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GUAYANA ESEQUIBA: ¿POR QUÉ INSISTIR ANTE LA CORTE? PORQUE PEOR ES UNA DESESPERADA MANIOBRA MILITAR

Abraham Gómez R.*

A nosotros nos interesa y conviene probar y demostrar, con nuestros justos títulos, que esa extensión territorial siempre ha sido nuestra. Ni más ni menos.

Jamás hemos pretendido quitarle a Guyana ni un milímetro de lo que ellos recibieron del Reino Unido que a su vez habían «comprado» a los Países Bajos; me refiero a las denominadas, para entonces, colonias de Berbice y Demerara. que en total no abarcan ni 50.000 km2.

Ya lo hemos expuesto y explicado en tantas partes: Venezuela pide restitución de lo suyo, ante la Sala Juzgadora, por cuanto tiene con qué justificar tal solicitud.

La contraparte asume que ellos han estado ocupando la zona en conflicto. Ocupando que no poseyendo, dado que la posesión tiene de suyo unas características específicas que deben cumplirse, que los usurpadores ingleses no cumplieron y sus causahabientes tampoco.

La posesión debe darse de buena fe que vale tanto como actuar con exactitud de honradez, anteponiendo la verdad de lo que se dice y hace. En rectitud de conducta.

Así, además, al momento de la apropiación posesiva se exige imprescindiblemente clarificar que se haga sobre una «terra nullius» (tierra de nadie); lo que no es atribuible ―precisamente― al presente caso; porque los arrebatadores británicos sabían con antelación que esas tierras habían sido legítimamente transferidas por España a Venezuela en dos eventos y momentos históricos.

Para que pueda invocarse ―si es lo que pretenden ahora― el principio de prescripción adquisitiva (es decir, adquirir dominio y otros derechos por transcurso del tiempo de permanecer allí) se suma otro no menos importante condicionamiento, cual es que al cometerse el hecho posesorio no despierte reclamos o protestas, por nadie o por la parte a la que se le está perpetrando el despojo.

Venezuela, desde 1822, ha rechazado la abominación que se nos hizo.

De modo que no hay nada que temer en la presente controversia.

Nos asisten elementos de convicción irrebatibles en cualquier juicio donde se dirima este asunto; particularmente, por ante la Corte Internacional de Justicia.

Hemos recibido bastantes observaciones y se han hecho ilimitadas críticas y conjeturas que apuntan a cuestionar la presencia de la delegación venezolana en el Alto Tribunal de La Haya, en condición de sujeto procesal compareciente; para consignar el memorial de contestación de la demanda, como en efecto se hizo el 8 de abril pasado y en espera para atender el llamado para la subsiguiente fase de pruebas, que es cuando nuestro país se lucirá espléndidamente, al explayar nuestro incontrovertible acervo de probanza.

¿Por qué ante la Corte?

Porque esa instancia fue creada por la Organización de las Naciones Unidas para el arreglo pacífico de pleitos entre Estados, conforme y en los términos previstos en su Estatuto y Reglamento.

En principio, todos los Estados miembros de la ONU lo son a su vez de la CIJ.

Así entonces, el señalado Cuerpo Jurisdicente está llamado a resolver conflictos entre Estados para lo cual posee su organización, jurisdicción, procedimientos y escoge ―cuando sea requerido― el derecho aplicable.

Tal vez, donde ha habido cierta incertidumbre para el caso litigioso que nos ocupa frente a Guyana es lo relacionado con la competencia de la Sala.

Debemos estar contestes que cuando asistimos ―no para vistas de cortesía internacional― para introducir y activar la jurisdicción del Ente Sentenciador, con una objeción preliminar en el Proceso que cursa; también para designar a nuestro juez ad-hoc, quien de inmediato se incorporó a la Corte, y la ya mencionada consignación de la contramemoria, todas esas iniciativas constituyen muestras inequívocas y significativas de consentir de manera automática, lo que se conoce como acto concluyente; que aunque no se formalizó la voluntad de asignación competencial exteriorizándola, se presupone, con nuestro comportamiento un modo fundado de querer participar en el juicio.

Cabe, además, colocar sobre la mesa de análisis el artículo 53 de la Corte, que no debe ni tiene porqué sorprender a nadie:

«Cuando una de las partes no comparezca ante la Corte, o se abstenga de defender su caso, la otra parte podrá pedir a la Corte que decida a su favor».

Si tenemos los justos títulos traslaticios, quién nos gana el juicio, llevado en justo derecho.

Si tenemos los justos títulos traslaticios porqué rehuir el proceso jurisdiccional.

Vergonzoso sería recibir una sentencia de ese calibre sin que estemos presentes para defendernos.

Están supremamente equivocados quienes crean que la situación conflictuada por el Esequibo se soluciona por la vía militarista o intentando alguna otra salida de desesperación. Esas maniobras traerían aparejadas peores y muy lamentables consecuencias.

Creemos en el Derecho y en la disposición al diálogo entre las partes, dentro de lo que mandata el Acuerdo de Ginebra, del 17 de febrero de 1966.

Venezuela ha sido ―a lo largo de la historia― un país pacífico y respetuoso del Derecho internacional, y en la encrucijada que atravesamos no será la excepción.

Seguiremos exhibiendo al mundo nuestro incólume comportamiento como Nación que privilegia el recíproco entendimiento.

Auguramos que se mantenga la concitación de todo el país en torno a este caso; admitido, desde siempre, en tanto y en cuanto Asunto de Estado.

 

 * Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba. Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela. Asesor de la Comisión de la Asamblea Nacional por el Esequibo y la Soberanía Territorial.

MENUDO FOLLÓN DE CRIATURA

F. Javier Blasco*

Sinceramente, a estas alturas del curso político y social tanto en el ámbito nacional como el internacional, creo que tras los muchos apelativos empleados para definir a Pedro Sánchez es muy difícil encontrar uno nuevo o desconocido que se ciña o acerque a definirle completamente y sin titubear. Personaje tremendamente famoso y hasta popular pero no por nada bueno, sino por sus grandes y engañosas propiedades camaleónicas, por el escaso o nulo valor de su palabra, los constantes y fugaces cambios de postura sin que se le mueva un pelo y por ser capaz de romper la norma internacionalmente aceptada que reza que es prácticamente imposible engañar a casi todos durante mucho tiempo.

Inteligente como pocos para sembrar maléfica  inquietud o malestar, curtido en las trincheras de la lucha barriobajera, del fango y el escupitajo ―ese mismo fango que ahora trata de demonizar― y, sobre todo, en la auténtica necesidad de sobrevivir y resurgir tras uno o varios varapalos a base de resistir y tragar con todo tipo de ruedas de molino, durante mucho tiempo, aunque solo sea gracias a un miserable y duro chusco de pan y un poco de agua como único sustento y con muy pocos amigos que le sigan y animen a superarlo con alto grado de credibilidad.

Alguien forjado a sí mismo en sus odios personales y criado a los pechos de un tal Zapatero de tan nefastos recuerdos para el mundo y fundamentalmente, para los españoles, personaje que casi nos lleva a la ruina total y a pesar de todas sus bravuconadas y miles de mentiras y fechorías, sigue apareciendo en bastantes círculos internacionales, sobre todo, al otro lado del charco.

Capaz de desbaratar y desarmar de forma definitiva ―con la inigualable ayuda de su prepotente ministro de Exteriores― los caminos de la diplomacia y la historia tradicional de España para desviar la atención de un público que espera que se moje de una vez por todas en la verdadera defensa y con pruebas reales, en los affaires de su política personal, la de su gobierno y fundamentalmente los extraños y nada éticos asuntos de su amada esposa a la que presenta como una profesional sin tacha ―sin que ella tenga bagaje suficiente para ello, sino ligeros conocimientos de aficionada― aunque con su misma capacidad para meter su nariz en asuntos que no son de su incumbencia y que la más mínima lógica le indican que están fuera de toda prudencia, decencia y del buen hacer de la esposa, sin cargo oficial alguno, de un alto mandatario.

Dentro de sus récords internacionales, conviene resaltar que tras una ya larga lista de países desairados por él o por su gobierno, como ejemplo de superación personal, en tan solo una semana ha sido capaz de romper las relaciones oficiales con dos países con los que, desde su forzado, consensuado y humanitario nacimiento al finalizar la II guerra mundial o tras casi dos siglos como verdaderos hermanados, España venía manteniendo muy buenas y profundas relaciones de amistad, comerciales y de ayuda mutua, sobre todo, en momentos y situaciones de verdadera emergencia o necesidad.

Roturas, que como viene siendo su estilo rayano en lo vulgar, han sido llevadas a cabo de forma súbita, sin consultar a la oposición, a las cámaras legislativas, los órganos consultivos de relevancia o tras un referéndum nacional que le marcaran el camino a seguir por mucho que el susodicho personaje se otorgue unas atribuciones que no le corresponden ni trate de engañarnos a todos, con el viejo cuento de que responden a un gran clamor de necesidad popular. 

Decisiones, tomadas, además, en momentos inoportunos y contra la prudente norma de conducta adoptada por los países de nuestro entorno o de las alianzas a las que pertenecemos. Llevadas a efecto sin meditar en las consecuencias que dicha postura puede acarrear para España, su industria, comercio y la seguridad nacional y sin unos claros márgenes de con quién y cómo se van a definir y arbitrar dichos acuerdos que, sin más, pretende impulsar.

Hombre capaz de hacer todo lo que se le ocurre sin pensar si eso está bien o mal; si lo puede o no debe hacer y qué consecuencias nos acarrearán. Llevando así a su persona y a la propia figura de España a irrisorias situaciones de mofa o befa dentro y fuera de España al dejar al descubierto sus perversas intenciones y los cada vez más difíciles de ocultar vericuetos que debe emplear con tal de no contestar a nada de lo que la oposición y la sociedad legalmente, tengan derecho a inquirir o preguntar.

Como buen autócrata y hombre que se cree el mismísimo rey Sol, por lo que piensa y está convencido de que el Estado es él. Situación más que peligrosa por la que no le importa inundar y manosear abiertamente y sin tapujos todos los estamentos e instituciones del Estado, sin reparar en la exigible democrática separación de poderes y en que él no puede ni debe ejercer el control de todos ellos en su mano, salvo que quiera convertir a España en una república bananera de la que nadie querrá saber nada ni se podrán fiar.

Ayer mismo protagonizó un espectáculo dantesco, cuando en plena sede parlamentaria y estando en uso de la palabra el máximo responsable de la oposición, trató de forma chusca y ostentosa, que la presidenta de Cámara ―la máxima representante de poder legislativo― le obedeciera y le quitara dicha palabra, cosa que se apresuró a negar por dos veces cuando quien estaba en el atril se percató de tamaña «proeza» y se la reprochó de forma pública y notoria.

Un presidente de gobierno que no gobierna como mandan los cánones democráticos porque no es capaz de presentar y aprobar leyes, salvo aquellas que le promueve e interesa exclusiva y personalmente a sus ávidos y viles comparsas de legislatura. Caterva, compuesta por todos aquellos que se definen como los más acérrimos enemigos de España.

Como prueba de lo dicho, es que, como sabían que se los iban a tumbar desde el propio gobierno y socios allegados, ni siquiera presentó los primeros presupuestos de su legislatura, cuando esta está cercana a cumplir su primer año como tal; que ayer le tumbaran una Ley sobre proxenetismo que para su gobierno era importante y fundamental y que hoy, a toda prisa e in extremis, se haya visto forzado a retirar la Ley del suelo, porque ya sabía que sus socios de gobierno y allegados, al igual que ayer, la iban a tumbar, a no ser que fuera el PP el que saliera en defensa del tío Pedro, cosa que iba a ocurrir tal y como se le hizo saber ayer por la tarde.

Especialista en enmarañarlo todo, en la mezcla de conceptos y temas de todo tipo, aunque sean de diferente calado y envergadura para así, cuando se le pregunte por algo concreto, hablar de todo y no centrarse en nada. Alguien que, últimamente empieza sus intervenciones poniendo voz de borrego y buena persona ―como tras su increíble y reciente retiro espiritual o amoroso de cinco días―, solicitando los apoyos necesarios a todos propios y ajenos para reconducir situaciones y bajar el soufflé de la bronca política, para, a renglón seguido, sacar su trituradora y picadora de carne a pasear y no dejar títere con cabeza dedicándole lo mas granado de su fétido y ofensivo repertorio a todos y cada uno de ellos.

Un fracasado en la política salvo en la faceta de los espurios y nada nobles pactos para mantener su trasero en la Moncloa a cambio de lo que sea preciso tal y como ya se demostrado con absoluta claridad; que es incapaz de encontrar fuera de España apoyos a sus pueriles propuestas e ideas propias o carpetovetónicas más que en unos pocos e irrelevantes países, quienes estando en manos de otros personajes tan irresponsables como él, no atienden a las repercusiones que sus revolucionarios actos a contra corriente, pueden acarrear para sus respectivos países y a la economía o la seguridad mundial.   

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España. Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.

 

EUROPA: ELECCIONES BAJO CONVULSIÓN

Roberto Mansilla Blanco*

La Unión Europea se juega su futuro con las elecciones parlamentarias previstas para el próximo 9 de junio. En estos comicios se elegirán 720 diputados para el período 2024-2029, cuyas decisiones tendrán repercusiones para las 450 millones de personas que habitan dentro del espacio comunitario.

No obstante, el clima previo a estos comicios muestra síntomas de violencia política, en gran medida determinados por la dinámica del conflicto ucraniano, la creciente polarización política interna y las consecuencias de la recomposición de las alianzas geopolíticas estratégicas a nivel global, particularmente ante la consolidación del eje euroasiático sino-ruso y la dependencia europea de los imperativos «atlantistas» vía OTAN.

Este clima de violencia política llevó a un inesperado intento de asesinato del presidente de gobierno eslovaco Robert Fico el pasado 15 de mayo. Con anterioridad el presidente serbio Aleksandr Vucic también sufrió una tentativa similar. En el caso del mandatario eslovaco, las autoridades sospechan de un militante de extrema derecha considerado «prorruso», un perfil similar al de su víctima, a quién los mass media vinculan presuntamente con el Kremlin por sus críticas y reticencias a la hora de secundar la ayuda militar y económica para Ucrania. Así, los intentos de asesinato contra Fico y Vucic pueden verificar una pista de «rusofobia» en aumento en Europa.

La pista «rusa» parece redimensionarse hacia otros escenarios, particularmente la guerra en Ucrania. La visita sorpresa a Kiev del secretario de Estado estadounidense Anthony Blinken fue un «espaldarazo» para su anfitrión Volodymir Zelenski, actualmente en horas bajas. La visita de Blinken da a entender los temores occidentales ante la efectividad de la ofensiva militar rusa hacia la estratégica localidad de Járkov, que ampliaría el control militar del Kremlin en el este y centro ucranianos. Toda vez la superioridad militar rusa contrasta con los problemas de reclutamiento de efectivos que tiene Zelenski. Estas preocupaciones muy probablemente influyeron para que el presidente ucraniano suspendiera a última hora una gira prevista por España y Portugal.

Esto nos lleva directamente a Moscú, el nuevo «imperio del mal» para Europa. Un Vladimir Putin que oficialmente entronizó un nuevo mandato el pasado 6 de mayo también dio un volantazo político estratégico: destituir a su ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, por un civil, Andréi Belousov, un tecnócrata con demostrada eficacia en la gestión económica.

Este inesperado giro político en el Kremlin que afecta al poderoso estamento militar deja varias claves en la mesa: reestructuración de las altas esferas de poder, juegos de equilibrios entre los clanes políticos, posible purga encubierta y redefinición de las prioridades a favor de una ‘economía de guerra’ con capacidad para mantener el esfuerzo bélico a largo plazo. Todo esto afectará no sólo en el frente ucraniano sino también en la cada vez más evidente «guerra silenciosa» entre Rusia y la OTAN. Y, por supuesto, en las decisiones que tome el próximo Parlamento Europeo.

Por otra parte, Putin viajó a Beijing (16-17 de mayo) para reforzar la alianza estratégica con su homólogo chino Xi Jinping. La puesta en escena confirma la solidez del eje euroasiático sino-ruso antes las presiones occidentales. Xi venía de realizar una gira por Europa tras cinco años de ausencia por Francia, Serbia y Hungría, en este último país donde anunció junto a su aliado y anfitrión Viktor Orbán la apertura de una fábrica de coches eléctricos en el país centroeuropeo.

En esa gira europea, Xi consolidó las alianzas euroasiáticas sino-rusas con Serbia (aspirante al ingreso en la UE) y Hungría (miembro de la UE y de la OTAN) toda vez envió un sutil mensaje a Francia sobre los nuevos reacomodos geopolíticos globales.

No salimos del espacio euroasiático. Tras varios días de violentas protestas y represión policial, el Parlamento georgiano aprobó (15 de mayo) una polémica Ley contra Agentes Extranjeros, coloquialmente denominada «Ley rusa» por su similitud con la que impera en Rusia desde 2022. Con esta ley, activistas y ONGs locales que reciban un mínimo de 20% de financiación exterior serán sometidos a una vigilancia extrema y posible expulsión del país caucásico.

La «Ley rusa» condiciona un pulso geopolítico entre Rusia y Occidente por controlar esferas de influencia en el Cáucaso, una región estratégica para la seguridad nacional rusa, ruta de paso de proyectos energéticos desde el mar Caspio y entrada geográfica al volátil y convulso Oriente Próximo.

Como había sucedido con el «Maidán» en Kiev en 2014, altos cargos europeos, en este caso de los gobiernos de Islandia, Estonia y Lituania, viajaron a la capital georgiana Tbilisi para manifestar su apoyo a las protestas populares contra la «Ley rusa» argumentando que aleja a Georgia de sus negociaciones de ingreso en la UE, abiertas oficialmente en diciembre pasado. Si bien la presidenta georgiana Salomé Zubarishvilii vetó la ley, el Parlamento muy probablemente volverá a ratificarla.

Luego está Oriente Próximo. Israel aprovechó una coyuntura relevante (polémica en Eurovisión; Día Nacional y Nakba palestina del 15 de mayo; votación en la ONU para ampliar los derechos palestinos como Estado miembro) para lanzar su ofensiva militar en Rafah, paso previo para una expulsión definitiva de los palestinos de Gaza. Con todo, el gobierno de Benjamín Netanyahu ve afectada su imagen internacional por el genocidio en Gaza, lo cual repercute en un aislamiento diplomático en el que incluso su aliado irrestricto estadounidense comienza a marcar ciertas distancias.

Netanyahu está perdiendo la batalla de la narrativa ante la opinión pública internacional e incluso interna, con fuertes cuestionamientos de los ciudadanos israelíes sobre el costo de una ofensiva militar que no termina de dar completamente sus frutos ni de derrotar a un Hamás, aparentemente más consolidado como movimiento de resistencia palestino.

Por otra parte, el inesperado fallecimiento del presidente iraní Ibrahim Raisi y varios de sus ministros en un accidente aéreo este 19 de mayo implica directas consecuencias en temas relevantes para la seguridad internacional como el futuro del programa nuclear iraní (en el que Europa tiene voz en la negociación con Teherán) y el pulso regional entre Irán e Israel. Todo esto sin desestimar las claves internas en el propio país persa, que pueden anunciar cambios políticos.

Volvemos a Europa. Ante este convulsionado contexto exterior los visos de preocupación y cierta desesperación se notan en los círculos de poder en Bruselas ante el avance de las opciones «euroescépticas», de populismos extremistas críticos con Bruselas e incluso de opciones consideradas como «prorrusas».

La presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, ya habla abiertamente de constituir un frente parlamentario de derechas incluso amparando el blanqueamiento y normalización de apoyos de esos partidos extremistas y «euroescépticos» o «antieuropeístas». Incluso existen expectativas «apocalípticas» para el proyecto europeísta: algunas encuestas advierten que hasta un 25% del próximo Parlamento Europeo estaría dominado por este espectro político extremista y crítico con las élites europeístas.

Por otro lado, la polémica visita a Madrid (17-19 de mayo) del presidente argentino Javier Milei para asistir a un acto de su aliado VOX donde también participaron líderes críticos con Bruselas como Marine Le Pen, Giorgia Meloni y Viktor Orbán también da a entender que esta especie de «frente anti-UE» está surcando incluso los límites atlánticos y quiere tener incidencia en los próximos comicios parlamentarios.

Todas estas variables explican la posible existencia de fuerzas centrípetas dentro de la UE que presionan por cambiar su ethos de espacio de pacificación y de cohesión social hacia una vertiente cada vez más confrontativa y militarista. En medio de este contexto convulso, Europa vive momentos de zozobra y de aparente incapacidad para reconducir una crisis cada vez más estructural.

 

* Analista de geopolítica y relaciones internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), Magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) Colaborador en think tanks y medios digitales en España, EE UU y América Latina.

                                             

Artículo originalmente publicado en idioma gallego en: https://www.novasdoeixoatlantico.com/europa-eleccions-baixo-convulsion-roberto-mansilla-blanco/.