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DE DUEÑO DE ARGENTINA A COLABORADOR DE LA POLITICA EN MALVINAS

César Augusto Lerena*

El empresario Eduardo Elsztain, conocido popularmente como “el dueño de la Argentina” justificó su participación como accionista en 2005 en la Falkland Islands Company (FIC), la más importante compañía de Malvinas, con gran participación en la política, la economía y la planificación en las Malvinas y, una fuerte opositora a la restitución de la soberanía de las Islas a la Argentina.

Para argumentar su intervención societaria Elsztain adujo que «coincidiendo con las estratégica de la diplomacia argentina desde hace décadas invirtió en las Falkands Island para ayudar en el reclamo de soberanía»; para ello, tuvo en cuenta, dice en su carta abierta publicada en La Nación el pasado 6 de septiembre, los dichos de su abuelo Isaac de que «si Argentina se hubiera involucrado económicamente en la vida de las Islas Malvinas durante todo el siglo XX, probablemente hubiéramos evitado la guerra»; entendiendo este empresario, que «estrechar los lazos sociales, económicos, culturales y productivos con Malvinas a través de una empresa argentina podía ayudar en el reclamo de soberanía». El propio Elsztain quien califica a las FIC como «una compañía de enorme relevancia estratégica y económica en las Islas Malvinas», dejando claro en su nota, que «la causa Malvinas es muy importante para todos los argentinos».

Conoce entonces este avezado empresario ambos extremos que lo deberían haber llevado a actuar con mayor cautela en “este negocio” y salvo que hubiese sido inducido por algún funcionario gubernamental, las políticas de Estado de una Nación no pueden ser ejecutadas desde el interés o la iniciativa individual; más aún cuando esta política de Estado está explicitada en la Disposición Transitoria Primera de la Constitución.

El daño que a la soberanía territorial, biológica, económica, social y alimentaria le han producido a la Argentina las políticas empresarias de las Falklands Island Company (FIC) son inconmensurables y, el Sr. Eduardo Elsztain, aun siendo un socio minoritario de esa compañía, no lo hemos escuchado hasta la fecha ―incluso en este reciente descargo― crítica alguna a las FIC y, por cierto tampoco, a la invasión británica de Malvinas y la apropiación de los recursos pesqueros en las aguas argentinas y el inicio de las explotaciones petroleras en la plataforma continental argentina.

Antes de avanzar sobre algunas particularidades de las FIC es interesar aclarar lo que manifiesta Elsztain respecto a que el General Juan Domingo Perón habría intentado hacer lo mismo que él. No hay documento oficial público que demuestre esta temeraria afirmación. Perón nunca intentó comprar las Falklands Island Company, sino que su gobierno ofreció comprar las islas Malvinas al Estado británico. Fue una gestión oficial del gobierno efectuada el 5 de junio de 1953, no una operación societaria personal del presidente. Por la información que disponemos la reunión del Presidente del Senado Almirante Alberto Teisaire con el Subsecretario del Foreign Office para América Latina Lord Reading, se realizó en una Suite del Park Lane Hotel de Londres, aprovechando su condición de enviado especial a la coronación de Isabel II que se había realizado el 2 de junio de 1953, estando presente el Consejero de la Embajada Argentina en Londres, Bengolea, y el funcionario inglés Barclay que tomó nota (Documento: minuta del Foreign Office Anglo-Argentine Relations. Record of Conversation with Admiral Teisaire…FO A1051/9, 8 de junio de 1953, The National Archives (Kew); desclasificado el 1/1/1984 y publicado por El País, The New York Times, UPI y Reuters. upi.com

El 11 de junio de 1974 habría ocurrido lo inverso: el gobierno de Wilson le acercó a Perón un non-paper de condominio/soberanía compartida, pero el General Perón murió el 1° de julio de 1974, unas tres semanas después del primer contacto y esas negociaciones se desactivaron.

Respecto a la oferta del industrial metalúrgico César Cao Saravia, la afirmación de Elsztain está muy alejada de la realidad. Cao Saravia, además de haber participado activamente en un trascendente evento de reafirmación de la soberanía argentina en Malvinas (Operación Condor), no tuvo intención alguna de adquirir la FIC, sino que solicitó un permiso al Reino Unido ―que fue denegado― para instalar un pequeño taller metalúrgico ―su especialidad― en Malvinas, como forma de “hacer un pie argentino en las islas” (PCS).

Como vemos, tanto Perón con Cao Saravia, no compraron acciones de la empresa privada de Malvinas que más daño le ha hecho a la Argentina, sino que ambos, a su modo, posibilidades y capacidades, pretendieron recuperar o reafirmar la soberanía sobre ese pedazo del territorio nacional usurpado por los británicos. Sería interesante conocer cuáles han sido las utilidades que a Elsztain le han deparado las acciones de Falklands Island Company de nuestro territorio insular y marítimo. Es el único argentino que ha recibido beneficios de las Malvinas, el resto de los nacionales, entienden, que las Malvinas como al “unicornio azul”, son nuestras y las queremos.

La FIC no es un terrenito en Malvinas, ni una industria o comercio más, es la empresa más importante en Malvinas en la generación de empleo privado, en la capacidad política y económica en las islas.

En una información reciente la FIC declara tener unos 200 empleados en Puerto Argentino (Stanley), mientras que las empresas pesqueras que operan en Malvinas tienen plantillas pequeñas y gran parte de la tripulación está en los barcos y no reside de forma permanente en las islas. Si bien las pesqueras generan el 58,3 % del PBI, estas empresas dependen de los servicios de agencia, comercio, transporte y alojamiento que le prestan la FIC.

La FIC es un actor comercial relevante. En la actualidad esta empresa no gestiona las principales decisiones de Malvinas ―cosa que hizo durante muchísimos años definiendo la planificación estratégica y las decisiones sobre la soberanía― y ya no es el “gobierno de la compañía”, aunque lo hace en forma indirecta a través de las empresas pesqueras y sigue siendo un interlocutor económico habitual, ya que sigue siendo la principal empresa diversificada de los servicios, el comercio y del trabajo privado, cuestión no menor a la hora de influir en las decisiones públicas de las islas.

Tuvo un rol protagónico en la cuestión de la soberanía y entre 1968 y 1982 fue uno de los principales opositores a la transferencia a Argentina de la soberanía e integró el llamado “Falkland Lobby” representando a accionistas y terratenientes ligados a las FIC, t.co presionando al Parlamento inglés, la prensa y el Foreign Office y fue central a la decisión británica de establecer la estrategia de que “no haya diálogo de soberanía mientras los habitantes no lo quieran”. Cabe aclara que la “autodeterminación de los pueblos” fue descartada por las Naciones Unidas en las Resoluciones 1515 (XV) y 2065 (XX). La FIC organizó y financió también las políticas en contra de la cooperación e integración (comunicación, combustibles, vuelos, etc.) con Argentina; es decir, el empresario Eduardo Elsztain, si bien puede ser un comprador intuitivo, no pudo desconocer estos antecedentes de las FIC a la hora de hacerse de acciones de esa compañía.

En la actualidad, las FIC son un símbolo histórico de la presencia británica en las islas y aun confiando en la defensa del Reino Unido de las islas, considera al reclamo argentino como de alto riesgo político. La FIC “tuvo mucho que ver en el frenado de los acuerdos de soberanía y en moldear el modelo colonial-económico”.

La Falkland Islands Company (FIC) fue fundada en 1851 y recibió Carta Real de la Reina Victoria el 10 de enero de 1852.

En 1997 la Anglo United distribuyó acciones de Falkland Islands Holdings plc (luego FIH Group plc). Hoy se dedica a Agencia de buques pesqueros y cruceros; transporte, flete y logística, propiedades (alquiler y venta), venta y alquiler de vehículos 4×4, construcción y viviendas, incluso un importante contrato para el gobierno y el Ministerio de Defensa; seguros, turismo y viajes (reservas de vuelos, traslado, venta minorista y mayorista (alimentos, etc.). Tuvo inversiones en exploración de petróleo y minerales en las islas (FOGL y FGML). Recientemente ha vendido otras filiales británicas (ferry de Portsmouth para concentrarse en las operaciones de las islas).

Si bien la FIC no explota en forma directa el negocio pesquero (apropiarse ilegalmente de los recursos pesqueros argentinos en Malvinas), como lo había hecho en sus inicios, en la actualidad su rol es imprescindible para hacerlo, ya que como agencia pesquera presta servicios de agencia a buques pesqueros, compra y retiro de licencias ante el gobierno, representación de tripulación, evacuaciones médicas, traducción (relevante en las flotas extranjeras), traslado de equipajes, transporte, representación, logística, provisión de víveres, seguros; mantenimiento y apoyo en puerto. También alquila propiedades a representantes de agencias pesqueras.

Es decir, participa de forma indirecta en el sector pesquero como prestadora de servicios imprescindibles. Para ponderar ello, hay que tener en cuenta, que como agencia de servicios para la flota pesquera extranjera es muy importante, porque en un territorio aislado y con un régimen de licencias muy particular, esa función convierte a la empresa en el puente práctico y legal entre los buques foráneos y las islas, ya que en el sistema pesquero las empresas extranjeras no operan directamente, las licencias se solicitan a través de compañías registradas en las islas que actúan como agentes o socios locales y la data normativa exige que todo buque extranjero con licencia tenga un agente en Puerto Argentino (Stanley).

Ese agente es el destinatario legal de notificaciones, trámites y responsabilidades ante el gobierno isleño y la FIC ofrece cobertura las 24 horas del día a flotas que pueden estar meses lejos de sus puertos de origen, entre otros servicios de tramitación y cobro de licencias, logística, abastecimiento de víveres y combustibles, tramitación y cobro de licencias, repatriación de tripulantes y evacuaciones médicas, alojamiento, transporte y traslados, gestión de escalas, mantenimiento y servicios portuarios, representación administrativa ante autoridades. Es decir, un buque extranjero pesca ilegalmente en Malvinas pero el operador local (FIC) hace posible que esos barcos pesquen.

Y es muy importante porque hay una dependencia absoluta del aislamiento, sin puertos cercanos ni infraestructura; controla el abastecimiento, las gestiones y el contacto con tierra y el acceso de la flota. En síntesis, la FIC, por su carácter de agencia de servicios la sitúa en el punto de contacto imprescindible entre el capital pesquero extranjero y en un territorio pequeño, remoto y dependiente de esa actividad; su rol es relevante.

Desde que Eduardo Elsztain adquirió acciones en las Falkland Islands Company, subsidiaria de FIH group plc., los ingresos de la compañía fueron del orden de los 365 millones de libras esterlinas. El crecimiento más notable se produjo a partir de 2011-2015 por mayor actividad ligada a la exploración petrolera y en 2020 por el aumento de la construcción de viviendas. ¿Cuánto le correspondió de las utilidades al accionista Elsztain?

¿Le alcanzan al accionista Elsztain las limitaciones previstas en las Leyes 24.922 y 26.386? Entendemos que sí y el gobierno deberá actuar en consecuencia, como debe hacerlo con las empresas que tienen vínculos con la actividad pesquera y petrolera en Malvinas y se encuentran habilitadas para operar en el continente argentino.

 

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado. Presidente del Centro de Estudios para la Pesca Latinoamericana (CESPEL). cesarlerena.com.ar.

MALVINAS Y LA EXTRANJERIZACIÓN DE LA TIERRA

César Augusto Lerena*

Especial para Agenda Malvinas, agosto 9 de 2026

 

El actual gobierno argentino sigue al pie de la letra las nuevas tendencias de las grandes potencias imperialistas de apropiarse de la tierra y de los recursos de los países emergentes y endeudados; pero, equiparándose a cualquier país bananero, el gobierno nacional, utiliza el procedimiento de cederle tierras y recursos graciosamente.

Resulta increíble que luego de la sanción de las Resoluciones de las Naciones Unidas 1514, 2065 y 37/9 (04/11/1982) el hecho más relevante que visibilizó los derechos argentinos sobre Malvinas fue la exhibición el 15/07/2026 ante miles de millones de personas en el mundo y unos 30 millones de argentinos de un trapo blanco con el texto “Las Malvinas son argentinas” de los jugadores nacionales que derrotaron en la semifinal del Mundial de Futbol al seleccionado inglés. Ya no fue necesario ganar ese mundial; al contrario, hubiese actuado como cortina de humo para enmascarar el hecho popular sobresaliente de recuperar la dignidad nacional de defender nuestros derechos territoriales y recordarle al gobierno que “La Patria no se vende” como ocurriría días después. También desnudó la lamentable política —con excepciones— llevada por la Cancillería en estos años.

 Ya no será necesario dar alguna explicación de porqué los argentinos, necesitados de alegrías, corramos a juntarnos alrededor del Obelisco, dándole sentido a muchas interpretaciones simbólicas y culturales que consideran a éste un elemento fálico. Inglaterra perdió en el juego y también en sus falsos argumentos esgrimidos para justificar su invasión y la apropiación de territorios y recursos.

También perdió el gobierno argentino que viene desplegando una política de sumisión que será recordada como la que mayor daño ha hecho a la integridad territorial de Malvinas, del continente argentino y de debilitamiento del aparato productivo nacional. 

El rol de Pinedo y de los propios y ajenos que apoyan las políticas al gobierno

El 02/01/1833, cuando los ingleses invadieron las Malvinas, el Tte. Cnel. de la Armada argentina José María Pinedo, gobernador y comandante en Malvinas, evaluó la inferioridad de las fuerzas propias respecto a las inglesas y no ofreció resistencia alguna, arrió la bandera y dos días después, “se tomó el buque”. ¿Quién recuerda el lamentable rol de Pinedo? Un siglo y medio después, el 23/03/1976, el entonces secretario general de la CGT Casildo Herreras, cuando se le preguntó, en su huida a Montevideo, qué pasaba en Buenos Aires contestó: “Ah, no sé. Yo me borré”. Está claro, traidores siempre los hubo y hoy, los hay a montones.

Si nuestros generales, coroneles y soldados, por la inferioridad numérica hubiesen seguido el camino de Pinedo, San Martín perdedor en la Batalla de Cancha Rayada en marzo de 1818 no habría ganado días después la de “Maipú” en abril de 1818, dando paso a la independencia de Chile y la posterior libertad de Perú.  Artigas no hubiera peleado contra los españoles en “Las Piedras” contra los portugueses-brasileños y contra las fuerzas porteñas y centralistas del Directorio unitario de Buenos Aires. Belgrano no lo hubiese hecho contra las fuerzas realistas con el Ejército del Norte y tampoco el Gral. Martín Miguel de Güemes hubiese frenado con sus gauchos “infernales” a los ejércitos realistas. Del mismo modo, el Almirante Guillermo Brown no hubiese combatido en inferioridad de condiciones contra los españoles en Martín García, el Combate del Buceo y contra el imperio de Brasil en el Combate de Los Pozos; el de Quilmes y, de Juncal, donde destruyó la escuadra brasileña en el Río Uruguay.

Por cierto, no se hubiesen equiparado nuestros combatientes y caídos en Malvinas, a nuestros héroes nacionales de la Independencia, si no hubiesen peleado con el coraje y entrega que lo hicieron para defender en Malvinas nuestra bandera y la integridad territorial nacional.

Es probable que si no hubiese existido un fuerte rechazo a los personajes apátridas que niegan y no defienden los derechos argentinos sobre Malvinas (por ejemplo, la embajadora en Londres Mariana Plaza, una diplomática que “propone abandonar el reclamo de Malvinas” (Augusto Taglioni, La Políticaonline, 23/04/2025) esta Nación ya hubiese quedado reducida a una colonia. Aunque estamos muy cerca de serlo. Entre ellos, hay quienes favorecen con sus políticas y declaraciones (ya fueron citados muchas veces, entre ellos el propio presidente), la dominación política y económica de nuestros territorios y recursos.

El gobierno que ha emparentado sus políticas con las de Malvinas, ya no con la extranjerización de los archipiélagos y el mar argentino, sino con la extranjerización del continente todo. 

Las nuevas formas de apropiación territorial y de sus recursos

Si bien, todavía se siguen utilizando métodos bélicos para hacerse de territorios y recursos, hoy las potencias, con gran capacidad económica, tecnológica y comunicacional, bajo pretexto del liberalismo y promoviendo el libre mercado se apropian de tierras y de la riqueza natural de terceros países que se encuentran endeudados y con sus defensas bajas, produciendo en estos una paulatina y sostenida pérdida de soberanía. Aplican la metáfora de la rana hervida.

Grandes cambios territoriales ocurrieron en las guerras griegas/helenísticas; las romanas; las derivadas de la Primera Guerra Mundial con la creación de nuevos Estados; al igual que las pérdidas de territorio luego de la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, hay que recordar las Guerras napoleónicas, las de guerras de la independencia americana y el fin (¿?) de los imperios coloniales británicos, españoles, portugueses, franceses, etc., en América. También la independencia de nuevas repúblicas luego de la disolución de la URSS. Y, por cierto, los actuales conflictos de Irán, Israel-Palestina, Ucrania-Rusia, etc.

Sacando los millones de muertos que estás guerras dejaron y dejan, lo cierto es que las nuevas formas de dominación incruentas (¿?) se están apropiando de los bienes elementales de las naciones, provocando desocupación, pobreza, hambre, sumisión e indignidad en los pueblos, bajo pretexto de una hipótesis de bienestar general que nunca llegará. El gobierno actual argentino —a este efecto— actúa de Virrey; después podremos imaginar si el presidente está o no en su juicio, pero los objetivos extranjeros los cumple.  

Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada o de extranjerización de la tierra y el mar

Ya nos referimos en 2024 al proyecto del gobierno incluido en la “Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos” que, otorgaba libertad total a los buques extranjeros para pescar en la Zona Económica Exclusiva Argentina (César Lerena “El modelo de enajenar los bienes del Estado…”, 08/02/2024), un proyecto que de no haber recibido un masivo rechazo habría llevado a la quiebra a la industria pesquera nacional.

El proyecto de extranjerizar la tierra de Milei-Sturzenegger es idéntico a la existencia de extranjeros en Malvinas, ya que aumenta las áreas estratégicas de la República que pueden extranjerizarse; todo lo contrario, a los británicos, que impiden la radicación e inversión de argentinos en Malvinas. Ese lamentable proyecto, independientemente de aumentar el porcentual posible a extranjerizar, libera las zonas fronterizas y, además de ello, a todas aquellas áreas que tengan recursos acuíferos; petroleros, gasíferos; mineros; pesqueros, etc. Suena, literalmente, al cuento de “la gallina de los huevos de oro”. Una entrega total.

Las empresas extranjeras —que las hay con muy buenas y con valiosas intenciones— no vienen a la Argentina a administrarla, cuidar su soberanía y proveer de bienestar a sus ciudadanos; vienen a llevarse —legalmente, porque los gobiernos los autorizan— los recursos o a mejorar los resultados de sus sociedades. Suelen generar empleo y las obras necesarias para extraer y movilizar los recursos. En muchos de los casos, provocan pasivos ambientales e inexorablemente se irán cuando esos recursos se hayan agotado, como lo harían también las empresas argentinas, solo que a ningún gobierno se le ocurriría darle facilidades de todo tipo a las inversiones extranjeras mientras se desatiende a las empresas nacionales, con una carga altísima impositiva, liberación de todas las importaciones y altos costos internos de los servicios básicos.

Este gobierno trató de modificar la Ley 26.737 de Tierras que establecía un tope porcentual en manos extranjeras llevándola del 15% al 25% y ello alcanzaba incluso a los topes máximos por provincia o departamentos; eliminando el máximo de 1.000 hectáreas por titular extranjero y la prohibición de compra a extranjeros de tierras que tuviesen lagos, ríos, etc. Esta posibilidad podría incluir también la explotación extranjera de la Zona Económica Exclusiva y de hecho el gobierno ya ha autorizado la explotación de recursos petroleros hasta nuestros días, incluso violando la Ley Solanas (Ley 26.659). El agua es argentina.

La modificación de la Ley de Tierras podría dar lugar a que el Reino Unido se compre incluso por unas libras las Malvinas y las aguas que le dan sustento, diciéndole adiós a los reclamos económicos argentinos o, tal vez, comprarse la Provincia de Tierra del Fuego, cumpliendo con el proyecto que iniciara en 1863 el anglicano inglés Thomas Bridges. Ah… y el intermediario podría ser el diputado libertario y vendedor de tierras Joaquín Benegas Lynch. Total, todo es una cuestión de dinero y a los que se endeudan, como diría Milei, «nadie les pone una pistola en la cabeza. Es un acuerdo entre privados…».

Cuando el diputado de Buenos Aires Pedro Medrano propuso modificar el Juramento del Acta de Independencia, de modo tal de no limitarse solo a ser “independiente del Rey Fernando VII y, sus sucesores…” sino “…de toda dominación extranjera” ello estaba implícitamente destinado a la corona británica, que había pretendido invadir Buenos Aires en 1806 y 1807, una ciudad que, con 203 Km2, solo alcanza al 1,78% de la superficie de Malvinas, sin contar los 1.639.900 Km2 que ocupan y explotan los británicos en materia pesquera y petrolera. Un territorio equivalente a todas las Provincias argentinas, salvo Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires.

Nadie podría dar certeza respecto a la compra o no de territorios de la Patagonia por parte de empresas israelíes, como se ventila desde hace rato o, que cualquier otro Estado (incluso chinos, rusos o norteamericanos, europeos, etc.) a través de empresarios se hagan de territorios estratégicos argentinos.   

Otras medidas que atentan contra la soberanía nacional

Son muchísimas acciones las destinadas a desalentar la integración territorial de Argentina. Desde opiniones de importantes referentes políticos (diputados, senadores, miembros del PEN) que, a pesar de la Disposición Transitoria Primera de la Constitución, niegan o devalúan los derechos argentinos sobre Malvinas.

Nosotros observamos que las Provincias Unidas del Rio de la Plata firmaron en 1825 con la Corona Británica el Tratado de “Perpetua” Amistad, Comercio y Navegación y, arteramente, pocos años después —en 1833— invadía el territorio nacional de Malvinas. Pese a ello, hasta la fecha, se mantienen vigentes la Ley 24.184 de Protección y Promoción de las Inversiones Británicas y los Acuerdos de Madrid que otorgan privilegios al Reino Unido y limitan nuestra capacidad defensiva.

Por otra parte, el gobierno actual en marzo de 2024 acordó con el Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos para que éste realice “entre otras actividades no detalladas” tareas de mantenimiento de la red troncal Paraná-Paraguay y del Río de la Plata, cuyo manejo se está concesionando por 30 años a empresas extranjeras.

Es llamativa también la intervención del Puerto de Ushuaia bajo pretexto de una mala administración de un funcionario provincial, mientras el gobierno nacional discute proyectos de cooperación relativos a la defensa de la región con Estados Unidos y Gran Bretaña. Algo así, como acordar con el zorro el cuidado el gallinero.

No olvidamos tampoco, que los gobernadores de las provincias de Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego buscaron acordar con empresas del Estado chino o empresas españolas que pescan en Malvinas.

El RIGI, la exención de impuestos, los derechos de importación; estabilidad fiscal, aduanera y otros beneficios y, bajos salarios; destrucción del comercio, de la industria nacional y pérdida de empleo.

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) fue aprobado por la Ley de Bases (Ley 27.742) para atraer grandes inversiones -especialmente extranjeras- en sectores estratégicos con diversos beneficios que no alcanzan a las empresas nacionales, en una evidente política inequitativa.

Llevar políticas de mercado que no aplican las grandes potencias y subsidian sus producciones (caso la Unión Europea, por ejemplo) y colocan barreras arancelarias diferenciadas como Estados Unidos. En este marco las declaraciones del Ministro de Economía Toto Caputo “para todos los tarados que hablan de la industria” el pasado 5 de agosto en la Cámara de Agentes de la Bolsa de Comercio son elocuentes. 

El desmantelamiento del Estado y de la educación nacional

Para acompañar estas políticas se desmantelan o privatizan las principales empresas u organismos públicos. En especial aquellas relativas al uso del agua, la producción y distribución de energía y las comunicaciones, etc., AySA (Agua y Saneamientos Argentinos), Enarsa y Transener (Centrales térmicas y Energía Argentina); las Represas hidroeléctricas del Comahue, Nucleoeléctrica Argentina (NASA, centrales nucleares), Télam, Radio y Televisión Argentina incluidas en listas de privatización o transformación, ARSAT (satélites y telecomunicaciones), Intercargo (servicios aeroportuarios), Belgrano Cargas, Corredores Viales, SOFSE (Trenes Argentinos): sujetas a privatización o concesión; el Ramal fluvial Paraná-Paraguay, donde se transporta el 80% del comercio nacional adjudicado en concesión de largo plazo. El desfinanciamiento de la Universidad Pública y otras empresas donde la presión pública impidió privatizar como YPF y Aerolíneas Argentinas, etc. Una política de debilitamiento de la soberanía nacional. 

La política de Malvinas, la pretensión de extranjerizar la tierra y debilitar la industria nacional. Una política orquestada internacionalmente que el gobierno nacional ejecuta sin pudor para el poderdante.

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado. Presidente del Centro de Estudios para la Pesca Latinoamericana (CESPEL). cesarlerena.com.ar                               

EL MAR ARGENTINO NO ES UN BIEN GLOBAL COMÚN

Daniel Alberto Symcha*

La caquistocracia es, en el análisis y la crítica política, un concepto que se utiliza para designar sistemas políticos donde el poder es controlado por las personas menos cualificadas, menos aptas, corruptas o más inescrupulosas. La firma entre la Armada Argentina y el Comando Sur de los Estados Unidos para cooperación militar en el programa «Protección de los Bienes Comunes Globales» es un claro ejemplo del momento político de Argentina.

 

La República Argentina atraviesa una profunda crisis estructural, es decir, un conjunto de tensiones acumuladas entre modelos sociales, económicos, un sistema político debilitado y sin liderazgos en una estructura identitaria cultural sistemáticamente fragmentada lo que produce que sectores sociales vivan dentro de marcos simbólicos muy distintos consumiendo y construyendo relatos completamente opuestos sobre la realidad.

Este «magma de significaciones imaginarias sociales», tal como lo definía el sociólogo greco francés Cornelius Castoriadis, es el conjunto profundo de sentidos, valores, símbolos, ideas y representaciones que una sociedad crea y que le permiten darle significado al mundo, organizarse y entenderse a sí misma y elaborar estrategias para la supervivencia.

Ninguna sociedad funciona sólo por la economía, las finanzas, las leyes o instituciones racionales, es necesario un universo de significados compartidos que responda —explícita o implícitamente— preguntas como: ¿qué es lo valioso?, ¿qué es lo justo?, ¿qué es el progreso?, ¿qué merece respeto?, ¿qué es la familia?, ¿qué es la Nación?, ¿qué futuro deseamos?

Por ende, desde el punto de vista del dominio, el centro de gravedad de la sociedad, su núcleo de poder, equilibrio y voluntad va a residir en la cohesión, en ese magma de significaciones imaginarias sociales. En la teoría militar, el centro de gravedad representa el punto focal desde donde un actor direcciona su libertad de acción, fuerza física o moral por lo tanto el objetivo para un enemigo será operar sobre el centro de gravedad para destruirlo y hacer colapsar la resistencia, generar confusión y lograr los objetivos que se propone sobre nuestro territorio. De ahí la importancia de la Diplomacia Pública, las operaciones psicológicas y la guerra cognitiva.

Fuimos y necesitamos ser

Habiendo alcanzado un alto grado de organización social y habiéndose logrado un índice elevado en el concepto del «Estado de bienestar», durante los años 70 la impericia, la ambición y la traición de las clases dirigentes condujo a la República Argentina a una serie de crisis cada vez más profundas que desembocan, 50 años después, en una vulnerabilidad como Nación, nunca vista a lo largo de la historia.

La dirigencia política desde 1983 a la fecha se ha caracterizado por una profunda ceguera respecto de la posición de nuestro país en el tablero geopolítico y, por ende, una nula planificación estratégica que permita el desarrollo de las capacidades nacionales plenas y la defensa del interés superior de la Nación: la cohesión social que permite generar pertenencia a  una comunidad histórica y política común, en un territorio determinado y que creará las condiciones para el desarrollo de cada uno de sus miembros y por ende la grandeza de esa Nación.

La segmentación en la organización política, las operaciones de influencia en la formación de las clases dirigentes de nuestro país facilitaron la vulnerabilidad del nuestro centro de gravedad

Las hipótesis de conflicto

Por definición si existen 195 países reconocidos en el mundo, incluida la República Argentina, nuestro país automáticamente tiene 194 hipótesis de conflicto, es decir, potenciales escenarios de conflicto, confrontación, disputa. El poder político determinará, de acuerdo con los intereses de la Nación, si la hipótesis de conflicto es remota (Muy baja probabilidad), posible (Sin señales a la vista) o probable (Con señales a la vista). Por la potencial intensidad se clasificarán en: baja intensidad, mediana intensidad o alta intensidad y según los actores será de carácter estatal,  interestatal, transnacional o híbrida. Según el ámbito de desarrollo de la hipótesis se tendrá en cuenta si es territorial, económica, ideológica o política, tecnológica o cultural-cognitiva.

La construcción retórica y política del gobierno argentino y de los responsables de cada ámbito institucional no abreva en el pensamiento de Basil Liddell Hart, André Beaufre, Raymond Aron, Hans Morgenthau, Jorge Atencio o Juan Enrique Guglialmelli sino que adoptan un discurso y un hacer político que fragmenta la atención, emocionaliza el debate, transforma la política en espectáculo permanente y dificulta y/o evita los análisis complejos sobre la soberanía económica, la deuda externa, la política energética, los alineamientos geopolíticos, la situación de la industria nacional, la infraestructura, los recursos naturales o el sistema científico-tecnológico.

Sin cohesión no hay interpretación del pecado

La fragmentación del discurso es una herramienta común en la comunicación política que sirve para para modificar cómo una sociedad percibe la realidad, organiza su atención y construye sentido político de acuerdo con sus intereses. Significa romper una visión integrada de la realidad, la atención colectiva deja de concentrarse en procesos estructurales largos y pasa a reaccionar constantemente a una sucesión de impactos inmediatos. De esta manera si la agenda cambia todo el tiempo, la sociedad vive en presente permanente lo cual impide conectar los elementos que constituyen la sociedad, aparece como hechos separados, no como parte de un mismo proceso histórico o político.

Esto no es algo nuevo. Acerca de la estructura discursiva política han escrito entre otros Noam Chomsky, Pierre Bourdieu, Byung-Chul Han, Edward Bernays, Umberto Eco, Arturo Jauretche desde sus análisis sobre colonización cultural y sentido común y Guy Debord en su obra «La sociedad del espectáculo». Ya nuestro Rodolfo Walsh, al escribir sobre el Cordobazo afirmó: «Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas»[1].

Estamos hablando de la disputa por la memoria histórica, el control del relato y la importancia de transmitir experiencias colectivas, algo que presenta una característica única: un proceso sedimentario donde los sentidos, valores, narrativas y percepciones no aparecen de golpe: se van acumulando, estabilizando y naturalizando con el tiempo, las ideas terminan pareciendo naturales aunque sean construcciones históricas sobre formas de ver el mundo previamente instaladas mediante la acumulación histórica de discursos, símbolos y experiencias difundidas.

Palantir y cómo leer al Pato Donald

La degradación de las capacidades productivas del país como así también las de sanidad, educación, defensa, seguridad, comercio interior y exterior y diplomacia, son de dominio público y tienen varios marcos legales que las propiciaron generados mediante leyes votadas en el Congreso de la Nación.

Uno de los falsos relatos instalados en la sociedad argentina fue que era necesario un fuerte proceso de desregulación y generar el escenario para las potenciales inversiones en inteligencia artificial y centros de datos que iban a desembarcar en nuestro país durante el primer semestre de 2026 y que, finalmente, nunca llegaron.

A cambio toda esa ingeniería legislativa sirvió para ceder soberanía. Los acuerdos con las corporaciones tecnológicas donde se difumina el límite entre lo comercial, la seguridad y la defensa, generan una fuerte vulnerabilidad ya que generan dependencia sobre infraestructura, datos, comunicaciones o capacidades estratégicas que quedan bajo control, total o parcial, de corporaciones extranjeras. Los datos hoy son un recurso estratégico y al estar en manos privadas el Estado puede perder capacidad autónoma de decisión.

La trampa en la elaboración del discurso es que las Big Tech están profundamente vinculadas a sus Estados de origen entonces la tecnología deja de ser sólo «comercial» y pasa a ser: geopolítica, estratégica y vinculada a seguridad nacional.

Pero además las Big Tech no sólo administran tecnología, tienen una fuerte capacidad de influencia cultural y cognitiva ya que pueden moldear la información, la capacidad de visibilidad de la misma, utilizar tecnologías persuasivas para concentrar la atención, direccionar el debate público, la circulación de noticias y sobre todo operar sobre algoritmos de recomendación.

Soberanía versus Global Commons

Las capacidades limitadas de quienes dirigen las instituciones en nuestro país, en el campo diplomático o de la defensa nacional se hacen más evidentes.

Según el derecho internacional, particularmente en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar se establece que Argentina tiene soberanía sobre el mar territorial, derechos soberanos sobre la ZEE (Zona Económica Exclusiva), y derechos sobre plataforma continental reconocida. Lo que conocemos como Mar Argentino, jurídicamente es argentino, aunque suene redundante, no es un Bien Común Global.

La Armada Argentina y el Comando Sur de Estados Unidos firmaron el programa «Protección de Bienes Comunes Globales» (Protecting Global Commons Program) con una duración de cinco años y se busca reforzar la vigilancia, el patrullaje y el control marítimo lo cual forma parte de la estrategia hemisférica de seguridad marítima impulsada por Estados Unidos para el Atlántico Sur y la proyección hacia el área antártica.

Los Global Commons, denominación inglesa de bienes globales comunes, en lo vinculado al mar son las aguas internacionales donde existe libertad de navegación, de pesca, circulación internacional fuera de jurisdicciones nacionales y rige un régimen internacional marítimo, ningún Estado posee soberanía exclusiva sobre esos espacios.

Argentina se sube al carrusel de ruptura del orden internacional que está llevando adelante Estados Unidos sabiendo que no tiene las capacidades técnicas pero facilitando legalmente la posibilidad de que la US Navy tome como base de operaciones puertos argentinos para terminar de cerrar lo prometido a la Generala Laura Ritchardson y al entonces jefe del Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM), Almirante Alvin Holsey.

De esta forma una parte de la 4ta Flota que posee base en la Estación Naval de Mayport, ubicada en Jacksonville, Florida, podrá operar desde territorio argentino para controlar tanto el estrecho de Magallanes y el Pasaje de Drake ― o mar de Hoces― como así también las operaciones en la Antártida y en el Cabo de Buena Esperanza, principal ruta comercial cuando hay problemas en el Canal de Suez, el mar Rojo, o Medio Oriente.

La importancia estratégica de nuestros puertos determina que ese pasaje interoceánico con un buque de la clase «Arleigh Burke-class destroyer» tarda entre 8 y 10 días en posicionarse para control o ataque mientras que desde Diego García en el océano Índico tardaría entre 10 y 12 y desde la actual base en Florida tardarían entre 14 y 18 días.

Eso muestra cómo el Atlántico Sur, el Índico, y el extremo sur sudamericano
forman parte de una misma lógica estratégica oceánica global que necesitan controlar los Estados Unidos a partir de la posición estratégica que el actual gobierno argentino cede por migajas.

 

* Periodista. Universidad Nacional Arturo Jauretche. Maestrando en Inteligencia Estratégica Nacional, Universidad Nacional de La Plata. Investigador de la Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales (SAEEG).

 

Cita

[1] Extraído de «Periódico de la CGT de los Argentinos». Colección Completa. Números 1 al 55, mayo de 1968 – febrero de 1970, www.cgtargentinos.org, junio de 2006.

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