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RENTAS DE GUERRA

Alberto Hutschenreuter*

La confrontación entre rusos y ucranianos sigue su curso en el país del este de Europa. La posibilidad de un acuerdo para cesar el fuego no parece estar cerca, pues, como advierte Richard Haass, difícilmente Kiev vaya a aceptar una situación tan desfavorable: más del 20 por ciento del territorio (geoeconómicamente importante) se encuentra bajo control de las fuerzas rusas. Pero, además, la «potencia civil» europea y Estados Unidos prosiguen suministrando capacidades a Ucrania, situación que prolonga la guerra sin que ello implique que Ucrania revierta lo perdido. Por último, en su reciente cumbre de Madrid, la OTAN, lejos de realizar algún anuncio relativo con descartar eventuales nuevas ampliaciones, aprobó un concepto que incrementa la acumulación militar de la Alianza, principalmente en el noreste de Europa.

El origen de esta innecesaria guerra comprende tres niveles. Un nivel mayor relativo con la rivalidad entre Occidente (Estados Unidos) y Rusia; un nivel que implica a Kiev y Moscú; y finalmente, el nivel interno en Ucrania, es decir, la confrontación que tenía lugar desde 2014 entre las fuerzas ucranianas y las fuerzas filo-rusas del este del territorio. Todos los niveles se encuentran relacionados, nos ayudan a comprender la guerra y, acaso lo más relevante, nos aportan datos al momento de comprender la decisión de Moscú de movilizar sus fuerzas el 24 de febrero.

En el nivel superior o estratégico, el propósito de Estados Unidos ha sido, desde hace bastante tiempo, lograr ganancias de poder frente a Rusia, es decir, debilitar a este actor con el objetivo de evitar que (eventualmente) se convirtiera en un poder euroasiático preeminente que volviera a desafiar la supremacía de Occidente. Una «Yalta sin Rusia» significaba que no solamente no había nada que repartir con el gran poder (ya no superpotencia, como bien advirtió Leon Aron), sino que había que vigilarla en su propia frontera: la ampliación de la OTAN fue una estrategia de rentabilización de la victoria estadounidense en la Guerra Fría dirigida a ese proyecto.

La negativa de Occidente a proporcionar a Rusia garantías relativas con que la OTAN abandonaría nuevos ciclos de ampliación, negativa que, en buena medida, determinó la invasión rusa a Ucrania, necesariamente hay que interpretarla como una continuidad de aquella estrategia occidental, pues la guerra no solo impactaría sensiblemente en el prestigio estratégico-internacional de Rusia, la aislaría y afectaría su frente económico basado en exportaciones de materias primas (hay que señalar que la guerra dilatará, una vez más, las necesarias reformas que necesita llevar adelante Rusia para aspirar a desplegarse como un poder cabal).

Pero también hay en esta guerra búsqueda de rentas que no apuntan solo a Rusia. La guerra precipitó un cúmulo de sanciones por parte de Occidente (actualmente hay siete grados de puniciones activas sobre Rusia), siendo una de las más importantes la relativa con dejar de importar dichas materias primas, especialmente los suministros energéticos (según la Oficina Europea de Estadística, Eurostat, en 2021 la Unión Europea importó de Rusia el 40 por ciento del gas y el 28 por ciento de petróleo que consumió).

Pero la guerra también fungió como una oportunidad para alcanzar uno de los propósitos más ansiados por parte de Estados Unidos en relación con desacoplar a Europa de Rusia, particularmente a Alemania, el país de la UE que había logrado que el suministro de recursos proveniente de Rusia fuera de territorio ruso a territorio alemán: de eso se trató el gasoducto ampliado «Nord Stream 2», hoy paralizado.

La energía supone poder para aquel que la detenta y dependencia para aquel que la requiere. En estos términos, Rusia ostenta una capacidad de «disuasión energética»; más todavía, una capacidad de «suasión» (para utilizar el concepto de Edward Luttwak) en materia de energía, es decir, un recurso que le permite a Moscú capacidad para disuadir y persuadir, algo que, sumado a otras estrategias rusas destinadas a hacer vulnerables a los países o debilitar asociaciones entre países, son inaceptables para el primero.

Como dijimos, el propósito estadounidense relativo con el desacople energético Europa-Rusia era anterior a la guerra; y si bien durante la presidencia de Trump Estados Unidos fue crítico con Europa en algunas cuestiones, fue con el regreso de los demócratas cuando se buscó reafirmar la alianza atlanto-occidental. Ese regreso significó también retomar la estrategia de post-contención frente a Rusia.

Pero el objetivo no solo ha sido desconectar el vínculo energético Europa-Rusia, sino algo que completa la estrategia de separación: que la UE pase a depender (con el tiempo) de fuentes de energía estadounidenses (hay que tener presente que, gracias a la técnica conocida como «fracking», en 2021 Estados Unidos ha sido el mayor productor de petróleo del mundo, seguido por Arabia Saudita y Rusia; asimismo, también lo es en producción de gas, seguido por Rusia e Irán).

En relación con ese segundo propósito estadounidense, la de ser el «nuevo grifo» de Europa, que exige que los países europeos construyan más terminales de gas natural licuado, es interesante destacar que, desde principios de 2022 hasta abril, Estados Unidos envió a Europa tres cuartas partes de todo su gas natural licuado. Este aumento significa que Estados Unidos se ha convertido en el actor que suministra la mitad de las importaciones de gas licuado natural de Europa, esto es, el doble de la participación registrada en 2021, según datos del sitio de Bloomberg.

Esa técnica de explotación de recursos (relativamente reciente) le ha permitido a Washington no solo dejar de depender de fuentes externas ubicadas en áreas inestables, una meta establecida tras el 11-S, e incluso de nuevas plazas alternativas, logrando así revertir la preocupante situación de vulnerabilidad que sufría a principios del siglo XXI: la de ser el mayor consumidor de esas fuentes del globo y disponer de pocas reservas nacionales.

Otros actores podrán llegar a suplir las compras que realizaba la UE a Rusia, de hecho, China e India han incrementado sensiblemente sus adquisiciones a ese país, confirmando así una tendencia de la política exterior de Rusia desde que las relaciones de este país con Occidente quedaron cada vez más comprometidas como consecuencia del envenenamiento de Navalny en 2020.

La guerra en Ucrania es una confrontación innecesaria, pero ello no quita que sea funcional para algunas de las partes. Sin duda, ha sido funcional para Estados Unidos en relación con una estrategia frente a Rusia que puso en marcha desde el mismo momento que acabó la Guerra Fría. Pero también la guerra fungió favorable para que aquel país lograra un propósito largamente anhelado: que Europa no mantenga vínculos geo-energéticos con Rusia.

Europa nunca ha abandonado su zona de confort estratégico-militar, esto es, su condición de «protectorado estratégico estadounidense». Ahora posiblemente sumará la de «protectorado energético» de la potencia mayor. Son las «rentas» de la guerra.

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL). Ha sido profesor en la UBA, en la Escuela Superior de Guerra Aérea y en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Miembro e investigador de la SAEEG. Su último libro, publicado por Almaluz en 2021, se titula “Ni guerra ni paz. Una ambigüedad inquietante”.

©2022-saeeg®

CHINA, RUSIA Y LA ACTUAL CONTRAOFENSIVA REVOLUCIONARIA EN IBEROAMÉRICA (1)

Heriberto J. Auel*

Oíd mortales, el grito sagrado

Libertad, libertad, libertad…

Himno Nacional Argentino – 1812

 

“No es la sociedad en la que se vive la que os salva, sino la manera de vivir…

Adán se pierde en el Paraíso y Lot se salva en Sodoma”.

San Juan Crisóstomo -347/407 d. C-.

Rusia, China y la Argentina (2)

Tartufo viajó a Rusia y a China —para entrevistarse con los respectivos presidentes— entre el 02 y el 06 de febrero de 2022, cuando Putin ya había desplegado —sobre la frontera ucraniana— a gran parte de las fuerzas de invasión. La crítica situación interna de la Argentina y en particular la grave situación judicial de Ella —para cuya solución fue contratado— le exigían el extemporáneo circuito, gorra en mano (3).

Justamente el 04/02/2022, mientras Tartu se encontraba “in itinere”, en Beijing, Putin y Xi firmaban un Acuerdo de “Asociación Estratégica de Coordinación Global”. Si bien éste no conlleva a una “alianza”, obliga a las partes a “coordinar” todas las operaciones con las que pudieren afectar las maniobras del asociado. La primera “coordinación” fue la que se realizó cuando Putin le informa a Xi la iniciación de la “Operación Especial” sobre Ucrania y este le solicita postergarla hasta después de la finalización de los “Juegos de Invierno”.

En sus considerandos el documento firmado ratifica la “modalidad autocrática” de los sistemas políticos de ambos líderes —relacionada con las tradiciones asiáticas— y critica a las democracias occidentales. Esta “modalidad” es la que Ella pretende homologar para alcanzar su absolución pero —necesariamente— este “salto de garrocha” exige “hechos políticos” que permitan el pasaje al partido único (4), objetivo central de las reformas constitucionales “in partibus” a ambos lados de la Cordillera, pero con muy distinta madurez.

La “insurgencia” chilena lo logró en unos pocos días y Tartu —para acelerar el imprescindible salto— le abrió las puertas al moscovita para que ingrese a la región y con Xi acordó incluir a la Argentina en la “Franja y en la Ruta de la Seda”, sobre la “Anilla Exterior”. Faltó solamente que les entregara réplicas del bastón y de la banda.

El cambio de sistema es la maniobra central —y única— que persigue el “gobierno de científicos” conducido desde el “Instituto Patria” —hoy en serio enfrentamiento y ruptura con la Casa Rosada—. Ello explica lo inentendible: la más absoluta ineficiencia y pasividad en todos los frentes del gobierno de Tartufo.

El cambio de Constitución, un nuevo alineamiento regional con las autocracias asiáticas y un cambio de inserción internacional, encubren la búsqueda de la absolución de Ella y su encumbramiento histórico: la heroína que logró —luego de setenta años de luchas revolucionarias— los fines últimos de la Revolución Socialista Iberoamericana.

Se consagraría así el encuentro combinado de la compleja contraofensiva revolucionaria iberoamericana —localmente encubierta por los kk— con la maniobra geopolítica sobre “la anilla exterior” —planetaria— de la súper potencia en ascenso y de su reciente asociado.

Chinos y rusos tienen —por el momento— preocupaciones prioritarias concentradas en el “heartland” —a mucha distancia de la “anilla exterior”(4) que nos abarca—, Putin con intereses estratégicos y económicos y Xi con objetivos centrales de carácter geopolítico, además del mantenimiento de la cooperación en el área “telurocrática” —que incluye a la India— y la moderación de las tensiones estratégicas con Hong Kong y Taiwán. Como lo venimos planteando, Xi no cruzará la “línea roja de la zona gris”. Seguirá siendo el tradicional “Imperio del Centro”.

La Actual Situación de la Contraofensiva Revolucionaria en Iberoamérica

La salida de la Argentina de la Zona de Seguridad de Occidente —OTAN/EE.UU.— no será fácil ni gratuita. Un Lula políticamente encumbrado en Brasilia sería imprescindible para lograrlo, pero allí estarían presentes para impedirlo —oportunamente— las FF.AA. de Brasil. Y —necesariamente— el Foro de San Pablo —FSP— debería garantizar la contención de la reacción de los pueblos, cosa que por el momento en la Argentina parecería imposible. La Argentina no es Chile.

Desde el lanzamiento de la contraofensiva revolucionaria —19 de julio— el mayor éxito obtenido por el FSP ha sido el “caso Chile”. Ya ocupa la presidencia un comunista —impresentable— y está en elaboración una constitución socialista-plurinacional. Boric ha prometido que su primera visita al exterior será a Buenos Aires. Ello indica la prioridad que se le da —en la contraofensiva— a la debilitada situación política argentina luego de las elecciones de medio tiempo. Ya recibimos recientemente a Lula y a Mujica para levantar el ánimo revolucionario, luego del 70/30 en las urnas.

Nuestra atención regional debe estar orientada hacia las elecciones presidenciales en Colombia. Allí está la base financiera y logística del proceso revolucionario continental —en manos de las FARC—. Si el candidato del FSP —Petro— lograra éxito y accediera a la presidencia colombiana, el agravamiento de la situación política y estratégica regional —sobre el espinazo andino— sería de altísima repercusión en el área de la Cuenca del Plata (5). Con Boric en Santiago y Petro en Bogotá, el conflicto araucano cesaría en Chile y se agravaría en nuestra Patagonia, profundizando la división en el gobierno kk.

En Buenos Aires se observa diariamente la gimnasia preparatoria de la insurgencia. Cuando se la active operacionalmente ¿mantendrán a la mayoría de mujeres, adolescentes y niños que normalmente desplazan desde el Conurbano a las áreas céntricas de “protesta”? ¿Llegarán a Buenos Aires —desde el norte sudamericano— los cuadros especializados para conducir a los “piquetes” locales, en la destrucción incendiaria y el ataque a blancos hipersensibles? ¿O Ella desplazará a Tartufo luego de la aprobación del Acuerdo con el FMI en el Congreso? Si Ella asume la presidencia, los escenarios cambiarían radicalmente.

Nuestro caso es diferente al chileno y es de alta complejidad. Aquí la revolución está en el poder, pero con un gobierno fracturado. ¿Quién controlaría a las fuerzas del Estado, ante la eventualidad de tener que apelar a ellas, ya fuere para evitar sentencias judiciales desfavorables o frente un creciente caos social?

Mientras tanto —y navegando en superficie— la oposición sigue descansando y ejercita un difícil diálogo interno. Vive en un aletargado período sabático, plagado de anécdotas televisivas. Confunde a la revolución con un mero populismo, mientras disputa internamente candidaturas —entre halcones y palomas— sin erradicar a sus “quintas columnas”, funcionales a la revolución. Los socialdemócratas establecidos en las coaliciones son los primos hermanos herbívoros de “troskos” y estalinistas, pero lucen como “democráticos”.

El palomar del progresismo de izquierda y de derecha se ha agitado con la llegada de un zorro en las últimas elecciones del año 2021 y, expertos en el manejo del arsenal blando, concentran el fuego sobre él y los “navegantes solitarios”, que los desnudan ante la opinión pública. Se agitan, no por pudor, sino por los votos. ¡Los malditos zorros libertarios están locos y hasta dicen la verdad!

¿Se sincerarán las coaliciones frente a la aceleración de los tiempos? ¿Eliminarán a sus quintas columnas infiltradas? ¿Aparecerá —en el horizonte— algún estadista? ¿Tendremos futuro…? La profundidad sombría de la crisis obliga a pensar y a hacer, o a desertar… La realidad está mostrando la más cruda verdad, aún para los miopes. El relato se difumina y ridiculiza a quienes aún lo sostienen. La minoría revolucionaria quedó expuesta y la guerra en Ucrania aleja al oportuno socorro buscado y amasado por Ella. ¿Activará el Plan “B”?

El Estado Nacional Argentino —con sus Instituciones débiles o vaciadas— en las manos de un gobierno revolucionario extremadamente débil y dividido y de una oposición segmentada y superficial —sin liderazgos— ha dejado el destino de nuestra Patria en manos de una sociedad huérfana, que recién ha despertado de su letargo. No es la primera vez que ello nos ocurre.

En 1806/7 aún no se había organizado el Estado, pero la sociedad criolla reaccionó frente a un enemigo invasor. Hoy —frente a un enemigo interno— no deberemos apelar al aceite hirviendo, pero “el cuerno de nuestros vigías” se ha dejado oír… (6) Y “cuando el clarín de la Patria llama, hasta el llanto de las madres calla”…

 

“Oíd mortales, el grito sagrado – Libertad, libertad, libertad…”

“No es la sociedad en la que se vive la que os salva, sino la manera de vivir…

Adán se pierde en el Paraíso y Lot se salva en Sodoma”.

 

Citas

(1). H.J. Auel. “Es la tormenta que se lleva al puerto…”. IEEBA, diciembre de 2021, www.ieeba.org

(2). H. J. Auel. “…es el castro-comunismo…estúpidos…”. IEEBA, diciembre de 2021, www.ieeba.org

(3). H. J. Auel. “El choque de las culturas en el 2022”. IEEBA, marzo de 2022, www.ieeba.org

(4). H. J. Auel. “El encuadramiento geopolítico internacional de la actual situación estratégica argentina”. Mar 21. www.ieeba.org

(5). H. J. Auel. “Absoluta prioridad en el año 2023: la recuperación del Estado Institucional”. IEEBA, febrero de 2022, www.ieeba.org

(6). H. J. Auel. “¿Tiene Cuerno Nuestro Centinela?”. IEEBA, febrero de 2005, www.ieeba.org

 

* Oficial de Estado Mayor del Ejército Argentino y del Ejército Uruguayo. Ha cursado las licenciaturas de Ciencias Políticas, de Administración, la licenciatura y el doctorado en Relaciones Internacionales. Se ha desempeñado como Observador Militar de la ONU en la Línea del Cese de Fuego del Canal de Suez. Comandó tropas de llanura, montaña, aerotransportadas y mecanizadas.

EL CHOQUE DE LAS CULTURAS EN 2022

Heriberto Justo Auel*

Imagen de azazelok en Pixabay

“Las líneas divisorias entre las culturas serán los frentes de batalla del futuro» (1)

S. Huntington

 

1) “La cultura es lo que importa”. (2)

2) La “Tercera Roma” y sus guerras híbridas. (9)

3) Las guerras asimétricas – híbridas – limitadas de Putin. (13).

 

1) “La cultura es lo que importa”. (2)

Cuando finalizó la última guerra mundial —llamada “Guerra Fría”— en 1989/1991 se inició una posguerra caracterizada por la “confusión” de los intelectuales dedicados al seguimiento de la situación estratégica internacional. Hubo varias predicciones. Quien estuvo más cerca de los acontecimientos bélicos que advenían fue S. Huntington, en una publicación —1993— aparecida en la prestigiosa revista “Foreing Affairs” (1): “las líneas divisorias entre las culturas serán los frentes de batalla del futuro”.

Allí se encuentran hoy —24/02/2022— casi treinta años después, Oriente y Occidente —en sus “líneas de borde”— en las preliminares de la batalla de una predecible guerra que será —probablemente— la más importante desde la II Guerra Mundial. No hemos dicho Este y Oeste, como le llamábamos a la confrontación ideológica de la Guerra Dría. En Ucrania se encuentran hoy con violencia dos culturas: la Occidental y la Oriental, aunque la etnia sea común.

Huntington, ocho años después de aquella publicación del año 2001 —cuando comenzaba la nueva guerra mundial “Contraterrorista Global”— publicó un nuevo libro (2) con un subtítulo sugestivo, que enriqueció su tesis anterior: “Cómo los valores dan forma al progreso humano”. Los “valores” corresponden al campo la cultura y el “progreso humano” al de la civilización.

Esta aclaración es central para evitar nuevos desatinos en la “profunda crisis generalizada” y en los “estados de guerra” que nos abarcan a los argentinos.

Decíamos hace unos meses (3): “La reciente y desastrosa retirada de EE.UU de Afganistán —que huele a derrota— traerá muchas consecuencias para Occidente y en particular para la UE. China que —somatiza serios problemas internos— no dejará de explotar al máximo esta retirada. El ISIS, Al-Qaeda y los Talibanes recibieron el inesperado regalo de un “santuario” rico en minerales y drogas, en plena “Isla Mundial”.

El mundo “talasocrático” demostró no comprender la complejidad de su opuesto mundo “telurocrático”, no abarcó la complejidad de la guerra mundial en acto y menos aún a la pugna por la supremacía mundial”. Se mantuvo muy cerca de Venus y cada vez más lejos de Marte y olvidó el sabio consejo de Vegetius —S. IV d. C.—: “si quieres la Paz, ármate para la guerra”.

Desde nuestro punto de vista dirigentes occidentales culturalmente poco formados han cometido graves errores de apreciación geopolítica y han acometido decisiones políticas y estratégicas totalmente equivocadas e inoportunas. Quienes hayan estudiado los recientes discursos del ex KGB son conscientes del desprecio que siente —el tirano presidente ruso— por una Europa que abandonó su identidad fundacional como núcleo fundador del Occidente Cristiano.

El Estado de Bienestar y la 4ta Internacional en los sesenta y la progresía amoral de los ochenta, llevaron a una Europa —autodestruida en sus guerras civiles— a la actual situación de impotencia frente a los desafíos de la hora. Ya el 28/11/2007, en el Nro. 1039 de Libertad Digital, los europeos demostraban ser conscientes de su situación, pues decían:

Putin ha gruñido. El oso ruso una vez más pone en evidencia su crónica sensación de vulnerabilidad. Demasiada frontera para un estado tan frágil. Pero hay más. Rusia no ha aceptado nunca la desintegración de la Unión Soviética y, por lo tanto, el que las antiguas repúblicas populares se hayan ido integrando en la Unión Europea y la OTAN. El paso dado por Polonia y Chequia va más allá de ser miembro de la Alianza Atlántica, supone, como en el caso del Reino Unido, una opción estratégica en el medio y largo plazo para formar parte del dispositivo de seguridad norteamericano. Eso molesta y mucho en Moscú”.

Aun así, la UE y la OTAN nunca lograron organizar su propia fuerza de Defensa. Cuando Trump llegó a la presidencia les quitó los fondos para su Seguridad y retiró a las tropas adelantadas en la UE. Hoy los EE.UU. de un debilitado Biden no enfrentarán militarmente a un conductor decidido, que acaba de ganar el “juego de la gallina” (4) con Washington. Recurrirá —a lo sumo— al “soft-power”, por varias causas.

La guerra civil en Ucrania no podrá escalar a guerra nuclear internacional, pero además allí está presente el moderador estratégico de Putin, XI Jinping —“asociado estratégico de coordinación global”— que seguramente asumirá su rol de gran potencia en ciernes —controlando a una guerra asimétrica/híbrida/limitada— que retiene el peligro de una eventual escalada que obstaculizaría a su macro maniobra geopolítica mundial.

China y Rusia —el Oriente telurocrático— actuando de consuno podrían lograr una victoria militar limitada que supere las sanciones económicas internacionales —a mediano plazo— reteniendo sus objetivos geopolíticos y estratégicos locales en la confrontación por el poder hegemónico con el Occidente talasocrático en pleno desarrollo en la última década, con manifiesto sigilo de las partes. Crimea/Sebastopol es el objetivo central.

Al presidente chino “no le preocupa la confrontación de las “autocracias Vs. democracias” —como a Biden—. Centralmente le preocupa y ocupa el poder imperial chino en ascenso” (5).

Ucrania —dentro de la Geopolítica clásica— fue una pieza fundamental de la “Isla Mundial” y de la “Tierra Corazón” de McKinder y los actuales líderes europeos ¿no lo saben? (6). Hoy, aquel valor geopolítico histórico se ha transferido al campo de la situación estratégica internacional. Es una valoración de otra naturaleza.

Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, al solicitar su riesgoso ingreso a la UE y a la OTAN, demostró carecer de inteligencia estratégica exigida por las circunstancias regionales. Otorgó una oportunidad a Putin. Luego de la implosión soviética y del ingreso de países del ex Pacto de Varsovia a la UE y a la OTAN, el valor de Ucrania —como glacis estratégico de la Federación Rusa— cobró una revalorización exponencial. Es imposible que Kiev lo ignorara y que confiara en la Europa “progre”, que hoy lo ha dejado solo.   

A ello se suma que los burócratas de Bruselas parecieran ignorar que toda Política Exterior debe tener un correlativo apoyo de fuerza. De lo contrario, tal como hoy lo estamos comprobando, la UE “farolea” (7).

La lección en curso ¿será suficiente para los “pacifistas” del Norte y para los nuestros? —que aquí son aún más abundantes y torpes—. La oportunidad para los asiáticos estaba servida: la debilidad de Biden y el invierno de la UE. Dieron el paso, largamente planificado. El vecindario buscará evitar el efecto dominó y allí estará presente el coeficiente de la paciencia oriental.

Xi Jinping ha perforado el “Corolario Spykman de la doctrina McKinder” con la “Ruta y la Franja de la seda” y homologa simultáneamente al corolario cerrando sobre Occidente su propio “shatterbelt” creando “la tierra orilla externa” —que abarca a Iberoamérica— con sus inversiones y alguna presencia.

Tartufo —que como estadista demuestra día a día que no pasa de ser un abogado “ave negra” (8)— se equivocó de capital: su ofrecimiento como “puerta de entrada” era para Beijing, no para Moscú. Putin no tiene espalda para responder a semejante propuesta inaudita. Tartu ¿no le extrañó la mirada que le destinó el dueño de casa? Ud. siga apostando: alguna vez tendrá un acierto. Entérese: para Vladimir, Ella —la Jefa—, solo le reserva YPF.

2) “La “Tercera Roma” (9) y sus guerras híbridas (10).

En 1918 Oswald Spengler publicó “La Decadencia de Occidente”. Revisó este volumen en 1922 y publicó además un segundo, titulado “Perspectivas de la historia mundial”, en 1923. Spengler presentaba la Historia Universal como un conjunto de culturas —Antigua o Apolínea, Egipcia, India, Babilónica, China, Mágica y la Occidental o Fáustica— que se desarrollaban independientemente —unas de otras— pasando a través de un ciclo vital compuesto por cuatro etapas: Juventud, Crecimiento, Florecimiento y Decadencia, como el ciclo vital de un ser vivo que tiene un comienzo y un fin determinado.

Con base en este esquema y aplicando un método que él llamó “morfología comparativa de las culturas”, proclamó que la cultura occidental se encontraba en su etapa final, es decir, en la decadencia y afirmó que era posible predecir los hechos por venir en la historia del Occidente.

El 13/05/2004 —en la Biblioteca del Senado Italiano— el Cardenal Ratzinger despedía a los representantes que concurrían a Bruselas para votar por la aprobación o rechazo de la nueva Constitución —giscardiana— de la UE. Historió la prolongada decadencia de Occidente y señaló: “los europeos se odian a sí mismos”, “tienen su alma marchita”.

En dicha Constitución, la UE “arrojaba a Cristo por la ventana”. Dos años después, Jürgen Habermas —de la “Escuela de Frankfurt”— enfrentaba al Cardenal por TV en Ratisbona, sosteniendo que la Fe y la Razón eran incompatibles.

En simultáneo con estos hechos de una Europa “transculturizada” —cuya descomposición moral tenía su epicentro a las Universidades— y transitaba —en su segunda posguerrra— desde el “existencialismo” hasta el “nihilismo”, Vladímir Vladimirovich Putin —desde el año 2000— nuevo líder de la Rusia postsoviética, rescataba los símbolos de la “Gran Madre Rusia” (10) y ponía a su lado al Jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa, a quien le devolvía más de cincuenta templos —que los bolcheviques habían transformado en depósitos—.

Volvía a existir la “Tercera Roma”, mientras la UE demolía a la “Primera Roma”.

Europa, además de expresar un preciso concepto geográfico, es también un concepto cultural: la espiritualidad cristiana, la filosofía griega y el derecho romano. La UE de la 4ta Internacional —tan cerca de Venus— con su antropología racionalista se apartaba de la Fe, olvidando que la religión es el sostén permanente del SER, de la identidad, de la pertenencia a un agrupamiento humano: de su cultura.

Rusia es el país más extenso del mundo y en esta enorme geografía la cultura europea llega hasta los Urales —allí está la “Tercera Roma”— más allá Rusia es asiática, es la infinita Siberia, nexo cultural y geográfico con la China Imperial de Xi. ¿Hay un Vladimir europeo y otro asiático?

En principio diremos que en sus discursos demuestra entender la fuerza superior del SER espiritual. Mientras Europa Occidental busca el “bien-estar”, él desea restablecer la espiritualidad de la “Gran Madre Rusia” sobre los escombros de la URSS implosionada.  Napoleón decía: “Hay en el mundo dos poderes. La espada y el espíritu. El espíritu siempre ha vencido a la espada”. Hoy el moscovita lo comprueba en las calles de Kiev. Los ucranianos —pueblo de cofín— luchan por su SER. No olvidan el Holodomor (11) de 1932.

Putin nació en San Petersburgo y por lo tanto es ruso-europeo. Conoce y estudia profundamente a la UE. Como presidente de toda Rusia —en el 2022— está más cerca de Beijing que de Bruselas. Por formación conoce al “meridiano de poder de Haushofer” en su desplazamiento hacia el este —sobre el océano Pacífico— y participa de la macro-maniobra imperial china (12). Paso a paso ha buscado restablecer la “grandeza” perdida de Rusia y de su propio poder. Ello se objetivó en su guerra de los “cinco días”  —2008— en Georgia. Abjasia y Osetia se desprendieron e independizaron, reteniendo “fuerzas pacificadoras” rusas.

En 2014 cayó en Ucrania el presidente pro ruso Yanukovich, quien había suspendido la negociación con la UE sobre un acuerdo de libre comercio. Meses después rusos parlantes de Crimea/Sebastopol se levantaron contra Kiev. Un amañado referéndum terminó por desprender esta región de Ucrania, que se incorporó al territorio ruso. Inmediatamente dos enclaves pro rusos —Donetsk y Lugansk— derrotaron a las fuerzas ucranianas y dieron lugar a los Acuerdos de Minsk I y II. Fue cuando —según el presidente Zelenski— la UE le prometió su incorporación a dicha alianza y se creó el leitmotiv de una operación política ejecutada con fuerza. En todos estos conflictos Moscú ejercitó operaciones de Guerra Híbrida.

3) Las guerras asimétricas – híbridas – limitadas de Putin. (13).

En el ensayo de marras (13) citábamos al Cnl Á. J. A. García —del IEEE— que decía:

“Al mundo occidental se le acaba el tiempo. A pesar de que en la actualidad la tecnología más puntera, las mayores empresas, las mejores universidades, los ejércitos más potentes y las mayores fortunas siguen en el lado occidental, principalmente en Estados Unidos, la balanza se está invirtiendo rápidamente”. 

Entendemos que es en este encuadramiento internacional en el que actúa Putin, particularmente desde el año 2014. Dispone para sus propósitos estratégicos fundamentalmente de dos recursos: el gas y sus FF.AA., que incluyen un arsenal nuclear similar al de Estados Unidos.

Su recurso en gas abastece a la UE —entre el 41 y el 65 % de su consumo—. Moscú ha jugado con la llave de paso para ajustar su precio, pero actualmente sería la UE quien podría romper los contratos de compra y afectar seriamente a la economía rusa. China puede ser el consumidor que la reemplace, si bien esta alternativa llevará su tiempo. Un indicio peligroso del caso ha sido el bloqueo a la certificación del gasoducto en construcción “Nord Stream 2” por parte de Alemania, cuando Moscú reconoció a la República de Donbás.

Las FF.AA. de la Federación Rusa son consideradas las segundas más poderosas del mundo, detrás de las fuerzas estadounidenses y las más potentes de Europa.​ Las FF.AA. de Ucrania no alcanzan a un tercio de sus capacidades y carecen de poder nuclear. Sin embargo, Putin ha tenido que apelar tempranamente al alistamiento de las Fuerzas Nucleares, debido a la actitud ucraniana y a los apoyos internacionales que recibe Kiev, constantemente. Los rusos se encontraron en 2022 con un “pueblo en armas”, situación impuesta por su asimetría con Ucrania.

Cuando se produjeron los primeros hechos bélicos en el este de Ucrania y en Crimea —2014—, la comunidad occidental se sorprendió, no solo por lo que los rusos hicieron sino también por cómo lo hicieron, ya que sus acciones no encajaban en ninguno de los conceptos occidentales sobre los conflictos armados contemporáneos.

La popularización del término “guerra híbrida” se puede atribuir al teórico militar estadounidense Frank Hoffman quien, en su famoso “Conflicto en el siglo XXI”, hizo un intento de conceptualizar la evolución del entorno del campo de batalla, que trasciende la comúnmente división lineal aceptada entre tipos regulares e irregulares de guerra.

Hoffman argumentó que “el desenfoque de los modos de guerra, el desenfoque de quién lucha y con qué tecnologías se llevan a cabo, produce una amplia gama de variedad y complejidad llamada guerra híbrida”.

Según Mason Clark —en septiembre de 2020—“el ejército ruso define una guerra híbrida como un esfuerzo de nivel estratégico para dar forma a la gobernanza y a la orientación geoestratégica de un estado objetivo, en el que todas las acciones, incluido el uso de fuerzas militares convencionales en conflictos regionales, están subordinadas a una campaña de información”.

Y agregaba: “El marco de la guerra híbrida rusa incluye específicamente el uso de operaciones militares convencionales y carece de un límite entre las operaciones de representación ‘negables’ y la desinformación, por un lado y el conflicto convencional, por el otro” (14).

El Comandante de las FF.AA. rusas, Grl Valery Gerasimov —autor de la doctrina que lleva su nombre— en un artículo de 2013 expresaba: “En el siglo XXI hemos visto una tendencia a desdibujar las líneas entre los estados de guerra y los de paz. Las guerras ya no se declaran y, una vez comenzadas, proceden de acuerdo con un patrón desconocido”.

Decíamos hace unos meses (15): Las “guerras hibridas” son un natural derivado de las “guerras asimétricas”. Son un recurso del débil frente al fuerte. En 2006 las empleó el Hezbolà frente a Israel, en 2014 lo hizo el Dáesh, también Rusia en su intervención en Ucrania o China en la construcción de islas artificiales en el Mar de China Meridional, de modo que recientemente se popularizaron en el ámbito de la seguridad internacional.

En lo que se refiere a la guerra “limitada” —como lo fue la del Atlántico Sur en 1982— se trata de una condición que impone el agresor —en lo que hace a espacios y medios— y que exige a nivel Comando y Control de las partes equipos altamente adiestrados para conducir a las fuerzas, regulando su ritmo e intensidad según evolucionen las negociaciones abiertas, simultáneamente, con o sin intervención de terceros. Lo opuesto es la “guerra total”, en ella la negociación no existe. Putin negocia con Zelenski en Bielorrusia, luego de comprobar que el “comediante” es un soldado. Ahora veremos si los Comandos y Controles funcionan en Moscú y en Kiev. Pese a nuestra experiencias recientes, nuestra Seguridad Estratégica está a “años luz” de esas posibilidades.

Como “no hay mal, que por bien no venga”, es oportuno que dos europeos de otro tiempo les recuerden a los europeos de hoy y a sus apéndices americanos, dos buenos consejos: uno de Vegetius —S IV d.C.— -que ya hemos citado más arriba y otro de Séneca —S. I d.C.— “Peor que la guerra, es tenerle miedo a la guerra”.

 

“Las líneas divisorias entre las culturas serán los frentes de batalla del futuro»

 

A Ella y a Tartufo queremos recordarles que somos argentinos: hispanos /criollos/católicos, es decir, no somos del Oriente-Asiático —ni chinos, ni rusos—. Somos Occidentales Cristianos y estas categorías no son camisetas de futbol. Son identidades culturales. Y

LA CULTURA ES LO QUE IMPORTA

 

* Oficial de Estado Mayor del Ejército Argentino y del Ejército Uruguayo. Ha cursado las licenciaturas de Ciencias Políticas, de Administración, la licenciatura y el doctorado en Relaciones Internacionales. Se ha desempeñado como Observador Militar de la ONU en la Línea del Cese de Fuego del Canal de Suez. Comandó tropas de llanura, montaña, aerotransportadas y mecanizadas.

 

 

Citas y aclaraciones

(1) S. Huntington. “El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”. Foreing Affairs -1993- y Ed. Planeta -1996-.

(2) S. Huntington y L Harrison. “La cultura es lo que importa”. Ed. Planeta . 2001.

(3) H. J. Auel. “La cultura, la civilización y la guerra: continuidad y cambio”. Diciembre de 2001. www.ieeba.org

(4) El juego de la gallina: es una competición de automovilismo o motociclismo en la que dos participantes conducen un vehículo en dirección al del contrario; el primero que se desvía de la trayectoria de choque pierde y es humillado, por comportarse como un gallina.

(5) H. J. Auel. “La cultura, la civilización y la guerra. Para entender la real naturaleza de la ´grieta´.”Septiembre de 2021, www.ieeba.org

(6) H. J. Auel. “Absoluta prioridad en el año 2023: la recuperación del Estado Institucional”. Febrero 2022, www.ieeba.org

(7). Farolear: Presumir, fanfarronear o darse importancia haciendo o diciendo cosas exageradas y presuntuosas.

(8). Abogado ave negra: (o cuervos) son sinónimos que en la jerga aseguradora se refieren a abogados que viven de estafar a víctimas de accidentes de tránsito o laborales.

(9). La “Tercera Roma”: No habían transcurrido unas pocas décadas desde la Caída de Constantinopla a manos del Imperio Otomano —el 29 de mayo de 1453— cuando ya algunos nominaban a Moscú como la «Tercera Roma», o la «Nueva Roma«.​ Las raíces de este sentimiento comenzaron a gestarse durante el reinado de Iván III, quien había contraído matrimonio con Sofía Paleóloga. Sofía, sobrina de Constantino XI, el último soberano de Bizancio, e Iván podían reclamar ser herederos del derrumbado Imperio Bizantino (o Imperio Romano de Oriente) la “Segunda Roma”. Esa idea Imperial permanece.

(10). Gran Madre Rusia: Todos los pueblos rusos, incluyendo kazajos, tayikos, ucranios, bielorrusos, etc. sienten bajo la piel la pertenencia de esa etnia regional.

(11). Holodomor: palabra ucraniana que significa «matar de hambre». El programa diseñado por el Estado soviético en 1932 tuvo una doble finalidad: eliminar físicamente a los campesinos que se resistían a las colectivizaciones forzosas de sus tierras, sobre todo a los kulaks, pequeños propietarios de tierras y ganado y, reprimir cualquier síntoma de rebrote del nacionalismo ucraniano que se defina como proeuropeo y/o anti-Moscú.

(12). H. J. Auel. La geopolítica del “virus chino”. Mayo de 2020, www.ieeba.org

(13). H. J. Auel. “Las guerras híbridas en el ámbito de una nueva guerra mundial”. Abril de 2021, www.ieeba.org

(14) “El manual bélico de Vladimir Putin: qué es la “guerra híbrida”, y por qué se cree que podría ser la estrategia rusa en Ucrania”. Infobae Digital, 22/02/2022.

(15). H. J. Auel. La amenaza híbrida en la “quinta campaña”. Julio de 2020, www.ieeba.org