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TIRAR CON LA PÓLVORA DEL REY

F. Javier Blasco*

“Disparar (o tirar) con pólvora del Rey” es una frase bastante antigua y de uso muy frecuente, fundamentalmente, en el ámbito político. Expresión, que se suele utilizar cuando alegremente y sin reparo, se emplean muchos recursos ajenos para cubrir cualquier necesidad social, casi siempre en busca de réditos políticos y sobre todo, si el gasto se realiza aunque suponga un gran estipendio.

Es muy frecuente y relativamente sencillo ver que muchos cargos públicos emplean dichos gastos extraordinarios, que no le son propios, en novedosas y costosas iniciativas o para cubrir exigencias no programadas. Gastos, que ni siquiera pueden salir del remanente presupuestario y que para costearlos, es necesario recurrir al patrimonio ajeno con el consiguiente costo y riesgo para los que finalmente los deben sufragar.  

Supongo que etimológicamente esta frase entró en el acervo popular porque allá en tiempos pretéritos, los reyes europeos pasaban la mayor parte del tiempo guerreando por notoriedad, envidias contraídas, cubrir ambiciones personales, buscando la expansión de sus territorios o por distraerse sin más; sin importarles el hecho de que las guerras en si mismas, así como el empleo o mantenimiento de las tropas tras ellas, nunca ha sido cosa barata y pudiera darse en caso, de que algunos incautos pensaban que era el Rey quien los costeaba de sus arcas personales, sin caer en la realidad por la que siempre es al pueblo liso y llano al que, con mucho esfuerzo y gran sacrifico personal, le tocaba rellenar dichas arcas cuando estas se quedaban vacías demasiado frecuentemente.

Esta tradición y falsa expectativa de solucionarlo todo a lo grande, muy usada antaño y por desgracia, arrastrada hasta nuestros días aunque no se guerree con tanta frecuencia e intensidad, se viene usando con mayor frecuencia, por gobiernos de izquierdas; variopintas coaliciones o asociaciones de países que por contagio o por no quedare atrás, contraen compromisos, a falta de auténticos expertos, sin evaluar sus costes reales y sin conocer el verdadero alcance de las decisiones de tipo económico, social e industrial que, por separado o en coalición, se adoptan con relativa alegría y que en breve, dada su intensidad o gravedad se vuelven contra la política adoptada como un gran y peligroso boomerang.

Es el caso de la inusitada alegría mostrada, sobre todo en Europa, por y para la adopción de drásticas y sangrientas medidas —sobre todo para el bolsillo del contribuyente— en referencia a las necesarias y obligatorias actuaciones individuales y colectivas a adoptar para “hacer frente o evitar los desastres que propicia el nocivo y creciente cambio climático por la abusiva acción del hombre” principalmente, en lo concerniente a la importante reducción en la emisión de dióxido de carbono (CO2).

Tradicionalmente, los grandes productores de este componente químico como China, Rusia, La India y EEUU y alguno más de menor entidad, se vienen resistiendo al embriagador impulso del resto del mundo en aceptar los compromisos que vienen arrastrándose de las pasadas cumbres sobre el cambio climático en Kioto, Madrid o París y algunas otras más.

Aunque algunos han cambiado un tanto su actitud, muchos, siguen sin dar su brazo a torcer totalmente dado que la alternativa al uso del carbón o el gas —en un mundo en el que queda muy bonito y progre declararse “no nuclear” y cerrar las pocas y restantes centrales de este tipo, aunque sea muy “limpia”— es realmente muy costosa, dependiente de variables e incontrolados factores climáticos (viento, sol y lluvia), claramente insuficiente para cubrir las necesidades totales, aún funcionando todas ellas al unísono y a pleno rendimiento; cosa que nunca ocurre, por lo que resultan incapaces de suplir con garantías todo lo que producen los elementos que se pretende cerrar.

En el viejo Continente, la muy joven e inexperta Europa, con la Alemania de Merkel a la cabeza (quizá para evitar que la oposición le comiera la tostada a su partido a la hora de retirarse), lleva años tirando del carro de lo verde, cerrando gran parte de sus centrales nucleares (no así en Francia) y dando pronta fecha de caducidad a las restantes centrales del mismo tipo. España, como siempre, ha sido arrastrada por la alemana modalidad.

Mientras tanto, y en espera de alguna otra alternativa en ciernes como las centrales de fisión nuclear, en algunos lugares aún se mantiene el pernicioso y costoso uso del carbón para evitar su gran dependencia de la fluctuante, tanto en cantidad como en precios, importación del gas ruso o argelino con el que enfriar sus calurosos lugares turísticos o calentar sus fríos hogares y mover su gran industria mediana y pesada.

Inicial impulso aquel, del que los alemanes ya comienzan a arrepentirse o a calcularlo algo mejor; porque, como listos y buenos calculadores que son, han echado cuentas y empiezan a temblar al ver la que en breve se les avecina para sufragar los costos de la energía por el pago del CO2 emitido según la normativa europea; aunque, para evitar entrar en una espiral de precios como en España, Italia o Portugal, ya llevan tomadas ciertas medidas sobre los grandes impuestos nacionales que la encarecen.

En España, país en el que estamos acostumbrados a la chapuza u ocurrencia del momento, al parche mediático aunque poco meditado o improvisado y a hacer las cosas mal con demasiada frecuencia, nos encontramos en este aspecto en una situación de caos y crisis total. Situación, que supone un hándicap para un gobierno que se pasó bastantes años en la oposición criticando a su antecesor porque la política energética de aquel suponía un gran desencuentro con la sociedad tras subir, en aquellos tiempos, los precios en un pequeño porcentaje y se hartó de hacer vanas promesas de corregirlos seriamente y proteger a los más necesitados de tales desmanes. Promesas, que trató de cumplir nada más hacerse con el poder y que ha olvidado por completo en menos de dos años. A fecha de hoy, y al menos en la Comunidad de Madrid, decenas de miles de familias siguen sin percibir en este 2021 una de las ayudas prometidas por el Gobierno de Pedro Sánchez, el Bono Social Térmico.

Resultado, el precio de la luz, impulsado por diversos factores endógenos y exógenos, es hoy en día cuatro veces más caro que cuando ellos prometían la arcadia energética (en estos días el megavatio llegará a los 200 euros, y al alza, en su hora punta), sube a todos por igual y no respeta ni a los ciudadanos que viven de un pequeño sueldo, una subvención o una pensión, ni tampoco a las pequeñas o medianas empresas, ni a las grandes industrias que consumen grandes cantidades de energía; por lo que incrementos tan importantes como los presentes, suponen una subida de sus precios de producción difíciles de absorber a costa de los cada vez, más reducidos beneficios de las industrias energéticas.

Por si fuera poco, a los mayores costos mencionados hay que añadir el gran incremento del coste de los derivados del petróleo (líquidos y gaseosos) lo que supone un encarecimiento indirecto de los precios de la producción de energía eléctrica y repercuten directamente en los del transporte, mantenimiento del ciclo del frio, el almacenamiento de los productos y su misma distribución. En consecuencia, el IPC sube proporcionalmente a lo anterior, lo que influye directamente en la capacidad y el nivel de consumo de los ciudadanos y a corto plazo, en los compromisos adquiridos por el gobierno para el mantenimiento del poder adquisitivo de los salarios mínimos y pensiones en próximas revisiones. 

Sufrimos un gobierno que a pesar de confesar ser socialista y comunista hasta la medula, vive de, por y para los impuestos. Allá donde atisba un resquicio de donde sacar un céntimo al ciudadano y al pequeño o al gran empresario, se lanzan a su captura incumpliendo con ello su promesa de sólo freír a impuestos a los que más tienen; hoy en día, todos sufrimos su vorágine recaudatoria y sus sucesivos zarpazos.

Ha sido precisamente en el precio a pagar por la energía (de cualquier recibo de la luz, la Hacienda pública recauda casi el 60% de su importe) y de los carburantes, que no por su valor real, donde el gobierno ha encontrado uno de sus mayores filones recaudatorios. Impuestos que, unos son heredados, otros nuevos y la mayoría como resultado de concesiones o pagos a cuenta de ofertas anteriores para imponer determinados cambios en la forma de obtener la energía.

A pesar del enorme bocado que llega a las arcas del Estado por este concepto y en lugar de reducirlos a límites más razonables, tras muchas presiones, tiras y aflojas, el gobierno ha optado por un doble juego; bajarlos temporalmente —cómo mucho hasta abril del año que viene para volverlos a recuperar trascurrida dicha fecha— y meterle un palo a los beneficios de las empresas eléctricas quitándoles una serie de ingresos (posiblemente también temporal), que por cierto, habían sido pactados con ellas hace años a cambio de diversas y costosas inversiones y modificaciones en la red para hacerla más competitiva por su actualización y mayor eficiencia.

Como todo lo que suele vendernos el gobierno y sobre todo, su presidente, no solo gira en el entorno de la mentira, casi siempre es provisional, lo suele rectificar y se encuadra en los parámetros de lo que se conoce como “el pan para hoy, pero el hambre del mañana” porque al ser temporal su aplicación, la vuelta a los mismos parámetros transcurrido cierto tiempo, supone simplemente un traslado en tiempo del mismo problema sin haberlo solucionado.

Por otro lado, toda drástica e hiriente medida adoptada contra lobbies o empresas multimillonarias, enlazadas con fuertes inversores o importantes entidades bancarias afincadas en diversos territorios con tendencia al independentismo o la autosuficiencia, legislada de forma precipitada, populista, drástica, en caliente y sin escuchar a todas las partes implicadas, puede y debe tener repercusiones inmediatas o a corto plazo en la estabilidad económica, la seguridad jurídica a futuro, e incluso, también en la estabilidad parlamentaria, dado que aquellos territorios y los partidos políticos de corte nacionalista o separatista que los gobiernan, son contrarios al interés general del Estado, muy recelosos de las empresas en ellos afincadas y hasta, como sucede en este caso, forman parte sustancial de la alcayata en la que se apoya el gobierno de la nación para seguir adelante en su mandato o para aprobar sus necesidades legislativas.

El precipitado Decreto aprobado esta semana por el ejecutivo supone un mazazo a las eléctricas  a base de recortar unos 4.000 millones los beneficios a las eléctricas y dejar de percibir las arcas de Hacienda unos 2.000 millones de euros aunque será de forma provisional, ha tenido una rápida respuesta bursátil en los dos primeros días desde su publicación; dichas compañías ya habían perdido más de 7.500 millones en su cotización.

Todos los gobiernos populistas, que gastan a manos llenas un dinero que no tienen y tiran de dicho recurso como antaño se hacía con la pólvora del Rey, acaban encontrando en esto su talón de Aquiles por lo que, tarde o temprano, los imprudentes y felices tiempos del “pan y circo” se tornan contra ellos, porque al pueblo, por muy vago, comprado o con pocas luces que tenga, cada vez pide más pan y le gusta menos el circo.

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España. Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.

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RUSIA REAPARECE EN ÁFRICA

Giancarlo Elia Valori*

Las relaciones entre Rusia y África son de larga data y siempre se han caracterizado por su versatilidad. Iban desde la ayuda humanitaria del zar Nicolás II hasta el Imperio etíope en su lucha contra Italia (finales del siglo XIX), para apoyar la liberación de Portugal de Angola, Mozambique, Guinea-Bissau, Cabo Verde y São Tomé y Príncipe (finales de los años 60-70).

En la segunda mitad del siglo XX, ingenieros y especialistas soviéticos participaron activamente en la implementación de una serie de grandes proyectos industriales en muchos países africanos. Se construyeron centrales eléctricas (presa de Asuán), plantas metalúrgicas, mineras y de procesamiento, refinerías de petróleo, empresas que fabricaban maquinaria y otros artículos importantes de la economía nacional.

¿Cómo piensa Rusia desarrollar la cooperación económica con los países africanos y qué rumbo puede seguir esta asociación en un futuro próximo?

Hoy en día, África es el líder mundial en términos de crecimiento del consumo. La agricultura, la industria química y agrotecnológica, las industrias de refinación de petróleo y extractivas, la energía y las tecnologías nucleares con fines pacíficos se están desarrollando rápidamente en África. La mayoría de los países están interesados en el desarrollo de infraestructuras y la demanda de automóviles y equipos especiales está creciendo. Las empresas rusas tienen algo que ofrecer en cada uno de estos sectores.

Un continente con una población de 1.400 millones de habitantes es comparable a China. Dentro de 15-20 años, África determinará el marco demográfico mundial e influirá significativamente en la escala de la demanda mundial de los consumidores.

Rusia, que está significativamente limitada en la dirección occidental de la actividad económica extranjera como resultado de las sanciones, está buscando nuevos mercados para sus productos, principalmente para las exportaciones. Es obvio que será prácticamente imposible para Rusia resolver estos problemas sin África.

El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso ha señalado que África sigue siendo una de las prioridades de la política exterior rusa. En un futuro próximo, sin duda es posible garantizar el crecimiento gradual de los lazos comerciales y económicos entre Rusia y los países africanos. Esto significa aumentar el número de proyectos conjuntos mutuamente beneficiosos en los campos de la energía, la agricultura, el uso de subsuelos, el desarrollo de infraestructuras, la alta tecnología y la formación del personal.

Al mismo tiempo, cabe recordar que los 54 países africanos representan el 27,98% de los escaños en las Naciones Unidas, y el apoyo político de un número tan grande de países también es extremadamente importante para Rusia.

Rusia se ha desarrollado tradicionalmente y sigue desarrollando relaciones con el Magreb y los países del sur de África. Cuatro países del norte de África, a saber, Egipto, Argelia, Marruecos y Túnez, así como la República de Sudáfrica representan más del 70% de todo el comercio con África. Si añadimos Sudán y Nigeria, el comercio ruso con África alcanza el 85%.

Además, muchos países de la región subsahariana se están desarrollando rápidamente y registran tasas de crecimiento económico muy altas. También tienen recursos naturales y económicos que podrían ser de interés para Rusia.

Una de las principales tareas de las instituciones rusas en este sentido es catalizar el comercio con los países africanos negros: hay planes de abrir agencias u oficinas de representación allí, a las que pueden acudir empresarios y ciudadanos locales si están interesados en los contactos económicos o el diálogo con sus homólogos rusos.

En 2019, la facturación del comercio exterior de Rusia con los países africanos ascendió a 16.800 millones de dólares estadounidenses, y las exportaciones a países africanos consideraron maquinaria, equipos y vehículos, productos alimenticios, productos agrícolas y productos minerales.

El resto del comercio consistía en metales, productos químicos, caucho, madera, productos de papel y minerales preciosos. África todavía se caracteriza por una amplia base de recursos de diamantes y perspectivas de nuevos descubrimientos de metales raros, lo que explica el interés de Rusia en el desarrollo potencial en esta región.

Por el contrario, en 2019 los productos alimenticios y agrícolas representaron la mayoría de las importaciones rusas (56,8%). Al mismo tiempo, la mayor parte del comercio de Rusia con los países africanos en 2019 se materializó debido a transacciones comerciales mutuas con Egipto (37,2%), Argelia (20,2%), Marruecos (7,6%), la República de Sudáfrica (6,6%), Senegal (4,3%), Túnez (3,9%), Nigeria (2,5%), Togo (2,4%), Sudán (1,6%) y Costa de Marfil (1,6%).

Entre enero y septiembre de 2020, debido a la propagación de la infección por coronavirus, la facturación comercial ruso-africana disminuyó un 20,5% en comparación con el mismo período de 2019 y ascendió a 8.900 millones de dólares.

Hoy, Rusia está dispuesta a actuar como socio de todos los países africanos en varios sectores. Estos incluyen proyectos para suministrar los últimos equipos rusos para empresas metalúrgicas y mineras, así como el desarrollo de un sistema de transporte y logística, incluyendo no sólo el suministro de material rodante para ferrocarriles, aviones y helicópteros de diversas clases y propósitos, sino también sistemas de control y seguridad para las respectivas líneas de transporte. Rusia también está interesada en participar en la creación de infraestructura energética en los países africanos —capacidades de petróleo, gas y generación, incluida la energía hidroeléctrica y nuclear—, así como en garantizar la seguridad alimentaria, desarrollar un sistema de salud y suministrar medicamentos.

Rusia no ofrece contratos individuales de exportación, sino proyectos que incluyen tanto el suministro de productos como su mantenimiento, así como capacitación para especialistas, y una posible transferencia de tecnología y localización parcial. Esto permite a los países africanos desarrollar su experiencia en una variedad de industrias.

África es actualmente uno de los mercados de ventas que atrae inversiones a largo plazo para empresas nacionales. En los últimos años, los países africanos han dado un gran salto adelante en la creación de las condiciones para el comercio en desarrollo y un clima de inversión favorable.

Las áreas y nichos prometedores para los exportadores rusos a África son el suministro de equipos de automoción terminados, así como accesorios y piezas de repuesto para maquinaria; la construcción y modernización de la infraestructura ferroviaria, y el suministro de equipos de refinación de petróleo. Al mismo tiempo, los proveedores rusos de maquinaria agrícola y los principales fabricantes de automóviles ya están trabajando en los mercados africanos.

Los proyectos de mantenimiento y modernización de las centrales eléctricas, para la producción y el transporte de petróleo, así como para la disposición de instalaciones para las industrias química y minera en África se han desarrollado con éxito. El suministro de productos agrícolas y alimentarios desempeña un papel importante en las exportaciones. Los proyectos en nuevas direcciones, como la tecnología moderna, las ciudades “inteligentes”, la educación y la salud, están empezando a desarrollarse proactivamente.

En la actualidad, los países clave en la promoción de las exportaciones sin recursos son Egipto, que representa más de un tercio del volumen de negocios comercial ruso-africano, la República de Sudáfrica, Zambia, Angola, Argelia, Nigeria y Kenia.

Desde una perspectiva estratégica, el desarrollo sostenible de los países africanos se asociará, entre otras cosas, con el pleno uso del potencial de inversión, atrayendo a empresas interesadas en ejecutar proyectos en su territorio.

La calidad de los productos de las empresas rusas cumple con los estándares internacionales. Por lo tanto, muchos líderes africanos están interesados en proyectos relacionados con la construcción de aeropuertos, centrales hidroeléctricas, escuelas y universidades, así como en el campo cultural.

Al mismo tiempo, no sólo los países de Europa occidental, los Estados Unidos y China, sino también la India, Turquía, así como los Estados del Golfo Pérsico, el Japón, la República de Corea, Israel y Brasil están mostrando un creciente interés en desarrollar relaciones con los países africanos. Por lo tanto, estas actividades de las principales potencias del mundo conducen inevitablemente a un aumento significativo de la competencia en prácticamente cada una de estas áreas. Uno de los mayores proyectos de la empresa estatal rusa Rosatom en África es la construcción de la central nuclear de Al-Dabaa en Egipto. Rosatom State Atomiс Energy Corporation es una empresa estatal rusa de energía nuclear con más de 360 empresas.

Sin embargo, esta no es la única área de interés para la empresa en la región. Rosatom, en particular, desarrolla la cooperación no energética no sólo en el sector nuclear, sino que también ofrece varias opciones para la investigación básica llave en mano, la medicina y las facilidades radiológicas.

Una de estas instalaciones es el Centro de Ciencia y Tecnología Nuclear (CNST). Rosatom ya participa proactivamente en el proyecto de construcción del CNST en Zambia. El Centro incluye un reactor de investigación, un centro de irradiación multiusos, un centro de medicina nuclear y varios laboratorios, una plataforma moderna para una amplia gama de investigación científica y aplicaciones prácticas de tecnologías nucleares.

La empresa también ve potencial en la formación del personal y proporciona una serie de becas y programas educativos. Durante los últimos cinco años ha habido un programa estatal de becas para estudiantes que deseen dominar especializaciones nucleares y de ingeniería en las principales universidades de Rusia. Cada año, a petición de Rosatom, las cuotas se asignan a representantes de países africanos.

Además, las tecnologías digitales, la inteligencia artificial y la ciberseguridad —de las que los rusos son maestros— se están desarrollando rápidamente en África. Los africanos están interesados en las tecnologías de la información rusas, en primer lugar en los servicios gubernamentales rusos, como los programas de recaudación de impuestos, las tecnologías en la nube y todo lo relacionado con los sistemas de pago en línea.

África está mostrando especial interés en los proyectos agrícolas. En particular, los países africanos están aumentando su producción de cereales y la demanda de fertilizantes está creciendo. Por lo tanto, en los últimos cinco años el volumen de consumo de fertilizantes en los países africanos ha crecido entre un 4% y un 5% anual, mientras que la media mundial es del 1,5%-2%. Hay enormes perspectivas para el mercado africano: el consumo de nitrógeno y fertilizantes fosforosos en la región es actualmente de cinco a siete veces menor que la media mundial, mientras que el consumo de potasa es entre nueve y once veces menor que la media mundial.

En los primeros nueve meses de 2020, a pesar de la pandemia, los suministros de fertilizantes de la compañía superaron los indicadores del año anterior y alcanzaron las 445.000 toneladas. En los próximos cinco años, se está considerando la posibilidad de aumentar la oferta de productos ecológicamente estándar a África, una contribución importante para garantizar la seguridad alimentaria en África, que el continente tuvo hasta la década de 1960 y luego perdió debido al neocolonialismo. Con un desarrollo gradual y sistemático del potencial de mercado, es totalmente posible que las empresas rusas tomen posiciones de liderazgo, redirijan volúmenes y prioridades de mercados más distantes y otros.

La primera Conferencia Rusia-África se celebró en Sochi los días 23 y 24 de octubre de 2019 y contó con la participación de 54 representantes africanos y con 43 Jefes de Estado. En la Cumbre, Putin hizo hincapié en que la cooperación entre las partes era de larga data y a largo plazo – y militar, añadiríamos. El nuevo punto de apoyo a la Marina rusa está en Sudán: el Tratado del 8 de diciembre de 2020, y el atraque de la fragata Almirante Grigorovic el 28 de febrero de 2021 en Puerto Sudán lo prueban.

La reaparición de Rusia en África se encuentra en pleno apogeo.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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EL MERCADO GLOBAL DE TECNOLOGÍAS ELECTROMECÁNICAS AVANZADAS

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de analogicus en Pixabay

En 2019, el último año del que tenemos datos completos, se estimó que la industria global de transformadores y tecnología similar valía 60 mil millones de dólares estadounidenses.

El mundo del futuro será cada vez más electrificado y la energía, en particular —siempre abundante— se utilizará cada vez más económica, racional y selectivamente.

Las empresas que operan en este sector trabajarán más en el futuro: no sólo con herramientas y dispositivos que utilizarán electricidad, sino con máquinas inteligentes que ahorrarán y controlarán la electricidad, protegiendo así el medio ambiente y también la humanidad.

Una doble función en el mismo dispositivo que no se encuentra en otros tipos de energía y tecnologías de movimiento y procesamiento industrial.

La electricidad —a menudo alabada por los futuristas— será la energía real del futuro: en 2050 la demanda mundial de electricidad será de 38.700 terawatts por hora, aproximadamente un 30% más que los niveles alcanzados en 2006. Un terawatt equivale a 1.012 vatios. Un vatio es igual a un joule por segundo, pero un joule es igual a la energía transferida o al trabajo realizado en un objeto cuando una fuerza de un newton actúa sobre ese objeto en la dirección del movimiento de la fuerza a través de una distancia de un metro. Finalmente, el newton es la fuerza necesaria para acelerar un kilogramo de masa a una velocidad de un metro por segundo al cuadrado en la dirección de la fuerza aplicada. Estos son algunos recuerdos de la física estudiados en la escuela secundaria que nos dan una idea de lo amplia, universal, racional y eficiente que es la tecnología electromecánica actual.

Y es por lejos la tecnología más limpia, más útil y razonable. Ciertamente está el tema paralelo de las fuentes de energía, pero el aspecto importante —al menos por el momento— es que la “fuente” se convierte rápidamente en energía eléctrica.

En Italia, también debido a las condiciones particulares relacionadas con la pandemia de Covid-19, el consumo de electricidad ha disminuido un 13%, pero las fuentes renovables de electricidad ya han superado el 50%, mientras que la demanda de petróleo ha caído un 30% (y este será el principal impulsor de las transformaciones geopolíticas del Medio Oriente) y el de metano —una energía limpia pero no renovable— en un 18%. Cabe señalar que las importaciones de electricidad se han desplomado un 70%, debido a la caída de los mercados y a un uso mayor y más eficiente, con un aumento del 7% en las importaciones de energía renovable.

Sin tener en cuenta los impredecibles ciclos de pandemia, la electricidad —sus ciclos, sus precios y sus tecnologías— está cada vez más en el núcleo de los mercados energéticos, mientras que el consumo de fuentes no renovables, vinculado a un sistema de fábricas a veces del siglo XIX —actualmente arcaico y a menudo incluso antieconómico— está disminuyendo estructuralmente. Esto es válido para Occidente, pero también para el llamado Tercer Mundo que, gracias a las tecnologías electromecánicas de vanguardia, podría evitar la fase “Manchesteriana” y máxima disipación de energía que Occidente ha experimentado desde la segunda mitad del siglo XIX casi hasta la fecha. De ahí el actual pero, sobre todo, el aumento futuro en el tamaño del mercado de transformadores y de los otros sistemas de producción/procesamiento de energía eléctrica.

Desde el llamado anillo Pacinotti, descubierto cerca de la Piazza dei Miracoli en Pisa, hasta las tecnologías actuales, la tasa de crecimiento de la eficiencia energética de los sistemas eléctricos ha sido de más del 34% por cada década desde 1950. En comparación con los demás sectores, este es un resultado realmente notable: la eficiencia de las energías no renovables ha crecido, en promedio, en un 14%, mientras que la de las energías renovables no eléctricas ha aumentado un 16% por década.

El nivel de inversión en el sector petrolero, considerando únicamente la tecnología, es incomparablemente superior a la tasa de inversión registrada para la R&D en el sector electromecánico desde 1950. Sin embargo, desde hace algún tiempo la inversión en energías renovables ha sido mayor que la inversión en energías no renovables, con una tasa de desarrollo de nuevas tecnologías que es mayor en los países caracterizados por una industrialización más reciente o menor. Esto no es extraño. Las condiciones particulares en los países en desarrollo han llevado a todos los gobiernos locales a hacer evaluaciones cuidadosas de los riesgos ambientales, energéticos, sociales y fiscales. Por lo tanto, superaremos la vieja idea colonialista y ahora irreal de un mundo en desarrollo que se opone a Occidente, compite a la baja con los costos estándar o incluso se convierte en sólo una carga para el Occidente postindustrial, un concepto arcaico de la Guerra Fría que ya no está fundamentado científicamente. En este caso, la relación entre la electricidad, su producción y su aplicación al desarrollo económico y social será fundamental.

Las innovaciones en los mecanismos de producción —mucho más allá del antiguo sistema Toyota y del procesamiento más moderno de la “isla”— sólo serán posibles mediante el uso de electricidad, que es la más “plástica” de los sistemas energéticos y, sobre todo, es válida tanto para la producción como para la comunicación, las actividades sociales, de servicio y no directamente productivas.

Todavía se puede utilizar el petróleo para alimentar una fábrica —cosas de empresarios suicidas— pero sería ridículo seguir utilizándolo para iluminar las casas. La electricidad, como tal, también se aplica a fábricas y hospitales, automóviles y trenes, así como televisores y ordenadores. De ahí la máxima flexibilidad energética pero, sobre todo, la posibilidad de utilizar las mismas tecnologías básicas también en sectores muy diferentes.

Para los reactores eléctricos de derivación, que son esenciales en el mercado electromecánico del futuro, se espera que entre 2020 y 2025 se registre una tasa de crecimiento anual compuesto (CAGR) del 6,1%. También habrá un rápido aumento de la eficiencia de los sistemas eléctricos y la necesidad de proteger las redes de picos de tensión inesperados, así como la complejidad de los nuevos sistemas de transmisión de movimiento y, por último, su fácil control contínuo. Todo indica que este mercado seguirá desarrollándose con fuerza incluso después del período de cinco años antes mencionado.

Según datos de 2019, el mercado de reactores vale 2.900 millones de dólares estadounidenses. Los impulsores de este sector son, en primer lugar, el crecimiento estable del mercado de la electricidad, la muy fuerte demanda de los usuarios de una mayor eficiencia del sistema, pero también la necesidad estructural de reducir las pérdidas en los sistemas de transmisión o en los sistemas de transmisión-distribución (T&D), así como en la tecnología de red y en los diversos sistemas de control de uso de producción para las energías renovables.

También está la expansión de la inversión (y del propio mercado) en las redes inteligentes. Esto será central en las economías posteriores al Covid-19.

Son redes eléctricas equipadas con sensores inteligentes que recogen información en tiempo real, optimizando así la distribución de energía, a menudo de forma muy considerable. Ya ha habido inversiones en redes inteligentes por sí solas por valor de 200 mil millones de dólares estadounidenses, al menos hasta este año y a partir de 2016, de los cuales 80 mil millones de dólares estadounidenses sólo en la UE, especialmente en el sector de la transmisión, pero la mayor parte de los fondos de R&D se repartirán entre los Estados Unidos y China.

Obviamente, además de las redes inteligentes y su eficiencia, el tema de los costos de instalación está siendo muy estudiado. Esto será decisivo para el despliegue de estas redes en las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES).

En cuanto a la distribución de reactores nucleares —otra cuestión clave, pero olvidada de la electromecánica, que no es en absoluto una tecnología “obsoleta”, sino siempre (obviamente) puede perfeccionarse y controlarse, precisamente con nuestras redes inteligentes y los sistemas electromecánicos descritos anteriormente— sabemos que Estados Unidos todavía tiene 95 de ellos todavía en funcionamiento, Francia 57 —un legado de la previsión de De Gaulle— China 47, España 7 y Alemania 7.

Italia no tiene nada, por supuesto. Confiamos las principales opciones energéticas de nuestro tiempo a un referéndum popular, lleno de fondos ocultos. Como dijo Gámez D’avila, “la gente no elige a los que cuidan de ellos, sino a los que los drogan”.

El mercado de la robótica también se encuentra en una fase de grandes cambios. Se espera que en 2025 el mercado global de robots industriales tenga un valor de 209.38 mil millones de dólares estadounidenses.

Sólo para dar un ejemplo de la tasa de crecimiento registrada en el sector, el año anterior las previsiones señalaron 165,26 billones de dólares estadounidenses.

En 2019, el mercado mundial de la robótica valía 62.75 mil millones de dólares estadounidenses, con un enorme CAGR para nuestros tiempos de bajo beneficio, es decir, 13,5% de 2020 a 2027.

En la lengua checa el robot significa “trabajo duro”, pero deriva de una antigua raíz eslava, rabota, que significa “esclavitud” (la etimología siempre es muy útil) y la robótica nació como la creación de autómatas que imitan el trabajo humano. Así como la Inteligencia Artificial —otra función con un impacto electromecánico muy alto— nació para hacer que una máquina imitara el pensamiento humano. No es así, de hecho, pero esto es lo que parece a los usuarios.

Podríamos decir que se trata de una idea “analógica” de la relación hombre-máquina, mientras que preveo que, en poco tiempo, seremos capaces de imaginar una conexión “digital” entre el hombre, el trabajo y la máquina —sólo para utilizar de nuevo la metáfora de la comunicación eléctrica—. En otras palabras, lo más probable es que los robots no imiten el trabajo humano en sus formas tradicionales, sino que crearán sus propios sistemas de trabajo autónomos, fuera del antiguo sistema de fábricas o de los mecanismos de trabajo que el marxismo consideraba “alienante”, es decir, la transferencia de energía y las ideas “vivas” del trabajo humano al producto “muerto”. Como idea básica, los robots nacieron de un pintor cubista checo. Con razón.

Probablemente todavía deberíamos contar la historia de cuánto el arte contemporáneo ha influido en la tecnología, también y sobre todo en el mito de la automatización.

Sólo piensa aquí en los ferrofluídos y sus composiciones dentro de un campo magnético… el verdadero nacimiento del arte óptico… pero hablaremos de esto más adelante.

La robótica nació en la década de 1960 como un proyecto, pero más tarde como una realidad industrial y finalmente como un sistema para perfeccionar las tareas y funciones humanas —en ese momento, sobre todo, en cuanto al tiempo—, pero actualmente en relación con la forma y función del producto, además de la conexión social que implica.

Mientras que el antiguo sistema de fábrica implica el mecanismo de trabajo fragmentado y dividido, vinculado a la cadena de producción, la nueva actividad del robot implica —en perspectiva— el uso de la fuerza de trabajo para las funciones de control de mando y no para el procesamiento directo del producto terminado.

Existe el riesgo de que en el futuro —como dijeron el premio Nobel Mike Spence y el economista de Barack Obama, Jason Furman— la Cuarta Revolución Industrial, que inmediatamente se hace cargo no sólo de la producción, sino también de la vida cotidiana de las personas (el uso de aplicaciones, bancos, etc.) haga rápidamente a la sociedad tan desigual que ya no permitirá la representación democrática normal y la propia supervivencia de los pobres paseos de la sociedad. La Revolución 4.0 y la globalización pueden convertirse en una mezcla tóxica para las sociedades modernas, una mezcla que podría llevarlas a olvidar no sólo el Cuarto Estado de Pellizza da Volpedo, sino también los principios sagrados de la Revolución Francesa de 1789.

Un estudio no muy reciente —aunque muy lúcido— del Instituto Global de McKinsey viene en nuestra ayuda. Analiza el impacto de la automatización del trabajo en 46 países, que representan el 80% de la fuerza de trabajo, y también en 2.000 tareas y funciones de trabajo generalizadas. La conclusión de McKinsey es que las partes del trabajo que se pueden automatizar completamente serían incluso menores que 5%.

In cauda venenum, sin embargo, el 60% de las ocupaciones se compone de actividades que pueden automatizarse, posiblemente sólo parcialmente.

Este es el verdadero mercado de la robótica para las pequeñas y medianas empresas, no el mito “cubista” de reemplazar completamente el trabajo humano en las grandes empresas. En el desarrollo de la robótica, sin embargo, lo que realmente marcará la diferencia será el hardware que, en el futuro, será tres veces la inversión en software y ocho veces el tamaño de la financiación en servicios. Como es bien sabido, los empleos de bajos salarios y poco calificados son los más responsables de la robotización. Por lo tanto, ¿cómo se puede apoyar a estas personas? Obviamente con los sistemas electrónicos, así como con la IA para volver a entrenarlos para nuevas tareas y funciones, apoyada en cualquier caso por las redes de energía modernas adecuadas para su propósito.

Fue Ernesto Rossi —economista liberal inolvidable, alumno y amigo de Einaudi— quien inventó la llamada Cassa Integrazione Guadagni (el Fondo de Redundancia) ex novo.

No es un pourboire indigno, sino un apoyo real, mientras que los trabajadores estaban siendo capacitados en nuevas tecnologías de fábrica.

En la época de Ernesto Rossi, los ciclos tecnológicos duraban unos diez años. Actualmente, dependiendo del sector, duran como máximo dos años. Este es el verdadero problema, que debe ser resuelto con la misma imaginación que la de Ernesto Rossi.

Por cierto, en lugar de hablar de bonificaciones, esto habría sido necesario no hace dos años, sino hace cinco años.

Y aquí la sociedad está realmente cambiando: pronto Amazon podría hacer que su tecnología Amazon Go esté disponible, por lo que la venta al por menor sólo será posible para muy pocas tiendas.

La furgoneta de reparto Ford F ahora incluye un solo robot que transporta paquetes desde el vehículo hasta la puerta del destinatario.

ABB ya ha instalado más de 400.000 robots industriales que, según los mejores cálculos, se supone que sustituirán a otros 400.000 trabajadores.

En un futuro próximo habrá camareros robóticos, cafeterías “inteligentes”, aunque obviamente los camareros de algunos hoteles del centro siempre tendrán sus clientes leales.

Aquí estamos hablando del bajo perfil de servicio y calidad.

Por lo tanto, el Cuarto Estado de Pellizza da Volpedo ¿ya no funciona? Lo veremos en el futuro. ¿Quién repara, actualiza, limpia, ordena y organiza robots? No absorberemos completamente la fuerza de trabajo actual expulsada de las antiguas líneas de montaje de Manchester y Ford, pero mucho será posible.

Teniendo en cuenta los tipos de interés muy bajos —casi irracionales— y los grandes sectores maduros de la economía, con un valor añadido muy bajo para los trabajadores con tareas repetitivas, así como una nueva masa de patentes en IA (y en tecnologías electromecánicas), es bastante obvio que el capital de riesgo va directamente a la automatización.

Los puestos de trabajo en sectores esenciales que ahora se pueden automatizar son 50 millones en todo el mundo occidental, con una participación actualmente incalculable también en los países en desarrollo.

La reducción salarial planificada podría valer 1,5 billones de dólares estadounidenses. Hasta aquí los incentivos estatales: aquí el capital se dirige rápidamente a la automatización y, por lo tanto, a la electrificación inteligente y tecnológicamente segura de redes, incluidos transformadores, derivaciones, redes inteligentes y sensores eléctricos inteligentes.

 

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia. 

Artículo exclusivo para SAEEG y traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

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