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LA RESIGNIFICACIÓN DE LA DIGNIDAD HUMANA EN TIEMPOS DE GUERRA TECNOLÓGICA

Yarina Amoroso* – Mayra Bárzaga** Sunamis Fabelo Concepción***

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay
El campo de batalla tecnológico

El capital digital está reemplazando a la propiedad intelectual en la cima de las cadenas de valor mundiales. Los datos se han convertido una expresión concreta del poder ya que se trata del recurso más valioso, hay competencia para acceder a ellos y quien puede acaparar en mayor cantidad se sitúa en posición de fuerza sobre el resto de piezas del sistema[1]. De manera que grandes imperios digitales acaban conociendo a las poblaciones mejor que sus gobiernos y han desarrollado una extraordinaria habilidad para escapar a su control.

De ahí que varios estudios plantean la necesidad de abordar dos cuestiones centrales: cómo puede el ciudadano recuperar el control sobre la información que ha generado y cómo imaginar un modelo alternativo para una economía de datos que reduzca la actual asimetría entre la información que las grandes plataformas tienen de sus usuarios y la falta de transparencia sobre los algoritmos y modelos de negocio con que estos datos se procesan y explotan. Por eso, en el marco del debate sobre la soberanía digital, son cada vez más las voces que insisten en que son los ciudadanos y no los gobiernos los que deben poder ejercer su “soberanía digital” (Soler i Lecha, 2019).

La llegada de la quinta generación (5G) de manos del gigante chino Huawei ha complejizado estos debates. La 5G convirtió la conectividad en una plataforma con lo cual las redes de acceso inalámbrico proporcionan una conectividad sin fisuras, extendida e ilimitada para todas las personas y organizaciones, y por tanto aumenta significativamente la capacidad del control y procesamiento de datos en tiempo real. Ante este escenario, algunos países expresaron su preocupación ante la factibilidad de que Beijing pueda usar estas redes para ejercer presión o efectuar algún tipo de vigilancia electrónica. Por lo tanto entre los posibles escenarios se ha barajado la posibilidad de que cada una de las potencias cree su propio «ecosistema» tecnológico para reducir su dependencia mutua y así obligar a sus aliados a una adhesión incondicional; de manera que en un futuro pudiera emerger uno o diversos telones de acero tecnológicos, y en último término, avanzar hacia una cierta “desglobalización” digital (Farrés, 2020).

Este escenario puso de manifiesto una vez más como la competencia geopolítica se ha ido trasladando también al ámbito de la tecnología y las comunicaciones como nueva frontera del poder y escenario de reedición de la Guerra Fría. Sin dudas, esta bipolaridad tecnológica ha comenzado a crear nuevas esferas de influencia. Por si fuera poco, con el 5G todavía en una primera fase de implementación, ya se abría la carrera por el siguiente gran estándar, la Sexta Generación (6G), por parte de Japón, lo cual no solo es expresión de una competencia mundial, sino que de concretarse condicionaría una rearticulación de las alianzas.

Se dice que la 5G, en cierto sentido, dividió a Europa. La implementación de esta tecnología que llegaba desde China chocaba con la idea de una soberanía digital, sobre todo después de los sucesos de Cambridge Analítica y tomando en consideración las presiones de EUA en torno al caso Huawei. ¿Debe discriminarse una mercancía —en este caso una tecnología— en función de su origen? Esta cuestión está asociada al escenario descrito anteriormente sobre el control de los datos de los europeos a que tendría acceso el Gigante Asiático, fundamento sobre el cual se apoya la consideración de la influencia china en el socavamiento del orden liberal.

Si a esto unimos la colaboración en el área tecnológica entre Beijing y Moscú, estaríamos añadiendo el componente de la guerra híbrida supuestamente liderada por el Kremlin contra la Unión Europea. Occidente cuestiona a Rusia sus actuaciones en el ciberespacio y, sobre todo, la supuesta injerencia en procesos electorales occidentales, lo cual consideran que expresa una voluntad de debilitar el orden liberal y sus instituciones. Son recurrentes las acusaciones sobre las campañas rusas de desinformación e injerencia así como el apoyo a candidatos que cuestionan la UE, la OTAN o la integridad territorial de los estados que componen estas organizaciones.

Por su parte, en 2019 el gobierno ruso anunció su intención de desconectar al país de la red global de internet. Finalmente en diciembre de ese año se anunció RuNet, la alternativa nacional al internet global, con el objetivo de proteger a  Rusia de las interferencias del extranjero. Un proyecto que cuenta con el apoyo de grandes empresas rusas como Yamdex, MegaFon, Beeline, MTS, RosTeleom (Álvarez, 2019)

La apuesta más reciente de la compañía china Huawei, junto a otras operadoras chinas es construir un nuevo Internet, con el objetivo de mejorar las comunicaciones y prepararlas para lo que se está desarrollando y llegará en los próximos años, cuando además de los dispositivos actuales habrán más dispositivos IoT, comunicaciones para vehículos autónomos y más. El proyecto chino se denomina “New IP” y se estima que algunos de estos productos/servicios estarán listos para ser puestos a prueba a principios del 2021. (Rus, 2020).

Si bien, a día de hoy, se mantiene el liderazgo de las empresas de Silicon Valley, se aprecia una especie de regionalización digital, encabezada en Asia por Rusia, China, así como también por Corea del Sur y Japón, sin que esto signifique una disminución del nivel de interconectividad. Estamos en un momento crucial en el que se sentarán las bases democráticas y políticas de las próximas décadas; en función de las decisiones que se tomen, y se están tomando, para la instauración de elementos de IA y el desarrollo de algoritmos, el futuro de las sociedades será uno u otro. A nivel regional la guerra tecnológica se expresa a través de imperativos de dependencia.

En general se trata de una nueva dependencia por la subordinación de los territorios virtuales y por tanto por el control de los datos, propiciado por la falta de soberanía comunicacional y tecnológica de la mayoría de los países del planeta y la ausencia de regulaciones a las TIC. Las manifestaciones más recientes de la guerra tecnológica son expresión de un conflicto cada vez más intenso.

Esta disputa comercial y tecnológica, trasciende hacia la carrera armamentista:

Un documento del Servicio de Investigación del Congreso de EEUU explica que la 5G puede tener “muchas aplicaciones militares”: vehículos militares autónomos, nuevos conceptos operativos militares, y aumentará el poderío del sistema de comando y control de las Fuerzas Armadas lo que prevén que aumentaría su poderío a escala mundial y los servicios secretos serán mucho más efectivos que los actuales

Esta realidad corrobora lo señalado por la especialista cubana en el tema Rosa Miriam Elizalde; la tecnología digital va consolidando un nuevo modelo de gestión política: el Colonialismo 2.0 que sobrepasa el modelo “democrático-nacional”. (Elizalde, 2018)

Su impronta trasciende a todas las facetas de la vida humana y de la naturaleza, el dominio de la tecnología y la inteligencia artificial no es un asunto sólo de las corporaciones y de los gobiernos, es un asunto de los ciudadanos de todo el planeta; su influencia en los destinos de la humanidad y del planeta nos involucra a todos y todas.

Covid-19 y escenario comunicacional

Los tiempos de Covid-19 han alentado la guerra tecnológica desde diversos ángulos. En el boletín mensual del Laboratorio Europeo de Anticipación Política de junio del 2020 se destaca la centralidad de los datos como el oro negro de la era moderna. Según señala Satya Nadella, directora de Microsoft, el mundo ha logrado una transformación digital de dos años en dos meses. La necesidad sanitaria de mantenerse aislado provocó, por poner un ejemplo, que la plataforma de video conferencia Zoom, aumentara en dos meses de 10 a 300 millones de participantes en reuniones diariamente. Y como este, se pueden poner numerosos ejemplos más de la explosión de datos que se ha producido en todo el planeta.

Hay un gran debate acerca del tema pero la mayoría de los analistas coinciden en que los grandes polos de poder contemporáneos se caracterizan por la acumulación de datos como capital; lo que los especialistas llaman “supremacía cuántica”.

En los últimos 20 años los monopolios que utilizan el modelo “plataforma”, que aprovecha la fuerza combinada de la conectividad a internet y la inteligencia algorítmica, han obtenido una optimización algorítmica que les permite una extracción de datos más intensificada. La maximización del control de los datos obtenidos durante la crisis sanitaria les permitirá a las compañías por “plataformas”, para 2025, mediar en más del 30% de la actividad económica mundial, un indicativo de la creciente “plataforma” de la economía real (Gurumurthy y Chami, 2020).

La situación de cuarentena que vivió un tercio de la población mundial por el COVID-19 incrementó exponencialmente el tráfico en internet, lo cual implica una gran acumulación de datos y Meta Datos por parte de las Big Tech, produciéndose un cambio cualitativo en la información acumulada. Por primera vez los vínculos sociales se establecieron en su mayoría desde la virtualidad, logrando obtener datos de todas las relaciones sociales de los conectados a las redes. La descomunal inyección de dinero y de macrodatos que obtienen empresas como Google, Amazon, Facebook, Netflix, Alibaba, impulsa aún más el desarrollo de la inteligencia algorítmica, acortando el plazo a que trascenderá la humanidad, lo que los teóricos de la Inteligencia Artificial llaman “Extasis computacional”.

Pero el salto cualitativo fue mayor, las “plataformas” Uber, Airbnb, WhatsApp, Facebook, Instagram, Alibaba, etc. consolidaron un ámbito para intermediar la conexión de personas y servicios pagos para los usuarios (ciudadanos) de las redes sociales y servicios TICs, integrándolos a su ecosistema de dominación, de manera supuestamente voluntaria. Su especial poder y sus ganancias que residen en el Algoritmo, en la acelerada concentración a escala mundial y en la constante oferta/demanda de dispositivos que conectan a millones de ciudadanos/usuarios; alcanzó niveles insospechados de ganancias durante la pandemia (Datos).

La pandemia, así como la politización de la misma, han propiciado que se instalaran nuevas estrategias de biocontrol humano por gobiernos y otros organismos, la biología y no la tecnología aceleró la digitalización del mundo. Los gobiernos se apropiaron del conocimiento del ADN de los ciudadanos y la acumulación exponencial de conocimiento complejo en biotecnología, informática, robótica, estadística, ingeniería de sistema o de datos, aceleró los tiempos de la transición digital, siendo considerado por los analistas la COVID-19 como el primer virus ciborg, pues se propaga con la misma facilidad por los cuerpos que por las redes.

La pandemia ha sido propicia para potenciar la “batalla de las narrativas” a través del uso de las Fakenews y la desinformación con determinada intencionalidad, muy vinculada al resurgimiento y fomento de teorías de la conspiración, al discurso del odio, con una identificación con estigmas, ideas racistas, xenófobas, homófobas.

Ello por ejemplo se ha reflejado en los ataques a la imagen de China, acusada de ser el país donde se creó el virus y luego se puso en marcha por la Ruta de la Seda para poner en crisis a Occidente y posteriormente dar la oportunidad a Beijing de presentarse como salvadora a partir del despliegue de su Ruta Sanitaria, brindando auxilio y experiencias para manejar la crisis.

Por otra parte se ha asociado el éxito de las medidas para enfrentar la pandemia con aquellos países comunistas o socialistas, donde supuestamente existen regímenes autoritarios y por tanto su población es más dócil y vulnerable a la coacción a la hora de acatar medidas que recorten sus libertades como las cuarentenas.

En medio del ambiente de la tensión desatada por la letalidad de la pandemia, las confrontaciones en la red se han agudizado. Recientemente Twitter ha eliminado perfiles por difundir “narrativas geopolíticas favorables al Partido Comunista de China” y suspende otras 150.000 por ser “amplificadoras”. Estas cuentas publicaban información sobre temas como las protestas de Hong Kong o Estados Unidos y el COVID19. Por su parte el gobierno chino ha condenado la decisión de Twitter y ha exigido que se tomen estas medidas con aquellas cuentas que atacan a China.

Resignificación de la dignidad humana

Cada vez se hace más necesario reflexionar sobre el lugar del ser humano en este escenario, y desde luego, frente a los nuevos derroteros, reflexionar sobre la resignificación de la dignidad humana. La dignidad de la persona humana no sólo es un derecho fundamental en sí mismo, sino que es también el fundamento de las libertades, incluidos los derechos a la intimidad, la privacidad, la autodeterminación informativa y a la protección de los datos personales.

Las violaciones a la dignidad de las personas pueden incluir su consideración tal si fueran objetos, o tal si éstas estuvieran al servicio de alguna. En efecto, esto se relaciona con los casos en que se plantea la resignificación de la tecnología por vía de su inclusión en tanto paradigma central superador de la persona y en el centro de las relaciones que con ella se desenvuelven.

Cada día se les exige a las personas que revelen más información personal a través de internet, para participar en actividades sociales, administrativas, asuntos comerciales, con un alcance cada vez más limitado para salirse de la red. Con toda la actividad potencialmente desarrollable en línea, la noción de consentimiento libre e informado, se coloca bajo una enorme tensión. De hecho, hasta se elimina a cada minuto y se combina para clasificar a los individuos en tiempo real, e incluso para crear perfiles múltiples, muchas veces contradictorios. Estos perfiles pueden ser circulados en microsegundos sin el conocimiento de las personas y utilizados como base para la toma de decisiones importantes que les afectan.

Los perfiles utilizados para predecir el comportamiento de las personas amenazan con la estigmatización, la inclusión en estereotipos, segregación y exclusión social y cultural. Con este tipo de Inteligencia artificial que subvierte la elección individual y la igualdad de oportunidades, se puede acabar ahogando la creatividad, la innovación y las libertades de expresión y asociación que han permitido el florecimiento propiamente de las tecnologías digitales. (Varona, D. 2020).

Mientras tanto, se utiliza una suerte de estado continuo de excepción por razones de seguridad para múltiples capas de técnicas intrusivas que permiten monitorear la actividad de las personas (Anderson, K y Waxman, M. 2013).

Por otra parte, es menester reconocer que ciertos tipos de datos, como por ejemplo aquéllos genéticos, no sólo deben responder a regulaciones específicas sino también deben estar sujetos a la evaluación de preocupaciones más amplias de la sociedad, a través de comités de ética. Por su propia naturaleza, los datos genéticos se refieren no sólo a una persona sino también a su ascendencia y descendencia; además, no sirven únicamente para identificar las relaciones y elementos encontrados en los genes de una persona, sino que, pueden proporcionar información de los padres e hijos, facilitando el arribo a decisiones que influyen en sus posibilidades en la vida, inclusive antes del nacimiento.

La concentración potencial de datos personales genéticos en manos de un núcleo limitado de actores puede tener implicaciones para los titulares de los datos dada la existencia de una creciente dependencia de un sistema global de recopilación y análisis de un flujo constante de datos. Esto determina que la sociedad y la economía —más vulnerables a fallas de seguridad sin precedentes y ataques maliciosos descontrolados— deban abordar el futuro con un pensamiento innovador.

Existe una creciente demanda y necesidad de considerar al sujeto de los datos, como una persona y no únicamente como consumidor o usuario, en tanto es central que desde las decisiones de carácter político se comprenda su papel sustantivo en el desarrollo de mecanismos de prevención de un futuro, donde las personas estén determinadas por algoritmos y sus variaciones continuas. Se necesita asumir a nivel consciente las implicancias de estar equipados para ejercer también con responsabilidad y adecuado cuidado hacia las personas y su dignidad en línea, pero no solo a nivel discursivo sino a nivel factual.

Así los conceptos tradicionales de privacidad y protección de datos, sus tradicionales principios que ya contenían matices éticos para la protección de la dignidad, deben resignificarse a la luz de las tendencias de hoy, que han abierto un capítulo completamente nuevo, y se verifica una necesidad de explorar si los principios son suficientemente robustos para la era digital. La noción de datos personales en sí misma, es probable que cambie sustantivamente en la medida que la tecnología cada vez más permite a las personas ser re-identificadas a partir de datos supuestamente anónimos. Además, el aprendizaje que se produce en la fusión de la inteligencia humana y artificial, debilitará de alguna manera los tradicionales conceptos de derechos y responsabilidades.

De ahí la imprescindible necesidad de resignificar a la persona, a su dignidad eminente y colocarla en el centro del centro, de forma tal, que todo el ecosistema gire en torno a ella y no se permitan distorsiones de tipo alguno.

Solo así, se comprenderá que se afirme que la privacidad y la protección de datos, son parte de la solución y no del problema. Siendo por el momento, la tecnología controlada por las personas, se postula la necesidad de continuar profundizando ese control, lo que implica también una educación en valores desde edades tempranas y para toda la sociedad. Otro tanto en la necesidad de que en las aulas de ingeniería de Software y diseño de sistema a la par de las mejores enseñanzas de la TIC, sus potencialidad, la incentivación a la innovación y su importancia en el desarrollo, se estudien también los impactos sociales y se forme consciente la responsabilidad ética del diseñador de sistemas en inteligencia artificial. (Varona, D. 2018).

Conclusiones

El ser humano todos los días, forma parte consciente e inconscientemente, a través de sus datos y de la manipulación de los mismos, de una guerra invisible propiciada por el uso de las tecnologías y sobre todo por grandes emporios tecnológicos que las controlan unido a aquellas empresas y gobiernos que tienen “relaciones de colaboración”. La manipulación de los datos personales en la red ha devenido en verdaderos mecanismos carentes de transparencia por lo que ejercen un control sin límites y cada vez  más refinado con el uso de la IA lo que tienen además la tendencia de volverse una práctica cada vez más extendida.

En materia tecnológica resurge una especie de nueva guerra fría. Se desarrolla una tendencia hacia la regionalización digital. La disputa por controlar internet y el desarrollo tecnológico especialmente en materia de conectividad pone de manifiesto una serie de confrontaciones que se están desarrollando en las Relaciones Internacionales.

El contexto de la Covid-19 ha demostrado para bien y para mal todo lo que es posible hacerse con el uso de las tecnologías. Unos han exacerbado sus bondades y han aumentado las ganancias en materia de datos adquiridos. En este período se avizora un escenario cada vez más complejo en materia de soberanía y dignidad humana. Las Naciones Unidas deben abrir con toda urgencia un espacio para la reflexión y toma de decisiones a favor de contribuir a preservar los objetivos y principios de la Carta en correspondencia además con los objetivos ODS_2030.

 

* Master en Derecho Público, Universidad de Valencia, Estudios de Doctorado (DEA) Aspectos éticos y Jurídicos de la Información Digital, Universidad de Valencia. Diploma Superior de Políticas Públicas de Internet, FLACSO_Ecuador. Profesora y Líder científico del Grupo de Investigaciones de Informática Jurídica del Centro de Gobierno Electrónico de la Universidad de Ciencias Informáticas. Experto UNESCO en Infoética, Protección y Gestión de Patrimonio Digita. Es miembro del observatorio iberoamericano de Protección de Datos, Premio de educación popular de la AEPD. Ha coordinado y participado en investigaciones nacionales e internacionales en la materia. Actualmente coordina el Proyecto de Investigación “Sistema para la obtención de objetos digitales con valor legal” Programa Nacional de Automatización liberado por el ICIMAF, CITMA_Cuba. Premio a la Obra de la Vida de la Unión Nacional de Juristas de Cuba_La Habana_2018. (yarinamoroso@gmail.com). ORCID: 0000-0002-0185-082X 

** Profesora e Investigadora del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI). Licenciada en Historia y Filosofía en el Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”. Especialista en metodología de investigación prospectiva. Ha realizado investigaciones sobre las correlaciones de fuerzas políticas en América Latina y temas de comunicación política. Conferencista de varios cursos en FLACSO-Cuba, Cancillería de Ecuador, Instituto Internacional de Periodismo, Centro de Migraciones de Cuba, Embajada de Cuba en Venezuela. Coautora del libro: “Unasur: Proceso y Propuesta” coordinado por FEDAEPS Ecuador. Autora de varios Artículos en Revistas Académicas. Ha participado en numerosos eventos nacionales e internacionales relacionados con estas temáticas. Fue investigadora del Centro de Estudios de América hasta 2010. (mayramarbg17@gmail.com). ORCID: 0000 0002 0410 569X 

*** Doctora en Ciencias Históricas (2017, Universidad de La Habana). Máster en Historia Contemporánea y Relaciones Internacionales (2011, Universidad de La Habana). Licenciada en Filosofía (2007, Universidad de La Habana). Actualmente Investigadora y Profesora Titular del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI). Jefa del Equipo de Comunicación, Política y Relaciones Internacionales. Ha desarrollado varias investigaciones y asesorías sobre estudios euroasiáticos y de comunicación política, especialmente en el campo de la antropología política, en lo referido a representaciones sociales y diálogo cultural. Es autora de numerosos trabajos relacionados con estos temas. Coordina e imparte diversos cursos de grado y posgrado en la Universidad de La Habana y la Universidad de Artemisa. Entre 2007 y 2010 fue investigadora del Centro de Estudios Europeos. (sunamisfabeloc@yahoo.es; sunamisfc@nauta.cu). ORCID: 0000 0002 4752 2688

 

Bibliografía

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Referencia

[1] Esta tendencia se irá afianzando como “capitalismo de vigilancia”, se trata de un nuevo modelo de negocio de extracción, comercialización y predicción a partir de datos y conductas privadas.

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GOBERNANZA GLOBAL Y COVID-19: DIALÉCTICA DE PRIORIDADES Y CAPACIDADES

Salam AL Rabadi*

Sobre la base de una evaluación de las políticas y estrategias que se han adoptado para hacer frente a las repercusiones económicas y financieras de la pandemia mundial de Covid 19, además de aumentar la presión como resultado de los difíciles desafíos para todos los países sobre el déficit a nivel de los presupuestos públicos, podemos decir que todos los esfuerzos de los políticos y economistas para encontrar nuevas oportunidades y alternativas en todos los sectores no han logrado los resultados deseados. Hay que señalar que el problema básico en el mundo moderno en una relación nivelada entre el desarrollo sostenible y el crecimiento económico es el de la brecha entre ricos y pobres. Por lo tanto, podemos hacer la siguiente pregunta:

¿Estamos en la era de la economía para la economía y no para la sociedad?

Lejos de teorizar y de acuerdo con las estadísticas y datos sobre la brecha económica (si tenemos en cuenta que el mayor porcentaje de los ciudadanos son trabajadores o están empleados o con ganas de emplearse), se debe reconocer que la economía está creciendo lejos del mercado laboral y tiene un impacto negativo en este sector más que en otros sectores. Además, si los hechos basados en el interés público siguen siendo el criterio principal para evaluar una política económica exitosa, podemos decir que la economía ya no funciona en beneficio de los pueblos. En consecuencia, es evidente que la brecha entre los principales empresarios y los dueños de la riqueza, por un lado, y los salarios de los trabajadores, por otro, hará crecer las dudas sobre la seguridad de la comunidad.

Por lo tanto, si el libre comercio y la circulación de capitales están iniciando el crecimiento y el bienestar, y si los objetivos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) alcanzarán en el futuro a eliminar las restricciones cuantitativas, unificar todos los derechos de aduana y hacer del mundo una zona de libre comercio, aquí se deben plantear interrogantes sobre si:

¿Conducirán estas políticas y objetivos a exacerbar las crisis económicas y sociales? ¿O será un punto positivo de cambio y transformación?

Se ha hecho evidente que la competencia entre países (ya sean industriales o en desarrollo) para reducir los salarios o el salario dará lugar a resultados desastrosos. Esto no aumentará el bienestar de las comunidades, sino que aumentará la rigidez del doloroso estatus social. Cabe señalar en este contexto que los salarios más bajos se reflejan en los precios de las materias primas y que se benefician de ellos directamente los consumidores de altos ingresos (que no han perdido nada de sus ingresos como resultado de la reducción del costo de producción). Por otro lado, son las clases medias y bajas las que pierden parte de sus ingresos y se ven más afectadas que otras (están más afectadas). Partiendo de esta realidad, no podemos ignorar la siguiente dialéctica:

¿Quién soportará las mayores cargas económicas como resultado de las crisis asociadas a la pandemia Covid-19? ¿el capital o los trabajadores?

En el pasado, la ecuación económica reflejaba más de cerca la creciente brecha entre los ricos y los pobres: los ricos se enriquecen y los pobres se vuelven más pobres. Pero ahora, a la luz de los hechos existentes actuales, esta ecuación ya no es suficiente para aclarar el panorama, ya que ha quedado claro que una nueva fórmula ha surgido sobre la base del siguiente principio:

¿Los ricos se hacen más ricos y los pobres son cada vez más pobres?

Del mismo modo, en caso de una lectura cuidadosa de la realidad económica actual y basada en el patrón económico que siguen los gobiernos, donde se está trabajando para aumentar la carga fiscal sobre el sector laboral y los trabajadores, sin mencionar que el aumento de las exenciones fiscales y las facilidades proporcionadas por los gobiernos a las empresas transnacionales, estos patrones económicos y financieros conducirán inevitablemente a un deterioro, y la reducción de los ingresos financieros en los presupuestos públicos de los países, que estos gobiernos tratan de compensar esta disminución de los ingresos es mediante el aumento de los impuestos a otras clases (pobres) o mediante la reducción de los servicios sociales (especialmente la atención sanitaria y educativa).

En este contexto, al hacer un seguimiento de las repercusiones económicas y sociales de la pandemia de Covid 19, se puede decir que hay un defecto moral y económico a nivel de gobernanza mundial cuando sabemos que hay una alta velocidad en la provisión de dinero para encontrar soluciones a las crisis financieras y económicas mundiales. En comparación con eso hay prudencia y miseria extrema cuando se trata de financiar programas humanitarios con relativamente poco costo.

Por ejemplo, sólo necesitamos decenas de miles de millones al año para eliminar el hambre y la desnutrición en todo el mundo (y las Naciones Unidas han aprobado varios programas diferentes para lograr este objetivo), pero estos programas siguen en papel, sólo debido a la falta de disponibilidad de los fondos necesarios. Esto es también lo que se puede concluir previamente a nivel de apoyo a proyectos y programas mundiales relacionados con la lucha contra epidemias y enfermedades infecciosas, así como esta realidad se aplica actualmente al nivel de dificultades a las que se enfrentan las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), con el fin de obtener los fondos necesarios para apoyar la investigación científica relacionada con la pandemia de Covid 19, lejos de las estrategias políticas, los intereses de los estados, o las políticas de explotación económica.

En conclusión y a la luz de cómo los países y las instituciones mundiales abordan los dilemas de la pandemia Covid-19, estos hechos trágicos (lejos de las dimensiones ideológicas en el estudio y la evaluación de la economía mundial) nos plantean esta pregunta dialéctica lógica que suscita mucha controversia:

¿El problema reside en las prioridades y opciones estratégicas de los países? ¿O es de hecho un problema de las capacidades reales disponibles para los estados?

 

* Doctor en Filosofía en Ciencia Política y en Relaciones Internacionales. Actualmente preparando una segunda tesis doctoral: The Future of Europe and the Challenges of Demography and Migration, Universidad de Santiago de Compostela, España. 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG. 

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LA INFORMACIÓN ES TERAPÉUTICA Y LA INFODEMIA ES TÓXICA EN LA PANDEMIA

Elio Prieto*

Imagen: Shutterstock

A medida que pasan los días la situación en el AMBA tiende a estabilizarse mientras que aumentan los casos en las provincias como Jujuy, Mendoza, Rio Negro y Santa Cruz. Cierta prensa repite a diario la palabra “récord” para referirse a los muertos en 24 horas.

Sin embargo, en muchas, demasiadas ocasiones no hay un análisis que pretendan explicar lo que está ocurriendo, que ayude a entender cómo se relaciona la conducta social con los resultados en la pandemia. Hay un mecanismo disociativo que no puede explicarse por la ignorancia de la población, formamos parte de una sociedad hiper comunicada, para bien o para mal, pero en cualquier caso no debería ocurrir lo que refería Frazer en “La rama dorada”, que había pueblos que en el siglo XIX no relacionaban la cópula con la fecundación.

Ahora todos saben que no cumplir con las medidas de protección en la pandemia tiene consecuencias, pero en el lado opuesto a la fecundación.

Se sabe pero, no siempre se acepta ni se cumple con las medidas más simples de cuidado y está reiteración en el error, debe motivarnos a reflexionar acerca de cuáles son las causas de esta negativa y las consecuencias que acarrea para unos u otros.

En medio de todo esto una esperanza. Durante la mañana y la tarde del Día de la Primavera, los jóvenes que se acercaban a los boques de Palermo, usaban barbijo y mostraban un interesante apego a las medidas de protección. Aunque, en ocasiones las carcajadas hacían salir los tapabocas de sus sitios, narices afuera las más de las veces, otras las bocas y también se acercaban, hasta tocarse, se tironeaban del brazo y juntaban las cabezas porque que es casi imposible extirpar en unos meses la comunicación física de la memoria biológica de la especie.

Sin embargo, a la hora que en otros años los bosques lucían colmados, ese día aparecían semivacíos. Los jóvenes también se llamaron a buen recaudo y demostraron más conciencia que la de los que durante la última decena han abarrotado los bares bajo la protección de una palabra mucho más pronunciada que cumplida: protocolo.

Este el mes en que en España, Francia e Inglaterra se perfila lo que pudiera ser una segunda ola de contagios, pero que en cualquier caso es un pico que aparece después de las reaperturas. Tal y como dijera Naomi Klein “Cada vez que la normalidad vuelve, gana el virus”. Es una situación que aquí alerta a quienes les preocupa el sostenido aumento en el acumulado de casos y de muertos y de la que también toman nota los que pretenden con esos mismos muertos demostrar que la cuarentena fue una opción fallida. La “bala de plata” utilizada al inicio y que ahora aparentemente inútil, brilla en el barro de la calle, no es un recurso valido para tratar de frenar las muertes que, como dijo un científico muy respetado, equivalen a la caída de un avión diario.

Parece que en otros países, las balas de plata pueden seguirse utilizando por lo que vuelven a la cuarentena estricta, como en Israel o aíslan barrios como en Madrid o segmentan los aislamientos severos como en Inglaterra. En algunos de esos países los movimientos anti cuarentena amenazan las decisiones de los gobiernos con el fantasma de la desobediencia y la posibilidad de la obligación de recurrir a medidas drásticas para enfrentarla.

Ahora puede decirse que hay más de 20.000 muertos y se repite aunque en paralelo, son pocos los que discuten la sensatez de mantener abiertos los bares y parece que no es posible relacionar esto con lo otro. Bares con muertes. Distanciamiento, cuarentena. Palabras que están dejando de tener un significado y que de acuerdo a quien las pronuncia expresan cosas distintas.

Es incomprensible el tratamiento comunicacional que se da al par dialéctico: conducta social / número de contagios y muertes diarias.

Aunque la conducta, no es la única causa de contagios, es la que está a nuestro alcance como ciudadanos contribuir a modificar, ya que somos nosotros los que por razones muy diversas somos los agentes transmisores del SARS-2-CoV-2.

Este simple hecho nos impone que debamos ser conscientes de nuestra responsabilidad como potenciales propagadores de una enfermedad que puede ser mortal y de hecho lo está siendo y a corto plazo.

El ritmo de duplicación se ha incrementado, el hecho de que diariamente mueran más de 200 personas y en algunos casos se sobrepasen las 300, debe hacernos reflexionar.

El conspiracionismo es un fenómeno mundial alentado por algoritmos de inteligencia artificial que acumulan adeptos que se retroalimentan con la infodemia. Es difícil razonar con ellos; porque los discursos irracionales al estar globalizados, alcanzan para algunos la condición de verdad indiscutible. La absoluta falta de asidero en evidencias científicas no es un obstáculo para que alcance la preeminencia, todo lo contrario, porque se asiste a la entronización de lo relativo. La multiplicidad de verdades inmunes a que los hechos no las respaldan, por lo que se les niega a los hechos la condición de tales.

Se hace tabla rasa del valor de la autoridad científica y se arrastra la realidad hacia el absurdo, donde nada obedece a la necesidad de verificación en la práctica y todos tienen la posibilidad de amplificar sus mensajes. Un logro enorme para la difusión pero, que en las manos equivocadas engendra monstruos: paranoia, conductas lesivas. Representa el predominio de los algoritmos de inteligencia artificial en la promoción de la desinteligencia cuando no de la estupidez. Es como si Discépolo hubiera previsto que un burro y un gran profesor tendrían acceso a las redes sociales con evidentes ventajas para el primero.

La aceptación de los datos de la burbuja informativa personal hace que sólo se mire lo que complace y si la idea es que los jóvenes al enfermarse traerán la inmunidad de rebaño, pues así es. La carga de muertes entre los susceptibles, se aparta porque no encaja en el modelo mental de esa burbuja y en último caso se toma cual si fuera un fenómeno natural, sin influencias de la conducta desaprensiva y egoísta de algunos de aquellos que tienen menos probabilidades de enfermar gravemente.

En medio de la pandemia se han agudizado los extremos y se plantea con toda claridad la urgencia de darle a la comunicación el papel terapéutico necesario para que la sociedad pueda solucionar éste y otros muchos retos en los que la conducta de millones es determinante. Sea el cambio climático con sus tormentas feroces o los fuegos sin control, sea la desertificación, la contaminación química, la pérdida de la biodiversidad en el curso de una extinción o la actual pandemia.

Es necesario mostrar mejor la realidad, el espacio real debe ocupar el centro del espacio virtual, lo que significa en este momento, conocer lo que viven pacientes y personal de salud en las UTI. Es que la prudencia aconseja y la ética impone mostrar la lucha de aquellos pocos a los que, parafraseando a Churchill, muchos debemos agradecer tanto. En tal sentido, es necesario enseñar. Es notorio que en las pocas oportunidades en que se muestran consecuencias de la enfermedad, se pasa como de soslayo, se evitan las imágenes que expliquen lo que ocurre en la realidad. La que se niega en las redes y por los que no “creen” mientras el personal de salud, está apostando todo por el prójimo.

Es por eso que hay que mejorar la información acerca de las consecuencias de esta enfermedad. Las que sufren los pacientes graves y las que desde hace meses experimenta el personal de salud, sometido a unas tensiones que no podemos imaginar. Es imprescindible generar empatía, es urgente que se vea lo que ocurre. Por cierto que respetando como un valor supremo, la autonomía, la inviolabilidad de lo privado y el decoro de los actores de este drama. La beneficencia hacia la sociedad impone evitar la despersonalización de los números. Es necesario que no nos adaptemos a las estadísticas. Detrás de cada número hay una tragedia.

Existen formas de mostrar la realidad, sin violar la intimidad, ni la dignidad de enfermos y familiares. Pero en los medios no hay suficientes imágenes y testimonios que traspasen la barrera negacionista de algunos, que son demasiados; por el contrario se puede percibir en ciertos énfasis noticiosos, un tono esperanzador y de paisaje después de la batalla, precisamente cuando los muertos son más.

Está claro que si a ese grupo que considera que “cuidarse es un derecho y no un deber” o que simplemente ya olvidó lo que pasa y tiene sus pensamientos puestos en las próximas vacaciones, no se les muestra hasta dónde pueden llegar con sus inconductas, van a seguir haciendo delivery del virus.

La vacuna, cuya gestión está siendo correcta, está lejos y relativamente mucho más con estas cifras de duplicación.

¿Qué hacer para preservar todo lo ganado durante estos meses?

Frente a los que no entienden, la respuesta no puede ser esperar a que la muerte tal y como uno de los 4 jinetes, les infunda pánico.

Hay muchos que sienten temor, es una reacción frente a la amenaza. Los muertos al ser cada vez más, son con mayor frecuencia, el ejemplo de una experiencia inmediata que un grupo cada vez más nutrido, puede narrar en primera persona. La compañera de trabajo que lleva varios días en terapia. El empresario conocido, el entrenador del hijo de un amigo. Es que en la medida que se producen más contagios, los enfermos y los muertos sufren una dramática transformación de noticias en pérdidas tangibles.

Tengo conocidos y amigos que uno y otro día van a trabajar en los centros de salud donde se atienden al decir de los conspiracionistas: los enfermos de una epidemia inventada, donde se suman muertos por COVID de forma capciosa, para alimentar el miedo en medio de una conspiración mundial.

Ocurre que opuestos como en un espejo, nuestros amigos y conocidos enfermeros, médicos, personal de limpieza y de ambulancias son lesionados y muertos por la ola de casos, cuya altura depende en buena medida de la negación de los delirantes, aunque también del cansancio de los muchos que relajan su conducta, se olvidan de la susceptibilidad de los otros, al tiempo que exageran su probable inmunidad.

No cuentan con el hecho de que también van cayendo temporal o definitivamente, los trabajadores sanitarios que tendrían una vez más que entrar a la sala para asistirlos, si en razón de tanto buscar el virus negado, terminan por encontrarlo. Por eso las conductas de protección siguen siendo abandonadas en lugar de aumentar ante los reportes diarios que muestran un mayor número de contagios diarios.

Es una necesidad sanitaria exponer, narrar diríase, los efectos de esta enfermedad sobre el cuerpo. Hace falta un “ver para creer socializado” antes de que la enormidad de los números sean el principal recurso para que la sociedad comprenda que no habrá normalidad si no la logramos reconociendo que ahora no puede haberla. Que nuestra generación está atravesando un tiempo en el que todo, absolutamente todo, está patas arriba. Debemos aprender a caminar afianzando nuestros pies en el techo. Hasta que el peso de nuestra sensatez nos ayude a volver a caminar sobre el piso.

 

* El autor es médico genetista. Investigador en Genética Toxicológica y profesor universitario. 

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