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UN MUNDO BAJO UN SOLO CÓDIGO GEOPOLÍTICO

Alberto Hutschenreuter*

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El conflicto en Ucrania tiene un origen categóricamente geopolítico, es decir, se produjo como consecuencia de no haberse respetado las necesarias reservas y deferencias de cuño político territorial que requiere toda placa geopolítica selectiva, es decir, aquella zona próxima a un gran poder.

Ucrania se encuentra en una de esas placas; por tanto, su condición es la de un pivote geopolítico. Pero no porque disturbios financieros que tengan lugar allí derramen en derredor y terminen provocando una crisis regional e incluso mayor, como definió Paul Kennedy a un pivote geopolítico. Lo es porque está impuesto, sin que ello altere su soberanía, a observar determinadas condiciones, concretamente, las del centro geopolítico o poder mayor adyacente (Finlandia lo ha hecho por décadas y no por ello alteró su curso político-económico ascendente ni su soberanía). De no hacerlo, tendrá que afrontar consecuencias.

¿Existe acaso una ley que respalde lo que decimos? Por supuesto que no. Todos los países son iguales y, como reza el artículo 2 de la Carta de la ONU, «Todos los miembros se abstendrán de la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o independencia de cualquier Estado».

Pero también sabemos que las relaciones internacionales son, ante todo, relaciones de poder antes que relaciones de derecho. Y la historia es extremadamente abundante en casos relativos con esa sentencia. Como decía Winston Churchill, uno de los grandes realistas de las relaciones entre los estados, «jamás un gran poder permitirá que una organización internacional adopte decisiones por él».

Cuando observamos lo que ha sucedido en Ucrania desde el 24 de febrero de 2022, pareciera que la invasión rusa a Ucrania inició una era de profunda disrupción en las relaciones interestatales. La invasión prácticamente hizo tabula rasa con todo lo que había ocurrido antes en relación con los «procedimientos» de otras potencias cuando en liza se encontraron sus intereses en cualquier sitio del mundo. De súbito, ninguna de ellas pareció haber transgredido los grandes principios del derecho internacional, por caso, en relación con la «extracción» de Kosovo de Serbia a través de una violenta intervención multinacional que nunca fue autorizada por la ONU, siendo Rusia la gran primera fuerza fragmentadora y peligrosa en la política internacional del siglo XXI.

Rusia, un poder centralmente terrestre con extrema sensibilidad geopolítica debido a lo que ha sido una regularidad en su historia (pretérita y presente): poderes externos acechándola y asechándola, es decir, vigilándola, pero también con intenciones de llevar adelante medidas contra ella, siempre reaccionará igual: evitando un desequilibrio geopolítico que implique un descenso de su seguridad territorial.

Por ello, los actores ubicados en su adyacencia o «zonas rojas» necesariamente deben guardar capacidades de deferencia con ella. Pero también esa capacidad no tiene que ser menoscabada por otros poderes. Y lo que ha ocurrido con Ucrania fue que la llegada al poder de Zelenski implicó plantear un enfoque geográfico y geopolítico revolucionario, es decir, desechando otra alternativa, ser parte de la OTAN. Pero ello solo fue posible con la disposición geopolítica revolucionaria mayor, la de la misma organización político-militar. La consecuencia implicó un enorme desequilibrio geopolítico que llevó a la intervención militar rusa.

Pocas guerras han sido tan innecesarias como la que hoy arrasa Ucrania y abre interrogantes inquietantes sobre su curso. Sólo bastaba que se respetaran los códigos geopolíticos. Pero en lugar de ello, hubo por parte de Estados Unidos, particularmente bajo administraciones demócratas, un enfoque centrado en la primacía estratégica y geopolítica, concepto y práctica que nunca se detuvo en considerar ni la experiencia interestatal, ni la experiencia particular rusa.

En otros términos, hubo (y hay) un «wilsonismo geopolítico», es decir, el empuje de una «geopolítica democrática liberal» (universal) llamada a terminar con aquellas «geopolíticas extrañas y autocráticas» que someten a los estados a una condición de vasallaje. El experto Stephen Kotkin considera que la «geopolítica perpetua» de Rusia debe abandonar su componente reaccionario-revisionista y volverse «democrática», o sea, respetar la soberanía e independencia de los estados.

Es peligroso intentar construir un orden interestatal con base en un solo código geopolítico. Es una visión que, una vez más, divide al mundo entre paternales y amenazadores. Una invitación a la discordia y, una vez más también, a la misma guerra, ese fenómeno aberrante y casi olvidado que la maligna Rusia trajo de nuevo.

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL). Ha sido profesor en la UBA, en la Escuela Superior de Guerra Aérea y en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Miembro e investigador de la SAEEG. Su último libro, publicado por Almaluz en 2021, se titula “Ni guerra ni paz. Una ambigüedad inquietante”.

LA GUERRA ANTE SU ESCENARIO MÁS TENEBROSO

Alberto Hutschenreuter*

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A esta altura de los acontecimientos de la confrontación, parecería claro que el propósito de Kiev, es decir, de Occidente, es que las fuerzas ucranianas profundicen lo que ya no son ataques sino una contraofensiva dirigida a romper las líneas del frente ruso en el Dombás y recuperar territorios.

En otros términos, lo que está haciendo Ucrania es utilizar la concepción militar heredada de tiempos soviéticos, esto es, avanzar con artillería, como lo hizo Rusia tras la invasión, pero acompañando este avance con capacidades del siglo XXI; básicamente, negando los medios de defensa de Rusia, complicando su logística y aumentando el número de heridos y muertos del enemigo. Además, lo que se denomina «violencia de precisión», esto es, acciones basadas en el conocimiento de la ubicación de medios del enemigo, le ha permitido a Kiev ganancias en el terreno

Claro que ello no hubiera sido posible sin la ayuda de Occidente, principalmente de Estados Unidos, país que suministra más del 60 por ciento del total de la asistencia, y que considera incrementar dicha ayuda con cohetes de mayor alcance.

Más allá de la narrativa heroica y casi victoriosa que Occidente y Ucrania llevan adelante en paralelo con las acciones en el terreno, hay que señalar que tal vez nos encontremos «ad portas» de la fase más peligrosa de la guerra. El especialista John Mearsheimer ha advertido que en Ucrania «se está jugando con fuego», pues ninguna de las partes aceptará ceder.

La advertencia resulta pertinente, pues en Occidente predomina un enfoque relativo con que la voluntad de lucha ucraniana terminará por llevar a una Rusia agotada a pedir un acuerdo. La posición de Kiev, relativa con que cualquier conversación con Rusia solo es posible con las fuerzas rusas fuera de Ucrania, es un reflejo de aquel enfoque de la guerra. Además, la reciente orden presidencial rusa sobre la movilización parcial también refuerza dicho enfoque, pues la misma corrobora que Rusia ha perdido una importante cantidad de efectivos.

Si el propósito de Moscú ha sido desde un principio, o desde que modificó su estrategia en el frente hace unos meses, hacerse fuerte en el Dombás (para ello es necesario contar con más cantidad de efectivos), es posible que, vía referéndums, termine incorporando los territorios a la Federación Rusa, como hizo con Crimea en 2014. Según la experta Dora Massicot, ello implicaría un medio para un fin: si Moscú declara que son territorios de Rusia, podría entonces proclamar unilateralmente un alto del fuego y denunciar los ataques de Ucrania como ataques contra Rusia. Por tanto, las garantías nucleares pasarían a aplicarse a todo el territorio nacional.

Dado que la tendencia de la guerra continuaría, es decir, las fuerzas ucranianas intentarían continuar avanzando, Occidente incrementaría la ayuda (con cohetes de mayor rango de alcance que los cohetes que utiliza actualmente Ucrania), y el mayor número de soldados rusos no supondría eficiencia militar, entonces la guerra se acercaría a las puertas del escenario más violento, temido y desconocido.

Es pertinente recordar que la doctrina nuclear de Rusia, que entró en vigencia en julio de 2020, establece cuatro condiciones bajo las cuales Rusia usaría armas nucleares: a) llegada de datos fiables de lanzamiento de misiles contra Rusia; b) uso de armas de destrucción masiva contra Rusia y/o sus aliados por parte de un adversario; c) ataque de un adversario contra infraestructuras militares o gubernamentales de la FR; d) agresión con armas convencionales contra Rusia, poniendo en peligro la existencia del Estado, Si bien la situación actual de guerra seguramente introduce otras «habilitaciones», claramente, c y d podrían determinar el recurso atómico por parte de Rusia.

Es posible que en este punto una Europa casi desesperada intente reactivar la diplomacia con el fin de lograr un cese de la violencia. Pero también es posible que «el pacificador ofensivo», que ha demostrado concentrar una notable capacidad de inteligencia estratégica y táctica para asistir a Ucrania, considere que Occidente debe mostrar firmeza y disposición para responder el reto mayor de Rusia, como sucedió en la crisis de los misiles en 1962.

Entonces, la URSS retiró sus complejos, aunque ambos poderes, Estados Unidos y la URSS, realizaron concesiones. Se podría decir que se trató de un empate estratégico, pero ello acaso fue posible por la existencia de una «cultura estratégica» entre ambos poderes mayores del sistema interestatal. ¿Existe hoy cultura estratégica entre Estados Unidos y Rusia? ¿Existe realmente un equilibrio de terror o una mutua destrucción asegurada? ¿Hay voluntad para que exista un balance nuclear? 

Es difícil saberlo bajo un estado de desorden internacional confrontativo, es decir, bajo predominancia de intereses nacionales primero, multipolarismo, seguridad, capacidades, desconfianzas e incluso guerra. Seguramente, si se llegara a utilizar armas nucleares, tácticas o estratégicas, las relaciones internacionales ingresarían en una larga, silenciosa y tenebrosa noche.

 

* Doctor en Relaciones Internacionales (USAL). Ha sido profesor en la UBA, en la Escuela Superior de Guerra Aérea y en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Miembro e investigador de la SAEEG. Su último libro, publicado por Almaluz en 2021, se titula “Ni guerra ni paz. Una ambigüedad inquietante”.

Publicado originalmente en Abordajes, 23/09/2022, https://abordajes.blogspot.com/2022/09/la-guerra-ante-su-escenario-mas.html?m=1

LA GUERRA HIBRIDA

F. Javier Blasco Robledo*

Llevamos un tiempo largo en el que, de vez en cuando, aparecen de nuevo cuño o se recuperan del baúl de los recuerdos una o varias formas de acción o de combate con denominación pintoresca o, cuanto menos, singular. Lo cierto es que unas se derivan de las otras y otras o más bien, se complementan. Pero, hay una de ellas, que de una forma u otra, engloba a todas ellas y recoge de cada una de las anteriores, lo que más le interesa para lograr sus objetivos. Es la conocida como Guerra Hibrida.

Son muchos los que pretenden presentar el concepto de guerra hibrida como algo nuevo u original y que, precisamente, ha surgido con la guerra en Ucrania, pero ninguna de dichas afirmaciones, son ciertas. Para un mejor conocimiento del tema, de entre sus varias definiciones, propongo la siguiente que no es más que una mezcla de varias de las más populares; así la entendemos como «el conjunto de “acciones hostiles de diversas índole y características” que lleva a cabo un país o coalición contra un rival geopolítico “aprovechando las debilidades y vulnerabilidades detectadas en aquel” con el objetivo de hacerlo menguar desde dentro, aunque actuado también desde afuera; a base de acciones, aparentemente incruentas o de no combate, que suelen combinarse con otras que sí lo son, donde las fuerzas armadas se suelen emplear con profusión y saña para, en su conjunto, “lograr y mantener determinados objetivos estratégicos” o la capitulación del Estado atacado y la inhibición, por coacción, de los que le apoyan».

Un concepto que parece rayar o hasta se confunde con el que desde antaño se tiene como el de la “guerra total”; pero que diversos actores prefieren reservar exclusivamente para cuando en los conflictos entran en juego todo tipo de unidades y capacidades de las fuerzas armadas de tierra, mar y aire, aderezadas con acciones cibernéticas, de disuasión, decepción y de guerra electrónica.

Como tal, la guerra híbrida aprovecha las debilidades, dependencias, la propaganda y las presiones internacionales, con especial énfasis en las comerciales y económicas, así como la información inventada o tergiversada para atacar por todos y cada uno de los flancos por los que se puede profundizar para menguar las capacidades del enemigo.

Flancos que, evidentemente, se encuentran en los campos de la diplomacia, la economía, la política exterior, la dependencia energética, el cambio climático y cualquier necesidad para la subsistencia del enemigo, la población civil afectada y la alimentación de la batalla, llegando incluso, en buscar la difamación, el desprestigio y el aislamiento internacional del que se pretende acogotar, a base de estrangularle, cualquier fuente de relación de amistad, comercial y de subsistencia o apoyo que le pueda llegar y retroalimentar.

Para lograr dichos objetivos, conviene hacer un verdadero estudio de área con la finalidad de identificar con claridad las dependencias y vulnerabilidades, las fuentes que los sostienen, los recursos propios o externos y, fundamentalmente, las actuales y potenciales alianzas que puedan surgir en apoyo del pretendido objetivo a atacar.

Una vez identificados todas las reales y potenciales frentes de aislamiento o ataque en su caso, hay que definir claramente quienes y cuantos son los aliados en ciernes a los que deben dirigirse parte de las acciones directas e indirectas, que cohíban a estos de sus ganas y posibilidades de proporcionar cualquier tipo de información o ayuda externa.

Aunque hemos admitido como premisa que la guerra en Ucrania no es el único caso, ni escenario en el que se ha dado este tipo de forma de acción, también es cierto que, ha sido, es y continuará siendo un claro ejemplo de ella. El conflicto actual en Ucrania nos sirve de base para entender el concepto y las formas de actuar sobre la presa y su entorno afín y como progresivamente, se van marcando las diferentes fases y la ampliación de objetivos, hasta tenerlos a todos maniatados.

Hemos visto que inicialmente, se mantuvo un dubitativo o engañoso alcance nacional, sin ni siquiera una declaración implícita de guerra, pero, poco a poco, ha adquirido un ambiente y un radio de acción internacional total, involucrando, de una forma u otra, a muchos actores en ambos lados. Debido a una manifiesta falta de previsión, de experiencia y a un grave y erróneo cálculo militar, pocos o nadie preveían la posibilidad, la intensidad ni el alcance de dicha estrategia; máxime, cuando todos aquellos, sin pensarlo mucho y de forma directa o indirecta, decidieron implicarse en el tema con energía y sin grandes dudas. Ahora es demasiado tarde para volverse atrás o su aplicación, acarrearía unas extrañas y graves consecuencias, de muy difícil curación y olvido a pesar de la velocidad con la que vivimos y olvidamos los temas candentes en la actualidad.

Tras medio año de guerra, hoy ya son claros y bien patentes los efectos de las “incruentas acciones”, llevadas a cabo por Rusia contra todo aquel que ponga en peligro su integridad, credibilidad, dificulte sus acciones contra Ucrania o dude de sus razones para llevar a cabo dicha “operación especial” —tal y como ellos la denominan—, principalmente en el campo de la economía y de las relaciones internacionales.

Europa, por su mala cabeza y falta de previsión, se encuentra sumida en una profunda y duradera crisis energética y, por ende, económica sin precedentes tanto interna como externa. Se puede asegurar, que se ha llegado a dicho punto debido al propio conflicto bélico en sí mismo, pero también y no hay que olvidarlo, a la candidez diplomática y de acción de la UE en su conjunto y de países importantes como Alemania, en particular, al poner durante muchos años todos los esfuerzos energéticos en un mismo cesto y creer que las relaciones comerciales con Rusia no iban a variar cuando a aquellos les interesase y, principalmente, estando dirigida y controlada Rusia por un sátrapa de la categoría de Putin, que odia a Europa e general y a Alemania en particular, desde sus tiempos de agente de la KGB en la RDA.

No hemos sido capaces de evaluar las consecuencias y derivaciones de nuestra implicación en este conflicto armado. Las alegrías políticas adoptadas con desparpajo y “mucho valor” en los albores del mismo, como si fuéramos de romería contra un “enemigo débil” sin pensar que ese débil era Rusia y sus muchas capacidades, en pocos meses se han transformado en algo de imparables consecuencias y con perspectivas aún peores, para cuando empiece y se recrudezca el temido frio invernal.

Una época muy larga y fría para la Europa central y del norte, que abarca un periodo mayor que la propia estación conocida como tal. Las previsiones energéticas no son nada halagüeñas, las medidas adoptadas por el momento, ya apuntan a auténticos parches cuyos resultados o consecuencias nefastas ya asoman a la realidad, no solo son inservibles para superar la crisis energética, sino también para la económica derivada de la anterior; aunque, esta última, hace tiempo que ya apuntaba hacia el mal camino, a pesar de los esfuerzos de nuestros dirigentes en disimularlo y en negar la mayor.

La descoordinación europea en este aspecto y el famoso sálvese quien pueda cuando el barco se hunde empiezan a ser tan patéticos, cada uno empieza a ir por su lado y ya se anuncian por la Comisión europea posibles medidas realmente crudas, de aplicación inmediata y sin miramientos; medidas, que incluso van contra los preceptos y pilares del libre mercado de la UE.

Pero, mucho me temo, que las repercusiones de estas acciones van más allá de las fronteras y actores europeos; la escasez de determinados materiales y materias primas, también afecta a la economía mundial, en el continente americano y en países con economías e industrias muy importantes en Asia como China, Japón, Corea del Sur y la India, lo que unido a las sequias y hambrunas actuales en África y al enorme crecimiento del precio de la energía, indudablemente se sumarán, como otros ingredientes más, a esta tremenda e inesperada ensalada de efectos tan perjudiciales como casi imprevisibles en su totalidad.

Otro fenómeno que se observa en este conflicto de guerra hibrida, es que las mismas o similares tácticas, métodos o procedimientos no solo son usados y con profusión por parte del atacante. El atacado también ha encontrado en ellos una vía de escape, reacción o contraataque mediante la financiación y alimentación del conflicto en su beneficio, a base del empleo de capacidades similares para debilitar las aspiraciones del contrario. La propaganda, los lastimeros y elocuentes discursos ante cámaras de diputados del mundo entero, aprovechando las nuevas tecnologías y los incansables contactos bilaterales, de momento, le están propiciando resultandos más rentables a Ucrania que a Rusia.

De lo contrario, hubiera sido imposible resistir durante seis meses y continuar manteniendo en jaque a un ejército, el ruso, que a pesar de todos sus defectos y grandes problemas de dirección, planeamiento, ejecución y falta de moral de combate, sigue siendo muy superior al ucranio. Un ejército, el ultimo, que está dotado de variopinto armamento y con un complejo y precipitado adiestramiento, aunque pletórico de moral de combate y constantemente regado con una ayuda externa, que en ciertos casos, es francamente importante y vital; aunque en algunos otros, como desde España, es meramente testimonial, a remolque y para cubrir el expediente.

Nos creímos que, como los planes rusos de una guerra relámpago no funcionaron inicialmente, irremisiblemente, Putin iba a perder la guerra. Yo no las tengo todas conmigo, porque la verdad, es que pocos pensaron en que aquella tan desastrosamente y mal llevada campaña inicial, se iba a convertir en un conflicto de este tipo.

 

NOTA: solo el azar o la casualidad, me ha llevado a publicar este trabajo, el mismo día [3 de septiembre de 2022] que el mundo debería estar rindiendo honores a un personaje que hace cuarenta años llevó a la URSS y al mundo a la paz, acabando con una situación de gravísima tensión mundial.

Hoy en las exequias por su muerte, no ha aparecido ningún mandatario ruso, norteamericano, de la UE o de los paísses de Europa, salvo el tantas veces díscolo y criticado primer ministro húngaro, Viktor Orbán.

Mandatarios el resto, que una vez más, muestran su ceguera ante la realidad de que si hace cuarenta años Gorvachov acabó con la guerra fría, hoy uno de sus sucesores en el cargo, nos ha devuelto a la misma situación de partida, pero no en base a la guerra fría, sino con la guerra hibrida.

 

* Coronel de Ejército de Tierra (Retirado) de España. Diplomado de Estado Mayor, con experiencia de más de 40 años en las FAS. Ha participado en Operaciones de Paz en Bosnia Herzegovina y Kosovo y en Estados Mayores de la OTAN (AFSOUTH-J9). Agregado de Defensa en la República Checa y en Eslovaquia. Piloto de helicópteros, Vuelo Instrumental y piloto de pruebas. Miembro de la SAEEG.

 

Artículo publicado originalmente el 03/09/2022 en https://sites.google.com/site/articulosfjavierblasco/la-guerra-hibrida