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EL MERCADO GLOBAL DE TECNOLOGÍAS ELECTROMECÁNICAS AVANZADAS

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de analogicus en Pixabay

En 2019, el último año del que tenemos datos completos, se estimó que la industria global de transformadores y tecnología similar valía 60 mil millones de dólares estadounidenses.

El mundo del futuro será cada vez más electrificado y la energía, en particular —siempre abundante— se utilizará cada vez más económica, racional y selectivamente.

Las empresas que operan en este sector trabajarán más en el futuro: no sólo con herramientas y dispositivos que utilizarán electricidad, sino con máquinas inteligentes que ahorrarán y controlarán la electricidad, protegiendo así el medio ambiente y también la humanidad.

Una doble función en el mismo dispositivo que no se encuentra en otros tipos de energía y tecnologías de movimiento y procesamiento industrial.

La electricidad —a menudo alabada por los futuristas— será la energía real del futuro: en 2050 la demanda mundial de electricidad será de 38.700 terawatts por hora, aproximadamente un 30% más que los niveles alcanzados en 2006. Un terawatt equivale a 1.012 vatios. Un vatio es igual a un joule por segundo, pero un joule es igual a la energía transferida o al trabajo realizado en un objeto cuando una fuerza de un newton actúa sobre ese objeto en la dirección del movimiento de la fuerza a través de una distancia de un metro. Finalmente, el newton es la fuerza necesaria para acelerar un kilogramo de masa a una velocidad de un metro por segundo al cuadrado en la dirección de la fuerza aplicada. Estos son algunos recuerdos de la física estudiados en la escuela secundaria que nos dan una idea de lo amplia, universal, racional y eficiente que es la tecnología electromecánica actual.

Y es por lejos la tecnología más limpia, más útil y razonable. Ciertamente está el tema paralelo de las fuentes de energía, pero el aspecto importante —al menos por el momento— es que la “fuente” se convierte rápidamente en energía eléctrica.

En Italia, también debido a las condiciones particulares relacionadas con la pandemia de Covid-19, el consumo de electricidad ha disminuido un 13%, pero las fuentes renovables de electricidad ya han superado el 50%, mientras que la demanda de petróleo ha caído un 30% (y este será el principal impulsor de las transformaciones geopolíticas del Medio Oriente) y el de metano —una energía limpia pero no renovable— en un 18%. Cabe señalar que las importaciones de electricidad se han desplomado un 70%, debido a la caída de los mercados y a un uso mayor y más eficiente, con un aumento del 7% en las importaciones de energía renovable.

Sin tener en cuenta los impredecibles ciclos de pandemia, la electricidad —sus ciclos, sus precios y sus tecnologías— está cada vez más en el núcleo de los mercados energéticos, mientras que el consumo de fuentes no renovables, vinculado a un sistema de fábricas a veces del siglo XIX —actualmente arcaico y a menudo incluso antieconómico— está disminuyendo estructuralmente. Esto es válido para Occidente, pero también para el llamado Tercer Mundo que, gracias a las tecnologías electromecánicas de vanguardia, podría evitar la fase “Manchesteriana” y máxima disipación de energía que Occidente ha experimentado desde la segunda mitad del siglo XIX casi hasta la fecha. De ahí el actual pero, sobre todo, el aumento futuro en el tamaño del mercado de transformadores y de los otros sistemas de producción/procesamiento de energía eléctrica.

Desde el llamado anillo Pacinotti, descubierto cerca de la Piazza dei Miracoli en Pisa, hasta las tecnologías actuales, la tasa de crecimiento de la eficiencia energética de los sistemas eléctricos ha sido de más del 34% por cada década desde 1950. En comparación con los demás sectores, este es un resultado realmente notable: la eficiencia de las energías no renovables ha crecido, en promedio, en un 14%, mientras que la de las energías renovables no eléctricas ha aumentado un 16% por década.

El nivel de inversión en el sector petrolero, considerando únicamente la tecnología, es incomparablemente superior a la tasa de inversión registrada para la R&D en el sector electromecánico desde 1950. Sin embargo, desde hace algún tiempo la inversión en energías renovables ha sido mayor que la inversión en energías no renovables, con una tasa de desarrollo de nuevas tecnologías que es mayor en los países caracterizados por una industrialización más reciente o menor. Esto no es extraño. Las condiciones particulares en los países en desarrollo han llevado a todos los gobiernos locales a hacer evaluaciones cuidadosas de los riesgos ambientales, energéticos, sociales y fiscales. Por lo tanto, superaremos la vieja idea colonialista y ahora irreal de un mundo en desarrollo que se opone a Occidente, compite a la baja con los costos estándar o incluso se convierte en sólo una carga para el Occidente postindustrial, un concepto arcaico de la Guerra Fría que ya no está fundamentado científicamente. En este caso, la relación entre la electricidad, su producción y su aplicación al desarrollo económico y social será fundamental.

Las innovaciones en los mecanismos de producción —mucho más allá del antiguo sistema Toyota y del procesamiento más moderno de la “isla”— sólo serán posibles mediante el uso de electricidad, que es la más “plástica” de los sistemas energéticos y, sobre todo, es válida tanto para la producción como para la comunicación, las actividades sociales, de servicio y no directamente productivas.

Todavía se puede utilizar el petróleo para alimentar una fábrica —cosas de empresarios suicidas— pero sería ridículo seguir utilizándolo para iluminar las casas. La electricidad, como tal, también se aplica a fábricas y hospitales, automóviles y trenes, así como televisores y ordenadores. De ahí la máxima flexibilidad energética pero, sobre todo, la posibilidad de utilizar las mismas tecnologías básicas también en sectores muy diferentes.

Para los reactores eléctricos de derivación, que son esenciales en el mercado electromecánico del futuro, se espera que entre 2020 y 2025 se registre una tasa de crecimiento anual compuesto (CAGR) del 6,1%. También habrá un rápido aumento de la eficiencia de los sistemas eléctricos y la necesidad de proteger las redes de picos de tensión inesperados, así como la complejidad de los nuevos sistemas de transmisión de movimiento y, por último, su fácil control contínuo. Todo indica que este mercado seguirá desarrollándose con fuerza incluso después del período de cinco años antes mencionado.

Según datos de 2019, el mercado de reactores vale 2.900 millones de dólares estadounidenses. Los impulsores de este sector son, en primer lugar, el crecimiento estable del mercado de la electricidad, la muy fuerte demanda de los usuarios de una mayor eficiencia del sistema, pero también la necesidad estructural de reducir las pérdidas en los sistemas de transmisión o en los sistemas de transmisión-distribución (T&D), así como en la tecnología de red y en los diversos sistemas de control de uso de producción para las energías renovables.

También está la expansión de la inversión (y del propio mercado) en las redes inteligentes. Esto será central en las economías posteriores al Covid-19.

Son redes eléctricas equipadas con sensores inteligentes que recogen información en tiempo real, optimizando así la distribución de energía, a menudo de forma muy considerable. Ya ha habido inversiones en redes inteligentes por sí solas por valor de 200 mil millones de dólares estadounidenses, al menos hasta este año y a partir de 2016, de los cuales 80 mil millones de dólares estadounidenses sólo en la UE, especialmente en el sector de la transmisión, pero la mayor parte de los fondos de R&D se repartirán entre los Estados Unidos y China.

Obviamente, además de las redes inteligentes y su eficiencia, el tema de los costos de instalación está siendo muy estudiado. Esto será decisivo para el despliegue de estas redes en las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES).

En cuanto a la distribución de reactores nucleares —otra cuestión clave, pero olvidada de la electromecánica, que no es en absoluto una tecnología “obsoleta”, sino siempre (obviamente) puede perfeccionarse y controlarse, precisamente con nuestras redes inteligentes y los sistemas electromecánicos descritos anteriormente— sabemos que Estados Unidos todavía tiene 95 de ellos todavía en funcionamiento, Francia 57 —un legado de la previsión de De Gaulle— China 47, España 7 y Alemania 7.

Italia no tiene nada, por supuesto. Confiamos las principales opciones energéticas de nuestro tiempo a un referéndum popular, lleno de fondos ocultos. Como dijo Gámez D’avila, “la gente no elige a los que cuidan de ellos, sino a los que los drogan”.

El mercado de la robótica también se encuentra en una fase de grandes cambios. Se espera que en 2025 el mercado global de robots industriales tenga un valor de 209.38 mil millones de dólares estadounidenses.

Sólo para dar un ejemplo de la tasa de crecimiento registrada en el sector, el año anterior las previsiones señalaron 165,26 billones de dólares estadounidenses.

En 2019, el mercado mundial de la robótica valía 62.75 mil millones de dólares estadounidenses, con un enorme CAGR para nuestros tiempos de bajo beneficio, es decir, 13,5% de 2020 a 2027.

En la lengua checa el robot significa “trabajo duro”, pero deriva de una antigua raíz eslava, rabota, que significa “esclavitud” (la etimología siempre es muy útil) y la robótica nació como la creación de autómatas que imitan el trabajo humano. Así como la Inteligencia Artificial —otra función con un impacto electromecánico muy alto— nació para hacer que una máquina imitara el pensamiento humano. No es así, de hecho, pero esto es lo que parece a los usuarios.

Podríamos decir que se trata de una idea “analógica” de la relación hombre-máquina, mientras que preveo que, en poco tiempo, seremos capaces de imaginar una conexión “digital” entre el hombre, el trabajo y la máquina —sólo para utilizar de nuevo la metáfora de la comunicación eléctrica—. En otras palabras, lo más probable es que los robots no imiten el trabajo humano en sus formas tradicionales, sino que crearán sus propios sistemas de trabajo autónomos, fuera del antiguo sistema de fábricas o de los mecanismos de trabajo que el marxismo consideraba “alienante”, es decir, la transferencia de energía y las ideas “vivas” del trabajo humano al producto “muerto”. Como idea básica, los robots nacieron de un pintor cubista checo. Con razón.

Probablemente todavía deberíamos contar la historia de cuánto el arte contemporáneo ha influido en la tecnología, también y sobre todo en el mito de la automatización.

Sólo piensa aquí en los ferrofluídos y sus composiciones dentro de un campo magnético… el verdadero nacimiento del arte óptico… pero hablaremos de esto más adelante.

La robótica nació en la década de 1960 como un proyecto, pero más tarde como una realidad industrial y finalmente como un sistema para perfeccionar las tareas y funciones humanas —en ese momento, sobre todo, en cuanto al tiempo—, pero actualmente en relación con la forma y función del producto, además de la conexión social que implica.

Mientras que el antiguo sistema de fábrica implica el mecanismo de trabajo fragmentado y dividido, vinculado a la cadena de producción, la nueva actividad del robot implica —en perspectiva— el uso de la fuerza de trabajo para las funciones de control de mando y no para el procesamiento directo del producto terminado.

Existe el riesgo de que en el futuro —como dijeron el premio Nobel Mike Spence y el economista de Barack Obama, Jason Furman— la Cuarta Revolución Industrial, que inmediatamente se hace cargo no sólo de la producción, sino también de la vida cotidiana de las personas (el uso de aplicaciones, bancos, etc.) haga rápidamente a la sociedad tan desigual que ya no permitirá la representación democrática normal y la propia supervivencia de los pobres paseos de la sociedad. La Revolución 4.0 y la globalización pueden convertirse en una mezcla tóxica para las sociedades modernas, una mezcla que podría llevarlas a olvidar no sólo el Cuarto Estado de Pellizza da Volpedo, sino también los principios sagrados de la Revolución Francesa de 1789.

Un estudio no muy reciente —aunque muy lúcido— del Instituto Global de McKinsey viene en nuestra ayuda. Analiza el impacto de la automatización del trabajo en 46 países, que representan el 80% de la fuerza de trabajo, y también en 2.000 tareas y funciones de trabajo generalizadas. La conclusión de McKinsey es que las partes del trabajo que se pueden automatizar completamente serían incluso menores que 5%.

In cauda venenum, sin embargo, el 60% de las ocupaciones se compone de actividades que pueden automatizarse, posiblemente sólo parcialmente.

Este es el verdadero mercado de la robótica para las pequeñas y medianas empresas, no el mito “cubista” de reemplazar completamente el trabajo humano en las grandes empresas. En el desarrollo de la robótica, sin embargo, lo que realmente marcará la diferencia será el hardware que, en el futuro, será tres veces la inversión en software y ocho veces el tamaño de la financiación en servicios. Como es bien sabido, los empleos de bajos salarios y poco calificados son los más responsables de la robotización. Por lo tanto, ¿cómo se puede apoyar a estas personas? Obviamente con los sistemas electrónicos, así como con la IA para volver a entrenarlos para nuevas tareas y funciones, apoyada en cualquier caso por las redes de energía modernas adecuadas para su propósito.

Fue Ernesto Rossi —economista liberal inolvidable, alumno y amigo de Einaudi— quien inventó la llamada Cassa Integrazione Guadagni (el Fondo de Redundancia) ex novo.

No es un pourboire indigno, sino un apoyo real, mientras que los trabajadores estaban siendo capacitados en nuevas tecnologías de fábrica.

En la época de Ernesto Rossi, los ciclos tecnológicos duraban unos diez años. Actualmente, dependiendo del sector, duran como máximo dos años. Este es el verdadero problema, que debe ser resuelto con la misma imaginación que la de Ernesto Rossi.

Por cierto, en lugar de hablar de bonificaciones, esto habría sido necesario no hace dos años, sino hace cinco años.

Y aquí la sociedad está realmente cambiando: pronto Amazon podría hacer que su tecnología Amazon Go esté disponible, por lo que la venta al por menor sólo será posible para muy pocas tiendas.

La furgoneta de reparto Ford F ahora incluye un solo robot que transporta paquetes desde el vehículo hasta la puerta del destinatario.

ABB ya ha instalado más de 400.000 robots industriales que, según los mejores cálculos, se supone que sustituirán a otros 400.000 trabajadores.

En un futuro próximo habrá camareros robóticos, cafeterías “inteligentes”, aunque obviamente los camareros de algunos hoteles del centro siempre tendrán sus clientes leales.

Aquí estamos hablando del bajo perfil de servicio y calidad.

Por lo tanto, el Cuarto Estado de Pellizza da Volpedo ¿ya no funciona? Lo veremos en el futuro. ¿Quién repara, actualiza, limpia, ordena y organiza robots? No absorberemos completamente la fuerza de trabajo actual expulsada de las antiguas líneas de montaje de Manchester y Ford, pero mucho será posible.

Teniendo en cuenta los tipos de interés muy bajos —casi irracionales— y los grandes sectores maduros de la economía, con un valor añadido muy bajo para los trabajadores con tareas repetitivas, así como una nueva masa de patentes en IA (y en tecnologías electromecánicas), es bastante obvio que el capital de riesgo va directamente a la automatización.

Los puestos de trabajo en sectores esenciales que ahora se pueden automatizar son 50 millones en todo el mundo occidental, con una participación actualmente incalculable también en los países en desarrollo.

La reducción salarial planificada podría valer 1,5 billones de dólares estadounidenses. Hasta aquí los incentivos estatales: aquí el capital se dirige rápidamente a la automatización y, por lo tanto, a la electrificación inteligente y tecnológicamente segura de redes, incluidos transformadores, derivaciones, redes inteligentes y sensores eléctricos inteligentes.

 

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia. 

Artículo exclusivo para SAEEG y traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

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ANTÚNEZ, BARCELÓ, KREINER: “NO HAY FUTURO EN ABANDONAR NUESTRA HISTORIA NUCLEAR”

Antúnez, Barceló, Kreiner*


Dr. Andrés Kreiner, Secretario General de APCNEAN

Ing. José Luis Antúnez, ex presidente de NA-SA

Dr. Gabriel Barceló, Instituto de Energía Scalabrini Ortiz

El 23 de julio la India comunicó al mundo la primera fisión nuclear sostenida de su nueva central KAPP 3 en Kakrapar, estado de Gujarat. Es su primera unidad derivada del modelo CANDÚ con 700 MW de potencia, y el premier Narendra Modi anunció que vienen otras 3 iguales, a comisionarse en 2021, 2022 y 2023.

Estas 4 máquinas indias se parecen enormemente a una que deberíamos haber empezado a construir en 2015, Atucha III, que se canceló en 2018, y que en un cronograma normal de obra, estaría entrando en línea a principios de 2021. Y todas ellas, las centrales indias y la que no hemos construido en Lima, provincia de Buenos Aires, son similares a nuestra central de Embalse, en Córdoba, que entró en operaciones en 1983. Son todas máquinas de uranio natural y agua pesada con tubos de presión, un diseño canadiense llamado genéricamente CANDÚ.

Hemos escrito y hablado mucho sobre ese grave error en el que algunos argentinos se obstinan: querer abandonar esta línea tecnológica de centrales, la única que dominamos. Nos negamos a abandonarla no sólo porque la dominamos bien. Tampoco únicamente porque Embalse ha sido por lejos (y sigue siendo) nuestra mejor central nuclear de potencia. Ni siquiera porque en un ránking mundial de disponibilidad y seguridad, está entre las mejores del mundo.

Defendemos esta ingeniería porque garantizaría miles de puestos de trabajo argentino de calidad, dinamizaría a una parte importante de la actividad industrial (en particular, la de muchas PyMES), y minimizaría la erogación en divisas. El uranio natural es sustitución de importaciones en el campo de la tecnología nuclear.

Especialmente alzamos nuestra voz después de mayo de 2018, cuando el gobierno macrista canceló la construcción de Atucha III CANDÚ, que sería casi idéntica a Embalse, sólo que más potente y moderna.

Al dar de baja este proyecto, que ya tenía resuelto el diseño básico, el suministro nacional de componentes e incluso atada la financiación, el macrismo tiró por la borda más de 50 años de grandes esfuerzos e inversiones mil millonarias en dólares. Es significativo que esto ocurrió al mismo tiempo que la firma del acuerdo con el FMI.

El problema del agua pesada

Planta Industrial de Agua Pesada, Arroyito, Neuquén, la mayor del mundo en su tipo

Una de las acciones más deletéreas en este contexto fue la destrucción del plantel especializado de la PIAP (Planta Industrial de Agua Pesada) en Arroyito, Neuquén. Con jubilaciones anticipadas y otros sistemas de despido encubiertos, se echó a más de 350 trabajadores y profesionales expertos de la misma.

La PIAP es hoy la mayor unidad del mundo en su tipo, también la más moderna, y no es un lujo. La necesitamos para reponer el agua pesada de nuestras centrales: las 3 que tenemos operativas precisan este insumo para reponer el que se pierde. Pero también necesitamos agua pesada para proveer a los reactores de investigación que exporta INVAP.

Sin embargo, en estos últimos tiempos “pasaron cosas” y siguen pasando. Necesitamos alertar a la sociedad de que están por perderse activos conseguidos con el esfuerzo de tres generaciones de argentinos.

Hemos escuchado con frecuencia aseveraciones de que la tecnología del tipo CANDU de agua pesada y uranio natural, como la de Embalse, es “anticuada, obsoleta y en desaparición, algo que nadie va a usar en el futuro”. Veamos si la realidad soporta este responso.

Existen hoy en el mundo 44 Reactores de este tipo en funcionamiento en las redes eléctricas de —por orden alfabético— la Argentina, Canadá, Corea, China, India y Rumania, integrantes del CANDU Owners Group, o COG.

El diseño CANDU prevé una vida útil de treinta años e incluye la posibilidad de una extensión de vida de por lo menos otros treinta años. En esta reconstrucción, llamada también “retubado”, lo esencial es el cambio de los tubos del reactor. En este tipo de ingeniería los tubos de presión sustituyen (con igual seguridad y menor costo) el enorme recipiente de presión típico de las centrales nucleares de uranio enriquecido.

Complejo nuclear de Kakrapar, donde la India acaba de inaugurar su primera CANDU de ingeniería propia con 700 MW de potencia

Retubar una CANDU es una operación más compleja que construirla desde cero, pero permite incorporar mejoras y modernizaciones de eficiencia, seguridad y disponibilidad. El procedimiento cuesta entre un tercio y una cuarta parte de lo que sale una obra nueva recién terminada, se hace en 2 o 3 años, y la central resultante dura otros 30 años.

Fogoneadas por esta economía, varias CANDU que ya cumplieron su ciclo de vida inicial de 30 años de funcionamiento hicieron extensión de vida útil por retubado. Entre ellas, estuvo nuestra central de Embalse, que completó esta reconstrucción en 2018 y hoy equivale a una central nueva, con 30 años operativos por delante, pero con más seguridad operativa y un 6% extra de potencia.

Desde el año 2000 a la fecha 13 CANDU totalmente nuevas entraron en servicio y hoy están operativas: China instaló 2, Rumania 1, India 10. Entre tanto, hubo 7 extensiones de vida: Canadá hizo 6, Argentina 1. Esto da un total de 20 centrales con vida operativa asegurada hasta el 2030 y el 2050.

Estos muy respetables países nucleares han invertido y siguen invirtiendo sumas considerables en construcción o retubado de centrales CANDU, y planean utilizarlas por lo menos hasta la mitad de este siglo.

10 centrales tipo CANDU indias de 700 MW en obra y planes, además de KAPP 3 y 4

Pero además de estas 20 plantas, dichos países tienen construcción nueva en obra: hay 3 centrales CANDU en progreso en la India, más 12 en fase de planeamiento: China con 2 e India con 10 más. Los cronogramas indican que éstas estarán en funcionamiento hasta fines del siglo XXI.

 Por lo expuesto, que la tecnología CANDU sea anticuada, obsoleta y esté en desaparición es una triple mentira. Se cae con sólo leer el diario. 

Otro motivo de vida para las CANDU

Las 2 unidades CANDU en Qinshan, China. Las 2 próximas quemarán combustibles tipo MOX

China tiene en operación dos centrales CANDU y quiere añadir más a medida que crezca su flota de reactores de uranio enriquecido de tipo PWR y BWR. ¿Por qué? La CANDU es un excelente “postquemador” del uranio enriquecido usado previamente —pero no agotado— en esas centrales. Este proceso ya está validado y redunda en una excelente economía integrada del ciclo de combustible.

En este nuevo enfoque una flota de 4 o 5 centrales de uranio enriquecido utilizarán una CANDU en común para esta suerte de “ciclo combinado”: el 1% de uranio enriquecido que la flota no logró quemar en su primera fisión se combina con los actínidos que se generaron en un tipo de combustible llamado MOX, o de óxidos mixtos.

Quemando MOX, en lugar de uranio natural “virgen”, los CANDU se vuelven entonces, además de una fuente de energía, un modo inteligente de disminuir tanto en volumen y en radioactividad como en vida media los residuos nucleares.

La impresionante flota china de reactores de uranio enriquecido suma ya 46 unidades y sigue creciendo. Esto explica el porqué del reciente acuerdo de China con Canadá para agregar dos nuevas unidades CANDU a las dos en funcionamiento.

En cuanto a Canadá, sus razones para extender la vida útil de sus propias unidades CANDU son obvias. Son autores y dueños de esa tecnología, y tienen la mayor flota CANDU del mundo: 19 plantas en funcionamiento. Duplicar la vida útil de cada una es una inversión mucho menor que la de construir nuevas unidades, y un excelente negocio.

¿Por qué razón los países agrupados en el COG siguen interesados en continuar con esta tecnología, pese a que reciben todo tipo de presiones y/o tentaciones para abandonarla? Aparte de todo lo dicho, porque atribuyen valor estratégico a la mayor virtud del uranio natural: da soberanía y autodeterminación energética, y genera mucho desarrollo industrial en los países que no dominan el enriquecimiento de uranio.

Nada mejor que este ejemplo reciente de la vida real para demostrarlo: la primera criticidad de KAPP-3 en la India, ese otro gigante asiático, con sus 1.350 millones de habitantes. Esta central es una adaptación local del diseño CANDÚ y la primera que la India logra llevar a los 700 MW, por ahora el límite de diseño de potencia para las unidades individuales que queman uranio natural. La India hizo esto sola, únicamente con sus científicos, sus tecnólogos y su industria.

La India inició ese camino en 1964 cuando contrató con los Estados Unidos dos centrales del tipo BWR (Boiling Water Reactor). Estas son máquinas de uranio enriquecido y agua liviana. Su diferencia con los PWR (Pressurized Water Reactor), bastante más comunes, es que en los BWR el vapor para la turbina se genera directamente en el recipiente de presión del reactor.

Aquella compra de 2 BWR de150 MW incluía en contratos la provisión de combustible durante la vida de las centrales. Ambos reactores se pusieron en funcionamiento en 1969 y —típico de compras llave en mano— con bajo contenido industrial local.

Decidida la India a probar también la tecnología alternativa de uranio natural y agua pesada, en 1965 contrató con Canadá la provisión de dos centrales de tipo CANDU de 220 MW. Para dominar totalmente esta tecnología, instaló también sus primeras plantas de producción de agua pesada. La primera unidad CANDU india entró en servicio en 1972 y fue construida con alto grado de contenido local.

En 1974 la India realizó pruebas subterráneas de explosivos nucleares, lo cual le ganó sanciones inmediatas de los países proveedores nucleares. Los Estados Unidos cancelaron unilateralmente el contrato de provisión de combustible de uranio enriquecido para las dos centrales que se encontraban en funcionamiento y prohibieron toda exportación de materiales sensibles a la India.

Canadá, por su parte, retiró toda colaboración para el segundo reactor CANDU que se encontraba en construcción, así como toda otra exportación de tecnología nuclear a India. Pero India ya comenzaba a dominar la ingeniería CANDU y la fabricación de sus componentes y, más importante aún, ya fabricaba agua pesada en forma local. La planta de fabricación de agua pesada es a la central de uranio natural lo que la de enriquecimiento de uranio es a la central de uranio enriquecido. Dicho de otro modo: sin agua pesada, una central de uranio natural no lograría siquiera entrar en criticidad.

Por lo tanto, en 1974 la India decidió no preocuparse por el combustible de las 2 BWR compradas a Estados Unidos. Más adelante obtuvo uranio enriquecido de Francia, Rusia y China para estas dos pequeñas unidades, que hoy ya no funcionan. En cambio, se concentró en el desarrollo propio y soberano de sus propias centrales de uranio natural y agua pesada, adaptaciones locales del diseño básico CANDU.

Es así como la India terminó su segunda CANDU sin ayuda canadiense y a seis años de iniciado el bloqueo. Desde entonces no paró jamás de construir centrales de este tipo con recursos propios. Hoy, 44 años más tarde, suman 17 unidades funcionando, lo que habla de un esfuerzo sostenido en el tiempo con gran determinación.

En estas cuatro décadas pasaron muchas cosas entre las naciones y los bloques de naciones. Hoy la India, a pesar de que siguió desarrollando armas atómicas, tiene tratados de cooperación nuclear con quienes la bloquearon en 1974 y con muchas otras naciones. Entre ellas, está la Argentina.

Efectivamente, en 2012 suscribimos un Acuerdo de Cooperación para los pacíficos de la energía nuclear con ellos, asunto que nuestra cancillería hizo dentro de un marco internacional. En 2009, la India había firmado un acuerdo para la aplicación de salvaguardias e inspecciones con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Este sujeta a inspección por esta agencia de las Naciones Unidas todas las instalaciones nucleares civiles de la India.

En el año 2002 la India, siempre haciendo pie firme en su base de centrales de uranio natural, volvió a comprar 2 máquinas de uranio enriquecido: contrató con Rusia la provisión de dos centrales de 1000MW de tipo PWR. En este tipo de plantas, el vapor de turbina se genera fuera del recipiente de presión. Ambas entraron en criticidad en 2013 y 2016 respectivamente. En 2017 la India contrató con Rusia dos PWRs más, que hoy están en construcción.

La incorporación de 4 centrales de uranio enriquecido, sin embargo, no modificó la decisión de la India, tomada hace casi medio siglo, de que la columna vertebral de su sistema nucleoeléctrico la formaran plantas de uranio natural. Los números del país son claros:

  • Centrales operativas: 17 CANDU y 2 PWR 2
  • Centrales en construcción: 3 CANDU y 2 PWR
  • Centrales planeadas: 10 CANDU y 2 PWR

Conclusión: mal momento para no producir agua pesada

El hielo de agua pesada… es pesado: no flota en agua común. Y el agua pesada líquida cuesta U$ 700.000 por tonelada. Suele ser una exportación argentina.

Nuestra Planta Industrial de Agua Pesada se compró para un programa CANDU de varias centrales, que nunca se pudo cumplir. Además de suministrar la carga inicial de una CANDU totalmente argentina, podría luego proveer de agua pesada a algunos de los 13 nuevos reactores CANDU de la India, además de reponer fluido para los 17 operativos hoy.

Para ello tenemos el marco legal creado por el Acuerdo de Cooperación firmado por ambos países en 2012. Y es seguro que este insumo, traccionado por la demanda, va a faltar en el mercado mundial.

La historia del bloqueo sufrido por la India y cómo pudo neutralizarlo ejemplifica claramente que la línea de uranio natural es la mejor defensa ante boicots de uranio enriquecido. Nuestra propia historia también: cuando en 1981 la CNEA logró su primera exportación de un reactor nuclear a Perú, Estados Unidos nos aplicó un bloqueo de uranio enriquecido que pudo haber parado no sólo nuestras exportaciones, sino los reactores que funcionaban en Argentina, entre ellos el RA-3 de Ezeiza, única fuente de radiofármacos para miles de pacientes cardíacos y con cáncer en Sudamérica.

Si Atucha I hubiera sido una central de uranio enriquecido, en 1981 Buenos Aires podría haber entrado en un apagón interminable.

Dominar el uranio natural de ninguna manera quiere decir que, tal como lo ha hecho la India, una vez consolidada esta cadena de valor y como país autónomo y soberano, la Argentina no pueda encarar sin apuro el dominio de la tecnología de uranio enriquecido. Eso se estableció en el Plan Nuclear 2014 formulado por el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Pero que nos lancemos, como se está proponiendo hoy, a la tecnología de uranio enriquecido en forma exclusiva, y que al mismo tiempo hagamos desaparecer, por abandono de la PIAP y de todo plan CANDU, nuestras capacidades nacionales autónomas en uranio natural, es extremadamente peligroso.

Si en el futuro los países que dominan el enriquecimiento de uranio nos armaran un boicot de combustible, nos encontraríamos en una situación extremadamente complicada. Todas nuestras máquinas PWR quedarían paralizadas por dictamen externo, y estaríamos impedidos de la única vía para continuar con nuestro desarrollo nucleoeléctrico por decisión propia.

Por otro lado, la política internacional en cuestiones de enriquecimiento de uranio la dirige el Nuclear Suppliers Group, o NSG. Esta controlado por los países con capacidad de enriquecimiento, y su política siempre fue desalentar a los países que traten de alcanzar esa capacidad.

Todo desarrollo en ese sentido —ver el caso de Brasil— se ve sistemáticamente obstaculizado, tanto desde el bloqueo de la adquisición de equipos especializados, como por medio de otras formas abiertas o encubiertas de presiones internacionales.

Mal momento para no leer los diarios

La cavidad de confinamiento magnético del ITER, donde el deuterio y el tritio deben fusionarse por compresión magnética

Para saber que el agua pesada no es un asunto del pasado, alcanza también con leer en los diarios que en estos días entró en fase de ensamblaje el proyecto ITER. La palabra “iter/itineris” significa “el camino” en latín. Y el nombre se adecua bien al más ambicioso proyecto de producción de energía en el mundo de hoy.

En el sur de Francia, 35 naciones colaboran para construir la máquina de fusión termonuclear más grande del mundo. El aparato funcionará por confinamiento magnético, y trata de demostrar la factibilidad de la fusión a gran escala como una fuente de energía libre de emisiones de carbono.

La física subyacente es parecida a la que suministra la energía del sol o de otras estrellas: fusionar por compresión núcleos de isótopos del hidrógeno (deuterio y tritio). Se abre la posibilidad de producir enormes cantidades de electricidad y o calor termonuclear sin el problema de la gestión definitiva de los residuos radioactivos, el mayor problema de licenciamiento social de las centrales actuales de fisión.

De modo que mientras 35 países se disponen a construir el aparato que generará la mayor demanda de deuterio, nosotros estamos dejando decaer en chatarra la mayor planta de concentración de deuterio del mundo. Que es la PIAP de Arroyito, Neuquén.

Y justo cuando está por iniciarse una demanda mundial de tritio, queremos terminar con las únicas centrales nucleares del mundo que lo producen: las de uranio natural. No sabemos quién está tomando ambas decisiones. A la luz de lo expuesto, no parecen ser las más apropiadas.

La campaña experimental que se llevará a cabo en ITER es crucial para avanzar la ciencia de la fusión y preparar el camino para las futuras plantas de fusión de mañana. Se perfilan como fuentes inagotables de energía limpia que resolverían para siempre el problema energético de la humanidad.

Puede ser que el resultado práctico sea un poco menos glorioso, pero apunta a un cambio de paradigma energético para el cual decenas de países han estado trabajando, ya por su cuenta o asociados, durante 70 años. En algún momento llegará el éxito técnico, y bien podría ser éste, porque además de 7 décadas de experiencia acumulada hoy hay 35 socios.

Miles de ingenieros y científicos han contribuido al diseño de ITER desde que surgió la idea de un experimento internacional en 1985. Los miembros más importantes de ITER son China, la Unión Europea, India, Japón, Corea, Rusia y Estados Unidos. Hace 35 años que están comprometidos en una colaboración para llegar al diseño de un reactor nuclear de demostración. Y la construcción empieza ahora.

Nuestra Argentina podría ser proveedora o quizás socia de este proyecto. Puede aportar tres cosas que ya tiene: deuterio, tritio y materia gris. De hecho por lo menos una empresa argentina, CONUAR, está proveyendo tecnología para ITER.

Mientras el mundo avanza con proyectos que tienen en su centro al agua pesada nosotros nos estamos “dando el lujo” de dejar morir nuestra PIAP.

 

* Ing. José Luis Antúnez – Ex. Presidente NA-SA

Dr. Gabriel N. Barceló – Instituto de Energía Scalabrini Ortiz,

Dr. Andrés J. Kreiner – Secretario General APCNEAN

 

Nota original publicada el 06/08/2020 por AGENDAR https://agendarweb.com.ar/2020/08/06/antunez-barcelo-kreiner-no-hay-futuro-en-abandonar-nuestra-historia-nuclear/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CUANDO EL VIRUS NOS HAYA CORONADO

Juan José Santander*

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

El panorama de fondo es la globalización.

Por panorama de fondo entiendo varios aspectos:

El fondo es como las radiaciones que llegan desde los confines del universo y se atribuyen a las estrellas o astros más viejos o más jóvenes según se vea, recordándonos los rasgos propios del pasado: remoto, inmutable y vigente, constituyendo una continuidad hasta el hoy del presente. Lo que a la vez evoca Die Eule der Minerva de Hegel con su eco en Machado:

Nunca es triste la verdad,

lo que no tiene es remedio

O las perspectivas que aparecen hacia el horizonte tras el sitio de los personajes centrales en la pintura del renacimiento europeo, lo que también cabe a la idea de panorama.

O el bajo continuo en los tratados tradicionales de la música occidental, que determina la configuración de la armonía y guía las voces superiores; más o menos lo que hace la perspectiva desplegándose pero con superposición simultánea de los elementos. Es interesante recordar el nombre que recibe (siglos XVI y XVII) en España: ‘pedal’ —probablemente por el teclado de pedales del órgano— y en Inglaterra: ‘ground’, o sea suelo, ya que manifiesta la sensación de base y apoyo, tal que aunque no se oyera seguía tácitamente determinando el conjunto del acorde, y en cuanto a apoyo, recordemos que la cuerda más grave de la guitarra (también desarrollada en esos siglos) es la bordona, femenino de ‘bordón’ que es el cayado o bastón en que se apoyan los peregrinos en su marcha.

Estas aparentes digresiones apuntan a afianzar la idea de lo que significa fondo en este contexto.

La globalización no es nueva; las de mayor alcance planetario considero que son dos: la época llamada de los Descubrimientos que coincide aproximadamente con el Renacimiento europeo y el siglo XIX, incrementándose sobre todo en su último tercio, también aproximadamente.

Ha habido globalizaciones anteriores: la expansión e influencia del Imperio Romano, la del Islam, y a ambas se las circunscribe al decir que lo son ‘del mundo conocido’. Precisamente ahí está la singularidad de la globalización actual: nunca antes la globalización abarcó e implicó el conocimiento de sucesos lejanos inmediatamente y a efectos prácticos, en tiempo real.

Este saber qué pasa y dónde ahora mismo determina contraposiciones y contrastes a los que el ver simultáneamente confiere una fuerza de impacto intelectual y emocional de una vigencia y fuerza desconocidas por el hombre hasta el presente, teniendo al mismo tiempo en cuenta que ese ver y ese saber dependen para su elaboración por las personas de los rasgos de su cultura, formación, posición social y la propia sociedad tanto en la que vive como en la que fue criado y pueden no ser las mismas, por una parte y, por otra, a que el desarrollo de los medios de comunicación permiten no ser sólo espectador de lo que sucede y vemos que sucede sino también compartir nuestra opinión con otros salvando barreras de distancia, de cultura y hasta de idiomas.

En este marco panorámico con la globalización de fondo surge el corona virus.

Recordemos que ya Eric Hobsbawm, en su Historia del siglo XX y en sus últimas reflexiones y análisis deja planear, a partir de la excepcional e históricamente novedosa —nunca antes registrada— bonanza de los ’70 del siglo pasado —más acentuada en los países llamados occidentales— la amenaza de una reiteración de la crisis de 1929. Y es precisamente con ese episodio que se compara la situación actual. Para Hobsbawm, el crash se origina en la caída sucesiva y provocada en cadena de los intercambios comerciales, al modo del derrumbe de un castillo de naipes, que es precisamente también lo que empieza a columbrarse desde el inicio de la pandemia.

Pasaré revista a ciertos aspectos conflictivos que ya estaban presentes al momento de la aparición del virus y sobre los que éste ha actuado a mi entender como catalizador.

– Finanzas

La crisis financiera de 2008/9 puso en evidencia, a través del escándalo de las hipotecas ‘sub-prime’ lo artificioso y enteléquico de los manejos financieros. El despegue de las realidades económicas que comienza con la introducción del papel moneda que inventó, precisamente para financiarse, la Revolución Francesa y que a través de innovadores métodos cibernéticos de contabilidad en los que los montos son registros que se truecan y transfieren cada vez con menos apego a un fundamento real de valor ha llegado a alcanzar un nuevo culmen —que no será probablemente el último que experimentemos— excepto que una circunstancia imprevisible, como el sacudón que las consecuencias prácticas, efectivas, que en la economía real ha tenido la aparición y difusión hasta ahora imparable —salvo el poco halagüeño horizonte de todos contagiados por ende inmunizados y, diría Bécquer, ‘qué solos se quedan los muertos’— del virus provoque una transformación profunda cuyos rasgos y alcances estimo serán tan imprevisibles como su origen.

Otro aspecto importante de las finanzas es su incidencia en el ámbito bursátil, es decir, donde se manejan y establecen las cotizaciones de los productos y servicios —i.e., su precio— y el valor de las empresas que los producen y ofrecen al mercado. Esta incidencia suele asumir los mismos rasgos ya señalados de divorcio de la realidad entre lo financiero y lo económico, con el agravante crucial de que en este caso afecta directa y a veces perversamente la valoración de la riqueza real, concreta, del trabajo y su producto. Lo que inevitablemente afecta el comercio de esos bienes, cuestión decisiva en las actuales circunstancias.

– Petróleo

Desde 1973/4 el precio del petróleo cobró una resonancia que no tenía en el ámbito internacional. Luego, dos novedades surgieron a partir del alza de ese precio: una, que muchos yacimientos tradicionales se volvieron rentables, como los del Mar del Norte, seguida de otra que fue el desarrollo técnico que permitió explotar los esquistos a través del ‘fracking’, aún más costoso que el anterior pero vuelto rentable por la mencionada alza. La otra es el desarrollo de fuentes alternativas, como los biocombustibles, por un lado y, por otro, las energías renovables: solar, eólica entre otras. De momento, los productores de petróleo a la antigua siguen teniendo primacía porque sus yacimientos les permiten aumentar su producción arrastrando los precios abajo y también porque las industrias que necesitan de esa energía no se han convertido masivamente al uso de esas ‘nuevas energías’ Por otra parte la agotabilidad del viejo recurso ha llevado al resurgimiento de viejos combustibles ya casi abandonados si no olvidados y mucho más contaminantes, como el carbón, y también a que los productores tradicionales —v.gr. Arabia Saudita— se planteen seriamente la necesidad imperiosa de obtener la mayor ganancia en el menor plazo posible, habida cuenta, además, que el horizonte temporal de agotamiento del recurso y/o de su rentabilidad no se cuenta en siglos sino en décadas. La disrupción de las economías y de los intercambios que ocasiona el virus agrega un matiz dramático a estos dilemas, de suyo preocupantes.

Cabe distinguir, por otra parte, el caso de los biocombustibles que, o dedican a la circulación de vehículos muchas veces de placer, productos que podrían ir a la alimentación o, con un efecto igualmente perverso, dedican tierras laborables a cultivos que cumplen ese propósito de ersatz energético restándolas a las dedicadas a producir alimentos. Todo esto para mantener una industria sobre la que el horizonte del agotamiento de las fuentes de combustible hasta ahora utilizadas cuelga su espada de Damocles. Y no tiene remedio, nos recuerda Machado.

Párrafo aparte merece la explotación del hidrógeno, el elemento más abundante en el universo conocido, pero cuya tecnología por costo y sofisticación no ha logrado arraigar —o no se ha permitido que arraigara— en el consumo energético y de combustible con alcance mundial, siendo que constituiría la fuente más barata y menos contaminante de las disponibles a la fecha. Es válido a mi entender preguntarse si el tumulto actual le brindará una oportunidad en el futuro subsiguiente.

– Energía nuclear

Más allá de los desaguisados técnicos del siglo pasado en EEUU y la URSS, un acontecimiento tan imprevisible como el virus sucedió en Fukushima en Japón, manifestando una cierta fragilidad aleatoria en la seguridad de las instalaciones nucleares. No obstante ello, debe considerarse que no es una fuente de energía insegura, si se toman los debidos recaudos, y también que es capaz de un desarrollo del que la explotación de petróleo y gas es incapaz o ha alcanzado su límite, a más del plazo de agotamiento del recurso impostergable por medios técnicos. Pero esta percepción de inseguridad ha determinado un repliegue del uso de esta fuente de energía, cuyo único inconveniente serio es la disposición de sus desechos. Asimismo, la mala prensa que este recurso ha recibido tanto desde el punto de vista de la contaminación —salvo desastres como los señalados y la cuestión de los desechos, menor que en el caso del carbón, el gas natural y el petróleo— como desde el ángulo de la posibilidad del desarrollo armamentístico de esta tecnología —caso Israel-EEUU vs Irán— y los recelos y percepción de riesgos que genera, han arrinconado casi con un sesgo de obsolescencia las posibilidades de utilización práctica y eficiente de la energía nuclear, cuyos usos, recuérdese, abarcan incluso técnicas médicas y terapéuticas entre otras.

– Cambio climático

Como hemos visto tanto en cuanto al petróleo como a la energía nuclear, la cuestión de la contaminación resulta central y en algunos casos decisiva según las políticas que se adopten al respecto. En tal sentido, es indudable —me parece megalomanía pretender sacar de la galera una nueva era geológica y denominarla, en nuestro honor o más bien deshonor, ‘antropoceno’: las consecuencias de la aparición del virus lo muestran de modo palmario— el impacto de la producción de gases de efecto invernadero sobre el clima del planeta es evidente y de continuar así como hasta ahora, catastrófico. Curiosa y singularmente, una de las implicaciones que para la vida cotidiana trajo el virus, como son la cuarentena y la brusca restricción de desplazamientos, generalmente en vehículos propulsados por alguna de las energías mencionadas, han traído consigo una notable disminución de esas emanaciones contaminantes con un resultado manifiesto en una mayor diafanidad del aire en las ciudades o del agua en ríos y lagos, por ejemplo. Es decir que el daño y el impacto nocivo de la contaminación sobre el medio ambiente se demuestra casi como un teorema. Espero que no ensayemos demostrarlo por el absurdo.

Agua

Además de lo que ya se sabía y venía viendo en cuanto a la posibilidad de una escasez de agua potable e incluso simplemente de agua no contaminada ni salobre, el virus viene a plantear la cuestión paladinamente: aparte del aislamiento físico de las personas, la principal prevención conocida y fehaciente contra el virus consiste en la medida higiénica decimonónica (Semmelwiss, Viena, 1846) de lavarse las manos concienzudamente con jabón. Frente a esto, el acceso al agua limpia se vuelve una cuestión de vida o muerte que agrava la del mismo acceso a agua potable, indispensable para la vida, virus o no virus.

Algo tan inocuo y espiritual, intelectual y emocionalmente —¡tan de moda!— como el golf —por lo de competir consigo mismo— supone un consumo de agua para riego de los ‘links’ que se resta —como esas tierras de cultivo destinadas a producir combustibles— a cultivos generadores de alimentos, cuando no ya al consumo de agua de la población —recuerdo escándalos en Fez, Marruecos, por una circunstancia de esta índole a principios de este siglo. Y esto es sólo uno de tantos ejemplos, como el desperdicio de agua, y de alimentos, por la población de las sociedades llamadas desarrolladas.

Pongamos esto en el contexto de tener agua para lavarse las manos y resulta patéticamente lamentable y vergonzoso para la condición humana.

– Intercambios comerciales

Precisamente es éste el clavo donde más duro ha pegado el martillo del virus. A la manera de los naipes mencionados, montemos un parate en la producción determinado por las cuarentenas sobre la necesidad de aplicar recursos a la atención médica de los contagiados y a la prevención del contagio, agreguémosle encima la carta de la interrupción de los intercambios sosteniéndose sobre la de la supresión de desplazamientos, buscando dónde colocar las de la caída brusca del consumo y la de la ociosidad de las ofertas de servicio —exceptuadas aquellas electrónicas—, el as del caos financiero que se insinúa y… se nos cae el castillo, ¡con lo bonito que era!

Parábolas aparte, la situación requiere una seriedad, rigor de pensamiento y análisis y sobre todo, previsión, que en todo el mundo parece que brillan por su ausencia, como ha evidenciado el avance de la pandemia que no deja de recordar a cuando un chico desaprensivamente patea el montículo de un hormiguero. No creo que las hormigas se dediquen a echarse culpas entre ellas, pero sí —y ahí está el parecido— aplican aquello de chacun pour soi et Dieu pour tous.

Y no se diría el momento de —lo han demostrado todos los credos suspendiendo o reduciendo al mínimo los participantes de sus ritos o cibernetizándolos— pensar que Dios va a ayudarnos, si es que existe y le preocupa, si no nos ayudamos nosotros. Entre nosotros.

– Demografía y migraciones

Entretanto, y antes de la irrupción de la pandemia, la demografía ya indicaba tendencias que en unos años o a lo sumo a mitad de este siglo modificarían radicalmente la distribución poblacional en el planeta, con una mengua para prácticamente la totalidad de los países más poderosos y desarrollados, incluyendo a Europa, Rusia y Japón y la excepción de EEUU, fruto principalmente de flujos inmigratorios. Como es de esperar de seres humanos, todos queremos progresar y trataremos de hacerlo —ubi bene ibi patria— en el sitio, país, región, que más posibilidades ofrezca; es decir que es de esperar que esa mengua poblacional será volens nolens compensada con largueza por la inmigración, como el caso de EEUU pone de relieve.

A la vez, y no tanto catástrofes naturales —como podría considerarse el virus— sino conflictos prolongados y sangrientos han impulsado un flujo migratorio importante sobre todo hacia Europa con las peripecias y resultados de conocimiento general. Estos flujos han quedado frenados ahora por el virus, que ha determinado políticas de encierro y aislamiento, confinados a donde se encontraran en el momento de iniciarse estas medidas restrictivas de los desplazamientos, lo que probablemente y en la mayoría de los casos ha tenido el efecto de agravar y hacer más miserable su situación presente. Y hasta esa picardía ha infundido Madre Naturaleza en este virus: la mayor parte de ellos no morirán, así que como en aquel considerado el cuento más breve jamás escrito: Cuando despertó, el dinosaurio seguía ahí.

O sea que éste es un problema que habrá que abordar llegado el momento. Ése que no sabemos cuándo será.

– Terrorismo, variantes internacionales

Como participantes estelares de esos conflictos que han expulsado a tantos del hogar de sus ancestros y su origen hay varios grupos extremistas, terroristas algunos por su métodos y en todo caso cuyo propósito manifiesto es trastocar el orden o sistema establecido y mantenido hasta el presente. Esto no implica justificación alguna ni de atentados ni de masacres, sino una descripción de la realidad que debe asumirse porque, ésa sí, y vuelve Machado: ‘lo que no tiene es remedio’.

Varios de estos conflictos, la nómina de cuyos protagonistas e impulsores resultaría, además de incierta, en exceso prolija, continúan y continuarán cuando y si la crisis de la pandemia haya pasado.

Y como en todos los demás aspectos analizados, se hace más que nunca necesaria una acción global y consensuada de todos los actores internacionales ya que —y ésta es tal vez la lección más importante que aprender ante las consecuencias de la aparición del virus— la globalización es el panorama de fondo de nuestra humanidad, todos nosotros.

El mito del Diluvio, en todas sus variantes, aparte de la lección del castigo, nos enseña que se salva quien está preparado y salva consigo a otras especies y seres vivos, pero también impone otra enseñanza: la historia la escriben quienes duraron para contarla, y la historia, que responde a y por el pasado —ése remoto, inmutable y vigente—, se abre al porvenir de los sobrevivientes.

Tal vez hay que ensayar un pensamiento novedoso, a la manera de:

La primavera árabe se agostó, vino el corona virus y volvió a florecer.

O cualquier otro propósito que creímos mustio, tras esta tempestad renace renovado.

 

* Diplomático retirado. Fue Encargado de Negocios de la Embajada de la República Argentina en Marruecos (1998 a 2006). Ex funcionario diplomático en diversos países árabes. Condecorado con el Wissam Alauita de la Orden del Comendador, por el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, M. Benaissa en noviembre de 2006). Miembro del CEID.

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