¿ES HORA DE HABLAR DE LA RUSIA POST-PUTIN?

Roberto Mansilla Blanco*

Imagen de svklimkin en Pixabay

En los medios de comunicación occidentales comienza a imponerse una matriz de opinión en clave prospectiva: la de manejar escenarios para una Rusia post-Putin. Las recientes visitas a Moscú del director de la CIA, John Ratcliffe y del equipo negociador enviado por el presidente estadounidense Donald Trump con vistas a encontrar una solución al conflicto en Ucrania acrecentaron aún más estas expectativas en lo relativo a observar lo que está sucediendo en Rusia y los manejos internos de poder en el Kremlin.

Con respecto a estas visitas, si bien no se llegaron a acuerdos concretos más allá de intercambios de prisioneros y paralización momentánea de los ataques entre Moscú y Kiev, el presidente ruso Vladimir Putin declaró que el conflicto en Ucrania «está llegando a una conclusión» aunque sin especificar en qué condiciones.

Mientras aumenta la tensión con Rusia, los medios occidentales han enfocado su interés en interpretar los hipotéticos escenarios post-Putin que podría presentarse en Moscú.

En este orden destaco una entrevista realizada al oligarca ruso Andréi Melnichenko, publicada en julio pasado en el semanario británico The Economist. Bajo el sugerente titular «El Hombre que podría cambiar Rusia», el entrevistado, que anteriormente había escrito un ensayo intitulado «Por qué una Rusia debilitada es malo para el mundo», afirmaba sobre presuntas crisis internas en el Kremlin y el «desastre al que se enfrenta Rusia» al calor de la escalada de conflicto en Ucrania, las sanciones exteriores, y los temores de una guerra directa entre Rusia, la OTAN y Europa, ahora ampliadas con el despliegue de misiles en Noruega.

Otro medio, Asia Times, publicó el pasado 4 de septiembre un artículo intitulado «Es hora de comenzar a prepararse para una Rusia post-Putin», que amplió aún más el margen de especulaciones sobre lo que podría estar sucediendo en Rusia. Destacaba el análisis que «la guerra de Rusia en Ucrania va tan mal para Putin que abre la posibilidad de un cambio de régimen» apresurándose a destacar que «al menos no por ahora».

Otro análisis, esta vez en el Atlantic Council publicado el pasado 6 de agosto bajo el título «No deberíamos temerle a una Rusia post-Putin», consideraba que «la Rusia post-Putin se convertiría en impredecible pero más dispuesta a una escalada contra Occidente. No obstante, las experiencias del pasado y el contexto actual sugieren que el próximo gobernante de Rusia se vería forzado a buscar un camino menos hostil».

Estas perspectivas entran a colación en un momento de crecientes tensiones ruso-occidentales e, incluso, ante un marcado proceso de «des-occidentalización» por parte del Kremlin, fortalecido tras la reciente cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) celebrada en Bishkek (Kirguizistán) y la celebración anual del Foro Económico del Lejano Oriente en Vladivostok.

Las tensiones ruso-alemanas ocurren bajo un contexto electoral determinado por la victoria de Alternativa por Alemania (AfD) en las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt el pasado 6 de septiembre. AfD es firme partidario de recomponer las relaciones con Moscú y es considerado probablemente como el principal aliado ruso en Europa. El anuncio del gobierno alemán del cierre de Casa Rusia de Berlín dio paso a una inmediata respuesta desde el Kremlin, con el cierre del Instituto Goethe en Moscú y del Consulado alemán San Petersburgo, previsto para el próximo 18 de septiembre.

La visita a Moscú del director de la CIA, John Ratcliffe a mediados de agosto así como posteriormente del equipo negociador enviado a la capital rusa y a Kiev por el presidente estadounidense Donald Trump para poner fin al conflicto en Ucrania, acrecentaron aún más el clima de desconfianza sobre lo que está sucediendo en Rusia y sobre la posibilidad de comenzar a planificar un escenario post-Putin.

¿«Transición sin sucesión»?

Grosso modo, a corto plazo existen escasas certezas sobre la posibilidad de plantear un escenario post-Putin en Rusia. Las elecciones parlamentarias para la Duma Estatal previstas para el próximo 20 de septiembre reforzarán los cimientos del sistema instaurado por Putin desde su llegada al poder en 2000, ahora con una guerra en Ucrania cada vez más ampliada hacia la OTAN.

Garantizada la hegemonía del partido oficialista Rusia Unida, el único cambio en el equilibrio de fuerzas políticas en Moscú puede deberse al auge de fuerzas ultranacionalistas, básicamente instaladas en el ecosistema «putinista», así como la presencia de ex combatientes de la Operación Militar Especial (SVÖ por sus siglas en ruso), un nuevo actor político que coexistirá con las fuerzas del establishment.

Se especula con que Rusia estaría consolidando una especie de bipartidismo parlamentario entre Rusia Unida y el Partido Comunista de la Federación de Rusia cuyos cimientos mantendrían en pie el sistema de «democracia soberana» instaurado por Putin a partir de 2000.

No obstante, el presidente ruso, actualmente de 73 años, cuyos índices de popularidad son aún sólidos, aproximadamente en torno al 70%, podría estar adelantando un proceso de transición en las elites de poder, arrojando algunas claves de sucesión de cara a los próximos comicios presidenciales previstos para 2030, que anuncian un nuevo período de seis años en el poder.

En 2025, un artículo del politólogo Dmitri Orlov hablaba de un escenario de «transición sin sucesor» en Rusia. Entre sus principales argumentos, Orlov considera que desde 2024, el Kremlin está operando una transición ordenada bajo el férreo y «autoritario liderazgo de un Putin» que ha ido delegando funciones gubernamentales «en jóvenes oficiales próximos a su círculo de poder más cercano; una segunda generación dentro de la elite que está consolidando su poder tanto a nivel estatal como en los negocios».

Orlov indica que si «Putin tiene éxito en rejuvenecer a la elite, el sistema ganará un nuevo impulso. Caso contrario estaríamos a las puertas del colapso del régimen». En este proceso de «rejuvenecimiento de la elite», Orlov menciona el nombre de Alexei Dyumin (54 años), antiguo guardaespaldas de Putin y actualmente secretario del Consejo de Estado.

Con menos atención mediática, otro nombre que ha ocupado el centro de atención es el de Serguéi Kiriyenko (64 años), ex primer ministro y ex jefe de la estatal de energía nuclear Rosatom. Tras varios años fuera del foco, Kiriyenko volvió a la escena tras la invasión de Ucrania (2022) como responsable de la reconstrucción de «Novorrusia», la nueva frontera geopolítica de Rusia con Occidente determinada por las conquistas territoriales en el este ucraniano y su reconversión regional en la Federación rusa.

¿Un «modelo yugoslavo» de «putinismo sin Putin»?

Volviendo a los escenarios post-Putin, expertos rusos como Abbas Gallyamov han realizado un paralelismo histórico con la transición ocurrida en Yugoslavia entre 1980 y 1989 tras la muerte del Mariscal Josip Broz Tito y la instauración de una dirección colegiada, entonces dirigida por el Partido Comunista. Gallyamov, un ex colaborador de Putin, ha adoptado el término putinismo sin Putin».

No obstante, la brutal desintegración de Yugoslavia en 1991 ha persuadido a los expertos rusos, algunos de ellos ligados al Kremlin, a estudiar fórmulas propias que eviten un hipotético destino similar. El caso yugoslavo de «dirección colegiada» derivó en la adopción de presidencias rotativas entre las diversas comunidades étnicas que conformaban la antigua Yugoslavia, aspecto que acrecentó las rivalidades que llevaron a su desintegración.

El caso ruso parece determinar una posible transición con mayor peso de los grupos de poder y su influencia en las instituciones. Las elites establecidas en torno a los servicios de seguridad (los denominados «siloviki»), las Fuerzas Armadas, los oligarcas en los altos mandos de las empresas estatales (Gazprom, Rosfneft, Rosatom) y la clase tecnócrata e incluso el Consejo de Estado aplicarían un modelo de dirección colectiva con el presidente como árbitro y coordinador.

Independientemente de la posibilidad de reemplazo político o incluso de desaparición biológica de Putin, la Rusia de hoy manejaría un escenario más asertivo de «sucesión pactada» entre las elites instaladas en el Kremlin, en la que los siloviki, el sector de poder originario de los servicios de seguridad, tendrían el peso decisivo.

Otro factor a tomar en cuenta es la consolidación de las ganancias territoriales en Ucrania, con regiones del este ya oficialmente incorporadas a la Federación rusa (Donetsk, Lugansk, Jersón, Zaporiyie) y la posibilidad de ampliación territorial vía dinámica del conflicto (Járkov; Odesa) en la que podría estar configurándose una nueva elite de poder en el Kremlin con capacidad para dirigir el futuro en la eventual Rusia post-Putin. Estas elites conectarían directamente con las perspectivas «patrióticas» que hoy imperan en Rusia.

Para el periodista ruso Maksim Trudoljubov, «la naturaleza de la coalición que llegue al poder en la Rusia post-Putin dependerá de cuán dramática y convulsa sea la transición». Investigadores independientes como Andrey Soldatov e Irina Borogan, expertos en los servicios rusos de inteligencia, advierten sobre el clima de paranoia en el Kremlin ante las actuales tensiones con Occidente y cómo esta perspectiva podría influir en una hipotética transición post-Putin.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

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