EUROPA DESCONFÍA CADA VEZ MÁS DE LA OTAN

Agustín Saavedra Weise*

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La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) es una alianza militar hoy compuesta por 29 países de América del Norte y Europa. Nació el 4 de abril de 1949 con doce miembros: Bélgica, Canadá, Dinamarca, Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Portugal, Gran Bretaña y Estados Unidos. En 1952 ingresaron Grecia y Turquía; luego se unieron Alemania Occidental (1955) y España (1982).

La OTAN, a fines de 1991, propuso un nuevo plan de seguridad para EEUU y sus aliados europeos, teniendo en cuenta que se había desplomado el telón de acero que pesaba sobre los países de la región bajo la órbita comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que los unió forzadamente mediante el Pacto de Varsovia. Al extinguirse la URSS y fragmentarse en 15 estados, inclusive se pensó que la OTAN ya no era necesaria; el enemigo principal había sido eliminado sin disparar un solo tiro. A la Federación Rusa —heredera del sitio de la URSS en el Consejo de Seguridad y principal parte de la extinta fuerza rival— se le prometió que la OTAN no se extendería hacia el este, pues el “peligro comunista” había desaparecido. No fue así, la alianza continuó su expansión y prácticamente ha cercado a Rusia, recreando en el siglo XXI el viejo fantasma del “corralito” sufrido por la URSS durante los largos años de la Guerra Fría. Al sentirse amenazada, Rusia ha reaccionado de diversas maneras y la tensión —bajo diferentes circunstancias— continúa, en lugar de haberse eliminado para siempre. Esta es una crítica muy justificada que se le hace a la OTAN: haber alejado a Moscú en lugar de alentar un esquema de cooperación mutua.

Otra crítica usual a la OTAN es la “comodidad” europea, ya que EEUU lleva el peso del financiamiento. Ese contexto está cambiando desde que Donald Trump expresó que los europeos deben aportar más al sostenimiento de la alianza, pero como al mismo tiempo las contradicciones del presidente estadounidense han sembrado desconfianza, persiste una situación de impase.

Ante este incierto panorama, dos importantes miembros (Francia y Alemania) están escudriñando la posibilidad de una OTAN propia desligada de EEUU. Al respecto de lo expresado, hace poco el presidente francés Emmanuel Macron emitió una severa advertencia sobre el futuro de la OTAN, diciendo que los países europeos ya no pueden confiar en EEUU para su defensa. Macron dijo que Europa se encuentra “al borde de un precipicio” y necesita comenzar a pensar estratégicamente como un poder geopolítico autónomo, dado que de no hacerlo el viejo continente corre el riesgo de no ser capaz de controlar su destino. Es más, Macron manifestó con crudeza que la alianza atlántica actualmente tiene “muerte cerebral”, dado que no existe coordinación con Washington.

El mandatario galo también criticó duramente la acción ofensiva de un miembro de la OTAN (Turquía) contra los kurdos en Siria, acción ejercida sin previo consenso entre los miembros de la alianza y en un área conflictiva donde se juegan muchos intereses.

En la OTAN, pese a sus siete décadas, crece la desconfianza mutua. Habrá que ver lo que le deparará el futuro a esta controvertida organización.

 

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG.