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DIEZ AÑOS DE GUERRA EN SIRIA Y LA SITUACIÓN ACTUAL (I)

Giancarlo Elia Valori*

Me centraré en Siria en varios artículos, considerando la importancia que el país ha tenido en las relaciones internacionales durante siglos.

Hace diez años, estalló una guerra civil en Siria. ¿Qué tiene de especial este conflicto? ¿Qué está pasando actualmente en el país? ¿Cómo viven los sirios y qué están experimentando? ¿Hay alguna perspectiva de lograr la paz?

El 15 de marzo de 2011, una de las primeras grandes protestas contra el régimen de Bashar al-Assad tuvo lugar en Damasco. En esa coyuntura, la fuerza de la “Primavera Árabe” controlada a distancia puso sobre la mesa la probabilidad de que un relativamente joven Bashar al-Assad (al comienzo de la crisis tenía 45 años, once de ellos como presidente del país) no se quedara en el poder. Sin embargo, la realidad resultó diferente, dada la fuerza tradicional del secularismo árabe sirio, un oponente del terrorismo islamista desde tiempos inmemoriales, junto con Argelia, Egipto, El Líbano, Túnez, Irak y Libia en ese momento.

Como resultado, la guerra en Siria se ha convertido en el conflicto más mortífero del siglo XXI. En 2021, el número de muertos ha alcanzado un estimado de 600.000 personas y varios millones de sirios se han convertido en refugiados. Teniendo en cuenta los conflictos de la segunda mitad del siglo pasado en términos de bajas, la guerra siria todavía es superada por la primera guerra del Golfo iraní-iraquí, que causó unas 700.000 muertes entre 1980 y 1988.

La migración de refugiados ha cambiado significativamente la situación política interna en los países donde se han visto obligados a buscar refugio: principalmente Turquía, El Líbano y Jordania, así como los Estados miembros de la Unión Europea, incluida Alemania, que ha atrapado astutamente a la élite intelectual de los refugiados mientras que, como de costumbre, Italia se está quedando atrás como una tercera rueda.

Siria se ha convertido en un territorio de abierta rivalidad entre las potencias mundiales y regionales: Rusia, Irán, Turquía y los Estados Unidos de América mantienen abiertamente sus tropas en su territorio. Docenas de países están involucrados en la guerra a través de varios grupos paramilitares y políticos que apoyan a las diversas facciones. Durante diez años el conflicto ha pasado por varias fases. De 2013 a 2017 Siria se convirtió en el territorio en el que se creó el primer “Califato” desde el 3 de marzo de 1924. La guerra civil, con la participación de otros países, se complementó con una guerra con terroristas —en un principio apoyados por los sospechosos habituales— cuya permanencia en Siria causó no solo miles de nuevas víctimas, sino también la destrucción de monumentos culturales de valor mundial.

Una vez uno de los países más exitosos de la región y un faro del secularismo islámico, Siria se ha convertido en un centro de gravedad para los extremistas políticos y los terroristas internacionales, un caso de prueba en las relaciones entre iraníes e israelíes, turcos y kurdos, chiítas, sunnitas, además de Rusia y Estados Unidos. Esta guerra fue descrita como un cuadro de mezcla de conflictos.

La duración de la guerra no es accidental sino totalmente natural. Desde el principio, hubo una fuerte presencia de fuerzas y actores externos en el país, lo que confundió todo. El 15 de julio de 2011, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) anunció que consideraba que la situación política interna en Siria era una guerra civil y exigió que se respetara el derecho internacional humanitario en el país. El 29 de julio, los rebeldes ya contaban con un ejército financiado por los sospechosos habituales: oficiales sirios desleales al régimen, liderados por el coronel Riyad Assad, anunciaron la creación del llamado Ejército Sirio Libre. Casi desde el principio, los intereses de los países de la región y de las potencias mundiales se manifestaron en el conflicto. En 2014, combatientes del grupo terrorista Estado Islámico (ISIS) comenzaron a infiltrarse desde el vecino Irak. En el otoño de 2015, los terroristas estaban a las puertas de Damasco. En 2014 Estados Unidos, que lideraba la lucha antiterrorista, comenzó a amenazar sus posiciones en Siria. A fines de 2017 el presidente ruso Vladimir Putin anunció la derrota de los terroristas y los Estados Unidos de América también reconocieron la derrota de ISIS.

En esa coyuntura, las fuerzas militares del gobierno legítimo de Assad comenzaron a restaurar el control sobre el territorio del país.

Los intentos de resolver el conflicto pacíficamente han fracasado hasta ahora. La base del acuerdo son los principios adoptados en Ginebra en 2012: la creación de un gobierno de transición con la participación de todas las partes interesadas; la celebración de elecciones presidenciales y parlamentarias; la elección de nuevas autoridades.

Uno de los elementos del acuerdo debería ser la adopción de una nueva Constitución: el 30 de octubre de 2019, el Comité Constitucional Sirio comenzó su trabajo. Sin embargo, sus participantes (reunidos en Ginebra) aún no han comenzado a redactar directamente el nuevo texto. Por lo tanto, las elecciones presidenciales (celebradas el 26 de mayo de 2021) se celebraron de acuerdo con la legislación vigente, y vieron la victoria de Bashar al-Assad con el 95,19% de los votos, es decir, 13.540.860 sirios (incluidos los refugiados en el extranjero), con su voto, rechazaron los intentos de aquellos del extranjero que intentaban cambiar el sistema político de su país.

Diez años después del comienzo de la guerra, la mayor parte del país está de nuevo bajo el control de las instituciones tradicionales sirias. Cabe señalar que en julio de 2020 se celebraron elecciones generales, que llevaron a los siguientes 250 representantes a la Asamblea Popular: 167 escaños para el Partido Socialista Árabe Baaz (transnacional); 50 escaños para los independientes no alineados con el gobierno sirio; 17 escaños para los independientes alineados con el gobierno sirio; 3 escaños para el Partido de la Unión Socialista Árabe Siria (Nasserites); 3 escaños para el Partido Social Nacionalista Sirio (Grandes Sirios); 2 escaños para el Partido del Pacto Nacional (Nacionalistas); 2 escaños para el Partido Socialista Unionista Sirio (nasseritas izquierdistas); 2 escaños para el Partido Comunista Sirio (antirre revisionista)-Bakdash; 2 escaños para el Partido Comunista Sirio Unificado (Gorbachovianos); 1 escaño por el Partido de la Unión Democrática Siria (Nasserites); 1 escaño por el Partido Unionista Democrático Árabe (Nasserites); 1 escaño para el Partido Unionista Socialista Democrático (Nasserites).

Sin embargo, grandes áreas en el norte a lo largo de la frontera con Turquía están actualmente controladas por fuerzas pro-turcas: las tres operaciones militares de Turquía han creado una zona de amortiguación en la frontera. Turquía está construyendo hospitales y escuelas de medicina, así como abriendo sucursales de universidades y desconectando líneas eléctricas de su territorio para abastecer a la región de electricidad (a un precio de 0,09 dólares por kilovatio). 

A lo largo de la frontera más cercana a Irak está el área de responsabilidad de los kurdos, que históricamente viven allí pero se opusieron a Assad durante la guerra. Cuentan con el apoyo de los Estados Unidos de América, que mantiene bases en Siria, incluida la protección de los campos petroleros. De hecho, las áreas controladas por Rusia y los Estados Unidos son más grandes debido al uso de la aviación.

Otras dos áreas permanecen bajo control terrorista: en Idlib, Hayat Tahrir al-Sham (anteriormente Jabhat al-Nusra) e ISIS. Las áreas en el suroeste (provincias de Deraa y Quneitra) están controladas por varios grupos armados de oposición que se han reconciliado con el gobierno de Assad. Siria ha estado bajo sanciones estadounidenses desde diciembre de 1979. Actualmente, junto con Siria, la lista estadounidense de países que patrocinan el terrorismo incluye a Cuba, Irán y Corea del Norte. Estos países no tienen derecho a recibir asistencia financiera de los Estados Unidos de América y también están sujetos a una prohibición de la exportación de productos de doble uso y a restricciones financieras. Más tarde, Estados Unidos impuso nuevas restricciones, que se endurecieron después del estallido de la guerra en 2011. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) amenazó con restricciones a las personas y organizaciones que brindan asistencia financiera al gobierno sirio.

Antes del estallido de la guerra, sin embargo, Siria era uno de los países más ricos de la región. En el período de 2011 a 2018, el PIB anual del país cayó en casi dos tercios, de 55 mil millones a 20 mil millones de dólares estadounidenses. Durante los años de guerra, las vidas del 80% de los sirios cayeron por debajo del umbral de la pobreza y la esperanza de vida promedio se redujo en 20 años. El país sufre de una escasez de médicos y enfermeras, maestros, técnicos y funcionarios calificados. Durante los años de la guerra, se crearon centros de influencia y estructuras en la sombra, que no estaban interesados en la transición hacia el desarrollo pacífico, aunque en la sociedad siria, en los círculos económicos de los sectores de la economía real y entre algunos funcionarios públicos, estaba surgiendo una demanda de reformas políticas. Sin embargo, en una atmósfera de miedo constante, el diálogo no parece abrirse.

Este año puede ser uno de los más difíciles para Siria: el presupuesto es más bajo que en cualquier año del conflicto. En la lira siria, su volumen ha aumentado, pero es de solo 3.360 millones de dólares, un 10% menos que en el año anterior. Los principales problemas son los siguientes: la depreciación de la lira siria (antes del conflicto, el tipo de cambio era de 45 liras sirias por dólar, este año ha alcanzado un mínimo histórico – 1.257,86 liras por dólar – y en el mercado negro puede alcanzar cuatro mil liras); el aumento de los precios de los alimentos (para muchos productos, los precios se han duplicado); la falta de petróleo y gas. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU estima que el 60% de los sirios (alrededor de 12,4 millones de personas) están en riesgo de hambre. Por ejemplo, un vendedor de verduras en Damasco con una familia de nueve hijos gana cinco dólares al día. Dos de sus hijos no van a la escuela porque no puede pagarla. Uno de sus hijos se va a Alemania y trata de mantenerlos. Otro niño pasa de tres a cinco horas al día hacienda cola por pan cuyo precio está subsidiado por el Estado. Debido a la escasez de harina, muchas panaderías subsidiadas operan en forma intermitente. (1. continuará)

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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TIEMPO NUBLADO EN LAS CUMBRES

Alberto Hutschenreuter*

Es tiempo de cumbres internacionales. A la del G-20 en Roma le siguió la del clima, la COP26, en Glasgow. Han sido varios días de conversaciones sobre cuestiones que requieren consensos apremiantes para evitar inestabilidades y catástrofes; y aunque difícilmente se logren, menos si a las citas no asisten líderes clave, siempre, como decía Winston. Churchill, será preferible “hablar, hablar y hablar que guerrear, guerrear y guerrear”.

En el pasado los actores preeminentes han estado en guerra durante mucho tiempo. Hubo confrontaciones que duraron un siglo y más también, otras un poco menos. Pero la guerra (o el estado de “no guerra”) ha sido casi el lugar común en las relaciones interestatales. No deja de resultar curioso que hubo “guerras totales” pero nunca “paces totales”.

Algunos consideran que ya no es posible que ocurran confrontaciones militares mayores. Se apoyan en que desde hace décadas no hubo ese tipo de confrontaciones: “no más Normandías” significa que ya no pueden darse esas guerras totales de exterminio. Asimismo, desde el enfoque de la psicología se asegura que durante las últimas décadas la violencia humana ha mermado.

Todo esto es muy relativo: primero, no es cierto que no hubo confrontaciones entre poderes mayores (pensemos en China-URSS, India-China, etc.); segundo, la existencia del régimen internacional de la Guerra Fría ha “moderado” o “amortiguado” conflictos; tercero, las armas nucleares han implicado una “cultura estratégica” que, paradójicamente, favoreció y ¿favorece hoy? la estabilidad; cuarto, han surgido “nuevos territorios” (el ciberespacio, por caso) donde se dirime competencia y se obtienen ganancias de poder, situación que confirma lo que sostiene la historiadora Margaret MacMillan en su más reciente libro: la guerra se transforma pero nunca deja de ser ella misma; y quinto, la psicología aporta, sin duda, pero trata sentires y percepciones del ser humano, mientras que la política internacional implica intereses y capacidades de los Estados. Hay, sí, un cruce interesante en ambas: nunca sabemos acerca de las intenciones de los humanos ni de los Estados.

Estas disquisiciones resultan pertinentes considerando que el contexto de las cumbres internacionales es muy sombrío, hecho que las condiciona sobremanera en relación con resultados que impliquen al menos mínimos de cooperación en cuestiones que urgen. Está muy bien haber acordado en Roma un “global mínimun tax”, pero ello no será demasiado importante si aparece otra pandemia “recargada”; es decir, frente a esta dimensión crucial de la seguridad mundial la situación está casi como antes de 2020, o quizá peor debido a las suspicacias entre Estados realimentadas a partir de la COVID 19; igualmente, tampoco será demasiado si ocurre una “fuga hacia delante” en relación con la rivalidad creciente entre Occidente y Rusia o, más todavía, entre Estados Unidos y China.

Estas últimas posibilidades son sin duda las que más condicionan las cumbres, pues se trata de rivalidades entre actores centrales, entre poderes sobre los que recaen compromisos y esfuerzos para la construcción de estabilidad y, en el mejor de los escenarios, el sostenimiento de cualquier posibilidad de orden internacional, es decir, en términos de Kissinger, de “paz posible”. Pero ello no está ocurriendo ni parece que medianamente pronto vaya a suceder.

Si hasta no hace mucho la situación en esta doble crisis mayor en las relaciones internacionales era preocupante, hoy la discordia aumentó. La relación entre Occidente y Rusia prácticamente ya no cuenta con “anclajes” institucionales relativamente importantes en cuanto a consultas estratégicas entre ambas partes dentro de la OTAN (Moscú siempre consideró una mera formalidad los dispositivos existentes); y el nivel de inseguridad ascendió, pues la Alianza Atlántica podría ampliar capacidades con el propósito de disuadir a Rusia de realizar acciones en su propia zona roja de seguridad, (esto es, el Báltico, Ucrania y el mar Negro). Ello sin duda explica la respuesta dada por el ministro de Defensa ruso, Sergey Shoigu, a su par de Alemania Annegret Kram-Karrembauer cuando esta funcionaria se refirió a la nueva actitud disuasiva de la OTAN. Sin rodeos, advirtió aquel a la ministra germana que debería recordar “como terminaron las cosas en el pasado”.

En cuanto a la situación entre Estados Unidos y China, la ausencia del mandatario chino en las cumbres obedecería a algo más que precauciones ante el virus. Hace tiempo que el presidente Xi no sale de su país. Es cierto que los efectos de la pandemia implicaron una “globalización cerrada”, esto es, primero el frente interno. Pero la ausencia también significa que la China de Xi ya no se siente obligada a cooperar, menos aún ante unos Estados Unidos decidido a contenerla por todos los medios, política que se inició con el republicano Donald Trump y que se amplificó con el demócrata Joe Biden.

Y aquí es donde las posibilidades de la reunión climática chocan contra las desconfianzas y los intereses, pues Pekín podría estar interpretando que Estados Unidos utiliza el multilateralismo para refrenar el crecimiento de China y evitar así que llegue eventualmente a sobrepasarlo en el segmento económico, desafiando cada vez más su supremacía. Dicha estrategia estadounidense implica también ralentizar la iniciativa china del “cinturón” que se extenderá desde China hasta Europa a través de Asia, segmento terrestre en el que Estados Unidos no se encuentra.

Una China que despliega una geopolítica marítima, una geopolítica terrestre y una geopolítica aeroespacial (la reciente prueba china de un arma hipersónica con capacidad nuclear ha provocado en Washington una preocupación que retrotrajo a legisladores y jefes militares a lo que se ha se ha denominado “momento Sputnik”, es decir, la profunda inquietud que produjo en la superpotencia la capacidad soviética de colocar en los años cincuenta un satélite en el espacio, ya que ello significaba que Moscú estaba en condiciones de alcanzar con misiles el territorio estadounidense) se presenta como demasiado para, por ahora, la única superpotencia rica, grande y estratégica del globo.

En este contexto, por demás pertinente resultan las reflexiones de John Mearsheimer publicadas en la última entrega anual de la revista “Foreign Affairs”. En “The Inevitable Rivalry”, el teórico del “realismo ofensivo” considera que Estados Unidos y China “están atrapados en una competencia de seguridad que afecta todas las dimensiones de su relación y es probable que China sea un competidor más poderoso de lo que fue la Unión Soviética. Y es probable que esta competencia se caliente”.

Entre las razones que explican el aumento de la conflictividad, resulta interesante la importancia que este autor otorga a la geografía de la competencia. Dicha geografía es más propensa a la guerra entre Estados Unidos y China de lo que fue la de Estados Unidos-Unión Soviética. Aunque esta última pugna era global, su centro de gravedad era la Cortina de Hierro. Allí había pocas posibilidades de iniciar una confrontación. En Asia, en cambio, no existe una línea clara como aquella de la Europa del bipolarismo. En Asia (Pacífico-Índico) hay varios frentes de conflicto, lo que hace que la guerra sea probable.

Estas rivalidades cada vez más inquietantes son las que restringen cualquier esfuerzo multilateral y mantienen el patrón anárquico como principal rasgo de la política entre Estados. Es necesario remarcar esto último, porque durante los últimos lustros han surgido en las relaciones internacionales enfoques ilusionistas que consideran que recalcar en el mundo del siglo XXI el tema de la anarquía es una cuestión “patológica”.

“Tiempo nublado” alude a un ensayo sobre el acontecer internacional escrito por el mexicano Octavio Paz. Por entonces, principios de los años ochenta, quien sería Nobel de Literatura unos años después, observaba con preocupación las cuestiones que tenían lugar en un mundo que reingresaba a las tensiones entre las potencias mayores, a las que se sumaban el crecimiento de la población en los países subdesarrollados, la disminución de las fuentes de energía, la contaminación de la atmósfera, los mares y los ríos, las enfermedades crónicas de la economía mundial, etc.

Pero más allá de lo que afligía al escritor, existía un orden internacional, tratados, regímenes, y hacia el final de esa década sobrevendrían acontecimientos de escala que darían lugar a la coexistencia de lógicas de fragmentación y de cooperación (“fragmegración” diría un experto).

Hoy hay tiempo nublado en las relaciones internacionales. Las cumbres lo sufren. Pero, más todavía, a diferencia de entonces, no existe un orden internacional en el horizonte, las potencias están abandonando marcos regulatorios y la lógica de la fragmentación es categóricamente predominante.

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL). Ha sido profesor en la UBA, en la Escuela Superior de Guerra Aérea y en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Su último libro, publicado por Almaluz en 2021, se titula “Ni guerra ni paz. Una ambigüedad inquietante”.

 

Bibliografía

Margaret MacMillan, La guerra. Cómo nos han marcado los conflictos, Editorial Turner Noema, 2021.

Tarik Ciril Amar, “NATO’s bullish new plan to fight Russias on the seas, the skies in space could backfire, igniting a catastrophic nuclear conflict”, RTQuestion More, 25 Oct. 2021

Benjamin Friedman, “Don’t Turn China’s Hypersonic Missile Test Into a ‘Sputnik Moment’”, World Politics Review, Thursday, Oct. 28, 2021.

John Mearsheimer, “The Inevitable Rivalry. America, China, and the tragedy of great power politics”, Foreign Affairs, November/December 2021.

Octavio Paz, Tiempo nublado, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1983.

 

CHINA VENCE A EEUU EN INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y PREMIOS INTERNACIONALES

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay 

El secretario entrante de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos dijo que China estaba ganando la batalla de la Inteligencia Artificial sobre los Estados Unidos. Admitió que China pronto derrotaría a Estados Unidos en este campo de alta tecnología.

Aunque el Secretario de la Fuerza Aérea nombrado por el presidente Joe Biden aún no ha asumido el cargo, respondió públicamente a la mayor controversia reciente en los círculos políticos y militares de los Estados Unidos: el Director de Software de la Fuerza Aérea, Nicolas Chaillan, quien renunció el 11 de octubre pasado, dijo que China ya había superado a los Estados Unidos y ganó la batalla de la Inteligencia Artificial contra ella.

Kendall III dijo que estaba de acuerdo con la declaración hecha por Chaillan. Nicolas Chaillan dijo a los medios de comunicación que Estados Unidos no solo avanzó lentamente en el campo de la Inteligencia Artificial, sino que dicho progreso también estaba limitado por varias reglas. China ya está muy por delante. Kendall III no contradijo a Chaillan como lo hicieron algunas personas, pero se ofreció a invitar al ex empleado a continuar participando en las discusiones relevantes.

El portavoz de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, el teniente coronel Justin Brockhoff, anunció: “El secretario Kendall agradeció a Chaillan por su contribución a la Fuerza Aérea. Los dos discutieron las sugerencias hechas por Chaillan para el desarrollo futuro del software del DOD. El secretario Kendall y Chaillan se reservaron la posibilidad de futuras discusiones”.

La Inteligencia Artificial es actualmente un campo altamente competitivo en los círculos de ciencia y tecnología de China y Estados Unidos. Sus usos incluyen el diseño de tecnologías informáticas que pueden pensar y actuar como humanos para realizar diversas tareas complejas. Tanto la República Popular China como los Estados Unidos de América compiten por el dominio en este campo.

La tecnología de Inteligencia Artificial ha penetrado en todas las áreas de los sectores corporativos y de seguridad nacional de cada país y se utiliza para planificar, diseñar e implementar acciones específicas para asuntos complejos.

Chaillan había dicho previamente a los medios que después de que Kendall lo contactó personalmente y con confianza, aceptó servir como consultor no remunerado para el Departamento de Defensa. Chaillan cree que la conexión de Kendall demuestra que el Secretario está decidido a hacer cambios para apoyar al gobierno de los Estados Unidos a sobresalir una vez más en la competencia por la Inteligencia Artificial.

Chaillan dijo: “Los hechos son muy simples. Kendall se puso en contacto conmigo poco después de que anunciara mi renuncia, y la mayoría de los expertos y gerentes no habrían estado interesados en mí y no habrían seguido trabajando duro para remediar esta desventaja. Esto significaba para mí que Kendall realmente quería hacer algo”.

Todavía no hay información específica sobre si el gobierno federal de los Estados Unidos responderá positiva y rápidamente a la advertencia de Chaillan.

Chaillan dijo que estaba dispuesto a asistir a las audiencias celebradas por el Congreso, pero esperaba que algunas de las audiencias no permanecieran confidenciales para que el público pudiera escuchar sus puntos de vista.

Algunos expertos fuera de la Administración de los Estados Unidos dijeron que la cuestión de quién ganaría la competencia de Inteligencia Artificial aún no estaba resuelta. Jim Waldo, científico de TI y director de tecnología de la Universidad de Harvard, dijo que no era tan pesimista como Chaillan sobre las posibilidades de Estados Unidos en la batalla de Inteligencia Artificial contra la República Popular China. Waldo señaló que la mayor parte de la inversión estadounidense en innovación tecnológica provino de empresas privadas, en lugar de investigación universitaria financiada por el gobierno.

Waldo escribió en un correo electrónico: “La idea de que esta investigación será impulsada por los militares es un poco ridícula… El Departamento de Defensa, sin embargo, debe mejorar el uso de esta tecnología y la financiación gubernamental también debe aumentar para fomentar un desarrollo abierto del sector. Todavía no hemos fracasado, pero si no invertimos en el futuro acabará mal”.

Algunos informes de los medios también señalaron que, de hecho, la declaración original de Chaillan era que si Estados Unidos no aumentaba la inversión y hacía avanzar planes y proyectos, perdería en el campo de la Inteligencia Artificial. Su discurso, enfatizado por terceros, se ha convertido en un tema más debatido en la política estadounidense. Algunos republicanos lo usan como un argumento contra la Administración de Biden, y otros miembros de las fuerzas militares estadounidenses se apresuran a explotarlo para pedir más fondos del gobierno.

Más allá de la controversia y la decepción que prevalecen en los Estados Unidos, las noticias han dado la vuelta al mundo. Reuters informó: “China ha ganado la batalla de Inteligencia Artificial con los Estados Unidos y está en camino a la dominación global gracias a sus avances tecnológicos, como dijo el ex Director de Software del Pentágono al Financial Times”.

Además, la agencia de noticias británica informó de otras declaraciones serias de Chaillan: “No tenemos ninguna posibilidad de luchar contra China en 15 a 20 años. En este momento, ya es un hecho; en mi opinión ya se acabó. […] Si se necesita una guerra o no es algo así como una anécdota”.

“China está destinada a dominar el futuro del mundo, controlando todo, desde la narración de los medios hasta la geopolítica”, dijo.

Chaillan culpó a la lentitud de la innovación y a la reticencia de las empresas estadounidenses, como Google, a trabajar con el Estado en Inteligencia Artificial, así como a los extensos debates éticos sobre tecnología.

Google, por otro lado, no estuvo disponible de inmediato para comentarios fuera del horario comercial. Como dijo Chaillan, las empresas chinas están obligadas a trabajar con su gobierno y están haciendo “inversiones masivas” en Inteligencia Artificial sin tener en cuenta la ética. En efecto, la llamada ética sería el respeto a la intimidad que, como se demuestra en mi artículo del 26 de octubre. (https://saeeg.org/index.php/2021/10/26/la-llamada-privacidad-en-internet/), es solo una quimera.

Dijo que las defensas cibernéticas de Estados Unidos en algunos departamentos gubernamentales están en “nivel de jardín de infantes”.

El 10 de octubre, el mismo día en que Chaillan hizo sus declaraciones, la República Popular China publicó un plan para promover el desarrollo estandarizado a nivel nacional en su búsqueda de un desarrollo y modernización de alta calidad.

El documento, publicado conjuntamente por las Oficinas Generales del Comité Central del Partido Comunista de China y el Consejo de Estado, proporciona detalles sobre las medidas para garantizar que el país alcance sus objetivos de desarrollo a largo plazo hasta 2035.

Con las mejoras que se realizarán en el sistema de gestión estandarizado, un modelo de desarrollo orientado a las empresas impulsado por el gobierno y el mercado, caracterizado por la participación masiva, la apertura y la integración, tomará forma en China para 2035.

Como se señala en el documento, para 2025 se realizarán reformas en el trabajo de normalización. Tanto el gobierno como el mercado contribuirán al proceso de establecimiento de normas. Todos los sectores económicos estarán cubiertos por las normas de la industria, y la cooperación internacional en el trabajo de normalización se profundizará ampliamente.

Los ecos de las declaraciones hechas por Chaillan y los recientes éxitos chinos han llevado recientemente a algunos de los nombres más importantes de Wall Street a decir que las perspectivas económicas de China “se ven más brillantes que nunca”. China es “demasiado grande para ignorarla”, como informó recientemente The New York Times.

De hecho, comprender completamente y pronosticar correctamente la economía china siempre ha sido un tema al que el mundo presta gran atención.

Durante el despegue económico de China en las últimas décadas, los rumores que predicen el colapso de China han estado casi ausentes. La economía china, sin embargo, continúa creciendo y mejorando, y su historial de desarrollo ha sido incuestionablemente impresionante. Aquellos que a menudo hablaban mal del mercado chino fueron contradichos por la realidad.

Los hechos hablan más que mil palabras. China tiene su propia forma de desarrollar su economía y ha adquirido una valiosa experiencia a lo largo de los años. Si las comunidades económicas y políticas occidentales todavía intentan interpretar la economía china sin pensar fuera de la vieja caja, o renuncian a su idea preconcebida, la economía china seguirá siendo un mito para ellos.

Con el fin de hacer que su economía crezca de manera efectiva, China ha sido capaz de mantener la consistencia y adaptarse al cambio.

Mientras el mundo atraviesa transformaciones pocas veces vistas en un siglo y, al mismo tiempo, está lidiando con la pandemia de Covid-19, China no solo ha mantenido estables sus políticas macroeconómicas, sino que también se ha preparado para construir un nuevo modelo de desarrollo y promover un desarrollo de calidad.

Como resultado, China fue la única economía importante en el mundo que registró un crecimiento positivo el año pasado y su economía creció un 12,7% en la primera mitad de este año. Estos resultados demostraron la fuerte resiliencia de la economía china e inyectaron confianza en la recuperación económica mundial.

China también ha estado dispuesta a utilizar instrumentos de política para impulsar reformas, estimular la innovación y dar un nuevo impulso al desarrollo.

China ha mejorado continuamente su capacidad de innovación científica y tecnológica, optimizado los servicios gubernamentales y estabilizado las cadenas de suministro industrial para que la economía real pueda ser mejor atendida.

Como se comentó en un artículo publicado por el principal diario de Singapur, Lianhe Zaobao, a principios de este año, “China está enfocada en hacer su trabajo. Esta no es solo la elección correcta, sino también la fuente de fortaleza para que China continúe resistiendo la presión”.

En este mundo altamente interconectado, China cree que jugar el “juego de suma cero” no es de interés para la comunidad internacional. China siempre ha estado firmemente comprometida con la apertura y la cooperación y siempre ha tratado de promover su propio desarrollo estimulando el desarrollo común de todo el planeta.

Aunque la globalización económica ha sido sometida a una dura prueba, China ha seguido uniéndose a otros en todo el mundo para construir una economía global abierta, con un compromiso aún más fuerte con la apertura. Ha implementado la Ley de Inversión Extranjera, ha abierto aún más su sector financiero de manera ordenada y ha creado plataformas como China International Import Expo y China International Fair for Trade in Services para compartir sus oportunidades de desarrollo con todos..

Más importante aún, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, la Ruta de la Seda, se ha visto cada vez más en todas partes como un camino hacia la prosperidad, la innovación, la salud y el desarrollo verde.

En todo el mundo, actualmente hay cada vez más personas que han comenzado a reconocer profundamente que el vigoroso desarrollo económico de China tiene un significado positivo para la economía global, y es impopular jugar el juego basado en las teorías de “desacoplamiento” y “amenaza de China”.

Mientras en Occidente haya quienes todavía estén obsesionados con una visión descendente del futuro de la economía de China, y confíen en su antigua forma de pensar y profundo sesgo ideológico, se demostrará que están equivocados una y otra vez.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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