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DOS BLOQUES ANTAGÓNICOS EN RIESGO DE COLISIÓN: EL EJE EUROASIÁTICO Y LA «OTAN 3.0»

Roberto Mansilla Blanco*

En medio de los conflictos existentes en Ucrania e Irán, las tensiones ruso-europeas y el incremento de la carrera armamentística en Asia Oriental y el Indo-Pacífico comienzan a diseñarse dos bloques geopolíticos y geoeconómicos con capacidad suficiente para definir las claves hegemónicas de poder para las próximas décadas.

En este nuevo mapamundi estos bloques geopolíticos se asumen como cada vez más antagónicos: el eje euroasiático, más fortalecido tras la reciente cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) realizada en Bishkek (Kirguizistán) y el «eje atlantista 3.0» emergente tras la reciente cumbre de la OTAN en Estambul celebrada en julio pasado y que interpreta una nueva relación dentro del «atlantismo» con un EEUU más aislado y una Europa obligada a reducir su dependencia de Washington en materia de seguridad.

La OCS y una Eurasia más «geopolítica»

La cumbre de la OCS en Bishkek reafirmó una serie de alianzas y equilibrios en el espacio euroasiático con la concreción de intereses comunes entre Rusia, China, Irán, India, Turquía y Corea del Norte. Apostando por el multilateralismo como bloque «contra hegemónico» y advirtiendo sobre el declive de Occidente, la OCS se erige, al menos de momento, como un eje no militar pero con decisivo peso geoeconómico y geopolítico.

Un caso particular ha sido el apoyo de Moscú y Beijing a Teherán a la hora de contener las sanciones occidentales contra el país persa en medio de la guerra con EEUU e Israel. Este apoyo sino-ruso a Irán abre un eje específico con capacidad para ejercer presión e influencia sobre Washington, cuyo objetivo estratégico, especialmente con Trump en la presidencia, ha sido procrear una brecha de división entre Moscú y Beijing, con resultados infructuosos.

Contrario a la matriz de opinión de los medios occidentales en las que se ha criticado a Rusia por supuestamente no apoyar a Irán en la guerra de 2025, en la actualidad se ha pasado a condenar a Rusia precisamente por apoyar militarmente a Irán tras la agresión de EEUU e Israel desde enero pasado.

El reciente Foro Económico del Lejano Oriente realizado en Vladivostok reafirmó igualmente la vocación geopolítica rusa de observar cada vez con mayor atención su flanco oriental asiático ante la posibilidad de una escalada de tensiones, principalmente enfocado en las aspiraciones revisionistas y de remilitarización de Japón, que encierre a Rusia en dos frentes simultáneos, toda vez el flanco occidental está concentrado en Ucrania y las tensiones con Europa y la OTAN.

Al margen de lo acordado en la cumbre de la OCS, Rusia está ensayando nuevos proyectos de infraestructuras de conexión con China, aún en fase de definición. Destaca aquí el ferrocarril Trans-Altai, una ruta alternativa a China a través de las montañas Altai, que ha sido considerado como un vector de competencia con la Ruta Internacional de Transporte Transcaspiana, que conecta China con Europa evitando Rusia, y como una forma de compensar parcialmente la inestabilidad de las rutas marítimas del sur.

En este contexto, Turquía, India e incluso Arabia Saudita (socio de diálogo de la OCS desde 2023) emergen como «actores bisagra», balanceando equilibrios muchas veces antagónicos entre Oriente y Occidente pero apostando al mismo tiempo por iniciativas de defensa propias como ha sido el reciente pacto de seguridad entre Turquía, Arabia Saudita y Pakistán, esta última una potencia nuclear, acordado en agosto pasado. Por su parte, India, importante socio energético y comercial ruso, ha pedido en Bishkek al presidente Putin la finalización de la guerra de Ucrania, tal y como explicó el primer ministro indio, Narendra Modi.

En la cumbre de la OCS, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha mostrado interés en unirse como «socio de diálogo» al bloque de seguridad liderado por China y Rusia en el seno de ese organismo. No se debe olvidar que Turquía es miembro estratégico de la OTAN y esta condición adquirió un plano aún mayor tras la cumbre de la Alianza Atlántica realizada en julio pasado en Estambul. Tras su regreso a Turquía, Erdogan señaló que convertirse en miembro de pleno derecho del OCS no implica un alejamiento del bloque occidental ni de sus aliados de la OTAN.

El interés de Ankara se enfoca en una estrategia global integral con principal atención en los corredores de transporte seguros ininterrumpidos y rutas comerciales alternativas ante las recientes disrupciones por conflictos en el mar Negro, el mar Rojo y el estrecho de Ormuz.

Por otro lado, ingresar en la OCS abriría a Turquía un nuevo mercado para su industria de Defensa, especialmente para los drones turcos, que llevan años integrándose en los ejércitos de países de la Alianza Atlántica, así como Ucrania, Etiopía o Azerbaiyán.

La «OTAN 3.0» y la troika Berlín-París-Londres

Si la sintonía parecía prevalecer en la cumbre de la OCS, la Alianza Atlántica ingresa en una fase de incertidumbres a pesar de su revitalización tras la reciente cumbre de la OTAN en Estambul.

Las divergencias con Trump han motivado a Alemania, Francia y Gran Bretaña a convertirse en un nuevo eje militarista en el seno de una «OTAN 3.0» de la que no escapa la Unión Europea. En medio de las inciertas negociaciones entre EEUU, Rusia y Ucrania impulsadas desde Washington, esta troika entre Berlín, París y Londres ejerce presión sobre Moscú incluso abriendo escenarios prospectivos de conflicto armado. Desde Rusia, por su parte, advierten que una respuesta contra la OTAN puede ocurrir en «cualquier momento».

La producción de drones y de artillería así como las estrategias de «guerra híbrida» entre Rusia y Europa comienzan a ser prioridades. Alemania y Reino Unido se convierten en los principales suministradores de misiles de largo alcance para Ucrania con la intención de golpear puertos, bases aéreas, almacenes y refinerías de petróleo dentro de Rusia.

A través de un comunicado publicado en abril pasado, el Ministerio de Defensa ruso sostuvo que la decisión europea de aumentar la producción y el suministro de drones y misiles de largo alcance para atacar territorio ruso constituía un «paso deliberado hacia una escalada drástica en todo el continente» y describía el proceso como la transformación de esos países en la retaguardia estratégica de Ucrania. Este comunicado también publicó una lista de empresas y proveedores de componentes militares a Ucrania existentes en el Reino Unido, Alemania, Dinamarca, Letonia, Lituania, Polonia, República Checa, Países Bajos, Italia, España, Israel y Turquía.

El presidente ucraniano Volodymir Zelensky, que ha observado en las últimas semanas importantes dimisiones de alto nivel y protestas en las calles por el desgaste del conflicto armado, firmó acuerdos de producción conjunta de drones con Alemania y Noruega. Así mismo, en una cumbre realizada a finales de agosto en París, la Coalición de Voluntarios para Ucrania informó que 35 países acordaron desplegar una fuerza multinacional de disuasión de varios miles de efectivos liderada por Francia y el Reino Unido, así como reforzar la defensa aérea ucraniana, con tecnología británica vía misiles Storm Shadow.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte reconoció síntomas de debilidad operativa al declarar que Rusia produce en tres meses más munición que toda la OTAN en un año, entre dos y cuatro millones de proyectiles anuales así como entre ochocientos y un millar de misiles balísticos rusos por año, según estimaciones de agencias de inteligencia occidentales. La capacidad europea estimada se cifra entre doscientos treinta y cinco y doscientos noventa y nueve.

Las advertencias de Rutte pueden, al mismo tiempo, interpretarse como una herramienta de disuasión para sostener el compromiso «atlantista» de elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB para 2035, principalmente por parte de los socios europeos de la OTAN.

Los frentes se abren de Ucrania a las islas Kuriles

Si bien Ucrania parece tener cubierta su retaguardia estratégica vía apoyo europeo y de la OTAN, Rusia la amplía su capacidad en su retaguardia oriental vía China e incluso Corea del Norte, importante suministrador de artillería y efectivos para el frente ucraniano.

En mayo, China aumentó sus ventas a Rusia de nitrocelulosa, materia prima importante para la artillería, a través del grupo estatal Norinco, cubriendo el hueco que dejó Turquía tras las sanciones. A consecuencia, la Unión Europea incluyó a 28 entidades radicadas en China y Hong Kong, Turquía, Emiratos y Tailandia en su nuevo paquete de sanciones acusándolas de sostener el complejo militar industrial ruso. Las represalias chinas no tardaron en aplicarse. Beijing respondió prohibiendo la exportación de bienes de doble uso a 14 empresas europeas, entre ellas Rheinmetall, el mayor fabricante de armamento de Alemania, y la polaca Vigo Photonics.

La escalada de tensiones ruso-europeas parece advertir sobre escenarios prospectivos de casus belli que podrían activar un conflicto directo entre Rusia, Europa y la OTAN, ampliando ese frente occidental.

Los tres escenarios de riesgo más mencionados son el enclave ruso de Kaliningrado, los países bálticos y Finlandia, todos ellos miembros de la OTAN, al que habría que incluir ahora a Noruega, socio pero no miembro de la Alianza Atlántica, y Moldavia con una posible «proxy war» a través del territorio prorruso de Transnistria, muy importante principalmente ante la posibilidad de que el puerto ucraniano de Odesa termine en manos rusas, cerrando por completo el acceso a un mar Negro que se convertiría prácticamente en una especie de Mare Nostrum ruso.

En cuanto al cada vez más nítido frente oriental, la visita de Putin a las islas Kuriles en agosto pasado supuso una advertencia a Japón y EEUU ante las tensiones provocadas por una escalada militar en el Lejano Oriente y la posibilidad de concreción de una incipiente «OTAN asiática» que busque rodear al eje China-Rusia-Corea del Norte.

Esta visita de Putin ocurrió días después de que Japón publicara su libro blanco de defensa de 2026, el primero en la historia de posguerra japonesa en identificar explícitamente a China y Rusia como amenazas de seguridad graves y apostar por una cooperación de defensa ampliada con EEUU. De Ucrania a Asia Oriental, el nuevo mapamundi delimita los intereses de estos bloques geopolíticos.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

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ARGENTINA, TIERRA PROMETIDA. LA CIA, PALANTIR Y EL MITO DE LAS EMPRESAS DE GARAJE

Daniel Alberto Symcha*

Imgen: geralt en Pixabay.

 

Hay un hilo conductor en todas las empresas de tecnología y es el mito de sus comienzos en el garaje de una casa. Mientras Argentina todavía piensa la defensa como una línea de fortines, la comunidad de inteligencia estadounidense ha solventado a empresas que desarrollaron tecnologías aplicadas para posteriormente utilizarlas para sostener sus intereses.

 

La expresión Software en informática se refiere al conjunto de componentes intangibles que hacen posible que un sistema informático (computadora, móvil, tablet, etc.) realice tareas específicas. Es el conjunto de programas, instrucciones y reglas informáticas que permite que los componentes físicos, tangibles y materiales que conforman un sistema informático o dispositivo electrónico funcionen con objetivos específicos.

Palantir Technologies es una empresa de software y análisis de datos, creada con apoyo económico y tecnológico de In-Q-Tel, un fondo creado por la comunidad de inteligencia estadounidense para identificar tecnologías útiles, invertir en empresas emergentes con modelos de negocios innovadores en tecnología y acercar innovaciones al Estado norteamericano.

In-Q-Tel, si bien es una empresa independiente, sus contratos de trabajo son con la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y del Departamento de Defensa del gobierno de los Estados Unidos.

La empresa Palantir Technologies nació en Estados Unidos en el año 2003, contexto posterior a los atentados al World Trade Center. El objetivo del emprendimiento fue desarrollar software para analizar grandes volúmenes de información, detectar patrones a partir de ese análisis y prevenir amenazas tales como el terrorismo o el crimen organizado. Es decir, crear herramientas prospectivas para la toma de decisiones para lo cual la empresa se especializó en el análisis de datos masivos (Big data), inteligencia y seguridad, soporte a gobiernos, empresas privadas y fuerzas de seguridad, es decir brindar el proceso estratégico de recolectar, analizar y procesar información para transformarla en inteligencia accionable la permite a los tomadores de decisiones gubernamentales y a los agentes de seguridad pública anticiparse, prevenir, contener y combatir delitos complejos, amenazas a la seguridad nacional y actividades criminales.

Si bien la declaración de principios de Palantir, reflejada en el manifiesto «The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West» («La República Tecnológica: Poder duro, creencias blandas y el futuro de Occidente») firmado por su CEO Alexander Karp, hace hincapié en la defensa nacional, el rearme occidental y el uso intensivo de la inteligencia artificial militar, trabaja sobre la totalidad de la información de un objetivo.

William Lind y el manual de la guerra de cuarta generación

En Ucrania y en Israel la guerra continúa desarrollándose entre ejércitos, aunque los ataques incluyen en sus objetivos población civil, algo prohibido por el Derecho Internacional Humanitario pero que viene sucediendo en espectro de influencia de la doctrina militar estadounidense desde la guerra de Vietnam.

El Manual de la guerra de cuarta generación (4GW), escrito por William S. Lind, analista militar y politólogo, define un tipo de conflicto donde la distinción entre guerra y política, civil y combatiente, desaparece y la definición de una guerra ya no se decide en el campo de batalla, sino en la legitimidad, la percepción y la cohesión social, ganar ya no es destruir al enemigo sino desorganizar su sistema político-social.

Palantir y Colmar von der Goltz

En esta guerra, que se acerca al concepto de «La Nación en armas» del Mariscal el prusiano Colmar von der Goltz, no hay un frente de combate definido en un territorio, los actores involucrados no son solamente los Estados y sus instrumentos militares sino que la guerra se da por encima y por debajo de los umbrales de violencia cinética entendida como el uso directo de la fuerza física y letal, armas y combate para destruir objetivos militares y territorio, sino que se utiliza la cultura, la religión, los medios de comunicación, el consumo y la creación de sentido para doblegar al enemigo.

El objetivo de la guerra de cuarta generación es erosionar la autoridad del Estado, generar incertidumbre constante, generar inseguridad, romper la confianza social y hacer que el enemigo pierda control interno. El objetivo no es destruir sino desorganizar a la sociedad objetivo.

Esto se logra mediante acciones coordinadas de pequeñas células autónomas pero que operan bajo conceptos similares, sin una jerarquía identificable pero con una agenda común manipulando la percepción de la población en búsqueda de un desgaste moral y generar escenarios y situaciones para lograr reacciones por parte de los Estados (represión, censura, persecuciones, debates estériles) con el de desacreditar su credibilidad y confianza pública.

El campo de batalla es la sociedad y el objetivo es la generación de caos social. El combate no se da en un frente de combate entre ejércitos sino en la mente de la población civil; los escenarios de conflicto son las familias, las ciudades, fábricas, la opinión pública, instituciones y las herramientas operativas la formación académica distorsionada, los medios de comunicación y las redes sociales. La población civil deja de ser «espectadora» de los conflictos y pasa a ser parte del terreno de guerra.

Este tipo de guerra, en tanto herramienta para alcanzar objetivos previamente determinados, posee la característica de tener un alto componente sedimentario en la psiquis humana lo que facilita futuras operaciones sobre esos campos de batalla.

Argentina y las viejas prácticas militares y de seguridad

Mientras en Estados Unidos y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte ya a partir de los años 50 del siglo XX se tomaba conciencia de la importancia de las operaciones multidimensionales sistematizadas sobre la población civil y se destinaban millones de dólares en la creación de organismos internacionales, institutos, áreas de investigación y producción, fundaciones y afianzar las industrias culturales como herramientas para garantizar una amplia cobertura a escala global. Por su parte, la República Argentina se vio sumida en un sistema de defensa y de seguridad arcaico y limitado a criterios estáticos para enfrentar escenarios de alto dinamismo.

Las acciones que llevaron al golpe cívico militar de 1976 y las consecuencias que aún hoy se enfrentan, fueron un claro ejemplo de la incapacidad de la dirigencia argentina de comprender el cambio de doctrina en lo referido al dominio de las naciones.

Con el advenimiento democrático las doctrinas tanto de defensa como de seguridad continuaron sin comprender los cambios de paradigma, escenarios, objetivos, acciones y nuevas herramientas y, más allá del control civil, se mantuvieron en esquemas propios de las guerras de primera, segunda y tercera generación. Sobre esto William Lind describe una evolución histórica: la guerra de primera generación es de carácter lineal entre ejércitos formales, la de segunda generación es una guerra de fuego y desgaste a partir de la artillería y la guerra de tercera generación es guerra de maniobra y velocidad (Blitzkrieg).

Caos social organizado

La guerra de cuarta generación a partir de una siembra sistemática de conflictos  busca generar un desorden funcional, de carácter persistente y de esa manera generar escenarios de ingobernabilidad. Hay que organizar acciones constantes, institucionalmente coordinadas y con escalamiento progresivo que produzcan una desorganización sistémica.

Las acciones trabajan profundamente y sobre todo en los ámbitos académicos y culturales en general, para la destrucción de la legitimidad cultural ya que, en este tipo de guerra contemporánea, el objetivo no es imponer un orden propio directamente o la ocupación de un territorio, sino destruir la capacidad del otro de mantener el suyo ya que el poder político no es inherente al gobernante, sino que depende de la obediencia de la sociedad a partir de su bienestar. Sin tejido social, no hay resistencia efectiva y este es uno de los pilares del pensamiento del filósofo estadounidense Gene Sharp plasmado en su libro «De la dictadura a la democracia».

Es necesaria una dimensión moral del conflicto y para operar sobre esto es sumamente necesario analizar grandes volúmenes de información, detectar patrones a partir de ese análisis y a partir de la aplicación de un planteo prospectivo brindar el proceso estratégico de recolectar, analizar y procesar información para transformarla en inteligencia accionable mediante un criterio prospectivo que permite a los tomadores de decisiones direccionar las tácticas y las operaciones sobre la opinión pública para anticiparse, prevenir, contener, direccionar y moldear conceptos que sin la injerencia tecnológica y la consecuente narcotización de la población objetivo sería absolutamente imposible. Poder duro, creencias blandas y ofertas de futuro.

Realidad ¿Real?

El caos y la incertidumbre bien coordinados pueden ser instrumentos de conflicto permanente que condicione cualquier capacidad de cohesión social y planificación institucional generando fracturas internas que desintegren la capacidad de gobernar. Es la debilitación del enemigo desde adentro de sus propias estructuras. Se busca el desgaste de sistemas institucionales complejos mediante la disrupción provocando un cambio profundo y permanente que permita el dominio de la toma de decisiones, el manejo de recursos, estructura y posición territorial estratégica.

Las acciones en la guerra de cuarta generación son de bajo costo con un alto impacto y alta replicabilidad en red lo que implica una crisis de sentido, una desobediencia masiva, la pérdida de cohesión social, falta de capacidad de respuesta, una derrota moral, inmovilización del Estado con una consecuente pérdida de control territorial y por lo tanto un «Estado fallido» funcional. Es un ataque social, cultural, moral y sistémico coordinado.

A tal efecto las redes sociales y la religión canalizada por el desembarco de diferentes sectas en nuestro país son herramientas de alto impacto dentro de los conflictos de cuarta generación ya que erosionan la legitimidad, fragmentan a la sociedad, instalan discursos individualistas, generan un pensamiento mágico y disputan sentido y valores a partir de dicotomías simples como bien/mal, amigo/enemigo reforzando potenciales divisiones como “nosotros vs ellos” instalando narrativas de destino o misión.

Esto sucedió ya en los años 80 del siglo XX en Guatemala, Nicaragua, Hondura y el Salvador para detener el avance de los movimientos nacionalistas y de izquierda pero también en 1994 se utilizó en Ruanda derivando en un genocidio contra la población Tutsi.

Big Data, caos organizado, religión y pensamiento mágico

La guerra de cuarta generación por su característica principal que es la mente humana como campo de batalla (Escenario que el pensamiento militar español determina como sexto dominio de la guerra), necesita de información para procesar y elaborar tácticas a gran escala y con velocidad.

El actual gobierno argentino, continuando con una práctica implementada por la administración macrista, ha brindado a las empresas de análisis de datos, acceso total a la información completa de toda la población que manejaba de manera más o menos reservada el Estado nacional. Esto es un atractivo sin precedentes por lo cual hace de nuestro país un deseado objetivo.

Pero, además, Argentina, posee componentes estratégicos para la instalación y desarrollo de empresas como Palantir Technologies ya que se desreguló la compra de tierras para extranjeros, los mercados inmobiliarios están depreciados y el acceso al agua de montaña, es decir glaciares, está desregulada y sin protección. Esto, sumado a la posición estratégica de grandes sectores de la Patagonia tanto en el dominio de pasos bioceánicos como así también por encontrarse fuera del alcance de potenciales conflictos militares de gran escala, crea un escenario propicio para la instalación de las fábricas de herramientas para dominio a escala global más grandes de la historia que pueden operar más allá del reducido concepto de Estado Nación reafirmando la capacidad de influencia y dominio del conjunto de principios, normas e instituciones que intentan coordinar la acción global, es decir un sistema descentralizado donde distintos actores (Estados, organismos internacionales, empresas, ONGs, etc.) gestionan problemas comunes como el comercio, las finanzas, la salud, la seguridad, el medioambiente entre otros temas más allá de los intereses de los Estados Nación.

Es necesario que la República Argentina rápidamente retome la capacidad de controlar, regular y administrar la totalidad de su territorio frente a la concentración de acciones concretas de los intereses extranjeros en la Patagonia favorecida por una estrategia de sumisión a los intereses norteamericano anglo sionistas contrarios al interés de la Nación Argentina.

 

* Periodista. Universidad Nacional Arturo Jauretche. Maestrando en Inteligencia Estratégica Nacional, Universidad Nacional de La Plata. Investigador de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG).

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