principal con capacidad para varias personas. Según sus palabras, después de 107 días de navegación, alcanzó la costa de Mar del Plata un día antes de la rendición de Alemania. Avistó el faro de Punta Mogotes y estuvo navegando porque su intención original era “recalar en Miramar”.

Un segundo submarino se entrega

El 14 de agosto de 1945 se rendía en la Base Naval Mar del Plata un segundo submarino, el U-977 al mando de su Comandante Heinz Shaeffer. El gobierno de Argentina estaba asombrado y preocupado por las derivaciones diplomáticas.

Fragmento traducido de una carta de un prisionero alemán a un familiar

“…Amarramos dentro de la Base Naval de Mar del Plata. Nos recibieron calurosamente, nos abrazaron y nos regalaron cigarrillos. Nos trasladaron al hotel de Inmigrantes en Buenos Aires, por la noche bebíamos abundantemente y la comida era buena, con toda clase de exquisiteces. Nos sacaron innumerables fotos con la oficialidad argentina. Lástima que tuvimos que abandonar ese hermoso país. Hubo una gran despedida y el Comodoro de la Base Aérea dijo que no nos consideraban prisioneros de guerra, sino simplemente camaradas alemanes. Luego se despidió uno por uno de nosotros, mientras la banda tocaba ‘Viejos camaradas’”

Repercusión diplomática

La Armada Argentina estaba feliz en tener esos submarinos de alta tecnología. Pero debido a las fuertes presiones de los embajadores de las potencias aliadas, Argentina accedió a que los EE.UU. se llevaran ambas naves con sus tripulaciones para ser interrogadas exhaustivamente.

El Gobierno de esa nación clasificó como top secret todo lo investigado.

Avistamientos y búsquedas

Después de la guerra, el folklore de la costa patagónica se llenó de rumores de otros submarinos que aún llegan hasta nuestros días. Los comentarios se refuerzan por el avistamiento de cierta torreta típica de un submarino que era vista en ocasiones propicias de la bajamar en una zona cercana a caleta de los Loros, a unos 140 km de Viedma. Algunos pobladores afirman que en ese lugar se encuentra un submarino alemán hundido. Testigos muy calificados, uno de ellos volando un Piper PA-11, menciona: “En 1957, en ocasión de un sobrevuelo por la zona de la caleta de los Loros, alcancé a avistar algo ahí, hundido, que apenas emergía sobre el agua”. Un perito naval en salvamento mencionó: “La Armada tenía precisiones sobre su localización, porque un avión Neptuno los había sobrevolado unos siete años antes y en las fotografías que nos mostraron podían distinguirse las siluetas de dos naves y hasta las torretas, que se veían más oscuras”.

Por su parte algunos pobladores mencionaron:

“Cuando hay viento norte, se puede ver a 200 metros la proa”. En noviembre de 1996 se llevó a cabo en la caleta de los Loros una de las exploraciones más publicadas. Un equipo del Instituto de Biología Marina Almirante Brown de San Antonio Oeste, realizó un trabajo de investigación.

Los resultados fueron nulos, a pesar de que las observaciones aéreas siempre dieron resultado positivo.

Comandante Otto Wermuth, U-530.
Hallazgo de un tercer submarino

El dato que permitió el descubrimiento lo dio el patrón de un barco pesquero que decía que había una zona donde siempre se le trababan las redes y afirmaba que algo había ahí abajo, por suerte registró las coordenadas del lugar. Entonces el 9 de marzo del 2022, un grupo de investigadores encontró un misterioso naufragio a unas dos millas de la costa, en Quequén, provincia de Buenos Aires. Informaron del hallazgo a la Prefectura Naval Argentina, indicando las coordenadas exactas y la profundidad de 28 metros donde se encontraba. La PNA consideró que podría tratarse de un “bien arqueológico” imponiendo restricciones en esa zona de navegación.

Tres meses después, un guardacostas de PNA realizó una expedición para filmar los restos, utilizando para ello un vehículo remoto subacuático (ROV) y 12 buzos de profundidad. Las imágenes obtenidas muestran que el casco presenta una clara destrucción hecha con explosivos, también lo que sería un mástil, una escotilla, cañerías y engranajes, pero lo que definió todo fue el periscopio que estaba intacto.

Eso por sí sólo indica que se trataba de un submarino, pero para una mayor precisión se tomaron muestras de metal del casco para determinar similitudes de fabricación. En una pericia de dos ingenieros navales se indica que el casco se encuentra semienterrado y con un alto grado de destrucción pero que a pesar de estas condiciones igual se pudo identificar la subestructura de la cubierta y podría tratarse de un U-Boot tipo VII o IX.

El lugar del naufragio corrobora la forma de los alemanes para escabullirse. Primero desembarcaban las personas y valores, luego la nave con no más de 5 hombres se retiraba de la costa una o dos millas. Activaban las cargas explosivas para hundir el submarino y regresaban a la playa en un bote neumático.

La explosión debía ocurrir cuando la nave estuviera en el fondo para que la detonación no se escuchara en Quequén. Llegar hasta Sudamérica en un submarino alemán podía ser un viaje no menor a dos meses. La Kriegsmarine con veleros había diseñado una sencilla cadena logística de reabastecimiento para los submarinos, que se explica en otra nota.

Investigadores consideran que hasta podrían existir sin descubrirse tres submarinos alemanes hundidos en costas del sur argentino. 

Conclusión

Alemania en la Segunda Guerra Mundial tenía alrededor de 1000 submarinos; 46 de ellos jamás fueron hallados lo que permite muchas especulaciones. Se cree que cuatro o cinco hayan zarpado desde Noruega hacia Sudamérica. Después de unas 18 semanas, dos de ellos, el U-530 y el U-977, se entregaron en Mar del Plata, el tercero fue hundido por la propia tripulación y descubierto en el año 2022 en Quequén. De los otros nunca se encontraron sus restos. Hay certeza que todos los comandantes antes de entregarse o de hundir su nave, arrojaban al mar el libro de bitácora, armamento y la famosa máquina “Enigma” para cifrar documentos radiales.

Las investigaciones serias coinciden que eran tripulantes jóvenes del arma submarina, oficiales y suboficiales que deseaban rendirse en algún país donde no fueran encarcelados.

Las condiciones de vida a bordo eran horribles y sólo podían resistir muchachos que gozaran de excelente salud psicofísica. En general los comandantes de esos submarinos no superaban los 25 años y eran los de mayor edad.

Para mediados de 1945, peones de estancias al norte de Mar del Plata comentaban que veían algunos sulkis vacíos que iban hacia el mar y regresaban por la misma huella, en dirección a la ruta 2 con hombres jóvenes y rubios que no habían ingresado previamente del oeste. Con bastante seguridad se puede afirmar que no bajaron criminales de guerra pues habrían preferido viajar en barcos neutrales confundidos con refugiados.

Organización y logística: para no creer fantasías, primero hay pensar que la tecnología y comodidades de los submarinos del siglo pasado no son las actuales. Luego se debe analizar ciertas condiciones que, aislado y con destino hacia la Argentina tiene que afrontar. Su comandante tendría que haber considerado el cálculo de combustible, que le debería alcanzar para cruzar el Atlántico cerca de 5.200 millas (10.000Km) a velocidad promedio de 4,7 nudos (8,7 Km/h), por dos meses, alimentos y agua potable para la travesía (aunque se supo que algunos veleros y barcos “neutrales”, llegaron a abastecer a submarinos alemanes en proximidades de costas de Sudamérica). Pero el siguiente problema era la existencia en tierra de un grupo confiable que los recibiera y oculte unas 40 personas en casas seguras por tiempo indeterminado para luego integrarse en distintas ciudades. Al no hablar el idioma local y ser casi todos rubios, pronto hubieran sido descubiertos y esto es algo que nunca ocurrió.

Todo ello apunta a la existencia de una organización secreta de gran magnitud. Está claro que pudieron haber existido desembarcos furtivos, pero es muy difícil que se hayan producido más de dos. Después de la guerra se supo que la estancia “El Porvenir” en Mar del Sur, era una base de agentes alemanes que le facilitaron apoyo logístico a los “lobos grises” mediante cierto velero que podría haber sido el “Passim”. Según antiguos peones, existían un galpón donde se alojaban extranjeros, todos hombres jóvenes. Les llevaban alimentos pero tenían prohibido acercarse a ellos.

La única duda: lo que despierta suspicacias es el gran espacio de tiempo transcurrido entre la rendición de Alemania el 8 de mayo de 1945 y los dos submarinos que se entregaron en Mar del Plata el 10 de julio y 14 de agosto.

Existe la sospecha que en ese lapso hubieran desembarcado cajas conteniendo oro, con pocas personas en alguna playa. De ello hay ciertos indicios, en especial porque al submarino U-530 le faltaba la balsa principal; y al S-977 le faltaban 16 tripulantes y 3 balsas neumáticas.

Ambos comandantes y su tripulación fueron interrogados exhaustivamente en los EE.UU. y los resultados fueron clasificados como top secret. El cúmulo de documentación que existe en Argentina es muy abundante, pero en décadas anteriores por razones políticas, algunos expedientes oficiales se perdieron o fueron adulterados. Por ello es muy probable, que nunca se sepa la completa verdad. Para peor aparecieron “historiadores” que publicaron relatos de fantasía que no se ajustan a la verdad, pero son éxitos editoriales que se venden bien.

77 años después, algunos misterios comienzan a revelarse, pero la verdad definitiva aún permanece entre enormes médanos de incógnitas y no sería extraño que por una secreta trama internacional, la verdad nunca se sepa.

  

* Comandante (R) de la Gendarmería Nacional Argentina. 

Artículo publicado en la Revista Tiempo GNA 74, noviembre de 2022.

 

Fuentes

Diario “La Nación”. 1997;

Diario “Ámbito Financiero”

The Strange Odyssey of the German U-Boat

U-196

ABC Historia

Revista Club Sniper Nº 39

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LA MÁQUINA “ENIGMA”

Revista GNA*

En todos los conflictos siempre se usaron códigos secretos para cifrar textos, de modo que el adversario no conozca el contenido y algunas guerras se perdieron por ese motivo. Enigma” en la IIGM era el nombre de una máquina que disponía de un mecanismo de cifrado rotatorio, que permitía usarla tanto para cifrar como para descifrar mensajes. En su interior disponía un eje con tres discos de bronce que giraban por medio de un contacto eléctrico ocasionando que las letras cambiaran de manera complicada. Luego el rotor volvía a girar produciendo un texto sin sentido imposible de descifrar.

 

Las fuerzas militares de Alemania las comenzaron a usar desde 1930. Su facilidad de manejo y supuesta inviolabilidad fueron las principales razones para su amplio uso. Los alemanes estaban convencidos de que los mensajes de “Enigma” no se podía descifrar, por lo que la empleaban para todo tipo de comunicaciones militares y en sus servicios secretos. Pero quienes hicieron un mayor empleo fue la marina alemana. El procedimiento era sencillo, cuando un submarino alemán detectaba un convoy aliado, enviaba la información por radio usando la máquina “Enigma” indicando las coordenadas y el rumbo al comando naval alemán, quién por el mismo sistema encriptado ordenaba a otros submarinos para que esperaran al convoy algunas millas adelante. Cuando los barcos se acercaban, ya habían sido rodeados y de manera sorpresiva eran torpedeados hasta su destrucción total. Era sin dudas una excelente máquina al que más tarde le agregaron un cuarto engranaje para dificultar más cualquier intento de ruptura del cifrado. Su sistema fue finalmente descubierto por un par de ingleses y polacos matemáticos y es considerado como la causa de haber concluido la Segunda Guerra Mundial al menos dos años antes. Por su parte los japoneses para esa época tenían un código que los EE.UU. llamaban “purple” (código púrpura). Desde antes del ataque a Pearl Harbor, un ejemplar había sido hallado entre las ropas del cadáver del patrón de un barco pesquero japonés hundido y estaba en poder de la marina norteamericana.

Un “regalo” inesperado

El 9 de mayo de 1941 un golpe de suerte favoreció a los ingleses. El submarino U-110 alemán, comandado por Fritz Julius Lemp, fue descubierto el destructor HMS Aubrietia y las bombas de profundidad que le arrojó, le produjo graves daños y tuvo que emerger. Antes de abandonar la nave se activaron cargas explosivas para que no cayera en manos del enemigo. Pero el destino hizo que no explotaran, el destructor recogió a los tripulantes alemanes y el submarino fue abordado.

Fue en ese momento que los británicos se hicieron con un gran tesoro al capturar libros de códigos, mensajes cifrados y la máquina “Enigma”. Un verdadero banquete informativo de trascendental importancia, que especialistas en inteligencia lograron al descifrar los códigos alemanes.

La información fue mantenida en estricto secreto y sirvió para adelantar el final de la guerra.

* Artículo publicado en la Revista Tiempo GNA 75, diciembre de 2022.

EN LOS ORÍGENES DEL CONFLICTO RUSO-UCRANIANO: 2010-2014

Giancarlo Elia Valori*

Kiev, 2014. Manifestantes antigobierno protegen en la plaza de la Independencia, conocida como Maidan. Fotografía De Brendan Hoffman.

Ucrania fue gobernada de 2010 a 2014 por el presidente Viktor Fёdorovič Janukovič y sus partidarios de la región de Donetsk en el este del país. Maniobró entre la UE y Rusia en busca de beneficios políticos. Guiado por consideraciones de urgencia interna, Janukovič ayudó a crear esperanza entre la población para un acuerdo con la UE, para el cual trabajaría. Sin embargo, el presidente ucraniano no obtuvo garantías de la UE de una ayuda financiera sustancial para compensar el daño que sufriría la industria ucraniana como resultado del acercamiento económico con la UE. En vísperas de las elecciones presidenciales, que debían celebrarse a principios de 2015, el tema se volvió vital.

Al mismo tiempo, Janukovič tuvo que tener en cuenta la presión de Rusia. Rusia mostró primero a Ucrania —en forma de barreras comerciales— las pérdidas resultantes de elegir la UE en lugar de Rusia, y luego —en forma de paquete de ayuda— las ventajas de elegir a Rusia. Como resultado, en noviembre de 2013, Yanukovich suspendió inesperadamente el proceso de firma de un acuerdo de asociación política y económica con la UE. A cambio, recibió generosa ayuda financiera y económica y asistencia de Putin en diciembre.

La decisión tomada en noviembre de 2013 provocó protestas masivas en el centro de Kiev, que casi de inmediato se convirtieron en un enfrentamiento constante en Majdan Nezaležnosti,- Plaza de la Independencia, la plaza central de Kiev, la capital de Ucrania. La mayoría de los manifestantes eran personas comunes que vivían en la pobreza y estaban profundamente afectados por la corrupción desenfrenada en el aparato estatal, en el que también estaba involucrada la familia Janukovič. Para esos ciudadanos, la asociación con la UE parecía una forma de salir de la situación en ese momento y cuando la puerta de Europa se cerró fue un shock para esas personas.

A la protesta civil, conocida como Majdan, se unieron grupos nacionalistas de derecha y pronazis, principalmente del oeste de Ucrania. Según ellos, Janukovič, originario del este, trató de “fusionar” Ucrania con Rusia mediante el engaño, un movimiento al que muchos occidentales eran abiertamente hostiles. Finalmente, las protestas del Majdan fueron apoyadas y financiadas por clanes oligárquicos ucranianos, enojados por el hecho de que Janukovič y sus aliados en Donetsk, habiendo tomado un poder significativo, estaban expandiendo agresivamente sus imperios comerciales a expensas de otros oligarcas. Para ellos, Majdan era un medio para obtener elecciones presidenciales anticipadas y derrocar a Janukovič.

Los acontecimientos en Ucrania no fueron inicialmente el centro de atención de la Administración Presidencial de los Estados Unidos, que se ocupó principalmente de: la situación en el Cercano Oriente y Oriente Medio y Asia oriental; el programa nuclear iraní; la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán; y las relaciones con la República Popular China. Sin embargo, tanto por razones geopolíticas como ideológicas, Estados Unidos había apoyado durante mucho tiempo el movimiento pro-occidental en Ucrania y desconfiaba de los planes del Kremlin para la integración euroasiática. Para evitar que Ucrania entrara en la esfera de influencia rusa, Estados Unidos brindó asistencia a los líderes de la oposición occidental de derecha y alentó abiertamente sus esfuerzos.

A mediados de febrero de 2014, el conflicto en el centro de Kiev se intensificó con renovado vigor y se convirtió en enfrentamientos, lo que llevó a una conclusión predeterminada por terceros. Al principio, parecía que Janukovič había decidido superar el estancamiento dispersando por la fuerza al Majdan, que en ese momento se había convertido en un grupo militante serio, creado sobre la base de la organización nacionalista Pravyj Sektor (el Sector Derecho: un partido político ucraniano de extrema derecha y organización paramilitar). El presidente de Ucrania, sin embargo, detuvo la ofensiva policial y comenzó un diálogo con los líderes de la oposición, que pronto se convirtió en negociaciones sobre concesiones por parte de su gobierno, pero terminó el 21 de febrero de 2014 con la rendición real del presidente. El acuerdo correspondiente entre las autoridades ucranianas y los líderes de la oposición fue “firmado” por los ministros de Asuntos Exteriores de los países de la UE, a saber, Francia, Alemania y Polonia. Pero inmediatamente después de la firma ese documento fue rechazado por el Majdan: sus miembros más radicales exigieron la renuncia inmediata del presidente. Janukovič huyó de Kiev, la policía desapareció de las calles y los alborotadores del Majdan pudieron celebrar su victoria.

Tales eventos trágicos fueron muy dolorosos para Rusia. Desde el punto de vista de Rusia, Ucrania ha sido un socio débil, frágil y a menudo poco confiable durante veinte años, y creaba problemas para el tránsito de productos del gigante energético ruso Gazprom a Europa (como los italianos nos dimos cuenta y comprobamos hace años). Al mismo tiempo, Ucrania comenzó a transformarse en un Estado dirigido por una coalición de élites prooccidentales y nacionalistas profascistas y antisemitas antirrusos. Según el Kremlin, ese cambio estuvo plagado de dos amenazas: la opresión de la lengua, la cultura y la identidad rusas en Ucrania y la adhesión del país a la OTAN. Putin reaccionó de inmediato: con toda probabilidad, puso en marcha los planes ya desarrollados por Rusia en caso de que Kiev tomara el camino hacia la membresía en la OTAN. Una actitud de la que los servicios de inteligencia estadounidenses ya eran conscientes.

Determinada y caracterizada por la proximidad geográfica, la política rusa hacia Ucrania ganó impulso de inmediato. El principal objetivo de Rusia era evitar que Ucrania se uniera a la OTAN e, idealmente, reorientarla a favor del proyecto de integración euroasiática, cuyo elemento clave era la reunificación del llamado “mundo ruso”. Como parte de ese nuevo “curso proactivo”, Rusia se fijó dos objetivos.

La primera tarea fue proteger Crimea del nuevo régimen. Ese objetivo se logró aislando físicamente la península de Ucrania continental y neutralizando a las tropas ucranianas en Crimea con fuerzas especiales rusas y ayudando a los elementos prorrusos a establecer el control sobre el gobierno local, el Parlamento y las agencias de aplicación de la ley. Rusia alentó un referéndum sobre el estatus de Crimea y lanzó una campaña de propaganda masiva a favor de su reunificación con Rusia. La votación se celebró el 16 de marzo de 2014, con una amplia mayoría a favor de la reunificación. Dos días después, se firmó un acuerdo en Moscú sobre la inclusión de Crimea y Sebastopol en la Federación Rusa. Sebastopol es una ciudad en el territorio en disputa de Crimea con una mayoría de habla rusa. Es reconocida internacionalmente como parte de Ucrania, que la considera una ciudad con un estatus especial, pero en realidad es una ciudad federal de Rusia.

La segunda tarea era la federalización de Ucrania, que impediría la sumisión completa del país a Kiev, haciendo así técnicamente imposible cualquier paso hacia la membresía en la OTAN. El 1° de marzo de 2014, Putin solicitó autorización al Consejo de la Federación para usar tropas rusas en el territorio de Ucrania y la recibió. Las tropas rusas comenzaron a realizar ejercicios en la frontera ucraniana, demostrando así su disposición para una invasión, pero la frontera no se cruzó. El Kremlin presionó al nuevo gobierno en Kiev, impidió que Estados Unidos y la UE intervinieran elevando drásticamente las apuestas y alentó a los aliados políticos de Rusia en las regiones de habla rusa de Ucrania.

Foto: Sputnik / Andrei Stenin.

En el sur y el este de Ucrania, donde la población de habla rusa era la mayoría, comenzaron las manifestaciones masivas exigiendo autonomía regional y estatus oficial para el idioma ruso. Después de las manifestaciones, grupos de milicias organizadas comenzaron a ocupar edificios administrativos y tomar el control de la ciudad. En las regiones de Donetsk y Lugansk, los grupos de milicias celebraron referendos regionales a principios de mayo de 2014 y anunciaron la creación de repúblicas independientes de Kiev. Rusia no ocultó su apoyo a los separatistas, pero se abstuvo de reconocer a las repúblicas y enviar tropas rusas para protegerlas.

Rusia, sin embargo, no logró despertar a todo el sureste de Ucrania para resistir a Kiev. La esperanza de que Novorossiya, predominantemente de habla rusa, que constituía todo el sureste, se separaría de las autoridades que habían defenestrado a Janukovič y creara una federación no se materializó. Las ciudades más importantes —Dnepropetrovsk, Kharkov, Kherson, Nikolaev, Odessa y Zaporozhye— permanecieron bajo el control de Kiev. El gobierno interino de Ucrania también lanzó una «operación antiterrorista» en las regiones de Donetsk y Lugansk, que resultó en bajas significativas en ambos lados y una crisis humanitaria, pero no condujo a la intervención militar rusa.

Rusia no reconoció la legitimidad del gobierno respaldado por Majdan, aunque no rechazó el contacto con sus representantes. Estados Unidos, por otro lado, brindó apoyo político a Kiev con amplia publicidad, como lo demuestran las visitas a la capital ucraniana del entonces vicepresidente Joe Biden (2009-2017), el secretario de Estado John Kerry (2012-2017), el director de la CIA John Brennan (2013-2017) y muchos otros altos funcionarios estadounidenses. Los medios rusos afirmaron que era Estados Unidos quien dirigía las acciones de las autoridades ucranianas.

Rusia tomó una serie de medidas diplomáticas para resolver la crisis en Ucrania y lograr sus objetivos. Sin embargo, la “diplomacia telefónica” entre los presidentes de Rusia y Estados Unidos, así como los contactos entre el ministro de Relaciones Exteriores Sergei Viktorovič Lavrov y el secretario de Estado John Kerry, no produjeron resultados. La Declaración de Ginebra de 17 de abril de 2014 y la hoja de ruta publicada por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) el 8 de mayo de 2014 quedaron en el papel. En cambio, se prestó más atención al envío de tropas rusas a la frontera ucraniana para ejercicios en lo que parecían ser preparativos para una invasión. Se suponía que la presencia de las tropas disuadiría a Kiev de tomar medidas duras contra sus oponentes y demostraría la determinación de Rusia de defender sus intereses.

El 25 de mayo de 2014, las elecciones presidenciales anticipadas se celebraron con éxito en Ucrania, que culminaron con la victoria indiscutible de Petro Porošenko (2014-19), un oligarca y uno de los principales patrocinadores del Majdan. Los radicales, como el partido anteriormente dirigido por Janukovič, no recibieron un apoyo significativo. Era imposible ignorar la elección de decenas de millones de ucranianos y Putin decidió reanudar los contactos con Kiev al más alto nivel. El Kremlin, donde Porošenko era bien conocido, se estaba preparando para interactuar con las élites ucranianas nuevamente, pero bajo nuevas condiciones.

En cuestión de semanas, las medidas tomadas en respuesta a las acciones de Rusia cambiaron radicalmente la naturaleza de la relación de los antiguos adversarios de la Guerra Fría. La política de Rusia causó una reacción extremadamente negativa de los Estados Unidos y sus aliados. Rusia fue considerada un agresor y de hecho fue expulsada del G8, un grupo de grandes países industrializados que volvieron al formato del G7. La UE redujo los contactos con Rusia y la OTAN congeló la cooperación con Rusia. Los líderes occidentales pospusieron las cumbres bilaterales con Putin, aunque pronto se hicieron excepciones. En la Asamblea General de la ONU, durante la votación del referéndum en Crimea, cien Estados se negaron a reconocer el resultado, mientras que solo once países adoptaron la posición opuesta. Ante una condena casi unánime, la delegación rusa suspendió su participación en los trabajos de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. El proceso de adhesión de Rusia a la OCDE también se ralentizó. Muchas delegaciones occidentales se negaron a asistir a reuniones internacionales de alto nivel en Rusia, incluida la Conferencia de Seguridad anual en Moscú y el Foro Económico en San Petersburgo.

Estados Unidos, y más tarde sus aliados, impusieron sanciones a funcionarios y compañías rusas que cubren sectores enteros de la industria rusa. Su objetivo era infligir daños a Rusia que la obligaran a hacer concesiones sobre el tema ucraniano e idealmente condujeran a un cambio de régimen, es decir, derrocar a Putin mediante un “golpe de Estado” o un levantamiento popular. Las posteriores oleadas de sanciones, combinadas con el creciente aislamiento político de Rusia, condujeron inmediatamente a una fuerte caída en su mercado de valores, una fuga masiva de capitales y un mayor debilitamiento del rublo. Aunque las relaciones de Rusia con Europa en el sector energético eran demasiado importantes para muchos países de la UE, la tendencia hacia la diversificación de los suministros energéticos en el Viejo Mundo aumentó significativamente. Como resultado, se hizo más difícil para Rusia importar productos de alta tecnología.

En la esfera militar, Rusia comenzó a ser vista como un adversario de Occidente. La OTAN estaba intensificando una vez más sus esfuerzos para lograr su objetivo original de finales de la década de 1940, por ejemplo, “mantener a los rusos fuera”. El despliegue temporal de contingentes occidentales relativamente pequeños en Polonia, Rumania y los Estados bálticos podría convertirse en bases permanentes para las tropas de la OTAN, incluidas las tropas estadounidenses en la frontera oriental de la Alianza. El sistema de defensa antimisiles de la OTAN, actualmente desplegado en Europa, está abiertamente dirigido contra las fuerzas nucleares rusas. Estados neutrales, como Suecia y Finlandia, están considerando unirse a la OTAN y, si se toma esta decisión, serán aceptados con los brazos abiertos. Así, en la decisiva Cumbre de la OTAN en Gales en septiembre de 2014, la “nueva vieja cara” de la Alianza se presentó a Europa y Rusia.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

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