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ADIÓS SILICIO, YA LLEGA EL NANOTUBO DE CARBONO

Agustín Saavedra Weise*

Imagen de Dean Simone en Pixabay 

Según informaciones rescatadas de varias fuentes confiables, un “chip” manufacturado con nanotubos de carbono —ya no de silicio— marcará pronto un nuevo hito cibernético. El prototipo dará lugar a una flamante generación de productos electrónicos más rápidos y de mayor eficiencia energética.

El brillo del sol puede estar comenzando a disminuir en el todavía rutilante y sofisticado Silicon Valley de California (Estados Unidos), ya que —de aquí a poco— chips fabricados sobre la base de nanotubos de carbono marcarán el futuro de las computadoras.

Por otro lado, se nos informa que los nanotubos de carbono son hojas de grafeno enrolladas que forman una pieza cilíndrica con un diámetro cercano a un milímetro y pueden presentar propiedades metálicas o semiconductoras. El grafeno es una sustancia compuesta de carbono puro y con átomos similares al grafito. Acuciosos investigadores han logrado crear el primer chip que utiliza miles de estos interruptores para ejecutar programas. El prototipo de nanotubos (descrito en la revista Nature, del 29 de agosto pasado, www.nature.com) aún no es tan rápido como los dispositivos de silicio, pero se espera que una vez perfeccionado impulse una novedosa generación de productos electrónicos de alta eficiencia energética y gran rapidez.

La noticia sumariamente comentada nos explica adicionalmente que los nanotubos de carbono son resistentes a la ruptura bajo tracción. Por eso podrán ser usados además en la construcción civil e incluso en el fuselaje de aviones, partes de automóviles, misiles y cohetes espaciales.

Otra propiedad importante de los nanotubos de carbono es su excelente conducción térmica. Pueden utilizarse en procesos de conservación y transmisión de fuentes de energía, en particular de la energía solar. Y en ese campo, serán más eficientes que las células fotovoltaicas que se utilizan hoy en día.

La ciencia ya vislumbra otros múltiples usos para los nanotubos de carbono, usos que provocarán un profundo cambio cualitativo en muchos procesos actuales en materia de industrialización y de uso energético, los que irán desde el simple manejo más veloz de un ordenador hasta la participación de los nanotubos en edificaciones complejas, vehículos, máquinas varias y hasta en viajes al espacio exterior. Los nanotubos también poseen un enorme potencial de utilización en la medicina; al ser extremadamente pequeños y ligeros, son capaces de llegar al interior de una célula para ser utilizados como sensores en diagnósticos y en diversos tratamientos médicos.

En cambio, los tradicionales transistores de silicio llegaron al límite; no pueden ser ni más pequeños ni más eficientes de lo que son en la actualidad y pronto serán cosa del pasado. Así es el avance tecnológico, que viene siempre acompañado de un proceso de destrucción creativa que desplaza productos antiguos para darle lugar a los recientemente creados.

Con respecto a la informática en particular, conviene recapitular para concluir esta breve nota informativa, que los nanotubos de carbono prometen marcar el comienzo de una era más veloz y eficiente en materia de computadoras de mesa, laptops, tabletas y celulares, artefactos que estarán dotados de alta velocidad de procesamiento y con mayor eficiencia en todos los órdenes. La ciencia avanza en forma ineluctable.

 

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG www.agustinsaavedraweise.com

Tomado de El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, <http://www.eldeber.com.bo/opinion/Adios-silicio-ya-llega-el-nanotubo-de-carbono-20190907-9555.html>

 

Futurólogos y un futuro volátil

Agustín Saavedra Weise*

Herman Kahn

Herman Kahn (1922-1983) dirigió el Hudson Institute, un reconocido “think tank” norteamericano vigente hasta nuestros días. Khan cobró fama como futurólogo al pronosticar que Japón sería potencia económica mundial. Su libro de fines de la década de los 60, “El año 2000”, no resultó exitoso en materia de prospectiva. Sus pronósticos se basaron en extrapolaciones y acumulación de tendencias. Interesante y renovador como era el trabajo, falló en varios aspectos; la verdad es que siempre ha sido y será difícil pronosticar. Khan se hizo conocer por su talento estratégico al racionalizar la teoría de la escalada. También desarrolló conceptos acerca de “pensar lo imposible”, es decir, las consecuencias de una guerra nuclear. El balance histórico es favorable para Khan, a quien le dediqué una nota en 1983 —al poco tiempo de su muerte— justamente titulada “El fin del futurólogo”.

El físico estadounidense Michio Kaku —hijo de inmigrantes nipones— se encuentra abocado a la tarea de ver cómo será el mundo en el año 2100. Kaku opina que seremos como “dioses mitológicos”, capaces de manipular objetos con la mente, crear cuerpos perfectos, alargar nuestra existencia, desarrollar formas de vida, viajar en vehículos no contaminantes y enviar naves interestelares hacia estrellas cercanas, entre muchos otros prodigios hasta ahora impensables. En mi modesta opinión, con todo el talento que ostente el doctor Kaku, lo más probable es que sus visiones del futuro terminen siendo tan erradas como las de Herman Khan u otros aspirantes a futurólogos. Un Julio Verne o un H. G. Wells no nacen todos los días. Ellos sí que tuvieron visión de futuro en sus obras de ciencia ficción, muchas de ellas realidades concretas de nuestro mundo desde hace tiempo, otras tal vez lo serán en el porvenir. Resulta complicado escudriñar el futuro pues uno se deja llevar por la natural propensión a examinar las cosas desde el punto de vista de lo que hoy existe. Eso hace que exageremos en materia de posibles logros hasta llegar a fantasías o que seamos mezquinos en el análisis prospectivo.

Como ya lo expresé antes, no creo que los hermanos Wright hayan imaginado, luego de su vuelo inaugural de 1903 en el aeroplano inventado por ellos, que apenas 40 años después ya podíamos cruzar los océanos en cómodos aviones con comidas y servicios a bordo. Esas cosas ni se les deben haber pasado por la cabeza… Hace apenas 30 años: ¿usted se hubiera imaginado el auge de internet, redes sociales, celulares, telecomunicaciones wi-fi, inteligencia artificial y demás parafernalia tecno-cibernética? No lo creo, recuerdo que el fax y la computadora Macintosh en 1984 me tenían impresionado. Fíjense cuánto hemos avanzado en pocas décadas. Y esos dos nobles artefactos ya son reliquias…

Siempre habrá estudiosos serios (y charlatanes) imbuidos del deseo de pronosticar el futuro. Lo más probable es que ambos fracasen, tanto el que lea la mano, use el Tarot o tire hojas de coca, como el elaborador de complejas fórmulas estadísticas. El futuro, al final, es un libro abierto que depende de nuestro libre albedrío y de las circunstancias que nos rodean, debemos llenarlo con nuestras acciones. Y ese futuro hay que construirlo positivamente para nosotros y el mundo en que vivimos. Lo demás es cuento.

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG www.agustinsaavedraweise.com

Tomado de El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, <https://www.eldeber.com.bo/opinion/Futurologos-y-un-futuro-volatil-20190831-9226.html>