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LA DERROTA DE ISRAEL

Roberto Mansilla Blanco*

¿Qué lecciones nos deja el segundo aniversario del comienzo de la tragedia de Gaza iniciada el 7 de octubre (7-O) de 2023? Varias, a juzgar por lo acontecido en estos dos años. La mayor parte de ellas, inquietantes. Asistimos a un genocidio en vivo y directo ante las pantallas de la televisión y las redes sociales contra una población (Palestina) cometido por un Estado (Israel) cuyos ancestros precisamente sufrieron lo que se ha denominado como «holocausto». Aquí observamos una clave relevante: la desmemoria de la sociedad israelí, indiferente ante el sufrimiento de sus vecinos.

Esta tragedia de Gaza ocurre igualmente ante la indiferencia, la inoperancia y el cinismo de los gobiernos, organismos y de la opinión pública mundial. A diferencia de los genocidios anteriores (armenio, judío, camboyano, ruandés, etc.) nadie puede decir ahora que «no lo sabía». El de Gaza es un genocidio público y notorio. Pero mirar para otro lado, como han venido realizando muchos gobiernos y personas, demuestra el manto de complicidad con los verdugos.

Dos años después del 7-O son ya 67.000 los muertos en Gaza, entre ellos más de 20.000 niños y niñas. La destrucción del territorio gazatí en aras del proyecto supremacista del Gran Israel hace recordar tiempos que pensábamos superados. La retórica criminal por parte de las más altas autoridades israelíes justificando este genocidio contra los palestinos retrata la naturaleza de una sociedad enferma, indolente y retaliativa que no parece querer aprender de la historia.

Pero Gaza 2025 también demuestra otra realidad que tardará en ser asumida: el mito de Israel como democracia, como sociedad moderna y civilizada, como potencia militar. Un mito que en los 77 años desde su creación llegó a asentarse cómo irrefutable pero que hoy demuestra, cuando menos, su inmoralidad. Hoy observamos que Israel no es una víctima sino un verdugo y un agresor. En 2025, Israel atacó hasta seis países de Oriente Medio (Palestina, Siria, Líbano, Irán, Qatar y Yemen) sin lograr ninguna victoria significativa.

En medio de las ruinas y de la destrucción de Gaza, Israel no ha alcanzado ninguno de los objetivos que justificaron esta criminal invasión del 7-O. No solo Hamás sigue en pie y con secuestrados israelíes en su poder, sino que ahora incluso un gobierno tan proisraelí como el de Donald Trump en EEUU se ve incómodo ante la deriva genocida de Netanyahu.

Hamás no está derrotado militar y políticamente. Trump de alguna forma los ha reconocido como un interlocutor al enviarles su propuesta de paz y esperar una respuesta, hasta ahora condicionada por el movimiento islamista. Esto ha obligado a Israel negociar con emisarios de Hamás en Egipto para intentar alcanzar un alto al fuego que una hipócrita comunidad internacional ahora clama a los cuatro vientos como necesaria cuando hasta hace poco seguía sosteniendo el «legítimo derecho de Israel su defensa», mirando para otro lado mientras miles de gazatíes pagaban con su vida este descaro. Ver niños morir de hambre o masacrados por los soldados israelíes es un espectáculo dantesco que «hay que parar», como indicaba un comunicado de la Unión Europea, en una clara actitud expiatoria que no oculta su complicidad con los hechos.

A esto hay que añadirle otro factor que explica por qué Israel está moralmente derrotado: el desprecio y oprobio de los ciudadanos de a pie a nivel mundial. Son cada vez menos los que creen en la retórica de Netanyahu y de sus cómplices sobre el antisemitismo, el holocausto, la culpa de Hamás del 7-O, los terroristas, la mano de Irán, etc. En decenas de ciudades y capitales a nivel mundial, cientos de miles de personas salen a manifestar por Palestina. Inesperadamente, Gaza resucitó aquella semilla del «No a la Guerra» del 2003 en Irak. Hoy Palestina está en todos lados como un clamor de humanidad ante la barbarie israelí.

Esta renovación de la movilización ciudadana a nivel mundial clama por sanciones contra un Israel que se oculta en el manto de impunidad que le brinda EEUU. Incluso una flotilla humanitaria y solidaria rumbo a Gaza fue reprimida por soldados israelíes bajo torturas y amenazas. Ya ni siquiera los israelíes pueden ir tranquilamente a otros países de vacaciones, de negocios, etc. El legítimo bullying contra su presencia está garantizado. La Vuelta Ciclista a España fue el primer gran evento de boicot a nivel internacional contra Israel. Como se hizo con Rusia en 2022 a causa de la invasión a Ucrania, ya se habla de expulsar a Israel de las competiciones deportivas y artísticas (Eurovisión)

Lejos de sepultar Palestina argumentando ante una ONU vacía que «no habrá Estado palestino», Netanyahu y sus cómplices ejercieron un efecto contraproducente: multiplicaron las simpatías por Palestina y las antipatías por Israel. Unos 157 de los 193 países miembros de la ONU reconocen oficialmente al Estado de Palestina, entre ellos cuatro miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (Francia, Gran Bretaña, Rusia y China). Pero Palestina sigue sin tener el reconocimiento oficial de la ONU porque el eje EEUU-Israel se encarga de dinamitar ese reconocimiento. El gobierno israelí manipula pagando US$ 42 millones a Facebook para «cambiar la narrativa a su favor».

El boicot a Israel comienza a ser una realidad tangible. Dentro de Israel vuelven las manifestaciones contra esta masacre, responsabilizando a sus líderes de esta atrocidad que atenta contra la dañada imagen de un país cada vez más aislado. Queda por ver si habrá algún mea culpa que no solo atañe a sus dirigentes.

A pesar de que el plan de Trump supone reforzar los intereses israelíes mientras busca hacer una paz para Palestina sin palestinos, dos años después Israel se encuentra ante su peor crisis existencial. La mayor parte de la sociedad no parece enterarse de la gravedad del momento. Pero Netanyahu y sus cómplices de este genocidio ya comienzan a observar que no son tan invencibles. Su megalómana y obsesiva visión supremacista del «Gran Israel» está dando paso a su mayor derrota ante el mundo.

Más allá de los intereses geopolíticos, de los negocios, etc., que seguirán existiendo, Israel comienza a ser observado como un paria, visto con incomodidad, con oprobio. Mientras la visión supremacista del «Gran Israel» sigue calando en una sociedad israelí cada vez más obnubilada, podríamos quizás especular con la posibilidad de que estemos asistiendo al prefacio de un inesperado «Estado fracasado» en el corazón del inflamado y volátil Oriente Medio, dependiente del apoyo de su principal interlocutor (EEUU) y de lobbies poderosos instalados en los principales centros de poder.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

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PALESTINA RESUCITA EL «NO A LA GUERRA»

Roberto Mansilla Blanco*

Qué fue del movimiento social de «No a la guerra» es una de las mayores interrogantes que nos deja la guerra de Ucrania iniciada en 2022 en cuanto a la actuación y presión por parte de los movimientos cívicos globales contra el belicismo y el armamentismo. En 2003 fueron numerosas las manifestaciones ciudadanas en EEUU y Europa contra la unilateral e ilegítima guerra de Irak, creando el germen de un movimiento ciudadano global que, más de dos décadas después, parecía invisible.

Pero el genocidio palestino en Gaza a manos israelíes parece verificar un revival del slogan del «No a la guerra», en este caso bajo el de «STOP Genocidio». En multitud de eventos deportivos y culturales e incluso con un legítimo «bullying» contra los turistas israelíes, los ciudadanos «de a pie» quieren manifestar su indignación por los más de 60.000 muertos, entre ellos más de 20.000 menores de edad; la destrucción del 90% de un territorio de 480 km2 donde desde hace décadas se hacinan casi dos millones de personas; y los proyectos de limpieza étnica y de expulsión de esos habitantes impulsados por el genocida gobierno de Netanyahu con el total apoyo de su irrestricto aliado, los EEUU de Trump. Incluso «STOP Genocidio» también ha agitado con fuerza en Israel y EEUU; en el caso israelí muy probablemente motivado por la indignación ante el descrédito de su imagen internacional.

Los gritos de «Palestina Libre» y «¡Palestina Vencerá!» vuelven a materializarse con el avance de la flotilla Global Sumud que pretende llevar a Gaza una ayuda humanitaria a la que Israel impide, de manera criminal, su ingreso a ese territorio. Y es que incluso con la ayuda humanitaria, Israel y EEUU son cómplices de este genocidio, expulsando a la ONU de Gaza para alzar una entidad de gestión de la ayuda que sirve de cebo para que los criminales soldados de la IDF israelí puedan matar aleatoriamente a civiles indefensos y hambrientos. No debemos olvidar que la ONU ya tiene calificado como «hambruna» la situación de Gaza.

La «talibanización» sionista y supremacista de los ultras religiosos y políticos que mandan en Israel y que defienden la colonización y erradicación de Palestina está permeando una sociedad alienada y ajena a una realidad que los indignados ciudadanos del mundo intentan revelar por sus propios medios de comunicación.

La rebelión ciudadana que en 2011 se materializó también en ese movimiento ciudadano de los «indignados» contra las élites hoy vuelve con fuerza por Gaza y por Palestina. Las creativas campañas a su favor implican un toque de atención contra una clase política inerte y cómplice de las horrendas imágenes que diariamente observamos de palestinos muriendo de hambre y siendo abatidos por soldados sonrientes, orgullosos de sus crímenes y que se mofan de ese sufrimiento.

En 2003 el «No a la guerra» no pudo evitar la guerra de Irak. Muy probablemente el «STOP Genocidio» de 2025 tampoco alcance su objetivo pero queda claro que los «indignados» contra la barbarie comienzan a despertar y a movilizarse, exigiendo responsabilidades y el final de la impunidad israelí.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

 

LA «MISIÓN» DE NETANYAHU: «ENTERRAR PALESTINA» PARA CREAR EL “ERETZ ISRAEL”

Roberto Mansilla Blanco*

La visión supremacista y genocida del gobierno de Benjamín Netanyahu, potenciada en aras de redibujar definitivamente el mapa del «Gran Israel» (Eretz Israel) con el objetivo de implosionar la geopolítica en Oriente Próximo, tiene un dossier con una clave: E1. Éste es el documento que el gobierno israelí maneja para «enterrar la idea de Palestina como Estado» a través de su fragmentación territorial en nuevos asentamientos en Cisjordania, los cuales se complementarían con la anexión total de Gaza en curso ignorando la tregua de Hamas y potenciando la expulsión definitiva de palestinos hacia Sudán del Sur, Libia o Somalilandia como posibles receptores, tal y como reflejan algunas informaciones.

Todo esto ocurre cuando la ONU acaba de catalogar la crisis de Gaza como «hambruna», la primera que se reconoce oficialmente fuera del continente africano. Pero a Netanyahu y sus cómplices ultraderechistas no parecen importarle esta resolución. Amparados por la impunidad que le permiten EEUU y Europa, entre otros, en Tel Aviv califican de «papel mojado» cualquier resolución de la ONU.

El hambre es una herramienta política de Netanyahu para fortalecer su proyecto supremacista. En 2021 unos 186 países miembros de la ONU votaron a favor de reconocer la seguridad alimentaria como un derecho humano y que su negación violaría el derecho internacional. Sólo EEUU e Israel votaron en contra de esa resolución de la ONU. Washington alegó aspectos comerciales. Tel Aviv, que ya en ese momento llevaba años con el cerco humanitario a Gaza, nunca ofreció razones sobre su decisión.

Mientras, Israel sigue robando tierras y asesinando deliberadamente a palestinos (hasta el momento más de 60.000 muertos, entre ellos 20.000 niños), toda vez que incentiva la recepción de vuelos chárter con nuevos colonos judíos provenientes de EEUU y Canadá que llegan a Israel para materializar este proyecto mesiánico de limpieza étnica y expolio territorial.

El ministro de Defensa Israel Katz reconoce que el 83% de las víctimas de Gaza son civiles. Fiel a su retórica incendiaria y desafiante, Netanyahu amenazó con «abrir las puertas del infierno» con la invasión a Ciudad de Gaza mientras recibe elogios de «héroe de guerra» por parte de su aliado Donald Trump.

Por otro lado, la crisis de Gaza ya ha provocado la primera caída de un gobierno occidental: en Países Bajos, el primer ministro en funciones Dick Schoof debió asumir la dimisión de cinco ministros de su gabinete, entre ellos el de la cartera de Exteriores, opuesto a la decisión del gobierno de bloquear sanciones adicionales a Israel por la masacre de Gaza. Esta crisis ocurre a escasos dos meses de las elecciones generales en ese país europeo. 

El proyecto E1 y el «Eretz Israel»

«Enterrar la idea de un Estado palestino». Así presentó el pasado 14 de agosto el ministro de Finanzas israelí Bezalel Smotrich la decisión de validar un proyecto de construcción de más de 3.000 viviendas al este de Jerusalén, en la Cisjordania ocupada, lo que se ha clasificado como el documento E1. Sigue Smotrich con su perorata: «con el E1 por fin hacemos realidad lo que se prometió hace años. Es un momento fundacional para los asentamientos, para la seguridad y para todo el Estado de Israel». El gobierno de Netanyahu dio luz verde este 20 de agosto para iniciar la colonización acelerada de Cisjordania.

«Eretz Israel» o el «Gran Israel» es el proyecto mesiánico que pretende controlar territorios desde el Jordán hasta el Éufrates. Tanto Netanyahu como diversos altos cargos y líderes israelíes como la polémica activista de colonos Daniela Weiss han defendido la legitimidad «histórica» de esta idea supremacista.

Ahora bien surgen interrogantes: ¿supone el E1 «la Solución Final», el exterminio total de los palestinos o, en todo caso, la expulsión definitiva de sus hogares?; ¿implicará para Israel abrir los canales de una guerra a largo plazo con las próximas generaciones de palestinos expulsados de sus tierras pero lastradas de odio ante el actual genocidio de Gaza mientras el mundo mira para otro lado? Tomando en cuenta el caudal conflictivo que genera este proyecto en una región altamente inflamable, ¿significa el E1 la justificación para la expulsión de palestinos con la finalidad de perpetuar un estado permanente de conflicto con sus vecinos árabes para acentuar aún más la existencia del entramado militar-industrial israelí como «factor de supervivencia estatal» ante su fracaso diplomático para normalizar relaciones con sus vecinos árabes?

«Enterrar Palestina» y desaparecerla del mapa es el objetivo mesiánico que Netanyahu ha perseguido durante toda su carrera política desde hace más de 40 años. Es el «momento histórico» al que se refería Smotrich. En 2010 se filtró un documento geopolítico sobre el «Gran Israel» que preconizaba la «balcanización» del mapa regional en Oriente Próximo y el Norte de África como objetivo estratégico para asegurar «las fronteras históricas israelíes» y la neutralización de sus vecinos árabes en pequeñas entidades manejables.

Para ello ha tenido que eliminar adversarios regionales, desde el Irak de Saddam Hussein (2003) hasta la Libia de Gadafi (2011) y el régimen de al Asad en Siria (2024), observando cómo el nuevo gobierno sirio de Ahmed al-Sha’ara (proveniente de movimientos integristas vinculados al Estado Islámico y Al Qaeda) mantiene su neutralidad en el conflicto de Gaza e incluso ha sido persuadido por Trump a reconocer y normalizar sus relaciones con el Estado de Israel, tal y como se constató en Riad con la reunión entre al-Sha’ara y Trump (la primera que se realiza entre presidentes de Siria y EEUU) durante la reciente gira del mandatario estadounidense por Oriente Medio realizada en mayo pasado.

Sigue en pie Irán, objetivo estratégico pendiente para Israel y EEUU en el cual las dos escaramuzas de guerra directa entre 2024 y 2025 han demostrado que Israel no está tan preparado como se esperaba para destruir a su principal enemigo regional ni tampoco a sus proxys regionales, en especial los rebeldes hutíes de Yemen, el palestino Hamás y el libanés Hizbulá, por mucho que las fuerzas israelíes hayan logrado descabezar a sus respectivas cúpulas dirigentes.

La capacidad efectiva de ataque de los misiles iraníes impactó en territorio israelí causando fuertes destrozos, cuestionando severamente el mito de la invencibilidad israelí y demostrando que su dependencia de EEUU en materia de seguridad es mucho mayor de lo que se pensaba. Por otro lado no hubo colapso de régimen en Teherán como esperaban en Tel Aviv y Washington aunque las expectativas anuncian que la República Islámica de Irán progresivamente se transfigurará en un régimen de carácter pretoriano militarista fuertemente nacionalista donde la teocracia islamista tendrá un papel cada vez más testimonial y protocolario.

¿Hasta dónde llegará Netanyahu?

Más allá de su irracional huida hacia adelante que le llevó en junio pasado a atacar Irán, Netanyahu enfrenta ahora el malestar interno vía protestas sociales toda vez que los partidos de extrema derecha sionista y la línea dura presente en el establishment político y militar podrían recrear fisuras en su gobierno ante la escasa materialización de los objetivos trazados.

Por otro lado, y si bien la invasión de Gaza está ordenada, el Alto Mando ha advertido de las dificultades logísticas para controlar una franja de menos de 400km2 y millón y medio de personas hacinadas en una crisis humanitaria sin fin. El estamento militar ha debido llamar a 160.000 reservistas para iniciar la invasión lo cual revela la magnitud de una invasión que genera ciertas divisiones internas.

Mientras la imagen internacional e incluso la legitimidad de Israel se desploman, Gran Bretaña y Francia (dos entusiastas aliados israelíes a través de poderosos lobbies internos) advierten con romper la baraja histórica reconociendo al Estado de Palestina en la próxima Asamblea General de la ONU en septiembre.

Sólo apoyado por EEUU y la complicidad europea, Israel se somete a un aislamiento internacional sin precedentes en sus más de siete décadas de existencia. No obstante, su poder de influencia persuasiva parece seguir intacta: la reciente crisis diplomática con Australia por las críticas del gobierno de Canberra por la hambruna en Gaza y su decisión de reconocer al Estado palestino llevó a una inmediata reacción por parte del gobierno australiano de acusar a Irán de estar detrás de unos ataques contra intereses israelíes en el país. Unas 300.000 personas manifestaron en Australia contra la guerra en Gaza. La decisión de Canberra de reconocer a Palestina como Estado sigue la dinámica ya anteriormente establecida por Francia, Gran Bretaña y Canadá, aspecto que crea una división interna entre las fuerzas «atlantistas» y EEUU, aliado irrestricto israelí.

Si bien Netanyahu se complació por la expulsión del embajador iraní en Canberra y el cierre de la embajada australiana en Teherán mientras fuentes del gobierno del primer ministro Anthony Albanese negaban que detrás de esta acción estuviera la necesidad de apaciguar a Tel Aviv, el leitmotiv de los acontecimientos intuye que Australia, actor clave para EEUU vía pacto AUKUS, fue presionada para actuar a favor de los intereses israelíes.

Netanyahu y sus acólitos saben que el momento es propicio para materializar su proyecto mesiánico, con un aliado como Trump en la Casa Blanca que blanqueará sus crímenes y reforzará su impunidad toda vez que el mundo pendiente de la posibilidad de una pax rusica en Ucrania.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

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