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TAIWÁN SE MIRA AL ESPEJO DE LA GUERRA EN IRÁN

Roberto Mansilla Blanco*

Imagen: Xinhua/Xie Huanchi

En medio del conflicto bélico entre EEUU, Israel e Irán, el pasado 10 de abril, Cheng Li-wun, la presidente del partido Kuomintang (KMT) y líder de la oposición en Taiwán, visitaba Beijing para reunirse con el presidente de la República Popular China (RPCh), Xi Jinping, bajo la perspectiva de propiciar un clima de distensión en un momento de tensiones globales y escalada militar y bélica.

Por su parte, en Taipei, la capital taiwanesa, el gobierno de Lai Ching-te, en el poder desde enero pasado tras sustituir a Tsai Ing-wen (Partido Progresista Democrático, PPD) acentuaba la política taiwanesa de intransigencia al diálogo con Beijing pero con la atenta mirada sobre lo que estaba sucediendo en Teherán. Más allá de la dinámica del conflicto bélico y de la eficaz capacidad iraní en clave geoeconómica para tomar posición del estrecho de Ormuz, la preocupación del presidente taiwanés se enfocaba en otros aspectos más relacionados con sus sistemas de alianzas y de seguridad.

Con un Estados Unidos atascado e incapaz de derrotar militarmente a Irán, en Taipei surge una interrogante: ¿qué tan fiable es Washington para defender la soberanía taiwanesa en caso de que hipotéticamente Beijing decida realizar una acción unilateral contra la isla, similar a la invasión rusa de Ucrania en 2022?

A priori, la seguridad taiwanesa parece estar blindada por parte de Washington. Desde 1955 existe un Tratado de Defensa Mutua entre EEUU y la República de China (Taiwán), cuya vigencia persiste hasta el año 2056. En 1979, Washington aprobó la Ley de Relaciones con Taiwán que refuerza estos acuerdos.

En enero pasado, Estados Unidos aprobó un nuevo paquete de modernización militar para Taiwán valorado en US$ 11.100 millones con la finalidad de fortalecer sus defensas vía sistemas de cohetes de alta movilidad (HIMARS), misiles tácticos, artillería autopropulsada, drones, software militar especializado, misiles antitanque (Javelin y TOW), repuestos y mantenimiento para misiles antibuque Harpoon, y otros componentes logísticos.

La «balanza de poder» en Indo-Pacífico

En abril pasado, Estados Unidos firmó una alianza estratégica defensiva con Indonesia para modernizar sus capacidades militares y aumentar los ejercicios conjuntos en el Indo-Pacífico.

Esta alianza, que ha generado divisiones internas en Indonesia, implica avanzar en esquemas de cooperación militar y económica con la vista puesta en evitar que el estrecho de Malaca, estratégico para el comercio mundial y por el que transita el 25 % del transporte marítimo global, se convierta en una especie de Mare Nostrum chino que le permita a Beijing tener capacidad de influencia regional. Una clave geoeconómica similar a la que se observa con Irán en el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 15 % de las rutas energéticas y comerciales a nivel mundial; e, incluso pero más moderadamente, Rusia en la escala del mar Negro, tal y como se vio con el bloqueo ruso a la exportación de cereal ucraniano que llevó a una breve crisis alimentaria en 2023.

Visto en perspectiva geoeconómica y geopolítica, tres de las principales rutas económicas globales, los estrechos de Malaca y Ormuz así como el mar Negro, estarían bajo las esferas de influencia de China, Irán y Rusia, los tres principales rivales de Estados Unidos que conforman, con sus matices, el denominado eje euroasiático capacitado para confrontar los intereses del eje «atlantista».

Por tanto cercar por todos los medios a China es la prioridad estratégica global de Washington, con sus consecuentes influencias para aliados de Beijing como Moscú y Teherán. Y el estrecho de Taiwán es clave en este cometido geopolítico. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional adoptada por la administración de Donald Trump en diciembre pasado así lo certifica: la región del Indo-Pacífico y la creciente potencialidad de China como nuevo hegemón se erigen como las prioridades estratégicas para la Casa Blanca.

En este nuevo equilibrio de poder regional, Japón anuncia su intención de remilitarizarse y adoptar una nueva estrategia de seguridad con un enfoque más unilateral. Este escenario obviamente preocupa a China pero también a Corea del Norte. Ante el militarismo in crescendo en Asia Oriental, Pyongyang ya ha anunciado su intención de condicionar, e incluso, renunciar a cualquier esquema de reunificación en la península coreana.

El sistema de alianzas estilo balanza de poder de la Europa del siglo XIX comienza a instalarse de manera acelerada en Asia Pacífico y Oriental. La alianza AUKUS impulsada en 2021 por Estados Unidos, Reino Unido y Australia busca su expansión regional con la finalidad de contrarrestar un eje euroasiático China-Rusia-Irán-Corea del Norte capacitado para frenar el expansionismo «atlantista» en la región. Mientras Occidente acelera las sanciones contra Rusia toda vez apuesta por la militarización con horizonte 2030, Moscú ha logrado sortear estas sanciones encontrando nuevos mercados energéticos en el sudeste asiático.

Con este panorama se prevé un avance de la proliferación nuclear con mayor intensidad ante los peligros de volatilidad y conflictividad que se atisban en el horizonte del Indo-Pacífico. Potencias nucleares como Rusia, China, Corea del Norte, India y Pakistán profundizan sus estrategias defensivas. Como ha dejado entrever el Kremlin, la disuasión nuclear supone la principal garantía de soberanía y autonomía para cualquier país.

Mientras se negocia un alto al fuego entre Estados Unidos e Irán, que Washington pretende materializar previo a la cumbre que Trump y Xi realizarán a mediados de mayo en Beijing, la eficaz resistencia iraní y su capacidad para golpear objetivos estratégicos estadounidenses y de sus aliados en Oriente Medio y el Golfo Pérsico persuaden a Taiwán a estudiar todo tipo de alternativas, desde reprogramar prioridades hasta mantenerse expectante ante lo que acuerden Xi y Trump en Beijing.

Tomando en cuenta un contexto global determinado por diversos conflictos desde Ucrania hasta Irán, China y Estados Unidos muy probablemente mantendrán una posición oficial tendiente a la estabilidad. No obstante, y más allá de esta perspectiva de reducción de las tensiones, son varias las aristas que amenazan con tensionar el ambiente.

Un «estrecho» de dilemas en Taipei

En Taiwán observan una realidad de iure: son cada vez menos los países que reconocen oficialmente su legitimidad estatal, siendo en estos momentos doce países. Las elites en Taipei calculan un escenario inquietante: el riesgo de someterse a una especie de aislamiento internacional de facto ante la pérdida de reconocimiento diplomático que afecte su relevancia exterior, en comparación con el ascendente peso de la República Popular China, y cómo ello afectará la capacidad defensiva de Taiwán y su dependencia de sistemas de alianzas, particularmente de Estados Unidos.

A este contexto debe añadirse la cuestión de la identidad nacional, materia de polarizados debates que acrecientan la crispación política en Taipei. Esta división es notoria entre el gobernante PPD y la oposición liderada por el KMT, con enfoques enfrentados en lo que respecta a la relación con China. La líder del KMT, Cheng Li-wun visitará Estados Unidos en junio, lo cual puede anunciar un nuevo momento político en Taipei que condicione la posición intransigente tanto de la anterior presidenta Ing-wen como de su sucesor Ching-te, muy pendiente de lo que se trate en la cumbre Xi-Trump en Beijing.

A nivel geopolítico y de seguridad, en Taipei preocupa la concreción de intereses entre tres potencias nucleares como China, Rusia y Corea del Norte sin olvidar Pakistán e Irán, este último un aspirante a potencia nuclear. El ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi visitó Moscú y Beijing previo a las negociaciones con Estados Unidos y la cumbre Xi-Trump, una toma de contacto estratégica con sus aliados más cercanos en medio de las actuales turbulencias globales.

Más allá de la posibilidad de un entendimiento con Beijing, EEUU busca igualmente debilitar la posición china a través de diversas variables. Entre ellas destaca, hasta ahora con escasa efectividad, la creación de discordias entre India y China atizando rivalidades fronterizas. El breve incidente militar fronterizo entre Afganistán y Pakistán escenificado horas antes del ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán (28 de febrero) supone otro ejemplo de cómo el riesgo de escalada de conflictos, en este caso en pleno corazón de Asia Central, apunta a escenarios de concreción de marcos de inestabilidad regionales que igualmente definan contrariedades para el eje sino-ruso.

A finales de 2025, China ha realizado ejercicios militares navales disuasivos frente a las costas taiwanesas. Ante este contexto de volatilidad y escenarios imprevisibles, Ching-te percibe las dificultades derivadas del debilitamiento de la posición exterior taiwanesa y ante un posible escenario de “callejón sin salida” por su excesiva dependencia de Washington y su intransigente posición de iniciar un diálogo con Beijing.

Por otro lado, Li-wun y el KMT también calculan los riesgos del peligroso momento de inestabilidad mundial y cómo este contexto afectará la seguridad de Taiwán. No obstante, su óptica es distinta: apuestan por la distensión con China, el «hermano mayor» que calcula todos sus movimientos con su tradicional «paciencia estratégica».

Casi tres meses después de iniciada la guerra contra Irán con su consecuente crisis económica global, la disuasión y la táctica distensión parecen ser las tendencias que, al menos por ahora, determinarán el nivel de relación entre China y Estados Unidos. En lo concerniente a Taiwán, la disuasión ha sido clave en la reciente cumbre Xi-Trump de Beijing, tal y como lo ha manifestado el presidente chino a su homólogo estadounidense estableciendo de inmediato las «líneas rojas» con respecto al estatus de la isla. Una declaración que en Taipei toman nota de su incidencia.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG. 

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LA SEGUNDA GUERRA FRÍA

Nicolás Lewkowicz*

El espectro de la Segunda Guerra Fría ya informa todos los aspectos de las relaciones entre los estados.

La contienda entre Estados Unidos y China revela la lucha entre, 1) el concepto de globalización basado en la voluntad de generar una creciente centralización económica y política, y 2) la idea de una interconectividad internacional diferenciada por las particularidades de cada ecúmene cultural.

El objetivo de los Estados Unidos y de sus aliados es forzar a China a unirse a un sistema de estados basado en las normas económicas, políticas y culturales que emanan de la potencia que aún domina los mares y que, por ende, regula el comercio internacional.

El objetivo de China es preservar su estabilidad política en un ambiente de gran aceleración tecnológica, apelando a valores tradicionales y a un férreo control social.

La Segunda Guerra Fría estará sustentada en una tripolaridad en la cual los Estados Unidos y sus aliados circunstanciales lucharán para contener el avance de China, sobre todo en lo que se denomina el “Indo-Pacifico”, el cual fue un área de disputa entre el Imperio Británico, Francia y Japón durante buena parte de los dos últimos siglos.

China pudo haber llegado al fin del período de alto crecimiento económico. Una de las consecuencias del desplazamiento de los Estados Unidos hacia el Indo-Pacífico, fortalecido por la Alianza del Cuadrilátero con India, Australia y Japón, y el AUKUS, es una suerte de encierro naval de China.

Cercada en el Indo-Pacifico, China no tendrá otra alternativa que salir al mundo por vía terrestre y fortificando el frente interno con un discurso de altos ribetes nacionalistas. Contará con el apoyo de Rusia, con la cual comparte una larga frontera, además de un oponente común.

Esto explica el modus vivendi logrado con Rusia y la importancia de la alianza informal de Pekín con los países eurasiáticos, en el marco del Tratado de Cooperación de Shanghai.

El encierro naval de China en el Indo-Pacifico supone que el epicentro el sistema político internacional se traslada definitivamente a Asia y que Taiwán se transforma en el punto neurálgico de la Segunda Guerra Fría, así como Berlín lo fue durante la Primera Guerra Fría.

La contienda dará lugar a grandes innovaciones tecnológicas. Durante la Segunda Guerra Fría, la cuál podría durar hasta fin de siglo, habrá una transición hacia la sexta generación de innovación tecnológica, la cual supone un aceleracionismo exponencial en áreas como la inteligencia artificial y la biotecnología.

La posibilidad de un conflicto cinético es cada mas reducida, debido al gran daño que esto acarrearía. El conflicto será híbrido, constante y de baja intensidad en la mayoría de los casos. Las consecuencias de la confrontación entre los Estados Unidos y China afectarán todas las áreas de la vida humana.

No habrá linealidad en la contienda que se está configurando. Habrá ciertas desprolijidades en la forma de ejercer poder geopolítico, lo cual paulatinamente minará el poderío de las unidades dominantes del sistema político internacional.

A diferencia de la Primera Guerra Fría, la transferencia de conocimiento tecnológico será mucho más fluida. Esto otorgará a ciertas regiones del mundo la posibilidad establecer espacios de autonomía.

La Primera Guerra Fría enseña que el conflicto entre potencias nunca es disruptivo, sino que sirve para acomodar áreas de influencia.

En efecto, la rotura de las cadenas de abastecimiento, las venideras plagas cibernéticas, la proliferación de enfermedades y la misma oposición a la centralización política y económica llevarán en algún momento al resquebrajamiento del mundo globalizado tal cual lo conocemos.

¿Cómo afectara la Segunda Guerra Fría a la Argentina?

La Primera Guerra Fría impactó negativamente a la Argentina. Hay una correlación entre el ascenso de los Estados Unidos como potencia hegemónica y el declive geopolítico y económico de la Argentina.

Por ello, en principio, no hay mucho lugar para el optimismo cuando se analizan las posibles consecuencias de la Segunda Guerra Fría para la Argentina.

En una situación de conflicto creciente en las potencias de tierra (China y Eurasia) y las potencias de mar (Estados Unidos y la Anglósfera), es de esperar que Washington busque consolidar su dominio sobre el “Hemisferio Occidental”. Esto implica tener un control mucho más efectivo sobre América Latina y la Cuenca del Caribe.

Por el momento no se avizora en la clase dirigente una voluntad de trascender la idea de una Argentina insertada en el mundo post-histórico engendrado en las dos décadas que sucedieron al fin de la Primera Guerra Fría.

De todas formas, en algún momento, no sería impensable que hubiera una reacción a la idea de la Argentina como sujeto pasivo de la historia.

La Segunda Guerra Fría nos dejará un mundo mucho más balcanizado, el cual ofrecerá la posibilidad de establecer espacios de autonomía, que solamente pueden ser materializados a través de un decisionismo geopolítico de fuerte impronta.

Los países que se aferren a la idea de un “mundo feliz” y post-histórico sufrirán los embates inevitables que implica ser unidad subalterna en un sistema político internacional que diferenciará de manera mucho más marcada entre los países que detentan poder y aquellos que no.

La Segunda Guerra Fría ha llegado para quedarse. Eso supone el ocaso de la “gran ilusión” de un mundo unido por reglas comunes y en creciente ascenso económico. Vuelve a tener importancia el factor civilizacional. En un contexto de creciente conflicto, los valores culturales serán vistos cómo lo que realmente son: herramientas para negociar los vaivenes inevitables de la historia.

 

* Realizó estudios de grado y posgrado en Birkbeck, University of London y The University of Nottingham (Reino Unido), donde obtuvo su doctorado en Historia en 2008. Autor de Auge y Ocaso de la Era Liberal—Una Pequeña Historia del Siglo XXI, publicado por Editorial Biblos en 2020. 

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LOS MARES ORIENTALES DESPUÉS DE AFGANISTÁN: EL REINO UNIDO Y AUSTRALIA ACUDEN AL RESCATE DE ESTADOS UNIDOS DE FORMA TORPE.

Giancarlo Elia Valori*

En marzo de 2021, la República Popular China surgió como la flota naval más grande del mundo, superando a la Armada de los Estados Unidos. Una ventaja de alrededor de 60 barcos, que aumentará en 2024, cuando China contará con una flota de al menos 400 unidades, un objetivo ya anunciado en 2018 por el presidente Xi Jinping.

Después de la retirada infructuosa de Afganistán, los Estados Unidos anunciaron el establecimiento de una nueva alianza de cooperación de seguridad con el Reino Unido y Australia, cuya primera tarea será ayudar a Australia en la construcción de submarinos de propulsión nuclear.

Teniendo en cuenta a sus aliados, la Casa Blanca ha compartido solo la tecnología de propulsión nuclear con el Reino Unido y Australia será la próxima. Aunque los funcionarios de los tres países negaron que la nueva alianza estuviera dirigida a ningún país, los medios europeos y estadounidenses creen que la medida tiene la intención de contrarrestar el poder y la fuerza china.

Además de los submarinos de propulsión nuclear, los tres países también fortalecerán la cooperación en las áreas de tecnología de redes, inteligencia artificial y tecnología cuántica. Funcionarios de la Casa Blanca revelaron que Londres desempeñó un papel de liderazgo estratégico para alcanzar la alianza.

En La Gran Bretaña Global en una Era Competitiva. La Revisión Integrada de Seguridad, Defensa, Desarrollo y Política Exterior de marzo de 2021, que establece la estrategia geopolítica del gobierno después del Brexit y describe el papel del Reino Unido en el mundo durante los próximos 10 años, el primer ministro británico, Boris Johnson, propuso reposicionar la estrategia global del Reino Unido después del Brexit. Anunció la política exterior y de defensa, destacando que el país estaría profundamente involucrado en la región del Indo-Pacífico en el futuro.

Según un comunicado emitido por la Casa Blanca el 15 de septiembre, la alianza de seguridad entre Estados Unidos, el Reino Unido y Australia se llama AUKUS, y está diseñada para fortalecer la cooperación diplomática, de seguridad y defensa de los tres países en dicha región.

Bajo el nuevo acuerdo regional, los tres países fortalecerán aún más el intercambio de información y tecnología, así como integrarán la ciencia y las cadenas de suministro y las bases industriales relacionadas con la seguridad y la defensa.

La primera base clave del acuerdo son los Estados Unidos de América y el Reino Unido, con el objetivo de ayudar a Australia a construir submarinos de propulsión nuclear. Los tres países pasarán 18 meses discutiendo cómo implementar el plan.

Como se dijo anteriormente, antes de Australia, el Reino Unido era el único país con el que los Estados Unidos compartían tecnología de propulsión nuclear. Cabe recordar que durante la Guerra Fría, después de que la Unión Soviética lanzara el primer satélite artificial (el Sputnik 1 el 4 de octubre de 1957), los Estados Unidos y el Reino Unido firmaron un acuerdo de defensa conjunta el 3 de julio de 1958 (el Acuerdo de Defensa Mutua entre Estados Unidos y el Reino Unido) para compartir tecnología nuclear militar clave. El Reino Unido obviamente ignoró al resto de Europa, sobre la cual, incluso antes de Napoleón, le había importado muy poco, excepto como una muralla del Sur y del Este. Sin embargo, volvamos a la actualidad.

En comparación con los submarinos convencionales, los de propulsión nuclear son más rápidos; tienen mayor resistencia y capacidad de ataque y son más difíciles de detectar. Actualmente, solo seis países en el mundo cuentan con este tipo de armas: Estados Unidos, República Popular China, Rusia, Francia, India y Reino Unido.

Según el plan AUKUS, estos submarinos se construirán en Adelaida, la capital del Estado de Australia del Sur, pero la Mancomunidad de Australia no tiene industria nuclear ni los materiales fisionables necesarios. Funcionarios estadounidenses han revelado que los materiales nucleares pueden enviarse desde otros países a ese Estado federal. Los Estados Unidos y Australia ya firmaron un acuerdo en 2010, que estipula que Australia no se retractará ni aumentará la cantidad de materiales nucleares enviados al país desde los Estados Unidos, y también debe recordarse que Australia también es signataria del Tratado de No Proliferación Nuclear.

El primer ministro de Australia, Scott Morrison, sin embargo, ya ha puesto sus manos, declarando que la construcción de submarinos de propulsión nuclear no significa necesariamente la producción de armas nucleares. Hizo hincapié en que Australia no buscaba adquirir armas nucleares, ni buscaba una oportunidad en la energía nuclear civil.

Sin embargo, algunos expertos creen que la construcción de submarinos de propulsión nuclear en Australia ha comenzado mal. En una entrevista con The Washington Post, James Acton, director del programa de política nuclear de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, señaló que la medida socava gravemente el sistema de no proliferación nuclear y también podría desencadenar una carrera armamentista.

Predijo claramente que, después del precedente de Australia, Irán también podría anunciar la construcción de submarinos de propulsión nuclear: después de todo, Irán es un sujeto de derecho internacional y cosignatario del Tratado de No Proliferación Nuclear, al igual que Australia.

En el pasado, si bien la comunidad internacional podría haber rechazado esa posible solicitud iraní, con AUKUS se le dará credibilidad, a menos que el derecho internacional antes mencionado también establezca formalmente la existencia de Estados de primer y segundo rango.

A nivel político, Hugh White, un ex funcionario de defensa australiano, declaró en una entrevista con The New York Times que el movimiento de Australia no era solo construir submarinos de propulsión nuclear, sino también un ajuste estratégico para profundizar significativamente la cooperación anti-china con los Estados Unidos.

Cuando se anunció la nueva alianza de seguridad Indo-Pacífico el 15 de septiembre, el presidente de los Estados Unidos, Joseph Biden, el primer ministro británico, Boris Johnson, y el primer ministro australiano, Scott Morrison, tuvieron cuidado de no mencionar a la República Popular China.

El presidente Biden dijo que el establecimiento de la nueva alianza se utilizó para garantizar la paz y la estabilidad a largo plazo en la región del Indo-Pacífico. Los funcionarios estadounidenses enfatizaron que la cooperación trilateral no estaba dirigida contra ningún otro país, sino que fue diseñada para salvaguardar los intereses estratégicos de los tres países.

Pero ya sean los medios australianos, los medios británicos como The Guardian o los medios estadounidenses como CNN, todos están de acuerdo en que la alianza está apuntando directamente a China.

En los próximos días, el presidente Biden también se reunirá en la Casa Blanca con los líderes del “grupo de cuatro países”: Estados Unidos, Japón, India y Australia.

El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, por otro lado, dijo en una conferencia de prensa el 16 de septiembre que el respeto mutuo y la confianza son los requisitos previos para el diálogo y la cooperación entre los países.

Hizo hincapié en que la difícil situación actual en las relaciones entre China y Australia se deriva únicamente de Australia. La tarea más urgente para Australia es abordar el retroceso en las relaciones entre los dos países, así como evaluar seriamente si ve a la República Popular China como un socio o una amenaza, y por lo tanto defender sinceramente el respeto mutuo y tratarse mutuamente como iguales.

Que los principios y el espíritu de una asociación estratégica global —no sectorial dirigida contra alguien— gobiernen las relaciones entre los dos países.

En una entrevista con The Guardian, un alto funcionario de la Casa Blanca reveló que, cuando se estableció el nuevo entendimiento, el Reino Unido desempeñó el papel de mediador en todos los temas clave y fue “un líder estratégico muy fuerte”.

Cabe señalar que, en la cuestión de la retirada de las tropas del Afganistán, Reino Unido y los Estados Unidos tenían graves divergencias. El secretario de Estado británico para la Defensa, Robert Ben Lobban Wallace, criticó repetidamente a los Estados Unidos. Por lo tanto, en teoría, los Estados Unidos también pueden eludir al Reino Unido y llegar directamente a un acuerdo con Australia sobre submarinos de propulsión nuclear.

El alto funcionario de la Casa Blanca, que reveló el tema mencionado anteriormente, cree que esta vez el Reino Unido es tan activo en la alianza militar de tres naciones porque tuvo que “pagar un depósito” por la política descrita en Global Britain.

Global Britain, en sí mismo, es un concepto grandioso y vago. Según el sitio web oficial del gobierno del Reino Unido, el núcleo de Global Britain es invertir nuevamente en las relaciones del Reino Unido con otros países, para promover un orden internacional basado en reglas bien definidas y demostrar que el Reino Unido es un país bien asesorado y confiable en el ámbito internacional.

Algunos analistas creen que la Global Britain de Boris Johnson está tratando de emular la diplomacia de tres círculos de Churchill, por ejemplo, las tres áreas de influencia en la política exterior británica: el Imperio y la Commonwealth, el mundo anglosajón —en particular, la relación especial con los Estados Unidos, es decir, la estrella número 51— y Europa.

El Reino Unido utiliza su estrecha relación con el segundo círculo para actuar como un enlace entre los otros dos círculos para salvaguardar los intereses y el estatus del Reino Unido como una (antigua) gran potencia.

Mientras tanto, veamos qué piensa Francia al respecto. El embajador de Francia en Australia, Jean-Pierre Thebault, fue llamado a París el 18 de septiembre. Antes de partir, criticó a Australia por haber cometido un “gran error” en el tema de la construcción de submarinos. El embajador Thebault llegó al aeropuerto de Sydney en la noche del 18 de septiembre, desde donde tomó un vuelo para salir de Australia y regresar a Francia.

El 17 de septiembre, el Ministerio de Relaciones Exteriores francés emitió un comunicado anunciando el retiro inmediato del embajador en los Estados Unidos, Philippe Étienne, y del Embajador en Australia, el mencionado Thebault.

El comunicado afirmaba que Australia había abandonado el acuerdo de construcción de submarinos alcanzado con Francia y en su lugar había establecido una “nueva asociación” con los Estados Unidos sobre el desarrollo de submarinos nucleares, un “comportamiento inaceptable” entre los aliados.

Antes de regresar a Francia, el embajador Thebault dijo que la cancelación por parte de Australia del contrato de submarinos con Francia fue un “gran error” y que el manejo de la asociación por parte de Australia fue “muy malo”. Reveló que no se trataba solo de una cuestión contractual, sino de una cuestión de asociación basada en la confianza y el entendimiento mutuo.

El embajador Thebault reiteró que en ningún momento Australia dio a Francia ninguna señal clara de suspender el contrato pertinente. Dijo que Francia se mantuvo completamente en la oscuridad sobre los pasos dados y durante ese período muchos funcionarios australianos no solo continuaron discutiendo el proyecto con Francia, sino que también expresaron su voluntad de hacer que el proyecto fuera un éxito.

Hasta ahora no han llegado comentarios desde Australia.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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