¿LA ÚLTIMA «GUERRA» DE NETANYAHU?

Roberto Mansilla Blanco*

El proyecto supremacista del «Gran Israel» impulsado por el primer ministro Benjamín Netanyahu y sus aliados gubernamentales se someterá al escrutinio de las urnas el próximo 27 de octubre, con la celebración de elecciones para renovar la Knéset, el Parlamento israelí.

Estos comicios abordan un clima político y electoral polarizado por una histórica crisis de identidad dentro del Estado de Israel, principalmente determinado por la caída internacional de su imagen y credibilidad producto de la política belicista y expansionista de Netanyahu, materializada con el genocidio en Gaza desde 2023, el incremento de la colonización de Cisjordania y una nueva invasión del sur del Líbano.

Esta caída en desgracia de la imagen internacional israelí se evidencia ante un inédito nivel de distanciamiento, al menos en apariencia, por parte de aliados irrestrictos como EEUU y Europa. En el plano interno comienza a ser frecuente un debate público sobre cuestiones clave como el sionismo, el judaísmo, la conciencia nacional y el mito perenne de la invencibilidad militar israelí.

Si bien grosso modo el establishment político israelí, aunque atomizado en diversas formaciones políticas, se aprecia aparentemente cohesionado, el proyecto supremacista de Netanyahu ha provocado una fuerte polarización dentro de la sociedad israelí, una variable para tener en cuenta con las elecciones a la vuelta de la esquina.

El «Gran Israel» se somete a las urnas

A la cita electoral se han presentado un total de 38 formaciones que competirán por los 120 escaños del Knéset. El partido derechista Likud de Netanyahu busca mantener el poder pero las expectativas electorales prevén la continuidad del proceso de atomización y la conformación de bloques parlamentarios, algo ya tradicional en la política israelí.

Para renovar el que sería su sexto mandato en tres períodos distintos desde 1996, Netanyahu seguirá dependiendo del apoyo de líderes ultraderechistas como el actual ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir (partido Otsmá Yehudit, Poder Judío) y el actual ministro de Finanzas Belazel Smotrich (Partido Sionista Religioso), ambos políticos controvertidos por sus posiciones supremacistas y racistas hacia los palestinos y otras comunidades no hebreas.

En el nuevo mapa político que se avecina en Israel destacan el avance de nuevas alianzas opositoras, básicamente enroladas en la derecha nacionalista sionista con algunas opciones centristas  encabezadas por el ex jefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot (del centrista Yashar), además del ex primer ministro y ex ministro de Defensa Naftali Bénnet (Nueva Derecha), Yair Lapid (del centrista Yesh Atid) y Avigdor Líberman, ex ministro de Relaciones Exteriores y de Defensa, líder del partido Israel Beitenu, de carácter derechista, laico y nacionalista.

Otros actores electorales son los partidos ultraortodoxos Judaísmo de la Torá (de la comunidad ashkenazi), Shas (sefarditas), nacionalistas religiosos como Amja Israel (Tu Pueblo Israel) y las formaciones árabes Raam y Liga Árabe Conjunta.

Las tendencias preelectorales muestran una marcada polarización política entre Netanyahu y Eisenkot, de acuerdo a las encuestas realizadas e mediados de septiembre por Kantar/Kan, The Jewish People Policy Institute, Canal 13 y The Times of Israel.

Con su ideología reaccionaria y supremacista, Netanyahu ha marcado el paso de varias de las crisis que ha vivido Oriente Próximo en las últimas tres décadas toda vez se acrecentaba la complejidad religiosa y étnica del Estado de Israel.

Los ataques del movimiento islamista palestino Hamás contra objetivos israelíes el 7 de octubre de 2023, que provocó más de 2.000 muertes, marcó un punto de inflexión para Netanyahu. Este suceso, el peor ataque registrado en territorio israelí, cuestionó el mito de la seguridad e inviolabilidad del país al mismo tiempo que sirvió de condicionante para abrir las compuertas del proyecto del «Gran Israel», materializado con la invasión de Gaza y actualmente del sur del Líbano, sin descartar una intervención indirecta dentro del complicado rompecabezas sirio.

Por tanto, las elecciones del 27 de octubre no decidirán únicamente el futuro de Netanyahu sino el modelo de sociedad que Israel quiere construir. Son palpables los síntomas de desgaste y malestar por las atrocidades cometidas por las IDF contra la población palestina y libanesa, al mismo tiempo que existe una profunda reacción contra el alistamiento militar obligatorio, una de las señas de identidad estatal. Estos factores pueden terminar decantando las expectativas electorales de Netanyahu, en este caso de forma desfavorable.

Un ejemplo de ello ha sido la decisión de la formación de izquierda israelí Partido de los Demócratas de solicitar a la Comisión Electoral Central la retirada del partido ultraderechista Poder Judío de Ben Gvir, alegando su racismo y el hecho de que su presencia «niega la existencia del Estado de Israel como Estado democrático».

En perspectiva y a diferencia de comicios anteriores, el debate político y social en Israel ya no se centra exclusivamente en torno a la cuestión palestina sino en torno a la cohesión interna, el contrato social y el equilibrio entre identidad religiosa, democracia y seguridad. Más allá de la potencialidad militar y tecnológica israelí, la sociedad observa una actitud distante y crítica, rayando incluso en la falta de confianza, por parte de sus aliados occidentales. Incluso diversos sectores políticos israelíes se muestran preocupados ante la percepción de pérdida de prioridad y de exclusividad de los intereses israelíes entre sus aliados exteriores.

«Bibi, todo el mundo de odia»

Más allá de las opciones electorales y los manejos políticos internos, el principal foco de atención está en el deterioro de la imagen internacional de Israel. En julio pasado, durante la visita de Netanyahu a la Casa Blanca, el presidente estadounidense Donald Trump le espetó personalmente al primer ministro israelí una acusación inusual: «todo el mundo odia a Israel por esto».

Son prolíficas las imágenes e informaciones en las redes sociales sobre «mobbing» y acoso contra turistas israelíes, algunos de ellos identificados como miembros de las fuerzas armadas, el IDF, en diversas partes del mundo, incluso con señales expresas de prohibición para atender a estos turistas, especialmente en países asiáticos con comunidades musulmanas.

El inusual tono de Trump escenificaba este nivel de desconfianza internacional hacia Netanyahu en un momento en que Israel sigue adelante con la invasión militar directa en el Líbano y de intervención indirecta en Siria a través de aliados como las fuerzas de la comunidad drusa, acciones que han provocado irritación en la Casa Blanca en un momento delicado por el enfrentamiento militar con Irán.

Si bien no ha dejado de mostrarse como un ferviente aliado israelí, Trump y su equipo de gobierno observan con desagrado que la guerra contra Irán iniciada el pasado 27 de enero se realizó más bien para preservar los imperativos estratégicos de Israel en detrimento de los intereses geopolíticos y geoeconómicos estadounidenses. Este contexto es particularmente preocupante en la Casa Blanca a escasos dos meses de otros comicios trascendentales, las elecciones del mid-term en EEUU, donde se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Una prueba electoral que medirá los apoyos populares de Trump y del «trumpismo» de cara a las presidenciales de 2028.

Las elecciones parlamentarias israelíes anteceden al mid-term en EEUU (3 de noviembre), una variable que puede resultar condicionante para las expectativas de Trump, cuyas cotas de popularidad están en su peor momento mientras la sociedad estadounidense comienza a experimentar una ola de creciente simpatía por Palestina y de rechazo hacia Israel.

Es por ello que Trump podría estar barajando otras opciones menos condicionantes en Israel como apostar por una derrota de su aliado Netanyahu a favor de una coalición levemente más moderada que ralentice la radicalización y polarización interna en torno al proyecto supremacista del «Gran Israel».

Ante el eventual escenario de Netanyahu fuera del poder y a la espera de la tendencia política que asumiría un nuevo gobierno en Tel Aviv, está por ver cuál será la capacidad de Washington para impulsar ante la comunidad internacional una política de recuperación de la imagen de un Israel menos beligerante, con perspectivas de apertura de negociación para, al menos momentáneamente, reducir las tensiones en los conflictos abiertos  en Gaza, Irán, Líbano, Siria y Yemen ante la reciente ofensiva de las milicias hutíes, aliadas de Teherán.

Un caso particularmente significativo ha sido la revelación informativa de que Emiratos Árabes Unidos, uno de los países que reconoce oficialmente a Israel tras los Acuerdos de Abraham de 2020, advirtió a Netanyahu sobre el ataque de Hamás el 7-O.

Mientras la atención mediática y política se centra en intentar descifrar hasta qué punto Netanyahu, las IDF y la inteligencia israelí estaban al tanto de estas advertencias, Washington podría manejar otro escenario, reduciendo su apoyo a un Netanyahu cada vez más incómodo y díscolo para los intereses estadounidenses. Con ello, EEUU no despreciaría la posibilidad de un cambio de gobierno en Tel Aviv que permita “lavar la imagen” internacional de Israel, contribuyendo con ello a exculpar su responsabilidad por haber apoyado al primer ministro israelí en su política cada vez más belicista en Oriente Medio.

El desastre de la guerra contra Irán, particularmente ante el control que ejerce Teherán con el cierre del Estrecho de Ormuz, así como la ofensiva de los hutíes yemenitas contra los intereses de Arabia Saudita atacando las redes de suministro energético, ponen en entredicho los intereses conjuntos de EEUU e Israel en Oriente Medio, así como, entre otros factores, la viabilidad y solidez del reciente pacto de seguridad entre Turquía, Arabia Saudita y Pakistán.

El reforzamiento del poder regional de Irán ha disuadido a Netanyahu a blandir de nuevo la amenaza del programa nuclear iraní, buscando con ello recuperar la iniciativa pero ahora en clave electoral. No obstante, Tel Aviv calcula que los recientes equilibrios y alianzas en Oriente Medio, particularmente la apuesta por mecanismos de cooperación y alianzas propias dentro del mundo árabe e islámico, marcan una dinámica divergente con los intereses israelíes, así como de un aliado estadounidense cada vez más suspicaz a la hora de atender incondicionalmente las demandas de Tel Aviv.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

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ARMANDO VILLEGAS EN SU CENTENARIO

Francisco Carranza Romero*

Para entender una obra de arte, hay que conocer al autor quien es el producto de las realidades geográfica e histórica y del proceso sociocultural. Armando Villegas López es un artista que en cada obra trata de expresar la identidad e historia de Perú y Latinoamérica. Y, ¡qué historia!

Su madre, doña María Timotea López Diestra, al quedar embarazada del hijo del hacendado de Chinchobamba, provocó el escándalo en la localidad y recibió el desprecio de los que se sentían superiores socioeconómicamente. «En ningún otro país de Latinoamérica, se ha marcado tanta la diferencia de las clases, como en Perú»[1]. Ella, para salvar la vida del ser que crecía en su vientre, huyó de la casa hacienda donde laboraba. Estaba decidida a tener su criatura.

El niño Armando nació el 5 de septiembre de 1926 en una humilde casa de Pomabamba (Áncash, Perú). Su madre y los familiares de ella fueron los testigos de este natalicio. María López protegió a su único hijo haciendo muchas labores. «(L)actitud de mi madre fue muy valerosa; fue formidable»[2], un justo reconocimiento. El niño Armando contempló la naturaleza andina de variados colores y formas que le hablaba con amor maternal, oyó en la lengua quechua muchos relatos mezclados con el realismo mágico, aprendió los principios que rigen la vida solidaria: ayudarse mutuamente, respeto a los mayores y a la madre naturaleza; en la escuela experimentó la castellanización forzada y el menosprecio a su lengua nativa. Después, doña María, por el miedo de que le arrebataran su hijo de 7 años, huyó a pie con el hijo hasta la carretera donde subieron a un camión que iba rumbo a Lima a donde llegaron en la noche. Al día siguiente, por suerte, el pomabambino Alejandro Martell, que buscaba a algún familiar en la cochera del camión, los encontró, conversó, comprendió el drama y se decidió llevarlos a su pensión porque él también necesitaba compañía. «Don Alejandro Martell fue el mejor papá que Dios me dio. Él me crio, me orientó y ayudó durante mi niñez y adolescencia», me confesó el maestro Villegas en una conversación. «Él fue muy leal conmigo; me enseñó la lealtad… antes que un padrastro, tuve un amigo y, por tanto, un padre»[3].

En Lima culminó los estudios de primaria y secundaria pero ya garabateando sobre los papeles con figuras que narraban historias. Contradiciendo al deseo de don Alejandro y doña María ingresó a la Escuela de Bellas Artes de Lima, porque ellos querían que siguiera la carrera militar porque el oficio de dibujante y retratista no ofrecía buen futuro. Ellos no comprendían su opción por el arte; pero, después lo consintieron pensando que, al fin, cada ser humano hace su propio camino; cada ser humano es responsable de su destino.

Desde los primeros años de su formación artística se dedicó de lleno a la investigación, experimentación (ensamblaje, collage, témpera, muralismo, retablo, óleo) y búsqueda de la identidad peruana y latinoamericana. Así comenzó a responderse a las preguntas: ¿De dónde vengo?, ¿A dónde voy?, ¿Quién soy? En 1951 viajó a Colombia para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá; y, gracias a su labor incansable y constante, y a la ayuda de sus maestros y amigos se fue realizando como pintor hasta lograr el reconocimiento en el mundo artístico.

En sus cuadros aparecen no sólo los seres humanos; también las montañas, animales y plantas antropomorfizados que narran mitos e historias. Es la recuperación de los datos del archivo cultural precolombino. Los guerreros de rostros pacíficos no dan miedo porque más parecen ser los protectores de este mundo; los danzantes con atuendos multicolores nos invitan a danzar con ellos porque podemos oír y sentir la melodía y el ritmo andinos. Las máscaras expresan nuestra realidad cultural polifacética porque cada ser humano es de muchas máscaras que se usan según el momento y el escenario; además, las máscaras de rostros divinos y diabólicos también sirven para satirizar a los colonizadores que quisieron borrar la cultura andina. Sus cuadros son expresiones del realismo mágico.

Ahora, narro cuándo y cómo me conocí con el maestro Villegas: una mañana del mes de marzo de 1977 visité la embajada de Perú en Bogotá para registrarme como estudiante peruano y becario de Icetex, que comenzaba a estudiar el postgrado en el Instituto Caro y Cuervo. Una decena de peruanos estábamos sentados en fila dentro de la sala esperando nuestro turno para ser atendidos; en eso, entró un señor de casaca de cuero negro con un maletín en el brazo. Yo, inmediatamente, me puse de pie y le expresé el saludo acompañado de la venia andina. Él se detuvo y parece que me diferenció por mi actitud. Se me acercó y me preguntó para qué había llegado a la embajada. Le respondí que deseaba registrarme como estudiante peruano de postgrado… Inmediatamente, me preguntó de qué parte del Perú era; al saber que era un ancashino quechuahablante, sonrió y me invitó para que pasara a su oficina después de ser atendido porque él era el Agregado Cultural ad Honorem del Perú. Después de registrarme fui a su oficina donde, tomando tintico, hablamos emocionados usando nuestro quechua. Al final, dándome su dirección, me invitó a su casa para el día domingo. Después de muchos encuentros y conversaciones nos sentimos como hermanos, él era mi mayor por 20 años. Así pude contemplarlo en plena faena en su taller. Y ahora describo su faena infatigable: su mente sigue concentrada con ideas e imágenes que desean expresarse, salir a la luz. Sus manos se mueven arreglando el lienzo y papel, preparando los colorantes, empuñando los pinceles, raspando lo que hay que suavizar… Los ojos siguen atentos ante la aparición de formas y colores; pero la vista del cuadro u otro objeto en proceso de realización es desde diferentes ángulos. Así, desde un aparente caos van apareciendo seres con el deseo de existir para narrar sucesos escondidos en el universo interior (subconsciencia, inconsciencia) del pintor.

«Sus obras fueron expuestas en muchos países de América, Europa y Asia. En 1990, invitado por la Universidad Dankook, expuso en Seúl y después en Tokio. En Seúl dio una conferencia a los docentes y estudiantes coreanos quienes le preguntaron sobre la diferencia de la pintura occidental y oriental; entonces, él les respondió que el arte sólo se diferencia por su calidad y no por el material utilizado o por la variedad de temas. Ante tal respuesta el público lo aplaudió. Un maestro universal sin dejar de ser un andino quechua»[4].

El maestro Villegas, por conocer la realidad de las escuelas estatales de Perú y Colombia, se lamentaba de la poca importancia que daban el Ministerio de Educación y la escuela a la asignatura de Dibujo o Pintura. Las aulas oscuras y tétricas no son las adecuadas porque matan el espíritu artístico del estudiante, la carencia de materiales también dificulta la enseñanza, y el docente no preparado para esta materia remata el curso. Aquí están sus palabras: «El maestro debe propagar siempre en sus clases una pedagogía de la libertad; de otra manera habrá esculpido en el viento”. Por eso, el maestro de dibujo debe tener conocimientos de Estética, Pedagogía, Geometría, Psicología, Química, cultura general y práctica del dibujo porque el curso de dibujo tiene relación con todas las asignaturas[5].

En 1993, Armando Villegas recibió la nacionalidad colombiana cuando César Gaviria era el presidente.

«El 29 de diciembre de 2013 se fue al encuentro de los apus. Se marchó al encuentro del sol. Días antes, en nuestra conversación telefónica, sospechamos algo al decir: “Hasta luego”. Y el 29 de diciembre, mientras yo desayunaba en Huaraz un picaflor se acercó a la ventana anunciando algo. Era el mensajero de algo que estaba pasando en Bogotá»[6].

Todos cumplimos un proceso existencial: nacer, vivir y morir; pero en el camino dejamos nuestras huellas. Los cuadros del maestro Armando Villegas, que se exhiben en su centenario, son sus huellas, aunque él haya pasado a la otra orilla del río de la vida.

* Investigador del Instituto de Estudios de Asia y América, Dankook University, Corea del Sur.

Bibliografía

Carranza Romero, Francisco. Armando Villegas: Pedagogía especial del dibujo. 2016-

Carranza Romero, Francisco, https://universoquechua.blogspot.com/2016/02/armando-villegas-pedagogia-especial-del.html.

Carranza Romero, Francisco. Armando Villegas ha cruzado el río. 2016.

 Carranza Romero, Francisco. https://universoquechua.blogspot.com/2016/02/armando-villegas-ha-cruzado-el-rio.html.

Daza, Gloria Inés. Armando Villegas. Bogotá: Graphos, 1982.

Villegas, Armando. Pedagogía especial del dibujo. Bogotá: Fundación Común Presencia, 2012.

 

Referencias

[1] Daza, Gloria Inés. «Sortilegio mágico cromático», en Armando Villegas, Bogotá: Graphos, p. 17.

[2] Ibid., p. 30.

[3] Ibid., p. 337-8.

[4] Carranza Romero, Francisco. Armando Villegas ha cruzado el río. 2016.

[5] Carranza Romero, Francisco. Armando Villegas: Pedagogía especial del dibujo Villegas.

[6] Carranza Romero, Francisco. Armando Villegas ha cruzado el río. 2016.

Primera Jornada Académica sobre nuestra Soberanía en Malvinas, demás Islas del Atlántico Sur y sus espacios marítimos circundantes

El día 9 de septiembre de 2026, el Colegio de Abogados de Córdoba y la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) llevaron a cabo la Primera Jornada Académica sobre la soberanía argentina en las Islas Malvinas, demás islas del Atlántico Sur y sus espacios marítimos circundantes.

La actividad se desarrolló en la Sala Alberdi de la Facultad de Derecho y reunió a especialistas en Derecho Internacional y relaciones internacionales, junto con el testimonio del veterano de la Guerra de Malvinas Owen Crippa.

La jornada se realizó al cumplirse 60 años del inicio de las negociaciones bilaterales entre la Argentina y el Reino Unido, impulsadas tras la Resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Adoptada en 1965, la resolución reconoció la existencia de una disputa de soberanía e instó a ambos países a encontrar una solución pacífica mediante el diálogo.

A lo largo de cuatro paneles se analizaron los fundamentos históricos y jurídicos de la soberanía argentina, el alcance de la Resolución 2065, la evolución de las negociaciones diplomáticas, la política exterior argentina, el nuevo escenario geopolítico del Atlántico Sur y la proyección antártica.

Participaron como expositores Guillermo Villalba, Diego García Montaño, Nelson Daniel Marcionni, Carlos Alberto Biangardi Delgado, Adrián Tuninetti, Omar Ruiz y Fernando Oltra Santa Cruz. El panel dedicado al testimonio histórico contó con la participación del teniente de navío retirado y veterano de guerra Owen Crippa.

En el video puede verse la presentación y el cierre a cargo del director de la Jornada y Profesor Titular de la Cátedra “B” de Derecho Internacional Público de la Facultad de Derecho de la UNC, Dr. Marcelo Touriño.

Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales

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