TAIWÁN SE MIRA AL ESPEJO DE LA GUERRA EN IRÁN

Roberto Mansilla Blanco*

Imagen: Xinhua/Xie Huanchi

En medio del conflicto bélico entre EEUU, Israel e Irán, el pasado 10 de abril, Cheng Li-wun, la presidente del partido Kuomintang (KMT) y líder de la oposición en Taiwán, visitaba Beijing para reunirse con el presidente de la República Popular China (RPCh), Xi Jinping, bajo la perspectiva de propiciar un clima de distensión en un momento de tensiones globales y escalada militar y bélica.

Por su parte, en Taipei, la capital taiwanesa, el gobierno de Lai Ching-te, en el poder desde enero pasado tras sustituir a Tsai Ing-wen (Partido Progresista Democrático, PPD) acentuaba la política taiwanesa de intransigencia al diálogo con Beijing pero con la atenta mirada sobre lo que estaba sucediendo en Teherán. Más allá de la dinámica del conflicto bélico y de la eficaz capacidad iraní en clave geoeconómica para tomar posición del estrecho de Ormuz, la preocupación del presidente taiwanés se enfocaba en otros aspectos más relacionados con sus sistemas de alianzas y de seguridad.

Con un Estados Unidos atascado e incapaz de derrotar militarmente a Irán, en Taipei surge una interrogante: ¿qué tan fiable es Washington para defender la soberanía taiwanesa en caso de que hipotéticamente Beijing decida realizar una acción unilateral contra la isla, similar a la invasión rusa de Ucrania en 2022?

A priori, la seguridad taiwanesa parece estar blindada por parte de Washington. Desde 1955 existe un Tratado de Defensa Mutua entre EEUU y la República de China (Taiwán), cuya vigencia persiste hasta el año 2056. En 1979, Washington aprobó la Ley de Relaciones con Taiwán que refuerza estos acuerdos.

En enero pasado, Estados Unidos aprobó un nuevo paquete de modernización militar para Taiwán valorado en US$ 11.100 millones con la finalidad de fortalecer sus defensas vía sistemas de cohetes de alta movilidad (HIMARS), misiles tácticos, artillería autopropulsada, drones, software militar especializado, misiles antitanque (Javelin y TOW), repuestos y mantenimiento para misiles antibuque Harpoon, y otros componentes logísticos.

La «balanza de poder» en Indo-Pacífico

En abril pasado, Estados Unidos firmó una alianza estratégica defensiva con Indonesia para modernizar sus capacidades militares y aumentar los ejercicios conjuntos en el Indo-Pacífico.

Esta alianza, que ha generado divisiones internas en Indonesia, implica avanzar en esquemas de cooperación militar y económica con la vista puesta en evitar que el estrecho de Malaca, estratégico para el comercio mundial y por el que transita el 25 % del transporte marítimo global, se convierta en una especie de Mare Nostrum chino que le permita a Beijing tener capacidad de influencia regional. Una clave geoeconómica similar a la que se observa con Irán en el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 15 % de las rutas energéticas y comerciales a nivel mundial; e, incluso pero más moderadamente, Rusia en la escala del mar Negro, tal y como se vio con el bloqueo ruso a la exportación de cereal ucraniano que llevó a una breve crisis alimentaria en 2023.

Visto en perspectiva geoeconómica y geopolítica, tres de las principales rutas económicas globales, los estrechos de Malaca y Ormuz así como el mar Negro, estarían bajo las esferas de influencia de China, Irán y Rusia, los tres principales rivales de Estados Unidos que conforman, con sus matices, el denominado eje euroasiático capacitado para confrontar los intereses del eje «atlantista».

Por tanto cercar por todos los medios a China es la prioridad estratégica global de Washington, con sus consecuentes influencias para aliados de Beijing como Moscú y Teherán. Y el estrecho de Taiwán es clave en este cometido geopolítico. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional adoptada por la administración de Donald Trump en diciembre pasado así lo certifica: la región del Indo-Pacífico y la creciente potencialidad de China como nuevo hegemón se erigen como las prioridades estratégicas para la Casa Blanca.

En este nuevo equilibrio de poder regional, Japón anuncia su intención de remilitarizarse y adoptar una nueva estrategia de seguridad con un enfoque más unilateral. Este escenario obviamente preocupa a China pero también a Corea del Norte. Ante el militarismo in crescendo en Asia Oriental, Pyongyang ya ha anunciado su intención de condicionar, e incluso, renunciar a cualquier esquema de reunificación en la península coreana.

El sistema de alianzas estilo balanza de poder de la Europa del siglo XIX comienza a instalarse de manera acelerada en Asia Pacífico y Oriental. La alianza AUKUS impulsada en 2021 por Estados Unidos, Reino Unido y Australia busca su expansión regional con la finalidad de contrarrestar un eje euroasiático China-Rusia-Irán-Corea del Norte capacitado para frenar el expansionismo «atlantista» en la región. Mientras Occidente acelera las sanciones contra Rusia toda vez apuesta por la militarización con horizonte 2030, Moscú ha logrado sortear estas sanciones encontrando nuevos mercados energéticos en el sudeste asiático.

Con este panorama se prevé un avance de la proliferación nuclear con mayor intensidad ante los peligros de volatilidad y conflictividad que se atisban en el horizonte del Indo-Pacífico. Potencias nucleares como Rusia, China, Corea del Norte, India y Pakistán profundizan sus estrategias defensivas. Como ha dejado entrever el Kremlin, la disuasión nuclear supone la principal garantía de soberanía y autonomía para cualquier país.

Mientras se negocia un alto al fuego entre Estados Unidos e Irán, que Washington pretende materializar previo a la cumbre que Trump y Xi realizarán a mediados de mayo en Beijing, la eficaz resistencia iraní y su capacidad para golpear objetivos estratégicos estadounidenses y de sus aliados en Oriente Medio y el Golfo Pérsico persuaden a Taiwán a estudiar todo tipo de alternativas, desde reprogramar prioridades hasta mantenerse expectante ante lo que acuerden Xi y Trump en Beijing.

Tomando en cuenta un contexto global determinado por diversos conflictos desde Ucrania hasta Irán, China y Estados Unidos muy probablemente mantendrán una posición oficial tendiente a la estabilidad. No obstante, y más allá de esta perspectiva de reducción de las tensiones, son varias las aristas que amenazan con tensionar el ambiente.

Un «estrecho» de dilemas en Taipei

En Taiwán observan una realidad de iure: son cada vez menos los países que reconocen oficialmente su legitimidad estatal, siendo en estos momentos doce países. Las elites en Taipei calculan un escenario inquietante: el riesgo de someterse a una especie de aislamiento internacional de facto ante la pérdida de reconocimiento diplomático que afecte su relevancia exterior, en comparación con el ascendente peso de la República Popular China, y cómo ello afectará la capacidad defensiva de Taiwán y su dependencia de sistemas de alianzas, particularmente de Estados Unidos.

A este contexto debe añadirse la cuestión de la identidad nacional, materia de polarizados debates que acrecientan la crispación política en Taipei. Esta división es notoria entre el gobernante PPD y la oposición liderada por el KMT, con enfoques enfrentados en lo que respecta a la relación con China. La líder del KMT, Cheng Li-wun visitará Estados Unidos en junio, lo cual puede anunciar un nuevo momento político en Taipei que condicione la posición intransigente tanto de la anterior presidenta Ing-wen como de su sucesor Ching-te, muy pendiente de lo que se trate en la cumbre Xi-Trump en Beijing.

A nivel geopolítico y de seguridad, en Taipei preocupa la concreción de intereses entre tres potencias nucleares como China, Rusia y Corea del Norte sin olvidar Pakistán e Irán, este último un aspirante a potencia nuclear. El ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi visitó Moscú y Beijing previo a las negociaciones con Estados Unidos y la cumbre Xi-Trump, una toma de contacto estratégica con sus aliados más cercanos en medio de las actuales turbulencias globales.

Más allá de la posibilidad de un entendimiento con Beijing, EEUU busca igualmente debilitar la posición china a través de diversas variables. Entre ellas destaca, hasta ahora con escasa efectividad, la creación de discordias entre India y China atizando rivalidades fronterizas. El breve incidente militar fronterizo entre Afganistán y Pakistán escenificado horas antes del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán (28 de febrero) supone otro ejemplo de cómo el riesgo de escalada de conflictos, en este caso en pleno corazón de Asia Central, apunta a escenarios de concreción de marcos de inestabilidad regionales que igualmente definan contrariedades para el eje sino-ruso.

A finales de 2025, China ha realizado ejercicios militares navales disuasivos frente a las costas taiwanesas. Ante este contexto de volatilidad y escenarios imprevisibles, Ching-te percibe las dificultades derivadas del debilitamiento de la posición exterior taiwanesa y ante un posible escenario de “callejón sin salida” por su excesiva dependencia de Washington y su intransigente posición de iniciar un diálogo con Beijing.

Por otro lado, Li-wun y el KMT también calculan los riesgos del peligroso momento de inestabilidad mundial y cómo este contexto afectará la seguridad de Taiwán. No obstante, su óptica es distinta: apuestan por la distensión con China, el «hermano mayor» que calcula todos sus movimientos con su tradicional «paciencia estratégica».

Casi tres meses después de iniciada la guerra contra Irán con su consecuente crisis económica global, la disuasión y la táctica distensión parecen ser las tendencias que, al menos por ahora, determinarán el nivel de relación entre China y Estados Unidos. En lo concerniente a Taiwán, la disuasión ha sido clave en la reciente cumbre Xi-Trump de Beijing, tal y como lo ha manifestado el presidente chino a su homólogo estadounidense estableciendo de inmediato las «líneas rojas» con respecto al estatus de la isla. Una declaración que en Taipei toman nota de su incidencia.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG. 

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PROTECCIONISMO Y BARRERAS COMERCIALES: UN DESAFÍO PERSISTENTE —Y CADA VEZ MÁS ESTRATÉGICO— EN LA ECONOMÍA GLOBAL

Carlos Alejandro Nahas*

Introducción

Durante gran parte de las últimas décadas, el comercio internacional estuvo dominado por una idea que parecía prácticamente incuestionable: apertura económica, globalización e integración de mercados. Desde los años noventa, numerosos países impulsaron procesos de liberalización comercial, reducción de aranceles y acuerdos multilaterales orientados a facilitar la circulación internacional de bienes, servicios e inversiones. La creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995 simbolizó uno de los puntos más altos de ese modelo, consolidando un sistema basado en reglas comunes y mecanismos institucionales de resolución de disputas. Sin embargo, la evolución reciente de la economía mundial demuestra que el proteccionismo nunca desapareció. Simplemente mutó.

Hoy las barreras comerciales ya no se presentan únicamente bajo la forma clásica de aranceles elevados o prohibiciones explícitas. El nuevo proteccionismo opera de manera mucho más sofisticada y, en muchos casos, más difícil de cuestionar jurídicamente. Regulaciones técnicas, estándares ambientales, subsidios estatales, controles sanitarios, exigencias de trazabilidad, mecanismos administrativos y requisitos regulatorios complejos funcionan como verdaderos filtros de acceso a los mercados. En otras palabras: el comercio global sigue formalmente abierto, pero cada vez más condicionado.

Las tensiones entre Estados Unidos y China, la crisis financiera internacional de 2008, la pandemia de COVID-19 y los conflictos geopolíticos recientes terminaron de consolidar una tendencia que ya venía desarrollándose: los Estados volvieron a priorizar la seguridad económica, la protección de sectores estratégicos y la resiliencia de sus cadenas de suministro.

Pero además, comenzó a reaparecer un concepto que durante años parecía reservado exclusivamente al ámbito militar: la seguridad nacional económica.

Hoy la discusión ya no gira únicamente en torno a competitividad o eficiencia. También involucra autonomía tecnológica, control de infraestructura crítica, soberanía energética, acceso a minerales estratégicos, ciberseguridad y capacidad industrial para sostener escenarios de crisis o conflicto. La economía internacional dejó de ser solamente un espacio de intercambio comercial. Se transformó, nuevamente, en un terreno de disputa geopolítica.

En este contexto, el presente trabajo analiza las nuevas formas del proteccionismo contemporáneo, el crecimiento de las barreras no arancelarias y sus efectos sobre el comercio internacional, las empresas y las cadenas globales de valor. Asimismo, se examinan sus implicancias estratégicas desde una perspectiva que ya no puede separar economía, tecnología y defensa nacional.

El proteccionismo: una práctica tan antigua como vigente

El proteccionismo puede definirse como el conjunto de políticas mediante las cuales los Estados restringen, limitan o encarecen el ingreso de bienes y servicios extranjeros con el objetivo de proteger sectores productivos nacionales frente a la competencia internacional. Históricamente, estas medidas estuvieron asociadas principalmente a aranceles aduaneros. Las teorías clásicas del comercio internacional —particularmente las desarrolladas por Adam Smith y David Ricardo— sostuvieron que el libre comercio favorece la eficiencia económica global mediante la especialización productiva y la ventaja comparativa.

Sin embargo, la historia económica muestra algo bastante menos romántico: prácticamente todas las grandes potencias industriales recurrieron, en distintas etapas de su desarrollo, a políticas fuertemente proteccionistas.

Estados Unidos, Alemania, Japón, Corea del Sur y China protegieron sectores estratégicos durante décadas antes de consolidar posiciones dominantes en la economía global. Robert Baldwin ya advertía en los años ochenta que el denominado «nuevo proteccionismo» emergía como respuesta al desplazamiento del poder económico internacional y al ascenso de nuevas economías exportadoras[1].

Con el avance de la globalización y la reducción de aranceles promedio desde la década de 1990, muchos gobiernos comenzaron a reemplazar restricciones tradicionales por mecanismos regulatorios menos visibles, pero igualmente eficaces. El resultado es una paradoja evidente: el comercio internacional parece más libre en términos formales, pero en la práctica es cada vez más complejo, más costoso y más condicionado políticamente.

Las nuevas formas del proteccionismo

Aranceles: el instrumento clásico que nunca desapareció

Aunque los aranceles promedio disminuyeron significativamente desde la creación de la OMC, continúan siendo una herramienta central en sectores considerados estratégicos.

La agroindustria, la industria automotriz, el acero, los semiconductores y determinadas tecnologías sensibles siguen altamente protegidos incluso en economías que públicamente promueven el libre comercio.

Las recientes tensiones entre Estados Unidos y China dejaron algo muy claro: el comercio internacional está atravesado por intereses geopolíticos, tecnológicos y militares mucho más profundos que la simple eficiencia económica.

La disputa por chips, inteligencia artificial, tierras raras o baterías ya no responde únicamente a cuestiones comerciales. Responde a la competencia por poder estratégico global.

Subsidios: competir contra Estados, no contra empresas

Actualmente, los subsidios estatales representan uno de los mecanismos más sofisticados de protección económica.

Mediante incentivos fiscales, financiamiento preferencial, créditos blandos o ayudas directas, numerosos gobiernos fortalecen artificialmente la competitividad de sectores considerados estratégicos. Simon Evenett sostiene que, tras la pandemia, las ayudas estatales crecieron de manera exponencial como instrumentos de política industrial y geopolítica. En términos concretos, muchas empresas ya no compiten únicamente contra otras empresas: compiten contra Estados enteros.

Y esto es particularmente visible en industrias vinculadas a:

    • energía,
    • tecnología,
    • defensa,
    • telecomunicaciones,
    • inteligencia artificial,
    • infraestructura crítica,
    • y producción militar.

La frontera entre política económica y estrategia de seguridad nacional se volvió cada vez más difusa.

Barreras técnicas y regulatorias

Las barreras técnicas se transformaron en uno de los instrumentos más relevantes del proteccionismo contemporáneo. Normas de calidad, certificaciones ambientales, requisitos sanitarios, trazabilidad, etiquetado y estándares regulatorios funcionan muchas veces como mecanismos indirectos de exclusión comercial.

Maskus y Wilson[2] destacan que estas exigencias pueden incrementar considerablemente los costos de acceso a mercados internacionales, especialmente para pequeñas empresas y países en desarrollo. El problema es que estas medidas suelen estar respaldadas por fundamentos legítimos —salud pública, seguridad alimentaria, sostenibilidad ambiental o protección del consumidor—, lo que vuelve extremadamente difícil cuestionarlas dentro del sistema multilateral.

El crecimiento de las barreras no arancelarias

Uno de los fenómenos más relevantes del comercio contemporáneo es el crecimiento sostenido de las barreras no arancelarias.

A diferencia de los aranceles tradicionales, estas restricciones son mucho más difíciles de identificar, medir y negociar.

Entre ellas se destacan:

    • normas técnicas,
    • regulaciones sanitarias y fitosanitarias,
    • procedimientos aduaneros complejos,
    • requisitos de origen,
    • estándares ambientales,
    • restricciones administrativas,
    • regulaciones laborales,
    • controles tecnológicos,
    • y mecanismos de compliance internacional.

Diversos informes del Fondo Monetario Internacional sostienen que el aumento de costos regulatorios y restricciones indirectas contribuyó significativamente a la desaceleración del comercio global durante la última década. En consecuencia, el acceso a mercados ya no depende únicamente de competitividad en precios. Depende también de capacidades regulatorias, tecnológicas, logísticas, financieras e incluso diplomáticas. 

La pandemia y el retorno explícito del proteccionismo

La pandemia de COVID-19 aceleró tendencias que ya venían desarrollándose. Numerosos gobiernos restringieron exportaciones de insumos médicos, alimentos, tecnología y bienes estratégicos para garantizar abastecimiento interno.

Simon Evenett advirtió que muchos Estados reaccionaron rápidamente mediante controles comerciales y restricciones, reforzando tendencias proteccionistas preexistentes. Pero, además, la crisis sanitaria dejó expuesta una vulnerabilidad mucho más profunda: la extrema dependencia de cadenas globales hiperfragmentadas.

La pandemia reactivó debates sobre:

    • autonomía estratégica,
    • relocalización industrial,
    • nearshoring,
    • soberanía tecnológica,
    • seguridad energética,
    • resiliencia logística,
    • y capacidad nacional de producción crítica.

En otras palabras: los Estados comprendieron que depender completamente del exterior para medicamentos, energía, alimentos, semiconductores o infraestructura tecnológica puede transformarse en un problema de seguridad nacional.

Y ese razonamiento no pertenece únicamente al plano económico. También pertenece al plano militar.

Un país sin capacidad industrial mínima, sin autonomía tecnológica y sin infraestructura estratégica protegida es un país vulnerable frente a crisis internacionales, conflictos geopolíticos o escenarios de presión externa. 

Argentina: un país vulnerable en un mundo cada vez más hostil

En el caso argentino, el problema adquiere una dimensión todavía más delicada.

Mientras el mundo discute cómo reposicionarse frente a la inteligencia artificial, la automatización, la ciberseguridad, la transición energética y la competencia tecnológica global, Argentina continúa atrapada en desequilibrios estructurales básicos que erosionan cualquier posibilidad seria de desarrollo estratégico. El país enfrenta una combinación particularmente destructiva:

    • inestabilidad macroeconómica crónica,
    • inflación persistente,
    • presión tributaria asfixiante,
    • restricciones cambiarias permanentes,
    • costos logísticos extremadamente altos,
    • inseguridad jurídica,
    • burocracia excesiva,
    • deterioro de infraestructura,
    • y una política comercial marcada por la improvisación.

Pero el problema argentino ya no es solamente económico. Es institucional, tecnológico y también estratégico. En un mundo donde las grandes potencias fortalecen industrias críticas, desarrollan capacidades duales civiles-militares y aseguran cadenas de suministro sensibles, Argentina continúa desmantelando capacidades productivas estratégicas sin una política nacional coherente de largo plazo.

La ausencia de planificación en sectores clave como:

    • industria naval,
    • energía,
    • defensa,
    • tecnología,
    • minería estratégica,
    • infraestructura logística,
    • ciberseguridad,
    • y producción industrial compleja,

no solo afecta la competitividad económica. También debilita la autonomía nacional.

Un país que depende completamente del exterior para tecnología crítica, equipamiento estratégico, energía o infraestructura digital pierde capacidad de decisión soberana. Y eso tiene implicancias directas sobre la defensa nacional.

Porque la defensa moderna ya no se limita al plano militar tradicional. Incluye:

    • control logístico,
    • seguridad energética,
    • protección de puertos,
    • resiliencia de cadenas de suministro,
    • infraestructura tecnológica,
    • satélites,
    • telecomunicaciones,
    • y soberanía digital.

Mientras otras economías fortalecen capacidades estratégicas para escenarios de crisis global, Argentina sigue respondiendo con controles transitorios, regulaciones defensivas y administración de escasez. El resultado es devastador:

    • empresas que no pueden planificar,
    • exportadores atrapados en incertidumbre permanente,
    • inversiones que se postergan,
    • industrias que pierden escala,
    • cadenas productivas fragmentadas,
    • y una creciente pérdida de relevancia internacional.

Quizás el aspecto más preocupante sea otro: Argentina parece haber normalizado la emergencia permanente. Y cuando un país normaliza la improvisación, deja de construir poder estratégico.

Conclusión

El proteccionismo no constituye una anomalía del sistema económico internacional. Es una característica persistente que adopta distintas formas según el contexto histórico, político y tecnológico.

La globalización no eliminó las barreras comerciales. Las volvió más sofisticadas.

Hoy competir internacionalmente exige mucho más que eficiencia productiva: requiere estabilidad institucional, capacidad tecnológica, resiliencia logística, inteligencia regulatoria y visión estratégica. En este nuevo escenario, economía, geopolítica y defensa nacional dejaron de ser ámbitos separados.

Las cadenas de suministro son infraestructura estratégica. La tecnología es poder político. La logística es seguridad nacional. Y la autonomía económica se transformó en un componente central de la soberanía.

Para países como Argentina, el desafío es todavía mayor.

Porque mientras el mundo redefine sus reglas de competencia global, el país continúa atrapado en desequilibrios internos que limitan severamente su capacidad de inserción internacional y debilitan progresivamente su autonomía estratégica. Y en un entorno global cada vez más competitivo, tecnológicamente exigente y geopolíticamente inestable, quedarse atrás ya no implica solamente perder mercados. Implica perder capacidad de decisión soberana.

 

* Abogado, Magíster en Relaciones Comerciales Internacionales. Posee una consultora en Estrategia y Comercio Exterior, fue Secretario General de la Comisión Nacional de Comercio Exterior del Ministerio de Economía. Es Consultor en Negocios Globales & Derechos Antidumping y Profesor Universitario en la UCA, la UTN y la Universidad SXXI. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas.

 

Referencias bibliográficas

  • Baldwin, R. The New Protectionism: A Response to Shifts in National Economic Power. National Bureau of Economic Research, 1986.
  • Baldwin, R., & Evenett, S. COVID-19 and Trade Policy: Why Turning Inward Won’t Work. CEPR Press, 2020.
  • Evenett, S. «What’s next for protectionism? Watch out for state largesse, especially export incentives». CEPR Press, 2020.
  • Evenett, S. «Sicken thy neighbour: The initial trade policy response to COVID-19». The World Economy, 2020.
  • Evenett, S. «Chinese whispers: COVID-19, global supply chains in essential goods, and public policy». Journal of International Business Policy, 2020.
  • Fisher, R., Ury, W., & Patton, B. Getting to Yes: Negotiating Agreement Without Giving In. Penguin Books, 2011.
  • Fondo Monetario Internacional. «Keeping the Wheels of Trade in Motion», 2016.
  • Lewis, L., & Monarch, R. «Causes of the Global Trade Slowdown». Federal Reserve Board, 2016.
  • Maskus, K., & Wilson, J. Quantifying the Impact of Technical Barriers to Trade. World Bank, 2001.

Citas

[1] Baldwin, R. The New Protectionism: A Response to Shifts in National Economic Power. National Bureau of Economic Research, 1986.

[2] Maskus, K., & Wilson, J. Quantifying the Impact of Technical Barriers to Trade. World Bank, 2001.

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ARGENTINA: JUECES CONFIRMAN EL PACTO DE SILENCIO SOBRE EICHMANN

Gaby Weber*

Gaby Weber con integrantes de ODIA, el Observatorio de Derecho Informática Argentina, quienes consideran el caso un precedente. Imagen: GW

 

Ahora, el tribunal de apelaciones de Buenos Aires ha ratificado el sobreseimiento de la causa penal contra el Ministerio de Relaciones Exteriores por robo de documentos. El ministro no tendrá que revelar dónde escondió sus documentos secretos y el ministerio no será registrado, como yo solicité, a pesar de que la Corte Suprema del país ha exigido la publicación de los archivos de Eichmann. Pero hoy en día, ya no se trata de ley y justicia, sino solo de poder; y nadie quiere enfrentarse a Israel ni al Mossad. El pacto de silencio se mantiene.

Durante años, he estado litigando en Argentina para que se publiquen los archivos del criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, a quien el Mossad supuestamente secuestró en Buenos Aires en mayo de 1960, heroicamente, por supuesto. Esta historia se cuenta en los libros de historia. Según mi investigación, esta historia es completamente falsa, razón por la cual demandé al Servicio Federal de Inteligencia Alemán (BND) para que me entregara sus archivos sobre Eichmann en 2008 y recibí al menos el 80 % de ellos en ese momento.

Desde 2016, también he emprendido acciones legales en Argentina, entonces gobernada por los peronistas. Inicialmente, perdí, pero desde la aprobación de la nueva Ley de Libertad de Información N° 27.275, he estado ganando, al menos en los tribunales administrativos. Incluso la Corte Suprema dictaminó que los telegramas aún secretos del Ministerio de Relaciones Exteriores debían publicarse. El ministerio se había negado, alegando «daños irreparables». Sin embargo, tras el fallo favorable de la Corte Suprema, alegó que los documentos habían sido «robados», por lo que presenté una denuncia penal por robo.

Primero, el nuevo juez se negó a reconocerme como codemandante; apelé y gané. Luego se negó a aceptar mis solicitudes de pruebas; apelé de nuevo y gané. Entonces mi abogado, Marcos Filardi, citó a testigos muy interesantes, incluido el exdirector del archivo, quien testificó (como todos saben) que los documentos altamente clasificados no se guardan en el archivo público, sino a nivel ministerial. Pero el juez no fue más allá y rechazó nuestra solicitud de interrogar al ministro de Asuntos Exteriores o registrar el ministerio; desestimó el caso, alegando que se habían agotado todas las vías para acceder a estos documentos «perdidos». Apelé de nuevo.

Hace seis semanas se celebró una audiencia pública y uno de los tres jueces de apelación (Gustavo Hornos) expresó su profundo respeto por mi búsqueda de la verdad histórica. Esto nunca me había sucedido antes; normalmente me tachan de «problemático» o algo similar. Estuvieron presentes representantes del ODIA, el Observatorio de Derecho Informático Argentina, quienes consideran el caso un precedente. «Si se salen con la suya, todos perderemos el acceso a los archivos», afirmó Sebastián Marchano, del ODIA.

Ya está disponible el veredicto escrito. De los tres jueces, dos confirmaron el sobreseimiento del caso; el juez Mariano Borinsky explicó que no se podía hacer nada más. Se rumorea que tiene estrechos vínculos con la DAIA (el brazo político de la comunidad judía, que muchos consideran el brazo del Mossad en Argentina), y en febrero pasado pronunció un discurso elogioso en el tribunal penal alabando el derecho procesal israelí. Sin embargo, en su justificación escrita, declaró que el sobreseimiento actual del proceso penal era solo «provisional» y podría reabrirse si aparecieran nuevas pruebas. Esto presumiblemente significa que si otros países rompen el pacto de silencio sobre los sucesos de mayo de 1960 (¿quizás Rusia, Francia?), entonces estos documentos podrían volver a ser solicitados al Ministerio de Relaciones Exteriores. Argentina no quiere ser la primera en pronunciarse.

El juez Hornos publicó su voto particular, calificando el sobreseimiento del caso de «prematuro» y «defectuoso». Afirmó que el ministerio demandado no había explicado por qué mis solicitudes de pruebas —a saber, interrogar al ministro y registrar la agencia— serían ineficaces; simplemente habían adoptado los motivos generales de sobreseimiento del tribunal inferior. Además, el juez Hornos sostuvo que aclarar estos hechos históricos era de interés público. Al menos… El veredicto, excepcionalmente, ha sido publicado y criticado por varios medios de comunicación.

Gaby Weber con el abogado Marcos Filardi durante la audiencia judicial. Foto: B.W.

Actualmente, en Argentina se vive una auténtica persecución contra todos los periodistas; se les prohíbe el acceso a edificios gubernamentales y son objeto de constantes insultos, incluso entre colegas de periódicos conservadores. El gobierno de Milei va de un escándalo de corrupción a otro y culpa a los medios de comunicación. La libertad de prensa e información les resulta ajena. Y mi caso fue el primero en ser presentado ante un tribunal en virtud de la nueva Ley de Libertad de Información.

Ahora apelaré la desestimación ante la Corte Suprema, porque no solo se está violando la Ley de Libertad de Información y se está mintiendo al público, sino que también se está ignorando el fallo de la Corte Suprema. Pero esto llevará mucho tiempo.

El presidente Javier Milei es un declarado partidario de Netanyahu, e Israel está decidido a mantener su campaña de desinformación sobre Eichmann; los archivos del Mossad están sellados.

El caso de Eichmann y las noticias falsas que lo rodean también será examinado en el Tribunal Administrativo Federal de Leipzig el 4 de junio de 2026. Mi demanda contra el Servicio Federal de Inteligencia (BND) se escuchará allí a partir de las 9:15 h. Se refiere a la parte aún clasificada de sus archivos sobre Eichmann. El plazo máximo de confidencialidad legalmente establecido de 60 años ya ha expirado, pero el BND se niega a renunciar a la confidencialidad. El Tribunal Administrativo Federal apoya su argumento de que la divulgación «pondría en peligro la seguridad de la República Federal». El BND ya no quiere respetar el plazo de 60 años, sino que se remite a la directiva sobre información clasificada del Ministerio Federal del Interior, es decir, un reglamento administrativo interno emitido por algunos burócratas a puerta cerrada. En mi opinión, esto es inconstitucional, porque un derecho fundamental sólo puede restringirse por ley, no por un reglamento administrativo. Pero vivimos tiempos difíciles para la prensa y la democracia, y los jueces se prestan a ello.

 

Aquí tienes las opciones para donar y apoyarme:

Por PayPal: gaby.weber@gmx.net

Para transferencias bancarias, por favor, incluye mi nombre completo: Gabriele Weber, y no Gaby, ya que de lo contrario la transacción podría ser rechazada.

 

* Weber estudió lenguas romances y periodismo en la Universidad Libre de Berlín y se doctoró en el Instituto Latinoamericano en 1982. Cofundadora del periódico Taz, trabaja como periodista desde 1978 y como corresponsal independiente desde 1986, inicialmente desde Montevideo y desde 2002 desde Buenos Aires. También ha publicado varios informes e investigaciones exhaustivas sobre la historia de las actividades de inteligencia. Su libro «Eichmann Was Still Needed» se publicó en 2012.

 

Artículo traducido del alemán por el equipo de la SAEEG. Originalmente publicado el 05/05/2026 bajo el título «Argentinien: Richter bestätigen den Schweigepakt über Eichmann», en Overton Magazin, https://overton-magazin.de/hintergrund/politik/argentinien-richter-bestaetigen-den-schweigepakt-ueber-eichmann/

 

Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales

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