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ENTRE LA FE, LA RAZÓN Y LA IRRACIONALIDAD

Agustín Saavedra Weise*

La fe y la razón son relativamente inconciliables. Con respecto a la fe tenemos que creer sin ver ni razonar, solo confiar y fortalecer un algo que está más allá de nuestro ser. La razón, en cambio, nos dice que debemos investigar todo y encontrar el origen de las cosas mediante los métodos de la lógica formal.

El ser humano es el rey de la creación, ya sea por obra de Dios o —para los ateos— por simple derivación de su intelecto superior con respecto al resto de los seres de este planeta. Pero también es muy cierto que el hombre es el primer gran depredador, es el primate más cruel, el único animal que mata por placer y voluntariamente deteriora el propio medio ambiente en donde vive.

Hay muchos ejemplos de destrucción de fauna y flora; en esta breve nota baste citar como víctimas inocentes del desbarajuste ambiental —fruto de la propia humanidad— al magnifico jaguar, hoy en peligro de extinción por su implacable cacería. En otras partes del globo podemos citar al tigre de Bengala y al oso blanco. En siniestras ocasiones y para colmar la copa de la crueldad, los humanos han matado masivamente a otros humanos o se han matado entre sí por millones. No existe una sola especie —ni siquiera entre los insectos— que cometa actos tan atroces y devastadores.

Se dice del ser humano que es “racional”; más vale decir que es un ser lleno de emociones y que sí, claro, tiene un raciocinio que lamentablemente pocas veces lo usa. Esa falta de racionalidad en alguien que la tiene y que nació con ella es aberrante, pero explica -con simples ejemplos- tragedias ocasionadas por conducir y al mismo tiempo hablar o enviar textos mediante el teléfono celular. Asimismo, hemos percibido otras múltiples, absurdas e incomprensibles irracionalidades, hasta el punto de hacernos dudar seriamente acerca de la definición del humano como un ser racional.

En la Academia de Platón se estaba discutiendo en una oportunidad cuál era la mejor definición del hombre y se lo llegó a calificar como un “bípedo implume”. Ante esta situación, al día siguiente —desde las afueras de la Academia— el cínico Diógenes lanzó por encima de los muros del ilustre recinto ateniense un pollo desplumado…. Aristóteles por su lado definió al hombre como un “zoon politikon”, como un animal de la “polis”, de la ciudad, del lugar en el que se desempeñaba socialmente y transcurría su vida. Y esa es una definición bastante correcta que muchos la han tergiversado al expresar que el hombre es un “animal político” y se refieren por tal a la actividad política como la entendemos hoy. Craso error. El humano es un ser de la polis (ciudad); allí vive, lucha, prospera, se empobrece, muere, etc. El gran estagirita definió al humano como un ser social cuya vida transcurre en comunidad, no en solitario. En la polis el hombre podía interactuar con otros humanos en diversos ámbitos y acciones, no solamente en la acción política, como se entiende hoy (erradamente) a la expresión aristotélica.

En definitiva —aunque siempre habrán polémicas al respecto que nunca terminarán— mi modesto criterio prefiere reiterar en una visión objetiva de la realidad la definición más correcta del humano: especie provista de una avanzada capacidad de razonar pocas veces utilizada, ya que mayoritariamente sus acciones son impulsadas por emociones e irracionalidades.

 

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com

Nota original publicada en El Debe, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/opinion/entre-la-fe-la-razon-y-la-irracionalidad_195245  

¿CÓMO AGASAJAMOS AL PAÍS EN SU 195 ANIVERSARIO?

Jorge Santistevan Justiniano (El Deber)*

En los 195 años del nacimiento de la República de Bolivia, no hay momento más propicio que hoy para darle lo que más urge y necesita: Una buena democracia, porque sin ella nada funciona; los principales actores son los políticos y la sociedad boliviana. 

En el Siglo I el filósofo griego Epícteto decía: “La función del político se ha reducido, a levantarse por la mañana, saludar al César, ver a quién le puede dar un discurso, a quién le puede mandar un regalo y a quién le puede gratificar”. A su vez, Eurípides hacía referencia “a la ignorancia del pueblo, como la razón fundamental por la cual la democracia no puede funcionar”. Si bien hay ciudadanos con determinada sensatez y decoro, cuando estos se unen a la muchedumbre son fáciles de manipular. 

En el Estado boliviano la democracia esta menguando por algunas causas, como la ceguera que hay en los denominados “movimientos sociales” (las masas), cuya mezcla de ignorancia, ego, pasiones populares y de halagos, no permite plantear los problemas reales, ni permite que se les diga verdades desagradables, menos que deben soportar sacrificios y, cuando se intenta cortarles determinados privilegios a la que están acostumbrados, hacen lo que saben hacer mejor: bloquear, destruir, amenazar, y terminan defenestrando a cualquier autoridad; porque la masa se irrita no soporta que la contradigan, y además porque tiene gente que le promete, le adula, y sabe excitar su ego, esos son los políticos, sin escrúpulos cargados de demagogia que saben cómo aprovechar la ignorancia para manipularlos. 

¿Qué sucede cuando en una nación se corroe la base del sistema democrático?, se crean clientelas político-electorales y se acumula una enorme deuda nacional con profundo debilitamiento de la clase media y sucede que el Estado es menos soberano, menos libre y menos independiente porque son instancias externas las que marcan su política. 

Si bien hay modelos democráticos que están vigentes, no siempre son la mejor opción para el país; por ejemplo: 1. Un gobierno con “ropaje” democrático pero autoritario, para mantener de alguna forma independencia nacional, patriota que hable con la verdad y con crudeza sobre la realidad. 2. Un gobierno democrático, donde todos votan libremente por el partido y por la figura política que quieran, pero su política está absolutamente subordinada a instancias internacionales porque el país tiene una “gran deuda” y un gasto “clientelar” aparejado a la corrupción tan grande que no podrá hacer otra cosa, y en esa línea parecería que Bolivia está avanzando y 3. Lo ideal para el Estado boliviano, es la posibilidad de hacer correcciones inmediatas para que la democracia se sanee y sobreviva, lo que implica una serie de condiciones, como que el Estado deje áreas que ha invadido en favor de los ciudadanos; ello implica reducción del gasto público, reducción de los impuestos y renunciación a las clientelas electorales, incluso hacer un gran esfuerzo para educar a la sociedad civil, a las masas, para que dejen de convertirse en “rebaño” electoral de proyectos demagógicos, que solo endeudan y empobrecen cada vez más al país. 

Finalmente, que las elecciones se lleven a cabo cuando la situación lo permita, no así cuando los políticos lo impongan; que el candidato ganador administre el Estado, sobre la base de un cuerpo dirigente bien estructurado con sensibilidad estratégica, honradez y sabiduría en la toma de decisiones.

* Nota original publicada en El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/opinion/como-agasajamos-al-pais-en-su-195-aniversario_194998

VON MOLTKE: ARTÍFICE DEL ESTADO MAYOR GENERAL

Agustín Saavedra Weise*

El general alemán Karl Helmuth von Moltke, nació con el siglo XIX (1800) y falleció casi en sus postrimerías (1891). Su vida transcurrió por carriles normales. Se destacó como enviado en Turquía y escritor de prestigio. Así siguió su trayectoria, honorable y valorada, pero no mucho más que eso. Su trascendencia histórica no la alcanzaría hasta una edad muy madura: 61 años.

En 1857 se hizo cargo del Estado Mayor General prusiano, institución castrense en descrédito desde la época de las guerras napoleónicas y a la que nadie le daba importancia. Luego de profundos cambios internos que transformaron por completo a esa entidad, hace 140 años von Moltke inició una verdadera revolución, provocando avances cualitativos de enorme importancia en el desarrollo de las campañas militares. Sus acciones contra Dinamarca (1864) y luego las brillantes victorias contra Austria (1866) y Francia (1870), sellaron definitivamente su fama. Este favorable escenario bélico favoreció la creación del imperio alemán, el mismo año y en Versalles.

Cultivado intelectualmente desde su niñez, von Moltke era un dedicado estudioso de la estrategia. Desde su nombramiento en un cargo alicaído y sin prestigio, comenzó con sus radicales transformaciones. Se convirtió en el artífice de lo que son, hasta hoy, los estados mayores generales en todo el mundo: centros de planeamiento estratégico para el mejor resultado de las operaciones militares de ataque, defensa y prevención.

Von Moltke observó cuidadosamente los sucesos de la guerra de secesión norteamericana (1861-1865). Percibió que si bien tanto telégrafo como ferrocarriles ya fueron usados en las campañas de unionistas y confederados, el tal uso no fue muy eficiente. A partir de ahí inició su flamante plan, consistente en una verdadera maximización de la nueva tecnología y esta vez en suelo europeo. Diseñó un nuevo sistema de movimiento de tropas que alteró radicalmente el dogma —arraigado desde que lo impuso Napoleón— de la concentración en un lugar único y por líneas interiores. Von Moltke —con telégrafo y ferrocarriles como base de su seguimiento y control operacional—, optó por transportar grandes masas de soldados en forma separada, pero con la capacidad de agruparse en un punto decisivo, para golpear allí al desprevenido enemigo con la fuerza de un mortal.

Fue en su momento tan revolucionario el esquema de von Moltke que no se le dio total libertad de acción durante las acciones libradas en Dinamarca durante 1864. Aún así, Prusia se alzó con la victoria. En 1866 la historia fue diferente. Esta vez von Moltke contó con la total confianza del Káiser y del Canciller (Primer Ministro) Otto von Bismarck. En la corta guerra contra el imperio austriaco, les asestó un golpe definitivo a éstos en la batalla de Könitggrätz. Mientras el ejército de Austria se concentraba en un solo sitio, las columnas de von Moltke aparecían dispersas y aparentemente sin coherencia alguna; todo era parte de un minucioso diseño previo. Llegado el momento, todas las tropas convergieron sobre el punto de concentración del enemigo y lo sorprendieron por completo. Este crucial triunfo marcó el ascenso prusiano entre los pueblos germanos y disminuyó el de su tradicional contendiente —Austria— por la unidad de los alemanes bajo un solo Estado. A partir de ese momento, las guerras cambiaron, junto con la mentalidad y conducta de los oficiales a cargo de grandes unidades.

Von Moltke emitía “directivas” y dejaba amplio margen de autonomía a sus comandantes. Todo lo planificaba previamente, pero también dijo que una vez iniciadas las hostilidades lo planeado podía irse al “tacho”, por lo imprevisible de las situaciones.

El viejo soldado falleció siendo miembro del Parlamento (Reichstag) alemán, no sin antes pronosticar que las guerras europeas del inmediato futuro serían generalizadas, de matanzas terribles y de larga duración. Lo sucedido en el mundo en el pasado siglo XX, penosamente le otorgó la razón.

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com

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