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«¡GAZA! … EL PUNTO DE INFLEXIÓN DE LA HUMANIDAD»

Hugo Reinaldo Abete

Foto: Palestina Hoy

Buenos Aires, 5 de agosto, † Día de la Virgen de las Nieves,

Patrona de las tropas de Montaña del Ejército Argentino, de 2025.

 

Sr. Director:

«¡Gaza!… El punto de inflexión de la humanidad»

Aunque para algunos el título del presente escrito pueda parecerle un tanto ampuloso y poco creíble, trataré de demostrar que es muy real.

Para ello voy a insistir en aquello que, a lo largo de muchos años vengo desarrollando en la mayoría de mis cartas y artículos: «estamos viviendo tiempos teológicos, tiempos de Dios, tiempos apocalípticos». Y al respecto digo que para muchos no estoy diciendo nada nuevo ya que hay pensadores y escritores que vienen sosteniendo lo mismo, aunque para otros tantos, todo lo que tenga cercanía con cuestiones apocalípticas les resulta sencillamente fantasioso y descreen totalmente de las mismas.

Sin embargo, para estos últimos incrédulos resulta ilustrativo recordarles que nunca como en los tiempos que estamos viviendo se ha hablado tanto sobre las profecías de los últimos tiempos. Nunca se han usado como en la actualidad palabras que eran desconocidas totalmente para la mayoría de la sociedad. O acaso era común escuchar que alguien pronunciara palabras tales como apostasía, masonería, apocalipsis o sionismo. Las mismas sólo estaban reservadas para un público reducido con cierta formación religiosa. La mayoría de ellas contenidas en la Biblia o en textos de carácter religioso surgidos en épocas más modernas.

Y sobre todo a partir de 1717, que nace la masonería con la Gran Logia de Londres y posteriormente el sionismo creado por Teodoro Herlz en 1897, la palabra Israel mencionada en infinidad de veces en las Sagradas Escrituras, comienza a pronunciarse con una significación distinta a la de su origen, ya que se pone especial énfasis en la victimización del pueblo judío, como respuesta a lo que ellos consideraban antisemitismo y discriminación que sufrían en Europa a fines del siglo XIX.

Y lo concreto es que esa victimización ha perdurado a través del tiempo, llegando a convertirse en una construcción ideológica basada fundamentalmente en el concepto de antisemitismo. Y fue en ese tiempo, largo por cierto, que el sionismo mundial logró posicionarse en el mundo de las finanzas y sus miembros llegar a conformar lo que hoy conocemos como «el poder del dinero» y a los dueños de esas inmensas fortunas que manejan prácticamente todas las industrias y medios de comunicación, como «los amos del mundo». Y fue gracias a como avanzaron técnicamente las comunicaciones, sobre todo con la aparición de las redes sociales, que el resto del mundo se fue enterando que ese poder del dinero, manejaba gobiernos, armaba revoluciones, golpes de Estado y dictaba las políticas que debían regir al resto del mundo. Sin embargo, nunca oficialmente se cuestionaba nada que pudiese salir del Estado de Israel, al contrario, siempre fue apoyado por las grandes potencias del mundo y por la prensa mundial. Obviamente, en el presente escrito estamos haciendo abstracción de acontecimientos históricos y religiosos que han tenido importante gravitación a lo largo de los años. A los fines perseguidos con este escrito, interesa señalar cómo el poder judeosionista mundial, ha logrado victimizarse a lo largo de los años y, a través de esa conducta, obtener la comprensión y solidaridad del resto del mundo. El éxito de semejante victimización radica en asumir permanentemente, su condición de perseguidos y víctimas, incluso cuando no existe ningún indicio de la persecución aludida.

Dicho esto, como una introducción necesaria, ahora vamos al meollo de por qué sostengo que «Gaza es el punto de inflexión de la humanidad en la era moderna». En efecto, el genocidio que Israel está cometiendo en Gaza haciendo un abuso inconmensurable de soberbia, desoyendo al resto del mundo y eliminando a un pueblo de la faz de la tierra sin que nadie pueda detenerlo, sin dudas como todo lo que tiene que ver con Israel, tiene una lectura teológica, más allá de lo político. Y la lectura teológica indica que, a partir del genocidio de Gaza, nada será igual para Israel, tanta maldad e iniquidad, marcan un antes y un después de Gaza.

Nunca como a partir de ese hecho, el sionismo por su soberbia puso al descubierto su esencia perversa de dominación y el resto del mundo pudo conocerla y rechazarla. Gaza, a juicio de quien esto escribe, será la tumba del sionismo.

Israel perdió su histórica condición de víctima para transformarse en un Estado despiadadamente genocida. Y por si faltara algo que decir a nivel político, habría que señalar la lectura surgida a partir del hecho de que Israel, de la mano del genocida Netanyahu, con pedido de captura internacional, en pleno exterminio de la población de Gaza, decidió bombardear a Irán, en otra muestra más de autoerigirse como el «amo del mundo» y actuar en consecuencia. Semejante acto de soberbia fue apoyado inmediatamente por EEUU que, a riesgo de desatar una nueva guerra mundial, presionado y dirigido por Israel, que maneja la política norteamericana, no dudó en atacar también a Irán. Semejantes hechos, antes inimaginables, hoy nos aclaran cómo realmente funciona el mundo… y si EEUU cumple obedientemente las políticas de Israel, ¿cuál es entonces, la primera potencia mundial?

Señalamos al principio que estamos viviendo tiempos teológicos. Lo acontecido en Gaza con Israel, bien podría estar indicándonos que vamos en camino hacia aquello que nos ha sido profetizado…

¡Viva Cristo Rey! ¡Viva María Reina!

¡Por Dios y por la Patria!

Hugo Reinaldo Abete

Ex Mayor E.A.

¡PALESTINA VENCERÁ!

Roberto Mansilla Blanco*

La ONU acaba de asegurar que el estado de hambre y de crisis humanitaria en Gaza está llegando al nivel de inanición. La enviada de la ONU para Palestina, Francesca Albanese, fue objeto de presiones oficiales en Berlín para no denunciar los crímenes contra la humanidad en Gaza, a fin de «no irritar al aliado israelí». Mientras, Israel bloquea persistentemente la ayuda humanitaria internacional enviada al masacrado pueblo palestino en Gaza y, cuando la autoriza esporádicamente, bombardea sin piedad las filas de millares de personas, hombres, mujeres, niño/as y ancianos, que buscan comida y agua.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, informó que su gobierno reconocerá el Estado de Palestina. Desde la Plaza de la Quintana en Santiago de Compostela en la conmemoración del Día de la Patria Gallega hasta Nueva York y Londres, el grito de ¡«Palestina Vencerá!» recorre las calles en un reclamo ciudadano, de la sociedad civil, ante el cinismo y la incapacidad de sus gobiernos y dirigentes políticos, algunos de ellos tan enormemente insensibles que siguen justificando el ya intolerable y falaz «derecho israelí a la legítima defensa».

El enésimo drama palestino llega en un punto de inflexión a nivel mundial. Son frecuentes los actos públicos, conciertos, obras teatrales, eventos deportivos, homenajes, etc., donde la bandera palestina ondea, a veces incluso de manera clandestina, para denunciar con fuerza una injusticia contra un pueblo masacrado y víctima de un genocidio por parte de Israel, aunque existan «líderes políticos» que se encarguen de negarlo.

Mientras los ciudadanos gritan en las calles, el silencio cómplice con este genocidio campea en diversos gobiernos, especialmente EEUU, Europa e incluso varios países árabes (Arabia Saudí, petromonarquías del Golfo) que tienen capacidad política suficiente para exigir el fin de esta tragedia colectiva. En las redes sociales, convertido en ese nuevo espacio de «debate» político donde la información y la desinformación vuela en segundos, observamos desde imágenes horrendas sobre lo que sucede en Gaza ante la total impunidad por parte de las fuerzas ocupantes israelíes hasta youtubers, influencers y simples ciudadanos israelíes que se mofan de esta tragedia e incluso lanzan discursos de odio contra los palestinos y los árabes.

En su libro sobre el caso Eichmann en Jerusalén, la politóloga judía Hannan Arendt acuño el término de la «banalidad del mal» para explicar la naturaleza mecánica del nazismo en el Holocausto ante la complicidad e indiferencia de la sociedad alemana y (no hay que olvidarlo) de otros países europeos. Un mecanismo exactamente reproducido por Netanyahu y sus secuaces dentro de una sociedad israelí enferma de un mesianismo supremacista sionista (la idea histórica de recrear de una vez el «Gran Israel»), cada vez más teocrática y racista, un sentimiento que parece reproducirse en las nuevas generaciones amparado por la impunidad que tiene Israel para no ser juzgado ante la historia.

Esa «banalidad del mal» que, imitando a sus verdugos nazis, los israelíes infringen diariamente contra los palestinos en un genocidio institucionalizado e instrumentalizado desde hace más de siete décadas, silenciando incluso las voces discordantes (minoritarias pero no inexistentes) dentro de la sociedad israelí.

Pero el grito de «¡Palestina Vencerá!» dignifica la capacidad de resistencia de un pueblo que se niega a desaparecer. La identidad palestina, hoy, está cada vez más presente a nivel planetario. Hoy, más que nunca, es necesario «hablar de Palestina» para reclamar a los líderes políticos su cínica y cómplice actitud con respecto a Israel. Y también es necesario que en la sociedad israelí aparezca una Arendt con capacidad suficiente para despertar un mínimo de humanidad y para criticar que esa «banalidad del mal» contra los palestinos y otras minorías (árabes, cristianos) también existe en Israel.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EE UU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

 

Artículo publicado en gallego en Eixo Atlántico, https://www.novasdoeixoatlantico.com/palestina-vencera-roberto-mansilla-blanco/.

ENTRE GENOCIDIOS, DESPLAZAMIENTOS Y LIMPIEZAS ÉTNICAS

Agustín Saavedra Weise*

Imagen de Studiolarsen en Pixabay 

A lo largo de la historia, el ser humano —la especie más cruel del planeta— ha infligido sobre sus semejantes infinitas perversidades. En estos miles de años variaron modalidades y tecnologías, pero la maldad sigue siendo la misma, aún peor. Las atrocidades más frecuentes han tenido que ver con desplazamientos, limpiezas étnicas y genocidios, ello sin contar muchas que aún proliferan, con la guerra (interna y externa) en  primer lugar.

Sin ir lejos, muy cerca de nosotros los incas oprimían a los aimaras y cada tanto además organizaban sus temibles “mitimaes”. Estos eran traslados forzosos de población hacia  lugares más inhóspitos del imperio o a sitios  lejanos dónde se quería asentar la soberanía. No importaba que murieran mujeres, niños y ancianos; el desplazamiento debía realizarse a como dé lugar. Procesos similares se han repetido en Eurasia por muchos pueblos de cada época. Y en casos de guerra prolongada el triunfador eliminaba al pueblo vencido y destruía sus ciudades, como hizo Roma con Cartago. Mucho después hizo lo mismo con Jerusalén, expulsando a los judíos del lugar, expulsión que duró hasta la creación del estado de Israel en 1948. En el ínterin el pueblo hebreo sufrió por siglos discriminaciones y matanzas; éstas culminaron con el más horrendo crimen colectivo de la historia: el genocidio judío, episodio que marcó a la Segunda Guerra Mundial como una expresión de máxime barbarie humana. Dicho holocausto trajo profundas reverberaciones. Y mientras, en simultáneo, las fuerzas totalitarias gestaron otros traslados forzados a lo largo del Báltico. Al terminar el conflicto —mayo de 1945— el proceso de desplazamientos siguió pero de otra forma, ya en manos de los aliados. Fue así como entre fines de 1945 y 1947 se expulsaron más de 12 millones de alemanes de los territorios perdidos al este de la línea Oder-Neisse, que quedaron en manos polacas, rusas, checas y eslovacas. Fue un acto socio-geopolítico que apenas tuvo publicidad y no se le dio importancia. El mundo estaba al concluir 1945 preocupado por la recuperación y además, la magnitud de los crímenes colectivos del Tercer Reich opacó cualquier secuela posterior, pero sin duda la expulsión de germanos de sus tierras de origen fue otra expresión de máxima crueldad. El traslado fue avalado en la cumbre de Potsdam por las potencias vencedoras, dónde —entre otros asuntos— se instruyó además la “etnificación” de Europa central por nacionalidades: nunca más habrían pueblos de etnias diferentes en un solo estado. En esa región no habría más pluralidad nacional ni margen  para futuros conflictos étnicos. Fue así como —en un marco de injusticias múltiples— se inició el reacomodo poblacional de los alemanes expulsados propiciado por los aliados y donde abundaron sufrimientos e injusticias de toda laya.

Los dramas vienen de lejos y no terminan. En una incompleta lista recordemos además el genocidio de los indígenas norteamericanos y el cruel sistema de la esclavitud, recién derogado en Estados Unidos en el año 1863. Asimismo, la hambruna de Irlanda (1845-49) debido a fallas en la cosecha de papas y ante la indiferencia del gobierno inglés de la época; las matanzas de kurdos y de armenios por los turcos, el drama de Cambodia con la muerte de cientos de miles en manos de Pol Pot y el Khmer Rouge; los desaparecidos durante las dictaduras militares latinoamericanas y muchas atrocidades más. Últimamente, a fines del siglo XX, tenemos presente el drama de los Balcanes y sus terribles luchas étnicas. Antes del conflicto europeo (1939-45) tuvo lugar la muerte por hambre de millones de ucranianos que ordenó el dictador soviético Stalin. En todos esos trágicos escenarios —y otros más que ya no citamos por falta de espacio— la comunicad internacional poco y nada hizo. En conjunto con los episodios citados advinieron varios otros conflictos étnicos, entre ellos la espantosa matanza de tutsis por los hutus en Ruanda, donde fallecieron 800.000 personas. Tampoco el mundo hizo nada para parar esa atroz acción y reaccionó solo ante los hechos consumados.

Hoy en 2021 —según datos de la ONU— hay más de 80 millones de refugiados luego de las incursiones del ejército islámico en Siria y zonas aledañas. También hay millones de venezolanos huidos de la dictadura en su país. Bajo premisas presuntamente “civilizadas y ordenadas”, está visto que la persecución ancestral entre humanos continúa. Y la falta de memoria colectiva también.

 

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com 

Publicado originalmente en El Deber, Santa Cruz de la Sierra, https://eldeber.com.bo/opinion/entre-genocidios-desplazamientos-y-limpiezas-etnicas_227568