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¿CÓMO AGASAJAMOS AL PAÍS EN SU 195 ANIVERSARIO?

Jorge Santistevan Justiniano (El Deber)*

En los 195 años del nacimiento de la República de Bolivia, no hay momento más propicio que hoy para darle lo que más urge y necesita: Una buena democracia, porque sin ella nada funciona; los principales actores son los políticos y la sociedad boliviana. 

En el Siglo I el filósofo griego Epícteto decía: “La función del político se ha reducido, a levantarse por la mañana, saludar al César, ver a quién le puede dar un discurso, a quién le puede mandar un regalo y a quién le puede gratificar”. A su vez, Eurípides hacía referencia “a la ignorancia del pueblo, como la razón fundamental por la cual la democracia no puede funcionar”. Si bien hay ciudadanos con determinada sensatez y decoro, cuando estos se unen a la muchedumbre son fáciles de manipular. 

En el Estado boliviano la democracia esta menguando por algunas causas, como la ceguera que hay en los denominados “movimientos sociales” (las masas), cuya mezcla de ignorancia, ego, pasiones populares y de halagos, no permite plantear los problemas reales, ni permite que se les diga verdades desagradables, menos que deben soportar sacrificios y, cuando se intenta cortarles determinados privilegios a la que están acostumbrados, hacen lo que saben hacer mejor: bloquear, destruir, amenazar, y terminan defenestrando a cualquier autoridad; porque la masa se irrita no soporta que la contradigan, y además porque tiene gente que le promete, le adula, y sabe excitar su ego, esos son los políticos, sin escrúpulos cargados de demagogia que saben cómo aprovechar la ignorancia para manipularlos. 

¿Qué sucede cuando en una nación se corroe la base del sistema democrático?, se crean clientelas político-electorales y se acumula una enorme deuda nacional con profundo debilitamiento de la clase media y sucede que el Estado es menos soberano, menos libre y menos independiente porque son instancias externas las que marcan su política. 

Si bien hay modelos democráticos que están vigentes, no siempre son la mejor opción para el país; por ejemplo: 1. Un gobierno con “ropaje” democrático pero autoritario, para mantener de alguna forma independencia nacional, patriota que hable con la verdad y con crudeza sobre la realidad. 2. Un gobierno democrático, donde todos votan libremente por el partido y por la figura política que quieran, pero su política está absolutamente subordinada a instancias internacionales porque el país tiene una “gran deuda” y un gasto “clientelar” aparejado a la corrupción tan grande que no podrá hacer otra cosa, y en esa línea parecería que Bolivia está avanzando y 3. Lo ideal para el Estado boliviano, es la posibilidad de hacer correcciones inmediatas para que la democracia se sanee y sobreviva, lo que implica una serie de condiciones, como que el Estado deje áreas que ha invadido en favor de los ciudadanos; ello implica reducción del gasto público, reducción de los impuestos y renunciación a las clientelas electorales, incluso hacer un gran esfuerzo para educar a la sociedad civil, a las masas, para que dejen de convertirse en “rebaño” electoral de proyectos demagógicos, que solo endeudan y empobrecen cada vez más al país. 

Finalmente, que las elecciones se lleven a cabo cuando la situación lo permita, no así cuando los políticos lo impongan; que el candidato ganador administre el Estado, sobre la base de un cuerpo dirigente bien estructurado con sensibilidad estratégica, honradez y sabiduría en la toma de decisiones.

* Nota original publicada en El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/opinion/como-agasajamos-al-pais-en-su-195-aniversario_194998

URGE CONSENSUAR TEMAS ECONÓMICOS Y FINANCIEROS

Agustín Saavedra Weise*

Los líderes de la Unión Europea (UE) aprobaron el pasado mes de julio un acuerdo con miras a la recuperación de las economías afectadas por el Covid-19 y pandemia subsiguiente. La UE subvencionará a sus miembros más debilitados y se endeudará en miles de millones de euros para recuperar el crecimiento de la región. El pacto deberá ser confirmado por los respectivos parlamentos.

Y mientras algo tan positivo sucedió en la UE (el conjunto es la segunda economía mundial) en nuestro país —con una economía mucho más pequeña y menos compleja— las autoridades no se ponen de acuerdo casi en nada. Siguen los problemas y éstos se van acumulando por la falta de decisiones concretas o por el “impasse” entre poderes legislativo y ejecutivo. Un claro ejemplo es el tema de los diferimientos de créditos, que al no disponer hasta ahora de una definición concreta, ha sembrado incertidumbre entre las propias entidades financieras y sus deudores. Como es sabido, se pretende extender dicho diferimiento hasta diciembre por un proyecto de Ley ya aprobado en Diputados y que pende como una especie de espada de Damocles que no se sabe al final hacia qué lado apuntará. En la Asamblea Legislativa hasta ahí por ahora llegó la cosa, no se sabe qué pasará en el Senado y de su lado, el Ejecutivo no dijo ni “mu”. Todo lo demás es especulación y eso no es bueno. De la misma manera, hay otros temas tales como la aprobación parlamentaria de los préstamos internacionales y el nuevo bono de 500Bs, condicionado a que esa aprobación se concrete.

En el asunto tan sensible del diferimiento de créditos, hay que procurar un equilibrio. No puede dejarse a los bancos en la estacada cuando esas entidades deben cumplir con sus ahorristas, pagando intereses y protegiendo el dinero de los depositantes. Por otro lado, la pandemia provocó graves distorsiones entre diversos sectores productivos y comerciales que con un poco de ayuda podrán cubrir sus obligaciones crediticias sin entrar en colapso. Por tanto, se justifica el diferimiento, pero fijando plazos razonables, sin demagogias, en marcos flexibles y consensuados previamente entre el sistema financiero con las autoridades pertinentes. Este tipo de problemas no se soluciona con la simple aplicación dura de una disposición legal. Si se procede así, muchos podrían salir lastimados. Tiene que haber previamente diálogo y concertación para lograr una “dieta balanceada” que no comprometa la estabilidad macroeconómica del país.

Creemos con ánimo constructivo que el Ministerio de Economía y el Banco Central tienen a su alcance medidas paliativas y de estímulos que pueden coadyuvar con el sistema financiero en la actual coyuntura. Asimismo, cabe tratar de evitar futuros diferimientos; ello será posible con mayor generación de confianza y medidas inteligentes. Todo debe hacerse con visión global, sin que medien razonamientos sesgados o, peor, esperar el garrote para luego ver qué se hace. Mucho perjudica la pugna entre un Ejecutivo que quiere gobernar y un Legislativo que persiste en una oposición ciega.

El ejemplo europeo demuestra que con voluntad dialogadora e imaginación creativa los problemas se resuelven. Una vez se cuente con bases económicas sólidas que generen fuentes de empleo y se hayan superado álgidos problemas de coyuntura, se podrá pensar en actividades partidarias y electorales. Ahora prima el interés nacional.

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com

Nota original publicada en El Debe, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/opinion/urge-consensuar-temas-economicos-y-financieros_194392

DEJA VU DE LOS HIDROCARBUROS EN BOLIVIA

Ramiro Moreno-Baldivieso* (El Deber)

A lo largo de la historia de nuestros hidrocarburos, fundamentalmente enfocada a su aprovechamiento a través de la exploración, explotación y comercialización, sin ingresar en temas políticos o de análisis jurídico político, como fue con el sistema concesional y en la actualidad con la amplia gama que nos ofrece el sistema contractual, nos encontramos que no hemos avanzado mucho, quizá de manera parcial en temas de gas natural.

El desarrollo de nuestros hidrocarburos fue moderado quizá debido a que la madre naturaleza no nos dotó de la fortuna de la abundancia de estos, sino de manera incipiente en líquidos y con un poco más de importancia en lo que hace al gas en los últimos 50 años. Desde la fundación de YPFB tenemos que hemos aprovechado nuestros hidrocarburos tanto de manera directa como también hasta 1969 dentro del sistema concesional y, a partir de 1971 dentro del sistema contractual. Pero la gran pregunta es con cual de dos sistemas hubo más desarrollo, con cuál de los dos fuimos más eficientes. Considero que la mayoría vamos a coincidir en que el sistema contractual fue el más eficiente y que fue paradigmático desde 1971.

También a lo largo de la explotación de nuestros hidrocarburos sea por nuestra cuenta o con la participación de las empresas internacionales (International Oil Companies – IOC) también hemos transitado por escenarios legales como señalamos, sean concesionales o contractuales y con un alto contenido de opinión o cánones nacionalistas inmersas en nuestras últimas Cartas Magnas que tuvimos, que para algunos investigadores desembocó en una falta de confianza en el país, por nuestras inestabilidades políticas, el cambio de reglas del juego en materia de inversiones y otros, lo que nos colocó en una clasificación no de primer orden; asociado a esto, el bajo potencial hidrocarburífero y, por tanto, no ser un país atractivo para la inversión extranjera en temas de petróleo y gas, junto a otros recursos naturales que tenemos en el país. Nuestro ansiado desarrollo económico no llegó nunca.

¿Pero por qué ocurrió todo esto? Desde mi perspectiva, no supimos dotar el país de un instrumento o un título legal habilitante que sea suficiente, de acuerdo con los tiempos y las exigencias mundiales a aquellos interesados en invertir en el país.

Nuestra política de hidrocarburos a lo largo de muchos años estuvo orientada, por lo menos, a aspirar a ser un país importante en la producción de hidrocarburos en gran escala, para generar los excedentes necesarios para alcanzar a nuestra realidad con relación a nuestro potencial hidrocarburífero; el manejo y la administración de nuestros recursos de petróleo y gas a cargo de nuestra benemérita empresa estatal YPFB con criterios políticos, poco experimentada en temas técnicos, con excesiva burocracia y creación de subsidiarias (un ex presidente de YPFB declaró que la empresa tenía más de 8.000 empleados) siguiendo modelos de empresas estatales de gran envergadura de referencia internacional y con importante presencia en el mundo de las grandes ligas de la energía de los hidrocarburos; poco aporte de las regiones productoras hacia un política de hidrocarburos eficiente; bloqueo a nivel central de la posibilidad de alianzas público privadas o con la participación de las gobernaciones de departamentos productores en la industrialización del gas (como fue el caso de Tarija para la petroquímica); la falta de acomodo tecnológico y, ni qué decir del entorno de los recursos humanos valiosos que teníamos y los dejamos migrar a otras latitudes más importantes y de mejores oportunidades para ellos; y por último, una excesiva injerencia política en una empresa que debía eminentemente técnica e independiente del calor político de los gobernantes pasajeros.

¿Entonces que nos queda por hacer? Creo que mucho dentro de este rosario de imperfecciones descrito. Pero, como tarea inminente, luego de entrar en el nuevo normal tanto en lo político como en lo pandémico, dado que muchas cosas cambiarán no solo en lo interno, sino más bien en el orden internacional, considero que debemos contar una nueva ley de hidrocarburos, una nueva de inversiones y, una ley de arbitraje con un diseño monista o dualista; todo con el ánimo de convertir a nuestro país en una atracción internacional en tema de inversiones.

Sabemos que todo lo anterior no es fácil, que se requiere de mucho esfuerzo y voluntad, una gran dosis de patriotismo dejando de lado el tema político partidario, pues de otra manera estaremos postergando muchas aspiraciones presentes y futuras, y tal vez la generación de nuestros hijos y nietos. 

* Abogado. Master en leyes LLM Harvard Law School.

Nota publicada en El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/opinion/deja-vu-de-los-hidrocarburos-en-bolivia_192262