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EL GRAN JUEGO DE CHINA Y LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA EN ASIA

Giancarlo Elia Valori*

La llamada visión estadounidense de una región libre y abierta del Indo-Pacífico es esencialmente una estrategia para dividir a los países de la zona e incitar a la confrontación interna. Va en contra de la tendencia de los tiempos en la región de Asia y el Pacífico, a saber, el desarrollo pacífico y la cooperación de beneficio mutuo.

La estrategia del Indo-Pacífico de la Administración Biden es contradictoria: Estados Unidos afirma promover la libertad y la apertura en la región como un objetivo, mientras que en realidad coopta con aliados para forjar el sistema de cuenta regresiva 5-4-3-2-1:

-. Los Cinco Ojos (FVEY): la alianza de inteligencia y vigilancia que comprende Australia, Canadá, Nueva Zelanda, el Reino Unido y los Estados Unidos de América.

-. El Mecanismo Quad (Quadrilateral Security Dialogue): la alianza estratégica informal entre Australia, Japón, India y los Estados Unidos de América con el objetivo de contener a China en la región del Indo-Pacífico.

-. AUKUS, un pacto de seguridad trilateral entre Australia, el Reino Unido y los Estados Unidos de América, anunciado el 15 de septiembre de 2021.

Alianzas bilaterales

El Marco Económico Indo-Pacífico (Indo-Pacific Economic Framework, IPEF): es un plan para la inversión y el fortalecimiento de las relaciones comerciales que tiene como objetivo aumentar la presencia de Estados Unidos en la región y contrarrestar la influencia china. Para algunos observadores, sin embargo, IPEF en realidad sirve para amortiguar las críticas de los aliados a la naturaleza de la estrategia estadounidense en la región, centrada solo en la presencia militar y carente de implicaciones económicas concretas, a diferencia de la política china en la macrorregión.

AUKUS apoya a Australia en la construcción de submarinos de propulsión nuclear y el desarrollo de armas hipersónicas, lo que aumenta el riesgo de una carrera armamentista regional y una guerra mundial.

Con el pretexto de combatir la pesca ilegal y hacer que las cadenas de suministro sean resistentes, Quad ha buscado vigorosamente la cooperación militar y el intercambio de inteligencia. Los Estados Unidos también han alentado la participación de la OTAN en la región de Asia y el Pacífico. Todos estos son intentos de materializar una versión Asia-Pacífico de la OTAN y promover la disuasión integrada contra la República Popular China.

La estrategia del Indo-Pacífico está causando creciente alarma y preocupación en muchos países de la región de Asia y el Pacífico. Según informó la BBC, en abril de 2021, la ministra de Relaciones Exteriores de Nueva Zelanda, Nanaia Mahuta, expresó la incomodidad de su país con la expansión del mandato de los Cinco Ojos, presionando así a la República Popular de China, mientras que Nueva Zelanda prefiere continuar relaciones bilaterales pacíficas con la República Popular de China.

En mayo pasado, en la Cumbre especial Estados Unidos-ASEAN, los países de la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN) —a saber, Brunei, Camboya, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar (Birmania), Filipinas, Singapur, Tailandia, Vietnam (Papua Nueva Guinea y Timor Oriental como observadores)— enfatizaron su aspiración a la paz y la cooperación, no al enfrentamiento, la división o la confrontación.

Los Estados Unidos de América han dejado claro que IPEF le permitirá ganar la carrera del siglo 21. Esto significa que IPEF está diseñado para servir solo a la economía de los Estados Unidos. Hace mucho tiempo, la Casa Blanca archivó la idea de desarrollar el Área de Libre Comercio de Asia-Pacífico. Estados Unidos abandonó el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y se negó a unirse al Acuerdo Transpacífico Integral y Progresivo.

Esto expone la naturaleza unilateral de Estados Unidos y su enfoque selectivo hacia las instituciones internacionales. Se trata del interés propio de Estados Unidos, y nada mutuamente beneficioso.

IPEF es un instrumento político estadounidense para sostener su hegemonía en la economía regional. La esencia es dominar las cadenas de suministro y valor, así como los nuevos sectores económicos, y marginar a países específicos. Estados Unidos ha optado por hacer que los problemas económicos suenen como políticos e ideológicos, utilizando la economía para obligar a los países de la región a ponerse del lado de China o los Estados Unidos.

La Representante de Comercio de los Estados Unidos, Katherine Tai, ha declarado públicamente que IPEF es un acuerdo independiente de China. La Secretaria de Comercio de los Estados Unidos, Gina Raimondo, dijo que el IPEF marcó la restauración del liderazgo económico de los Estados Unidos en la región y proporcionó a los países del Indo-Pacífico una alternativa al enfoque chino. Anteriormente, también había declarado que el IPEF podía armonizar los controles de exportación y otras «píldoras venenosas», como restringir la exportación de productos sensibles a China.

IPEF busca establecer reglas comerciales lideradas por Estados Unidos, así como reestructurar el sistema de cadena industrial y “desacoplar” económica y científicamente a los países vecinos de China. Muchos países de la región están preocupados y creen que el costo de tal “desacoplamiento” será enorme. El ex primer ministro de Malasia, Mahathir Mohamad, señaló que cualquier alianza comercial que excluyera a la segunda economía más grande del mundo no podía ser propicia para una cooperación comercial multilateral más estrecha en la región del Indo-Pacífico. La exclusión de China por parte de Estados Unidos no es una cuestión económica sino política.

Aclamada como cooperación de “enfoque de menú”, IPEF en realidad tiene poco en cuenta el nivel de desarrollo y las necesidades reales de los países de la región. Apenas hace concesiones a los países en desarrollo sobre las reducciones arancelarias y el acceso a los mercados, pero obliga a los participantes a aceptar los llamados altos estándares de los Estados Unidos de América y su programa unilateral. IPEF se centra exclusivamente en los intereses directos de los Estados Unidos y se preocupa poco por las necesidades de las otras partes. No hay beneficio mutuo en IPEF.

En su informe Perspectivas Regionales sobre el Marco Económico Indo-Pacífico, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de los Estados Unidos ha enfatizado que el IPEF tiene poco más que ofrecer que expandir la presencia económica de los Estados Unidos en la región. No aborda las cuestiones de los intereses más amplios de los países de la región. Existe una preocupación generalizada de que el IPEF sólo beneficiará a los Estados Unidos de América, al tiempo que sobrecargará en gran medida a los países de la región participantes.

La República Popular China está comprometida con el camino del desarrollo pacífico y de los cinco principios de la coexistencia pacífica, al tiempo que se opone a la práctica de la parte más grande y más fuerte que prevalece sobre las más pequeñas y débiles. Al presentar a China como una amenaza y utilizar la “libertad de navegación” como pretexto para socavar la soberanía, la seguridad y los derechos e intereses marítimos chinos, Estados Unidos plantea serias preocupaciones para la paz y la seguridad regionales. En cierto modo, la interferencia en Ucrania, que ha llevado a la guerra entre las partes, ya es una severa advertencia.

En Asia y en todo el mundo, China defiende la igualdad entre todos los países, independientemente de su tamaño. Respeta la elección por cada Estado de la senda de desarrollo adecuada a sus condiciones nacionales y no busca ninguna esfera de influencia. China persigue una política de defensa de carácter defensivo y una estrategia militar de defensa activa. Al desarrollar sus capacidades de defensa, China tiene como objetivo salvaguardar su soberanía, seguridad e intereses de desarrollo y no ataca a ningún otro país. El crecimiento de las capacidades de defensa de China aumenta la fuerza para la paz mundial, de modo que ningún país dicte sus condiciones a la comunidad internacional. Por lo tanto, es completamente ridículo y provocador -como desafortunadamente se lee en alguna prensa incrustada- afirmar que China tiene la ambición de crear una esfera de influencia en la región del Pacífico, especialmente en el área del Mar meridional de China y el Mar oriental de China. Lo mismo es cierto para la afirmación de que algunos países occidentales habituales continuarán oponiéndose a las actividades “ilegales” de China en estos dos mares, y que estos países apoyarán a otros Estados de la región en la defensa de sus derechos marítimos (es decir, los de las flotas de guerra extranjeras occidentales), y buscarán aliados y amigos para defender la libertad de navegación y sobrevuelo de flotas y fuerzas aéreas extranjeras que les gustaría continuar volando y navegando a voluntad, incluso contra el derecho internacional. Echemos un vistazo más de cerca.

La República Popular China es el primer país que ha descubierto, nombrado, explorado y explotado las islas Nanhai y sus aguas, así como el primero que ha ejercido soberanía y jurisdicción sobre ellas de manera continua, pacífica y efectiva. La soberanía china sobre las islas Nanhai y sus derechos e intereses en el Mar Meridional de China se han establecido a lo largo de la larga historia. Están firmemente arraigados en la historia y la ley y han sido defendidos por los sucesivos gobiernos chinos y reconocidos por la comunidad internacional. De acuerdo con la Declaración de El Cairo de 1943 y la Declaración de Potsdam de 1945, China reclamó territorios ocupados ilegalmente por Japón, incluidas las Islas Paracel (Xisha Qundao) y las Islas Spratly (Nansha Qundao) después de la Segunda Guerra Mundial, y desde entonces ha afirmado la soberanía y fortalecido la jurisdicción mediante el establecimiento de nombres oficiales, la publicación de mapas, la creación de unidades administrativas, el despliegue y el estacionamiento de tropas.

La reanudación del ejercicio de la soberanía de China sobre las islas Nanhai es un acto legítimo y legal para heredar los derechos de China establecidos a lo largo de la historia. También es parte del orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial y ha sido reconocido por países de todo el mundo, incluidos los Estados Unidos de América. Además, gracias a los esfuerzos conjuntos de China y los países de la ASEAN, la situación general en el Mar Meridional de China se mantiene estable. Con la aplicación plena y efectiva de la Declaración sobre la Conducta de las Partes en el Mar Meridional de China (DOC), firmada por China y los miembros de la ASEAN en la 8ª Cumbre de Phnom Penh el 4 de noviembre de 2002, se reafirma la libertad de navegación y sobrevuelo, la solución pacífica de controversias y el autocontrol en la realización de las actividades.

A este respecto, las partes han intensificado el diálogo, gestionado adecuadamente las divergencias, profundizado la cooperación y mejorado la confianza mutua, así como han hecho progresos activos en el avance de las consultas sobre el Código de Conducta (COC) en el Mar Meridional de China, en un esfuerzo por salvaguardar conjuntamente la paz y la estabilidad en ese mar y dar forma positiva a la seguridad regional y mundial, estabilidad y prosperidad. A pesar de la COVID-19, las partes celebraron reuniones por videoconferencia de altos funcionarios sobre la implementación del DOC y diez reuniones conjuntas del grupo de trabajo a través de un enlace de video para avanzar en las consultas sobre el texto del COC. El 22 de junio de 2022 se celebraron en Camboya las primeras consultas presenciales sobre el COC desde COVID-19. Este progreso positivo dice mucho sobre la determinación y el compromiso de los países de la región de continuar las consultas del COC con firmeza.

China respeta y apoya la libertad de navegación y sobrevuelo de todos los países del Mar Meridional de China, de conformidad con el derecho internacional, y protege activamente la seguridad y el libre paso por las rutas marítimas internacionales. El Mar del Sur de China es de hecho una de las rutas marítimas más seguras y libres del mundo. El cincuenta por ciento de los buques mercantes del mundo y un tercio del comercio marítimo internacional, así como más de 100.000 buques mercantes, pasan por él cada año. La libertad de navegación y sobrevuelo en el Mar Meridional de China nunca ha sido un problema.

Las islas Diaoyu (Senkaku) y las circundantes son territorio de China. Las patrullas chinas y las misiones de aplicación de la ley en las aguas de las islas Diaoyu son medidas legítimas adoptadas por China para ejercer su soberanía, de conformidad con la ley, y son respuestas necesarias a las provocaciones japonesas en violación de la soberanía china. Ningún país debe juzgar mal la firme determinación del gobierno chino de salvaguardar la soberanía y la integridad territorial. Al mismo tiempo, la República Popular China sigue comprometida con la gestión y la solución adecuada de los problemas mediante el diálogo y las consultas y ha realizado grandes esfuerzos para mantener la estabilidad marítima. En 2014 se alcanzó un consenso de cuatro puntos en principio entre China y Japón para gestionar y mejorar las relaciones bilaterales. Incluye un entendimiento claro para gestionar la situación con respecto a las Islas Diaoyu y el Mar Oriental de China.

Mientras actúan de acuerdo con la lógica de la Doctrina Monroe, los Estados Unidos de América a menudo utilizan la política de poder, así como acciones hegemónicas e imponentes, para socavar flagrantemente el orden marítimo internacional a fin de mantener su dominio marítimo. En los 246 años de historia de los Estados Unidos, solo hubo 16 años en los que el país no estuvo en guerra con otros. Los Estados Unidos de América operan más de 800 bases militares en 80 países y regiones. Su gasto militar, que ha crecido consecutivamente durante años, representa una cuarta parte del total mundial y es equivalente al gasto militar de los nueve principales países del mundo combinados. Estados Unidos ha propuesto recientemente una solicitud de presupuesto de defensa nacional de alrededor de 813 mil millones de dólares para el año fiscal 2023. Tal gasto militar masivo hace que Estados Unidos sea el primer y único rival. ¿De quién?

Los Estados Unidos de América ignoran la historia y los hechos relacionados con la cuestión del Mar Meridional de China, alimentan deliberadamente las disputas sobre la soberanía territorial y los derechos e intereses marítimos, y siembran la discordia entre los países de la región. Socavan la estabilidad y alimentan la militarización en el Mar Meridional de China. Los datos de las organizaciones relevantes muestran que el número de actividades de reconocimiento cercano de Estados Unidos contra China se ha más que duplicado en la última década. Un promedio de cinco barcos militares estadounidenses navegan actualmente cerca de la costa china todos los días. En 2022, los barcos militares estadounidenses han navegado a través del Estrecho de Taiwán aproximadamente una vez al mes y los grandes aviones de reconocimiento estadounidenses han volado más de 800 veces cerca de China y han violado repetidamente el espacio aéreo de China. Bajo el supuesto de crear problemas en el Mar del Sur de China, Estados Unidos también ha alentado a sus aliados y colaboradores a hacer que sus barcos militares naveguen por el Mar del Sur de China.

En la tarde del 2 de octubre de 2021, el submarino de ataque rápido clase Seawolf USS Connecticut (SSN-22) golpeó un objeto mientras estaba sumergido y operando en aguas internacionales en la región del Indo-Pacífico. Solo una semana después, Estados Unidos emitió una vaga declaración, afirmando que el submarino había golpeado un objeto desconocido. Un mes después, se informó que el submarino “había encallado en un monte submarino inexplorado”. Un informe final sobre el accidente fue finalmente publicado por la Marina de los Estados Unidos el 23 de mayo de 2022, pero no se proporcionó una explicación clara en respuesta a las serias preocupaciones y preguntas planteadas por muchas personas, que incluyen: 1. el objetivo del submarino; 2, la ubicación específica del accidente; 3. si el submarino había entrado en las zonas económicas exclusivas (ZEE); o 4. incluso el mar territorial de otros países; y 5. si el accidente había causado una fuga nuclear o dañado el medio marino.

Los Estados Unidos comenzaron su programa de Libertad de Navegación (FON) en 1979 antes de firmar la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar en Montego Bay el 10 de diciembre de 1982. Desafiando el nuevo orden marítimo, firmó pero no ratificó el Convenio. La firma no implica ninguna obligación para el Estado, sino que simplemente sirve para autenticar el texto: es sólo con la ratificación que el tratado adquiere efecto legal para el país.

El movimiento “astuto” buscaba maximizar la libertad del ejército estadounidense para expandirse sin reglas en los océanos. El Programa FON no es coherente con el derecho internacional universalmente reconocido, hace caso omiso de la soberanía, la seguridad y los derechos e intereses marítimos de muchos países ribereños, y pone en grave peligro la paz y la estabilidad regionales. Su objetivo es promover la supremacía marítima estadounidense bajo el pretexto de la “libertad de navegación”. Muchos miembros de la comunidad internacional, en particular los países en desarrollo, se han opuesto firmemente al Programa FON y es en sí mismo una amenaza para la paz mundial.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

Nota: artículo escrito en julio de 2022.

 

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EL DESORDEN INTERNACIONAL CONFRONTATIVO

Alberto Hutschenreuter*

El actual estado de las relaciones internacionales es sumamente inquietante, pues no sólo no existe una configuración que proporcione una relativa estabilidad, sino que el grado de discordia entre los centros preeminentes nos deja ante escenarios que no excluyen un deterior mayor, frente al que prácticamente nada podrá hacer el multilateralismo, que atraviesa su más profunda irrelevancia desde la década de los noventa, o si se quiere, para no irnos tan lejos, abril de 2009, cuando, tras la crisis financiera de 2008, los líderes de los poderes económicos preeminentes adoptaron en la cumbre del G-20 en Londres medidas para evitar una depresión mayor (según el ex diplomático indio Shivshankar Menon, fue “la última respuesta coherente del sistema internacional a un desafío transnacional”).

Hoy existe un estado de “no guerra” entre Occidente y Rusia, es decir, hay una confrontación abierta entre Rusia y Ucrania, pero también existe, en el nivel superior o estratégico de esa guerra, una confrontación indirecta entre Rusia y la OTAN. Y quizá estamos siendo cautelosos en decir indirecta, pues cuando se lee la reciente concepción estratégica de la Alianza aprobada en Madrid y la más reciente concepción naval rusa, ambas muestran a esos actores en situación de «gladiadores» a punto de enfrentarse (como concebía Thomas Hobbes a la predisposición natural de los estados entre sí).

Guerra, estados y discordia componen los principales elementos de la ecuación de las relaciones internacionales. Y es pertinente recordarlo, porque hasta antes de la pandemia predominaban, a pesar del ya enrarecido clima internacional que existía como consecuencia de la guerra interna e internacional en Siria desde 2011 y de los acontecimientos de Ucrania-Crimea en 2013-2014, enfoques que marcaban la disminución de la violencia humana e incluso la depreciación de la guerra entre centros preeminentes.

Algunos reputados informes son categóricos en relación con la impugnación de estos enfoques. Por un lado, el gasto militar: según datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), en 2021 el gasto militar mundial superó por primera vez los dos billones de dólares, alcanzando la impresionante suma de 2.113.000 millones de dólares, un 0,7 por ciento superior al de 2020 y un 12 por ciento superior al de hace una década.

Por otro lado, de acuerdo al Índice Global de la Paz 2022, un informe preparado anualmente publicado por el Instituto para la Economía y la Paz, el escenario internacional e intranacional es sombrío e inquietante debido a los múltiples conflictos abiertos: el mundo hoy es mucho más inestable y violento que hace tres lustros. El IPG utiliza 23 indicadores y tres ejes para medir el nivel de paz de los estados: el nivel de seguridad de la sociedad, el alcance de los conflictos nacionales e internacionales en curso y la militarización de los estados. De acuerdo con este estudio, en 2021 los mayores deterioros se produjeron en las relaciones entre países vecinos, la intensidad de los conflictos internos, la cantidad de población desplazada, la escala de terror político y la inestabilidad política

Asimismo, durante las últimas décadas se fue extendiendo la visión que «relativizaba» la anarquía como principal rasgo de las relaciones interestatales. Desde lugares que afirmaban el curso casi invariable del mundo hacia una gobernanza centrada en la galaxia de movimientos sociales y el despertar de una nueva conciencia global impulsada por temáticas que desbarataban la acción individual y afianzaban el esfuerzo mancomunado, la anarquía no sólo era algo perimido, sino que reflejaba un situación “patológica”  (y por tanto “eternizante” del sentido “trágico” que ello supone para la reflexión teórica y el desempeño de la política internacional) recalcar la ausencia de una autoridad central entre los estados.

Pues bien, los casos de Ucrania y Taiwán-China (más los muchos otros que han tenido lugar durante 2020 y 2021, los “años pandémicos”) nos dicen que la anarquía, la guerra (su más riesgosa consecuencia y la rivalidad se mantienen vigentes, y que, además, no se aprecian razones para sostener que la situación, más allá de la relevancia que suponen temáticas como el medio ambiente o las tecnologías avanzadas, vaya a sufrir un cambio de escala. A ello debemos agregar que la pandemia, que no implicó ninguna amenaza de una nación a otra, no impulsó, más allá de las declamaciones, ningún nuevo sistema de valores de cooperación o nueva gobernanza basados en «la humanidad primero».

Prevalece, por tanto, un desorden internacional, una situación que, aunque resulta desfavorable para la seguridad y la estabilidad entre los estados, no deja de ser una “regularidad” en las relaciones internacionales. Pero lo inquietante es el nivel de confrontación y rivalidad entre los actores. Hace mucho tiempo que no se daba tal situación, pues tras la “larga paz” que supuso el régimen de Guerra Fría (1945-1991), luego el “régimen de la globalización” (1992-1998) y más tarde la hegemonía estadounidense (2001-2008), las relaciones internacionales, particularmente tras los sucesos de Ucrania-Crimea (2013-2014), fueron cayendo en un estado cada vez más hostil, sin que ninguno de sus poderes preeminentes se esforzara por plantear esquemas o técnicas que proporcionaran nuevos bienes públicos para el funcionamiento menos inseguro de dichas relaciones.

El punto es que la hostilidad y discordia no suponen ningún equilibrio o moderación incluso en el desorden. Aquí, volvemos al citado Shivshankar Menon, quien acaba de advertir que todos los actores preeminentes, incluso aquellos ubicados en las capas medias y también aquellos institucionalistas (como Alemania), exhiben lo que podría denominarse un “comportamiento revisionista”; es decir, cada uno persigue sus propios fines en detrimento del “orden” internacional e intentan cambiar la situación. En sus propias palabras: “Muchos países no están contentos con el mundo tal como lo ven y buscan cambiarlo para su propio beneficio. Esta tendencia podría conducir a una geopolítica más mezquina y polémica y a unas perspectivas económicas mundiales más pobres. Hacer frente a un mundo de poderes revisionistas podría ser el desafío definitivo de los próximos años”.

Además, ya la falta de un orden supone la falta de lo que se denominan “amortiguadores de conflictos”, es decir, lógicas de influencia por parte de los poderes que pueden llegar a impedir que se disparen confrontaciones entre poderes menores; una situación de desorden confrontativo no solo implica esa falta estratégica, sino que podría disparar peligrosos conflictos inactivos o latentes que existen en varias partes del mundo, más allá de los que existen en las sensibles “placas geopolíticas”.

En breve, las relaciones internacionales se han ido deteriorando durante los últimos casi 10 años. La pandemia no creó ninguna forma de cooperación mayor entre los estados (por el contrario, fungió como un hecho que elevó desconfianzas). China ingresó con Xi en un ciclo de mayor autoafirmación nacional, al tiempo que fijó propósitos para ser un poder completo entre 2035 y 2050. Estados Unidos se muestra dispuesto a jugar un papel basado en una nueva primacía o patrón exterior ofensivo. Rusia fue a la guerra para evitar que Occidente, a través de la OTAN, consumara ante ella una victoria final o “paz cartaginesa”. La Unión Europea posiblemente haya caído en la cuenta de que ser una potencia institucional no es suficiente (Alemania ha modificado la línea clásica de su política de defensa orientada hacia el exterior). En la zona del Índico-Pacífico parece tomar forma una nueva dinámica de bloques geoestratégicos y geoeconómicos. Japón ha incrementado sensiblemente sus gastos militares, al tiempo que ha retomado los arrestos de reafirmación nacional impulsados en su momento por el recientemente asesinado Shinzó Abe.

Por si ello no fuera preocupante, los actores con armas nucleares no realizan esfuerzos relativos con avanzar hacia acuerdos que regulen ese segmento; por el contrario, casi no quedan ámbitos que extiendan (o, mejor dicho, restituyan) el equilibrio, al tiempo que prácticamente todos se hallan mejorando capacidades.

En este marco, será muy difícil que, salvo casos muy específicos, la lógica multilateral tenga oportunidades. Por tanto, si antes los dos poderes mayores, China y Estados Unidos, no llegan a una confrontación o querella mayor como consecuencia de un incidente o por una provocación estadounidense (potencia que se decida por una orientación exterior basada en “la tentación de la primacía”, como la denomina y promueve Robert Kagan), quizá el curso del mundo hacia un bipolarismo chino-estadounidense pueda dar forma a un esbozo de orden internacional, precario, pero orden al fin. Un “G-2” competitivo y confrontativo, sin duda, pero también con mínimos de cooperación. La experiencia dice que los sistemas bipolares tienden a ser más estables que los multipolares.

Una aceleración de la desglobalización económica y la deslocalización tecnológica-industrial también podría tentar, particularmente a Estados Unidos, a la provocación. Pero tampoco la interdependencia económica garantiza la inhibición del conflicto.

Por ello, ese eventual régimen con base en dos es una posibilidad solo como conjetura, nada más. Lo inquietante es que más allá de esta conjetura no se vislumbra otra cosa, al menos por ahora.

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL). Ha sido profesor en la UBA, en la Escuela Superior de Guerra Aérea y en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Miembro e investigador de la SAEEG. Su último libro, publicado por Almaluz en 2021, se titula “Ni guerra ni paz. Una ambigüedad inquietante”.

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GUAYANA ESEQUIBA: NO DEPENDE DE NOSOTROS ACELERAR O RETRASAR EL JUICIO

Abraham Gómez R.*

La Guayana Esequiba constituye un territorio con incalculables riquezas mineras, hídricas, forestales, energéticas, edafológicas, petroleras etc. Territorio muchísimo más grande que algunos países europeos, asiáticos y centroamericanos. Con extraordinario potencial de desarrollo sostenible.

En el concierto de las relaciones internacionales, lamentablemente los países no tienen amigos sino intereses; y esta zona está siendo considerada de un extraordinario potencial por las reservas probadas y calidad de los recursos petrolíferos, la ubicación geoestratégica y su proyección e interconexión con los países de Suramérica.

Debemos reconocer que no sólo EE.UU. tiene las manos metidas allí, a través de la EXXON y la CGX; sino también está operando la CNOOC de la China, la SHELL de Holanda, la ANADARKO de Canadá. Son muchísimas que saben, por exploraciones científicas, lo que allí está en juego.

Este territorio nos lo arrebataron. Fuimos vilmente despojados con el denominado Laudo Arbitral de París de 1899, que desde entonces calificamos tal documento de írrito y nulo.

Hemos estado reclamando para nuestra Nación venezolana la devolución de la Guayana Esequiba; algunas veces con ímpetus, otras con flaquezas y debilidades. Aceptemos la anterior autocrítica.

Los reclamos que hemos intentado por vías diplomáticas, políticas y jurídicas no están sustentados en caprichos chauvinistas, reacciones intemperantes, desproporcionadas o injustas.

Hemos explicado en las instancias internacionales correspondientes las razones y argumentos sociohistóricos, cartográficas y jurídicos que nos asisten

He hecho esta severa advertencia en todas mis conferencias —presenciales y on-line—, en los siguientes términos: sería desastroso si nos peleamos internamente; si cada quien cree que le puede sacar provecho para su parcela política-partidista o si cometemos el grave error de ausentamos de la Corte; porque, de todas maneras, el juicio sigue su curso.

No hay vuelta atrás. La Corte podría llegar a sentenciar sin nuestra comparecencia.

Insisto en señalar que debemos reforzar la estructuración, sin recelos ni mezquindades, de un bloque de defensa compacto, para contrarrestar las acechanzas de la Parte que nos rivaliza, a causa de las acciones unilaterales, en contra nuestra, que ellos interpusieron en la Corte.

La contención por la Guayana Esequiba rebasa los egos individualistas mal curados, los particularismos confesionales, raciales o de cualquier otra índole. Este caso nos necesita unidos como país, con criterios unánimes.

Por lo que pueda venir, en todo caso, debemos mantenernos sólidamente comprometidos con nuestra venezolanidad y en pro de la Guayana Esequiba y de los Esequibanos. Ha aflorado muy buena expectativa y conciencia en toda Venezuela

Destacamos la labor de las ONG que han sido creadas para adelantar hermosas actividades al respecto; así, además, hacemos el reconocimiento debido al Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela; lo propio cabe para el Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales(COVRI), para la Fundación Venezuela Esequiba en su insistente afán de concienciación; igualmente la determinante posición de La Academia de Ciencias Políticas y Sociales. Nos llena de orgullo la tarea que viene cumpliendo la Comisión Presidencial en Defensa del Esequibo, bajo la admirable conducción del Dr. Hermánn Escarrá. Todos en una sola motivación y propósito, de esfuerzos elogiadamente ponderados; lo cual constituye un ejemplo de lucha sostenida sin actitudes atrabiliarias o estrepitosas; porque, aquí se requiere talento y densidad en la formación documental y doctrinaria, para insistir en la reclamación y defender en la Corte Internacional Justicia o donde haya lugar lo que honradamente siempre ha sido nuestro, y que vilmente nos arrebataron, en una tratativa perversa mediante añagazas jurídicas.

Este caso litigioso estamos obligados a estudiarlo y manejarlo invocando la solidaridad de toda la población venezolana; concitando las mejores voluntades e inteligencias. Hablándole claro a la gente sobre lo que estamos enfrentando.

Si asistimos a la Corte a hacernos parte del juicio o invocamos nuevamente la no comparecencia (error que cometeríamos otra vez); en uno u otro caso, ni aceleraríamos ni retrasaríamos el proceso jurisdiccional.

 La solución de las controversias entre Estados tiene su propia dinámica, conforme al Estatuto y Reglamento de la Corte Internacional de Justicia.

Sin embargo, me permito hacer una sana crítica al respecto. Cuando nos decidimos por la no comparecencia ante la mencionada Sala Juzgadora, luego de la demanda que interpuso el gobierno guyanés contra Venezuela, estábamos convencidos que tal hecho constituiría una estrategia temporaria.

Invocar la no comparecencia, como lo hizo nuestra delegación, resultó, ciertamente, una postura —para ese momento— adecuada e inteligente; porque evitó que los coagentes de la excolonia británica se salieran con la suya en la celada tendida. Fue, ciertamente, una deleznable emboscada jurídica que nos hicieron en marzo del 2018.

Es verdad que la no comparecencia nos dio un respiro, pero no aportó un último desenlace en esta histórica controversia. Ni retrasó ni aceleró el proceso.

La No Comparecencia es un instrumento, legítimamente consagrado en el Derecho Internacional Público; mediante el cual un Estado no acepta la competencia de la CIJ.

En nuestro caso, no admitíamos como buena y propia esa Corte, porque no somos firmantes del Pacto de Bogotá de 1948. Tampoco, fuimos consultados, como debió hacerse, por la contraparte en este asunto litigioso para llevar esta controversia hasta allá.

Mucha atención con lo que expresaré —con toda responsabilidad— a continuación: cuando designamos un agente y dos coagentes para que asuman la función de representarnos en el juicio, e inmediatamente procedimos a introducir, en ese Cuerpo Jurisdiccional —el 7 de junio de este año— una Excepción Preliminar de inadmisibilidad de la demanda, estamos en presencia y aplica para nosotros el denominado en el Derecho Internacional, como Acto Concluyente; con lo cual —automática y directamente— pasamos a conferirle competencia a la Corte para conocer el fondo de este pleito.

La Corte concedió plazo a Guyana hasta el 7 de octubre del 2022, para que haga las observaciones y conclusiones a la Excepción Preliminar que formuló Venezuela. Esperemos tales resultados.

De tal manera que el gobierno venezolano exteriorizó su tácita voluntad de participar en el juicio que cursa por ante la Sala Juzgadora de la ONU.

¿Entonces, vamos al juicio en La Haya, el gobierno le concedió la competencia a la Corte para que juzgue en esta controversia, con esto aceleramos la sentencia?

Preguntas que nos hacen en todas partes y que acabo de responder en el párrafo anterior y que refuerzo mi apreciación con lo que tiene dicho la Doctrina al respecto: «actos concluyentes (facta concludentia) son aquellos comportamientos mediante los cuales no se declara abiertamente la disposición de hacerse parte, pero se infiere; porque, develan manifestaciones suficientemente significativas e inequívocas; que, sin prefigurar una finalidad directa, permiten presumir justificadamente que, a través de aquéllos, se ha pretendido dejar establecido un compromiso».

De tal manera —según mi modesta apreciación— que el gobierno venezolano expresó su tácita voluntad de participar en el juicio que cursa por ante la citada Entidad Sentenciadora. Nada malo (o pecaminoso) hay sobre el particular; solo que estamos obligados a prepararnos.

Nuestra Constitución Nacional consagra en su artículo 236, numeral cuarto, que dentro de las atribuciones y obligaciones del Presidente de la República está precisamente dirigir las Relaciones Exteriores de la República y celebrar y ratificar los tratados, convenios o acuerdos internacionales.

Para el 8 de marzo del año 2023, cuando el Jefe de Estado —por cuanto es su facultad constitucional o posibilidad de opción— determine la comparecencia o no de Venezuela, para hacernos parte del juicio, será densa la alforja de Títulos históricos y jurídicos (que no admiten pruebas en contrario) que presentaremos para la examinación e investigación por parte del Jurado sentenciador de la Corte Internacional de Justicia.

La experiencia (y todas las investigaciones documentales que hemos hecho de contenciones similares) nos señala que los lapsos para los arreglos de pleitos interestatales conllevan implícitos sus propios ritmos y dinámicas.

Nosotros ni aceleraremos ni retrasaremos un proceso de tal naturaleza.  Lo que si considero y estamos seguros es que no tenemos tiempo que desperdiciar. Contrariamente, hay que aprovechar al máximo todo cuanto esté a nuestro alcance para reforzar los argumentos de probanza; obviamente, con la ya mencionada condicionante: siempre y cuando el Jefe de Estado autorice a la delegación venezolana para la personación jurídica en ese Alto Tribunal.

 

* Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV). Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba.