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PUJADORES DEL ACTUAL IDEARIO CALAMITOSO

Abraham Gómez R.

Con toda seguridad, la presente situación de crisis multisistémica que estamos padeciendo pronto quedará para los análisis de enjundiosos estudios de socio patologías. El enjambre de asuntos impensables y de extravagantes decisiones del régimen —que ya no causan la menor sorpresa— formarán parte de una cantera de cosas abominables, que nunca más deberán repetirse en la vida política y democrática de Venezuela.

Hay plena coincidencia entre el crítico más osado —que afila con agudeza los juicios—, y quien anda por ahí nada más que mirando pasar las cosas; entre ambos tejen una común conclusión: el desbarajuste ideológico de esto que ellos llaman Proceso; el descalabro de la república, con riesgos marcados de volvernos un Estado fallido y forajido.

Por si fuera poco, al dantesco cuadro descrito en el párrafo anterior; añádase allí, elementos que causan sufrimientos en la población de todos los colores, que son aplastantes.

Según la econometría estudiada, las cifras que hoy exhibimos son elocuentes y desgarradoras.

He tenido la precaución de apoyarme en los datos suministrados por los especialistas, para referir, objetivamente en esta parte, lo que estamos atravesando.

Después de una contracción de más del 80 por ciento, en siete años, diría que la economía venezolana está en el foso. Habría que hacer una evaluación de los sobrevivientes y de cómo operar, después de una contracción de esa magnitud. No creo que la economía siga cayendo, pero la recuperación va a ser extremadamente lenta.” (Asdrúbal Oliveros. Entrevista del 27-06-21)

En el citado trabajo periodístico, de extraordinaria aceptación en varios medios y en las RR.SS, el elogiado economista venezolano, complementó de la siguiente manera: “Cualquier país, después de una contracción como la que ha tenido Venezuela, que es la peor después de la Guerra Federal, y la peor de América Latina en los últimos 50 años, es imposible que se pueda recuperar por sus propios medios. No los tiene, no los tienen ni los ciudadanos, ni las empresas, ni el Estado. Al finalizar va a necesitar una profunda cooperación internacional por distintas vías —organismos multilaterales, gobiernos, instituciones, un marco legal que atraiga inversión extranjera—, pero nada de eso va a ser posible si no se resuelve el tema político…”

Lo expuesto, con base científica allí, resulta espeluznante para el futuro de la Nación y de las generaciones venideras.

Es que, además, el presente régimen que secuestró la vida del país no encuentra sustentación ideológica que le sirva de piso.

Los teoricistas del régimen, en el afán de acomodarle algo de soporte doctrinario a la asfixiante situación, ya han agotado las banderías de ideas socio-políticas.

Hoy acuñan un pensamiento, mañana dicen lo contrario.

Ustedes recuerdan que al inicio ningunos recatos tuvieron para hacer aparecer como digerible, en las primeras de cambio, un híbrido entre Marx y Bolívar.

El mundo entero tiene pleno conocimiento del desprecio que sentía el autor y divulgador del Materialismo Histórico por nuestro Libertador.

Una prueba de lo aquí afirmado está contenida en la carta fechada el 14 de febrero de 1858 dirigida por Marx a su carnal y financista Engels.

Para entender la ruindad de Marx, basta sólo esta perla: “me hubiera pasado de la raya si presento a Bolívar como un Napoleón I. Bolívar es el verdadero Soulouque. Es un canalla, cobarde, Brutal y miserable que mandó a fusilar a Piar bajo las falsas imputaciones de haber conspirado contra los blancos, atentado contra su vida y aspirado al poder supremo…”.

Cómo le echaron imaginación los pensadores de la izquierda tarifada para hacer creíble tal betumen ideológico.

Rebuscaron bastante argumentación por todas partes para que al final se vieran las costuras de un tejido que la realidad nuestra se encargó de desbaratar. Bolívar, el Padre Libertador, no admite remiendos. Bolívar no acepta ligazón con Marx.

Al quedar descubierta la patraña, volcaron sus miradas hacia Mariátegui, autodenominado el “amauta”. Pero el peruano, sacado de emergente, está demasiado impregnado de etnicidad. Desde sus adentros rechaza cualquier réplica a su modo de pensar no queremos que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida con nuestra realidad, en nuestro propio lenguaje al socialismo indo americano…”.

Así pues, que la iconografía que pretendieron pergeñar, sustentada en una doctrina para la calamidad que estamos padeciendo, se les acortó. Los márgenes de maniobra se resquebrajaron.

¿Qué va quedando por ahí? ¡Se preguntan en plan de corifeos…! ¡El Che Guevara…! Responden, al tiempo que dilucidan: ¡cuidado ¡El Che resulta demasiado poroso para el pensamiento plural y de dignidad de los seres humanos! Por eso lo desecharon rápidamente.

Ellos están conscientes que han causado la destrucción del País en lo moral, ideológico, social, político y económico. Arruinaron al Estado como proveedor de bienes y servicios públicos. La historia jamás va a perdonar tantos daños perpetrados.

Ese es un elemento muy importante que no hemos internalizado del todo.

Acabaron con las competencias y funciones exclusivas y concurrentes de aquel Estado todopoderoso, que era rico, que ordenaba todo, hoy no existe.

Ya el mundo entero lo sabe que, desde el punto de vista financiero, nos están dejando un Estado colapsado.

Eso, por supuesto, implicará que en lo sucesivo cambie la dinámica de relaciones entre el Estado y el sector privado.

En el proceso de reinstitucionalización del país, con su democracia y libertad operando en todos los sentidos habrá cabida plena para el sector privado; de lo contrario, la situación se haría más inviable de lo que ya es. Es obligante hacerlo, incluso, por supervivencia política.

Otro elemento, que desglosan nuestros economistas, apunta hacia el impacto que siempre tuvo la actividad petrolera en la economía no petrolera, hoy vergonzosamente tampoco existe.

Todos supimos que la actividad petrolera marcaba la dinámica en Venezuela, tanto de los ciudadanos como de las empresas.

Estamos comprometidos por el bienestar de nuestra patria venezolana a recomponerla.

 

* Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Miembro de la Fundación Venezuela Esequiba. Miembro del Instituto de Estudios de la Frontera Venezolana (IDEFV).

 

Publicado originalmente en Disenso Fértil https://abraham-disensofrtil.blogspot.com/

LA RETÓRICA OFICIALIZADA TUERCE LOS SIGNIFICADOS

Abraham Gómez R.*

“¿Llegaremos, alcanzaremos a ser una Venezuela íntegra?

Fuimos siempre tan jóvenes, tan a punto de adquirir carácter,

rasgos decisivos, nitidez que nos acecha el riesgo de continuar

siendo una incesante acumulación de fragmentos, de parcialidades sin integración…”

José Balza. Pensar a Venezuela. Pág. 6

 

De todos es bastante conocido que cada término tiene una curiosa historia; y algunas veces, dando rienda suelta a la imaginación, un inmenso caudal de relatos adquiere cierta síntesis en un solo étimo. Con un único vocablo, usted adquiere un espectro de posibilidades de decir y enunciar.

Así también, se conoce que una palabra empleada con falsedades; pronunciada con extravagancia o embadurnada, para que diga lo que no le corresponde, constituye un camino oculto o riesgoso.

Aunque los códigos lingüísticos se encuentren en permanente dinamismo; operando —según las épocas— con variaciones y cambios; si no se precisa qué es lo que desean decir, corren a contrapelo de la realidad. Recordemos que el lenguaje es un fenómeno social, que debe calzar con lo que tal hecho social envuelve.

Acaso no nos ha sucedido que, no obstante, lo que queremos percibir se halla muy cerca de nosotros como para juzgarlo, sucede que la neoretórica —que trata de construirse desde las esferas gubernamentales— altera y tergiversa los significados, y los hace “saber distintos”.

Cada vez se aprecia menos pronunciable el discurso socio-político dominante.

Prevalece un clima que lo enreda todo.

Las palabras comunes con las que quisiéramos intentar definir las cosas, o por lo menos irlas llamando por sus nombres, se han vuelto vacías.

Por eso los enunciados oficialistas en su mayoría son falsos.

Nos queda la sensación de que hay que aprender de nuevo a pensar y a escribir.

Pareciera que “las respuestas no siguen a las preguntas, el saber no sigue a la duda y las soluciones no siguen a los problemas” (Larrosa, dixit).

El uso indiscriminado y abusivo de los vocablos no sería tan grave si éstos no fueran instrumentos para llegar a conocer, analizar e interpretar la realidad. Por supuesto que los significados de las palabras son senderos abiertos para conocer el mundo.

Toda la descripción anterior viene con el certero propósito, porque escuchamos en los disímiles escenarios que monta “el Proceso” que nos encontramos en una interesante etapa de emancipación, gesta patriótica para liberarnos de los imperios, con nuestras propias posibilidades y potencialidades.

Que es como decir: hay una acción para quedar liberados de un poder o procurarnos una nueva independencia frente a algo. Tamaña desfachatez.

Prestemos atención al término mancipium, que es una herencia idiomática legada por el latín.

Mancipium define toda cosa tomada, agarrada de la mano. Sostenida con fuerza; ejerciendo sobre ella cualquier símbolo que represente autoridad.

Pues bien, no es necesario profundizar en discusiones intelectuales, o académicas de alto nivel para percatarnos que las decisiones que se vienen dando en los últimos años en nuestro país a lo que menos apunta, precisamente, es a una emancipación: a desplazar hacia fuera, a desligarnos de las estructuras poderosas que nos tienen atrapados para imponer sus designios, ajenos a nuestra propia identidad.

El presente régimen político en Venezuela, se ha encargado de hipotecar el destino y futuro de la nación, tanto a empresas transnacionales como a países con los cuales ha trazado ligazón ideológica. Cuyas funestas consecuencias, denominadas por ellos “estrategias de vínculos internacionales”, ya son suficientemente conocidas: nos encontramos atragantados y comprometidos —agarrados de las manos— con las hordas comunistas-terroristas-fundamentalistas que enervan al mundo.

Entonces, nos preguntamos, de qué emancipación estamos hablando.

Frente a lo anteriormente descrito, cabe destacar el hecho de que nuestra cultura socio-política, siempre ha asumido una impronta civilista, en un irreductible sustrato de democracia y de paz.

Pero, ya no resulta sorprendente para los investigadores sociales la tipología militarista que caracteriza al actual régimen nacional. De nuevo el poder político se encuentra una vez más en los cuarteles.

La verdadera emancipación debe comenzar por erradicar tales despropósitos.

Estamos obligados a emanciparnos de los pensamientos alienantes; con mucha más razón cuando sabemos que en el tramo civilizacional que transcurre se asume el conocimiento ya prácticamente como un “factor de producción”. Emanciparnos de las cartografías mohosas y de las entelequias rancias.

Nos permitimos exponer —con transparencia— que en la actualidad los conocimientos se construyen a partir de las confrontaciones de ideas; además, a partir de las profundas transformaciones subyace la competitividad en tanto estrategia-medio para alcanzar los objetivos. Entonces digamos, qué emancipación, ni qué babosadas.

Emancipémonos si, y rápido de quienes se atreven a sostener que individuo y colectivo jamás serán complementarios. Que son elementos mutuamente excluyentes.

De esa manera de apreciar la realidad debemos emanciparnos.

Emanciparnos de quienes ven malas palabras en expresiones tales como: libre albedrío, libertad de pensamiento y de acción; pluralidad, democracia, diversificación de criterios. Porque para combatir las injusticias sociales y los desequilibrios obscenos de ningún modo hace falta anular al individuo y su lógica conexión con la sociedad.

Vamos a emanciparnos de quienes —en su perverso juego con las palabras— tuercen intencionadamente sibilina la posibilidad de que el ser humano se desarrolle de manera integral.

Jacques Marie Émile Lacan (1901-1981)

El psiquiatra y psicoanalista francés Jacques Marie Émile Lacan advertía a cada momento a los estudiantes del Mayo Francés de 1968, en los siguientes términos: “Ah, ustedes ¿son revolucionarios? Muy bien. Pues sepan que la revolución siempre está en busca de un amo. No se preocupen, lo van a encontrar”.

Ante tan lapidario aserto, uno llega a concluir: cómo cuesta después emanciparse de los amos.

 

* Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Miembro de la Fundación Venezuela Esequiba. Miembro del Instituto de Estudios de la Frontera Venezolana (IDEFV).

Publicado originalmente en Disenso Fértil https://abraham-disensofrtil.blogspot.com/