GUAYANA ESEQUIBA: SE REQUIERE UNA POLÍTICA DE ESTADO QUE CONCITE AL PAÍS

Abraham Gómez R.*

Nos ha agradado el inmenso interés que la mencionada controversia ha despertado y aglutinado densas opiniones en bastantes sectores de la población venezolana.

Como nunca —debo decirlo con honestidad— la gente desea explicaciones sobre lo acaecido el 03 de octubre de 1899, recogido en el documento sentencial, denominado Laudo Arbitral de París.

En cada conferencia hacemos, con suma objetividad, un análisis crítico del vil despojo del cual fuimos víctima, hace más de un siglo, mediante la citada tratativa perversa de talante político-diplomática.

A lo largo de varios años, he atendido expresas invitaciones de universidades, escuelas, liceos, instituciones culturales, organismos públicos, logias masónicas, entes particulares, personas privadas de libertad, partidos políticos, iglesias evangélicas y católicas, medios de comunicación social; he venido escribiendo semanalmente artículos para varias páginas en la Red.

Me he reunido, en condición de docente, con estudiantes de educación superior, provenientes de (12) universidades, que visitaron Tucupita, y aproximamos, luego de productivas discusiones, las posibles alternativas de solución a la contención que mantenemos con la excolonia británica.

Reconocemos que han aflorado en todas las regiones aportes significativos para alcanzar pronto, si cabe, aún, tal posibilidad, un arreglo “práctico y satisfactorio”, en este pleito.

También menciono que nos conseguimos con algunas propuestas un poco desentonadas o desencajadas pero merecen ser respetadas también por la forma, el fondo y la intención como son expuestas en todos los mencionados eventos.

En nuestro recorrido por el país, hemos escuchado críticas, algunas veces fundamentadas, dirigidas a las autoridades de la cancillería, por la opacidad informativa en la defensa de los intereses del Estado venezolano.

En las conjeturas se señalan los aparentes “silencios cómplices”, las declaraciones destempladas o extemporáneas. Hay coincidencia entre el público que asiste a los foros, en que no es conveniente por parte de nuestras delegaciones exponer, como ha sucedido, elogiosas frases a la contraparte en escenarios internacionales.

Nos conseguimos con estudiosos del litigio, que piden la palabra en las conferencias, para preguntar: por qué tantas permisividades, de parte de Venezuela para con las empresas transnacionales, que están esquilmando nuestros recursos (de todo tipo) incalculables, en el territorio que nos arrebataron, y en su respectiva proyección marítima.

Son bastantes aristas de este asunto litigioso. De cualquier modo, hoy nos encontramos frente una disyuntiva inescurrible, que no podemos dejar a un costado en nuestras cotidianas reflexiones o hacernos los desentendidos.

Una inmensa proporción de compatriotas, en muchas regiones y ciudades de Venezuela, se atreven a hacer la siguiente comparación: La defensa de nuestra Guayana Esequiba guarda punto de semejanza a la gesta independentista librada por nuestros libertadores. Estamos en presencia, en esta ocasión, de una lucha jurídica-diplomática por la defensa del suelo patrio.

La controversia que hemos sosteniendo desde hace más de un siglo nos coloca en el desafío histórico de trenzarnos en plenas solidaridades; porque la contención que llevamos adelante requiere del esfuerzo profesional e intelectual de nuestros mejores hombres y mujeres; y porque, además, la contraparte, en su condición de demandante, va con todo en la “interposición de acciones” y su reciente ratificación ante el Alto Tribunal de la Haya.

Vista y analizada la presente situación en que nos encontramos y las respectivas circunstancias, preguntamos, ¿Por qué el Ejecutivo Nacional y sus órganos competentes no terminan de diseñar y desarrollar una sistemática Política de Estado, cuya esencia estribe en el desafío que tenemos por delante, en la Corte Internacional de Justicia, para el 08 de marzo del próximo año?

Se requiere con prontitud —por la premura de la fecha— que desde la Presidencia de la República se abra un ciclo de consultas para escuchar a los expertos, a los estudiosos del caso en nuestras universidades, en la Academias, en cada una de las instituciones interesadas.

Con todo el respeto que me merecen los honorables miembros de la Comisión de la Asamblea Nacional por la Defensa del Esequibo, que preside el Dr. Hermánn Escarrá; porque además reconozco el extraordinario trabajo que han venido desplegando; les propuse la realización de un Congreso Nacional sobre la Guayana Esequiba, con amplio temario para que el país participe.

Desde hace dos años, igualmente, estoy sugiriendo —en mis escritos— al Jefe de Estado que analice la posibilidad de convocar un referendo consultivo, conforme al artículo 73 de nuestra Constitución Nacional, por la trascendencia de la materia que se está tratando. Mediante el citado mecanismo nos permitiremos auscultar la opinión generalizada de la población venezolana, si está de acuerdo con la comparecencia o no de nuestra delegación ante la Corte; con la finalidad de hacernos parte del juicio (actos concluyentes), con lo cual le conferiríamos competencia a esa Sala sentenciadora para que conozca forma y fondo de la centenaria controversia.

Siendo una Política de Estado, entonces  desde los Ministerios de educación y de Educación Universitaria se deben  habilitar charlas alusivas al tema, recurrentes en escuelas, liceos y universidades; al propio tiempo que, a través de los distintos medios de comunicación social y  en las redes, transmitir —de manera reiterada—programas de radio y televisión y la publicación de artículos para concientizar y sensibilizar sobre los hechos perpetrados contra nuestra nación y el  iter socio histórico que hemos hecho para la reclamación.

Importante, en estos momentos, es aprobar y poner en servicio una radioemisora en el área colindante con la Zona en Reclamación (San Martín de Turumbán –estado Bolívar), con una programación que reafirme nuestros símbolos patrios e identidad nacional.

Todo el país en un esfuerzo conjunto, sistematizado, en distintos ámbitos.

 

* Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV). Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba.

LA GUERRA EN UCRANIA, CONSECUENCIAS GEOESTRATÉGICAS

F. Javier Blasco*

El tiempo pasa inexorablemente sin que cambien mucho las cosas en los diversos frentes abiertos por Rusia en Ucrania, así como tampoco o muy lentamente en la arena internacional. Esto ocurre, sin tener presente que, en la guerra moderna, los prolongados periodos de pocos o nulos progresos, a pesar de la mucha actividad bélica, no son un factor que pueda ayudar a decantar el fiel de la balanza de un platillo al otro.

Los informes, opiniones y partes de guerra diarios se suceden sin parar; pero la situación en general, salvo honrosas y puntuales excepciones, parece estar estancada. Unos dicen que Putin está reorganizando sus fuerzas para dar el golpe definitivo, otros que es muy difícil llevar a cabo el obligado reemplazo de las unidades que se han agotado o desgastado mucho por los combates, que ya no sirven para continuar la lucha con plena efectividad y, aunque también, cada vez son más los que empiezan a creer en la incipiente posibilidad de que las fuerzas ucranias, con los puntuales apoyos recibidos desde el exterior, están haciendo mucho daño al ejército ruso —muy sobrevalorado dentro y fuera de casa— quien, a su vez, empieza a mostrarse incapaz de comerse a la presa aunque varíe de intensidad y escenario.

Pero lo cierto, es que nada es mentira del todo y algo hay de cierto en cada uno de los puntos expresados en el párrafo anterior.

A tenor o como consecuencia de esta guerra —errónea y malamente bautizada y peormente llevada a cabo por parte rusa— a pesar de las grandes diferencias en las capacidades iniciales en todos los campos militares y el correspondiente armamento, Rusia empieza a verse avocada a perfilarse como el gran perdedor final; si bien no y de forma definitiva en campo militar, sí en otros campos, relativamente más importantes.

Somos muchos los que defendemos que aquellos pueblos que no estudian ni analizan su historia adecuadamente, tienen grandes posibilidades de volver a caer en los mismos errores que sus ancestros. No es la primera vez que le ocurre a la URSS o a Rusia, que cuando se encuentran económicamente estancadas, como si de una guerra Santa se tratara, se lanzan a unas cada vez más costosas guerras, que terminan mal para sus intereses.

La situación actual no es muy diferente a cuando Stalin tomó la decisión de lanzarse a intervenir en la Guerra de Corea en 1950. Cosa que también le ocurrió a una URSS tambaleante en 1979, cuando erró y mucho, al invadir Afganistán. Motivo, que hace pensar en que, en adelante, Rusia deberá desconfiar mucho más de los costos y repercusiones potenciales de intervenir o forjar una agresión militar abierta, sobre todo, cuando su economía no se encuentre muy boyante, al igual que obligatoriamente, debe corregir una serie de errores o importantes deficiencias militares propias. Errores que, para poder ser corregidos, deben asumirse plenamente porque marcan el camino al fracaso de sus operaciones militares, a pesar de ser un país que posee un ingente poderío nuclear y ser el tercero del mundo, en liza con la India, que más gasta en defensa para modernizar su equipo y armamento.

Aunque ya se ha hablado y escrito mucho sobre estos, conviene repasarlos brevemente: un deficiente sistema de estudio de los factores que influyen en la decisión (principalmente en lo referente al ambiente, armamento, enemigo y el terreno); un liderazgo militar autocrático, piramidal y excesivamente rígido en el planeamiento y también en la ejecución de las operaciones; la escasa o nula voluntad de vencer de la tropa; que la mayor parte de estos sean de recluta forzosa cuando el sofisticado armamento exige un mayor grado de formación, entrenamiento o la profesionalización de la tropa; la inexistencia de un verdadero empleo intermedio (suboficiales) que entrenen y empujen a los subordinados; no estar preparados a superar las capacidades y peligros de las nuevas tecnologías y que, en general, su armamento y material de transporte es bastante obsoleto unido a que la cadena logística sigue siendo ancestral, lamentable y claramente deficiente.

Factores, que han mermado la agilidad, capacidad y la resistencia de sus militares, máxime cuando se han enfrentado a un enaltecido pueblo en armas, el ucraniano, que sabiendo y conociendo los defectos del adversario, ha venido evolucionando en sentido contrario y recibiendo adiestramiento y apoyos precisos de armamento especifico y eficiente —principalmente por parte de EEUU— durante un periodo de tiempo superior a siete años, sin que Rusia diera mucha importancia o consideración a este hecho.

Deberá analizarse y valorar realmente los efectos y consecuencias económicas, comerciales y de aislamiento internacional traducidas en ‘sanciones’ que pueden negar a Rusia tanto la exportación de sus productos como el libre acceso a multitud de elementos que integran la tecnología vital para la producción de armas modernas y otro tipo de equipamiento, incluido el de doble uso.

Situación que podría llevar a Rusia a un elevado empobrecimiento (llegará a caer hasta un 15% este año) y a un descenso en su prestigio internacional y capacidades tecnológicas; con lo que será relativamente fácil que todos sus aliados o amigos, incluida China, puedan llegar a ver a Moscú como un aliado menos capaz. Al mismo tiempo, que los vecinos que ahora le temen, empiecen a verle como un lobo, menos feroz y al que es posible, con alguna ayuda exterior, llegar a vencer. En cualquier caso, el retroceso económico ruso es altamente probable y puede llegar a ser muy sangrante o hasta definitivo.

Comprobar la eficacia de todas y cada una de las mencionadas sanciones para reducir las capacidades de un peligroso vecino muy molesto, en el futuro llevará a la Comunidad Internacional (CI) a perfeccionar el sistema de imposición de estas, así como a una mayor rapidez y menor vacilación en su aplicación.

En este caso concreto, aunque también extrapolable a otros muchos escenarios, en el aspecto económico y de la necesidad para la subsistencia ha aparecido una nueva arma muy potente y eficaz; me refiero al ‘control del suministro de los productos necesarios’ para obtener energía, minerales precisos y otro tipo de productos que afectan a la subsistencia. Arma de doble filo, que puede ser empleada en ambos sentidos y cuyo control y aprovechamiento puede poner en peligro la actuación de otros factores y actores.

El conflicto en sí mismo, las sanciones impuestas a Rusia y las consiguientes amenazas de Putin sobre los diversos países europeos han dejado bien claro que la enorme y casi absoluta dependencia de Occidente con Rusia en carburantes, derivados del petróleo, gas, minerales de todo tipo y las importaciones de grano, deben llegar a casi desaparecer en un breve periodo de tiempo y, otras fuentes como EEUU se beneficien en detrimento de Rusia, lo que sin duda, afectará duramente a su economía a corto y medio plazo.

Rusia ha conseguido unos efectos contrarios a los pretendidos por Putin en lo referente a sembrar la discordia y las divisiones en el seno de la OTAN y la UE. Aunque si ha logrado imponer ‘el valor de la disuasión nuclear’ para que los países aliados o integrantes no intervengan individual o colectivamente en la guerra, aunque también y sin pretenderlo, por determinado contagio o celos políticos, se ha incrementado el convencimiento de la mayoría de los anteriores para limar sus intereses personales en apoyo a la causa y/o de invertir más en defensa.

Con respecto al valor y efecto de la disuasión por poseer el arma nuclear, se corre el peligro que, en un futuro próximo, países como Corea del Norte, Irán y alguno otro más, caigan en la tentación de mejorar sus capacidades nucleares para asegurarse no ser atacados.

Por otro lado, dado que los planes de invertir en defensa no son de aplicación instantánea, sino plurianuales y algunos como España lo han matizado a muy largo plazo, se corre el riesgo de que si Rusia finalmente acaba con el rabo entre las piernas, puede que muchos se olviden de sus buenos propósitos al respecto.

Un hecho claramente patente es que la UE tiene una enorme falta de capacidades de influir política y militarmente en la resolución de conflictos, incluso, si estos se producen en sus propias fronteras. Hecho que puede le sirva de acicate para tratar de corregir tales deficiencias que la subyugan a casi una irrelevancia en el ámbito de la seguridad.

Por su parte la OTAN, en su próxima cumbre de Madrid, que en principio iba a ser una reunión tranquila para pasar un buen tiempo aprovechando la bonanza climática de la época y el propicio ambiente sin grandes temas que tratar, posiblemente derive en una de las cumbres más importantes de su historia por la necesidad de una redefinición de su Concepto Estratégico, de las condiciones y límites a las posibles ampliaciones y hasta si se mantiene o no la actual política de empleo del arma nuclear (conocida como ‘postura de doble clave’, que basa su empleo solo como disuasión o en caso de defensa) así como, en incrementar o no las propias capacidades nucleares de la Alianza. No siendo precisamente la composición del gobierno de España y de sus apoyos, en gran parte pro rusos o simpatizantes de Putin, el mejor escenario donde poner sobre la mesa estos asuntos con las debidas garantías.

Otra de las consecuencias geoestratégicas en el punto de las mencionadas alianzas es el de la ampliación selectiva de ambas organizaciones con el ingreso o adhesión de países del entorno a Rusia, tema que se da por hecho y con cierto carácter de urgencia.

‘China’ tiene muchos más intereses con el resto del mundo que con Rusia; desde que esta se anexionó la península de Crimea en 2014 se ha venido salvando por su oscurantismo y aparente neutralidad; pero todo apunta a que, en breve, deberán decantarse por uno u otro bando y los chinos son eminentemente comerciales, por lo que el aislamiento ruso puede aumentar exponencialmente.

El éxito logrado en este conflicto con la ayuda norteamericana en material, inteligencia y adiestramiento más o menos encubierta a Ucrania, puede servir de acicate y ejemplo para la resistencia de otros países amenazados por Rusia, China o Corea del Norte y que de una forma u otra, estén bajo el paraguas norteamericano; al mismo tiempo que el —a todas luces— inesperado posible éxito de David contra Goliat, pueda suponer una llamada de aviso para los que amenazan o ambicionan expandirse confiando en la diferencia de capacidades a su favor.

En lo referente a formas y modos de ejercer y practicar el liderazgo por parte de los dirigentes políticos modernos, se aprecia un cierto regreso al pasado. El liderazgo visible e inspirador de confianza del presidente ucraniano Zelenski —quien parece haberse convertido en Winston Churchill en tiempos de la II guerra mundial— así como sus nítidos mensajes a los ucranios y a todo parlamento que le ha querido oír, han generado confianza entre aquellos y muchos más apoyos externos. Por el contrario, el estilo solitario y falaz de Putin y sus interminables mentiras y acciones cruentas, socavan su credibilidad y la de toda Rusia.

En conclusión, con independencia del resultado y momento final de esta guerra, se puede afirmar que los organismos de la CI por separado deberán darle una vuelta a su composición, organización, cometidos y misiones, sobre todo para la ONU y la UE, quienes se han mostrado de muy poca o nula utilidad y que Rusia, en el plano internacional y económico saldrá perdiendo y mucho si se llevan a efecto todas las sanciones y restricciones previstas y en el tintero. Situación está que podría ser causa y motivo de problemas internos de cierta o mucha relevancia hasta para el mismo Putin, lo que su potencial caída, acarrearía una nueva crisis de importante trascendencia mundial.

Por su parte Ucrania y los ucranios, que son los que se están llevando la peor parte, incluso muchas veces en solitario, se encuentran con que actualmente la mayoría de sus importantes ciudades están muy dañadas o totalmente arrasadas, su economía, las capacidades industriales, agrícolas, mineras y de transporte en franco desastre o destruidas; por lo que el país precisará de un gran, urgente y potente plan de recuperación, si no se quiere que acabe como Siria.

Igualmente, se precisarán planes para el regreso de la mayor parte de los casi cinco millones de refugiados y desplazados internos. Costosos y complicados temas de los que, de momento, nadie habla claramente y deberían ser parte ya de los todavía desconocidos planes internacionales de ayuda.

Por último, da la sensación de que al focalizar tanto la atención internacional en este conflicto y su resolución, ha llevado a la CI al abandono del interés y preocupación por la actividad, desarrollo y expansión del Estado Islámico tanto en Oriente Medio como en el continente africano; a lo que hay que unir, la coincidente y forzada finalización, en algunos casos, de la mayor parte de las misiones de paz o de instrucción y adiestramiento a fuerzas aborígenes en el Sahel y alrededores para luchar contra este grupo terrorista, a pesar de los muchos mensajes que la comunidad yihadista sigue mandando con sus ojos y pensamiento puestos en Europa.  

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España. Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.

©2022-saeeg®

 

EL ACCESO A LA CORTE INTERNACIONAL DE JUSTICIA AL MARGEN DEL INTERÉS NACIONAL

César Augusto Lerena*

Imagen: MercoPress (29/03/2018) https://en.mercopress.com/2018/03/29/falklands-argentine-professor-visits-stanley-and-offers-proposal-to-end-the-dispute

El hombre del sombrerito gris no levantó la vista y continúo caminando, mirando las baldosas húmedas. Caían las primeras gotas, el “frente de todas las tormentas” enrarecía el ambiente y comenzaba a temer que no llegase a cumplir con esa ambición que ya llevaba treinta años, con la misma convicción de los que se entienden predestinados a cosas personales importantes por encima de los intereses nacionales.

Marcelo Kohen recuerda que él era desde 2016 “el primer no europeo electo como secretario general en casi 150 años del Instituto de Droit International”, una entidad que en 1904 obtuvo el Premio Nobel a la Paz, «por sus esfuerzos como organismo no oficial al formular los principios generales de la ciencia de la ley internacional». Nada que tenga que ver con el proyecto personal de este jurista que reside y trabaja hace más de veinte años en Ginebra, en un Instituto que ocupa el nada destacado Nº 2.940 en excelencia entre el ranking de universidades en el mundo y, claro está, muy lejos de este Premio Nobel a la Paz que se considera uno de los más controvertidos, ya que muchos de sus ganadores han sido muy criticados: por ejemplo Henry Kissinger (1973); Aung San Suu Kyi (1991); Yasser Arafat (1994); Wangari Mathai (2004) y otros. Nunca se le otorgó a Mahatma Gandhi a pesar de haber sido nominado varias veces y no se le dio el debido reconocimiento en el país a Adolfo Pérez Esquivel a quien se lo otorgaron en 1980 en su carácter de “fundador de organizaciones de derechos humanos no violentas para luchar contra la Junta Militar que gobernaba el país” y a Carlos Saavedra Lamas que lo recibió en 1936 por su actuación como “Presidente de la Conferencia de Paz que logró el armisticio entre Paraguay y Bolivia poniendo fin a la guerra del Chaco en 1935” y que, por una rara casualidad, estaba vinculado a nuestro ascendiente Gilberto Lerena, ya que ambos se casaron con las hijas del Presidente Roque Sáenz Peña; Rosa con Saavedra Lamas y Ciprianita con Lerena. En fin, los Premios Nobel a las personas y a las organizaciones, no se transfieren por ósmosis a los descendientes ni mucho menos a directivos de las instituciones. Solo podría heredarse alguna vieja fotografía.

Las luces de la ciudad confunden a los más obscuros personajes y suelen presentarse a destiempo de las circunstancias que viven los pueblos que, como la Argentina, viven dificilísimas décadas económicas y sociales. Tal vez sea el caso de Marcelo, que Cecilia Degl’Innocenti (Perfil, 26/04/2022) lo presenta como “el jurista que busca romper con 30 años de ausencia argentina en la Corte de La Haya” y que dice está “impulsado por la Cancillería para ocupar un lugar en el tribunal” y que “ha representado al país durante el conflicto de las papeleras sobre el río Uruguay y el caso de la Fragata Libertad”. El primer caso, perdidoso, porque la Corte entendió que Uruguay no violó sus obligaciones para evitar la contaminación ambiental y la planta de Botnia sigue produciendo, al igual que otras que se agregaron con posterioridad y, el segundo, liberó la fragata después de más de 60 días, cuando los actuantes se dieron cuenta que en lugar de recurrir al Tribunal de Comercio de Ghana podrían haber invocado el artículo 95º y 96º de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar para liberarla. Para no mencionar y olvidar, su rol de asesor del equipo juristas que perdió ante Chile el reclamo de Bolivia de la salida al mar.

Nos dice Cecilia que “en 2023 la Argentina tendrá la posibilidad de contar con un juez en la Corte Internacional de Justicia tras más de 30 años de ausencia de representación nacional en el órgano judicial de mayor peso a nivel internacional” y, nosotros creemos, que no se trata de incorporar simplemente un argentino a ese Tribunal sino de hacerlo con el adecuado, ya que mientras en 1973 se incorporaba a esta Corte el jurista y diplomático José María Ruda que integró ese cuerpo hasta 1991 y lo presidió en los últimos tres años, quien tuvo una participación superlativa en favor de la Nación Argentina, entre otras obras, con su fundado alegato y destacado rol que dio lugar a la sanción de la Resolución 2065 (XX) de las Naciones Unidas, un hito histórico político y jurídico en la Cuestión Malvinas; mientras que el citado Marcelo Kohen en 2018 (Infobae, 22/03/2018) les proponía a los isleños un plan que, de haberse llevado adelante, entre otras cosas les habría de permitir a estos a los treinta años reivindicar la soberanía británica sobre los archipiélagos de Malvinas, contrariando la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional Argentina, la integridad territorial argentina y el sentimiento mayoritario de los argentinos.

A la hora de elegir el perfil de los representantes argentinos ante la Corte, es muy interesante destacar que mientras Ruda tenía una clara posición de representante de los intereses políticos nacionales y los traducía en claras y comprometidas acciones jurídicas y diplomáticas, la posición de Kohen parece la de un técnico a ultranza. Por un lado, el articulista refiere a que Kohen cuenta con el apoyo del gobierno nacional, sin embargo, las declaraciones de éste son reveladoras respecto a su compromiso con el Estado Argentino. Al preguntarle la periodista: «¿Cómo surgió su candidatura?» no refiere Kohen a que fue apoyado por el Gobierno actual, sino que fue «una propuesta de destacados colegas y amigos de todo el mundo que consideran que mi presencia como juez sería una contribución positiva para el trabajo de la Corte… no son los estados los que proponen a los jueces…soy profesor, no diplomático ni político, y pienso de manera independiente…No soypro tal estado o tal otro” sino pro-derecho internacional, lo que me importa es que los estados lo respeten… Mi compromiso como candidato es con la independencia de todo estado, presión o interés; poner el respeto del derecho internacional por encima de todo… poner todo el esfuerzo y la experiencia de trabajo en el derecho internacional al servicio de la justicia». Toda una autodefinición de un Técnico al servicio de la técnica, en un mundo, donde los intereses hegemónicos de las grandes potencias queda cada día más de manifiesto y, en especial, cuando este técnico forma parte del cuerpo de asesores del Consejo Nacional de Malvinas, que tiene como función principal prestar su conocimiento jurídico al Presidente Fernández, el Canciller Cafiero y el Secretario de Malvinas Guillermo Carmona, quienes deberían esperar que sus aportes estén destinados a recuperar el ejercicio pleno de Malvinas y no a escuchar una clase teórica del derecho internacional público al servicio de la justicia.

Llamativamente menciona Kohen en el artículo de Perfil a los muy destacados juristas argentinos Carlos Calvo y José María Drago, ambos diplomáticos de Julio Argentino Roca y omite a José María Ruda, embajador en las Naciones Unidas durante la presidencia de Arturo Illia, cuyos aportes respecto a la Cuestión Malvinas como vimos fueron relevantes y también, entre otros, a uno de los jurisconsultos más importantes de Argentina, el profesor Hugo Caminos, que entre otras cosas fue miembro de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires y el Tribunal Internacional del Derecho del Mar, quién cuando integraba el Institut de Droit International acuñó una frase derivada del artículo 2º del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia que dejaba en claro su calidad moral: «no se puede avalar el ingreso a quienes carecen de integridad moral». Esto viene a colación, porque para los cargos internacionales no deberían ser tenidas en cuenta solo las capacidades técnicas que, por cierto, son absolutamente imprescindibles, sino fundamentalmente la trayectoria de los postulados en favor de los intereses nacionales del candidato que el gobierno promueva. No a quien se presenta como: No soypro tal estado o tal otro”.

Nos deja claro Marcelo, cuando responde a la periodista, sobre cuál sería su rol en la Corte en el caso que la Argentina presentase la cuestión Malvinas: «Para que la cuestión Malvinas llegue a la Corte por vía contenciosa, haría falta que ambos Estados estén de acuerdo y acepten la jurisdicción de la Corte para resolver su controversia». Al respecto, en Clarín (Natasha N. 19/12/21) es un tanto dubitativo: “ha aconsejado a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner de llevar a los británicos hasta la CIJ, lo que después ha desaconsejado por su propia experiencia” y, su mirada política un tanto lábil, ya que proveniente de una familia comunista, conmemora y pondera el “Acuerdo de Comunicaciones con el Reino Unido” de 1971 que llevó adelante la llamada Revolución Argentina del presidente de facto Alejandro Lanusse, donde confiesa que «el Acuerdo contribuyó significativamente a la prosperidad de los isleños» (Perfil, 29/06/21), lo mismo que propició Macri con el Pacto de Foradori-Duncan en 2016, pacto que aún permanece vigente pese a su asesoramiento en el Consejo Nacional de Malvinas.

Está claro que el autopostulado Marcelo Kohen no es político ni diplomático, ni ha sido juez, es un docente de derecho internacional público y así le va a la Argentina en su errática política para recuperar el ejercicio pleno de la soberanía en Malvinas.

Por los frutos se conoce el árbol (San Mateo 7,16 y San Lucas 6,44).

 

* Presidente de la Fundación Agustina Lerena (fundada 21/10/2002). Presidente Centro de Estudios para la Pesca (CESPE). Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex-Secretario de Estado. Ex-Asesor en la H. Cámara de Diputados y en el Senado de la Nación. Autor de “Malvinas 1982-2022. Una gesta heroica y 40 años de entrega” (2021).