LA OTAN Y SUS NUEVOS FANTASMAS

F. Javier Blasco Robledo*

Es bien sabido que OTAN son las siglas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Organización que consiste en una Alianza político-militar creada durante la Guerra Fría en 1949 y que se fundamenta en el mutuo apoyo militar entre los países miembros en caso de agresión por parte de terceros. Es básicamente una Alianza entre Europa y Norteamérica nacida con el exclusivo fin de garantizar la libertad y la seguridad de los países miembros a través de medios políticos y militares y hacer frente a las amenazas que provenían desde la extinta Unión de Repúblicas Soviéticas (URSS).

De entre los anteriores medios, los políticos se basan en la exaltación y el exhaustivo empleo de los valores democráticos mediante la habilitación a sus miembros para que libremente puedan consultarse y cooperar de igual a igual y por consenso en asuntos relacionados con la defensa y la seguridad con especial dedicación a la resolución de los conflictos, la construcción de la confianza entre sus miembros, extender valores democráticos individuales o colectivos y en analizar y prevenir las implicaciones en los potenciales futuros conflictos tanto dentro, como fuera de su área de interés o influencia.

La mayoría de las alianzas, por no decir todas ellas, suelen tener un periodo variable de vigencia y existencia a lo largo del cual atraviesan diferentes fases que podríamos definir como: creación, expansión, afianzamiento, máximo esplendor, adaptación a nuevos objetivos y misiones, progresivo decaimiento y la definitiva disolución o desaparición voluntaria o forzada por acontecimientos de diversa índole y motivo u origen.

Pues bien, la OTAN, como cualquier alianza político-militar y máxime desde que su principal acicate o enemigo desapareció de la faz de la tierra, la URSS, para mantener su supervivencia e interés, ha ido pasando por casi todos los estadíos y ha tenido que irse adaptando a nuevas amenazas, misiones y procedimientos; lo que ha supuesto una serie de cambios francamente importantes en su orientación, empleo, estructuras y misión.

Por otro lado, las nuevas exigencias, el natural desgaste en las relaciones entre los aliados por los inevitables choques políticos, económicos o sociales; las rehencillas que aparecen por motivos comerciales o de liderazgo e inevitables roces entre países vecinos; así como, el tener que paliar diferentes puntos de vista sobre la cambiante misión y situación de la alianza e incluso, las propias consecuencias de determinadas evoluciones internas en la forma de entender la orientación actual o futura de la propia Organización o de cada uno de los países; así como, los inevitables nuevos enfoques en las relaciones exteriores individuales y colectivas de los mismos, hacen que cualquier fundamento político, por muy granítico que fuese en su día, empiece a tambalearse, resquebrajarse e incluso se pueda llegar a destruir.

A la vista de lo expuesto anteriormente y de los profundos cambios, tensiones y exigencias aparecidas o creadas en las últimas cumbres de la Alianza, así como, las discrepancias entre aliados europeos derivadas de un Brexit, que no augura un feliz final, y otras actuaciones individuales de algunos de los dirigentes de sus miembros más importantes, sería posible que la OTAN pudiera estar atravesando la penúltima o incluso la última de las mencionadas fases.

Las constantes, insistentes y estridentes exigencias de Trump sobre el grado de participación, compromiso y aportación económica real de los aliados en gastos de defensa, sobre todo, de aquellos como España, que se encuentran francamente alejados de cumplir los acuerdos de inversión para la defensa colectiva, adoptados por todos ellos hace ya demasiado tiempo en la Cumbre de Gales (2014); ciertas diferencias sobre la necesidad, eficacia y rendimiento de los despliegues de fuerzas norteamericanas en Europa y su posible redespliegue o repatriación; las discrepancias sobre la idea de la defensa común del solar europeo tras un duro Brexit; el recientemente buscado, aunque nada fácil, protagonismo a jugar por la UE —impulsado principalmente por Francia y secundado por Alemania— en dicha tarea y los diferentes y muy peligrosos escarceos y amagos de Putin con algunos de los viejos países miembros o satélites de la URSS que de forma directa o indirecta, siguen ligados a Rusia aunque la mayoría de sus habitantes preferirían mirar hacia el bando completamente contrario, son grandes piedras en un camino cada vez más difícil de recorrer a la vieja usanza, al unísono y sin discrepancias.

A la difícil situación anterior, como capítulo específico y francamente importante, habría que añadir los problemas derivados de la Turquía de Erdogan por sus encontronazos y acciones individuales o en relación con más de un aliado por diversos motivos como las grandes diferencias de criterio en la compra de materiales antiaéreos entre EEUU y Turquía por culpa de la adquisición turca de los misiles S-400 a Rusia y el veto norteamericano a la compra de los pretendidos F-35 como consecuencia de lo anterior o los constantes, cada vez más frecuentes y crecientes encontronazos entre Turquía y Grecia por la explotación de recursos energéticos bajo las aguas griegas o chipriotas en el Mediterráneo son problemas que han superado en mucho las tradicionales y enquistadas disputas entre ambos países. Los cambios en la orientación política interna y externa, cada vez menos democrática en Turquía que se manifiestan en el insaciable afán de expansionismo e intervención de Erdogan —en una cada vez más aparente y patente búsqueda de la reconstrucción del viejo Imperio Otomano— en la mayor parte de los conflictos cercanos a sus fronteras o más allá de las mismas en Siria y Libia principalmente y, últimamente, en Nagorno Karabaj ponen en peligro el inestable equilibrio con Rusia, sin olvidar su elevado grado de fijación con el exterminio de los kurdos y los arriesgados y peligrosos acercamientos a Irán lo que pone muy nerviosos a EEUU, Israel y Arabia Saudí.

Como importante y peligrosa patata caliente para los europeos hay que referirse a la existencia de más de dos millones de refugiados en territorio turco esperando saltar a Europa y que son contenidos allí gracias a importantes y millonarias subvenciones de la UE para evitar que esto suceda. Avalancha humana que Erdogan periódicamente amenaza con su suelta y darle vía libre si se le molesta en sus sucias actuaciones y felonías nacionales e internacionales.

Todos los asuntos referidos son ingredientes más que suficientes y demasiado fuertes cada uno, para que la picante ensalada de la Alianza resulte poco atractiva y prácticamente incomible, y hasta puedan llegar a ser el origen o la causa para que se puedan romper por más de un punto o motivo sus viejas y ya muy remendadas costuras.

Ciertamente, Turquía viene desarrollando de forma progresiva, y mucho más patente e intensa desde su autogolpe de Estado de 2016, una política absolutista y claramente antidemocrática y dictatorial. Erdogan viene sometiendo a su pueblo a una fuerte tiranía aunque aparentemente mantiene en el país un régimen “democrático”; ha cambiado la estructura de gobierno y el alcance del poder presidencial concentrando, poco a poco, el control de todos los poderes del Estado en su persona e incluso, ha anulado el signo laico del Estado con una conversión de culto del islam, llegando a derogar el “inamovible” legado de Atatürk (el padre de la patria turca) y en reconvertir en mezquita la antigua basílica ortodoxa de Santa Sofía, a pesar de ser monumento Patrimonio de la Humanidad.

Es el segundo país de la OTAN en aportación de fuerzas a la misma; ocupa su flanco oriental y cierra, por su privilegiada posición estratégica, el libre paso de Rusia hacia el Mediterráneo; cuenta con numerosas y potentes fuerzas armadas y sirve de base a importantes unidades norteamericanas de aviones de combate, cazabombarderos y armas nucleares. Es quizá por ello, por lo que su pérdida traería consecuencias incalculables para la seguridad, efectividad, equilibrio y el despliegue de las fuerzas restantes ya que quedarían con su más importante y peligroso flanco al descubierto.

Erdogan conoce bien la importancia de su terreno y la necesidad de la Alianza de su capacidad militar y quizá, sea por ello, por lo que juega con la paciencia de sus aliados a sabiendas de que haga lo que haga, no se le corrige aunque desde hace mucho tiempo, es merecedor de ello. La situación de deterioro en sus relaciones individuales y colectivas va en aumento; sus demostraciones y retos antidemocráticos han roto todos los cánones permitidos y se ha convertido en un aliado muy voluble y cada vez menos fiable, lo que unido a los otros temas enunciados podría dar origen a una ruptura o a la transformación profunda de la Alianza en otro tipo de organización, más reducida o con pretensiones menos ambiciosas. 

Por si fueran pocos los problemas enunciados, en el flanco opuesto nos encontramos con España, otro país que últimamente y sobre todo, desde que cuenta con un gobierno social-comunista —siendo los comunistas de corte e inspiración bolivariana (Venezuela) y muy amigos de Irán— tampoco está poniendo fáciles las relaciones con la Comunidad Internacional. El presidente Sánchez, a pesar de gozar de una gran capacidad de disimulo y de aparentar que no se entera de los problemas u objeciones que los demás le plantean, ha sido objeto de varias reprimendas públicas y notorias por parte de Trump en las últimas Cumbres por todo lo anterior y al ser de entre los medianos, el que menos y con gran diferencia, invierte en defensa.

España es un país que en el aspecto de la acumulación de poder presidencial, incluso en detrimento de la figura del Jefe del Estado y en el control o dominio sobre los poderes del Estado, viene practicando una especie de turquización (aunque algo más light) que recientemente vuelve a encender las luces rojas en el seno de la UE, por lo que indudablemente, también inquietará en la OTAN.

Está sumida en la peor y más profunda situación en ambas crisis sanitaria y económica del mundo y con tales credenciales y movimientos telúricos en lo político y lo social, probablemente será incapaz durante más de un lustro de salir del hoyo en el que el gobierno la ha sumergido por su mala gestión y falta de previsión. Es muy posible que aumenten las agitaciones sociales cuando se compruebe la mucha necesidad y la poca eficacia de los apoyos económicos que puedan llegar de la UE, que llegarán —si llegan— tarde, con cuenta gotas y a lo largo de un periodo de tres largos años; sobre todo, si no se encuentra un pronto remedio a la pandemia y la sociedad civil consiga encarrilar la economía aún a costa de soportar las grandes cargas impositivas que soterradamente y contra todo consejo, se vienen anunciando en estas fechas. Tiene sin solventar el grano de Gibraltar tras el Brexit sin acuerdo y mantiene una muy dudosa y voluble política con respecto al futuro político en Venezuela, lo que molesta a muchos aliados en Europa y en la OTAN.

A todo lo anterior, hay que añadir que Marruecos, el eterno enemigo a la espalda, ha percibido el olor de la sangre y a carne putrefacta y, como tradicionalmente suele hacer, ha comenzado a lanzar sus aspiraciones territoriales sobre aguas y espacios, que en este caso incluyen las islas Canarias y, al mismo tiempo, se encuentra en un franco y efectivo proceso de importantes programas de reame de sus fuerzas armadas con adquisiciones de material moderno a proveedores de un variopinto abanico que va desde Francia y EEUU hasta Rusia. Situación altamente preocupante y nada nimia tanto para la OTAN en general, por ser Marruecos un especial aliado de varios de sus integrantes, como para España, a no ser que dejemos de pertenecer a Alianza y se rompieran los lazos con ella.

No debemos olvidar que las constantemente decrecientes fuerzas armadas españolas, poco o mal pagadas, cada vez peor instruidas y adiestradas por falta de suficientes presupuestos para ello, bastante envejecidas y escasamente dotadas con materiales modernos o de última generación, se encuentran además mayormente dedicadas a todo tipo de menesteres o misiones de tipo protección civil por la necesidad de contar con mano de obra barata o gratis en la lucha contra la pandemia del COVID y, por lo tanto, se están volviendo incapaces de ser un elemento de peso en el potencial de la OTAN. Además, a la vista de las pocas expectativas de salir de la macro crisis económica, es más que previsible que la aportación española real en gastos en defensa no llegará en lustros a las mencionadas cotas otrora establecidas, lo que las relega a convertirse un aliado sin importancia, sino una rémora o un lastre, lo que podría cuestionar a los demás el mantener su pertenencia a la Alianza.

En resumen, aunque no se quiere decir claramente, nos encontramos ante una OTAN semi paralizada porque aparte de sufrir problemas de identidad en su núcleo duro, aún tiene que encajar los inconvenientes derivados de un más que posible Brexit duro y sin acuerdo y el papel a jugar por la UE en la defensa europea, si es que alguna vez es realmente capaz de pasar de las palabras a los hechos; además, se encuentra con sus dos flancos con problemas de conveniencia e incluso de permanencia, en manos de regímenes bastante conflictivos por sus tendencias, procedencias o por los intereses o agendas, ya no tan ocultas, de los que integran o dirigen sus respectivos gobiernos.

Veremos si alguien está dispuesto o es capaz, de lidiar tanto toro Victorino o de poner los necesarios cascabeles a los incansables gatos; que sucederá cuando se sepa el nombre del nuevo inquilino de la Casa Blanca y cuál será su postura con respecto al futuro y el papel de la Alianza; hasta donde llegará la UE en lo referente a sus “ambiciosas aspiraciones” en la defensa europea de forma semi independiente; como quedan las relaciones entre el continente y la islas británicas tras un Brexit duro y seguramente muy conflictivo y cuál será la orientación de la Unión cuando Merkel —ya que Macron está perdiendo fuelle y fuerza— deje de llevar las riendas de la misma y sobre todo, si se complican los particulares peligros que podrían venir desde cualquiera de sus  flancos en el Mediterráneo.

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Reserva) de España.  Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.                      

 

Artículo publicado en https://sites.google.com/site/articulosfjavierblasco/la-otan-y-sus-nuevos-fantasmas

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¡Patagonia por Siempre Argentina! ni mapuche, ni inglesa ni masona

La Patagonia, territorio donde existen las más grandes reservas hidrográficas del mundo y también pesqueras y forestales. De lo que en el Sur de América se trata es de crear un país aparte, en el paralelo 40, una zona independiente en el sur de la Patagonia y de la cual la Laguna del Desierto, con Viedma en su vecindad, llegaría a ser la capital de un próspero centro, con las más grandes riquezas y habitado por otras gentes que argentinos y chilenos.

Ya Alfonsín se adelantó al proponer el traslado de la capital de Argentina a Viedma.

Las FFAA están únicamente para defender a la Patria, sus fronteras y la integridad de su sagrado territorio, por encima de intereses entreguistas. Si no cumplen con esta misión, han perdido su razón de ser, transformándose en ejército de opereta.

Miguel Serrano

A pesar de la exitosa campaña al desierto efectuada por Juan Manuel de Rosas en 1833, y de los arreglos de éste con los indios, los malones indígenas constituyeron un problema permanente durante todo el período rosista, el cual se potenció tras la caída del Restaurador de las Leyes en 1852. Una estimación señala que entre 1820 y 1870 los indios robaron 11 millones de cabezas de ganado, 2 millones de caballos y 2 millones de ovejas; asesinaron o capturaron a 50.000 personas, y robaron bienes por valor de 20 millones de pesos. Con su acción, los indios habían puesto límites al uso de las tierras y a la colonización.

Junto con la Campaña del Desierto emprendida por Roca, cabe mencionar también durante la gestión de Nicolás Avellaneda las actividades de exploración del hombre de ciencia Francisco P. Moreno. Este fue comisionado en 1879 para explorar nuevamente la Patagonia -lo había realizado durante el primer año de gestión de Sarmiento- con el objetivo de examinar las riquezas de la región y entrever la posibilidad de incorporar a los indígenas que la ocupaban a la vida civilizada.

En síntesis, el saldo de la campaña de Roca fue de 15.000 indios tomados prisioneros, 1.313 muertos  y 15.000 leguas cuadradas incorporadas al territorio argentino. No obstante, el problema no estaba completamente resuelto. Entre 1881 y 1883 debieron ser organizadas nuevas operaciones contra los indios para estabilizar la frontera sur.

Entonces, atento a los números expuestos, no pueden volver a vendernos el mismo cuento de “la juventud romántica e idealista” versión “pueblos originarios”. “No fue magia”, estaban haciendo estragos en los bienes y la población.

En los últimos años, las corrientes progresistas e indigenistas han conseguido instalar, con llamativo éxito, la tesis que sostiene que la Campaña del Desierto organizada y comandada en 1879 por el entonces ministro de Guerra, coronel Julio Argentino Roca, habría constituido en realidad un «genocidio» o «etnicidio» perpetrado por el Estado Nacional Argentino. Incluso se ha llegado a aplicar categorías extemporáneas tales como «crímenes de lesa humanidad» y similares. Sus promotores sostienen que la acción de las fuerzas regulares argentinas habría conculcado derechos legítimos de los indígenas sobre territorios ocupados por sus ancestros.

En contraposición, la posición oficial del Estado Nacional ha sostenido que la Campaña Desierto significó una guerra legítima orientada a recuperar el control y hacer efectiva la soberanía y poner fin a las reiteradas matanzas, saqueos, secuestros y destrucciones materiales provocadas hasta entonces por los malones.

Estos malones eran verdaderas empresas comerciales que permitían que las tribus se apropiaran de ganado, que luego era vendido en el mercado trasandino, y de cautivos, por los que exigían altos montos para restituirlos a sus familias.

Quedaría analizar, tomando en cuenta la línea de pensamiento utilizada por tales organizaciones y el código penal, que penas le corresponderían a estos pobres originarios por los delitos de cuatrerismo, destrucción de la propiedad privada, secuestro, violencia de género, violación, homicidio y femicidio, entre otros.

A principios de 1872 tuvo lugar la denominada Invasión Grande a la provincia de Buenos Aires, iniciada por el mapuche Calfucurá, con un ejército de 6.000 combatientes. El ataque sobre las poblaciones de General Alvear, 25 de Mayo y 9 de Julio causó la muerte de alrededor de 300 criollos, otros 500 resultaron cautivos y fueron robadas 200.000 cabezas de ganado. El botín sería luego comercializado en el mercado trasandino por hacendados chilenos que se habían establecido sobre el río Neuquén.

Se está viendo a lo largo y ancho del país, pero particularmente con fuerza en la Patagonia “mapuche” que una fracción de la sociedad, reclama el dominio sobre tierras públicas fundamentada en una Constitución que reconoce derechos previos a la existencia del Estado.

La ocupación por parte de grupos autodenominados mapuches de terrenos bajo control del ejército argentino -y la posterior orden de las autoridades federales de no confrontar con los usurpadores- es una claudicación ante los principios que sostienen la misma existencia del Estado, por cuanto se rompe la cadena de autoridad que garantiza la primacía de un conjunto de leyes que garanticen la convivencia.

Por esas ironías de la vida, la escuela de alta montaña que funciona en Bariloche -y cuyas tierras fueron usurpadas- lleva el nombre de Juan Domingo Perón.

Lo que otrora fuera sagrado para la nación Argentina fue vulnerado bajo el apañamiento de los que dicen ser sus herederos. Vaya paradoja de un Estado que ya no puede hacer frente ni a los más básicos de los supuestos que fundamentan y justifican su existencia.

Javier Boher

Lo tragicómico de la situación es que recurren al Estado, (que no reconocen como tal), para que defienda “sus derechos”, sostienen que los mapuches tienen derecho a defender su territorio y el derecho a recuperarla y que está reconocido hasta por la Constitución Argentina. Todo esto orquestado por The Mapuche Nation, una organización que está asentada en Bristol, Inglaterra. «El día 11 de mayo de 1996, un grupo de mapuches y europeos comprometidos con el destino de los pueblos y naciones indígenas de las Américas, y en particular con el pueblo mapuche de Chile y Argentina, lanzaron la Mapuche International Link (MIL) en Bristol, United Kingdom», explican las autoridades de esta organización; a saber, Edward James (Relaciones Públicas), Colette Linehan (administradora), Madeline Stanley (coordinadora de Voluntarios), Fiona Waters (a cargo del equipo de Derechos Humanos), entre otros. (Como se puede observar a simple vista, todos apellidos originarios… de Inglaterra).

Sostienen que «the Mapuche Nation está situada en lo que se conoce como el Cono Sur de Sudamérica, en el área actualmente ocupada (sic) por los Estados argentino y chileno».

El territorio ancestral mapuche, según la organización con sede en Bristol, abarca todo lo que está al sur del Bío-bío (Chile) y al sur del Salado y del Colorado (Argentina). Y eso no es todo. Para los miembros británicos de la nación mapuche, el territorio ancestral abarca también las islas Malvinas y la Antártida.

En el mismo documento, fijan el año 1860 como el de la «Gran Asamblea Constituyente» en la cual «los más notables representantes del pueblo mapuche» fundaron «un gobierno monárquico constitucional». Y agregan que, «tras la ocupación del territorio del estado mapuche (sic), la Casa Real de dicho gobierno se estableció en el exilio en Francia, desde donde viene operando de manera ininterrumpida desde entonces».

Curiosamente, a la vez que hacen reivindicación de sus derechos ancestrales y su condición «originaria», los mapuches reconocen una dinastía francesa fundada por la ocurrencia de Orélie Antoine de Tounens (1825-1878), un abogado francés y masón que desembarcó en Chile en 1858 y se autoproclamó Rey de la Araucanía y de la Patagonia.

«Tanto el gobierno monárquico como el pueblo mapuche en su conjunto jamás han renunciado ni a sus derechos soberanos ni a la restitución de su territorio ancestral», afirman.

Con la creación del Estado Mapuche perderíamos, no sólo el territorio y los minerales, que de hecho ya lo estamos perdiendo, sino el agua potable de los glaciares, las vertientes que nacen en las altas cumbres, y que en el futuro tendríamos que comprarles el agua que ahora es nuestra. El uso del término “Mapuche” y las falsas reivindicaciones de estos, son maniobras disolventes y disgregantes hacia el Estado Argentino, porque todos los aborígenes tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones que cualquier habitante de la Nación Argentina.”

“Los araucanos hoy denominados ‘mapuches’, empezaron a llegar desde Chile en el siglo XVII, este proceso se conoce como Araucanización de la Pampa, fue una invasión cultural, acompañada de una invasión armada. En 1830 llega desde Chile el cacique Calfucurá, quien pidió una gran reunión de todos los caciques y pueblos indígenas de la región, la mayoría aceptaron, cuando esta se lleva a cabo, ¡Calfucurá los embriaga y los asesina a todos!, llegando casi al exterminio de nuestros puelches, tehuelches, ranqueles, pampas y demás pueblos, quedando dueño absoluto de toda la región. Por todas estas artimañas se lo denominó “el Zorro del Desierto”. Los araucanos contaban con fusiles Rémington que los ingleses les vendían del otro lado de la cordillera a cambio de yeguarizos, vacas y todas las cosas de valor que en sus malones podían robar. Ni Rosas, ni Roca, ni ningún historiador o autor clásico como Estanislao Zeballos, Lucio Mansilla y Manuel Prado, “¡jamás mencionaron al pueblo mapuche!”, tampoco está escrito en los libros de historia de las provincias donde ellos azotaban, por lo tanto no son un pueblo originario de la Argentina”.

“¿Entonces por qué a los araucanos y demás pueblos indígenas, se lo quiere denominar mapuche? La razón es que quieren englobar a todos los pueblos aborígenes en uno solo, “los mapuches”, así poder abarcar más territorio para la supuesta nueva Nación Mapuche. Esta es la historia del peligroso malón británico que actúa en las sombras, es un verdadero “British Malon”, un malón que nos quiere desintegrar y robar parte de nuestra Patria creando un estado dentro del Estado Argentino. ¿Cómo lo quieren crear? Presionando, extorsionando, comprando a nuestros gobernantes, nacionales y provinciales y a toda persona que se oponga a este siniestro plan.

Este plan es que se viole constantemente la Constitución Nacional hasta que está ya no tenga validez, destrucción de las fuerzas armadas para cuando ellos invadan no haya ningún foco de resistencia, fomentar la droga hasta que la delincuencia sea incontrolable, corrupción y caos generalizado, entonces será para ellos el momento oportuno para invadir nuestro país, por parte de la O.N.U u otra fuerza, para pacificar, ordenar, y así poder crear el Estado Mapuche, que será en realidad un Estado Inglés”.

Indudablemente estamos en presencia de un plan que huele a rapiña británica y masonería. Por cierto, debemos recordar que, como explica Dieter Schwarz:

“En 1723 y 1725 encontramos ya nombres judíos en las logias inglesas. En 1732 una logia traslada su «tenida» del sábado al domingo, a fin de hacer posibles a los «hermanos» hebreos la participación en el trabajo de la logia. La judaización parece haber sido ya en aquella época bastante grande, ya que en 1732 el orador callejero Henley anunciaba un discurso contra los «masones judaicos». Los Ancient Masons que aparecieron a mediados del siglo XVIII, poseían una oración particular para las logias judías”.

Ya vivimos la pérdida de Picton, Lennox y Nueva por la entrega al Estado chileno de parte del benemérito integrante de la Trilateral Interamericana Raúl Alfonsín, perdiendo con ello el paso bioceánico, parte de Tierra del Fuego y del Territorio Antártico. Se ha terminado con la zona de frontera que nos protegía de la compra de tierras por parte de extranjeros en una franja de varios kilómetros desde toda frontera. Hoy en la Patagonia ondean banderas que no son la Nacional. Muchos han puesto sus ojos en esta zona millonaria en recursos, los usurpadores históricos de Oriente Medio la recorren para tomar notas para su desembarco que haga cumplir el Plan Andinia.

¡Basta ya de latrocinio!

¡Basta ya de mancillamiento de nuestro Ser Nacional!

¡Basta ya de ceder territorios y derechos!

¡Por una Argentina para los Argentinos!

DyPoM

Por Der Landsmann para Saeeg


Notas:

  • Miguel Serrano. La entrega de la Patagonia Mágica (2003)
  • Historia General de las Relaciones Exteriores de la República Argentina
  • Alberto Lettieri. «La Campaña del Desierto de 1879 a la luz de la mirada histórica». La Prensa, 17.12.2017. 
  • Javier Boher. «Perón contra los mapuches: se abolió el credo del Estado». Diario Alfil, 09/20/2020,  <www.diarioalfil.com.ar/2020/10/09>.
  • «‘The Mapuche Nation’, la organización que desde Gran Bretaña defiende la violencia». Diario El Chubut,  10/08/2017, <https://www.elchubut.com.ar/nota/2017-8-9-23-47-0–the-mapuche-nation-la-organizacion-que-desde-gran-bretana-defiende-la-violencia>.
  • «La maniobra británica para dividir la Patagonia». Corrientes al día, 21/11/2017, <http://www.corrientesaldia.info/184297>.
  • Dieter Schwarz. La-Francmasonería.

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LA RESIGNIFICACIÓN DE LA DIGNIDAD HUMANA EN TIEMPOS DE GUERRA TECNOLÓGICA

Yarina Amoroso* – Mayra Bárzaga** Sunamis Fabelo Concepción***

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay
El campo de batalla tecnológico

El capital digital está reemplazando a la propiedad intelectual en la cima de las cadenas de valor mundiales. Los datos se han convertido una expresión concreta del poder ya que se trata del recurso más valioso, hay competencia para acceder a ellos y quien puede acaparar en mayor cantidad se sitúa en posición de fuerza sobre el resto de piezas del sistema[1]. De manera que grandes imperios digitales acaban conociendo a las poblaciones mejor que sus gobiernos y han desarrollado una extraordinaria habilidad para escapar a su control.

De ahí que varios estudios plantean la necesidad de abordar dos cuestiones centrales: cómo puede el ciudadano recuperar el control sobre la información que ha generado y cómo imaginar un modelo alternativo para una economía de datos que reduzca la actual asimetría entre la información que las grandes plataformas tienen de sus usuarios y la falta de transparencia sobre los algoritmos y modelos de negocio con que estos datos se procesan y explotan. Por eso, en el marco del debate sobre la soberanía digital, son cada vez más las voces que insisten en que son los ciudadanos y no los gobiernos los que deben poder ejercer su “soberanía digital” (Soler i Lecha, 2019).

La llegada de la quinta generación (5G) de manos del gigante chino Huawei ha complejizado estos debates. La 5G convirtió la conectividad en una plataforma con lo cual las redes de acceso inalámbrico proporcionan una conectividad sin fisuras, extendida e ilimitada para todas las personas y organizaciones, y por tanto aumenta significativamente la capacidad del control y procesamiento de datos en tiempo real. Ante este escenario, algunos países expresaron su preocupación ante la factibilidad de que Beijing pueda usar estas redes para ejercer presión o efectuar algún tipo de vigilancia electrónica. Por lo tanto entre los posibles escenarios se ha barajado la posibilidad de que cada una de las potencias cree su propio «ecosistema» tecnológico para reducir su dependencia mutua y así obligar a sus aliados a una adhesión incondicional; de manera que en un futuro pudiera emerger uno o diversos telones de acero tecnológicos, y en último término, avanzar hacia una cierta “desglobalización” digital (Farrés, 2020).

Este escenario puso de manifiesto una vez más como la competencia geopolítica se ha ido trasladando también al ámbito de la tecnología y las comunicaciones como nueva frontera del poder y escenario de reedición de la Guerra Fría. Sin dudas, esta bipolaridad tecnológica ha comenzado a crear nuevas esferas de influencia. Por si fuera poco, con el 5G todavía en una primera fase de implementación, ya se abría la carrera por el siguiente gran estándar, la Sexta Generación (6G), por parte de Japón, lo cual no solo es expresión de una competencia mundial, sino que de concretarse condicionaría una rearticulación de las alianzas.

Se dice que la 5G, en cierto sentido, dividió a Europa. La implementación de esta tecnología que llegaba desde China chocaba con la idea de una soberanía digital, sobre todo después de los sucesos de Cambridge Analítica y tomando en consideración las presiones de EUA en torno al caso Huawei. ¿Debe discriminarse una mercancía —en este caso una tecnología— en función de su origen? Esta cuestión está asociada al escenario descrito anteriormente sobre el control de los datos de los europeos a que tendría acceso el Gigante Asiático, fundamento sobre el cual se apoya la consideración de la influencia china en el socavamiento del orden liberal.

Si a esto unimos la colaboración en el área tecnológica entre Beijing y Moscú, estaríamos añadiendo el componente de la guerra híbrida supuestamente liderada por el Kremlin contra la Unión Europea. Occidente cuestiona a Rusia sus actuaciones en el ciberespacio y, sobre todo, la supuesta injerencia en procesos electorales occidentales, lo cual consideran que expresa una voluntad de debilitar el orden liberal y sus instituciones. Son recurrentes las acusaciones sobre las campañas rusas de desinformación e injerencia así como el apoyo a candidatos que cuestionan la UE, la OTAN o la integridad territorial de los estados que componen estas organizaciones.

Por su parte, en 2019 el gobierno ruso anunció su intención de desconectar al país de la red global de internet. Finalmente en diciembre de ese año se anunció RuNet, la alternativa nacional al internet global, con el objetivo de proteger a  Rusia de las interferencias del extranjero. Un proyecto que cuenta con el apoyo de grandes empresas rusas como Yamdex, MegaFon, Beeline, MTS, RosTeleom (Álvarez, 2019)

La apuesta más reciente de la compañía china Huawei, junto a otras operadoras chinas es construir un nuevo Internet, con el objetivo de mejorar las comunicaciones y prepararlas para lo que se está desarrollando y llegará en los próximos años, cuando además de los dispositivos actuales habrán más dispositivos IoT, comunicaciones para vehículos autónomos y más. El proyecto chino se denomina “New IP” y se estima que algunos de estos productos/servicios estarán listos para ser puestos a prueba a principios del 2021. (Rus, 2020).

Si bien, a día de hoy, se mantiene el liderazgo de las empresas de Silicon Valley, se aprecia una especie de regionalización digital, encabezada en Asia por Rusia, China, así como también por Corea del Sur y Japón, sin que esto signifique una disminución del nivel de interconectividad. Estamos en un momento crucial en el que se sentarán las bases democráticas y políticas de las próximas décadas; en función de las decisiones que se tomen, y se están tomando, para la instauración de elementos de IA y el desarrollo de algoritmos, el futuro de las sociedades será uno u otro. A nivel regional la guerra tecnológica se expresa a través de imperativos de dependencia.

En general se trata de una nueva dependencia por la subordinación de los territorios virtuales y por tanto por el control de los datos, propiciado por la falta de soberanía comunicacional y tecnológica de la mayoría de los países del planeta y la ausencia de regulaciones a las TIC. Las manifestaciones más recientes de la guerra tecnológica son expresión de un conflicto cada vez más intenso.

Esta disputa comercial y tecnológica, trasciende hacia la carrera armamentista:

Un documento del Servicio de Investigación del Congreso de EEUU explica que la 5G puede tener “muchas aplicaciones militares”: vehículos militares autónomos, nuevos conceptos operativos militares, y aumentará el poderío del sistema de comando y control de las Fuerzas Armadas lo que prevén que aumentaría su poderío a escala mundial y los servicios secretos serán mucho más efectivos que los actuales

Esta realidad corrobora lo señalado por la especialista cubana en el tema Rosa Miriam Elizalde; la tecnología digital va consolidando un nuevo modelo de gestión política: el Colonialismo 2.0 que sobrepasa el modelo “democrático-nacional”. (Elizalde, 2018)

Su impronta trasciende a todas las facetas de la vida humana y de la naturaleza, el dominio de la tecnología y la inteligencia artificial no es un asunto sólo de las corporaciones y de los gobiernos, es un asunto de los ciudadanos de todo el planeta; su influencia en los destinos de la humanidad y del planeta nos involucra a todos y todas.

Covid-19 y escenario comunicacional

Los tiempos de Covid-19 han alentado la guerra tecnológica desde diversos ángulos. En el boletín mensual del Laboratorio Europeo de Anticipación Política de junio del 2020 se destaca la centralidad de los datos como el oro negro de la era moderna. Según señala Satya Nadella, directora de Microsoft, el mundo ha logrado una transformación digital de dos años en dos meses. La necesidad sanitaria de mantenerse aislado provocó, por poner un ejemplo, que la plataforma de video conferencia Zoom, aumentara en dos meses de 10 a 300 millones de participantes en reuniones diariamente. Y como este, se pueden poner numerosos ejemplos más de la explosión de datos que se ha producido en todo el planeta.

Hay un gran debate acerca del tema pero la mayoría de los analistas coinciden en que los grandes polos de poder contemporáneos se caracterizan por la acumulación de datos como capital; lo que los especialistas llaman “supremacía cuántica”.

En los últimos 20 años los monopolios que utilizan el modelo “plataforma”, que aprovecha la fuerza combinada de la conectividad a internet y la inteligencia algorítmica, han obtenido una optimización algorítmica que les permite una extracción de datos más intensificada. La maximización del control de los datos obtenidos durante la crisis sanitaria les permitirá a las compañías por “plataformas”, para 2025, mediar en más del 30% de la actividad económica mundial, un indicativo de la creciente “plataforma” de la economía real (Gurumurthy y Chami, 2020).

La situación de cuarentena que vivió un tercio de la población mundial por el COVID-19 incrementó exponencialmente el tráfico en internet, lo cual implica una gran acumulación de datos y Meta Datos por parte de las Big Tech, produciéndose un cambio cualitativo en la información acumulada. Por primera vez los vínculos sociales se establecieron en su mayoría desde la virtualidad, logrando obtener datos de todas las relaciones sociales de los conectados a las redes. La descomunal inyección de dinero y de macrodatos que obtienen empresas como Google, Amazon, Facebook, Netflix, Alibaba, impulsa aún más el desarrollo de la inteligencia algorítmica, acortando el plazo a que trascenderá la humanidad, lo que los teóricos de la Inteligencia Artificial llaman “Extasis computacional”.

Pero el salto cualitativo fue mayor, las “plataformas” Uber, Airbnb, WhatsApp, Facebook, Instagram, Alibaba, etc. consolidaron un ámbito para intermediar la conexión de personas y servicios pagos para los usuarios (ciudadanos) de las redes sociales y servicios TICs, integrándolos a su ecosistema de dominación, de manera supuestamente voluntaria. Su especial poder y sus ganancias que residen en el Algoritmo, en la acelerada concentración a escala mundial y en la constante oferta/demanda de dispositivos que conectan a millones de ciudadanos/usuarios; alcanzó niveles insospechados de ganancias durante la pandemia (Datos).

La pandemia, así como la politización de la misma, han propiciado que se instalaran nuevas estrategias de biocontrol humano por gobiernos y otros organismos, la biología y no la tecnología aceleró la digitalización del mundo. Los gobiernos se apropiaron del conocimiento del ADN de los ciudadanos y la acumulación exponencial de conocimiento complejo en biotecnología, informática, robótica, estadística, ingeniería de sistema o de datos, aceleró los tiempos de la transición digital, siendo considerado por los analistas la COVID-19 como el primer virus ciborg, pues se propaga con la misma facilidad por los cuerpos que por las redes.

La pandemia ha sido propicia para potenciar la “batalla de las narrativas” a través del uso de las Fakenews y la desinformación con determinada intencionalidad, muy vinculada al resurgimiento y fomento de teorías de la conspiración, al discurso del odio, con una identificación con estigmas, ideas racistas, xenófobas, homófobas.

Ello por ejemplo se ha reflejado en los ataques a la imagen de China, acusada de ser el país donde se creó el virus y luego se puso en marcha por la Ruta de la Seda para poner en crisis a Occidente y posteriormente dar la oportunidad a Beijing de presentarse como salvadora a partir del despliegue de su Ruta Sanitaria, brindando auxilio y experiencias para manejar la crisis.

Por otra parte se ha asociado el éxito de las medidas para enfrentar la pandemia con aquellos países comunistas o socialistas, donde supuestamente existen regímenes autoritarios y por tanto su población es más dócil y vulnerable a la coacción a la hora de acatar medidas que recorten sus libertades como las cuarentenas.

En medio del ambiente de la tensión desatada por la letalidad de la pandemia, las confrontaciones en la red se han agudizado. Recientemente Twitter ha eliminado perfiles por difundir “narrativas geopolíticas favorables al Partido Comunista de China” y suspende otras 150.000 por ser “amplificadoras”. Estas cuentas publicaban información sobre temas como las protestas de Hong Kong o Estados Unidos y el COVID19. Por su parte el gobierno chino ha condenado la decisión de Twitter y ha exigido que se tomen estas medidas con aquellas cuentas que atacan a China.

Resignificación de la dignidad humana

Cada vez se hace más necesario reflexionar sobre el lugar del ser humano en este escenario, y desde luego, frente a los nuevos derroteros, reflexionar sobre la resignificación de la dignidad humana. La dignidad de la persona humana no sólo es un derecho fundamental en sí mismo, sino que es también el fundamento de las libertades, incluidos los derechos a la intimidad, la privacidad, la autodeterminación informativa y a la protección de los datos personales.

Las violaciones a la dignidad de las personas pueden incluir su consideración tal si fueran objetos, o tal si éstas estuvieran al servicio de alguna. En efecto, esto se relaciona con los casos en que se plantea la resignificación de la tecnología por vía de su inclusión en tanto paradigma central superador de la persona y en el centro de las relaciones que con ella se desenvuelven.

Cada día se les exige a las personas que revelen más información personal a través de internet, para participar en actividades sociales, administrativas, asuntos comerciales, con un alcance cada vez más limitado para salirse de la red. Con toda la actividad potencialmente desarrollable en línea, la noción de consentimiento libre e informado, se coloca bajo una enorme tensión. De hecho, hasta se elimina a cada minuto y se combina para clasificar a los individuos en tiempo real, e incluso para crear perfiles múltiples, muchas veces contradictorios. Estos perfiles pueden ser circulados en microsegundos sin el conocimiento de las personas y utilizados como base para la toma de decisiones importantes que les afectan.

Los perfiles utilizados para predecir el comportamiento de las personas amenazan con la estigmatización, la inclusión en estereotipos, segregación y exclusión social y cultural. Con este tipo de Inteligencia artificial que subvierte la elección individual y la igualdad de oportunidades, se puede acabar ahogando la creatividad, la innovación y las libertades de expresión y asociación que han permitido el florecimiento propiamente de las tecnologías digitales. (Varona, D. 2020).

Mientras tanto, se utiliza una suerte de estado continuo de excepción por razones de seguridad para múltiples capas de técnicas intrusivas que permiten monitorear la actividad de las personas (Anderson, K y Waxman, M. 2013).

Por otra parte, es menester reconocer que ciertos tipos de datos, como por ejemplo aquéllos genéticos, no sólo deben responder a regulaciones específicas sino también deben estar sujetos a la evaluación de preocupaciones más amplias de la sociedad, a través de comités de ética. Por su propia naturaleza, los datos genéticos se refieren no sólo a una persona sino también a su ascendencia y descendencia; además, no sirven únicamente para identificar las relaciones y elementos encontrados en los genes de una persona, sino que, pueden proporcionar información de los padres e hijos, facilitando el arribo a decisiones que influyen en sus posibilidades en la vida, inclusive antes del nacimiento.

La concentración potencial de datos personales genéticos en manos de un núcleo limitado de actores puede tener implicaciones para los titulares de los datos dada la existencia de una creciente dependencia de un sistema global de recopilación y análisis de un flujo constante de datos. Esto determina que la sociedad y la economía —más vulnerables a fallas de seguridad sin precedentes y ataques maliciosos descontrolados— deban abordar el futuro con un pensamiento innovador.

Existe una creciente demanda y necesidad de considerar al sujeto de los datos, como una persona y no únicamente como consumidor o usuario, en tanto es central que desde las decisiones de carácter político se comprenda su papel sustantivo en el desarrollo de mecanismos de prevención de un futuro, donde las personas estén determinadas por algoritmos y sus variaciones continuas. Se necesita asumir a nivel consciente las implicancias de estar equipados para ejercer también con responsabilidad y adecuado cuidado hacia las personas y su dignidad en línea, pero no solo a nivel discursivo sino a nivel factual.

Así los conceptos tradicionales de privacidad y protección de datos, sus tradicionales principios que ya contenían matices éticos para la protección de la dignidad, deben resignificarse a la luz de las tendencias de hoy, que han abierto un capítulo completamente nuevo, y se verifica una necesidad de explorar si los principios son suficientemente robustos para la era digital. La noción de datos personales en sí misma, es probable que cambie sustantivamente en la medida que la tecnología cada vez más permite a las personas ser re-identificadas a partir de datos supuestamente anónimos. Además, el aprendizaje que se produce en la fusión de la inteligencia humana y artificial, debilitará de alguna manera los tradicionales conceptos de derechos y responsabilidades.

De ahí la imprescindible necesidad de resignificar a la persona, a su dignidad eminente y colocarla en el centro del centro, de forma tal, que todo el ecosistema gire en torno a ella y no se permitan distorsiones de tipo alguno.

Solo así, se comprenderá que se afirme que la privacidad y la protección de datos, son parte de la solución y no del problema. Siendo por el momento, la tecnología controlada por las personas, se postula la necesidad de continuar profundizando ese control, lo que implica también una educación en valores desde edades tempranas y para toda la sociedad. Otro tanto en la necesidad de que en las aulas de ingeniería de Software y diseño de sistema a la par de las mejores enseñanzas de la TIC, sus potencialidad, la incentivación a la innovación y su importancia en el desarrollo, se estudien también los impactos sociales y se forme consciente la responsabilidad ética del diseñador de sistemas en inteligencia artificial. (Varona, D. 2018).

Conclusiones

El ser humano todos los días, forma parte consciente e inconscientemente, a través de sus datos y de la manipulación de los mismos, de una guerra invisible propiciada por el uso de las tecnologías y sobre todo por grandes emporios tecnológicos que las controlan unido a aquellas empresas y gobiernos que tienen “relaciones de colaboración”. La manipulación de los datos personales en la red ha devenido en verdaderos mecanismos carentes de transparencia por lo que ejercen un control sin límites y cada vez  más refinado con el uso de la IA lo que tienen además la tendencia de volverse una práctica cada vez más extendida.

En materia tecnológica resurge una especie de nueva guerra fría. Se desarrolla una tendencia hacia la regionalización digital. La disputa por controlar internet y el desarrollo tecnológico especialmente en materia de conectividad pone de manifiesto una serie de confrontaciones que se están desarrollando en las Relaciones Internacionales.

El contexto de la Covid-19 ha demostrado para bien y para mal todo lo que es posible hacerse con el uso de las tecnologías. Unos han exacerbado sus bondades y han aumentado las ganancias en materia de datos adquiridos. En este período se avizora un escenario cada vez más complejo en materia de soberanía y dignidad humana. Las Naciones Unidas deben abrir con toda urgencia un espacio para la reflexión y toma de decisiones a favor de contribuir a preservar los objetivos y principios de la Carta en correspondencia además con los objetivos ODS_2030.

 

* Master en Derecho Público, Universidad de Valencia, Estudios de Doctorado (DEA) Aspectos éticos y Jurídicos de la Información Digital, Universidad de Valencia. Diploma Superior de Políticas Públicas de Internet, FLACSO_Ecuador. Profesora y Líder científico del Grupo de Investigaciones de Informática Jurídica del Centro de Gobierno Electrónico de la Universidad de Ciencias Informáticas. Experto UNESCO en Infoética, Protección y Gestión de Patrimonio Digita. Es miembro del observatorio iberoamericano de Protección de Datos, Premio de educación popular de la AEPD. Ha coordinado y participado en investigaciones nacionales e internacionales en la materia. Actualmente coordina el Proyecto de Investigación “Sistema para la obtención de objetos digitales con valor legal” Programa Nacional de Automatización liberado por el ICIMAF, CITMA_Cuba. Premio a la Obra de la Vida de la Unión Nacional de Juristas de Cuba_La Habana_2018. (yarinamoroso@gmail.com). ORCID: 0000-0002-0185-082X 

** Profesora e Investigadora del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI). Licenciada en Historia y Filosofía en el Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona”. Especialista en metodología de investigación prospectiva. Ha realizado investigaciones sobre las correlaciones de fuerzas políticas en América Latina y temas de comunicación política. Conferencista de varios cursos en FLACSO-Cuba, Cancillería de Ecuador, Instituto Internacional de Periodismo, Centro de Migraciones de Cuba, Embajada de Cuba en Venezuela. Coautora del libro: “Unasur: Proceso y Propuesta” coordinado por FEDAEPS Ecuador. Autora de varios Artículos en Revistas Académicas. Ha participado en numerosos eventos nacionales e internacionales relacionados con estas temáticas. Fue investigadora del Centro de Estudios de América hasta 2010. (mayramarbg17@gmail.com). ORCID: 0000 0002 0410 569X 

*** Doctora en Ciencias Históricas (2017, Universidad de La Habana). Máster en Historia Contemporánea y Relaciones Internacionales (2011, Universidad de La Habana). Licenciada en Filosofía (2007, Universidad de La Habana). Actualmente Investigadora y Profesora Titular del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI). Jefa del Equipo de Comunicación, Política y Relaciones Internacionales. Ha desarrollado varias investigaciones y asesorías sobre estudios euroasiáticos y de comunicación política, especialmente en el campo de la antropología política, en lo referido a representaciones sociales y diálogo cultural. Es autora de numerosos trabajos relacionados con estos temas. Coordina e imparte diversos cursos de grado y posgrado en la Universidad de La Habana y la Universidad de Artemisa. Entre 2007 y 2010 fue investigadora del Centro de Estudios Europeos. (sunamisfabeloc@yahoo.es; sunamisfc@nauta.cu). ORCID: 0000 0002 4752 2688

 

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Referencia

[1] Esta tendencia se irá afianzando como “capitalismo de vigilancia”, se trata de un nuevo modelo de negocio de extracción, comercialización y predicción a partir de datos y conductas privadas.

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