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DE DUEÑO DE ARGENTINA A COLABORADOR DE LA POLITICA EN MALVINAS

César Augusto Lerena*

El empresario Eduardo Elsztain, conocido popularmente como “el dueño de la Argentina” justificó su participación como accionista en 2005 en la Falkland Islands Company (FIC), la más importante compañía de Malvinas, con gran participación en la política, la economía y la planificación en las Malvinas y, una fuerte opositora a la restitución de la soberanía de las Islas a la Argentina.

Para argumentar su intervención societaria Elsztain adujo que «coincidiendo con las estratégica de la diplomacia argentina desde hace décadas invirtió en las Falkands Island para ayudar en el reclamo de soberanía»; para ello, tuvo en cuenta, dice en su carta abierta publicada en La Nación el pasado 6 de septiembre, los dichos de su abuelo Isaac de que «si Argentina se hubiera involucrado económicamente en la vida de las Islas Malvinas durante todo el siglo XX, probablemente hubiéramos evitado la guerra»; entendiendo este empresario, que «estrechar los lazos sociales, económicos, culturales y productivos con Malvinas a través de una empresa argentina podía ayudar en el reclamo de soberanía». El propio Elsztain quien califica a las FIC como «una compañía de enorme relevancia estratégica y económica en las Islas Malvinas», dejando claro en su nota, que «la causa Malvinas es muy importante para todos los argentinos».

Conoce entonces este avezado empresario ambos extremos que lo deberían haber llevado a actuar con mayor cautela en “este negocio” y salvo que hubiese sido inducido por algún funcionario gubernamental, las políticas de Estado de una Nación no pueden ser ejecutadas desde el interés o la iniciativa individual; más aún cuando esta política de Estado está explicitada en la Disposición Transitoria Primera de la Constitución.

El daño que a la soberanía territorial, biológica, económica, social y alimentaria le han producido a la Argentina las políticas empresarias de las Falklands Island Company (FIC) son inconmensurables y, el Sr. Eduardo Elsztain, aun siendo un socio minoritario de esa compañía, no lo hemos escuchado hasta la fecha ―incluso en este reciente descargo― crítica alguna a las FIC y, por cierto tampoco, a la invasión británica de Malvinas y la apropiación de los recursos pesqueros en las aguas argentinas y el inicio de las explotaciones petroleras en la plataforma continental argentina.

Antes de avanzar sobre algunas particularidades de las FIC es interesar aclarar lo que manifiesta Elsztain respecto a que el General Juan Domingo Perón habría intentado hacer lo mismo que él. No hay documento oficial público que demuestre esta temeraria afirmación. Perón nunca intentó comprar las Falklands Island Company, sino que su gobierno ofreció comprar las islas Malvinas al Estado británico. Fue una gestión oficial del gobierno efectuada el 5 de junio de 1953, no una operación societaria personal del presidente. Por la información que disponemos la reunión del Presidente del Senado Almirante Alberto Teisaire con el Subsecretario del Foreign Office para América Latina Lord Reading, se realizó en una Suite del Park Lane Hotel de Londres, aprovechando su condición de enviado especial a la coronación de Isabel II que se había realizado el 2 de junio de 1953, estando presente el Consejero de la Embajada Argentina en Londres, Bengolea, y el funcionario inglés Barclay que tomó nota (Documento: minuta del Foreign Office Anglo-Argentine Relations. Record of Conversation with Admiral Teisaire…FO A1051/9, 8 de junio de 1953, The National Archives (Kew); desclasificado el 1/1/1984 y publicado por El País, The New York Times, UPI y Reuters. upi.com

El 11 de junio de 1974 habría ocurrido lo inverso: el gobierno de Wilson le acercó a Perón un non-paper de condominio/soberanía compartida, pero el General Perón murió el 1° de julio de 1974, unas tres semanas después del primer contacto y esas negociaciones se desactivaron.

Respecto a la oferta del industrial metalúrgico César Cao Saravia, la afirmación de Elsztain está muy alejada de la realidad. Cao Saravia, además de haber participado activamente en un trascendente evento de reafirmación de la soberanía argentina en Malvinas (Operación Condor), no tuvo intención alguna de adquirir la FIC, sino que solicitó un permiso al Reino Unido ―que fue denegado― para instalar un pequeño taller metalúrgico ―su especialidad― en Malvinas, como forma de “hacer un pie argentino en las islas” (PCS).

Como vemos, tanto Perón con Cao Saravia, no compraron acciones de la empresa privada de Malvinas que más daño le ha hecho a la Argentina, sino que ambos, a su modo, posibilidades y capacidades, pretendieron recuperar o reafirmar la soberanía sobre ese pedazo del territorio nacional usurpado por los británicos. Sería interesante conocer cuáles han sido las utilidades que a Elsztain le han deparado las acciones de Falklands Island Company de nuestro territorio insular y marítimo. Es el único argentino que ha recibido beneficios de las Malvinas, el resto de los nacionales, entienden, que las Malvinas como al “unicornio azul”, son nuestras y las queremos.

La FIC no es un terrenito en Malvinas, ni una industria o comercio más, es la empresa más importante en Malvinas en la generación de empleo privado, en la capacidad política y económica en las islas.

En una información reciente la FIC declara tener unos 200 empleados en Puerto Argentino (Stanley), mientras que las empresas pesqueras que operan en Malvinas tienen plantillas pequeñas y gran parte de la tripulación está en los barcos y no reside de forma permanente en las islas. Si bien las pesqueras generan el 58,3 % del PBI, estas empresas dependen de los servicios de agencia, comercio, transporte y alojamiento que le prestan la FIC.

La FIC es un actor comercial relevante. En la actualidad esta empresa no gestiona las principales decisiones de Malvinas ―cosa que hizo durante muchísimos años definiendo la planificación estratégica y las decisiones sobre la soberanía― y ya no es el “gobierno de la compañía”, aunque lo hace en forma indirecta a través de las empresas pesqueras y sigue siendo un interlocutor económico habitual, ya que sigue siendo la principal empresa diversificada de los servicios, el comercio y del trabajo privado, cuestión no menor a la hora de influir en las decisiones públicas de las islas.

Tuvo un rol protagónico en la cuestión de la soberanía y entre 1968 y 1982 fue uno de los principales opositores a la transferencia a Argentina de la soberanía e integró el llamado “Falkland Lobby” representando a accionistas y terratenientes ligados a las FIC, t.co presionando al Parlamento inglés, la prensa y el Foreign Office y fue central a la decisión británica de establecer la estrategia de que “no haya diálogo de soberanía mientras los habitantes no lo quieran”. Cabe aclara que la “autodeterminación de los pueblos” fue descartada por las Naciones Unidas en las Resoluciones 1515 (XV) y 2065 (XX). La FIC organizó y financió también las políticas en contra de la cooperación e integración (comunicación, combustibles, vuelos, etc.) con Argentina; es decir, el empresario Eduardo Elsztain, si bien puede ser un comprador intuitivo, no pudo desconocer estos antecedentes de las FIC a la hora de hacerse de acciones de esa compañía.

En la actualidad, las FIC son un símbolo histórico de la presencia británica en las islas y aun confiando en la defensa del Reino Unido de las islas, considera al reclamo argentino como de alto riesgo político. La FIC “tuvo mucho que ver en el frenado de los acuerdos de soberanía y en moldear el modelo colonial-económico”.

La Falkland Islands Company (FIC) fue fundada en 1851 y recibió Carta Real de la Reina Victoria el 10 de enero de 1852.

En 1997 la Anglo United distribuyó acciones de Falkland Islands Holdings plc (luego FIH Group plc). Hoy se dedica a Agencia de buques pesqueros y cruceros; transporte, flete y logística, propiedades (alquiler y venta), venta y alquiler de vehículos 4×4, construcción y viviendas, incluso un importante contrato para el gobierno y el Ministerio de Defensa; seguros, turismo y viajes (reservas de vuelos, traslado, venta minorista y mayorista (alimentos, etc.). Tuvo inversiones en exploración de petróleo y minerales en las islas (FOGL y FGML). Recientemente ha vendido otras filiales británicas (ferry de Portsmouth para concentrarse en las operaciones de las islas).

Si bien la FIC no explota en forma directa el negocio pesquero (apropiarse ilegalmente de los recursos pesqueros argentinos en Malvinas), como lo había hecho en sus inicios, en la actualidad su rol es imprescindible para hacerlo, ya que como agencia pesquera presta servicios de agencia a buques pesqueros, compra y retiro de licencias ante el gobierno, representación de tripulación, evacuaciones médicas, traducción (relevante en las flotas extranjeras), traslado de equipajes, transporte, representación, logística, provisión de víveres, seguros; mantenimiento y apoyo en puerto. También alquila propiedades a representantes de agencias pesqueras.

Es decir, participa de forma indirecta en el sector pesquero como prestadora de servicios imprescindibles. Para ponderar ello, hay que tener en cuenta, que como agencia de servicios para la flota pesquera extranjera es muy importante, porque en un territorio aislado y con un régimen de licencias muy particular, esa función convierte a la empresa en el puente práctico y legal entre los buques foráneos y las islas, ya que en el sistema pesquero las empresas extranjeras no operan directamente, las licencias se solicitan a través de compañías registradas en las islas que actúan como agentes o socios locales y la data normativa exige que todo buque extranjero con licencia tenga un agente en Puerto Argentino (Stanley).

Ese agente es el destinatario legal de notificaciones, trámites y responsabilidades ante el gobierno isleño y la FIC ofrece cobertura las 24 horas del día a flotas que pueden estar meses lejos de sus puertos de origen, entre otros servicios de tramitación y cobro de licencias, logística, abastecimiento de víveres y combustibles, tramitación y cobro de licencias, repatriación de tripulantes y evacuaciones médicas, alojamiento, transporte y traslados, gestión de escalas, mantenimiento y servicios portuarios, representación administrativa ante autoridades. Es decir, un buque extranjero pesca ilegalmente en Malvinas pero el operador local (FIC) hace posible que esos barcos pesquen.

Y es muy importante porque hay una dependencia absoluta del aislamiento, sin puertos cercanos ni infraestructura; controla el abastecimiento, las gestiones y el contacto con tierra y el acceso de la flota. En síntesis, la FIC, por su carácter de agencia de servicios la sitúa en el punto de contacto imprescindible entre el capital pesquero extranjero y en un territorio pequeño, remoto y dependiente de esa actividad; su rol es relevante.

Desde que Eduardo Elsztain adquirió acciones en las Falkland Islands Company, subsidiaria de FIH group plc., los ingresos de la compañía fueron del orden de los 365 millones de libras esterlinas. El crecimiento más notable se produjo a partir de 2011-2015 por mayor actividad ligada a la exploración petrolera y en 2020 por el aumento de la construcción de viviendas. ¿Cuánto le correspondió de las utilidades al accionista Elsztain?

¿Le alcanzan al accionista Elsztain las limitaciones previstas en las Leyes 24.922 y 26.386? Entendemos que sí y el gobierno deberá actuar en consecuencia, como debe hacerlo con las empresas que tienen vínculos con la actividad pesquera y petrolera en Malvinas y se encuentran habilitadas para operar en el continente argentino.

 

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado. Presidente del Centro de Estudios para la Pesca Latinoamericana (CESPEL). cesarlerena.com.ar.

LA CANCILLERÍA ARGENTINA TIENE UN INQUILINO EN MALVINAS

César Augusto Lerena*

     Imagen: Cba24 

No alcanzamos a imaginarnos, cómo hubiese manejado el Ministerio de Economía la Canciller Diana Mondino si en lugar del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Exterior y Culto le hubiesen encomendado aquella cartera. De números nada y de cumplimiento de obligaciones, contratos y leyes menos y, pese al origen mundano de su apellido y su fluido inglés, no parece que esta señora esté capacitada para manejar un Ministerio que debería representar las relaciones y los intereses argentinos en el mundo. El «inglés» sin contenido o con contenido contrario a los intereses argentinos carece de total eficacia. Alcanzaría con el traductor de Google o cualquier aplicación de Inteligencia Artificial si la cuestión fuese solo números o proyectos de consultoría para terceros; pero no para representar a una Nación Soberana. El manejo en la cuestión Malvinas de la Cancillería haría carecer de sentido la independencia argentina de 1816, recientemente conmemorada.

No nos referiremos aquí a las pésimas declaraciones del gobierno respecto a los presidentes de los principales países importadores de productos argentinos. Cuestión, que no se compadecen con el amable tratamiento que la Canciller le presta a «la Pérfida Albión», pese al gravísimo daño que ésta le infiere a la soberanía argentina, al comercio internacional de nuestros productos, a la economía nacional, al desarrollo regional de la Patagonia, al empleo y al ecosistema marino y pesquero, con la ocupación prepotente de nuestros archipiélagos y mares y apropiándose de nuestros recursos pesqueros e hidrocarburíferos.

Preocuparse por la honestidad de la mujer del Primer ministro del gobierno español ―Estado que reconoció la soberanía argentina de Malvinas― y no exigirle que sus buques gallegos dejen de pescar ilegalmente en Malvinas asociados con los británicos es inadmisible, ya que estos quiebran nuestra autonomía. la normativa legal argentina y la Res. 31/49 de las Naciones Unidas, mientras la Argentina otorga permisos de captura a empresas nacionales de capital español para pescar en la jurisdicción marítima continental argentina.

Por cierto, pelearse con China y Brasil, que junto a España son los principales compradores de productos pesqueros, no parece tener otro fundamento que el ideológico, llamativamente en un gobierno que se autocalifica de «anarcocapitalista». Ahora bien, la pesca ilegal de buques taiwaneses, coreanos y españoles-británicos de los recursos argentinos en aguas argentinas de Malvinas representa el 60% de los ingresos de los isleños, por algo, ya en 2012, el entonces director británico de pesca en las islas John Barton, decía: «sin la pesca no hubiésemos sobrevivido» (El Cronista, 14/3/12). «Trabajar en conjunto», como refiere la Canciller, sería cometer el mismo error cometido por la Argentina en 1988 en los prolegómenos de los Acuerdos de Madrid, donde se descartó «hablar de la pesca».   

En 1848 Sir William Molesworth, quien en 1855 sería el secretario de Estado para las Colonias del Reino Unido, decía: «En las miserables islas Malvinas, no se da el trigo, no crecen árboles, están abatidas por los vientos; desde 1841 nos costaron 35 mil libras, sin retorno ni beneficio alguno. Decididamente, soy del parecer que esta inútil posesión se devuelva, desde luego, al Gobierno de Buenos Aires, que justamente lo reclama». Pasarían 128 años y el 21 de julio de 1976, mediante el Informe de Lord Shackleton los británicos se dieron cuenta que la riqueza estaba en el mar y no en las islas; cuestión que los gobernantes argentinos ―como la Canciller― siguen sin entender e ignoran igualmente que las islas argentinas no las defienden los británicos por los tres mil isleños que las habitan, sino porque están enclavadas en la parte meridional del Atlántico Sur con proyección a la Antártida y control de los océanos Pacífico e Índico de un valor geopolítico superlativo, frente a la vulnerabilidad del Canal de Panamá. Además, que los Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea ya han declarado que la pesca es una cuestión de seguridad nacional, mientras que las autoridades de la Cancillería y de la Subsecretaría de Pesca de la Argentina han sido incapaces de controlar la pesca ilegal que se realiza desde 1976 en el Atlántico Suroccidental de la mano de chinos, taiwaneses, coreanos y españoles-británicos. Solo de las aguas de Malvinas los buques extranjeros extraen anualmente 250.000 toneladas de productos pesqueros por un valor equivalente al 50% del total de las exportaciones anuales argentinas de estas especies y, como es de conocimiento público, se agregará la explotación petrolera de «un yacimiento con reservas comprobables de 300 millones de barriles de petróleo» (Agenda Malvinas, 21/06/2024).

En este escenario, en el imaginario de la Canciller en una reciente conferencia en el Rotary Club de Buenos Aires comparó a Malvinas con «un departamento» en el cual la Argentina es la dueña y los británicos inquilinos y «algunos pensaran que son okupas», obviamente excluyéndose de esta última calificación. Manifestando también, que «si una empresa opera en las islas no puede operar en Argentina y así un montón de temas donde hemos presentado quejas a países vecinos por permitir que aterrice un avión que luego siguió a Malvinas. Eso con nosotros se terminó. Queremos tener una relación razonable, la agresividad con nosotros se terminó. Lo que queremos hacer es mantener una relación en donde podamos trabajar en conjunto».

Estas manifestaciones de Mondino son sinceramente imperiales y esotéricas. No tiene la Canciller un poder omnívoro, la política argentina en la cuestión Malvinas está determinada en la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional y efectivamente las empresas que directa o indirectamente operan en Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y las aguas correspondientes, no pueden hacerlo en el continente nacional por las leyes 24.543; 24.922; 26.386; 26.659 y 27.564 entre otras, todas aprobadas por el Congreso de la Nación y por lo tanto sus dichos y acciones deben cumplir con el mandato popular. Y además de ello, debería estar sancionando a todo buque pesquero que opera en Malvinas.

Los británicos en Malvinas no son inquilinos. No tienen contrato de alquiler firmado por Argentina y son manifiestamente ocupantes ilegales que además violan la Res. 31/49 de las Naciones Unidas avanzando desde 1982 a la fecha en la ocupación de nuevos territorios marítimos argentinos y explotando, como hemos dicho, los recursos naturales argentinos, con los daños ya descriptos.

Imaginamos a la Canciller solicitando a la Ministra de Seguridad la desocupación del edificio de la Cancillería si esta fuese ocupada por un grupo de embajadores y ministros que reclaman por la aplicación del impuesto a las ganancias en sus remuneraciones o, requiriendo la desocupación por la fuerza pública de su casa si fuese ocupada por un grupo homeless que para sostenerse además alquilasen algunas de las habitaciones «circunstancialmente» libres. Los británicos no son inquilinos de las Islas Sra. Mondino, tal vez esté en sus planes y fue un acto fallido. En todo caso, hemos sido incapaces de sacar a los británicos de la zona de confort, con alguna estrategia donde «trabajar en conjunto» (sic) no sea la opción, sino todo lo contrario, ajustar los procedimientos y declaraciones a la legislación vigente y extremar el ingenio y las capacidades para lograr aquello que hasta la fecha no se logró.

La «relación razonable» que la ministra refiere es de tal generalidad e imprecisión y, su referencia a aportes que en forma unilateral la Argentina efectuó en épocas pasadas sin contraprestación alguna por parte de los británicos, les ha permitido llegar a los británicos a este estado de cosas y, en este sentido, le sugerimos tomar nota de la realidad, porque afirmar temerariamente que «Hoy hay un montón de actividades, sobre todo en hidrocarburos y pesca, que no las hacemos ninguno, ni ellos ni nosotros», es desconocer absolutamente la ocupación de nuestros territorios y la explotación de nuestros recursos, que sintéticamente hemos descripto.

El Ministerio es de Relaciones Exteriores y ello exige entender, como refería el escritor, novelista, dramaturgo y licenciado en Ciencias Políticas y Ciencias Económicas Antonio Gala (1930-2023) «la política no puede estar al servicio de la economía», sino todo lo contrario.  

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado. Presidente de la Fundación Agustina Lerena. Presidente Centro de Estudios para la Pesca Latinoamericana (CESPEL).