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AMÉRICA LATINA Y LA REPÚBLICA POPULAR CHINA: LA SITUACIÓN ECONÓMICA Y DE DEUDA Y EL MALESTAR DE ESTADOS UNIDOS

Giancarlo Elia Valori*

Los países latinoamericanos no tienen relativamente buen margen para el ajuste de la política fiscal y monetaria como China y, básicamente, carecen de la capacidad de un ajuste contracíclico gubernamental. Esto se refleja principalmente en su margen de política fiscal y monetaria.

Desde un punto de vista fiscal, la capacidad tricutaria de los gobiernos latinoamericanos es generalmente débil. Los impuestos representan entre el 16 y el 18% del PIB, que es obviamente inferior al nivel del 30-35% de los países desarrollados.

En términos de política monetaria, dado que las monedas de los países latinoamericanos están directamente correlacionadas con el tipo de cambio del dólar estadounidense, la fluctuación del dólar también implica la reducción de su margen de ajuste de política monetaria. Estos países se han endeudado y recortado continuamente las tasas de interés. Por tanto, hay poco espacio para más pasos.

La Reserva Federal ha adoptado la política de flexibilización cuantitativa ilimitada que, en términos prácticos y fáciles de entender, es una de las formas no convencionales por las que un banco central interviene en el sistema financiero y económico de un Estado para aumentar la cantidad de dinero de la deuda en circulación.

Aunque el mercado de valores de Estados Unidos se desplomó varias veces, cabe señalar que el Nasdaq alcanzó un nuevo máximo. En última instancia, el dinero se ha vuelto más circulante. Sin embargo, las tasas de interés en los países latinoamericanos se han vuelto muy bajas y hay poco margen para nuevos recortes.

Al mismo tiempo, sus deudas externas también son relativamente altas. Por ejemplo, Argentina ha aprobado recientemente un plan de reestructuración de la deuda de 70 mil millones de dólares y su deuda representó más del 50% del PIB. La primera solución a la crisis de la deuda es retrasar el pago y la segunda es cancelar intereses o cancelar parcialmente la deuda. El acreedor no tiene más remedio que verse obligado a ponerse de acuerdo si una de las contrapartes no puede reembolsarlo. Este es un ciclo sin fin que, una vez aprobado el plan de reestructuración de la deuda, sólo aliviará y mitigará la crisis argentina.

La crisis de la deuda argentina ocurrió nueve veces en la historia y esta es la tercera vez en el nuevo siglo. La inflación en Argentina ha hecho que su moneda se deprecie en más del 70%. Según las estadísticas de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina, más de 12 millones de personas no tenían trabajo en América Latina en 2020. Los pobres de América Latina aumentarán de 118 a 130 millones y la gente extremadamente pobre aumentará de más de 60 millones a más de 90 millones.

Ante algunas nuevas dificultades y desafíos, tenemos que explicar y evaluar las relaciones entre China y América Latina en la coyuntura histórica actual. El desarrollo de las relaciones entre China y América Latina ha pasado de un período de crecimiento a alta velocidad a un período de crecimiento estable. El desarrollo cuantitativo y extenso se está trasladando a uno cualitativo y específico.

Inicialmente las relaciones entre China y América Latina despegaron repentinamente e incluso superaron las expectativas. En su lugar, actualmente se prefiere un enfoque constante, eficiente, estable y eficaz. La progresión ordenada de las relaciones diplomáticas y comerciales es más ventajosa que un contexto de velocidad real.

Este es especialmente el caso en el contexto de la intensificación de la competencia estratégica entre China y los Estados Unidos. La situación política en América Latina, y el mayor impacto de la pandemia Covid-19, significan que es necesario hacer ciertos cambios en las relaciones entre China y América Latina.

En primer lugar, es necesario evaluar la influencia estadounidense en las relaciones entre China y América Latina. Las relaciones sino-estadounidenses son las relaciones bilaterales más importantes, sensibles y complejas en la diplomacia china.

Recientemente, ha habido muchos cambios importantes en estas relaciones Chino-Estados Unidos, pero a menudo se pasa por alto una de ellas: desde la perspectiva de los países latinoamericanos, la relación entre América Latina y Estados Unidos es la más importante. Los intereses de China en América Latina no han superado a los Estados Unidos en términos de desarrollo político y económico.

Estos son algunos datos. En el campo de la economía y el comercio, Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de América Latina. Lo mismo se aplica a la inversión. Estados Unidos tiene una gran ventaja sobre China.

En 2017, el comercio entre Estados Unidos y América Latina superó los 760 mil millones de dólares, casi el triple del volumen de comercio entre China y América Latina. En 2019, el comercio entre China y América Latina fue de unos 270-280 mil millones de dólares, mientras que el volumen de comercio entre los Estados Unidos y América Latina fue de casi 800 mil millones de dólares.

Desde una perspectiva de inversión, la participación directa de Estados Unidos y América Latina en 2017 fue de 45 mil millones de dólares, casi el doble que la de China. Por lo tanto, los Estados Unidos superan a China en términos de comercio e inversión.

Sin embargo, beneficiándose de la ventaja del crecimiento económico de China y de la complementariedad estructural entre China y América Latina, la aceleración de la inversión económica y comercial de China en América Latina es mayor que la de los Estados Unidos. Por lo tanto, China tiene una ventaja incremental en América Latina, pero Estados Unidos goza de una primacía “equitativa”.

Por ejemplo, el presidente saliente Trump nunca ha visitado América Latina, pero esto no significa que Estados Unidos no le preste atención. Todo lo contrario. Si nos fijamos en los informes sobre las relaciones sino-latinoamericanas emitidos por los think tanks de Estados Unidos, los académicos y expertos están particularmente preocupados.

El Congreso de los Estados Unidos celebra varias audiencias sobre las relaciones sino-latinoamericanas cada año e invita no sólo a expertos locales, sino también a expertos de México, Brasil y otros países. Podemos ver que Estados Unidos concede gran importancia al desarrollo de las relaciones entre China y América Latina.

Nos preguntamos, sin embargo, por qué los Estados Unidos no han tomado posiciones políticas propagandísticas en América Latina como lo hace con China, Medio Oriente, Asia Sudoriental y el Mar de China Meridional. Esto significa que los Estados Unidos todavía confían considerablemente en la bonhomía latinoamericana, la buena naturaleza, la paciencia y la tolerancia. Los medios estadounidenses se limitan a afirmar que la influencia de China en América Latina ha aumentado y su poder blando ha mejorado pero, en general, la influencia de China en América Latina es mucho menor que la de los Estados Unidos.

Si preguntamos en Brasil qué piensan de las relaciones entre Estados Unidos y China, Estados Unidos-Brasil y Brasil-China, obtenemos las siguientes respuestas. Estados Unidos es un modelo para el desarrollo de Brasil y los valores e ideologías tanto de Brasil como de Estados Unidos están cerca. China es un importante socio comercial y de inversión para Brasil. Desde el punto de vista económico, el desarrollo de Brasil debería tratar de establecer una mejor asociación con China, pero en términos de ideología y valores, la Ciudad Prohibida está más lejos que la Casa Blanca.

Para América Latina, mantener relaciones estables con los Estados Unidos es un interés primordial. Después del brote de la pandemia covid-19 en América Latina, China —gracias a algunos de sus equipos médicos— hizo todo lo posible para ayudar a esos países a mitigar el impacto de la enfermedad. Una empresa estatal china respondió a la llamada y prometió construir un hospital con un módulo hospitalario en un centro de conferencias y exposiciones en Panamá para ayudar a los pacientes infectados, por sólo una pequeña suma de dinero del Estado.

Sin embargo, el presidente panameño Laurentino Cortizo Cohen rechazó rotundamente la propuesta. Al final, Panamá gastó 12 millones de dólares estadounidenses y construyó 100 camas de hospital y 26 unidades de cuidados intensivos, sin aprovechar la ayuda china.

El 16 de abril, Cortizo presidió la ceremonia de apertura del hospital, anunciando que era su propia decisión. Por el contrario, cuando el ex presidente panameño Juan Carlos Varela (2014-19) estaba en el poder, visitó China, y el Ministro de Relaciones Exteriores y Consejero de Estado chino Wang Yi le correspondió al viajar a Panamá.

En ese momento, el presidente Varela dijo que el proyecto histórico para la expansión de la Ruta de la Seda pasó por Panamá, al igual que el plan de 4 mil millones de dólares para expandir el canal y el ferrocarril de Panamá a Costa Rica. El nuevo Presidente en el poder, sin embargo, no ha seguido la filosofía de su predecesor, aterrorizado de disgustar a los Estados Unidos. Desafortunadamente, esta noticia no se informa en la prensa italiana.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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AMÉRICA LATINA Y LA REPÚBLICA POPULAR CHINA EN EL CAMINO HACIA LA IGUALDAD DE RELACIONES

Giancarlo Elia Valori*

Las relaciones entre China y América Latina están en un período de transición y desarrollo. Mirando hacia atrás, uno o dos años hacia adelante o mirando hacia el futuro inmediato, está bastante claro que estamos en un momento de transición. Estas convergencias se enfrentan a desafíos.

En primer lugar, la presión de los Estados Unidos. En diciembre de 2017, Estados Unidos publicó un informe sobre la estrategia de seguridad nacional, que define a China como un “competidor”. Por lo tanto, bajo la presión estratégica de Washington, hay considerables dificultades externas en las relaciones entre China y América Latina.

Luego está la cuestión interna, principalmente los cambios en la situación política en los países latinoamericanos, en particular el declive de las fuerzas progresistas, en favor de las conservadoras, así como los cambios en la economía política regional.

El tercer desafío viene de la pandemia Covid-19: las Américas se han convertido en el centro de la tormenta. Estados Unidos tiene el mayor número de personas infectadas y fallecidas (23,4 millones infectados; 389 mil muertes) y Brasil está en segundo lugar con muertes (207 mil) y tercero con infectados (10,5 millones) [datos actualizados al 15 de enero de 2021].

Volviendo al tema en cuestión, cabe señalar que América Latina es la región con una concentración de países en desarrollo y economías emergentes. El discurso difiere del continente africano. Hay 54 países allí, principalmente países en desarrollo, mientras que América Latina tiene algunos miembros en la OCDE, como Chile y México, así como la considerable fortaleza económica brasileña. Estas economías emergentes son una parte integral de América Latina y, en términos de PIB y nivel de desarrollo, son mucho más altas que África. Así que los aspectos son completamente diferentes.

China también es un país en desarrollo, pero con influencia mundial. América Latina en su conjunto está compuesta por 33 países y 12 territorios todavía bajo el talón anacrónico de los colonialistas de opereta. En total, una población de más de 640 millones de habitantes y una superficie de más de 20 millones de kilómetros cuadrados, lo que representa el 14% de la superficie terrestre mundial.

La tierra arable es un tercio de la tierra global. Los bosques son el 23% de los del planeta. Por lo tanto, a pesar de que China tiene 9,6 millones de kilómetros cuadrados y Brasil 8,5 la riqueza de recursos y condiciones naturales de Brasil son mucho mejores que las de China.

En el proceso de desarrollo de la modernización, más de veinte tipos de recursos minerales y la mayoría de los recursos de petróleo y gas necesarios para el desarrollo de industrias modernas se encuentran en América Latina. Así que el espacio geográfico de América Latina, las dotaciones naturales y la apertura cultural son la base de las relaciones entre China y América Latina.

Desde la adhesión de China a la OMC en 2001, Pekín ha participado de manera impredecible en el proceso de globalización, promoviendo un rápido desarrollo inicial de las relaciones entre China y América Latina.

Al mismo tiempo, América Latina ha sido ayudada por el auge de las materias primas. Especialmente durante la década 2003-2013; su precio se disparó y las principales materias primas de exportación y algunos productos primarios de América Latina también fueron importados por China.

Por otro lado, para obtener una imagen evolutiva del fenómeno, tenemos que preguntarnos, ¿por qué las relaciones entre China y América Latina no llegaron a este desarrollo antes de la década de 1990?

Hay que decir en primer lugar que la integración latinoamericana está relativamente rezagada. El subcontinente tiene muchas organizaciones e instituciones subregionales, pero hay una falta de coordinación general en estas áreas y no hay una plataforma de apoyo.

En segundo lugar, Estados Unidos siempre ha considerado a América Latina como una colonia de hecho, por lo que bajo la influencia de las relaciones sino-latinoamericanas de la Casa Blanca también han sido limitadas. En 2001, sin embargo, Estados Unidos lanzó la guerra en Medio Oriente y Asia, principalmente en Irak y Afganistán, y llevó a cabo ataques antiterroristas. Por lo tanto, en términos relativos, América Latina se había sido abandonada y no ocupó una posición importante en la visión del Pentágono & Co.

En este sentido, China no ha perdido esta oportunidad y rápidamente ha comenzado a desarrollar relaciones con América Latina. Al mismo tiempo, el 23 de febrero de 2010, los países de la región promovieron el nacimiento de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños; Comunidad de Estados Latino-Americanos y Caribenhos; Communauté des états américains et Latino-Caribéens) que es la mayor organización de integración regional en el hemisferio occidental. Esta organización tiene una política relativamente fuerte.

La principal manifestación es que Estados Unidos y Canadá están excluidos de ella, por lo que tiene representatividad regional e independencia política, proporcionando una plataforma para la cooperación entre China y América Latina.

Para América Latina, la CELAC también se ha convertido en una organización con la que China coopera. El presidente Xi Jinping, desde que asumió el control del país (15 de noviembre de 2012), ha visitado América Latina cinco veces. Esto no tiene precedentes en la historia de la diplomacia china. Por lo tanto, las relaciones entre China y América Latina se han desarrollado rápidamente.

2015 es vista como una etapa importante en la historia del desarrollo de las relaciones entre Beijing e Iberoamérica, cuya principal manifestación fue la creación del Foro China-CELAC, que tuvo lugar el 8 de enero en el Gran Salón del Pueblo de Beijing.

El mecanismo del Foro China-CELAC marca un período de transformación estratégica para la cooperación entre Beijing y América Latina, una transición de la explotación de terceros del territorio latinoamericano a una tendencia hacia una planificación activa en pie de igualdad.

La propuesta de la iniciativa china Franja y Ruta y una mayor conciencia del Pacífico en el lado latinoamericano han permitido que las dos partes se reúnan a mitad de camino. En la construcción del consenso, el acuerdo político se desarrolla más allá de las etiquetas de proximidad geográfica: China y América Latina se apoyan mutuamente en la planificación e implementación de proyectos de alto nivel.

En resumen, en primer lugar, la coherencia de los objetivos de desarrollo; dependiendo de la consolidación de los caminos emprendidos; en segundo lugar, la conexión orgánica de los conceptos de cooperación y el impulso industrial sostenible y, por último, el intercambio de los resultados del trabajo conjunto.

Esta es la primera vez que América Latina forma parte del área de la iniciativa china Franja y Ruta: el concepto de una comunidad de destino compartida entre China y los países de la región en igualdad de condiciones y sin el paternalismo del “destino manifiesto”. Un proyecto ya anunciado por el presidente Xi Jinping, durante un discurso sobre la construcción de una comunidad de futuro compartido en la cumbre China-CELAC, celebrada en Brasilia el 17 de julio de 2014.

Promover la cooperación significa dividirla en tres niveles: uno es regional, el segundo es subregional (Mercosur, Alianza del Pacífico, etc.); el tercero es bilateral. Tres aspectos que se llevan a cabo de manera ordenada, sin olvidar a las otras organizaciones internacionales en la zona: Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR, f. 2008), Comunidad Andina (f. 1997), Comunidad del Caribe (f. 1973), y aquellos países que tradicionalmente tienen excelentes relaciones bilaterales con China: Argentina, Brasil, Chile, México, Perú y Venezuela.

El concepto chino de cooperación se resume en beneficio mutuo y para todos, no apuntando a terceros. La cooperación entre China y América Latina es en realidad el avance de la cooperación Sur-Sur.

En la segunda década del siglo XXI, los países emergentes contribuirán cada vez más al desarrollo económico mundial. Juntos, China y los BRICS ya han contribuido con más del 50% al crecimiento económico mundial, superando a los países del G7. Esto no tiene precedentes.

La manifestación más clara del desarrollo de la globalización es que la brecha entre los países pobres y los países ricos está aumentando constantemente y los ricos son reacios a transferir la tecnología a los pobres, por lo que los países del Tercer Mundo tienen el deber de cooperar entre sí para mejorar el comercio mutuo. Se convertiría en una forma fundamental de salir de la trampa de bajos ingresos.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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LA OPORTUNIDAD, LA REALIDAD Y LOS POLITICOS. CONFLICTOS E HIPÓTESIS DE GUERRA.

Marcos Kowalski*

A guisa de ser muy reiterativos debemos afirmar que Argentina viene de un proceso de décadas de desinversión en materia de Defensa, propiciada, sin lugar a dudas por una imposición de intereses exógenos, pero más que nada por un desinterés de los políticos, de todos los partidos y sectores, a los que les tocó en suerte gobernar la administración del Estado Argentino.

Esta desinversión ha provocado una gran vulnerabilidad en las capacidades estratégicas de la Argentina, en todos sus dominios. Actualmente nuestro país carece de capacidades militares creíbles, ya que ni siquiera se privilegió el mantenimiento y fortalecimiento de los recursos que se disponían.

Pudiéndose notar que Argentina ha quedado muy relegada y desactualizada en material y avance tecnológico militar en comparación con otros países de la región y del mundo. Es evidente que la pérdida de capacidades que se ha venido gestando con los años y la falta de otras que jamás se introdujeron suponen un atraso sustancial, por lo cual salir requerirá inversión y planificación a largo plazo.

Inversión y planificación que no parecen ser en absoluto prioritarias para la casta de políticos que hoy pululan en todo el espectro partidocrático argentino y que suelen privilegiar banales proyectos contra la raíz cultural argentina, impulsadas por intereses de sectores y actores internacionales, en lugar de llevar a cabo políticas reales de proyección y de dimensionamiento de la Nación.

Estos políticos empeñados en un juego de subterfugios que a nada conducen salvo a la desintegración de nuestra ancestral cultura, poniendo en riesgo la integridad de la Nación toda, no creen necesaria la Defensa de la Nación, por ignorancia, soberbia o simplemente alineación ideológica, más preocupados por cuanto miden en una encuesta que por la grandeza de la Patria, prefieren el oro en su actualidad que el bronce de la posteridad.

Como un despropósito a propósito, desde el Señor Alfonsín, todos los gobernantes han descartado efectuar hipótesis de guerra y han ido desmantelando la política de Defensa y su apéndice más importante, el aparato militar, en un país que, recordemos, tiene un inmenso territorio y una zona económica exclusiva marítima, donde todos pescan menos los argentinos.

Tratemos en una breve síntesis de ver cómo anda el mundo desde el punto de vista de la política estratégica global, en esta era, y donde hay recrudecimientos de conflictos, así como también la probabilidad de que proliferen en toda América, incluyendo los Estados Unidos de Norteamérica.

Rusia, China y Estados Unidos están volviendo a una nueva etapa de “guerra fría”. ¿Los motivos? Varios y de diverso origen; en primer lugar, debemos observar los grandes intereses comerciales que afectan la relación de las tres potencias militares, hoy las más grandes del planeta, sus alianzas y sus áreas de influencia, en un mundo que pasa rápidamente de la globalización a la nacionalización y surgen nuevos e importantes actores.

La influencia en Europa de Alemania y sus acuerdos con los rusos para el Nord Stream 2, que es el nombre con que se conoce un gasoducto que conectará Rusia con Alemania y Europa Central y del Este a través de 1.200 kilómetros por el mar Báltico, encuentra una fuerte resistencia por parte de Estados Unidos.

Las presiones estadounidenses habían logrado suspender los trabajos desde diciembre de 2019, cuando la compañía suiza Allseas, encargada hasta entonces de la construcción del tramo submarino de Nord Stream 2, anunció su retirada definitiva del mar Báltico después de que Estados Unidos introdujera sanciones contra el proyecto gasífero. Tras un año de pausa y búsqueda de otras alternativas, al final asumió Rusia el tramo final de la obra, tal y como había adelantado que haría si no se encontraba otra solución.

Esta cuestión está implicando que buques rusos hayan retomado en aguas alemanas los trabajos. Se trata de un barco tendedor de tuberías submarinas, el “Fortuna”, que está acompañado por los buques logísticos rusos “Katun” y el “Baltiski Issledobatel” que instalará una sección de 2,6 kilómetros de tuberías en la zona económica exclusiva de Alemania, a una profundidad de menos de 30 metros.

Con este gasoducto lo que parece estar en juego es el equilibrio político y militar, aunque no es el único tema que suscita controversia. Para Europa gira, primero y ante todo, en torno a estas dos opciones, gas natural ruso a través de un gasoducto desde Siberia Occidental, o gas natural licuado (GNL) procedente de Estados Unidos mediante fractura hidráulica o por transporte marítimo, siendo éste significativamente más caro.

Europa va a seguir necesitando proveerse de ambas fuentes durante muchos años. Los gasoductos actuales como el Nord Stream 1 ya rinden a su máxima capacidad. Además, El tendido de Nord Stream 2 y su conexión a la red habilitaría técnicamente al Kremlin para reducir e incluso cortar los ingresos por importe de miles de millones que Ucrania recibe en concepto de derechos de tránsito y de los que tanto depende.

Siempre Rusia fue predecible en cuanto a la política de hidrocarburos se refiere. Hoy China, en calidad de mercado alternativo de consumo para Siberia Occidental, solo puede considerarse, de momento como una opción a largo plazo, de entrada, por motivos de distancia y, además, por los elevados costes que implicaría

Todo es muy complicado y casi todo está conectado a casi todo. El GNL estadounidense compite en los mercados con el gas natural ruso; y ambos, a su vez, con las grandes fortunas de la región del Golfo, de allí la complejidad en que ambas potencias elaboran sus hipótesis de guerra, su inquietud por arbitrar los conflictos en la región de Medio Oriente e incluso su proyección e influencia en el mar Mediterráneo.

Pero, además, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, inauguraron juntos el TurkStream, un gasoducto que transportará gas natural desde Rusia a Turquía, así como a países del sur y sudeste de Europa, tales como Bulgaria, Serbia y Hungría, que estarán entre los primeros en beneficiarse cuando la infraestructura esté completamente operativa.

En una especie de guerra del gas, Grecia, Chipre e Israel, han cerrado un compromiso para construir el llamado Estmead un gasoducto de casi 2.000 kms que permitirá llevar a Europa gas chipriota e israelí. Este gasoducto no es competencia para Rusia, ya que transportaría bajas cantidades del hidrocarburo.

En total, el Estmead se estima que podría proveer, para finales de la década, hasta un 10% de lo que hoy consume la UE y ayudar al bloque regional a ganar un margen de independencia de Rusia y Turquía, dos potencias con las que la UE ha mantenido fuertes conflictos políticos en los últimos tiempos.

Desde 1974, la isla de Chipre está dividida en dos: en el Norte, una república separatista apoyada por Turquía que el resto de la comunidad internacional no reconoce; en el Sur, la República de Chipre, un Estado miembro de la UE y cercano y aliado de Grecia,

Turquía no reconoce la República de Chipre y reclama su zona económica exclusiva en el Mediterráneo, la misma que el miembro de la UE ya abrió a exploración con licitaciones a la francesa Total, la italiana ENI, ExxonMobile y la estadounidense Noble Energy. Turquía mantiene una relación política tensa con Grecia, un aliado de la OTAN, pero un histórico rival regional y una de las principales razones por las que Ankara no ha conseguido entrar a la UE.

En el marco de esa rivalidad, Erdogan firmó un acuerdo limítrofe en diciembre pasado con el gobierno libio internacionalmente reconocido para crear una zona económica exclusiva en un corredor en el Mediterráneo que une de manera diagonal la costa de Libia con la turca, al este de la isla de Creta. Este corredor corta en dos el recorrido planeado por Israel, Chipre y Grecia para el gasoducto EastMed y, por eso, Erdogan ya advirtió que necesitarán la luz verde turca para poder construirlo.

Tenemos que decir que en los últimos tres lustros, Ankara ha invertido más de 30.000 millones de dólares en la creación de un complejo militar-industrial, que se mueve por directrices del gobierno y ya ha desarrollado tanques propios además de corbetas, helicópteros y misiles de diverso alcance y drones. Siendo el mayor cambio cualitativo en armamentos de la región; actualmente, el 70 % de las armas utilizadas por las fuerzas armadas turcas son fabricadas allí.

De esta forma, sus Fuerzas Armadas son cada vez menos dependientes de sus aliados occidentales en el ámbito técnico. Lo que también hace a Turquía más independiente política y estratégicamente En los últimos años la relación de la OTAN con Turquía, que forma parte de la misma, ha sido turbulenta, por no decir algo peor.

Preocupan la tendencia independista de Turquía y la adquisición de material ruso como el complejo de misiles escudo antiaéreo más sofisticado de Rusia, el S-400. Estados Unidos también advirtió a Ankara, en virtud de la Ley de lucha contra los adversarios estadounidenses mediante sanciones si se activa el sistema S-400. Se espera que el presidente electo Joe Biden adopte una postura más dura sobre el tema; es así como se han generado conflictos complejos de resultados impredecibles.

Pero si hay un actor que ha aprovechado la inestabilidad en Medio Oriente desde la invasión de Irak en 2003 y con la irrupción de las protestas de la llamada “primavera árabe” y la lucha contra el Estado Islámico, ese ha sido Irán. En los últimos años, la influencia iraní en la región se ha reforzado a través de una red de aliados en varios países.

Esa influencia se da en el contexto de conflictos como el de Siria o Yemen, y en la lucha contra el Estado Islámico en Irak. Es lo que se conoce como “eje de la resistencia” que, es una alianza marcadamente antiestadounidense y antiisraelí con la que Irán está reconfigurando el equilibrio de fuerzas y fortaleciendo su presencia en Medio Oriente

Además de Irán, dentro de esta alianza están Siria, el grupo Hezbolá de El Líbano, las milicias chiitas en Irak, Afganistán y Pakistán, y los hutíes de Yemen. Aunque el denominador común de estos grupos es que son chiitas, como la mayoría de la población de Irán, en el eje también se incluye un grupo sunita, el movimiento palestino Hamás, que debe su presencia en la alianza por compartir el enemigo con Irán: Israel.

Es posible que ningún país haya desafiado tanto a Estados Unidos después de la Guerra Fría como Irán, que no ha perdido oportunidad de limitar la influencia de Washington. Por eso Estados Unidos ha rodeado Irán con bases militares y sus gastos militares rondaron el doble del PIB del país persa en los últimos años. En un conflicto militar convencional, Teherán no tendría ninguna posibilidad.

Ante esto, los iraníes desarrollan una doctrina militar de disuasión basada en tres capacidades, un amplio arsenal de misiles balísticos, de crucero y anti-buque de desarrollo y fabricación propia, la amenaza de una guerra naval asimétrica, con el posible bloqueo del estrecho de Ormuz, y los lazos con grupos militantes no estatales.

En otro de los sectores calientes del planeta, está el conflicto del Mar de la China Meridional, mar que, de acuerdo con la denominación más extendida, aunque no la única, se encuentra emplazado en la región del sudeste de Asia y bordea el sur de China. Sus aguas albergan más de 400 islas, arrecifes y bancos de arena, y numerosos archipiélagos entre los que se destacan las islas Spratly y las Paracel.

El conflicto por este territorio se remonta a mediados del siglo XX, pero ha adquirido notable difusión en los últimos cinco años debido al incremento de acciones concretas de la República Popular China sobre los archipiélagos y a la respuesta político-diplomática de Filipinas en defensa de sus intereses territoriales.

Difícilmente pueda discutirse hoy en día la afirmación de que China se ha convertido en una potencia económica mundial. Lo inquietante en torno a esta aseveración es cómo este poderío económico se traducirá en poder político y, aún más preocupante, militar.

Es también indudable que sobre la base de poder económico se erigirá, eventualmente, un poderío militar con alcance regional, en primera instancia, y posteriormente global. En ese proceso, en el cual Beijing ya ha dado varios pasos firmes, se contemplan intereses estratégicos para la seguridad nacional china, como el abastecimiento energético y de recursos naturales y la defensa de los territorios reivindicados como propios.

En el caso del Mar de China Meridional se cruzan numerosas consideraciones estratégicas, energéticas y económicas, que se relacionan con la necesidad de asegurar el abastecimiento de recursos naturales y de obtener el control de la principal ruta marítima del este de Asia. Dadas estas condiciones, es de esperarse que, a menos que se alcance una resolución diplomática del conflicto que respete los intereses chinos, los enfrentamientos se intensificarán y el conflicto alcanzará una dimensión mayor con la intervención de actores extra regionales, como Estados Unidos.

También hay una escalada china en el Mar de China Oriental que linda con Japón. China está impulsando su reclamo sobre las islas Senkaku, administradas por Japón. Hasta ahora, Tokio ha reaccionado con mucha cautela, pero los últimos avances amenazan las relaciones chino-japonesas. Al parecer la estrategia china consiste en tres etapas de desgaste en el Mar de China Oriental.

La “normalización” de la presencia china en las islas, que ya ha tenido lugar debido al efecto de la habituación, cada vez más por sus propias fuerzas de seguridad, por ejemplo, mediante el amenazante acercamiento a los barcos pesqueros japoneses. Con este último paso, China estaría queriendo tomar el control completo del área. Los expertos en seguridad de Japón no esperaban que esto sucediera hasta dentro de una o dos décadas, pero ahora sucederá dentro de este decenio.

El avance hacia esta región del Mar de la China Oriental probablemente expresa la imagen fortalecida de China de ser una potencia mundial. Y el gobierno japonés es muy consciente de este desafío. En su nuevo Libro Blanco de Defensa Nacional, presenta la amenaza china a las Senkaku de manera tan aguda como nunca antes.

Para Japón, las autoridades chinas están impulsando “implacablemente” su reclamo sobre las islas y socavando lo establecido con actividades marítimas cada vez mayores. En la presentación del Libro Blanco, en julio, el entonces ministro japonés de Defensa Taro Kono dijo que una mayor intensificación podría desencadenar el uso de medios militares por parte de Japón.

Esa es la razón por la cual Japón desarrolla nuevas armas para sus fuerzas de autodefensa e intensifica su acercamiento a Estados Unidos, En ese sentido Japón fue anfitrión del “Diálogo de Seguridad Cuadrilateral” (QUAD) con Estados Unidos, India y Australia, que tiene como objetivo contrarrestar la búsqueda de poder de China en las vías fluviales y marítimas de Asia.

En este trabajo, por una cuestión de espacios, no mencionamos los conflictos puntuales que actualmente están en curso como los de Siria, Libia, República Centroafricana. Sudán del Sur, etc. donde participan facciones nacionales fuerzas extranjeras y “Compañías Militares Privadas” en un complejo entrecruzamiento de intereses en las denominadas “Guerras Proxy” aplicando diversas doctrinas como la de la guerra hibrida o la desarrollada por el General Valery V. Gerasimov.

Como se puede ver, en un mundo de controversias complejas y de muy variada dimensión, donde se producen permanentemente guerras asimétricas, híbridas e incluso moleculares, ningún país puede evadir las hipótesis de conflicto, en un mundo donde la mayoría de las naciones propenden a equiparse con materiales de guerra para afrontar las eventuales amenazas a su integridad. Ninguna nación puede quedar indiferente.

Muchos podrán decir que América del Sur está exenta de este tipo de confrontaciones, pero veremos que NO. Analicemos solo algunos de los conflictos en ciernes en la región, los tradicionales con posibilidades de derivaciones bélicas y los no tradicionales o novedosos como amenazas a las naciones que componen esta geografía.

Comenzaremos refiriéndonos a Venezuela y sus reclamos y conflictos. El primero que debemos mencionar es su controversia con la República Cooperativa de Guyana; el Esequibo es objeto de una histórica disputa territorial. Es administrada por Guyana, pero Venezuela la reclama como suya y la considera un área por delimitar. Es una zona con riqueza forestal y mineral, con abundancia de minerales de hierro y bauxita, lo que ha llevado a que Guyana haya instalado una de las principales industrias pesadas de América del sur. Asimismo tiene un gran potencial hidroeléctrico.

El conflicto se avivó en 2015, cuando la petrolera Exxon Mobil anunció el descubrimiento de un importante yacimiento en el océano Atlántico, justo en la zona que entra en el histórico diferendo territorial. Las exploraciones fueron realizadas con el aval de Georgetown y eso provocó la protesta del presidente venezolano, Nicolás Maduro.

Tras un revuelo diplomático, finalmente se decidió resolver el conflicto a través de los mecanismos de buenos oficios de la ONU, pero, de nuevo, no se llegó a una solución. Sin embargo, el gigante petrolero siguió en la zona haciendo prospecciones, que Venezuela considera ilegales, y halló más yacimientos.

Para comprender el estado de las fronteras venezolanas, es necesario tomar en consideración el amoldamiento a los intereses y estrategias geopolíticas del gobierno bolivariano, en un clima de confrontación permanente de acción y reacción. En este marco, el control militarizado de los territorios limítrofes sustituyó a las políticas públicas como forma de abordaje de las diversas problemáticas en los espacios fronterizos.

Actualmente, Venezuela comparte junto con su frontera colombiana una gran cantidad de problemas sociales y políticos, como, por ejemplo, la presencia de fuerzas guerrilleras en la línea fronteriza y la gran cantidad de contrabando ilícito que transita entre ambos estados. La frontera entre Colombia y Venezuela es una tormenta perfecta en la que proliferan grupos armados, narcotráfico y contrabando. El descontrol de ese territorio de 2.219 kms con apenas ocho pasos fronterizos y decenas de caminos informales, se agravó durante la pandemia de coronavirus.

Entre 2012 y 2020, casi 2,8 millones de venezolanos han ingresado en Colombia, según datos oficiales, a los que hay que añadir los desplazamientos pendulares diarios, en su mayoría fuera de control y que no encuentra garantías en los servicios sociales en materia de protección, acceso a salud, educación, o empleo, en Colombia Esto ha ocasionado que, desde finales del 2019, hayan ido retornando a territorio venezolano.

Es precisamente la precariedad económica uno de los elementos que agrava el cuadro general de inestabilidad. La falta de oportunidades o empleo formal es aprovechada por estructuras armadas ilegales que terminan convenciendo a la población migrante de participar en economías ilícitas, o en el peor de los casos, los convencen de ingresar a sus filas, convirtiéndose estos elementos en nuevas amenazas a la paz e integridad de ambas naciones.

Debemos puntualizar que hoy la denominada Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) está muy bien equipada. Deseoso de convertir a Venezuela en una potencia regional capaz de contrarrestar el poderío estadounidense, Chávez invirtió grandes sumas procedentes de la renta petrolera en modernizar la FANB.

Rusia fue, junto con China, el principal proveedor del armamento adquirido entonces. Durante años suministró varios modelos de aviones y helicópteros, así como tanques y unidades de artillería. La gran aportación rusa a la capacidad disuasoria venezolana fue la venta de los cazas Su-30Mk2, según los expertos, un aparato capaz de competir con los más avanzados aviones de combate estadounidenses gracias a su potencia de fuego, maniobrabilidad y prestaciones.

Venezuela, también potenció su capacidad de respuesta antiaérea; recibió tres unidades del sistema ruso S-300, otras tres del Buk M2A y once del S-125. Los misiles disparados por el S-300 VM tienen un alcance máximo de 200 kilómetros para aeronaves y 40 kilómetros para misiles balísticos.

La industria militar rusa proveyó también de tanques y unidades artilleras. La FANB adoptó además el fusil kalashnikov, quizá el arma de fabricación rusa más extendida del mundo, como su fusil reglamentario e incluso se acordó construir una fábrica de este modelo en la ciudad de Maracay.

Todo ello sin referirnos a los conflictos ideológicos que mantiene Venezuela con Estados Unidos, Colombia y Brasil; con este último con movilizaciones militares y alguna escaramuza en la frontera que comparten. Para muchos analistas esta zona de América del Sur podría convertirse en un escenario de guerra que involucraría a todo el resto de los países americanos. Recuérdese la amenaza concreta del presidente de Estados Unidos de invadir Venezuela, que por suerte no se hizo efectiva.

Si hay un país con hipótesis de guerras concretas y conocidas en esta zona del mundo, ese país es Brasil, donde, incluso, los mandos militares brasileños ven a Francia como amenaza en los próximos 20 años, según se filtró a la prensa de ese país. Brasil siempre consideró seriamente su proyección estratégica, sus avances diplomáticos a través del tiempo, Hoy es el país de América del Sur que tiene una mejor proyección militar y una industria para la defensa realmente de avanzada.

Toda la región está llena de complejos problemas de frontera como las disputas por sus límites de países como Perú y Chile, Perú y Ecuador, Bolivia y Chile, o Brasil y Bolivia. Tenemos que decir que todas las naciones involucradas en esos diferendos contemplan, para sus fuerzas armadas, hipótesis de conflicto, como puede verse al observar sus gastos y equipamientos militares, siendo Argentina el único país que, ocupado en parte de su territorio (las islas Malvinas) y del Atlántico Sur, descarta las hipótesis de guerra.

Siempre hay que repetir que desde 1983 a la fecha, la mayoría de los funcionarios políticos que fueron designados en el Ministerio de Defensa se han caracterizado por su ignorancia y desinterés en hipótesis de conflictos y en su negación por modernizar el equipamiento militar, la doctrina militar, la industria para la defensa dejando estos factores claves para la Defensa Nacional relegados en sus prioridades de gestión.

Como dato que confirma lo que decimos, el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), estableció que los recursos destinados al componente militar en Argentina en 2019 rondaron los US$ 3.143 millones, un nivel similar al que se destinaba a principios de la década de 1990. En ese mismo período el gasto militar brasileño pasó de US$ 7.000 a US$ 27.000 millones; el de Chile de US$ 1.200 a US$ 5.200 millones. Estos datos describen la desinversión del aparato militar argentino.

El factor científico y tecnológico dentro del ámbito militar no solo ha sido postergado, sino que se ha perdido y destruido en la mayor parte por desinterés de la casta política argentina. Acostumbrada a las recurrentes crisis stop and go del país, la industria de defensa nacional se muestra más como un símbolo de aspiraciones que de un conglomerado con una verdadera cuña dentro de las políticas científicas tecnológicas del país. La Industria para la Defensa debe aplicar al fin ulterior de la Defensa Nacional dentro del plano de la seguridad internacional y también convertirse en un medio para brindar beneficios de impacto social y económico que dinamice la actividad de diferentes actores internos de la vida de un país.

Otro aspecto que nunca se ha tenido en cuanta, es la doctrina de uso del aparato militar en la política de Defensa. Analizando la historia de los conflictos bélicos en el mundo, se puede concluir que la Doctrina Militar es tan importante como la disponibilidad de una gran cantidad de los mejores Sistemas de Armas o del personal militar mejor formado y adiestrado. La doctrina militar en una especie de “guía general” que sirve para estandarizar, orientar y dar cierto marco de referencia sobre qué hacer y cómo proceder ante las diversas situaciones a las cuales podría verse expuesta la organización militar. Tanto durante su entrenamiento en tiempos de paz como durante la guerra.

Si bien hay una “individualidad” en la doctrina militar de cada nación se advierte que hay ciertos aspectos que suelen ser “universales”, comunes a la mayoría de los cuerpos doctrinarios de los diversos países, esto debido a que responden a los principios esenciales del arte de la guerra. Dentro de la “doctrina militar” de un país se puede diferenciar tres niveles, a saber: la “Doctrina Militar Específica” (DME), propia de cada una de las Fuerzas Armadas; la “Doctrina Militar Conjunta” (DMC), que orienta y guía el accionar sinérgico y coordinado entre dos o más FFAA de un mismo país; y la “Doctrina Militar Internacional” (DMI), comúnmente conocida como “Combinada”, que permite la interoperabilidad entre FFAA de dos o más naciones.

A pesar de todo lo dicho hoy Argentina, tiene enfrente algunas oportunidades tentadoras. Descartada las compras lisas y llanas y en conocimiento público de la veda impuesta por el Reino Unido a productos de su procedencia para renovar el material de las FFAA argentinas, aparecen propuestas que incluyen la posibilidad de transferir tecnología y establecer centros locales de producción y mantenimiento.

A Argentina se le ofrece algo que debería haber buscado siempre en el tema de adquisiciones de equipos y que, de hecho, debemos recordar se produjo con Alemania en la década de los 70 con la producción del TAM, el Pampa, los submarinos TR-1700 y los navíos clase Meko, el Know How y la transferencia de tecnología para la producción.

Hoy es el caso de Rusia, que está muy interesada en cooperar con Argentina en materia militar y ha avanzado con múltiples propuestas que detonan la intencionalidad de crear un lazo estratégico a largo plazo con el país. Esta propuesta, el traspaso de tecnología, aunque no sea total, genera enriquecimiento del capital humano nacional, mano de obra altamente calificada, y una solución práctica para problemas engorrosos, como, por ejemplo, cuando un sistema se descompone o sencillamente, ingresa en mantenimiento. Esto acortaría los tiempos de reparación y mantenimiento, además de reducir los costos operativos.

Existe además una opción China, en un contexto parecido de traspaso tecnológico y en este caso cuenta, además, y según un reportaje reciente al Jefe de la FAA, Xavier Julián Isaac con el visto bueno de dicha fuerza, el avión JF-17, que está siendo construido por China en forma combinada con Pakistán; es una aeronave moderna y con bajo costo operativo.

En la actual escasez de medios de la Fuerza Aérea Argentina sin posibilidades de resolución a la vista, debería incentivar razones más que suficientes como para focalizarse en alternativas que permitan reponer un mínimo parque aéreo de combate en lo inmediato. Por lo que resulta imposible resistirse por estos días a la evolución del citado JF-17, especialmente cuando se lo aprecia con más que sobradas capacidades para asumir los roles que en la FAA quedaron vacantes tras la baja del SDA Mirage, así como los que se sumarán tras el inexorable y cada vez más cercano destino final de los A/OA-4AR Fighting Hawk.

Seguramente los políticos de turno hoy, seguirán dejando de priorizar la Defensa y quizás estas oportunidades, aun cuando insuficientes, relativamente factibles, no resulten tenidas en cuenta. Es que se requiere cierto conocimiento de casi todo lo público y un arte especial para gobernar. Un bien escaso, ya sea en Washington, Berlín, Bruselas o Moscú, y sobre todo en Buenos Aires. Demasiados “jefes de Estado” pero pocos estadistas.

 

* Jurista USAL con especialización en derecho internacional público y derecho penal. Politólogo y asesor. Docente universitario.

Aviador, piloto de aviones y helicópteros. Estudioso de la estrategia global y conflictos. 

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