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ARMANDO VILLEGAS EN SU CENTENARIO

Francisco Carranza Romero*

Para entender una obra de arte, hay que conocer al autor quien es el producto de las realidades geográfica e histórica y del proceso sociocultural. Armando Villegas López es un artista que en cada obra trata de expresar la identidad e historia de Perú y Latinoamérica. Y, ¡qué historia!

Su madre, doña María Timotea López Diestra, al quedar embarazada del hijo del hacendado de Chinchobamba, provocó el escándalo en la localidad y recibió el desprecio de los que se sentían superiores socioeconómicamente. «En ningún otro país de Latinoamérica, se ha marcado tanta la diferencia de las clases, como en Perú»[1]. Ella, para salvar la vida del ser que crecía en su vientre, huyó de la casa hacienda donde laboraba. Estaba decidida a tener su criatura.

El niño Armando nació el 5 de septiembre de 1926 en una humilde casa de Pomabamba (Áncash, Perú). Su madre y los familiares de ella fueron los testigos de este natalicio. María López protegió a su único hijo haciendo muchas labores. «(L)actitud de mi madre fue muy valerosa; fue formidable»[2], un justo reconocimiento. El niño Armando contempló la naturaleza andina de variados colores y formas que le hablaba con amor maternal, oyó en la lengua quechua muchos relatos mezclados con el realismo mágico, aprendió los principios que rigen la vida solidaria: ayudarse mutuamente, respeto a los mayores y a la madre naturaleza; en la escuela experimentó la castellanización forzada y el menosprecio a su lengua nativa. Después, doña María, por el miedo de que le arrebataran su hijo de 7 años, huyó a pie con el hijo hasta la carretera donde subieron a un camión que iba rumbo a Lima a donde llegaron en la noche. Al día siguiente, por suerte, el pomabambino Alejandro Martell, que buscaba a algún familiar en la cochera del camión, los encontró, conversó, comprendió el drama y se decidió llevarlos a su pensión porque él también necesitaba compañía. «Don Alejandro Martell fue el mejor papá que Dios me dio. Él me crio, me orientó y ayudó durante mi niñez y adolescencia», me confesó el maestro Villegas en una conversación. «Él fue muy leal conmigo; me enseñó la lealtad… antes que un padrastro, tuve un amigo y, por tanto, un padre»[3].

En Lima culminó los estudios de primaria y secundaria pero ya garabateando sobre los papeles con figuras que narraban historias. Contradiciendo al deseo de don Alejandro y doña María ingresó a la Escuela de Bellas Artes de Lima, porque ellos querían que siguiera la carrera militar porque el oficio de dibujante y retratista no ofrecía buen futuro. Ellos no comprendían su opción por el arte; pero, después lo consintieron pensando que, al fin, cada ser humano hace su propio camino; cada ser humano es responsable de su destino.

Desde los primeros años de su formación artística se dedicó de lleno a la investigación, experimentación (ensamblaje, collage, témpera, muralismo, retablo, óleo) y búsqueda de la identidad peruana y latinoamericana. Así comenzó a responderse a las preguntas: ¿De dónde vengo?, ¿A dónde voy?, ¿Quién soy? En 1951 viajó a Colombia para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá; y, gracias a su labor incansable y constante, y a la ayuda de sus maestros y amigos se fue realizando como pintor hasta lograr el reconocimiento en el mundo artístico.

En sus cuadros aparecen no sólo los seres humanos; también las montañas, animales y plantas antropomorfizados que narran mitos e historias. Es la recuperación de los datos del archivo cultural precolombino. Los guerreros de rostros pacíficos no dan miedo porque más parecen ser los protectores de este mundo; los danzantes con atuendos multicolores nos invitan a danzar con ellos porque podemos oír y sentir la melodía y el ritmo andinos. Las máscaras expresan nuestra realidad cultural polifacética porque cada ser humano es de muchas máscaras que se usan según el momento y el escenario; además, las máscaras de rostros divinos y diabólicos también sirven para satirizar a los colonizadores que quisieron borrar la cultura andina. Sus cuadros son expresiones del realismo mágico.

Ahora, narro cuándo y cómo me conocí con el maestro Villegas: una mañana del mes de marzo de 1977 visité la embajada de Perú en Bogotá para registrarme como estudiante peruano y becario de Icetex, que comenzaba a estudiar el postgrado en el Instituto Caro y Cuervo. Una decena de peruanos estábamos sentados en fila dentro de la sala esperando nuestro turno para ser atendidos; en eso, entró un señor de casaca de cuero negro con un maletín en el brazo. Yo, inmediatamente, me puse de pie y le expresé el saludo acompañado de la venia andina. Él se detuvo y parece que me diferenció por mi actitud. Se me acercó y me preguntó para qué había llegado a la embajada. Le respondí que deseaba registrarme como estudiante peruano de postgrado… Inmediatamente, me preguntó de qué parte del Perú era; al saber que era un ancashino quechuahablante, sonrió y me invitó para que pasara a su oficina después de ser atendido porque él era el Agregado Cultural ad Honorem del Perú. Después de registrarme fui a su oficina donde, tomando tintico, hablamos emocionados usando nuestro quechua. Al final, dándome su dirección, me invitó a su casa para el día domingo. Después de muchos encuentros y conversaciones nos sentimos como hermanos, él era mi mayor por 20 años. Así pude contemplarlo en plena faena en su taller. Y ahora describo su faena infatigable: su mente sigue concentrada con ideas e imágenes que desean expresarse, salir a la luz. Sus manos se mueven arreglando el lienzo y papel, preparando los colorantes, empuñando los pinceles, raspando lo que hay que suavizar… Los ojos siguen atentos ante la aparición de formas y colores; pero la vista del cuadro u otro objeto en proceso de realización es desde diferentes ángulos. Así, desde un aparente caos van apareciendo seres con el deseo de existir para narrar sucesos escondidos en el universo interior (subconsciencia, inconsciencia) del pintor.

«Sus obras fueron expuestas en muchos países de América, Europa y Asia. En 1990, invitado por la Universidad Dankook, expuso en Seúl y después en Tokio. En Seúl dio una conferencia a los docentes y estudiantes coreanos quienes le preguntaron sobre la diferencia de la pintura occidental y oriental; entonces, él les respondió que el arte sólo se diferencia por su calidad y no por el material utilizado o por la variedad de temas. Ante tal respuesta el público lo aplaudió. Un maestro universal sin dejar de ser un andino quechua»[4].

El maestro Villegas, por conocer la realidad de las escuelas estatales de Perú y Colombia, se lamentaba de la poca importancia que daban el Ministerio de Educación y la escuela a la asignatura de Dibujo o Pintura. Las aulas oscuras y tétricas no son las adecuadas porque matan el espíritu artístico del estudiante, la carencia de materiales también dificulta la enseñanza, y el docente no preparado para esta materia remata el curso. Aquí están sus palabras: «El maestro debe propagar siempre en sus clases una pedagogía de la libertad; de otra manera habrá esculpido en el viento”. Por eso, el maestro de dibujo debe tener conocimientos de Estética, Pedagogía, Geometría, Psicología, Química, cultura general y práctica del dibujo porque el curso de dibujo tiene relación con todas las asignaturas[5].

En 1993, Armando Villegas recibió la nacionalidad colombiana cuando César Gaviria era el presidente.

«El 29 de diciembre de 2013 se fue al encuentro de los apus. Se marchó al encuentro del sol. Días antes, en nuestra conversación telefónica, sospechamos algo al decir: “Hasta luego”. Y el 29 de diciembre, mientras yo desayunaba en Huaraz un picaflor se acercó a la ventana anunciando algo. Era el mensajero de algo que estaba pasando en Bogotá»[6].

Todos cumplimos un proceso existencial: nacer, vivir y morir; pero en el camino dejamos nuestras huellas. Los cuadros del maestro Armando Villegas, que se exhiben en su centenario, son sus huellas, aunque él haya pasado a la otra orilla del río de la vida.

* Investigador del Instituto de Estudios de Asia y América, Dankook University, Corea del Sur.

Bibliografía

Carranza Romero, Francisco. Armando Villegas: Pedagogía especial del dibujo. 2016-

Carranza Romero, Francisco, https://universoquechua.blogspot.com/2016/02/armando-villegas-pedagogia-especial-del.html.

Carranza Romero, Francisco. Armando Villegas ha cruzado el río. 2016.

 Carranza Romero, Francisco. https://universoquechua.blogspot.com/2016/02/armando-villegas-ha-cruzado-el-rio.html.

Daza, Gloria Inés. Armando Villegas. Bogotá: Graphos, 1982.

Villegas, Armando. Pedagogía especial del dibujo. Bogotá: Fundación Común Presencia, 2012.

 

Referencias

[1] Daza, Gloria Inés. «Sortilegio mágico cromático», en Armando Villegas, Bogotá: Graphos, p. 17.

[2] Ibid., p. 30.

[3] Ibid., p. 337-8.

[4] Carranza Romero, Francisco. Armando Villegas ha cruzado el río. 2016.

[5] Carranza Romero, Francisco. Armando Villegas: Pedagogía especial del dibujo Villegas.

[6] Carranza Romero, Francisco. Armando Villegas ha cruzado el río. 2016.

UNA VIDA RECORDADA Y CONTADA

Francisco Carranza Romero*

Amadeo Bernardo Aguilar Aguilar, autor del libro «Un molino de Caraz» (2025, Ornitorrinco Editores, Lima) narra con emotiva sencillez la realidad multiétnica y multicultural del Perú y los acontecimientos que dejaron huellas en su vida: su nacimiento en un hogar donde se habla castellano y quechua, la unidad familiar, las creencias, las fiestas populares, los vecinos y amigos, los centros educativos y otras peripecias de su vida. Las fotos familiares demuestran con objetividad sus relatos.

El ser humano inicia su vida en un lugar y fecha sin haberla programado. Nuestro nacimiento es nuestro destino. Todos, sin excepción, somos indígenas según el verdadero significado de la palabra; además, somos seres con historia de hace siglos y milenios. Y, mientras crecemos vamos sintiendo muchas simpatías y antipatías sociales, culturales, por el color de la piel y por el lugar de nacimiento. En esta situación de prejuicios hay pocos como Amadeo que asumen con orgullo sus orígenes; mientras otros viven mintiendo y arreglando sus historias.

Sobre su nacimiento e infancia junto al molino de Raupo, en Caraz, (Áncash, Perú en 1948), dice «… un universo de ruidos y silencios, de aguas y juegos, de miedos y alegrías. Allí descubrí que la vida, como la harina, se forma en la molienda constante del tiempo» (p. 19). Este libro de Amachu (hipocorístico de Amadeo) es para leerlo con calma y reflexión porque es la historia de un peruano que no ha perdido su choledad, su peruanidad aun viviendo y realizándose profesionalmente fuera del Perú. La educación escolarizada en todos los niveles, por suerte, no lo domesticó ni colonizó ni le quitó su orgullo; le sirvió para encontrarse consigo mismo. Hay dos relatos en español y quechua ancashino del Callejón de Huaylas.

Cuando cuenta sobre sus experiencias infantiles en los campos y cerros de la Cordillera Negra aparecen espontáneas, cual hongos después de la lluvia, los hipocorísticos quechuas (variación cariñosa del nombre propio: palatalización de los sonidos y reducción de sílabas), topónimos, zoónimos, fitónimos y etnónimos; entonces se siente la presencia de la lengua quechua que sobrevive gracias a la resistencia de los propios usuarios; no tanto por la política lingüística de los ministerios de educación y cultura.

La vida, como en todo grupo humano, está basada en creencias y símbolos como los siguientes: «Cuando a mediodía quería comprar sal, me decían: No hay porque tenían la creencia de que vender sal a mediodía traía mala suerte» (p. 29). «En ese tiempo… había panaderías, una pequeña bandera blanca lo indicaba» (p. 50). La banderita blanca también indicaba la venta de la chicha blanca de maní. La banderita roja indicaba la venta de carne o chicha de jora.

Conocí a Amachu en la Escuela 339 cuando llegué a Caraz, capital de la provincia de Huaylas, para continuar los estudios de primaria porque en mi pueblo de Quitaracsa había sólo hasta el Segundo Año, gran logro de mis mayores que viajaron hasta Lima para solicitar, suplicar y aligerar los trámites. Él estaba en un grado menor que yo. Era otro pie descalzo como yo. Su descripción de los estudiantes procedentes del campo es real: «Creo que todos los de la zona rural hablaban más quechua que castellano, los entendí hablar algunas veces, aunque en clase estaba prohibido hablarlo» (53). «… algunos que venían de las aldeas agrícolas… con gran esfuerzo hablaban castellano; conversaban en quechua entre ellos, en voz baja» (p. 150). Yo también era un niño que tenía mejor comunicación en quechua que en castellano. Al hablar del quechua dice algo testimonial: «Al pasar del medio rural al medio urbano fui descubriendo la importancia de esa lengua. Era normal en el medio rural, pero en la ciudad tenía poca aceptación y muchas veces era ignorada o menos apreciada» (p. 79). La educación escolarizada peruana, entonces y hoy, sigue siendo castellanizante en las clases, textos y exámenes. En las ciudades, para hablar nuestra lengua nativa teníamos que bajar la voz para evitar las burlas y menosprecios de los que, por sus apellidos y códigos de comunicación, se sentían ser los descendientes directos de los colonizadores. Ignoraban que los nombres fueron impuestos por el bautismo; los apellidos eran de los que se repartieron las tierras con gentes, animales y plantas. Gracias al qapaq (divinidad) algunos seguimos atreviéndonos a usar la lengua de nuestros ancestros cuando conviene, y la investigamos con afecto.

Amachu y yo compartimos la vida escolar de la secundaria en el seminario diocesano San Francisco de Sales, en Huaraz. Yo me salí del seminario junto a otros rebeldes seminaristas faltando un año para concluir la secundaria. Los monjes benedictinos estadounidenses ―los superiores― y nosotros ―estudiantes andinos― no nos comprendimos por tener el modus cogitandi diferente.

Después de seis décadas nos hemos vuelto a ver en Lima y nos hemos contado tantas aventuras vividas dentro y fuera del Perú. Es que él, después de graduarse en la Facultad de Ciencias Económicas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, continuó sus estudios de postgrado en Economía Rural en Bélgica. Tanto en Perú como en Bélgica laboró como pudo mientras estudiaba. Sus logros son productos de sus esfuerzos.

Nos comparte una experiencia amarga del 25 de julio de 1986 que afectó a su esposa belga y a su hijito cuando fue a recoger su nuevo pasaporte porque fue capturado y encerrado en el calabozo del Palacio de Justicia porque Bernardo Aguilar Aguilar estaba en la lista de los buscados por la policía; su argumento y protesta de que él era Amadeo Bernardo Aguilar Aguilar no cambió la situación. El 31 de julio, gracias a la intervención de un abogado, se aclaró: la persona buscada por la justicia había nacido en Huata en 1904; el detenido había nacido en Caraz en 1948. «Después de una semana salí en la tarde del viernes primero de agosto. Me quedaba un pensamiento o una pregunta: cuántas personas se encuentran injustamente en las cárceles del país y aún peor, ¿tendrán a alguien que se ocupe de ellas? (131). Es la triste realidad: La justicia se hace sorda y ciega cuando el acusado es pobre y sin influencias».

Y gracias a este libro deduzco que el cura Vicente Aguilar fue quien subió el cerro piramidal Shuytujjirca (shuytu hirka: colina piramidal) que está sobre Quitaracsa, y que demostrando su alegría por haberlo logrado gritó eufórico desde la colina un ¡aaji! que se escuchó hasta en el poblado. Desde entonces la colina es más conocida como Kuura Qaparinan (donde el cura grita el aaji de alegría). Y ese atrevido cura había sido tío de Amadeo Aguilar. Una grata sorpresa, Amachu.

 

* Investigador del Instituto de Estudios de Asia y América, Dankook University, Corea del Sur.

 

DANIEL HARO HARO, UNA VIDA CUIDANDO LOS OJOS

Francisco Carranza Romero*

En noviembre de 2025, mi esposa y yo, enterados de la delicada salud de la hermana Amparo, fuimos a su comunidad religiosa donde ella me entregó otro libro escrito por su hermano Daniel: «Los albores y el devenir de la oftalmología en el Perú» (2025). Este oftalmólogo de rica trayectoria profesional ya había escrito «Para una historia de la oftalmología en el Perú» (2008) y «Oftalmología en la altura» (2019).

¿Quién es Daniel Enrique Haro Haro? Es un profesional que vive ayudando a la gente en la conservación de la salud visual. Nació en la provincia andina de Carhuaz, (Áncash, Perú) en 1938. Egresado de la Facultad de Medicina de San Fernando, Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y doctorado por la Universidad Cayetano Heredia. Ha participado activamente en la vida de la Sociedad Peruana de Oftalmología (SPO) ocupando varios cargos, vicepresidente de la Junta Directiva 1985-1987 y presidente de Junta Directiva 1995-1996. En junio de 2023 le encargaron hacer el himno de SPO, labor que cumplió con la ayuda de su hija Maribel. Mark Contreras (Universidad Nacional de Música) compuso la música del himno. Y en diciembre de 2023, con motivo de la celebración del Día de la Oftalmología fue cantado por Rocío Ardito, Gabriela Quezada y María del Carmen Quiroz.

En sus tres libros en orden retrospectivo, vemos sus investigaciones, esfuerzos y deseos de que la profesión médica esté al servicio de todos los que tienen problemas de salud.

«Los albores y el devenir de la oftalmología en el Perú» (2025). Dice con humildad: «No pretendo que esta publicación sea una historia, ni siquiera un relato o crónica del devenir oftalmológico peruano. Deseo que sea un intento de reactualizar nuestro ayer corporativo para reivindicar a personajes olvidados, a quienes les debemos gratitud eterna por lo que hicieron … a favor de la especialidad en nuestra nación» (p. 48). Nos comparte los datos históricos: «Durante el siglo XIX, la labor oftalmológica en nuestro país estaba a cargo de médicos y cirujanos generales que se encargaban de solucionar algunos problemas de la salud ocular de la población» (p. 8). La Cátedra de Oftalmología fue creada en 1871 en la Facultad de Medicina de San Fernando (UNMSM), siendo José María Romero el encargado de la cátedra. Y con justa razón él es reconocido como padre de la oftalmología peruana.

El 21 de agosto de 1941, en asamblea general, por el pedido de los médicos Jorge Valdeavellano y Carlos Yori se creó la Sociedad Peruana de Otorrinolaringología y Oftalmología juntando dos especialidades médicas. Esta convivencia duró hasta el 23 de diciembre de 1958 en que se separaron pacífica y amablemente. El 29 de diciembre del mismo año se fundó la Sociedad Peruana de Oftalmología (SPO). Presidente: Hugo Bayona. Secretario: Alberto Castillo. Y el 4 de enero de 1959 fue la Ceremonia de Instalación de la Primera Junta Directiva. Luego se preparó el estatuto y se eligió el símbolo de SPO.

El Estatuto tiene tres objetivos:

1. «Ético-deontológico y gremial, a fin de velar el ejercicio profesional con ética y decoro, … favoreciendo las relaciones personales e institucionales».

    1. «Científico-docente, para propender la elevación del nivel científico de la especialidad».
    2. «Preventivo-social, siguiendo los conceptos de medicina preventiva, … especialmente en los aspectos de la educación sanitaria» (p. 33).

El símbolo escogido para SPO fue «el ojo de Chavín» que aparece en el monolito conocido como el Lanzón de Chavín (1200 a. C. – 400 a. C.). Es el símbolo de la peruanidad.

«Oftalmología en la altura» (2019). Son los resultados de sus investigaciones en la región andina, cuna de las culturas Chavín, Huari, Tiahuanaco, Inca. Desde hace milenios mucha gente vive en la zona jalca (3000 – 4800msnm) donde las condiciones naturales afectan a la salud. Aquí está una enfermedad ocular: Glaucoma (quyru en quechua). Carnosidad en los ojos. El doctor Haro dice con conocimiento de causa: «El pterigión, afección ocular común en el Perú, tiene una connotación importante en la sierra, no por la gravedad de sus síntomas y signos, ni por las dificultades en su tratamiento quirúrgico, sino por la falta de atención primaria de salud ocular y la inequidad por parte del Estado en la atención de miles de pobladores de los andes, convirtiéndose en causa importante de ceguera» (p. 84). A mayor altura menos glaucoma; pero, «En el Perú, se calcula que el 20% de ciegos es por causa del glaucoma y se considera que igual porcentaje de la población… está en peligro de contraer esta terrible enfermedad. Por estas razones, el glaucoma debe ser detectado a tiempo» (p. 104). Él, como andino que es, denuncia el centralismo en el servicio de salud. “El pterigión, … causa de la ceguera en las comunidades andinas, por falta de humanidad y por inequidad en la atención de la salud de los peruanos que viven en lugares alejados» (p. 15). «En mi largo trajinar por la sierra desde niño… he mirado al Perú Profundo, donde millones de peruanos y peruanas viven privados de la atención primaria de salud, y tratan de aliviar sus dolencias como pueden por la inequidad existente» (p. 173). La injusta realidad social del Perú donde el paciente del área rural, para recibir la atención médica, debe hacer el largo viaje a la urbe donde están localizados los centros de salud.

Por sus servicios en las áreas rurales conoció las enfermedades del ojo de los pobladores y las formas de tratamiento tradicional. Además, pudo conocer las creencias relacionadas con la vista como «mal de ojo» u «ojeo» (ñawipa: lit. por el ojo, por la mirada). Descarga afectiva visual descontrolada a un ser que aún no ha desarrollado su defensa. Por algo, los que saben aconsejan que los niños no deben ser expuestos antes de que cumpla los tres meses. Y la persona mayor debe evitar la expresión de mucho afecto visual, verbal y gestual, ni tener mucho contacto porque lo enferma. La adultez no es sólo acumulación del tiempo vivido, es también la acumulación de conocimientos para no afectar a su comunidad. Los síntomas del mal de ojo: fiebre, vómito, diarrea, anorexia, insomnio y abulia. Su curación tradicional: una persona mayor ―después de lavarse bien las manos― frota todo el cuerpo del niño con granos de sal natural. Después de este acto el paciente comienza a sentir alivio: la fiebre comienza a bajar lentamente, cesan el vómito y la diarrea, se abre el apetito, duerme bien y tiene ganas de vivir que las expresa con sus movimientos y expresiones alegres.

La salud, educación y seguridad, desgraciadamente, no llegan a los pobres y a las zonas pobres y se han convertido en actividades privadas porque son buenos negocios.

«Para una historia de la oftalmología en el Perú» (2008). Hablando de los errores de los médicos que producen enfermedades (iatrogenia) reconoce con humildad que «La iatrogenia está latente en cualquier especialidad… Es evidente que cuando se recurre a la oftalmología, en forma arbitraria y desmedida, se originan … padecimientos iatrogénicos» (p. 186). «Algo más grave sucede en aquellas personas que hacen mal uso de lentes de contacto; ya que en Perú no sólo lo recetan los médicos oftalmólogos, sino los optómetras y ópticos» (p. 187). Y denuncia la cruda realidad: «A diario se comprueba… que individuos que no poseen la menor preparación ni la titulación correspondiente ejercen ilegalmente la especialidad, poniendo en grave riesgo la salud ocular de la población que acude a sus consultorios» (p. 190). Es el intrusismo de gente que comercializa la salud.   

Compartimos las preocupaciones del doctor Daniel Enrique Haro Haro. Los centros educativos en todos los niveles: Primaria, Secundaria, Estudios Superiores deben tener el objetivo principal: formar personas útiles para sí mismos, para la sociedad y para la naturaleza. Pero, como se ve en la realidad, el proceso educativo está formando a gentes sólo para ganar dinero como sea; porque el dinero se ha convertido en la medida del ser humano.

 

Referencias

Haro Haro, Daniel Enrique. Para una historia de la oftalmología en el Perú. Lima: Forma e Imagen, 2008.

Haro Haro, Daniel Enrique. Oftalmología en la altura. Lima: RF Publicaciones y servicios, 2019.

Haro Haro, Daniel Enrique. Los albores y el devenir de la oftalmología en el Perú. Lima: Lucent Peru S.A.C., 2025.

 

* Investigador del Instituto de Estudios de Asia y América, Dankook University, Corea del Sur.