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DIEZ AÑOS DE GUERRA EN SIRIA Y LA SITUACIÓN ACTUAL. RUSIA Y CHINA

Giancarlo Elia Valori*

En Siria, después de la guerra de una década y aún inconclusa, la escasez de energía resultante de la pérdida de control sobre los principales campos petroleros en el este fue repuesta principalmente por Irán y a través del contrabando desde El Líbano e Irak. Sin embargo, debido a un colapso en los precios del petróleo, el aumento de las sanciones y la presión militar sobre Irán, el programa de entrega se interrumpió.

Otro golpe a la economía siria vino de la crisis financiera en El Líbano: alrededor de una cuarta parte de los depósitos en bancos libaneses pertenecen a empresas sirias, incluidas las asociadas con el gobierno. La introducción de restricciones monetarias en El Líbano ralentizó las transacciones para la importación de bienes esenciales, incluida la compra de trigo, interrumpió la cadena de suministro de piezas de repuesto y componentes y dio lugar a un fuerte aumento de los precios.

En estas condiciones, el gobierno sirio solo puede imprimir dinero, confiar en los préstamos iraníes y obligar a los empresarios sirios a ayudar directamente al Estado. A principios de este año, se puso en circulación un billete de 5.000 libras sirias (unos 3,98 dólares estadounidenses), mientras que la denominación máxima anterior era de 2.000 libras sirias.

En 2011, Siria ocupó el puesto 33 en términos de producción de petróleo, después de Sudán del Sur y por delante de Vietnam. Mientras que en 2011 su cuota de producción fue del 0,4% del volumen mundial, en 2012 esa cifra cayó al 0,25% (cálculos BP Statistical Review of World Energy).

En Oriente Medio, la participación siria antes del estallido de los enfrentamientos armados también era muy pequeña: el 1,2% de toda la producción en la región en 2011 y el 0,75% en 2012 (cálculos BP Statistical Review of World Energy).

El nivel de producción de petróleo en Siria en 2010 fue de 386.000 barriles por día. Con el inicio de la crisis en 2011, la producción cayó a 333.300 barriles, y en 2012 ya era casi la mitad del volumen de 2011, es decir, 182.000 barriles. En el otoño de 2015, Rusia intervino con medios militares en el conflicto sirio: por iniciativa de Bashar al-Assad; los asesores militares rusos fueron desplegados en el oeste del país. Esto cambió todo el curso del conflicto: permitió a al-Assad permanecer en el poder e hizo de Rusia un actor político importante en la región. En ese momento, las relaciones de Rusia con los países occidentales estaban en profunda crisis debido al regreso de Crimea a sus fronteras tradicionales y al estallido de la guerra en el Donbass. La intervención en el conflicto sirio cambió la dinámica de los contactos de Rusia con la comunidad internacional: en particular, la cooperación entre el ejército ruso y los Estados Unidos de América se intensificó y las relaciones con Israel alcanzaron un nuevo nivel (el país judío ha abierto recientemente un consulado en Yekaterinburgo).

Desde un punto de vista táctico, Rusia puede considerarse uno de los beneficiarios del conflicto. La exitosa operación militar de presupuesto relativamente bajo convirtió rápidamente a Rusia en un actor externo clave en la arena siria. Sin embargo, por lo que se puede juzgar, en seis años de participación directa en el conflicto sirio, Rusia no ha desarrollado una estrategia de salida. El alcance de la influencia de Rusia en el régimen sirio también sigue siendo un tema abierto.

La fase activa de la operación militar rusa en Siria duró 804 días, desde el 30 de septiembre de 2015 hasta el 11 de diciembre de 2017. Como resultado de los ataques de la fuerza aérea rusa, más de 133.000 instalaciones terroristas fueron destruidas, incluidas refinerías ilegales de petróleo; 865 líderes de pandillas fueron eliminados y más de 133.000 seguidores fueron neutralizados (4.500 procedían de Rusia y otros países de la Comunidad de Estados Independientes).

En diciembre de 2017, durante una visita a la base aérea de Khmeimim, el presidente Vladimir Putin ordenó la retirada de la mayoría de las tropas rusas del país.

Según el Comité de Defensa y Seguridad del Consejo de la Federación de Rusia, a partir de septiembre de 2018 las bajas rusas en Siria desde el inicio de la operación han ascendido a 112 personas, casi la mitad en el accidente del avión de transporte An-26 (39 personas) y del Il-20 derribado por los misiles antiaéreos de las fuerzas antigubernamentales sirias (20 personas).

Además, Bloomberg y Reuters informaron que cientos de mercenarios rusos fueron asesinados en Siria. El Ministerio de Defensa ruso, sin embargo, no confirmó esas cifras.

Al mismo tiempo, Rusia tiene dos puntos de presencia en la República Árabe Siria. La mencionada base aérea de Khmeimim, donde se despliega un grupo aéreo que, en 2018, incluía 28 aviones de combate de la fuerza aérea rusa y diez aviones de transporte y especiales y nueve helicópteros.

Además, el centro logístico naval se encuentra en el puerto de Tartus. En diciembre de 2019, el viceprimer ministro Yuri Borisov, que supervisó la industria de defensa, dijo que en los próximos cuatro años se planeaba invertir 500 millones de dólares en la modernización de Tartus, cuya gestión se había confiado al primer ministro ruso. Se desconoce el número exacto de personal militar y civil ruso en estos dos sitios.

Según la Comisión Electoral Central en 2020 en Siria, 6.424 rusos participaron en la votación de enmiendas a la Constitución rusa.

La experiencia de combate adquirida por el cuerpo de oficiales y suboficiales rusos también es relevante. Durante el período de operaciones antiterroristas en el Cáucaso Norte, los centros de control, planificación, financiación y suministro se ubicaron fuera de Rusia, por lo que la operación en Siria fue necesaria desde un punto de vista político-militar. Si el pseudo-Estado del ISIS con todos los recursos de ese país hubiera surgido en el territorio sirio, habría representado una amenaza mortal para los Estados vecinos, comenzando por los de Europa occidental, al financiar e incrementar las filas de terroristas. Podemos agradecer a Rusia y ciertamente no a Estados Unidos, que ha comenzado a desestabilizar a Siria como última parada de la Ruta de la Seda china.

De hecho, ni la Unión Europea ni los Estados Unidos de América han impuesto sanciones completas contra Rusia debido al conflicto en Siria, sino solo algunas parciales. Las restricciones personales de los Estados Unidos se aplican a doce personas y siete empresas rusas: Tempbank, AKB RFA Bank, Rosoboronexport, Russian Financial Corporation, Global Concept Groups, Promsyryeimport, Maritime Assistance.

Las empresas rusas aún no llevan a cabo actividades a gran escala en Siria. Anteriormente, el Financial Times escribió que la subsidiaria de Stroytransgaz, Stroytransgaz Logistics, asociada con la familia del multimillonario Gennady Timchenko, obtuvo permiso de las autoridades sirias para extraer fosfatos, así como un contrato para administrar el puerto de Tartus para entregas en el extranjero.

Timchenko, sin embargo, ya está sujeto a sanciones estadounidenses y la UE no prohíbe el suministro de fosfatos. Los medios de comunicación también escribieron sobre los intereses del empresario Yevgeny Prigozhin en Siria. Se afirmó que en 2019 el Parlamento sirio aprobó la celebración de contratos para la exploración, el desarrollo y la producción de petróleo con dos empresas rusas: Vilada y Mercury Limited. Novaya Gazeta escribió que ambas compañías estaban conectadas a las instalaciones de Prigozhin, con las que los medios de comunicación habían relacionado previamente las actividades de la Compañía Militar Privada (PMC) de Wagner. El propio empresario negó la existencia de tal conexión. Prigozhin, sin embargo, ya está sujeto a sanciones tanto por parte de la UE como de los Estados Unidos.

Sin embargo, las sanciones están obstaculizando la participación más amplia de las empresas rusas en la economía siria. Durante la visita del ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, a Abu Dhabi, el ministro de Relaciones Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos, Abdullah bin Zayed Al Nahyan, se quejó de que la ley “sobre la protección de la población civil de Siria”, la “Ley César”, adoptada en los Estados Unidos de América y en vigor desde junio de 2020, que fortalece las restricciones existentes a los aliados de Siria y las amplía, complica las relaciones del país con Siria e interfiere con el establecimiento de un diálogo. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia calificó esto como una grave interferencia con la provisión de incluso ayuda humanitaria al país.

¿Cuál es la perspectiva de una solución política en el país? Turquía, los Estados Unidos y sus otros patrocinadores mantienen sus intereses en la región, lo que significa que no pueden darse por sentados. Siria ha perdido su soberanía y las decisiones a menudo son tomadas sin ella por Rusia, Turquía e Irán. Por lo tanto, podemos decir que al-Assad ganó la guerra, pero no logró la paz, y la oposición perdió la guerra, pero no perdió la paz. Además, muchos sirios no viven en los territorios controlados por el régimen.

El régimen de Assad continuará dando pruebas de milagros de supervivencia en el contexto de los crecientes problemas económicos, las nuevas sanciones y la lucha de poder en curso en Damasco. En un futuro próximo, el país seguramente no espera ni el pleno restablecimiento de la integridad territorial, ni el regreso de miles de refugiados y desplazados internos, ni un plan a gran escala para la reconstrucción después de los conflictos. Ni los países europeos ni los del Golfo tienen los recursos financieros para hacer esto.

Al mismo tiempo, el gobierno chino se opone firmemente al uso de la fuerza para resolver el problema sirio y ha abogado por una solución política al problema interno. En el proceso de reconstrucción de Siria, China ha presentado la idea de desarrollar la Iniciativa de la Ruta de la Seda y la reconstrucción posterior al conflicto, y ha recibido una respuesta positiva y proactiva del gobierno sirio. La conexión entre la Ruta de la Seda y la reconstrucción posterior al conflicto es una oportunidad histórica para que los dos países logren la interconexión. Sin embargo, la situación interna actual en Siria sigue estando sujeta a muchas incertidumbres y los riesgos de seguridad actuales deben examinarse cuidadosamente, como se señaló anteriormente.

La amistad entre China y Siria tiene una larga tradición y la antigua Ruta de la Seda es un símbolo de este sentimiento mutuo. Después de la fundación de la República Popular China, Siria fue uno de los primeros países árabes en reconocer y establecer relaciones diplomáticas con China.

A raíz del estallido de la crisis siria en 2011, el gobierno chino tomó la Carta de la ONU y las reglas básicas de las relaciones internacionales como los principios y pasos fundamentales para hacer frente a la crisis siria y se opuso firmemente a la solución militar, que tenía como objetivo precisamente romper la Ruta de la Seda.

En 2018 el enfoque de las relaciones chino-sirias comenzó a cambiar de la guerra civil siria a la reconstrucción posterior al conflicto del país. Con la mejora gradual de la situación interna en Siria y la estabilización de la seguridad, el gobierno chino sugirió fácilmente a Siria que deseaba participar en el proceso de reconstrucción de la posguerra, reanudando así la restauración y el fortalecimiento de la Ruta de la Seda, que el terrorismo hetero-dirigido de Occidente había tratado de interrumpir. El gobierno chino no solo se adhiere a una política de resolución política imparcial de la cuestión siria y participa activamente en las negociaciones del proceso de paz multilateral liderado por la ONU sobre la cuestión siria, sino que también proporciona una gran cantidad de asistencia humanitaria al pueblo sirio de forma gratuita.

La Ruta de la Seda en Siria es de gran importancia geopolítica y estratégica. La construcción de infraestructura, la energía y la cooperación industrial, así como los proyectos de construcción de puertos marítimos son áreas clave de la participación de China en la reconstrucción de Siria. Al mismo tiempo, China también debe abordar los riesgos inciertos de la situación de seguridad interna de Siria y la influencia de los juegos políticos entre las principales potencias.

Aquí yace el trágico pasado reciente de Siria y un futuro deseable de paz y prosperidad.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia. 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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TIEMPO NUBLADO EN LAS CUMBRES

Alberto Hutschenreuter*

Es tiempo de cumbres internacionales. A la del G-20 en Roma le siguió la del clima, la COP26, en Glasgow. Han sido varios días de conversaciones sobre cuestiones que requieren consensos apremiantes para evitar inestabilidades y catástrofes; y aunque difícilmente se logren, menos si a las citas no asisten líderes clave, siempre, como decía Winston. Churchill, será preferible “hablar, hablar y hablar que guerrear, guerrear y guerrear”.

En el pasado los actores preeminentes han estado en guerra durante mucho tiempo. Hubo confrontaciones que duraron un siglo y más también, otras un poco menos. Pero la guerra (o el estado de “no guerra”) ha sido casi el lugar común en las relaciones interestatales. No deja de resultar curioso que hubo “guerras totales” pero nunca “paces totales”.

Algunos consideran que ya no es posible que ocurran confrontaciones militares mayores. Se apoyan en que desde hace décadas no hubo ese tipo de confrontaciones: “no más Normandías” significa que ya no pueden darse esas guerras totales de exterminio. Asimismo, desde el enfoque de la psicología se asegura que durante las últimas décadas la violencia humana ha mermado.

Todo esto es muy relativo: primero, no es cierto que no hubo confrontaciones entre poderes mayores (pensemos en China-URSS, India-China, etc.); segundo, la existencia del régimen internacional de la Guerra Fría ha “moderado” o “amortiguado” conflictos; tercero, las armas nucleares han implicado una “cultura estratégica” que, paradójicamente, favoreció y ¿favorece hoy? la estabilidad; cuarto, han surgido “nuevos territorios” (el ciberespacio, por caso) donde se dirime competencia y se obtienen ganancias de poder, situación que confirma lo que sostiene la historiadora Margaret MacMillan en su más reciente libro: la guerra se transforma pero nunca deja de ser ella misma; y quinto, la psicología aporta, sin duda, pero trata sentires y percepciones del ser humano, mientras que la política internacional implica intereses y capacidades de los Estados. Hay, sí, un cruce interesante en ambas: nunca sabemos acerca de las intenciones de los humanos ni de los Estados.

Estas disquisiciones resultan pertinentes considerando que el contexto de las cumbres internacionales es muy sombrío, hecho que las condiciona sobremanera en relación con resultados que impliquen al menos mínimos de cooperación en cuestiones que urgen. Está muy bien haber acordado en Roma un “global mínimun tax”, pero ello no será demasiado importante si aparece otra pandemia “recargada”; es decir, frente a esta dimensión crucial de la seguridad mundial la situación está casi como antes de 2020, o quizá peor debido a las suspicacias entre Estados realimentadas a partir de la COVID 19; igualmente, tampoco será demasiado si ocurre una “fuga hacia delante” en relación con la rivalidad creciente entre Occidente y Rusia o, más todavía, entre Estados Unidos y China.

Estas últimas posibilidades son sin duda las que más condicionan las cumbres, pues se trata de rivalidades entre actores centrales, entre poderes sobre los que recaen compromisos y esfuerzos para la construcción de estabilidad y, en el mejor de los escenarios, el sostenimiento de cualquier posibilidad de orden internacional, es decir, en términos de Kissinger, de “paz posible”. Pero ello no está ocurriendo ni parece que medianamente pronto vaya a suceder.

Si hasta no hace mucho la situación en esta doble crisis mayor en las relaciones internacionales era preocupante, hoy la discordia aumentó. La relación entre Occidente y Rusia prácticamente ya no cuenta con “anclajes” institucionales relativamente importantes en cuanto a consultas estratégicas entre ambas partes dentro de la OTAN (Moscú siempre consideró una mera formalidad los dispositivos existentes); y el nivel de inseguridad ascendió, pues la Alianza Atlántica podría ampliar capacidades con el propósito de disuadir a Rusia de realizar acciones en su propia zona roja de seguridad, (esto es, el Báltico, Ucrania y el mar Negro). Ello sin duda explica la respuesta dada por el ministro de Defensa ruso, Sergey Shoigu, a su par de Alemania Annegret Kram-Karrembauer cuando esta funcionaria se refirió a la nueva actitud disuasiva de la OTAN. Sin rodeos, advirtió aquel a la ministra germana que debería recordar “como terminaron las cosas en el pasado”.

En cuanto a la situación entre Estados Unidos y China, la ausencia del mandatario chino en las cumbres obedecería a algo más que precauciones ante el virus. Hace tiempo que el presidente Xi no sale de su país. Es cierto que los efectos de la pandemia implicaron una “globalización cerrada”, esto es, primero el frente interno. Pero la ausencia también significa que la China de Xi ya no se siente obligada a cooperar, menos aún ante unos Estados Unidos decidido a contenerla por todos los medios, política que se inició con el republicano Donald Trump y que se amplificó con el demócrata Joe Biden.

Y aquí es donde las posibilidades de la reunión climática chocan contra las desconfianzas y los intereses, pues Pekín podría estar interpretando que Estados Unidos utiliza el multilateralismo para refrenar el crecimiento de China y evitar así que llegue eventualmente a sobrepasarlo en el segmento económico, desafiando cada vez más su supremacía. Dicha estrategia estadounidense implica también ralentizar la iniciativa china del “cinturón” que se extenderá desde China hasta Europa a través de Asia, segmento terrestre en el que Estados Unidos no se encuentra.

Una China que despliega una geopolítica marítima, una geopolítica terrestre y una geopolítica aeroespacial (la reciente prueba china de un arma hipersónica con capacidad nuclear ha provocado en Washington una preocupación que retrotrajo a legisladores y jefes militares a lo que se ha se ha denominado “momento Sputnik”, es decir, la profunda inquietud que produjo en la superpotencia la capacidad soviética de colocar en los años cincuenta un satélite en el espacio, ya que ello significaba que Moscú estaba en condiciones de alcanzar con misiles el territorio estadounidense) se presenta como demasiado para, por ahora, la única superpotencia rica, grande y estratégica del globo.

En este contexto, por demás pertinente resultan las reflexiones de John Mearsheimer publicadas en la última entrega anual de la revista “Foreign Affairs”. En “The Inevitable Rivalry”, el teórico del “realismo ofensivo” considera que Estados Unidos y China “están atrapados en una competencia de seguridad que afecta todas las dimensiones de su relación y es probable que China sea un competidor más poderoso de lo que fue la Unión Soviética. Y es probable que esta competencia se caliente”.

Entre las razones que explican el aumento de la conflictividad, resulta interesante la importancia que este autor otorga a la geografía de la competencia. Dicha geografía es más propensa a la guerra entre Estados Unidos y China de lo que fue la de Estados Unidos-Unión Soviética. Aunque esta última pugna era global, su centro de gravedad era la Cortina de Hierro. Allí había pocas posibilidades de iniciar una confrontación. En Asia, en cambio, no existe una línea clara como aquella de la Europa del bipolarismo. En Asia (Pacífico-Índico) hay varios frentes de conflicto, lo que hace que la guerra sea probable.

Estas rivalidades cada vez más inquietantes son las que restringen cualquier esfuerzo multilateral y mantienen el patrón anárquico como principal rasgo de la política entre Estados. Es necesario remarcar esto último, porque durante los últimos lustros han surgido en las relaciones internacionales enfoques ilusionistas que consideran que recalcar en el mundo del siglo XXI el tema de la anarquía es una cuestión “patológica”.

“Tiempo nublado” alude a un ensayo sobre el acontecer internacional escrito por el mexicano Octavio Paz. Por entonces, principios de los años ochenta, quien sería Nobel de Literatura unos años después, observaba con preocupación las cuestiones que tenían lugar en un mundo que reingresaba a las tensiones entre las potencias mayores, a las que se sumaban el crecimiento de la población en los países subdesarrollados, la disminución de las fuentes de energía, la contaminación de la atmósfera, los mares y los ríos, las enfermedades crónicas de la economía mundial, etc.

Pero más allá de lo que afligía al escritor, existía un orden internacional, tratados, regímenes, y hacia el final de esa década sobrevendrían acontecimientos de escala que darían lugar a la coexistencia de lógicas de fragmentación y de cooperación (“fragmegración” diría un experto).

Hoy hay tiempo nublado en las relaciones internacionales. Las cumbres lo sufren. Pero, más todavía, a diferencia de entonces, no existe un orden internacional en el horizonte, las potencias están abandonando marcos regulatorios y la lógica de la fragmentación es categóricamente predominante.

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL). Ha sido profesor en la UBA, en la Escuela Superior de Guerra Aérea y en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Su último libro, publicado por Almaluz en 2021, se titula “Ni guerra ni paz. Una ambigüedad inquietante”.

 

Bibliografía

Margaret MacMillan, La guerra. Cómo nos han marcado los conflictos, Editorial Turner Noema, 2021.

Tarik Ciril Amar, “NATO’s bullish new plan to fight Russias on the seas, the skies in space could backfire, igniting a catastrophic nuclear conflict”, RTQuestion More, 25 Oct. 2021

Benjamin Friedman, “Don’t Turn China’s Hypersonic Missile Test Into a ‘Sputnik Moment’”, World Politics Review, Thursday, Oct. 28, 2021.

John Mearsheimer, “The Inevitable Rivalry. America, China, and the tragedy of great power politics”, Foreign Affairs, November/December 2021.

Octavio Paz, Tiempo nublado, Editorial Seix Barral, Barcelona, 1983.

 

CHINA VENCE A EEUU EN INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y PREMIOS INTERNACIONALES

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay 

El secretario entrante de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos dijo que China estaba ganando la batalla de la Inteligencia Artificial sobre los Estados Unidos. Admitió que China pronto derrotaría a Estados Unidos en este campo de alta tecnología.

Aunque el Secretario de la Fuerza Aérea nombrado por el presidente Joe Biden aún no ha asumido el cargo, respondió públicamente a la mayor controversia reciente en los círculos políticos y militares de los Estados Unidos: el Director de Software de la Fuerza Aérea, Nicolas Chaillan, quien renunció el 11 de octubre pasado, dijo que China ya había superado a los Estados Unidos y ganó la batalla de la Inteligencia Artificial contra ella.

Kendall III dijo que estaba de acuerdo con la declaración hecha por Chaillan. Nicolas Chaillan dijo a los medios de comunicación que Estados Unidos no solo avanzó lentamente en el campo de la Inteligencia Artificial, sino que dicho progreso también estaba limitado por varias reglas. China ya está muy por delante. Kendall III no contradijo a Chaillan como lo hicieron algunas personas, pero se ofreció a invitar al ex empleado a continuar participando en las discusiones relevantes.

El portavoz de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, el teniente coronel Justin Brockhoff, anunció: “El secretario Kendall agradeció a Chaillan por su contribución a la Fuerza Aérea. Los dos discutieron las sugerencias hechas por Chaillan para el desarrollo futuro del software del DOD. El secretario Kendall y Chaillan se reservaron la posibilidad de futuras discusiones”.

La Inteligencia Artificial es actualmente un campo altamente competitivo en los círculos de ciencia y tecnología de China y Estados Unidos. Sus usos incluyen el diseño de tecnologías informáticas que pueden pensar y actuar como humanos para realizar diversas tareas complejas. Tanto la República Popular China como los Estados Unidos de América compiten por el dominio en este campo.

La tecnología de Inteligencia Artificial ha penetrado en todas las áreas de los sectores corporativos y de seguridad nacional de cada país y se utiliza para planificar, diseñar e implementar acciones específicas para asuntos complejos.

Chaillan había dicho previamente a los medios que después de que Kendall lo contactó personalmente y con confianza, aceptó servir como consultor no remunerado para el Departamento de Defensa. Chaillan cree que la conexión de Kendall demuestra que el Secretario está decidido a hacer cambios para apoyar al gobierno de los Estados Unidos a sobresalir una vez más en la competencia por la Inteligencia Artificial.

Chaillan dijo: “Los hechos son muy simples. Kendall se puso en contacto conmigo poco después de que anunciara mi renuncia, y la mayoría de los expertos y gerentes no habrían estado interesados en mí y no habrían seguido trabajando duro para remediar esta desventaja. Esto significaba para mí que Kendall realmente quería hacer algo”.

Todavía no hay información específica sobre si el gobierno federal de los Estados Unidos responderá positiva y rápidamente a la advertencia de Chaillan.

Chaillan dijo que estaba dispuesto a asistir a las audiencias celebradas por el Congreso, pero esperaba que algunas de las audiencias no permanecieran confidenciales para que el público pudiera escuchar sus puntos de vista.

Algunos expertos fuera de la Administración de los Estados Unidos dijeron que la cuestión de quién ganaría la competencia de Inteligencia Artificial aún no estaba resuelta. Jim Waldo, científico de TI y director de tecnología de la Universidad de Harvard, dijo que no era tan pesimista como Chaillan sobre las posibilidades de Estados Unidos en la batalla de Inteligencia Artificial contra la República Popular China. Waldo señaló que la mayor parte de la inversión estadounidense en innovación tecnológica provino de empresas privadas, en lugar de investigación universitaria financiada por el gobierno.

Waldo escribió en un correo electrónico: “La idea de que esta investigación será impulsada por los militares es un poco ridícula… El Departamento de Defensa, sin embargo, debe mejorar el uso de esta tecnología y la financiación gubernamental también debe aumentar para fomentar un desarrollo abierto del sector. Todavía no hemos fracasado, pero si no invertimos en el futuro acabará mal”.

Algunos informes de los medios también señalaron que, de hecho, la declaración original de Chaillan era que si Estados Unidos no aumentaba la inversión y hacía avanzar planes y proyectos, perdería en el campo de la Inteligencia Artificial. Su discurso, enfatizado por terceros, se ha convertido en un tema más debatido en la política estadounidense. Algunos republicanos lo usan como un argumento contra la Administración de Biden, y otros miembros de las fuerzas militares estadounidenses se apresuran a explotarlo para pedir más fondos del gobierno.

Más allá de la controversia y la decepción que prevalecen en los Estados Unidos, las noticias han dado la vuelta al mundo. Reuters informó: “China ha ganado la batalla de Inteligencia Artificial con los Estados Unidos y está en camino a la dominación global gracias a sus avances tecnológicos, como dijo el ex Director de Software del Pentágono al Financial Times”.

Además, la agencia de noticias británica informó de otras declaraciones serias de Chaillan: “No tenemos ninguna posibilidad de luchar contra China en 15 a 20 años. En este momento, ya es un hecho; en mi opinión ya se acabó. […] Si se necesita una guerra o no es algo así como una anécdota”.

“China está destinada a dominar el futuro del mundo, controlando todo, desde la narración de los medios hasta la geopolítica”, dijo.

Chaillan culpó a la lentitud de la innovación y a la reticencia de las empresas estadounidenses, como Google, a trabajar con el Estado en Inteligencia Artificial, así como a los extensos debates éticos sobre tecnología.

Google, por otro lado, no estuvo disponible de inmediato para comentarios fuera del horario comercial. Como dijo Chaillan, las empresas chinas están obligadas a trabajar con su gobierno y están haciendo “inversiones masivas” en Inteligencia Artificial sin tener en cuenta la ética. En efecto, la llamada ética sería el respeto a la intimidad que, como se demuestra en mi artículo del 26 de octubre. (https://saeeg.org/index.php/2021/10/26/la-llamada-privacidad-en-internet/), es solo una quimera.

Dijo que las defensas cibernéticas de Estados Unidos en algunos departamentos gubernamentales están en “nivel de jardín de infantes”.

El 10 de octubre, el mismo día en que Chaillan hizo sus declaraciones, la República Popular China publicó un plan para promover el desarrollo estandarizado a nivel nacional en su búsqueda de un desarrollo y modernización de alta calidad.

El documento, publicado conjuntamente por las Oficinas Generales del Comité Central del Partido Comunista de China y el Consejo de Estado, proporciona detalles sobre las medidas para garantizar que el país alcance sus objetivos de desarrollo a largo plazo hasta 2035.

Con las mejoras que se realizarán en el sistema de gestión estandarizado, un modelo de desarrollo orientado a las empresas impulsado por el gobierno y el mercado, caracterizado por la participación masiva, la apertura y la integración, tomará forma en China para 2035.

Como se señala en el documento, para 2025 se realizarán reformas en el trabajo de normalización. Tanto el gobierno como el mercado contribuirán al proceso de establecimiento de normas. Todos los sectores económicos estarán cubiertos por las normas de la industria, y la cooperación internacional en el trabajo de normalización se profundizará ampliamente.

Los ecos de las declaraciones hechas por Chaillan y los recientes éxitos chinos han llevado recientemente a algunos de los nombres más importantes de Wall Street a decir que las perspectivas económicas de China “se ven más brillantes que nunca”. China es “demasiado grande para ignorarla”, como informó recientemente The New York Times.

De hecho, comprender completamente y pronosticar correctamente la economía china siempre ha sido un tema al que el mundo presta gran atención.

Durante el despegue económico de China en las últimas décadas, los rumores que predicen el colapso de China han estado casi ausentes. La economía china, sin embargo, continúa creciendo y mejorando, y su historial de desarrollo ha sido incuestionablemente impresionante. Aquellos que a menudo hablaban mal del mercado chino fueron contradichos por la realidad.

Los hechos hablan más que mil palabras. China tiene su propia forma de desarrollar su economía y ha adquirido una valiosa experiencia a lo largo de los años. Si las comunidades económicas y políticas occidentales todavía intentan interpretar la economía china sin pensar fuera de la vieja caja, o renuncian a su idea preconcebida, la economía china seguirá siendo un mito para ellos.

Con el fin de hacer que su economía crezca de manera efectiva, China ha sido capaz de mantener la consistencia y adaptarse al cambio.

Mientras el mundo atraviesa transformaciones pocas veces vistas en un siglo y, al mismo tiempo, está lidiando con la pandemia de Covid-19, China no solo ha mantenido estables sus políticas macroeconómicas, sino que también se ha preparado para construir un nuevo modelo de desarrollo y promover un desarrollo de calidad.

Como resultado, China fue la única economía importante en el mundo que registró un crecimiento positivo el año pasado y su economía creció un 12,7% en la primera mitad de este año. Estos resultados demostraron la fuerte resiliencia de la economía china e inyectaron confianza en la recuperación económica mundial.

China también ha estado dispuesta a utilizar instrumentos de política para impulsar reformas, estimular la innovación y dar un nuevo impulso al desarrollo.

China ha mejorado continuamente su capacidad de innovación científica y tecnológica, optimizado los servicios gubernamentales y estabilizado las cadenas de suministro industrial para que la economía real pueda ser mejor atendida.

Como se comentó en un artículo publicado por el principal diario de Singapur, Lianhe Zaobao, a principios de este año, “China está enfocada en hacer su trabajo. Esta no es solo la elección correcta, sino también la fuente de fortaleza para que China continúe resistiendo la presión”.

En este mundo altamente interconectado, China cree que jugar el “juego de suma cero” no es de interés para la comunidad internacional. China siempre ha estado firmemente comprometida con la apertura y la cooperación y siempre ha tratado de promover su propio desarrollo estimulando el desarrollo común de todo el planeta.

Aunque la globalización económica ha sido sometida a una dura prueba, China ha seguido uniéndose a otros en todo el mundo para construir una economía global abierta, con un compromiso aún más fuerte con la apertura. Ha implementado la Ley de Inversión Extranjera, ha abierto aún más su sector financiero de manera ordenada y ha creado plataformas como China International Import Expo y China International Fair for Trade in Services para compartir sus oportunidades de desarrollo con todos..

Más importante aún, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, la Ruta de la Seda, se ha visto cada vez más en todas partes como un camino hacia la prosperidad, la innovación, la salud y el desarrollo verde.

En todo el mundo, actualmente hay cada vez más personas que han comenzado a reconocer profundamente que el vigoroso desarrollo económico de China tiene un significado positivo para la economía global, y es impopular jugar el juego basado en las teorías de “desacoplamiento” y “amenaza de China”.

Mientras en Occidente haya quienes todavía estén obsesionados con una visión descendente del futuro de la economía de China, y confíen en su antigua forma de pensar y profundo sesgo ideológico, se demostrará que están equivocados una y otra vez.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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