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GUAYANA ESEQUIBA: COMPELIDO REINO UNIDO A COMPARECER SIN AMBIGÜEDADES

Abraham Gómez R.

Hemos sostenido tal contención —y dispuestos a alegar en pro de la justicia en La Haya, si así lo determina el Jefe de Estado— porque tenemos suficientes elementos probatorios: históricos, jurídicos, cartográficos, sociales, políticos y morales que nos asisten. No son elucidaciones trasnochadas o caprichos antojadizos.

La contraparte en el litigio —amparada en prebendas dinerarias e intereses de las empresas transnacionales— sabe que poseemos bastantes documentos de pleno derecho, que no admiten prueba en contrario.

La mayoría de los jueces de la Corte conocen, además, que nos encontramos apertrechados y munidos con los Justos Títulos (iuris et de iure) que avalan la histórica propiedad incuestionable de Venezuela sobre la Guayana Esequiba.

Ha habido innumerables jurisprudencias —a partir de anteriores resoluciones sentenciales de la Corte Internacional de Justicia— que refuerzan nuestro histórico reclamo para mantener con firmeza los límites heredados por Venezuela. “Lo que se hereda no se hurta”.

La Cesión de Derechos que recibimos —fundamentalmente a partir de la Real Cédula de 1777, con la creación de la Capitanía general de Venezuela y el reconocimiento de nuestra Independencia en 1845— se impone a cualquier dictamen de fuerza; por lo que nuestro caso no será una excepción; siempre y cuando la posible sentencia de la CIJ se circunscriba a estricto derecho.

A propósito, me permito rescatar un interesante párrafo del escrito del magistrado eslovaco, juez en la Corte Internacional de Justicia, Peter Tomka, presentado el 20 de diciembre de 2020; exactamente, el mismo día cuando ese Alto Tribunal se atribuía competencia para conocer forma y fondo en el centenario litigio:

“Es importante que las Partes entiendan que, en caso de que la Corte declare nulo el Laudo Arbitral de 1899, como argumenta Venezuela, la Corte necesitará nuevas comunicaciones, en forma de pruebas y argumentos, sobre el curso de la frontera terrestre, a fin de que resuelva plenamente la «controversia». Sin estas comunicaciones, la Corte Internacional de Justicia no estará en condiciones de determinar el curso de la frontera disputada entre los dos países. En tal caso, el Secretario General de las Naciones Unidas podrá ser llamado una vez más a ejercer su autoridad en virtud del artículo IV, párrafo 2, del Acuerdo de Ginebra para elegir otro de los medios de solución previstos en el Artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas”.

Hago la debida advertencia en los siguientes términos: aunque el juez arriba citado votó en contra de la actitud y posición original de Venezuela; es decir, no reconocerle competencia a ese Ente Juzgador para conocer este pleito; no obstante, el magistrado Tomka centró su ponencia en la amplia y legítima posibilidad para que las Partes concernidas argumenten y diriman la controversia.

Debemos citar también la tesis contraria a la supuesta competencia de la Sala, conforme al criterio del juez K. Gevorgian; quien reafirmó, entonces en tal sentencia, su desacuerdo; por cuanto, la constatación de la Corte de que ese Ente Juzgador es competente, no se interpreta a partir de nada; porque, Venezuela no había conferido consentimiento inequívoco a la jurisdicción de la Corte.

Leamos parte del escrito justificatorio de este jurista y diplomático ruso:

En mi opinión, la sentencia de la Corte Internacional de Justicia en el presente asunto menoscaba el principio fundamental de consentimiento de las Partes en su competencia y es incompatible tanto con el Estatuto de la Corte Internacional de Justicia como con su jurisprudencia. En sus sentencias anteriores, la Corte ha establecido no sólo que el consentimiento de las Partes está obligado a ejercer su competencia, tal como se establece en su Estatuto, sino también que dicho consentimiento debe ser «cierto», «inequívoco» e «indiscutible». La Corte, en su sentencia, ignora este fundamento inicial para declarar el consentimiento, llegando a la decisión sin precedentes de ejercer competencia sobre la base de un tratado que ni siquiera menciona a la Corte Internacional de Justicia, y mucho menos contiene una cláusula de competencia”.

El consentimiento —en tanto en cuanto acto procesal— se expresa, concretamente, como una manifestación de dos o más voluntades respecto de un punto en específico de interés jurídico. Digamos en abundancia, que hace referencia a la exteriorización de la permisividad entre dos o más sujetos jurídicos para aceptar derechos y obligaciones.

Se sabe, suficientemente, que nuestro país no confirió consentimiento a Guyana para el procedimiento de incoación unilateral, en nuestra contra, por ante la Corte Internacional de Justicia. Primero, entre muchos hechos de vulneración del Estatuto de la propia Corte.

Otro elemento importante en el cual Venezuela basó su Excepción Preliminar, de petición de inadmisibilidad de la demanda (de lo cual estamos esperando sentencia previa, como cuestión incidental), apunta a la injustificada ausencia del Reino Unido en el Proceso; lo señalamos, expresamente, dado que para las discusiones y conclusiones del Consenso de Washington 1897, Guyana no existía.

Tampoco aparecía Guyana, como República, cuando el Imperio inglés nos perpetró el vil arrebato de los 159.500 km2, nuestra Guayana Esequiba, con el adefesio arbitral de París de 1899.

Sumemos este dato más trascendente aún: cuando se suscribe el Acuerdo de Ginebra, el 17 de febrero de 1966, documento con pleno vigor jurídico, donde el Reino Unido reconoce —determinantemente ante Venezuela—  el carácter de írrito y nulo de la ominosa decisión arbitral, Guyana era entonces apenas una colonia inglesa, con la denominación de Guayana Británica; por lo que el Reino Unido se encarga de tal acto compromisorio; así también, firma y asume completamente la condición de garante de las consecuencias jurídicas sucesivas.

Vistos y analizados los tres referentes jurídicos e históricos anteriores, cabe preguntarse: ¿Por qué el Reino Unido se ha desentendido del litigio que causó, siendo parte principal y perpetradora de las vilezas y usurpaciones de los hechos cometidos contra Venezuela?

Entendemos que Guyana constituye un “causahabiente” o subrogante en esta controversia; pero, el Reino Unido está obligado internacionalmente a comparecer ante la Corte para exponer la verdadera realidad de los acaecimientos, inducidos por ellos, que nos provocaron daños.

El Reino Unido debe confesar —en juicio— la añagaza urdida para arrebatarnos una séptima parte de nuestra geografía nacional.

El Acuerdo de Ginebra constituye el documento base para dirimir este asunto litigioso.

En dicho Tratado internacional, que causó estado en la ONU, aparece ocho veces el protagonismo del Reino Unido.

 Cito su párrafo introductorio:

“…Convencidos de que cualquiera controversia pendiente entre Venezuela por una parte, y el Reino Unido y Guayana Británica por la otra, perjudicaría tal colaboración y debe, por consiguiente, ser amistosamente resuelta en forma que resulte aceptable para ambas partes; de conformidad con la Agenda que fue convenida para las conversaciones gubernamentales relativas a la controversia entre Venezuela y el Reino Unido sobre la frontera con Guayana Británica, según el Comunicado Conjunto del 7 de noviembre de1963…”

El subrayado es mío para aportar claridad y certeza de que la controversia siempre ha sido (y sigue, inexorablemente) entre Venezuela y el Reino Unido, que ha venido eludiendo su responsabilidad y obligación reparadora en este asunto; y aunque Guyana haya alcanzado su independencia el 26 de mayo de 1966; no excluye de ninguna manera la obligación del Reino Unido de participar en todos los procedimientos pertinentes hasta alcanzar una solución satisfactoria. Así quedó contemplado en el texto suscrito y aceptado del Acuerdo de Ginebra, en su Artículo VIII:

Al obtener Guayana Británica su Independencia, el Gobierno de Guyana será en adelante parte del presente Acuerdo además del Gobierno de Venezuela y del Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte”.

El Reino Unido se ha vuelto displicente e indiferente de su compromiso y obligación. Y las veces que se le ha compelido a “dar la cara” jurídicamente, apela a figuras retóricas anfibológicas, de doble sentido e incomprensibles.

El Reino Unido debe hacerse parte del juicio —sin raras interpretaciones o ambigüedades— y sus delegaciones diplomáticas actuales deben reconocer, con honestidad, las tropelías que sus antepasados cometieron contra Venezuela, para que haya plena restitución de lo nuestro.

 

* Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Asesor de la Comisión de Defensa del Esequibo y la Soberanía Territorial. Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV). Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba.

REFLEXIONES SOBRE ASTEROIDES Y PELIGROS CERCANOS Y LEJANOS

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de ukt2 en Pixabay

El sistema solar es la primera etapa de la exploración espacial humana. La observación y el deseo de aprender más sobre el sol, la luna y las estrellas atraviesan el viaje de los seres humanos, de la prehistoria a la sociedad civil moderna.

Con el advenimiento de la era espacial, los humanos salieron de la cuna de la Tierra y lanzaron una serie de exploraciones ambiciosas. El sistema solar tal como lo conocemos hoy en día consiste en el sol y muchos cuerpos celestes más pequeños. Sobre la base de propiedades físicas como la masa, la forma y las características orbitales, estos cuerpos celestes más pequeños se dividen en planetas, planetas enanos, pequeños cuerpos celestes, nube de Oort (que define el límite cosmográfico del Sistema Solar). La Nube de Oort es el lugar desde donde vienen y regresan los objetos helados que vemos como un rastro de luz. Está a 0,03 a 3,2 años luz de distancia y alberga alrededor de 100 mil millones de asteroides y objetos similares a cometas; envuelve nuestro Sistema Solar como una enorme cáscara y su crecimiento y evolución ha sido objeto de numerosos estudios a lo largo de los años. Sin embargo, nadie había podido analizarlo en su totalidad.

Con el lanzamiento de la misión NASA, Origins, Spectral Interpretation, Resource Identification, Security, Regolith Explorer (OSIRIS-REx) el 8 de septiembre de 2016, la atención se centró en los asteroides. Hoy veremos en particular qué es un asteroide y por qué explorarlos.

El asteroide es un pequeño cuerpo celeste. En astronomía, el nombre asteroide se usa para referirse a las unidades del sistema solar interior (limitado por la órbita de Júpiter), que orbitan alrededor del Sol.

Hay un gran número de asteroides en el sistema solar, distribuidos principalmente en el cinturón de asteroides entre las órbitas de Marte y Júpiter y el cinturón de Kuiper fuera de Neptuno. Sus dimensiones van desde un metro hasta 800 km. Los astrónomos clasifican los asteroides en asteroides del cinturón principal: cercanos a la Tierra, asteroides troyanos (cuerpos menores que comparten una órbita heliocéntrica con Júpiter), asteroides del cinturón de Kuiper, centauros (clase de planetoides helados), etc. según sus posiciones orbitales.

En comparación con otros cuerpos celestes del sistema solar, los asteroides tienen las características de pequeño tamaño, gran número y origen largo. Se han descubierto más de un millón de asteroides y actualmente hay unos 20 asteroides conocidos con un diámetro superior a 200 kilómetros, mientras que alrededor del 99% de los asteroides tienen un diámetro de menos de 100 kilómetros. Solo en términos de números, son ciertamente los más numerosos en el sistema solar.

La mayoría de los asteroides se encuentran en un área entre las órbitas de Marte y Júpiter, conocida como el cinturón o cinturón de asteroides. El cinturón de asteroides está entre 2,1 y 3,3 UA del sol; la unidad astronómica (UA) representa la distancia media entre Tierra-Sol, es decir: km 149.597.870,707.

Sin embargo, la masa total de todas las rocas en el cinturón de asteroides sigue siendo mucho menor que la masa de la Luna. Se estima a partir de los datos de observación existentes que su masa total puede ser sólo un pequeño porcentaje de la de la Luna.

También se han descubierto miles de asteroides en la órbita de Júpiter, conocidos como asteroides troyanos. Se reúnen alrededor de Júpiter, formando un triángulo aproximado con Júpiter y el sol, respectivamente. En términos de mecánica celeste, tal órbita puede mantenerse estable entre las fuerzas gravitacionales del sol y Júpiter.

A medida que se descubren más y más objetos, se les conoce colectivamente como asteroides troyanos. El número de asteroides troyanos es mucho menor que el de los asteroides del cinturón principal. En 2018, en su XXX Asamblea General en Viena, la Unión Astronómica Internacional cambió esta convención de nomenclatura, permitiendo que llevara el nombre de atletas olímpicos, ya que el número de troyanos de Júpiter conocidos, actualmente más de diez mil, supera con creces el número de nombres de héroes de la Guerra de Troya en la mitología griega.

Los asteroides son actualmente los únicos entre los diversos tipos de cuerpos celestes que pueden ser nombrados de acuerdo con los deseos de los descubridores y son reconocidos internacionalmente después de ser examinados y aprobados por organizaciones internacionales. Debido a la seriedad, singularidad e inmutabilidad permanente del nombre de los asteroides, se ha convertido en un honor mundialmente reconocido llevar el nombre de un asteroide.

El nombre del asteroide consta de dos partes: la primera es el número permanente y la segunda es un nombre; por ejemplo 1 Ceres (Ceres) descubierto el 1 de enero de 1801 en Palermo por Giuseppe Piazzi (1746-1826), etc.

En los últimos años, la detección de asteroides se ha convertido en una de las principales direcciones de desarrollo en el campo de la exploración del espacio profundo de los principales países en la carrera por el espacio. Los asteroides, cometas, etc. son todos «fragmentos» sobrantes de los primeros días de la formación del sistema solar, y también los «materiales» formadores de planetas y los planetas enanos, que generalmente se cree que se formaron antes que los planetas.

Los asteroides conservan los componentes originales de los primeros días del sistema solar y pueden contener pistas importantes sobre el origen de la vida y el agua en la Tierra. Son muestras importantes para estudiar el origen y la historia de la evolución del sistema solar.

Se ha especulado que el cinturón de asteroides puede ser el remanente de un misterioso planeta que fue destruido en una colisión cósmica gigante en la antigüedad.

Al igual que los cuerpos pequeños en el sistema solar que son menos conspicuos en masa y volumen, la mayoría de los asteroides giran alrededor del sol en órbitas elípticas como los ocho planetas principales (digo ocho, porque el 24 de agosto de 2006, después de 76 años de presencia «estadística», Plutón fue degradado a un planeta enano del mencionado cinturón de Kuiper). Sin embargo, el modelo orbital basado en reglas clásicas a menudo se interrumpe y los asteroides deambulan solos, con el peligro que los distingue. Y de hecho la mayoría de los cráteres en la Luna son el «crédito» de los asteroides, que registra bien la historia de visitas inesperadas de estos cuerpos celestes, pequeños pero no tanto como para no dejar rastros.

Y mientras que los cráteres de impacto de la Luna hablan de visitas de asteroides, hasta la fecha se han descubierto 190 cráteres en la Tierra, con diámetros que van desde unos pocos cientos de metros hasta decenas de kilómetros, y unos pocos incluso más de 100 km, con edades que van desde 50 mil a dos mil millones de años, distribuidos principalmente en América del Norte, Europa y Oceanía.

En astronomía se establece que el concepto de asteroides cercanos a la Tierra es equivalente a aquellos asteroides cuya distancia mínima de la Tierra está dentro de 0,3 UA: o km. 44.879.361,2121.

Para los asteroides con un diámetro superior a 140 metros dentro de la distancia orbital mínima de 0,05 UA (km. 7.479.893,53535; aproximadamente 20 veces la distancia entre la Tierra y la Luna), se definen como asteroides cercanos a la Tierra (asteroides potencialmente peligrosos) que representan una amenaza potencial para la Tierra. Cuando la distancia entre el asteroide y la tierra es 7,479,893.53535, puede ser capturado por la fuerte fuerza gravitacional de la Tierra, cambiar su órbita y correr hacia la Tierra hasta que choque), y el peligro está presente en al menos una décima parte del número total de asteroides.

Debido a la existencia de estos asteroides, la Tierra siempre está en peligro. Los peligros de que los asteroides la golpeen son principalmente terremotos, tsunamis y catástrofes ambientales causadas por impactos de muy alta velocidad, así como pánico entre las personas no solo en las cercanías de cualquier impacto. El grado de daño depende de la masa y la velocidad restantes después de pasar a través de la atmósfera, y estos dos parámetros están relacionados con la masa inicial del asteroide, la velocidad inicial, la estructura del asteroide y el ángulo de impacto.

El asteroide ingresa a la atmósfera de la Tierra a muy alta velocidad, formando una onda de choque extremadamente fuerte a alta temperatura y alta presión atmosférica, que primero causa la ionización de las moléculas atmosféricas y emite luz, luego explota y se desintegra bajo la interacción de una superfuerza de alta velocidad y calor aerodinámico.

Los fragmentos desintegrados de menor diámetro se reducirán a cenizas en la atmósfera; Los fragmentos desintegrados de mayor diámetro golpearán la superficie de la Tierra, liberando en poco tiempo la enorme energía cinética que transportan.

Si el impacto ocurre en tierra, las rocas se rompen, se derriten e incluso se gasifican para formar cráteres, mientras que las ondas de choque generadas por el impacto causan fuertes terremotos y tsunamis, desencadenando incendios forestales. Varios gases (como dióxido de azufre, dióxido de carbono), polvo y cenizas ardientes producidas por rocas superficiales llenan toda la atmósfera y bloquean la luz solar.

Si el impacto ocurre en los océanos, se producen enormes olas de cientos de metros y fuertes tsunamis y terremotos, y el área de miles de kilómetros a lo largo de la costa se inundará enormemente. Una gran cantidad de agua de mar se evapora, y una gran cantidad de sedimentos del fondo marino y polvo de roca se arrojan a la estratosfera para permanecer mucho tiempo, y un gran número de organismos vivos en el océano morirían.

En la historia, los asteroides han golpeado con frecuencia la Tierra. Hace sesenta y cinco millones de años, un asteroide con un diámetro de unos 10-13 km golpeó la península de Yucatán en México a una velocidad de unos 20 km/s, formando un cráter con un diámetro de 198 km, causando del 50% al 60% de la extinción biológica de la Tierra, es considerado la causa de la extinción de los dinosaurios.

El 30 de junio de 1908, un asteroide con un diámetro de unos 30-50 m golpeó la tierra a una velocidad de 30-40 km/s y explotó sobre el río Tunguska (cerca de Vanavara, entonces gobernación de Yenisei en Siberia); era equivalente entre 10 y 15 megatones, o alrededor de mil bombas de Hiroshima, quemando 80 millones de árboles en dos mil kilómetros cuadrados.

Los tránsitos de asteroides todavía ocurren con frecuencia. Los astrónomos han estado observando asteroides cercanos a la Tierra. Según datos del Centro de Planetas Menores, solo en febrero de 2020 se descubrieron 22.268 asteroides cercanos a la Tierra, de los cuales 906 tienen más de un kilómetro de diámetro y 2.073 presentan riesgos potenciales.

En la actualidad, los asteroides que amenazan la Tierra se descubren continuamente a través de observaciones de detección del cielo con observaciones de vigilancia de monitoreo para calcular los cambios en sus órbitas y dar una alerta temprana.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

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ARGENTINA SIN FRENOS

Editorial de Folha de São Paulo del día 04/04/2023

El deterioro en el país vecino muestra al Brasil la importancia de seguir reglas fiscales y monetarias.

 

En las primeras décadas del siglo pasado, la Argentina figuraba entre los países más ricos y promisorios del mundo, exhibiendo una renta per cápita superior a las de Francia, Alemania e Italia. Para los emigrantes europeos de la época, era decisión difícil optar entre la nación de América del Sur y los Estados Unidos.

Hasta los años 1940, los argentinos aún mantenían al país relativamente rico y formado por familias de clase media. Con suelo fértil, las exportaciones de granos y carnes empujaban la economía, que pasaba por el proceso de industrialización.

La segunda mitad del siglo 20, sin embargo, marca el inicio de una larga decadencia, punteada por crisis agudas que mantuvieron la renta per cápita del país estancada en los últimos 40 años.

Esa decadencia culmina ahora en la formación de una nueva tormenta, en año de elección presidencial. El alza de los precios, superior al 100% en 12 meses, amenaza desmoronarse hacia un escenario de hiperinflación y agravamiento de las condiciones sociales.

Datos oficiales colocan al 43,1% de los argentinos (19,8 millones) debajo de la línea de pobreza. En el mercado del trabajo, 70% de las nuevas vacantes son informales y más del 40% de las formales pagan salarios insuficientes para la compra de una canasta básica completa.

En la base de la crisis argentina está el hecho de, en más de un siglo, el país tener encerrado apenas diez años con las cuentas públicas en azul. Y, con la recurrencia de gobiernos populistas, haber cerrado su economía y multiplicado beneficios a la población y a las empresas sin la debida responsabilidad fiscal.

Actualmente, subsidios estatales en energía y transportes consumen casi el doble de los gastos en salud; el empleo estatal creció de 2,7 millones a 3,4 millones en diez años; y 55% de las jubilaciones fueron otorgadas sin aportes de los beneficiados.

Para financiar gastos, la Argentina pasó simplemente a emitir pesos en cantidades billonarias, al mismo tiempo en que sofoca al sector productivo con más impuestos, sobre todo al agronegocio generado de dólares, moneda absolutamente escasa en el país.

Sin solución en el horizonte, el drama argentino explicita como la falta de reglas para el funcionamiento de la economía puede desorganizar un país que ya fue rico y próspero —y tornar extremadamente difícil la vuelta a la normalidad—.

Para Brasil, el vecino sirve de ejemplo práctico sobre como metas para la inflación, un Banco Central autónomo, la Ley de Responsabilidad Fiscal, reformas como la de las Previsionales y, ahora, la búsqueda por un nuevo marco fiscal fueran y son fundamentales para evitar que gobiernos de turno arruinen progresivamente, y sin frenos, las condiciones de vida de una sociedad.

 

Traducido por el Equipo de la SAEEG.