DOS DÉCADAS DE IMPACTOS GEOPOLÍTICOS

Alberto Hutschenreuter*

Llevamos apenas poco más de dos décadas en el siglo XXI y ya atravesamos impactos geopolíticos mayores, es decir, disrupciones internacionales desestabilizantes con base o características político-territoriales.

No deberíamos sorprendernos: hace un siglo, la política internacional ya había experimentado la guerra ruso-japonesa, el caos en los Balcanes, la gran catástrofe de 1914-1918, el desafío que implicaba para los países el establecimiento de un régimen revolucionario en Rusia, el derrumbe de cuatro imperios, y el gran desafío que suponía construir un orden internacional tras una guerra (además de una pandemia que causó 50 millones de muertos).

A partir de allí, casi todo el siglo XX estuvo signado por la geopolítica, al punto que, parafraseando una de las principales obras del gran Raymond Aron, fue “un siglo de geopolítica total”: comenzó con una pugna relativa con territorios entre Rusia y un ascendente Japón, y acabó con el gran desplome político-territorial del siglo, la desaparición de la Unión Soviética.

¿Será el siglo XXI otra centuria de geopolítica total? Seguramente, aquellos que conceden a los “nuevos temas” (robótica, redes digitales, inteligencia artificial, comercio, “blockchain”, movimientos y relaciones sociales interestatales, informática, genética, “vida 3.0”, etc.) un lugar de cambio de la historia relativizan la relevancia de la geopolítica (como también de la anarquía internacional y su “regulador”, la guerra), del mismo modo que lo hicieron aquellos que en los noventa vieron el comercio, la tecnología y la globalización como realidades superadoras de los fenómenos internacionales fragmentadores.

Pues bien, ojalá les acompañe la razón y el mundo finalmente marche hacia un auténtico orden mundial-aldeano basado en la confianza, la cooperación y la justicia internacional. Nada amparará más a la humanidad frente a las disrupciones o grandes apagones estratégicos que una configuración u orden internacional, esto es, un régimen de convivencia entre estados que (como nos sugiere la experiencia) más nos aproximará a aquello que denominamos paz.

Pero los hechos internacionales vividos en estas dos décadas del siglo XXI no nos permiten demasiado suponer que nos encontramos relativamente próximos a un ancla que sujete las relaciones internacionales a ese bien público mundial que es el orden.

Tampoco podemos asegurar que será otro siglo de geopolítica integral. Pero hasta hoy los acontecimientos con base en el factor geopolítico han sido categóricos. Volviendo a Aron, para este autor los órdenes internacionales son órdenes territoriales. Podríamos decir, por tanto, que los desórdenes internacionales implican desórdenes territoriales.

En este sentido, el siglo XXI se inició con un acontecimiento geopolítico mayor: el ataque perpetrado por el terrorismo transnacional sobre el territorio más protegido del planeta, Estados Unidos. El ataque implicó un notable cambio en la naturaleza geopolítica de este actor fáctico o no estatal, es decir, el terrorismo el 11-S alcanzó su mayor resultado desde que en los años noventa abandonó su territorio clásico de acción, el norte de África y Oriente Medio, para proyectarse a cualquier parte del mundo, particularmente al territorio y dominios del por entonces poder predominante del mundo, Estados Unidos, como así a otros sitios apóstatas.

De modo que, si por geopolítica consideramos intereses políticos volcados o proyectados sobre determinados territorios con propósitos relativos con la obtención de ganancias de poder, el ataque el 11-S fue resultado, ante todo, de un cambio de escala en el sentido o nuevo rango territorial de un fenómeno no estatal.

Pero también el siglo XXI comenzó con la ampliación de la OTAN, un hecho de fin de la década del noventa, aunque acaso fue, por lo que ha sucedido después, el primer acontecimiento del nuevo siglo.

La ampliación de la Alianza Atlántica hacia el este y el sur de Europa en términos prácticamente indefinidos explica, en gran medida, la guerra en Ucrania y el estado de “no guerra” entre Rusia y Occidente, pues el acercamiento de la OTAN a la frontera rusa y la ambigüedad de Bruselas en relación con las demandas de Kiev de sumarse a la cobertura política-militar disparó lo que en Rusia denominan “medidas contraofensivas de defensa”, consideradas por el Kremlin ante amenazas externas como la aproximación de alianzas militares a sus fronteras o situaciones internas en las ex repúblicas que puedan afectar el interés nacional de Rusia (dichas amenazas se encuentran en los documentos relativos con la concepción estratégica rusa).

Sin duda que Rusia transgredió el derecho internacional al invadir Ucrania, y hoy se registra en ese país y en los países vecinos de Europa del este un serio descenso de la seguridad humana, e incluso aumentó el riesgo en el nivel de la seguridad estratégica; pero si no se considera que la ampliación indefinida de la OTAN supone la ruptura de la concepción de seguridad indivisible, pues Occidente pretende incrementar su seguridad en detrimento de la seguridad de Rusia, un actor de más alta sensibilidad territorial que cualquier otra potencia preeminente, se deja de lado la clave (básicamente geopolítica) para comprender esta innecesaria crisis y guerra.

Más allá de las advertencias que reputados expertos en Occidente realizaron cuando la OTAN comenzó a extenderse, recientemente analistas y personalidades en Estados Unidos y Europa han remarcado que la situación actual fue resultado de lo que podemos denominar “transgresiones estratégicas y geopolíticas” por parte de Occidente. Por caso, Thomas Friedman prestigioso analista estadounidense, ha sostenido que “Esta es la guerra de Putin, pero Estados Unidos y la OTAN no son enteramente inocentes”. El analista cita largamente a George Kennan, quien en 1998 advirtió que la ampliación de la OTAN era un error estratégico. Por su parte y más recientemente, Javier Solana, ex secretario general de la OTAN (1995-1999) y Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad de la UE (1999-2009), sostuvo que “vivimos las consecuencias de sugerir que Ucrania entraría a la OTAN”.

El ascendente político-territorial es tan fuerte en esta cuestión que ha conmocionado al mundo, que la única posibilidad de lograr un cese de fuego en Ucrania radica en la renuncia de Kiev a ser (eventualmente) parte de la OTAN, es decir, alguna forma de neutralidad o neutralización político-territorial del país que elimine toda posibilidad de que Rusia limite al oeste con fuerzas y capacidades de la OTAN.

Por supuesto que desde comienzos de siglo y hasta hoy hubo otros numerosos hechos y nuevas situaciones de cuño eminentemente geopolítico, por caso, el establecimiento de Estados Unidos en la zona del Golfo Pérsico cuando en 2003 desplegó capacidades para luchar contra el terrorismo; la proyección de Rusia hacia el Ártico; el impulso de China a través de la “tierra orilla” del sur de Asia y de la masa terrestre de Asia central; la relocalización del terrorismo en zonas de África; la pugna entre las potencias medias regionales en Siria; la reafirmación territorial de los estados en tiempos de la pandemia; la creciente relevancia del territorio virtual como nueva dimensión de la geopolítica; la nueva fase del “imperialismo de suministros”; los crecientes requerimientos de materias primas por parte de la nueva “industria limpia” y las nuevas tecnologías; la posible emergencia de “custodios” de territorios sensibles para el mundo; las alteraciones geográficas con fines relativos con el poder; la creciente importancia de la “geopolítica popular” (que incluye el papel de medios y otros modos de cultura popular); el avance en materia de “geopolítica subterránea” o “vertical”, etc.

Prácticamente, dos décadas de “geopolítica total”. Pero, además, los estudios relativos con escenarios (realizados antes de la actual guerra en Ucrania) son bastante preocupantes. Por ejemplo, el último Informe del Foro Mundial relativo con los “Riesgos globales 2022” y más allá es altamente preocupante en relación con lo que podría aguardar a la humanidad. https://www.weforum.org/reports/global-risks-report-2022

Desde nuestro campo de estudio, la geopolítica prácticamente domina los temas del informe, que remarca la temática medioambiental como el segmento de mayor preocupación. Pero hay dos territorios no menos inquietantes en relación con lo que podría suceder en ellos: ciberespacio y el espacio exterior.

Respecto del primero, se estima que los ataques en territorio digital se multiplicarán sensiblemente en los próximos años. Las acometidas implican las relaciones entre estados, pero también el comercio electrónico. Se considera que para 2024 el valor global del comercio digital ascenderá a 800.000 millones de dólares, es decir, como advierte el analista de “World Politics Review” Stewart Patrick, habrá una mayor superficie para ataques.

En cuanto al segundo, se teme que pueda suceder una crisis en el espacio exterior, “territorio” que ha adquirido enorme relevancia como consecuencia de la cantidad de satélites en órbita. Se estima que en los próximos veinte años podría haber 70.000 satélites, tráfico que expande las posibilidades de incidentes, pero también abre posibilidades para la denominada guerra asimétrica. Asimismo, como bien advierte el autor citado, los marcos regulatorios que existen para el espacio exterior son hoy insuficientes para cuestiones como la explotación de recursos en dicho “territorio”.

Concluyendo, podemos observar tres impactos geopolíticos en poco más de dos décadas. Pero, además, hay otras muchas realidades y situaciones nuevas que responden a la lógica que asocia política, territorio y poder. No sabemos si será otro siglo de “geopolítica total”, pero hasta ahora, la geopolítica, que nunca se fue, mantiene un protagonismo categórico.

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL). Ha sido profesor en la UBA, en la Escuela Superior de Guerra Aérea y en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Su último libro, publicado por Almaluz en 2021, se titula “Ni guerra ni paz. Una ambigüedad inquietante”.

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GUAYANA ESEQUIBA: CONTROVERSIA (HASTA HOY) IMPREJUZGADA

Abraham Gómez R.*

Comencemos por rememorar que el soberbio imperio británico apeló a todo tipo de ardid diplomático (extorsiones incluidas) para que se conformara una Comisión Arbitral en 1899, sin la presencia de la representación venezolana.

Dicho jurado, compuesto por ingleses, estadunidenses y un ruso prevaricador, decidió despojarnos de manera vil, descarada y vergonzosa, de la denominada Guayana Esequiba, con el conocido laudo sentencial, concluido en París el 3 de octubre de ese año.

De tal manera que hemos sostenido la referida contención desde hace más de un siglo; ayer, quienes nos antecedieron en esta gesta reivindicadora y hoy quienes enfrentamos esta lucha, en todos los frentes.

Lo hacemos convencidos de que nos asiste la razón; porque, además, tenemos suficientes elementos probatorios: históricos, jurídicos (que no admiten prueba en contrario), cartográficos, sociales y políticos.

Estamos dispuestos a continuar, en las instancias que sean necesarias, hasta que se logre hacer justicia a Venezuela por el daño patrimonial territorial que se nos perpetró.

La contraparte en este asunto litigioso sabe que tenemos Justos Títulos, que han sido traslaticios desde que nos constituimos como Capitanía General de Venezuela, el 8 de septiembre de 1777, por Real Cédula de Carlos III.

No es poca cosa la que queda implícita y abarca el reclamo. Hablamos de una séptima parte de nuestra extensión territorial, con su respectiva proyección atlántica; y de un conglomerado de compatriotas, Esequibanos, con quienes debemos tejernos en absoluta identidad nacional.

Sin embargo, prestemos atención a la estrategia que ha venido jugando la excolonia británica en este asunto.

Guyana, que siempre estuvo rechazando la posibilidad de la figura del Buen oficiante, introdujo una demanda, en el año 2018, contra nuestro país, en la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Dicha demanda acaba de ser ratificada el 08 de marzo del 2022; pidiendo, en esta ocasión, que se nos sentencie en ausencia.

Aunque jugamos bien, entonces en el inicio del juicio, la carta de la No Comparecencia; debemos ser responsables ante Venezuela, y manifestar que   el mandado no está hecho, completamente. Hay que afinar las próximas decisiones jurídicas al respecto. Tenemos una cita pendiente para el 08 de marzo del 2023.

Hago esta seria advertencia: como recurso procesal la No Comparecencia es perfectamente admisible y aplicable conforme al Derecho Internacional Público; pero no basta —eo-ipso— para resolver jurídicamente el pleito.

No obstante, dejamos sentado, ante la opinión pública nacional, que por el solo hecho de habernos decidido por la No Comparecencia ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), luego de la demanda que interpuso el gobierno guyanés contra Venezuela, todavía no obtenemos la solución definitiva en la controversia, por el área que vilmente nos arrebataron.

La situación se encuentra en condición de imprejuzgada (nada resuelto conforme a derecho); a pesar de lo que la contraparte alude e invoca. Nada de Cosa Juzgada ni laudo arbitral ejecutoriado.

Permanentemente lo hemos expuesto que nuestro país nunca ha aceptado la decisión arbitral que nos despojó de la citada extensión territorial y su consecuente proyección atlántica.

Invocar la No Comparecencia, como lo hizo nuestra delegación, resultó, ciertamente, una postura estratégica inteligente; y evitó que los coagentes de la excolonia británica se salieran con la suya en la celada jurídica tendida.

Es verdad que la No Comparecencia nos da un respiro, pero no aporta un último desenlace en esta histórica contención.

Sin embargo, reconozcamos, con carácter de autocrítica generalizada, que hemos tenido demasiada desidia para mantener altivo el interés en la opinión pública nacional por la Guayana Esequiba.

No exageramos si decimos que hay compatriotas que se pierden en el mapa, y no logran precisar dónde les queda ese inmenso territorio de nuestra geografía que vilmente nos arrebataron.

Asumamos, modestamente, que todo lo hecho hasta ahora parece que resulta poco para tamaño emprendimiento.

Debemos redoblar nuestro tiempo para seguir haciendo más labor de reivindicación venezolanista, por nuestra Guayana Esequiba; dejando a un costado cualquier sesgo ideológico o partidista que intente diferenciarnos en este noble propósito.

Un aspecto bastante significativo y destacable —que no nos intimida— es que ellos están asesorados por abogados con experiencias en controversias entre Estados, y financiados por compañías estadounidenses, canadienses, holandesas, chinas que explotan nuestros recursos petroleros, energéticos, hídricos, mineros, madereros, de flora y fauna en general.

Guyana y su equipo de asesores han jugado, con tenacidad, en los últimos dos años la estrategia jurídica. Poco les han importado las otras alternativas de solución contempladas en el artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas y reflejadas en el texto del Acuerdo de Ginebra del 17 de febrero de 1966, vale decir: la negociación, la mediación, la conciliación; en sí mismas, son vías expeditas y pacíficas para alcanzar una avenencia “práctica y satisfactoria” para ambas partes. 

Así también, la delegación guyanesa ha demostrado que está dispuesta a jugársela completa; inclusive hasta con una extraña y tramposa manipulación del propio Estatuto de la Corte, en su artículo 53.

Resalta el hecho con demasiada suspicacia, de que el gobierno guyanés se muestre esperanzado que tal vez están próximos a “una decisión final y vinculante que resuelva esta controversia. Que permita a Guyana y Venezuela desarrollar relaciones como Estados vecinos”.  

El párrafo anterior está contenido en la declaración oficial del gobierno de Guyana, una vez que se conoció que la Corte iba a citar a las partes conflictuadas para la fase oral y a la consignación del respectivo memorial de ratificación (para ellos) y de contestación de la demanda (para nosotros).

Siendo así, por lógica deductiva se llega a conocer que Guyana tampoco acredita a la írrita y nula sentencia arbitral como Ejecutoriada o Cosa Juzgada. No está muy segura. Y no lo está porque no tiene el más mínimo documento jurídico, histórico o cartográfico que respalde lo que pide ante la sala sentenciadora de La Haya.

Si la excolonia británica solicita a la Corte —en la interposición del recurso en contra nuestra— que resuelva definitivamente este pleito centenario, es porque admite que tal controversia no ha sido resuelta. Están aceptando que el caso se encuentra imprejuzgado; tal vez, por serios e inexcusables defectos en los requisitos y presupuestos procesales. Así entonces, todavía deben concurrir y aportarse muchos otros elementos, en la oportunidad que sean exigidos por el Alto Tribunal, para que pueda producirse una resolución —ipso juris— en virtud y estricto derecho.

* Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV). Miembro de la ONG “Mi Mapa de Venezuela”. Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba.

COMPUTACIÓN CUÁNTICA Y ORDENADORES CUÁNTICOS

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay 

¿Qué es la computación cuántica? ¿Por qué necesitamos la computación cuántica? De acuerdo con la ley de Moore (“La complejidad de un microcircuito, medida por ejemplo por el número de transistores por chip, se duplica cada 18 meses y, por lo tanto, se cuadruplica cada 3 años”), la densidad de transistores por unidad de área en un chip de computación se duplica cada año y medio, lo que plantea dos problemas principales para las computadoras tradicionales. En primer lugar, en cuanto a la computación, los transistores de alta densidad se enfrentarán al problema del consumo de energía y los efectos térmicos. En segundo lugar, la reducción de tamaño provocará el fracaso de la teoría clásica de los transistores y su rendimiento se desviará del diseño original.

Ambos problemas limitarán la mayor contracción de los transistores, poniendo así fin a la ley de Moore. Sin embargo, aunque la computadora tradicional se desarrolla hasta el final de la ley de Moore, todavía es incapaz de hacer frente a muchos problemas que deben resolverse. Digamos que calculamos la energía de estado fundamental de N sistemas acoplados de dos niveles, ya que el número de incógnitas será proporcional a 2^N. El tiempo de simulación actual requerido para la supercomputadora de IBM es de 2,5 días para un cálculo específico en la computadora cuántica de 53 qubits de Google, que tarda unos 200 segundos. Qubit es la contracción del bit cuántico, el término acuñado por Benjamin Schumacher para denotar el bit cuántico, es decir, la unidad básica de la información cuántica.

A medida que el número de qubits continúa aumentando, las computadoras convencionales pronto alcanzarán un cuello de botella. Sin embargo, casi todos los cálculos convencionales que involucran mecánica cuántica enfrentan los mismos problemas. Por lo tanto, muchos investigadores comenzaron a pensar en cómo usar las propiedades cuánticas como recursos computacionales ya en 1970, que luego fue resumido por Richard Feynman en 1982.

Por lo tanto, ¿qué ventajas tienen los qubits sobre la computación tradicional? Lo más sorprendente no es otro que las propiedades de la superposición cuántica y el entrelazamiento cuántico. La superposición cuántica es un estado no clásico que contrasta con la intuición empírica y la metáfora es el Gato de Schrödinger que está vivo y muerto.

El estado de superposición, sin embargo, es un estado real para qubits en escalas microscópicas o mesoscópicas (escalas espaciales, puntos de vista y similares que son intermedios entre escalas macroscópicas y microscópicas). Los qubits se pueden encontrar en la superposición de dos estados cuánticos característicos, y este estado de superposición es un estado no clásico en el que el ser y el no ser coexisten en el mundo cuántico. En este estado, el qubit no es ni 0 ni 1, pero no está en un estado en el que ambos lados (0 y 1) sean inciertos, sino con la misma probabilidad, como una moneda antes de que aterrice en la palma de la mano.

Mientras que en la naturaleza visible es posible observar un fenómeno sin influir perceptiblemente en él solo mediante la observación (es decir, solo mirando dicho fenómeno), en la física atómica y la mecánica cuántica, una perturbación finita y hasta cierto punto invisible está conectada a cada observación. El principio de incertidumbre es el reconocimiento del azar absoluto y la arbitrariedad en los fenómenos naturales. Por otro lado, como quedará claro más adelante, la mecánica cuántica no predice un resultado único y bien definido para la observación o para cualquier observador.

El hecho de que los qubits puedan experimentar una evolución cuántica en un conjunto de estados de superposición, que no es ni 0 ni 1, implica un paralelismo cuántico en el cálculo relevante. La evolución de cada qubit, sin embargo, no es suficiente para construir todas las evoluciones posibles de un sistema multi-qubit. Por lo tanto, también debemos interactuar con diferentes qubits para que puedan entrelazarse con el fin de construir un algoritmo satisfactorio para tal cálculo. Esta superposición especial se llama precisamente estado cuántico entrelazado.

Tomemos dos qubits como ejemplo, que es un estado entrelazado típico. Entre ellos, el estado que representa el primer qubit está conectado al estado del segundo qubit. Las dos conexiones están en superposición cuántica y, por lo tanto, no podemos hablar del estado en el que se encuentran los dos qubits en ese momento, por lo que hablamos de entrelazamiento.

Existe una visión más práctica del entrelazamiento en la computación cuántica, es decir, los estados entrelazados generalmente surgen del control de un qubit (qubit de control) sobre otro (qubit objetivo). La relación entre el qubit de control y el qubit objetivo es similar a la mencionada Cat de Schrödinger. Según este punto de vista, si la parte controladora está en un estado de superposición, la parte controlada estará en una superposición de diferentes situaciones controladas.

Este proceso de entrelazamiento es un elemento importante en la computación cuántica. Podemos decir que la superposición y el entrelazamiento tejen sinérgicamente la variada evolución paralela de la computación cuántica. Cada medición solo puede calcular uno de los estados posibles, y el estado de superposición ya no existe después de la primera medición. Por eso, con el fin de obtener la información estadística que necesitamos en el estado de superposición, tenemos que calcular y medir los resultados nuevamente.

Por lo tanto, en muchos algoritmos cuánticos (como el algoritmo de Shor para factorización [que resuelve el problema de la descomposición factorial de números enteros en números primos] y la simulación cuántica digital), necesitamos usar algunos mecanismos de interferencia después del cálculo, de modo que la información de esa fase que contiene la respuesta en el estado de superposición se convierta en conservación (con la idea implícita de evitar un derrame o pérdida final) debido a la interferencia constructiva (es decir,  inmediatamente después de la variación de otros datos producidos), mientras que otros datos se eliminan por interferencia destructiva. De esta manera, la respuesta se puede obtener con menos mediciones. La mayoría de los algoritmos cuánticos dependen en gran medida del fenómeno de fluctuación e interferencia, por lo tanto, la fase relativa es muy importante para la computación cuántica, que se llama coherencia cuántica. En el diseño de hardware de las computadoras cuánticas, muchas consideraciones están relacionadas con cómo proteger el estado cuántico para prolongar la coherencia de por vida.

Las computadoras cuánticas tienen una variedad de implementaciones de hardware, pero las consideraciones de diseño son similares. Hay tres consideraciones comunes: operatividad de qubits, mensurabilidad y protección de estados cuánticos. En respuesta a estas consideraciones, se ha desarrollado un sistema de electrodinámica cuántica de cavidad (cQED). Un sistema cuántico superconductor puede tomarse como ejemplo para introducir la implementación de computadoras cuánticas. La diferencia de frecuencia entre la cavidad resonante y el qubit significa que el acoplamiento entre la cavidad resonante y el qubit tiende no a intercambiar cuantos de energía, sino solo a generar entrelazamiento, lo que significa que la frecuencia de la cavidad resonante cambiará con el estado del qubit. Por lo tanto, el estado del qubit se puede deducir midiendo la penetración de microondas o el espectro de reflexión cerca de la frecuencia resonante con la línea de lectura de bits.

La vida útil coherente de los qubits está influenciada por dos factores, uno intrínseco y otro extrínseco. La influencia extrínseca proviene principalmente del acoplamiento entre el qubit y el circuito de lectura de estado cuántico. La presencia de un mecanismo de protección similar a un filtro en la cavidad de microondas entre el bit y la línea de lectura puede proporcionar un mecanismo de protección similar a un qubit porque la cavidad y el qubit tienen una diferencia de frecuencia de aproximadamente 718 MHz. La influencia intrínseca proviene principalmente de la pérdida del qubit en sí y la sensibilidad de su frecuencia a varios tipos de ruido, que generalmente pueden ser suprimidos por materiales mejorados.

La computación cuántica tiene una amplia gama de aplicaciones, actualmente involucradas en los campos del descifrado y la criptografía, la química cuántica, la física cuántica, los problemas de optimización y la inteligencia artificial. Esto cubre casi todos los aspectos de la sociedad humana y tendrá un impacto significativo en la vida humana después de la práctica. Sin embargo, las mejores computadoras cuánticas aún no son capaces de expresar las ventajas de la computación cuántica. Aunque el número de qubits en una computadora cuántica ha superado los 50, la profundidad del circuito requerida para ejecutar el algoritmo está lejos de ser suficiente. La razón principal es que la tasa de error de qubits en el proceso de cálculo sigue siendo muy alta, a pesar de que podemos usar la corrección cuántica de qubits y la computación cuántica tolerante a fallas. En el caso de la computación cuántica, la precisión que mejora gradualmente los datos aumentará en gran medida la dificultad de producir el hardware y la complejidad del algoritmo. En la actualidad, la implementación de algunos algoritmos bien conocidos solo ha alcanzado el nivel de demostración conceptual, que es suficiente para demostrar la viabilidad de la computación cuántica, pero la aplicación práctica aún tiene un largo camino por recorrer.

Pero debemos seguir siendo optimistas porque, aunque la computación cuántica general todavía necesita ser mejorada por el hardware de la computadora cuántica, todavía podemos encontrar nuevos algoritmos y aplicaciones. Además, el desarrollo de hardware también puede hacer grandes avances, al igual que el desarrollo de las computadoras tradicionales en el principio. En línea con este objetivo, muchas industrias tecnológicas existentes podrían actualizarse en un futuro próximo. La investigación se está ejecutando rápidamente gracias también a una importante inversión pública y privada, y las primeras aplicaciones comerciales se verán a corto plazo.

Teniendo en cuenta las cuestiones de defensa e inteligencia, muchos gobiernos están financiando la investigación en esta área. La República Popular China y los Estados Unidos de América han puesto en marcha planes plurianuales por valor de miles de millones de yuanes y dólares. La Unión Europea también ha establecido el Programa Quantum Flagship para una inversión de mil millones de euros.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

 

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