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LA MUJER REVISITADA CON EQUIDAD

Abraham Gómez R.*

Imagen de Stefan Keller en Pixabay 

El lenguaje como estructura social siempre ha aportado también datos interesantísimos —precisamente— para lo que vamos a exponer a lo largo de este escrito.

De manera contraria a lo que alguna gente cree, dejamos en claro que no se hace inclusión de lo femenino en la sociedad, ni se reivindica a la mujer si se dice: muchachos y muchachas, ellas y ellos, todas y todos; o poniendo arrobas (@) en los enunciados para abarcar ambos géneros de una sola vez. Esto último resulta tamaña extravagancia.

Muchas veces, porque se pretende enarbolar falsos feminismos escuchamos: participantes y participantas, concejales y concejalas, alférez y alfereza, oficinistas y oficinistos, periodistas y periodistos, camaradas y camarados, asistentes y asistentas, y por esa ruta distorsionada y ridícula se termina por ofender o poner en entredicho el verdadero valor de las mujeres en nuestra sociedad.

Las mujeres requieren de nosotros, hoy tanto como ayer, una nueva mirada sociohistórica.

Así entonces las cosas, no le pidamos a las construcciones gramaticales que reivindiquen lo que algunas sociedades, enteramente masculinizadas, excluyen en casi todos los actos de habla, en la vida diaria y en cualquier desenvolvimiento.

Preguntamos, ¿acaso, se siente la mujer excluida o discriminada al no verse visualizada en cada expresión lingüística relativa a ella?

Podemos entregar, una y otra vez, las mismas y decididas respuestas a la anterior pregunta: los abusos en los desdoblamientos referidos al género gramatical son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico.

Se nos hace inaceptable e impertinente, en esta época contemporánea, que alguien pueda llegar a pensar que las mujeres son inferiores. No hay el más mínimo argumento serio que avale una aseveración de ese tenor.

Le invito a que hagamos una especie de “tomografía” de bastantes cortes a la palabra mujer.

Es un vocablo muy antiguo y con tantísima densidad socio-cultural y emocional, que desde que se formó ha ido evolucionando en estructura y en significado hasta llegar a su valor actual.

El étimo latino original es mulier, que deviene, luego, al español como mujer.

También nos sorprende la proximidad de la palabra mulier con el vocablo mulcere, que significa palpar, tocar suavemente, acariciar; y la cercanía con el término mulgere, que quiere decir ordeñar. No entremos en discusiones en cuanto al evidente parentesco entre estas dos últimas expresiones lexicales; no ameritan mayores comentarios.

Por otra parte, debemos detenernos críticamente también en la inequidad de género que ha arrastrado y sufrido la mujer a lo largo de la historia; fenómeno que hoy resulta inaceptable desde todo punto de vista.

Insistamos que en cada vocablo hay implícito una carga valorativa; de tal manera que aflora con mulier-mujer una intención oculta de descalificación muy marcada que en ellas ha venido pesando injustamente. Práctica que ebullía con descarada fuerza en la época medieval —con tantos prejuicios—, provocando la desigualdad entre los géneros. Apartheid sufrido por la mujer y que han intentado perdurarlo en el tiempo; por cuanto, las estructuras simbólicas han contribuido a crear una concepción de lo femenino conducente a perpetuar la inferioridad de la mujer. Súmesele a esto la adherencia, casi inconsciente que ellas mismas asumen de unas lógicas patriarcales que improntan y deciden un modo de ser, hacer y decir de la mujer.

Para alcanzar la equidad de género debemos, junto con ellas, deconstruir la cultura patriarcal; que es, precisamente, donde se alojan, reproducen y encriptan, en su mayoría las racionalidades que imponen los designios hacia el género femenino.

Observemos con sumo cuidado que hay una relación entre los significados (descalificativos mencionados) asociados al vocablo mujer y la manera cómo la mujer es (mal) tratada en la sociedad.

Muchos pensadores que se tienen por serios, que aportaron enjundiosos estudios, también contribuyeron con sus escritos a reproducir los menosprecios y la invisibilizaciòn de las mujeres. J. J. Rousseau sostenía sin desparpajo en plena modernidad esto “… la mujer está destinada a la vida doméstica, por la fuerza de la naturaleza, por sus funciones biológicas, por su razón débil y caprichosa y por lo tanto no habría motivos para reclamar derechos para la mujer”.

Sin embargo, a pesar de muchas limitaciones socio-políticas, la mujer ha logrado reivindicarse, ha procurado sus propios reconocimientos históricos; ha alcanzado la igualdad de oportunidades y la equidad en el ejercicio de sus derechos, hasta transformar y hacer una resignificación de la palabra mujer, una nueva conceptuación; para que deje atrás la heredad desde sus orígenes.

A nadie se le ocurriría en estos tiempos contemporáneos traducir, dogmáticamente, del latín mulier o mujer en español, el menor asomo que implique idea despectiva; porque se ha construido con suficientes esfuerzos — y densamente justificado– una nueva tesitura discursiva, para la plena dignificación de nuestras mujeres

Aunque persisten, todavía, resabios de una cultura androcentrista que intenta imponerle a la mujer su modo de ser, que terminan limitándola a una constreñida trama sin mayores posibilidades.

Nos regocija que la mujer haya ido deshilachando tales anudamientos existenciales.

Algunos han querido que ellas sigan viviendo bajo ilimitado sometimiento patriarcal; para tales propósitos recurren a la subestimación y al alojamiento en el inconsciente de la mujer un patrón de conducta ajeno a ella misma, para que lo legitime y acepte; con lo cual le producen un daño severo a su autoestima.

Indudablemente, que el presente siglo XXI es el siglo de las mujeres. Vamos a permitirnos esa profecía razonable.

Ciertamente, la presencia de la mujer en los cargos de responsabilidades había sido lenta, pero se ha vuelto indetenible.

La pregunta que se formula la mujer ante los desafíos de la sociedad ya no es cómo acceder sino la trascendencia de su participación y las consecuencias de sus decisiones. Admitamos, con honestidad, que en estos y en los próximos tiempos habrá muchas mujeres en desempeños públicos y privados para orgullo de los seres humanos y de ellas en particular.

 

* Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV). Miembro de la ONG “Mi mapa de Venezuela”.

 

LAS MUJERES Y EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO DOMINADO POR LOS HOMBRES

Salam Al-Rabadi*

Con la propagación de la pandemia Covid-19, muchos de los avances logrados en el nivel de igualdad son vulnerables a una reversión, dado que esta pandemia profundiza los desequilibrios existentes y revela debilidades en los sistemas sociales, políticos y económicos que exacerban el sufrimiento de las mujeres y las niñas simplemente porque son mujeres. A pesar de la lenta evolución en el ritmo de aumento de la igualdad de género, las mujeres de todo el mundo todavía se enfrentan a leyes y regulaciones que restringen e impiden sus oportunidades económicas y sociales.

Según informes internacionales, la pandemia “Covid-19” parece haber creado nuevos desafíos para las mujeres en términos de salud, seguridad y seguridad económica, ya que las mujeres sólo disfrutan de tres cuartas partes de los derechos legales otorgados a los hombres[1].

Ciertamente, al tratar de evaluar estos dilemas y abordar la realidad de los derechos de las mujeres, se deben hacer las siguientes preguntas:

  • ¿Hasta cuándo se tomará a la mujer como evidencia de la integridad cultural y moral de la sociedad?
  • ¿Existe un defecto filosófico que impide que las mujeres trasciendan este sistema masculino?

Parece que la verdadera opresión masculina es lo que las sociedades y los campos filosóficos sufren de la visión de inferioridad de las mujeres. En consecuencia, si existe un deseo serio de alcanzar una verdadera igualdad entre mujeres y hombres, esto requiere una reconsideración de todo lo relacionado con la cultura de las sociedades, incluida la cultura de las propias mujeres[2], sin olvidar enfrentar algunos desafíos a nivel cultural, que requiere la búsqueda de una nueva aproximación en relación con el pensamiento filosófico y cultural de acuerdo con un punto de vista crítico, donde parece que la mujer ha sido colocada en el seno de un vórtice filosófico cerrado que mantiene las formas tradicionales de la femineidad[3].

En este contexto, es lógico decir que no se puede alcanzar la igualdad de género social sin la existencia de un trasfondo filosófico que trabaje para iluminar las mentes y liberarlas de las restricciones masculinas. Pero, ¿cómo se puede lograr esta liberación e iluminación si los propios valores filosóficos sufren de un problema prominente de género y machista, que está vinculado (desafortunadamente) con la inferioridad de las mujeres en el mundo de la filosofía?

Por ejemplo, los filósofos griegos más famosos (Aristóteles, Platón, Sócrates) tenían una visión de las mujeres, en general, que no iba más allá del hecho de que sólo eran aptas para la procreación, que no contaban con virtudes morales como los hombres, que no podían ejercer virtudes morales como los hombres. Las mujeres eran consideradas inferiores a los hombres en términos de razón y virtud.

Y esta visión de las mujeres en el mundo de la filosofía antigua no difirió mucho con una serie de grandes filósofos modernos (Jean-Jacques Rousseau, Immanuel Kant, Nietzsche). Según su visión, las mujeres no fueron creadas ni para la ciencia ni para la sabiduría, sino sólo para satisfacer los instintos de los hombres. También creían que la mente de una mujer no estaba a la altura de la mente de un hombre y no estaba hecha para pensar. Además, creían que las mujeres eran la fuente de todo mal y que conspiraban con todas las formas de decadencia contra los hombres[4].

En conclusión, parece claro que la continua tiranía de la filosofía masculina es un síntoma natural de la dominación de la cultura masculina sobre la humanidad en general, que continúa hasta el día de hoy, a pesar de las afirmaciones de igualdad. En consecuencia, si hay alguien que cree que estas consideraciones filosóficas, impregnadas de masculinidad y relacionadas con los derechos de las mujeres, se han quedado obsoletas por el tiempo a la luz de la propagación de la ideología feminista y el desarrollo de ideas relacionadas con la sexualidad (género) etcétera.

Pero aquí, el problema existente debe plantearse en torno a la cuestión de si la visión masculina de las mujeres realmente ha cambiado a nivel filosófico contemporáneo y si hay una necesidad urgente de pasar al sistema filosófico integral de la Ilustración.

Ciertamente, al tratar de responder a estas preguntas y evaluar este problema híbrido (si se supera el enfoque estadístico y cuantitativo, que hace hincapié en la oscuridad de la escena) para crear un cambio radical a nivel de los pilares vitales que garantizan los derechos de las mujeres, debemos preguntarnos sobre las razones y los antecedentes que han impedido a las mujeres crear una escuela filosófica integrada, o establecer una corriente intelectual que pueda influir en el campo filosófico. Esta imposibilidad o incapacidad, inevitablemente nos llevará a plantear el dilema fundamental que se encuentra en la siguiente pregunta: ¿Existen mujeres filosofas[5]?

Aquí, juiciosa y definitivamente, chocaremos con la crueldad y el peso de la dialéctica relacionada con la importancia, el estatus y el papel de la mujer en el pensamiento y la filosofía.

 

Doctor en Filosofía en Ciencia Política y en Relaciones Internacionales. Actualmente preparando una segunda tesis doctoral: The Future of Europe and the Challenges of Demography and Migration, Universidad de Santiago de Compostela, España.

 

Notas

[1] Sin mencionar el aumento de la violencia contra las mujeres, además de la debilidad económica y la falta de independencia financiera (hasta cierto punto), incluidas las barreras a la preservación del empleo, las mujeres también se enfrentan a un aumento de los desafíos de violencia doméstica y salud y seguridad… etcétera. Ver informe: “Women, Business And The Law In 2021″, The World Bank, Washington, Ver:https://openknowledge.worldbank.org/bitstream/handle/10986/35094/ 97814648 16529.pdf

[2]  Es extraño y reprobable que algunas mujeres acepten estas apariencias, con el pretexto de que están acostumbradas a estas prácticas. También es desafortunado que muchos de ellos no sepan nada sobre su mera explotación. Aquí pueden surgir muchos signos de interrogación acerca de si las mujeres tienen derecho (sobre la base de principios de derechos humanos) a aceptar la violación de su humanidad?

[3] En consecuencia, debemos tener cuidado y reflexionar sobre cómo utilizar términos como feminidad, identidad, honor, masculinidad… etcétera. 

[4] Vale la pena mencionar aquí la importancia de no generalizar la visión masculina de las mujeres en el campo filosófico. Por ejemplo, el filósofo árabe Averroes (Ibn Rushd:1126-1198) nos presentó una visión humana que no es menos importante que todas las propuestas contemporáneas relacionadas con los derechos de igualdad de género. Donde afirma que no hay diferencia entre una mujer y un hombre (excepto por la diferencia física), son un tipo donde la mujer y el hombre son de un tipo. Además, considera que no hay obstáculo para que una mujer llegue a la sentencia.  

[5] Sistemáticamente si la influencia de la opinión pública irracional se pasa por alto, si las emociones se dejan de lado y si el escrutinio científico de la historia filosófica (antigua y contemporánea) se lleva a cabo de acuerdo con características y condiciones específicas, entonces no encontraremos ninguna filosofía de mujeres.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG. Prohibida su reproducción.

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