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¿ES VIABLE LA EUROPA DE LA DEFENSA?

Roberto Mansilla Blanco*

Imagen: centaur60 en Pixabay.

 

Tras las negociaciones directas en Arabia Saudita entre delegaciones de EEUU y Rusia con la finalidad de alcanzar un acuerdo en Ucrania, lo cual ha permitido entre otras disposiciones la reapertura del tráfico de mercancías en el mar Negro, París acogió una Cumbre por Ucrania el 27 de marzo entre los 27 países miembros de la Unión Europea (UE) y la OTAN y en la que se reafirmó el «compromiso europeo» para asistir militarmente a Ucrania.

La UE, concebida y construida a partir de 1950 como un espacio de paz, convivencia y estabilidad, ingresa en este 2025 en la discusión sobre su rearme y su capacidad defensiva. De «territorio de paz», Europa pretende súbitamente posicionarse como actor de guerra. La denominada «amenaza rusa» tras la invasión de Ucrania y el desinterés del presidente estadounidense Donald Trump en seguir prestando ayuda militar incluso vía OTAN son los argumentos más utilizados por los líderes europeos para justificar este rearme.

Puede que en Bruselas las élites europeístas, tan acomodadas en su espacio de confort, comiencen ahora a enterarse de la «nueva realidad» donde la carrera armamentista condiciona y presagia un cambio tectónico en los equilibrios geopolíticos globales así como en los programas de desarrollo y en las iniciativas tecnológicas aplicadas al ámbito militar. En todas estas variables, Europa aún no está a la altura de EEUU, de China o de Rusia.

En España observamos un áspero debate parlamentario sobre el Plan de Defensa presentado por el presidente de gobierno Pedro Sánchez, muy seguramente una reproducción del enviado desde Bruselas por la cada vez más todopoderosa presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, convertida junto con el presidente francés Emmanuel Macron en la más entusiasta impulsora de esta carrera armamentista y de la deriva belicista europea contra Rusia. Dentro de la coalición de gobierno en Madrid, partidos políticos como Sumar y BNG no sólo rechazan este gasto militar sino que también exigen la salida española de la OTAN. Simultáneamente en Madrid se celebraba un Foro sobre la Defensa en la que un experto informaba que Rusia «produce en tres meses más artillería que Europa y EEUU juntas durante un año».

Más allá de los datos hay un hecho indiscutible: Rusia está militarmente más preparada para una eventual confrontación militar, sea contra la nueva Europa «militarista» o contra la OTAN, básicamente porque mantiene intacto su poderío nuclear, experiencia de combate y una serie de recursos militares, industriales y de recursos humanos concentrados en consolidar su defensa y seguridad nacional.

Si bien Moscú busca evitar cualquier clima de tensión con Occidente sin por ello renunciar obviamente a mantener firmes sus imperativos de seguridad ante cualquier provocación exterior, Europa parece apostar por la carrera militarista contra Rusia, de consecuencias imprevisibles, en vez de poner en marcha iniciativas diplomáticas de resolución de conflictos.

 

El razonamiento europeo: del «enemigo conveniente» a las «expectativas de conflicto»

A diferencia de Europa, visiblemente dividida en cuanto el compromiso de asistencia militar a Ucrania, la posibilidad de «resetear» las relaciones con Rusia y la necesidad de rearme, el Kremlin se muestra decidido a la hora de aumentar el gasto militar: se espera que para este 2025, Moscú aumente un 13,5% el gasto en armamentos. En China ocurre lo mismo: el presidente Xi Jinping anunció un aumento del 7% en defensa para este año.

A nivel europeo sólo Francia y Gran Bretaña, por ser potencias nucleares que cuentan con un importante conglomerado militar-industrial, tienen esa capacidad de defensa contra una amenaza exterior. No obstante, en la cumbre de París, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, advirtió que ni Francia ni Gran Bretaña poseen por ahora la capacidad de sustituir a EEUU como líder de la Alianza Atlántica.

No obstante, el complejo militar-industrial francés y británico necesita ampliar su cartera de clientes y el rearme contra la «amenaza rusa» propicia esa expectativa. En el caso francés es más visible esta necesidad de búsqueda de clientes tras perder peso geopolítico, económico y militar en el Sahel francófono (Mali, Níger y Burkina Faso), países cuya reorientación estratégica se ha focalizado hacia Rusia y China. Por otro lado, este contexto de rearme europeo alienta a otros actores como Polonia, observada cada vez más como un socio estratégico clave para la defensa europea y atlantista contra esa presunta «amenaza rusa».

Ahora bien, ¿qué le espera a la Europa de la Defensa? Quizás aquí deberíamos analizar dos variables hipotéticas que pueden explicar el repentino viraje militarista y belicista de Europa: una de esas variables podría denominarse el «enemigo conveniente»; la otra podría definirse como la de «expectativas de conflicto».

¿Qué significa un «enemigo conveniente»? Como lo fue en el caso de la URSS durante la «guerra fría», para Occidente esta condición supone un actor con las siguientes características:

  • entidad política y estatal con legitimidad y capacidad de control de un vasto territorio;
  • suficientes capacidades militares, económicas, tecnológicas, de recursos humanos y naturales;
  • capacidad geopolítica y de alianzas internacionales para contrarrestar y desafiar las pretensiones hegemónicas occidentales, alterando así los equilibrios de poder y el estatu quo.

Para Occidente, Rusia y China entran claramente en estos parámetros sin menoscabar que otros actores de menor rango como Irán y Corea del Norte pueden igualmente ser incluidos en esta lista pero focalizados en contextos geopolíticos determinados, en este caso Oriente Medio y Asia Oriental. En este sentido, el concepto de «enemigo conveniente» determina la justificación por parte de Occidente de armarse ante una supuesta amenaza que ponga en riesgo no sólo su seguridad sino sus expectativas de equilibrio de poder.

La hipótesis del «enemigo conveniente» implica observar la segunda variable, la de las «expectativas de conflicto». La capacidad de amenaza de ese presunto «enemigo» supone calibrar inmediatos escenarios de tensión permanente con capacidad suficiente para convertirse en un conflicto armado.

En el caso de Rusia, esos escenarios serían:

  • Ucrania y el pulso ruso-occidental por mantener sus respectivas esferas de influencia;
  • Polonia y los países bálticos, miembros de la UE y de la OTAN;
  • Transnistria como república de facto dentro de Moldavia. La reciente e ilegal detención de la presidente de Gagauzia, Yevgenia Gutsul por parte de las autoridades moldavas presididas por la europeísta Maia Sandu podría explicarse como una provocación avalada desde la UE para profundizar las tensiones con Rusia;
  • las tensiones en torno al control sobre el mar Negro como paso estratégico hacia el Mediterráneo;
  • el Cáucaso y el espacio euroasiático, donde Moscú mantiene firmes sus esferas de influencia.

Para China, los escenarios de expectativas de conflicto para Occidente se resumen en:

  • Taiwán y las pretensiones soberanistas tanto de Taipei como de Beijing;
  • el sureste asiático y las controversias soberanistas en el Mar de China Meridional;
  • las expectativas de remilitarización de Japón y sus controversias históricas con China;
  • la península coreana;
  • Asia Oriental y los nuevos organismos geopolíticos y de defensa como el AUKUS (2021) impulsado por EEUU, Gran Bretaña y Australia.

Todos estos escenarios suponen conflictos potenciales donde se pondrán a prueba esas hipótesis del «enemigo conveniente» y de las «expectativas de conflicto» que, como en el caso de la «guerra fría», puede que nunca lleguen a materializarse en una confrontación directa.

Objetivo 2030

Para no perder peso ante sus respectivas poblaciones, las élites europeas necesitan justificar ese gasto militar condicionando a la población a seguir ese esfuerzo e incluso avivando el miedo social. La Comisión Europea ya anunció este 25 de marzo la aplicación de un manual de supervivencia para la ciudadanía en caso de emergencia por «crisis bélica, pandemias o desastre natural».

Desde Bruselas, Úrsula von der Leyen ansía una Europa militarmente potente para el año 2030. Rusia avanza precisamente en esa dirección para consolidar su gasto en defensa y sus imperativos en materia de seguridad. En esa dirección, Moscú está reorganizando recursos y planificando estratégicamente su doctrina de seguridad nacional.

Por otro lado, Rusia concibe el contexto actual con los mismos parámetros de «amenaza» (mucho más visibles en este caso) contra su soberanía y seguridad por parte de la OTAN y ahora de la propia UE, los cuales han venido expandiéndose hacia las fronteras rusas desde 1997. China comienza a fomentar igualmente esa idea con respecto a Taiwán, peón estratégico occidental en el contexto asiático cuyo objetivo es reducir la capacidad de influencia de Beijing.

Visto este panorama, el año 2025 anuncia el final de la UE tal y como la habíamos conocido hasta ahora. Con escasa experiencia militar, Bruselas observa ahora como imprescindible reagrupar todo tipo de capacidades militares, políticas, tecnológicas, científicas, económicas e incluso de formación académica para alcanzar la «autonomía estratégica» en materia defensiva.

El «rearme» europeo anuncia nuevos tiempos que algunos expertos califican como «post-normales», los cuales requieren de capacidad de anticipación para acometer escenarios volátiles y de incertidumbre. Pero este propósito aborda interrogantes inevitables: ¿tiene Europa realmente capacidad efectiva para acometer los retos estratégicos que se abren en materia militar, de seguridad y geopolítica para este siglo XXI?; o, por el contrario, ¿seguirá siendo un actor expectante y una mera comparsa dependiente de un EEUU que busca unilateralmente afianzar una hegemonía que se prevé en declive? En perspectiva, ¿tiene futuro la Europa de la Defensa?

 

* Analista de geopolítica y relaciones internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), Magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) Colaborador en think tanks y medios digitales en España, EE UU y América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

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PUTIN: ¿HORA DE CANTAR VICTORIA?

Roberto Mansilla Blanco*

«La tarea es la victoria». Inusualmente vestido con atuendo militar, el presidente ruso Vladimir Putin lanzó esta proclama durante una inesperada visita a Kursk, un bastión prácticamente recuperado por las fuerzas rusas tras expulsar a las «invasoras» tropas ucranianas que tomaron esta localidad en el verano pasado, en una blitzkrieg bendecida por Occidente pero cuyas consecuencias confirmaron la incapacidad de Kiev para mantenerla en pie. Con esta declaración, Putin dejaba claro que permanecen intactos los objetivos iniciales de la denominada «Operación Militar Especial» iniciada en febrero de 2022.

La escenografía «militarista» de Putin con su alto mando en Kursk tiene obvias implicaciones en cuanto a la simbología de poder y del contexto que se está abriendo en la guerra en Ucrania. Rusia avanza en el frente desalojando a las tropas ucranianas del Donbás, con la mente puesta en ganar posiciones territoriales que le permita mantener sus cartas ganadoras en la mano ante la probabilidad de sentarse a la mesa de negociaciones, sea este un armisticio, tregua o paz directa con Ucrania. En este avance militar, el Kremlin tiene en la mira la toma de la estratégica Járkov, vital para cortar en dos la logística militar ucraniana y despejar el camino hacia Kiev.

«Una propuesta positiva». Mientras lanzaba sobre Moscú y otras localidades rusas la mayor ofensiva de drones desde el comienzo de la guerra, cortesía del recién renovado apoyo militar francés y británico, en Arabia Saudita el presidente ucraniano Volodymir Zelenski aceptaba la propuesta estadounidense de un alto al fuego con Rusia por 30 días. Es la primera concesión firme por parte de Kiev hacia Moscú desde que comenzó la guerra en 2022.

«Optimismo cauteloso». Así calificó el Kremlin esta propuesta durante la reunión en Moscú con el enviado de Trump, Steve Witkoff. En Washington, el presidente de EEUU aseguró que se abre una «gran oportunidad» para poner fin al conflicto de Ucrania.

«La pelota está ahora en el tejado ruso» comentaban los principales líderes y medios de comunicación europeos toda vez que desde el Kremlin evitaban expresamente realizar una declaración oficial y definitiva sobre esta tregua mientras aseguraba que cualquier negociación sobre Ucrania «debía decidirse en Rusia». Moscú traza así sus «líneas rojas» condicionantes para eventualmente alcanzar un acuerdo.

Este 18 de marzo, Trump y Putin volvieron a conversar directamente con la intención de sentar bases firmes de negociación en Ucrania. El Kremlin anunció haber aceptado una tregua de 30 días en cuanto a ataques en la infraestructura energética ucraniana a cambio de cesar la ayuda militar y de inteligencia occidental para Kiev. Mientras que rechazó la propuesta europea de despliegue de soldados de mantenimiento de paz en Ucrania, Moscú estudia la creación de «zonas búfer» en el noreste del país, en las fronteras de Bryansk y Belgorod, así como una «zona desmilitarizada» en las regiones ucranianas del sur, cerca de Crimea, incluyendo Odesa.

En este nuevo contexto, Putin quiere poner a prueba la unidad de la OTAN mientras Trump pulsa el clima para conocer hasta dónde es capaz de llegar el Kremlin. A diferencia de su homólogo ucraniano, el presidente ruso no parece tener urgencia en abordar una negociación sin que antes las posiciones militares rusas refuercen su superioridad en el frente.

Putin interpreta con asertividad el difícil momento por el que atraviesan las relaciones transatlánticas. La nueva realidad implica la tramitación de consensos para, cuando menos, negociar de facto un acuerdo de pacificación que le resulte beneficioso en cuanto a atender sus condiciones y demandas: evitar el ingreso de Ucrania en la OTAN, asegurar las conquistas territoriales rusas y sostener un nuevo acuerdo de seguridad con Occidente.

Todo ello sin perder de vista que, lejos del aislamiento motivado por las sanciones occidentales, Moscú ha logrado ampliar sus alianzas estratégicas con actores emergentes como India. En el contexto ucraniano, Bielorrusia se erige prácticamente como un actor estratégico prioritario para Moscú, incluso como peón nuclear ruso.

Pero no es sólo el área euroasiática: Rusia busca atar sus esferas de influencia en el hemisferio occidental. Putin vía telemática confirmó su apoyo a Nicolás Maduro renovando la alianza estratégica ruso-venezolana. En un momento en que aumentan las expectativas de posible intervención militar directa estadounidense en el Canal de Panamá, el Kremlin quiere tener «atada y bien atada» su capacidad de influencia precisamente en el área de influencia estadounidense, América Latina, vía Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Una paz incierta sobre un nuevo «Telón de Acero»

No dejemos pasar por alto algunos aspectos colaterales que pueden arrojar claves sobre porqué el contexto actual del conflicto ucraniano y las relaciones ruso-occidentales están adquiriendo una dinámica determinada por la posibilidad de poner fin a un conflicto militarmente estéril y estancado. No obstante aumentan las expectativas de que esta «nueva realidad» implique la tramitación de un nuevo «Telón de Acero» entre Occidente y Rusia, desde Finlandia y el Ártico hasta el Mediterráneo.

Mientras el mundo esperaba con cierta ansiedad la respuesta rusa a la tregua acordada por Kiev, Armenia y Azerbaiyán ponían fin a 30 años de guerra a través de un acuerdo de pacificación que estabiliza el flanco sur ruso, el Cáucaso, apetecido por Occidente para intentar atraerla y alejarla de la esfera de influencia rusa. El acuerdo implica la retirada de las fuerzas de paz de la UE en Nagorno Karabaj.

Para Moscú resulta esencial no sólo garantizar esa estabilidad sino alejar a Occidente de sus esferas de influencia euroasiáticas. No olvidemos que Georgia y Armenia han tanteado unirse a la UE y la OTAN. En el caso georgiano esta posibilidad está momentáneamente suspendida y congelada, tal y como se vio con las recientes elecciones legislativas de octubre pasado y la neutralización de las protestas pro-occidentales en Tbilisi.

Otro aspecto a tener en cuenta es el peso que Arabia Saudita está teniendo en esta controversia geopolítica entre EEUU, Rusia y Europa en torno a la guerra ucraniana. La «petromonarquía» ya acogió la primera reunión entre emisarios de Washington y Moscú para tratar una negociación en Ucrania (la segunda fue en Estambul) Recibiendo a Zelenski en la primera reunión con representantes estadounidenses tras el escándalo de la bronca con Trump en el Despacho Oval, Washington busca erigir a Arabia Saudí como un interlocutor clave mirando también el panorama en Oriente Medio.

Pero Rusia también tiene aquí sus intereses. Riad puede ser igualmente un actor decisivo en la negociación a tres bandas entre EEUU y Rusia con Irán a causa de su programa nuclear así como en la estabilidad siria, que este mes de marzo volvió a observar el retorno del conflicto con los choques entre fuerzas oficialistas y la minoría alauita y milicias del extinto régimen de Bashar al Asad que dejaron un millar de muertos. Mientras se negocia por Ucrania, Siria vuelve a sumergirse en la violencia sectaria y política con estos enfrentamientos en las provincias de Latakia y Tartús, donde Rusia tiene una base militar. Miles de cristianos y alauitas se han refugiado en estas bases militares rusas.

Mientras Trump y Putin mantenían línea directa, Israel rompió el alto al fuego en Gaza este 18 de marzo, con ataques contra posiciones de Hamás provocando más de 400 muertos. Visto en perspectiva y ante la posibilidad de observar una resolución unilateral del conflicto ucraniano, Benjamín Netanyahu muy probablemente utiliza esta ruptura como instrumento disuasivo para retrotraer la atención hacia las prioridades geopolíticas israelíes, contando con el aval de Trump.

Toda vez que Francia y Gran Bretaña intentan mantener en pie el esfuerzo bélico en Ucrania con su pretensión de ser actores relevantes en la negociación del conflicto, Trump y Putin parecen calcular estratégicamente desde la distancia una especie de reparto de Ucrania en esferas de influencia muy similar a los históricamente famosos repartos de Polonia acaecidos por las potencias europeas entre 1772 y 1939.

China, el convidado de piedra en esta ecuación del nuevo equilibrio de poder global, mira con atención desde la distancia apostando, como siempre ha venido sosteniendo desde el inicio de la guerra, por la negociación e intentando mantener a una Europa políticamente dividida como un actor relevante en este proceso de diálogo y de consensos entre diversos actores implicados, a pesar del desprecio de Trump y Putin por esta fórmula.

En Beijing calculan con atención si este «reseteo» en las relaciones ruso-occidentales, tendientes a un clima de mayor sintonía, implique una bisagra por parte de Trump con la intención de desgajar la alianza estratégica sino-rusa.

Con o sin paz en Ucrania este nuevo «Telón de Acero» fortalece la imparable carrera armamentística a nivel mundial y el nuevo reparto de mercados que esperan pactar las grandes potencias. Un reciente informe del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), publicado el pasado 10 de marzo, explica que la transferencia de material de defensa en el periodo 2020-2024 se mantiene en un nivel similar al que ya se registraba hace una década, aunque apunta hacia un crecimiento sostenido. EEUU, Francia y Rusia lideran este ránking de exportadores de armas seguidos de India, China y Kazajistán. En 2024, Ucrania se convirtió en el mayor importador de armas con EEUU, Alemania y Polonia como principales socios.

¿Ganó Rusia esta guerra?

Mirando en perspectiva los acontecimientos actuales entra en colación una interrogante inevitable: ¿ganó Rusia esta guerra? Las principales variables conducen a intuir afirmativamente, incluso si las negociaciones llegaran a estancarse y el conflicto en Ucrania vuelve a la escena, aunque ahora con una prioridad más degradada y menos prioritaria para las grandes potencias. Tendríamos, por tanto, una especie de reproducción de un «modelo coreano» de congelamiento permanente del conflicto con la posibilidad de no alcanzarse un acuerdo de paz.

En los mass media comienza a aflorar un sentimiento de resignación ante lo que se prevé como una victoria geopolítica de Moscú, más visible en este caso que en el plano militar. Ucrania será repartida entre Trump y Putin con un acuerdo de seguridad que implicará a toda Europa. Más allá de los intereses en las «tierras raras», el futuro de Ucrania se sumerge en la indiferencia. Independientemente de cuáles serán las condiciones para el alto al fuego y la negociación, las consecuencias sociales de esta guerra se perciben igualmente dramáticas, como por lo general sucede en cualquier escenario postconflicto.

Esta perspectiva de posible degradación en la atención del conflicto ucraniano ha motivado al inesperado proceso de «Rearm Europe» con expectativas claramente definidas en la reproducción de un clima de «guerra fría» con Rusia. Como ensayo al nuevo gobierno tripartito que está por constituirse en Berlín entre los conservadores del CDU del presumible nuevo canciller Friedrich Merz, los socialistas del SPD y Los Verdes, el Bundestag, Parlamento alemán, aprobó una reforma constitucional que ampara el rearme impulsado desde la UE y la adopción de una estrategia de economía de guerra.

El plan de rearme europeo no sólo responde a la guerra en Ucrania, sino también a la reconfiguración del orden internacional, en especial ante el vertiginoso vuelco geopolítico global impulsado por la administración Trump. Toda vez sus capacidades reales disuasorias contra Rusia son notoriamente limitadas, Europa necesita blandir la «amenaza rusa» como atenuante para impulsar una agenda de seguridad propia, menos dependiente de Washington.

Las sinergias de Trump con Putin, sus ataques a la OTAN y su antagonismo con Kiev, agudizado en las últimas semanas, han llevado a la UE a tomar por fin en serio su propia seguridad. El plan busca fortalecer áreas clave como la defensa aérea y antimisiles, la producción de municiones y la movilidad militar dentro del territorio europeo. Además, se pretende fomentar el desarrollo de una base industrial de defensa propia, reduciendo la dependencia de proveedores externos, especialmente de EEUU.

El próximo 9 de mayo se conmemora el 80º aniversario del que en Rusia se denomina la Gran Guerra Patriótica contra el fascismo con un fastuoso desfile militar para reverdecer las glorias históricas rusas. Este 2025 Putin celebrará en la Plaza Roja una nueva victoria, si cabe geopolítica, diplomática, militar, moral y psicológica.

Consciente de su superioridad en recursos y sostenido por una calculada paciencia estratégica para sortear los momentos más difíciles, Rusia se esfuerza en regresar en condición de actor de poder dentro del nuevo escenario internacional fortaleciendo su imagen ante una narrativa “patriótica” que le legitima ante su sociedad expresando una victoria de facto contra la OTAN en Ucrania y con un EEUU, antaño el principal defensor de Zelenski, aceptando las condiciones rusas. El Kremlin muy hábilmente sacará provecho de este contexto divulgando su triunfo con efectos propagandísticos toda vez adecúa su economía y a la sociedad hacia una militarización y la necesidad de securitización derivada de las presiones desde Occidente.

Por su parte, Ucrania, destruida a la espera de la jugosa reconstrucción mientras observa casi inerte cómo EEUU y Rusia esperan repartirse esferas de influencia, sin menoscabar los intereses geopolíticos de Polonia y los países bálticos, será solo un cementerio de rencores e interrogantes sobre para que sirvió esta guerra. En el fondo, Kiev se muestra contrariada y traicionada por un Occidente tan dividido como de candidez indolente.

El ex presidente Biden pedía luchar «hasta el último ucraniano». El «temido» Trump razona con otras variables: es mejor parar esta sangría inexplicable «para que no mueran más personas». Y un hábil y paciente Putin se erige ahora ya no sólo como el «señor de la guerra» sino también con expectativas de ser el «líder de la paz».

 

* Analista de geopolítica y relaciones internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), Magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) Colaborador en think tanks y medios digitales en España, EE UU y América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

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ALEMANIA: ELECCIONES EN TIEMPOS DECISIVOS

Enric Ravello Barber*

Las trascendentales elecciones legislativas alemanas tuvieron el resultado que venían anunciando las encuestas, incluida la subida de los neo-comunistas woke de Die Linke que en pocas semanas pasó de estar fuera del Bundestag a lograr una significativa representación con el 8,8%, es decir prácticamente doblando sus resultados.

Las elecciones eran de una importancia mayor porque definía en futuro político de la que aún sigue siendo la primera potencia de la UE. Se sabía que los alemanes iban a castigar a la pusilánime gestión del saliente canciller Olaf Scholz de la SPD y que un nuevo gobierno iba a dirigir Alemania durante los próximos 4 años.

Las dos claves de los comicios son: el regreso de la CDU/CSU al poder tras el descalabro social-demócrata y el histórico resultado obtenido por la nacionalista AfD que logra el 20,8% de las papeletas.

Los resultados por partidos

CDU/CSU. Es el claro vencedor de los comicios con el 28,6% (+4,4%), aunque queda ligeramente por debajo del 30% anunciado en varias encuestas.

AfD 20.8% (+10,4%) es el partido que más crece duplicando sus votos de hace cuatro años. Ese gran resultado le convierte en el segundo parrido de Alemania lo que es un hito histórico rompiendo, medio siglo de tendencia en el que la CDU/CSU y el SPD se disputaban alternativamente el primer y el segundo puesto

SPD con su 16,4% es el gran derrotado de las elecciones pierde un 9,3% de votos y se desciende hasta ser el tercer parido de Alemania.

Los Verdes llegan al 11,6% a pesar de bajar un 3.1% logran aguantar el profundo desgaste de su participación en la saliente coalición gubernamental y las posturas belicistas adoptadas por su Annalena Baerbock como ministro de Exterior de Alemania.

Die Linke 8.8% es el «segundo vencedor moral» de los comicios, casi duplican su representación (+3,9%) a pocas semanas de las elecciones las encuestas le daban un pobre 4% lo que hubiera significado convertir en fuerza extra-parlamentaria e iniciar el camino hacia la marginalidad e insignificancia política. El resultado les confirma como una importante referencia para la izquierda, a lo que se une que su competencia en este espectro político BSW queda fuera del Parlamento.

BSW se queda a 3 centésimas de irrumpir por primera vez en la Cámara alemana. Su 4,97% puede ser un punto de inflexión a la baja de esta formación de izquierda crítica con la inmigración, que tendrá que sobrevivir como extra-parlamentaria cuatro años. Su presencia en parlamentos regionales en el este del país es su posible tabla de salvación.

FPD 4.3% es el «segundo perdedor» de las elecciones bajando un 7.1% respeto a 2021 y quedándose fuera del Parlamento. Los liberales pagan muy cara su anodina participación en el saliente gobierno de coalición. Su líder abandona la política y el partido entre en una deriva que podría llevarle a la desaparición de la escena política (1).

Realidades geográficas y sociológicas

Para entender el significado de estas elecciones y especialmente para conocer las constantes sociológicas alemanas, es importante tener en cuenta estos datos.

AfD es el primer partido en el este de Alemania y gana en todo los länder de la antigua RDA con porcentajes de voto realmente altos.

Sajonia 42,*9 (+17.2)

Turingia 38.6% (+14.6)

Sajonia-Anhalt 37.4% (+19.6)

Meclemburgo-Pomerania 35.3% (+17.3)

Brandemburgo 32.5% (+14.4%)

Necesario añadir, que en dos länder occidentales, AfD ha superado la barrera del 20%.

Sarre 21,6% (+11.59

Renania-Palatinado 20.1% (+10.5%)

Resultados que contrastan con los de la ciudad de Berlín en la que Die Linke es la fuerza más votada con un 19.9%y y AfD ocupa solo el quinto lugar con un 15,1%.

En la Alemania occidental el predominio es claramente para la CDU/CSU.

Más que significativa es la comparación del voto de la mujer joven urbana:

Die Linke 34%

Los Verdes 22%

SPD 12%

AfD 9%

CDU 9%

Con el voto del hombre mayor de área rural:

CDU 42%

AfD 18%

SPD 18%

Verdes 8%

Die Linke 3%

Una comparación que habla por sí misma y que debe ser tenida en cuenta por los equipos electorales de AfD.

AfD se consolida sin duda como el primer partido de los trabajadores alemanes logrando un 37% de voto obrero.

En cuando al voto musulmán se ha distribuido de la siguiente forma:

29% Die Linke.

28% SPD

16% BSW

12% CDU

6% AfD

4% Los Verdes.

Sin duda un dato de enorme importancia sociológica ha sido el voto de los jubilados. Su movilización y su masivo apoyo a los partidos tradicionales (CDU/CSU y SPD) ha sido determinante a la hora de impedir que AfD pudiera acercarse al 25% de votos (2), un porcentaje que hubiera cambiado radicalmente el escenario político. Con esa representación AfD hubiera podido bloquear constantemente las iniciativas legislativas del Bundestag.

El 20% de AfD. Musk no da votos.

20,8% es sin duda un resultado espectacular, pero que ha dejado un ligero sabor a poco entre dirigentes y simpatizantes de AfD. 20% era el porcentaje que daban las encuestas hace meses. La llegada de Trump a la Casa Blanca, la intervención «on-line» de Elon Musk en un acto de campaña y una entrevista de Alice Weidel desmarcándose de los más polémicos del partido, se pensó que podría dar un importante impulso electoral a la formación nacionalista. No ha sido así, es más, desde la intervención de Musk en su campaña, AfD bajó unas décimas en intención de voto (3).

La reacción de Trump a los resultados electorales felicitándose por la victoria de un partido conservador (CDU) demuestra el escaso conocimiento de la política alemana y lo poco que le importa su «aliado» del presidente estadounidense (4)

AfD debe cuidar mucho sus relaciones con la nueva administración de Washington. Trump ya ha anunciado la imposición de un 25% de arancel para todos los productos europeos, incluidos los automóviles (5), un duro golpe para el principal sector exportador alemán y el motor económico del país. Si AfD se quiere colocar como la correa de transmisión de quien daña a la economía y a los trabajadores alemanes, las consecuencias electorales son más que previsibles.

Merz, ¿el anti-Merkel?

Los resultados electorales convierten la líder de la CDU/CSU, Friedrich Merz, en el virtual nuevo canciller alemán. Para lograrlo sólo tendrá que reditar una «gran coalición» con el SPD.

Merz representa el ala derechista y conservadora de la CDU. Su regreso al partido y a la primera fila de la política, que había abandonado por discrepancias con Angela Merkel, ha supuesto un giro a la derecha de la CDU en temas claves, incluyendo un cambio en la policía de asilo iniciada por Merkel, que Merz calificó de catastrófica. Muchos comentaristas coinciden en definir a Merz como un anti-Merkel (6).

Sus primeras declaraciones han sido rotundas en el sentido de recuperar la potencia económica, diplomática y militar de Alemania, llegando a plantear la posibilidad de defensa nuclear para Alemania (7). En este sentido se ha pronunciado claramente por una emancipación europea respecto a Estados Unidos, para lo que está organizando una serie de encuentros con otros líderes europeos una vez asuma el cargo (8).

Sin duda un aspecto clave en estas elecciones y en la evolución política de Alemania en los próximos años es la inmigración y su impacto sobre la seguridad ciudadana. Es el argumento principal que ha permitido a AfD situarse como segunda fuerza política, los estrategas electores de las CDU/CSU lo sabían y durante la campaña hicieron declaraciones en el sentido de mayor control de la inmigración. Pronto se han diluidos las promesas de los siempre frágiles democristianos, a los pocos días de los comicios Merz «matizó» ―una forma suave de decirlo― todas sus promesas electorales en esta materia, asegurando que «nadie ―se refiere a él mismo― ha hablado de cerrar fronteras» (9). Este 3 de marzo Alemania sufrió otro atentado indiscriminado relacionado con la inmigración con dos muertos y varios heridos, otra más de una larga lista (10).

Si Merz a la cabeza de la previsible coalición CDU/CSU-SPD no logra actuar con rotundidad sobre la inmigración-inseguridad, su mandato será una continua crisis que podría llevar a AfD a ganar los próximos comicios, siempre que sus posiciones internacionales no se confundan con quienes en los próximos años van a atacar la industria, la economía y la posición geopolítica de Alemania y de Europa.

Tiempos decisivos como decía Spengler.

 

Notas

(1) https://www.lavanguardia.com/internacional/20250224/10415188/lider-liberales-alemanes-abandona-politica.html

(2) https://www.fdesouche.com/2025/03/03/allemagne-le-vote-des-seniors-en-faveur-des-partis-traditionnels-a-ete-determinant-pour-freiner-lascension-de-lafd/

(3) https://x.com/F_Desouche/status/1893806009484718369

(4) https://www.abc.es/internacional/trump-felicita-alemania-nueva-victoria-conservadora-suyo-20250224022904-nt.html

(5) https://www.dw.com/es/trump-anuncia-aranceles-del-25-por-ciento-a-productos-de-la-ue/a-71763764

(6) https://www.lecho.be/economie-politique/europe/elections/friedrich-merz-l-anti-merkel-aux-portes-de-la-chancellerie/10589036.html

(7) https://www.swissinfo.ch/spa/merz-quiere-discutir-la-defensa-nuclear-con-las-potencias-nucleares-europeas/88911116

(8) https://cnnespanol.cnn.com/2025/02/23/mundo/resultados-elecciones-alemania-friedrich-merz-conservadores-ultraderecha-trax

(9) https://www.swissinfo.ch/spa/merz%2C-ganador-de-las-elecciones-alemanas%2C-matiza-su-pol%C3%ADtica-para-restringir-la-migraci%C3%B3n/88945979

(10) https://www.elmundo.es/internacional/2025/03/03/67c5a275e85ece29378b456e.html

* Presidente de la Asociación de Amistad Euro Sudamericana (AAESA), https://aaesa.org/.

 

Artículo publicado el 04/03/2025 en Euro Sinergias, https://euro-sinergias.blogspot.com/2025/03/alemania-elecciones-en-tiempos-decisivos.html.