Archivo de la etiqueta: Inteligencia

LA BATALLA DE GAUGAMELA. ALEJANDRO MAGNO Y LA INTELIGENCIA.

Marcelo Javier de los Reyes*

Macedonia, ubicada al norte de la mitad oriental de la Hélade (en griego, Ἑλλάς, Hellás), era una región montañosa habitada por un pueblo guerrero que se consideraba parte del mundo griego y que respetaba profundamente la cultura griega. Sin embargo, los griegos veían a los macedonios como bárbaros.

Esa admiración se explica porque Filipo, quien asumió como rey de Macedonia en 369 a.C., vivió como rehén en Tebas, donde recibió una educación griega y aprovechó para estudiar e incorporar la política y las tácticas militares griegas. Tomó la decisión de reclutar campesinos de su reino, a los que armó para formar un ejército regular, más específicamente una infantería pesada. Introdujo la formación griega conocida como falange (en griego φάλαγξ), sólido cuerpo de infantería armado con escudos trabados o sobreexpuestos de las filas exteriores. Los soldados del interior de la formación bajaban sus lanzas sobre los escudos de las filas exteriores, por lo que las lanzas formaban una línea erizada en torno a los escudos protectores. Pero como los hombres que se encontraban más allá de la quinta fila no podían utilizar sus lanzas contra el enemigo, en lugar de bajarlas horizontalmente las mantenían con la punta en el aire, inclinadas hacia los hombros de los soldados que tienen delante de ellos, para proteger a toda la tropa contra las flechas que caen sobre ella. Filipo II modificó la formación, por lo que la falange macedonia era más grande que la griega y las lanzas de sus soldados eran más largas. El rey también formó una caballería pesada que operaba a los costados de la falange.

Con una estructura militar formidable, el rey macedonio se lanzó a la conquista de los territorios al norte del mar Egeo hasta el Helesponto, los actuales Dardanelos, y posteriormente los de Asia Menor con el objetivo de liberar a las ciudades griegas del dominio persa.

En el año 336 a.C., cuando celebraba la boda de su hija, fue apuñalado por un conspirador.

A tal punto Filipo II valoraba la cultura griega que en 343 a.C. convocó a Aristóteles (384 a. C. – 322 a. C.) para que fuera tutor de su hijo Alejandro de 13 años. Fue así como Alejandro adquirió una profunda comprensión y admiración por la cultura griega, al igual que su padre. Cabe destacar que Aristóteles era hijo de Nicómaco, médico del rey Amintas III de Macedonia, padre de Filipo y, por lo tanto, abuelo de Alejandro Magno. El rey Filipo II y Aristóteles se conocían desde niños, pues ambos vivieron en la corte del reino macedonio, en Pella, la capital.

Tras el asesinato del rey, su hijo de veinte años lo sucedió en el trono, pasando a la historia como Alejandro Magno (356 a. C. – 323 a. C.).

A poco de hacerse cargo del reino, en 335 a.C., la ciudad griega de Tebas se sublevó al considerar que el joven rey no podría mantener las conquistas logradas por su padre. Además de ello, Alejandro recibió en herencia la guerra contra los persas.

Antes de dirigirse contra los persas quiso enviar un mensaje a los griegos, por lo que conquistó Tebas y la destruyó completamente, dejando solo en pie los templos y la casa del gran poeta Píndaro (518 a. C. – 438 a. C.).

Un año después, en 334 a.C. Alejandro inició la campaña contra Persia con un ejército formado por macedonios y griegos. Cruzó el Helesponto y tras las victorias en las batallas de Gránico (mayo del mismo año) y de Issos (noviembre de 333 a.C.), en 332 a. C. conquistó Tiro, sometió a Siria y marchó a Egipto, donde fundó la ciudad de Alejandría (331 a.C.).

Luego, emprendió una marcha más larga, bordeando los desiertos de la Mesopotamia, por caminos en los que sus tropas podían encontrar alimentos, pastos y agua. Poco antes de la batalla decisiva, la batalla de Gaugamela, Alejandro recibió un ofrecimiento de paz del rey Darío III, pero lo rechazó y se preparó para la confrontación que puso fin al imperio persa y que abrió el camino a un vasto imperio dominado por Alejandro Magno. Esta etapa de la historia antigua se la conoce como período helenístico o alejandrino.

Por aquellos años ya se conocía la actividad de los espías, la cual Alejandro tuvo muy en cuenta en su enfrentamiento final contra los persas. Cabe recordar que el imperio persa utilizaba, por lo menos desde el siglo V a.C., los servicios de redes de espías. Ciro II el Grande (600–530) dividió su dominio en 20 provincias o satrapías, dirigidas por un gobernador o sátrapa, responsable de la recaudación de los impuestos y de ejercer el control sobre los pueblos que habitaban la región bajo su jurisdicción. Darío I (550–485 a.C.) incrementó las satrapías a 23. La mencionada red de espías —conocida como “los ojos y oídos del rey”— alertaban al monarca ante cualquier posible sublevación y controlaba a los sátrapas.

En vísperas de la batalla de Gaugamela (Tell Gomel, a unos 35 kilómetros al noroeste de Mosul, norte de Asiria), el 1º de octubre de 331, Alejandro Magno se estableció a unos cinco kilómetros de las tropas persas. A sabiendas de la existencia de espías entre sus tropas, hizo correr el rumor de que llevaría a cabo el ataque esa misma noche. Esta información se trasmitió a las fuerzas persas, que recibieron la orden de mantenerse atentas a la espera de los macedonios, pero, en cambio, Alejandro ordenó a sus soldados que descansaran y procedió a atacar en la mañana siguiente aprovechando el cansancio de los persas. La capacidad militar y estratégica, así como la astucia del rey macedonio, fue absolutamente demostrada en la batalla de Gaugamela. Si bien los términos que utilizamos en Inteligencia no eran usados en esa época, ello no nos impide apreciar que Alejandro Magno no solo utilizó la contrainteligencia sino que echó mano de otra herramienta de la inteligencia: la desinformación.

 

* Licenciado en Historia (UBA). Doctor en Relaciones Internacionales (AIU, Estados Unidos). Director de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG). Autor del libro “Inteligencia y Relaciones Internacionales. Un vínculo antiguo y su revalorización actual para la toma de decisiones”, Buenos Aires: Editorial Almaluz, 2019.

©2021-saeeg®

IRÁN-ISRAEL: ¿PUEDE EL CONFLICTO DE BAJA INTENSIDAD CONVERTIRSE EN UNA GUERRA ABIERTA? LAS IMPLICACIONES Y CONSECUENCIAS DEL ASESINATO DEL JEFE DEL PROYECTO NUCLEAR IRANÍ

Giancarlo Elia Valori*

El científico nuclear de Irán Mohsen Fakhrizadeh

El viernes 27 de noviembre, en la autopista de la ciudad de Absard a Teherán, el coche blindado que transportaba al Jefe del programa nuclear de Irán, Moshem Fakhzarideh, fue emboscado. El científico fue asesinado, probablemente junto con sus guardaespaldas. La noticia del incidente sigue siendo confusa.

La agencia de noticias iraní Farsi News incluso ha hablado sobre el uso por parte de los atacantes de una especie de “ametralladora robot” colocada en una camioneta al lado de la autopista y aparentemente controlada remotamente.

Una noticia evocadora y probablemente fantasiosa útil para trazar un velo misericordioso sobre la nueva debacle de los servicios de seguridad iraníes que, una vez más, no han logrado garantizar la seguridad de sus científicos. La única noticia segura es que Fakhzarideh murió en un ataque que corre el riesgo de dañar significativamente el programa nuclear de Irán.

El científico vivió una vida tan aislada y secreta que ni siquiera su edad es conocida por todos.

Según los técnicos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) —la Organización de las Naciones Unidas que supervisa los controles internacionales sobre la proliferación nuclear— hasta su muerte, Fakhzarideh dirigía los proyectos más secretos destinados al enriquecimiento de uranio, la producción de explosivos de alto potencial y, sobre todo, la construcción de ojivas de misiles capaces de transportar material fisionable.

A pesar de su vida separada en las sombras, en 2011 el OIEA lo identificó como el Jefe del programa AMAD, un plan a largo plazo organizado por el régimen del ayatolá hace veinte años, con el objetivo de convertir a Irán en una potencia nuclear de pleno derecho.

Israel lo había identificado mucho antes que los técnicos de la ONU: en mayo de 2003, el subdirector del Mossad, Tamir Pardo, esbozó a su Director, Meir Dagan, y a los directores operativos del Servicio Secreto de Israel, un programa secreto para detener el plan AMAD, un programa que fue el resultado de cuatro meses de espionaje en Irán, destinado a frustrar los proyectos nucleares de Irán.

Según fuentes israelíes, Pardo esbozó su propuesta estratégica de una manera sencilla: «En esta situación, Israel tiene tres opciones: en primer lugar, conquistar Irán; en segundo lugar, organizar un cambio de régimen en Irán; en tercer lugar, convencer a los políticos iraníes de que el precio que pagarán por continuar el programa nuclear será tan alto que será mejor para ellos detenerlo».

Dado que tanto la primera como la segunda opción eran claramente poco realistas, el gobierno israelí comenzó una «guerra de baja intensidad» contra el régimen ayatolá diseñado para hacer que la tercera opción se materializara. Junto con las medidas políticas y diplomáticas destinadas a lograr el aislamiento internacional del régimen iraní, Israel encomendó al Mossad la tarea de apoyar las actividades de las minorías iraníes (los kurdos) y de los grupos organizados opuestos al régimen (en primer lugar, los muyahidines El Kalkh, MEK), así como el inicio de planes para sabotear la producción de material fisionable y, sobre todo, autorizó la matanza selectiva y selectiva de figuras clave del programa AMAD, los principales científicos del proyecto nuclear.

El proyecto del Mossad fue compartido con los Estados Unidos, que acordaron asumir tanto la parte diplomática como política del programa y una gran parte de la financiación de los grupos de oposición dentro del régimen iraní.

Además, la CIA y el Mossad planearon conjuntamente una amplia gama de ciberataques diseñados para sabotear el enriquecimiento y la producción de plutonio iraní. Se lanzó una operación conjunta llamada “Juegos Olímpicos”, que condujo al “sabotaje cibernético” de los sistemas informatizados de las instalaciones nucleares iraníes con virus, como el famoso Stuxnet, que en 2009 condujo a la parada de todas las centrifugadoras utilizadas para el enriquecimiento de uranio.

Al mismo tiempo, Israel elaboró una lista de 15 figuras clave en el programa AMAD que se eliminarán. Estados Unidos se mantuvo al margen de los planes de atacar a científicos iraníes porque la CIA de Obama temía estar involucrada en operaciones claramente ilegales.

Sin embargo, como admitió el entonces Director de la CIA, Michael Hayden, la eliminación de los técnicos podría ser una herramienta esencial para frustrar las ambiciones nucleares de Irán.

Durante la primera reunión del Consejo de Seguridad Nacional en enero de 2009, en presencia del recién elegido presidente Obama, Hayden dijo lo siguiente sobre el material fisionable almacenado en los laboratorios de Natanz: “El problema no es cuánto material fisionable se almacena en Natanz. No hay electrones ni neutrones en Natanz que puedan convertirse en una bomba nuclear. Lo que están construyendo en Natanz es conocimiento. Cuando los iraníes tengan suficiente conocimiento, irán a otro lugar para enriquecer uranio. Ese conocimiento, señor Presidente, se almacena en el cerebro de los científicos”.

Aunque Estados Unidos se mantuvo alejado de los asesinatos selectivos de técnicos iraníes, el Mossad no se quedó de brazos cruzados.

El 14 de enero de 2007, el físico nuclear Ardeshir Hosseinpour murió de intoxicación por gas radiactivo.

El 12 de enero de 2010, el Dr. Masoud Alimohammad, un destacado miembro del equipo científico del proyecto AMAD, murió por la explosión de una motocicleta con explosivo estacionada cerca de su automóvil.

El 29 de noviembre de 2010 le tocó el turno al Dr. Majid Shahriari, quien fue asesinado por un coche bomba con “explosivos magnetizados” que dos motociclistas habían adherido a su Peugeot, detonándolo a distancia. Ese mismo día otro científico escapó de la muerte, junto con su esposa, ya que lograron salir del auto antes de la explosión.

En julio de 2011, el Dr. Darioush Rezainejad, miembro de la Organización de Energía Atómica de Irán, fue asesinado a tiros por un pistolero que viajaba en motocicleta frente a su casa. El 12 de enero de 2012 corrió la misma suerte el químico, Mostafa Ahmadi Roshani, quien trabajaba en las instalaciones de Natanz.

Esta serie aparentemente imparable e implacable de asesinatos dirigidos tuvo varios efectos en la comunidad científica iraní y los políticos de Irán.

Por un lado, como admitió el propio Fakhzarideh, la última y probablemente más ilustre víctima de la longa manus de Israel, hizo de la vida de los científicos iraníes un verdadero “infierno viviente”. Bajo la escolta obsesiva de los servicios de protección las 24 horas y sin una vida social, lo que al principio parecía un cursus honorum se convirtió en un círculo infernal.

Por otro lado, la sensación de ser el objetivo de una penetración de espionaje imparable desde el exterior hizo que los servicios de seguridad iraníes sospecharan, limitando con la paranoia, obligándolos a sofocar medidas de control interno que a menudo paralizaron su acción.

Además, como admitió el director del Mossad, Meir Dagan, durante una rara conferencia pública, los asesinatos causaron una “Defección Blanca” en Irán, una fuga constante de científicos que pidieron dejar la investigación nuclear para ocuparse de otras tareas.

La guerra de “baja intensidad” declarada informalmente por Israel sobre Irán en 2003 ha tenido sus resultados.

La comunidad internacional ha impuesto sanciones económicas y comerciales a Irán, que han causado el colapso de su economía. En 2015, Irán aceptó el “acuerdo nuclear” propuesto por las Naciones Unidas y firmó un acuerdo de no proliferación garantizado por Alemania, Francia, Rusia y Estados Unidos.

El presidente Trump se retiró del acuerdo en 2018 para protestar contra el creciente activismo de Irán en Yemen y Siria en oposición a Arabia Saudí, un aliado estratégico de Estados Unidos en todo el Medio Oriente.

Durante la campaña electoral, el presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, declaró repetidamente que bajo su administración Estados Unidos se sentaría en la mesa de negociación “Nuclear Deal”, ya que está convencido de que puede dirigir a Irán de nuevo por el “camino correcto» de la no proliferación nuclear.

Probablemente, ante esta perspectiva, Israel quería enviar una señal a Irán con el asesinato del jefe de su equipo de científicos nucleares el 27 de noviembre pasado. Aunque Israel ha perdido el apoyo proactivo de Donald Trump después de su derrota en las elecciones presidenciales, la vigilancia y supervisión sobre Irán sigue siendo alta y lo seguirá siendo hasta que Irán renuncie definitivamente a su sueño de convertirse en una potencia nuclear capaz de dictar la ley con persuasión nuclear sobre el Golfo Pérsico y todo el Medio Oriente.

En esta estrategia, Israel cuenta con el apoyo cada vez más evidente y proactivo de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, como parte de nuevos eslabones de una cadena de alianzas regionales que deberían convencer a Irán de buscar una forma de compromiso político con sus homólogos en sus fronteras y abandonar sus diseños hegemónicos de los últimos años. Probablemente, en lugar de estimular represalias y represalias, el asesinato de Fakhrizadeh podría paradójicamente acercar un compromiso político.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

©2020-saeeg®

 

ANNO DOMINI 2020: NO SOLO COVID 19

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de Markus Winkler en Pixabay 

En poco menos de dos semanas, el annus horribilis 2020 (¡finalmente!) llegará a su fin. Un año que ha visto a todo el mundo devastado por una pandemia de gripe que ha causado no sólo cientos de miles de víctimas en todo el mundo, sino también efectos económicos desastrosos cuyas consecuencias pesarán no sólo para todos nosotros, sino también sobre nuestros hijos y nietos.

También debido a una campaña masiva en los medios de comunicación mundiales, la atención del público de todo el mundo se ha centrado en Covid 19 y el desastre de la salud que ha afectado no sólo a los países menos adelantados, sino también a las naciones más ricas y avanzadas, empezando por los Estados Unidos, que ha registrado tasas de mortalidad más altas que Brasil.

Sin embargo, si bien la pandemia ha llegado a los titulares y ha sido el tema principal reportado en todas las noticias de televisión durante casi un año, 2020 deja muchos expedientes muy sensibles abiertos a los debates sobre relaciones internacionales. Si bien no se analizan y abordan con racionalidad y pragmatismo, estos expedientes podrían tener consecuencias importantes en los equilibrios geopolíticos de las regiones más delicadas del mundo.

Debido a su proximidad geográfica al Viejo Continente, el expediente más reciente e importante son convulsas y turbulentas relaciones entre la Unión Europea y Turquía.

El activismo a menudo sin escrúpulos y agresivo del presidente Erdogan, desde la cuenca mediterránea hasta Libia y desde Siria hasta Nagorno Karabaj, ha llevado a Turquía a hacer más enemigos de los que la sabiduría debería sugerir.

La represión de las libertades civiles impuesta por el presidente Erdogan a su propio país después del golpe fallido “extraño” en 2016 —una represión que en noviembre pasado vio a más de 300 presuntos opositores al régimen (periodistas, abogados, militares, jueces, empresarios) ser condenados a cadena perpetua— ha creado más distancia con sus socios de la OTAN. También ha causado una reacción muy tímida —por el momento— de la diplomacia de la UE que, aunque distraída por las difíciles negociaciones del Brexit, ha logrado poner en el orden del día de la Reunión de Jefes de Estado y de Gobierno, celebrada los días 10 y 11 de diciembre, la cuestión de las posibles sanciones contra Turquía por violaciones de derechos humanos y comportamientos “inapropiados” de las fuerzas armadas turcas, cuyos buques patrullan sin ser molestados las aguas de Chipre y cuyas aeronaves violan sistemáticamente el espacio aéreo griego en el mar Egeo oriental.

La canciller Merkel ha utilizado inteligente y hábilmente la discusión sobre el historial de Turquía en materia de derechos humanos y las posibles sanciones para “advertir” a Polonia y Hungría y hacerles aceptar el Plan de Recuperación, después de que sus líderes amenazaran con sabotear el plan de apoyo a las economías europeas golpeadas por la pandemia. .

Se supone que las amenazas actuales de sanciones contra Turquía entrarán en vigor el próximo mes de marzo, pero el frío racionalismo de la canciller alemana podría evitar una ruptura completa de la UE con el gobierno turco.

Alemania tiene intereses “especiales” con respecto a Turquía: no sólo acoge a una enorme comunidad de inmigrantes turcos (más de 4 millones de personas) en su territorio, sino que es el primer socio comercial de Turquía y su principal proveedor de equipo militar (basta decir que los buques turcos que patrullan el Mediterráneo —provocando protestas de Grecia— son todas hechos en Alemania).

Italia también tiene fuertes intercambios comerciales con Turquía, a la que suministra grandes cantidades de municiones.

Frente a los halcones que desean una actitud más dura hacia Erdogan, a saber, Francia, Chipre, Grecia, Eslovaquia, Eslovenia y Austria, hay países más complacientes alineados con las posiciones “blandas” de Alemania, empezando por España y Malta, así como con Hungría e Italia.

La amenaza de las próximas sanciones contra Turquía —que ya ha sido castigada por Donald Trump por haber comprado sistemas de defensa antiaéreos S-400 a Rusia— podría en cualquier caso llevar al presidente Erdogan a ser más suave y seguir comportamientos más responsables, frente al peligro real de haber intentado jugar en demasiadas mesas de una manera aventurera y oportunista.

Además, sólo las negociaciones podrán reconocer ciertas razones turcas, que han sido eclipsadas por los comportamientos de su Presidente.

Como declaró el Embajador Carlo Marsili, ex Jefe de nuestra Representación en Turquía de 2004 a 2010, en una entrevista con ‘Formiche.net’, “la Unión Europea debería considerar la necesidad de no cerrar el diálogo sobre el proceso de adhesión de Turquía… Europa debe a Turquía una deuda de gratitud por haber bloqueado la apertura de los principales capítulos políticos de las negociaciones de adhesión con pretextos inverosímiles”.

Según el Embajador, debería adoptarse un enfoque de realpolitik similar a la espinosa cuestión de la plataforma continental turca realmente “ocupada” por las islas griegas que están cerca de la costa turca. El Embajador Marsili declaró: “Turquía tiene razón al negarse a aceptar lo que Francia, Grecia y Chipre quisieran imponer sobre las aguas territoriales y la zona económica exclusiva. Su medición debe partir de la plataforma continental y no de las islas griegas, a fin de evitar que un país con 1.700 kilómetros de costa como Turquía vea su acceso al mar prácticamente bloqueado. Esto no se trata de Erdogan; ningún gobierno turco podría aceptar la situación actual».

Las palabras del Embajador nos hacen reflexionar y sugerir que leamos entre líneas el expediente Europa-Turquía con un acercamiento más cercano al de Alemania que al de Francia.

Además, desde hace algunas semanas Turquía también parece haber suavizado el tono de una política exterior excesivamente agresiva y a menudo contraproducente, hasta el punto de haber reanudado cautelosamente las relaciones con Israel.

Cabe recordar que Turquía fue el primer país musulmán, y durante muchos años el único, en reconocer al Estado de Israel, con el que ha mantenido relaciones diplomáticas desde 1949.

Las relaciones se deterioraron cuando en 2010 Erdogan (¡él otra vez!) envió una flotilla de barcos mercantes frente a las costas de Gaza en un intento de suministrar armas y alimentos al enclave palestino aislado por un bloqueo israelí. El intento resultó en un asalto de las fuerzas especiales israelíes contra el buque turco Mavi Marmara, que costó la vida de 10 ¡pasajeros” de un barco, incluidos los guerrilleros de Hamas traídos de vuelta a Gaza para reanudar la lucha contra la ocupación israelí.

Después de un intento parcial de reanudar el diálogo entre Israel y Turquía, las relaciones diplomáticas se rompieron de nuevo en 2018 durante otro enfrentamiento entre las fuerzas armadas israelíes y las milicias palestinas en la frontera de Gaza.

Ahora la situación está mejorando nuevamente: el 14 de diciembre fue asignado un nuevo Embajador turco en Israel.

Es Ufuk Ulutas de cuarenta años, un diplomático proactivo y dinámico que estudió ciencias políticas en la Universidad Hebrea de Jerusalén y habla hebreo con fluidez. Se le considera la persona más adecuada para armar los hilos de un diálogo muy importante para los equilibrios de Medio Oriente. Un diálogo que parece haber comenzado también a nivel de servicio de inteligencia.

Según ‘Al Monitor’, un sitio web geopolítico que está muy bien informado sobre lo que sucede entre bastidores en Oriente Medio, en la última semana de noviembre confiables fuentes gubernamentales turcas informaron que el Jefe del “Servicio Nacional de Inteligencia” turco (MIT) inició contactos altamente confidenciales con el Mossad israelí.

En las conversaciones secretas, Turquía fue supuestamente representada por Hakan Fidan, ya utilizado por el MIT para la “back bench diplomacy” con Israel, con el objetivo de discutir “intereses comunes” sobre “cuestiones de seguridad en Libia y Siria…”.

Es probable que Turquía se haya visto inducida a reanudar el diálogo con Israel para mejorar el legado de la Presidencia Trump en los equilibrios de Medio Oriente: hasta hace unos meses los únicos Estados árabes que reconocieron a Israel con los que tenían relaciones diplomáticas, eran Egipto y el Reino de Jordania. Con una serie de movimientos diplomáticos exitosos, Donald Trump, bajo la mirada benévola de Arabia Saudí, logró hacer que Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos y Sudán reconocieron a Israel. Fue un éxito estratégico sin precedentes.

Israel ya no está rodeado por un mar de enemistades árabes, sino que está comenzando a normalizar sus relaciones con los peones más importantes del tablero de ajedrez de Medio Oriente, con innegables potenciales repercusiones positivas (aunque no en el futuro inmediato) sobre el roto diálogo con la Autoridad Palestina que, privada de ciertos patrocinadores fundamentales del frente árabe, probablemente se verá obligada no solo a reconocer la existencia del Estado de Israel, hasta ahora definido como “entidad judía” en sus documentos, sino también a comprometerse con la búsqueda realista de la solución de los dos Estados, ya prevista también por el Plan de Partición de la ONU para Palestina de 1947, una partición que los palestinos, reforzados por un apoyo árabe que ahora comienza a menguar, nunca han aceptado plenamente.

Siguiendo los pasos de las naciones árabes que han abierto relaciones diplomáticas con Israel, Marruecos —gobernado por un descendiente directo del Profeta— también ha decidido iniciar un diálogo formal con Israel. Esta medida también ha sido alentada por una iniciativa de la Administración de Trump en las últimas semanas. Parece, de hecho, que el rey Mohammed VI ha decidido reconocer la existencia del Estado de Israel, después de que Estados Unidos —a su vez— reconociera la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, una zona en la frontera con Mauritania que ha sido objeto de disputas, incluidos enfrentamientos armados, durante más de treinta años.

Este es un paso importante, también porque proviene de un país, Marruecos, que siempre ha protegido la vida y los derechos de su comunidad judía, hasta el punto de que uno de los asesores más respetados del Rey es el Dr. Azoulai, un eminente descendiente de una rica dinastía de empresarios judíos marroquíes.

Europa, Turquía, Israel, el mundo árabe. Estos y muchos otros expedientes serán tratados al final de este annus horribilis. Un año al final del cual nos gustaría ver al menos un intento efectivo de resolver un expediente totalmente italiano, que parece estar eclipsado por las noticias pandémicas: el asunto de los 13 pescadores de Mazara del Vallo, secuestrados y encarcelados durante más de tres meses por las milicias del señor de la guerra libio Khalifa Haftar, sin ninguna iniciativa italiana visible y eficaz para traerlos de vuelta a casa.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

©2020-saeeg®