Roberto Mansilla Blanco*

El secretario de Defensa de EEUU, Peter Hegseth, declaró que la operación militar que detuvo al ya ex presidente venezolano Nicolás Maduro este 3 de enero fue una demostración de cómo alcanzar «la paz por la fuerza».
Minutos antes, el presidente Donald Trump justificó la operación de captura contra Maduro y su esposa Cilia Flores, acusados de narcotráfico, exclamando que «EEUU gobernará Venezuela hacia una transición justa y adecuada». Reiteró también el interés en el petróleo (Venezuela tiene las mayores reservas de hidrocarburos a escala mundial) toda vez que lanzaba una enigmática declaración considerando a la líder opositora y actual Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, como «una dama formidable pero que no tiene apoyo ni respeto en Venezuela».
Horas antes, mediante comunicado, Machado aseguró que tanto ella como el «presidente legítimo» Edmundo González Urrutia estaban «preparados para liderar la transición». La posterior declaración de Trump evidencia que Washington está manejando otros escenarios para la transición en Venezuela en las que, aparentemente, Machado no tiene el principal rol protagónico.
Visto el modus operandi y la puesta en escena de la «operación militar especial» en Venezuela contra Maduro queda claro que el contexto da a entender un pacto previo entre diversos actores, internos y externos, en la que la caída de la pieza clave, Maduro, era ya imprescindible. A diferencia de otros contextos de caídas de regímenes autoritarios, en las calles de Caracas y de varias ciudades venezolanas no se apreciaron protestas masivas. La tensa y expectante calma predominaba en el escenario toda vez el «post-madurismo» se esforzaba por mantener las riendas del poder.
Con la seriedad y no menos nervios propios de la situación, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, apareció como el primero alto cargo en «dar la cara» en este momento de crisis, lo cual revela donde están los factores de poder en Caracas. La vicepresidenta Delcy Rodríguez fue también muy prolífica en redes sociales: tras demandar una «fe de vida» de Maduro reiterando que él es el «presidente legítimo» de Venezuela, el propio Trump aseguró en su intervención que el secretario de Estado, Marco Rubio, ya había hablado con ella. Trump también informó que Rubio será la figura clave en la tutela de Washington en este nuevo escenario venezolano.
Semanas atrás, cuando se filtraron las informaciones sobre la conversación telefónica entre Trump y Maduro, éste ofreció su renuncia a favor de Delcy Rodríguez. Si bien los medios estadounidenses, citando fuentes de la Casa Blanca, aseguraron que Trump no aceptó esta fórmula, la “clave Delcy” deja entrever que la Casa Blanca ya la había manejado con anterioridad como la figura transitoria más visible en esta etapa post-Maduro y que existía una línea de comunicación directa con ella. Tampoco hay que olvidar el peso del ministro de Interior y segundo vicepresidente Diosdado Cabello, con fuerte poder en los estamentos militar, burocrático y empresarial del «chavismo».
Más allá de las incógnitas, que son muchas, y de las inevitables incertidumbres ante un cambio político, Venezuela ingresa en una nueva etapa de equilibrios de poder pero también ante un escenario desconocido. Si bien durante su discurso Trump dejó entrever que «no hacen falta nuevas operaciones militares en Venezuela», la presión de Washington será cada más política en este contexto «post-Maduro» en Venezuela, en clave de tutela exterior y amparada por su intimidante presencia militar en el Caribe. Este escenario arroja un contexto inédito: Washington pretende con ello tutelar la soberanía de Venezuela bajo una transición dirigida por elementos tecnócratas como Delcy Rodríguez con la intención de neutralizar el poder militar y paramilitar vía colectivos y Milicia Popular en manos de Padrino y Diosdado.
Resta por medir como repercutirá la caída de Maduro en el contexto geopolítico global. Las constantes referencias de Trump y de Hegseth durante sus discursos sobre el poderío militar de un EEUU que «está de regreso» van claramente dirigidos a tres actores exteriores con presencia en Venezuela: Rusia, China e Irán, vistos en perspectiva como los verdaderos perdedores con la caída de Maduro, tal y como lo fueron en diciembre de 2024 con la de Bashar al Asad en Siria.
No obstante, no es descartable que la caída de Maduro fuera previamente «pactada» por Washington con Moscú y Beijing. Más allá de las consecuentes protestas por la agresión a su aliado, Rusia y China mantienen un bajo perfil, tal y como lo tuvieron con la caída de al Asad en Siria. Horas antes de su caída, Maduro recibió a una delegación china en el Palacio de Miraflores. No obstante, está por verse si Moscú y Beijing elevarán el «caso Venezuela» ante el Consejo de Seguridad de la ONU argumentando la violación del derecho internacional vía intervención militar socavando la soberanía venezolana.
Por su parte, Irán vive actualmente protestas en las calles mediatizadas por una presión constante por parte de EEUU e Israel que, incluso, advierten de la posibilidad de una confrontación armada con la pretensión de propiciar un cambio de régimen en Teherán. Vuelve a aparecer en escena la figura de Reza Pahleví, el exiliado hijo del último Shah de Persia. Diversas fuentes aseguran que Rusia viene asistiendo militarmente a su aliado iraní ante cualquier expectativa de confrontación armada contra Israel y EEUU. Concentrada en su crisis interna, Teherán tenía poco margen de maniobra para asistir a su aliado Maduro.
Por otra parte, la operación contra Maduro es una advertencia de Washington hacia países díscolos para sus intereses como Cuba, Nicaragua, Colombia e incluso Brasil, tradicionales aliados de Maduro, aspecto que puede servir de precedente para intervenciones similares.
Este revival del intervencionismo estadounidense en la región, que en el caso venezolano sería la primera intervención militar directa en un país de América del Sur, revela que Trump quiere volver a dominar lo que coloquialmente se ha denominado como su «patio trasero» pero que en los últimos años observó la presencia de competidores y rivales cómo China, Rusia, Irán, India y Turquía, entre otros.
El análisis de lo sucedido en Caracas implica diagnosticar que Venezuela ingresa en un terreno hasta ahora desconocido. Pero la realpolitik puede ser más asertiva y dictaminar que los pactos, directos e indirectos, fueron probablemente más decisivos en la caída de Maduro. Estos pactos, con sus inciertos escenarios, condicionarán esta etapa «post-Maduro» en la que la «operación militar especial» de Trump pretende reorientar radicalmente a Venezuela hacia la esfera de influencia de Washington.
* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.
Este artículo fue originalmente publicado en idioma gallego en Editorial Novas do Eixo Atlántico: https://www.novasdoeixoatlantico.com/venezuela-a-paz-pola-forza-roberto-mansilla-blanco/
