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EL JUSTO RECONOCIMIENTO DE MEMORIA ETERNA A LOS COMBATIENTES CAÍDOS EN MALVINAS

César Augusto Lerena*

El pueblo argentino guardará un eterno agradecimiento a quienes combatieron y a quienes ofrendaron su vida por defender con las armas un emblemático pedazo del territorio nacional y, en ese espacio, la soberanía nacional, por la que lucharon nuestros héroes de la independencia, los que consolidaron la Nación y la libertad de América. Ya se encuentran entre ellos los héroes de Malvinas.

Los gobiernos, más tarde que temprano, efectuaron distintos reconocimientos sociales y económicos en favor de los Combatientes, los Caídos en Combate y sus familiares.

Todos somos potenciales combatientes para defender la Nación pero hay quienes ya lo han sido, Honor y Gloria para ellos.

La guerra por la recuperación del Archipiélago de Malvinas constituye para los argentinos la confrontación más importante del siglo XX contra el invasor extranjero, que conlleva la doble y contradictoria emoción de defender orgullosamente el sentimiento nacional, junto a la lacerante herida de la frustración de la derrota, enmarcada, en una larga serie de fracasos sociales y económicos de la Nación. Esto hace más noble y admirable el esfuerzo de quienes combatieron en Malvinas y de aquellos que lo hicieron hasta perder la vida bajo la consigna reiterada en la Canción Patria de ¡o Juremos con gloria morir!

A ello, por si faltaba poco, se agregó, que por años se confundió la decisión y oportunidad de la recuperación de Malvinas y la conducción mayor de esta, con el cumplimiento heroico del deber de oficiales, suboficiales y soldados de la Patria.

Por distintas leyes nacionales y provinciales se reconoció y condecoró a todos los que lucharon en la guerra por la reivindicación territorial e histórica de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y sus espacios marítimos, aunque muchos de los reconocimientos sociales y económicos se extinguirán con el transcurrir de dos generaciones y, en algunos casos, perdurarán en el ámbito íntimo de las familias, pero es necesario que permanezcan per saecula saeculorum en las mujeres y hombres de la Nación Argentina acompañando la voluntad expresa de la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Argentina por la que “La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional, cuya recuperación … constituye un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino”, como una señal manifiesta, de la voluntad inquebrantable de recuperar un territorio, incorporado secularmente a la formación de cada argentino en la educación nacional.

Científicos, hombres de la cultura, personajes destacados en distintas disciplinas y muchos prohombres y militares de la patria han recibido el póstumo honor de que designen con sus nombres plazas, calles o edificios públicos. En algunos casos se ha resaltado con la designación del nombre el lugar donde desarrollaron sus actividades o sucedieron los acontecimientos que dieron lugar a su notoriedad: pueblos, hospitales, teatros, estadios, buques, aeropuertos o campos de batalla.

Durante la guerra de Malvinas murieron 647 combatientes; de ellos 375 de la Armada Argentina; 194 del Ejército Argentino; 55 de la Fuerza Aérea Argentina; 16 civiles y 7 de la Gendarmería Nacional. Héroes nacionales contemporáneos que el conjunto de los argentinos debe honrar, por ofrendar generosa y valientemente, su vida a la Nación. A ello, se podrían añadir otros argentinos que con motivo de secuelas derivadas de la guerra murieron en años posteriores a ella y designar con sus nombres los distintos accidentes geográficos del Archipiélago de Malvinas; pudiéndose también agregar, a aquellos argentinos fallecidos que tuvieron una destacada actuación durante la guerra o a quienes mediante sus acciones sostuvieron a través de los años en la memoria del pueblo argentino la “Causa Malvinas”.

Por Resolución Conjunta de los Ministerios de Relaciones Exteriores, Comercio Exterior y Culto y de Defensa, el 10 de noviembre de 2000, se creó la “Comisión Interministerial para el Análisis de la Toponimia en las Islas Malvinas”, integrada por el Director General de Malvinas y Atlántico Sur, el Director del Instituto Geográfico Nacional y el Director del Servicio de Hidrografía Naval.

En base al Sistema de Información Geográfica del Instituto Geográfico Nacional y a los datos geográficos e hidrográficos del Servicio de Hidrografía Naval se efectuó el relevamiento de las fuentes documentales históricas, geográficas y cartográficas que fundamentan la imposición y utilización de cada nombre geográfico argentino y la determinación de las coordenadas exactas de cada accidente geográfico nominado en las Islas Malvinas.

La Dirección de Geografía del Instituto Geográfico Nacional, en conjunto con el área de Toponimia del Servicio de Hidrografía Naval, confeccionó el nomenclátor normalizado de la toponimia de las Islas Malvinas que contiene entre otros datos, los nombres específicos, el término o lugar genérico, las coordenadas geográficas y la ubicación geográfica.

Puede observarse en ese Nomenclátor o Catálogo de nombres geográficos de las Islas Malvinas que se consignan en su gran mayoría nombres comunes (por ejemplo, aguda, nuevo, oeste, de la leña, caballo, cuarta, culebra, del aceite, de la barra, etc.), y en el caso de los nombres propios, solo unos pocos están referidos a personas que han tenido un estrecho vínculo con Malvinas (por ejemplo, Vernet, Beauchéne, etc.). Persisten también algunos nombres ingleses de dudosa justificación, que deben ser revisados, ya que se trata no solo de rendir un justo homenaje, sino también de resaltar la cultura nacional, en estos espacios ocupados en forma prepotente.

En función de ello, el Congreso de la Nación debiera sancionar una “Ley de Toponimia de las Islas Malvinas en homenaje y Memoria de los Argentinos Caídos en Malvinas”, a quienes combatieron y fallecieron en la guerra de Malvinas, denominándose con sus nombres a todas las islas, islotes, penínsulas, peñascos, barrancos, promontorios, puntas, cabos, arrecifes, rocas, bancos, playas, bahías, golfos, brazos, ensenadas, radas, rías, senos, ríos, arroyos, lagos, lagunas, estrechos, caletas, canales, fondeaderos, puertos, muelles, espigones, picos, montañas, montes, cerros, morros, lomas, prados, valles, abras, bajos, hoyas, rincones, pasajes, pasos, rutas, caminos, puentes, aeropuertos, aeródromos, pistas de aterrizajes, localidades, establecimientos, colonias, caseríos, parajes, corrales, otros accidentes geográficos del Archipiélago de Malvinas y los espacios marítimos circundantes (Art. 1º).

Para ello debería crearse la Comisión de Toponimia de las Islas Malvinas la que en el término de un año debería elevar para aprobación del Poder Ejecutivo Nacional los nombres propios propuestos (Art. 2º).

La Comisión de Toponimia de las Islas Malvinas debería integrarse con el Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Exterior y Culto o su delegado; el Ministro de Defensa o su delegado; el Secretario de Malvinas y Atlántico Sur del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Exterior y Culto; el Gobernador de la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur o su delegado; el Director del Instituto Geográfico Nacional; el Director del Servicio de Hidrografía Naval; el Presidente de la Asociación Argentina de Investigadores de Historia; el Presidente de la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos, tres representantes nacionales de los ex Combatientes de Malvinas y tres representantes de los Familiares de los Caídos en Combate (Art. 3º).

Se debería tomar como referencia para la tarea de denominación prevista, la Base de Datos de Nombres Geográficos de las Islas Malvinas elaborada por la Dirección de Geografía del Instituto Geográfico Nacional, junto con el área de Toponimia del Servicio de Hidrografía Naval, quienes confeccionaron el Nomenclátor de las Islas Malvinas que incluye unos 700 topónimos normalizados, conteniendo el término específico, el genérico, las coordenadas geográficas y la descripción de localización, cuya copia junto al correspondiente reemplazo debería formar parte del proyecto de Ley que se propicia (Art. 4º).

La Comisión debería determinar también aquellos lugares que podrían mantener sus actuales denominaciones, fundadas en razones históricas, culturales, o porque pudiesen ser referencias específicas a combates librados por los combatientes argentinos.

Gloria y Honor a los Combatientes de Malvinas y agradecimiento y memoria eterna a los que murieron defendiendo la Soberanía Nacional.

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado, ex Secretario de Bienestar Social (Provincia de Corrientes). Ex Profesor Universidad UNNE y FASTA. Asesor en el Senado de la Nación. Doctor en Ciencias. Consultor, Escritor, autor de 24 libros (entre ellos “Malvinas. Biografía de Entrega”) y articulista de la especialidad.

 

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TODA LA ATENCIÓN DEL MUNDO PESQUERO EN EL ATLÁNTICO SUR ¿Y QUIÉN ESTABLECE LA POLÍTICA PESQUERA NACIONAL (Artículo 9º de la Ley 24.922)?

César Augusto Lerena*

La actividad pesquera no puede tener como referente en la estructura del gobierno a un Subsecretario, funcionario que a pesar de lo que indica la Ley 24.922 no fija la política pesquera, entre otras cosas, porque en esa misma Ley estaba prevista como Autoridad de Aplicación una Secretaría de Estado, que el ex Presidente Menem vetó en 1998 (y bien sabemos qué cuestiones de poder lo motivaron), razón por la cual, el Secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca debe delegar sus funciones (de dudosa legalidad el procedimiento) para que el Subsecretario pueda presidir el Consejo Federal Pesquero (CFP). Ahora, es un secreto a voces que la Pesca poco tiene que ver en el Ministerio de Agricultura y Ganadería (luego de Pesca y Alimentación), generalmente manejada por gente vinculado al campo, nada más alejado del mar, a lo sumo cercanos a las costas del Paraná, al Surubí, el Pacú y al Dorado o al Pejerrey de la Laguna de Chascomús.

La Pesca, es la prima pobre y fea en ese Ministerio. La política, la maneja (se podría decir) gente que —con razón— está preocupada por la climatología, las hectáreas sembradas, el precio del grano en Chicago, las retenciones… y las retenciones. Si estuviéramos en España sería distinto, pero aquí se agrega que en la Argentina no se consume pescado (5/6 kg/per cápita, cuando el promedio mundial es de 21kg), mientras que los que han dirigido y dirigen (¿?) este sector, se creen que con decirles (alguna vez) a los argentinos que debieran comer pescado los días 19 la cuestión está resuelta; bue… la razón para elegir un determinado día al mes (¿un día al mes?) lo dice todo: el número 19 en la quiniela corresponde al pescado (¡!). Que tal si agregamos, por su afinidad con el pescado, también el día 5, que en la quiniela es el “gato”, así duplicamos el consumo. ¡Todo el ingenio argentino aplicado a aumentar el consumo! El nivel de nuestros funcionarios debiera preocuparnos, más aun teniendo en cuenta, que está en juego una exportación de unos 2.100 millones de dólares por año y decenas de miles de trabajadores, proveedores y de pueblos del litoral que viven de esta actividad.

No. Nunca en el Ministerio del Campo entenderán que éste, es un Estado Marítimo, que la actividad pesquera no debe ser una actividad extractiva sino industrial y que la Pesca es una herramienta no solo productiva y alimentaria, que debiera formar parte de la política de salud de la Nación, de ocupación territorial marítima y, de desarrollo industrial, en todo el litoral marítimo nacional y, especialmente patagónico, estratégico y de bajo índice poblacional.

Dicho esto, tampoco los Subsecretarios de Pesca han estado a la altura de las circunstancias. No han sido capaces, ni siquiera, de administrar la crisis sectorial —hoy es un ejemplo más— y, si bien desde la administración de las cuotas se puede hacer política, los números indican lo contrario, ya que la concentración ha sido creciente a través de los años, contrario a lo que cualquier administración del recurso del Estado requeriría: investigación, conservación y distribución adecuada de los recursos.

Ahora, cómo se ve el accionar de un Subsecretario, que es a su vez presidente del CFP, que dedica su tiempo a aplicar los artículos 7d, 9d y 27 de la Ley 24.922 (los permisos, las cuotas y las autorizaciones) y desatiende la aplicación de los artículos 4, 5d y 22 de esa misma ley (los recursos migratorios de la ZEE y de Alta Mar más allá de las 200 millas). ¿Alguien podría creer que con solo aumentar las multas a los buques extranjeros que pesquen ilegalmente dentro de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) Argentina se resolverá el problema? O nos olvidamos que la Armada y la Prefectura no tiene los suficientes medios y que, en los últimos 40 años, solo se capturaron un promedio de dos buques por año y que el problema no se resuelve controlando solo la ZEE Argentina, sino administrando el conjunto de la biomasa, es decir también el control de nuestros recursos migratorios, transzonales y las especies asociadas en la Alta Mar, no solo por una cuestión económica y social, sino también de soberanía nacional, en relación con nuestros derechos marítimos y los vinculados a los archipiélagos (entre ellos Malvinas) y la Antártida.

¿Sabrá el Señor Subsecretario, que convivió varios años en el CFP sin oposición alguna a las políticas del gobierno de Macri que —entre otras cosas— firmó el Pacto de Foradori-Duncan y, con él, aprobó las investigaciones conjuntas de pesca con los británicos y puso al INIDEP al servicio de la Reina del Reino Unido y que ahora el Canciller Felipe Solá suspende, porque entiende “que es uno de los temas soberanos, (y) no podemos entregar datos estratégicos a quien nos usurpa”, gobierno de cesión de los recursos nacionales, en el que también se profundizó la extranjerización y concentración de la actividad? No, no veo que en las Actas del CFP estas cuestiones centrales de la actividad se hayan tratado o se traten antes (y nunca) que el Poder Ejecutivo de la Nación anuncie hechos que inciden sobre la actividad pesquera; motivo por el cual, habría que preguntarse ¿quién establece y conduce la política pesquera nacional? ¿La que obligan los artículos 7º y 9º de la Ley 24.922?

Los hechos, sobre la política de fondo, han colocado, al Subsecretario y presidente del CFP, en el mejor de los casos, en el rol de vocero. Tranquilos, no es de ahora; pero, el Subsecretario de Pesca está desde hace tiempo y hoy en una dificultad superlativa y, con él, todo el sector pesquero nacional. La estrategia no la elabora y, a los problemas graves de administración interna del recurso (la rentabilidad, baja de precios y de consumo, pérdida de empleos, etc.) le debe agregar la política internacional, que ha resuelto hacerse de los recursos pesqueros del Atlántico Sur, por sus propias necesidades y ante la ausencia manifiesta del poder político pesquero nacional. El empresario y el trabajador producen y el gobernante ejerce la dirección y el control de Estado y en una actividad interdependiente internacionalmente debiera adelantarse a los hechos. El poder, si se dispusiese, ¡se ejerce! ¡Tamaña responsabilidad para un Subsecretario! Pero no es un lote del continente donde se realiza actividad y las decisiones que se toman en la UE o las necesidades alimentarias de los países asiáticos interfieren en la explotación y el comercio nacional, ya que estos países, no solo compran productos, sino que se apoderan de ellos con importantes flotas que pescan a distancia. Ya vimos hace días unos treinta buques chinos por el Estrecho de Magallanes, unos pocos, de los miles que tienen.

En la XXVII EXPOMAR reunidos bajo el lema ¿Y ahora qué?, la Comisión Europea anunció que restringiría la pesca en un 30% en las aguas comunitarias e incluso la declararía actividad non grata en el 10 % de las mismas. Aquí, la Secretaria General de Pesca Alicia Villauriz explicó “los retos que tiene por delante el sector y la necesidad de integrar las dos vertientes (económica y social) en un mensaje de tono verde que no se limitaría a las aguas de la UE, sino que extendería hasta alta mar. El Tratado sobre Biodiversidad que se negocia en Naciones Unidas, advirtió Villauriz, no debe dejar al margen a las ORP (organizaciones regionales de pesca), expertas en pesca y capaces de matizar el sesgo verde que amenaza al sector pesquero”. Toda una definición la de esta secretaria: la restricción de la pesca en aguas comunitarias se compensaría en aguas extracomunitarias (el Atlántico Sur, por ejemplo) y para los amantes de las OROP, éstas se ocuparían de matizar el color verde del pretexto conservacionismo con que se las promueven. Es decir, capturar fuera de Europa lo que no pueden hacer allí.

Pero, para que los españoles estén aún más seguros, el Secretario General de CEPESCA Don Javier “Paz y bien” Garat, sí, el mismo que les vino a vender espejitos de colores a las Cámaras de Argentina, aprovechó la ocasión para pedir nuevamente “Ayudas” al gobierno “medidas de choque que garanticen la liquidez de las empresas, así como seguridad jurídica y estabilidad presupuestaria, para afrontar la que ha definido como la ‘hecatombe económica y social’ que ocasionó el Covid-19”. Señalando que “la recuperación pasa por el incremento del endeudamiento y medidas de estímulo fiscal y de aplazamiento de impuestos (…) y aportar liquidez (…) la reducción urgente del IVA del 10% al 4% (…) y realizó un “llamamiento, a la gran distribución para priorizar la producción pesquera española y comunitaria y promover así la conocida como soberanía alimentaria”. Esto se llama juntar al gobierno y los empresarios para defender el interés de los españoles, por cierto, en un evidente perjuicio para el sector empresario y laboral argentino.

¿Eso es todo? No. El Brexit es una preocupación de británicos, de los isleños en Malvinas y de los españoles que pescan tanto al norte, como con licencia ilegal británica en el Área de Malvinas de la ZEE Argentina. El Reino Unido (RU) pretende acordar en forma anual el acceso a las aguas, contrario a lo que piensa el presidente de la Alianza Europea de la Pesca (EUFA) Gerald van Balsfoort, de que “no habrá acuerdo de libre comercio si no se cierra un arreglo de largo plazo sobre la pesca”.

El calamar de las islas Malvinas es un objetivo de negociación británica con Bruselas, ya que esta especie (Illex y Loligo) junto a otras, tienen como principal destino la UE (90%) a través del puerto español de Vigo, motivo por el cual, si no se mantiene libre de aranceles la importación habría un impacto negativo en Malvinas, pudiendo sufrir estos productos aranceles del 6% al 18%, aunque, el Reino Unido argumente que hay un interés compartido con la UE ya que los buques españoles son responsables en gran parte de las capturas en aguas de las islas y, que “Reino Unido actuaría en nombre de todos sus territorios de ultramar y buscaría resultados que apoyen su seguridad e intereses económicos”. Es decir, el Reino Unido no solo buscará fortalecer los negocios de Malvinas, sino a través del otorgamiento de licencias ilegales en el área de Malvinas de la ZEE de Argentina profundizará las capturas en el Atlántico Sur y seguramente los españoles —los primeros licenciatarios en las islas— les servirán de acceso a las materias primas a la UE, procurando compensar las restricciones de pesca en las aguas comunitarias.

A lo dicho habría que agregar las tradicionales y crecientes capturas ilegales de los buques chinos y de otros países asiáticos que a cientos depredan los recursos pesqueros en el Atlántico Sur.

Pero, si falta algún detalle más, los buques de todos estos países son construidos con créditos a baja tasa de interés y sus buques operan a distancia con fuertes subsidios.

En este escenario, Señor Subsecretario de Pesca, debería mutar del papeleo a la imprescindible e impostergable tarea, de establecer la política pesquera nacional, como lo obligan los art. 7º y 9º de la Ley 24.922. A mi juicio, y en lo inmediato:

  1. Llamar a Concurso para explotar en Alta Mar. El Estado Argentino en base a lo previsto en la CONVEMAR y la Ley 24.922 debiera constituirse en Estado Ribereño Administrador de los recursos migratorios originarios de la ZEE Argentina y asociados en la Alta Mar y, hacer un llamado público a empresas nacionales y extranjeras interesadas en su explotación en la Alta Mar, en base a un pliego de condiciones, con la limitación prevista en la ley 26.386 para las empresas de aquellas nacionalidades que al momento del llamado pesquen con licencia británica en el área de Malvinas de la ZEE Argentina.
  2. Poner la flota argentina a pescar en la Alta Mar. Promover e incentivar fuertemente y dar todo el apoyo de seguridad necesario a los buques argentinos que pesquen en Alta Mar, quienes no deberían pagar derecho alguno de captura, ni impuestos internos y de exportación sobre las extracciones efectuadas en la Alta Mar. Accesoriamente y para equiparar su actividad a la de los buques extranjeros, los buques nacionales que extraigan los recursos en la Alta Mar no deberían pagar impuesto alguno al gasoil y otorgar otros incentivos a la flota potera argentina que pesque en la zona límite con el área de Malvinas de la ZEE Argentina.
  3. La construcción nacional de buques. El CFP debe abocarse a la búsqueda de fuentes de financiación para facilitar la construcción de buques en el país, reactivando los Astilleros Públicos y apoyando a los privados para modernizar la flota pesquera nacional.

Nada está hecho mientras quede algo por hacer (Romain Rolland).

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado, ex Secretario de Bienestar Social (Provincia de Corrientes). Ex Profesor Universidad UNNE y FASTA. Asesor en el Senado de la Nación. Doctor en Ciencias. Consultor, Escritor, autor de 24 libros (entre ellos “Malvinas. Biografía de Entrega”) y articulista de la especialidad.

 

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