Archivo de la etiqueta: Unión Soviética

DE LA PREDICCIÓN DE TOCQUEVILLE AL CONSEJO DE KISSINGER

Agustín Saavedra Weise*

Alexis de Tocqueville, Joe Biden, Henry Kissinger

Alexis de Tocqueville (1805-1859) pronosticó en su obra “La Democracia en América” que, de unirse, Rusia y Estados Unidos dominarían al mundo. Las cosas sucedieron en principio al revés. Basta citar años de enfrentamiento entre la Unión Soviética y Estados Unidos durante casi medio siglo de guerra fría. Derrumbada la Unión Soviética en 1991, 27 años después casi estuvo a punto de hacerse realidad la profecía del célebre galo en 2018 durante la cumbre de Helsinki entre Vladimir Putin y Donald Trump.

El encuentro en la capital finlandesa —más allá de las personalidades de ambos líderes o de las críticas que se les puedan hacer— fue de importancia. La idea era cambiar un absurdo estado de cosas. Una psicosis por parte de medios y políticos norteamericanos acerca de las presuntas interferencias de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016 fue objeto de innumerables comentarios y exageraciones, especialmente por parte de los demócratas, entonces en la oposición, hoy en el poder vía Joe Biden.

Aunque la mayoría de los políticos estadounidenses reconocidos como “liberales” parloteaban acerca de la paz, paradójicamente se rasgaron las vestiduras ante una prueba palpable de paz entre las dos principales potencias nucleares del mundo. Aunque disminuida, dada su enorme extensión territorial, recursos naturales y su capacidad de influencia en vastas zonas de Eurasia, Rusia no es poca cosa; obligadamente debe ser tomada en cuenta a nivel planetario y 30.000 ojivas nucleares la respaldan.

Durante la citada cumbre la histeria de medios y de políticos estadounidenses fue lamentable. No entendieron (o no quisieron entender) la posibilidad concreta de una alianza ruso-americana capaz de generarnos un mundo mejor. Aquí se anotó un poroto Donald Trump. En fin, el proceso quedó en pañales y no se pudo cumplir la predicción del francés Tocqueville. Apartada Rusia de su acercamiento con Estados Unidos, buscó refugio —y lo encontró rápidamente— en una alianza con la República Popular China. Los dos herederos de Gengis Khan ahora marchan juntos frente a un Estados Unidos que viene perdiendo liderazgo en lo económico, aunque aún es superpotencia suprema en lo militar.

Hoy en 2021 los neoliberales estadounidenses siguen con su histeria anti rusa sin medir consecuencias ni atar cabos en forma racional; lo han impulsado a Biden para que tome medidas duras contra Moscú y lo propio están haciendo con sus socios de la alianza atlántica. El complejo industrial-militar se frota las manos ante estas perspectivas de nuevos conflictos.

A todo esto, pocas semanas atrás el célebre Henry Kissinger (97 años) advirtió dramáticamente sobre la necesidad de aceptar un nuevo sistema internacional en lugar de continuar impulsando tensiones que podrían conducir a una situación similar a la de las vísperas de la Primera Guerra Mundial. Durante un seminario a distancia, el legendario ex Secretario de Estado apoyó públicamente la gestación de un equilibrio entre las fuerzas globales existentes: expresó que Estados Unidos tendrá que llegar a un entendimiento con China sobre un nuevo orden mundial para evitar así el riesgo de conflictos perennes tipo 1914, pues si uno de ellos se saliera de control, vendrá el desastre. Kissinger enfatizó la importancia de tener relaciones cooperativas entre Beijing y Washington. Al mismo tiempo, sugirió se amainen las acciones antirrusas. Reiteró que en el mundo actual la paz y la prosperidad planetarias dependen de un entendimiento entre Estados Unidos y la República Popular China.

La idea acerca de que Estados Unidos debería dejar de imponer su voluntad y procurar consensos, no será fácilmente aceptada en Washington. Esto está atestiguado por la aguda retórica que Joe Biden lanzó últimamente contra Vladimir Putin y Xi Jinping. El poder económico de China no significa automáticamente que será superior en todo a Estados Unidos, pero sí será un formidable rival, más peligroso ahora por estar aliado con Rusia. Mayor razón para lograr un entendimiento bipartito y hasta tripartito, si se incluye a Rusia. Hemos quedado lejos de Tocqueville, pero aún es posible lograr la paz mundial en marcos de entendimientos constructivos siempre que Washington, Beijing y Moscú procedan tal como lo sugiere Kissinger.

 

*Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com 

Tomado de El Deber, Santa Cruz de la Sierra, https://eldeber.com.bo/opinion/de-la-prediccion-de-tocqueville-al-consejo-de-kissinger_229361  

EL PROBLEMA XINJIANG-UIGUR

Giancarlo Elia Valori*

Imagen de andy chung en Pixabay 

A finales de marzo, Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido y la UE tomaron una medida concertada para anunciar sanciones por violaciones de los derechos humanos contra los uigures y otras minorías étnicas en Xinjiang-Uigur por parte del gobierno chino.

Esta es la primera vez desde el incidente de la Plaza de Tiananmen en 1989 que la UE y el Reino Unido han impuesto sanciones a China por cuestiones de derechos humanos.

Además, Australia y Nueva Zelandia también emitieron declaraciones expresando su apoyo a las sanciones conjuntas de Estados Unidos y la UE contra China. El Secretario de Estado de los Estados Unidos, Tony Blinken, declaró: “La operación transatlántica conjunta envía una fuerte señal a aquellos que violan o pisotean los derechos humanos internacionales”.

Esta operación conjunta es claramente parte de un esfuerzo concertado de Estados Unidos para trabajar con sus aliados occidentales contra China a través de acciones diplomáticas.

Después de guerras agotadoras en Corea y Vietnam y más tarde en los Balcanes, Afganistán, Irak, Libia y Siria, nos preguntamos:

1) ¿por qué queremos abrir otro frente para exportar la democracia con bombas?

2) ¿Por qué la cuestión de Xinjiang-Uigur se ha convertido en un asunto mortal que une a Estados Unidos y sus aliados para imponer sanciones a China, ignorando al mismo tiempo los comportamientos bárbaros codificados por las monarquías del Golfo de aspecto retrógrado, pero aliados?

3) ¿Por qué la cuestión de Xinjiang-Uigur atrae una atención cada vez mayor de la comunidad internacional?

4) ¿Por qué Estados Unidos utiliza las cuestiones de derechos humanos de Xinjiang-Uyghur para dar forma a una acción diplomática con aliados occidentales contra China y olvidarse de que los negros son asesinados en las calles en casa?

Tratemos de entender mejor la situación.

La importancia estratégica de Xinjiang-Uigur para China es similar a la del Tíbet (Xizang). La región autónoma de Xinjiang-Uyghur es la unidad provincial más grande de China. Abarca una sexta parte del territorio y las fronteras de China en Mongolia, Rusia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Afganistán, Pakistán e India. Puede ser utilizado como base por China para influir en sus vecinos. Sin embargo, Xinjiang-Uigur puede ser utilizado como cabeza de puente por potencias externas para amenazar la integridad territorial de China.

Al igual que el Tíbet (Xizang), Xinjiang-Uigur también tiene un inmenso valor económico en términos de recursos de petróleo y gas, y también puede ser utilizado como un canal para importar energía de Kazajistán. También es un sitio para pruebas de armas nucleares y misiles chinos.

Esta área ha estado tradicionalmente bajo la influencia de varias fuerzas que han reclamado estos territorios. Durante miles de años, los desiertos y montañas de Xinjiang-Uigur fueron atravesados por comerciantes. Pueblos y ejércitos pasaron por él continuamente, a veces formando alianzas con el Imperio Medio, a veces para liberarse de la influencia del Emperador, sólo para caer en peores manos.

Los chinos que viajaron allí antes del siglo XIX conocieron a persas y musulmanes, la mayoría de los cuales hablaban turco. No en vano el otro nombre del territorio es Turkestán Oriental.

La región no se incorporó completamente al sistema administrativo chino hasta 1884, cuando se dividió en provincia y se llamó Xinjiang, que significa “nueva frontera”. El control de China, sin embargo, era frágil y cuando la presencia de China todavía estaba al mínimo en 1944, la población local anunció el establecimiento de una república de corta duración llamada Turkestán Oriental, respaldada por la Unión Soviética liderada por Stalin, que —al igual que los Estados Unidos hoy en día— quería que cayera dentro de su esfera de influencia.

Sin embargo, como Stalin era un gran estadista y no sólo un parvenu, con el nacimiento de la República Popular China, el líder georgiano estuvo de acuerdo en que el territorio se reintegrara al Imperio Medio como la Región Autónoma de Xinjiang-Uyghur.

Con miras a fortalecer el control administrativo y político en la región autónoma, la República Popular China utilizó los mismos métodos en otros ámbitos circundantes: desarrollo de la inmigración, comercio, asimilación cultural, integración administrativa y aislamiento internacional. Ya a mediados del siglo XVIII, el gobierno de Qing había creado una industria nacional cerca de la capital Ürümqi. En el siglo XIX, los comerciantes chinos llegaron en gran número.

Después de 1949, la República Popular China colocó a la región autónoma en un plan nacional diseñado para orientar y dirigir el comercio local hacia la economía interior de China, prohibiendo el comercio fronterizo y los movimientos de personas que estaban muy extendidos en el pasado entre fronteras que en ese momento eran indefinidas y mal gobernadas.

En 1954 China estableció el Cuerpo Semimilitar de producción y construcción Xinjiang-Uigur para transferir oficiales y soldados desmovilizados, así como otros inmigrantes chinos, a industrias, minas y empresas. Durante la Revolución Cultural en la década de 1960, miles de graduados de secundaria fueron delegados para realizar tareas en Xinjiang-Uigur desde varias ciudades de China, especialmente Shanghai, y la mayoría de ellos vivían en granjas. Recuerdo el gran entusiasmo de algunos grandes partidos europeos en esta noticia: los mismos partidos que, después de haber cambiado sus nombres, están derramando hoy “las amargas lágrimas de Petra von Kant” junto con Biden.

En el censo de 2010 —según estadísticas oficiales— de 21.815.815 habitantes, el 45,4% eran uigures y el 40,48% chinos, aunque el número real podría ser aún mayor. Las muchas minorías étnicas reconocidas oficialmente incluían kazajos y musulmanes de etnia china. En las décadas anteriores a 1980, Xinjiang-Uigur se desarrolló lentamente debido a su frontera con la entonces hostil Unión Soviética después de 1960, y debido a su considerable distancia de otras partes de China.

Sin embargo, cuando Deng Xiaoping implementó reformas en la década de 1980, la política de desarrollo de China creó demanda de recursos de carbón, petróleo y gas de Xinjiang-Uigur, convirtiendo así a la zona local en uno de los mayores productores de combustibles fósiles de China.

En la década de 1990, China comenzó a construir oleoductos para transportar petróleo desde el lejano oeste hasta el mercado continental. En 2001, China anunció una política de “desarrollo occidental” para explotar plenamente los recursos de Xinjiang-Uigur. El gobierno central invirtió miles de millones de dólares para construir infraestructura y crear incentivos políticos para atraer empresas nacionales y extranjeras.

Esto ha significado que el país ha aumentado su PIB per cápita, así como ha elevado el nivel educativo. China también ha modernizado su sociedad y esto lo ha hecho impopular con aquellos musulmanes fundamentalistas que, hirviendo de furia terrorista, ahora están pidiendo ayuda de aquellos que inicialmente financiaron a EIIL para derribar al gobierno sirio secular, bajo el lema “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

Durante la mayor parte de la era maoísta, los uigures, así como los menos numerosos kazajos, Kirguistán y otras minorías étnicas, se vieron obligados a abandonar el Islam, aprender chino y renunciar a sus costumbres y hábitos tradicionales. Todo ello para el deleite del entonces epicúreo y ateo Occidente, que siempre ha despreciado la fe: un elemento más de contraste que más tarde se materializó por parte de los fundamentalistas.

Al igual que en el Tíbet (Xizang), los uigures más tradicionalistas creen que su tierra ha sido invadida por inmigrantes chinos y sus vidas están abrumadas por un estilo “occidental” impuesto con autoridad desde fuera: un pretexto de que el presidente Erdoğan ha sido el primero en explotar, sin dejar de incluirlo en su concepción panturanista.

De hecho, después de la implosión de la Unión Soviética en 1991, las comunidades turcas e inmigrantes uigur en los tres nuevos Estados vecinos de Asia Central, a saber, Kazajstán, Kirguistán y Uzbekistán, experimentaron un renacimiento cultural y religioso, creando así un nuevo sentido de esperanza y poder entre los uiguers en Xinjiang-Uigur.

De la década de 1980 a 2001, se produjeron manifestaciones, disturbios, asesinatos ocasionales y ataques terroristas con una frecuencia cada vez mayor. El gobierno chino afirma que el objetivo de los criminales es 1) separar Xinjiang-Uigur de China, y 2) que los separatistas uigures son terroristas vinculados a Al-Qaeda.

Todas estas acusaciones son controvertidas, porque la mayoría de los uigures —musulmanes sunitas seculares o moderados— no han creado ningún movimiento de resistencia, ya que la sociedad uigur no está integrada en torno a parámetros islamistas específicos.

Muchos incidentes parecen tener varias causas y a veces personales, y a menudo resultan en víctimas. Pero, en cualquier caso, las autoridades han lanzado una serie de estrictas campañas de orden público, temiendo que hasta el más mínimo signo de disidencia, como una manifestación, un desfile, una marcha, un tiroteo con la policía, sean amplificados por los medios habituales para allanar el camino para un sangriento conflicto civil local, que —a diferencia del sirio— podría convertirse en la Tercera y Última Guerra Mundial.

Todo esto ciertamente no se desencadenaría para proteger a algunos musulmanes fundamentalistas en defensa de los derechos humanos. Las causas son siempre las mismas.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Porhibida su reproducción.

©2021-saeeg®

 

EL DINAMISMO Y LA EXPANSIÓN DE LA FLOTA RUSA

Giancarlo Elia Valori*

El 14 de diciembre de 2020, Rusia firmó un acuerdo con Sudán para establecer su primer puesto de avanzada naval en África. Hace unos días (precisamente el 28 de febrero) un buque de guerra ruso, la fragata Almirant Grigorovič, entró en Puerto Sudán.

De conformidad con el acuerdo, las fuerzas armadas de la Federación de Rusia establecerán una base naval en Sudán con capacidad para cuatro buques y un personal de 300 unidades. También podrá desplegar naves de propulsión nuclear. El acuerdo estipula que Rusia puede transferir “cualquier equipo militar, munición y material necesarios”. La base (al norte de Puerto Sudán) operará bajo jurisdicción rusa durante 25 años y su uso puede extenderse por otros diez años.

Según el almirante Vladimir Petrovič Komoedov, ex comandante de la Flota rusa del mar Negro, Sudán se encuentra en una importante región del mar Rojo. La apertura de un punto de apoyo logístico a la Marina rusa en Sudán reforzará la presencia de Rusia en el norte de África y Medio Oriente y ayudará a los buques a llevar a cabo misiones militares y económicas en el mar Rojo.

Desde la época de la zarina Catalina II (1729-62-96), Rusia siempre ha estado muy interesada en encontrar bases militares adecuadas en el extranjero. El enorme territorio de Rusia limita la proyección externa de su poder militar, especialmente en el campo naval.

Debido al número extremadamente limitado de puertos marítimos (en proporción a la longitud de la costa) y a la larga distancia, junto con la congelación del mar en invierno y otros problemas, es extremadamente difícil coordinar y hacer que las diferentes flotas importantes cooperen entre sí: una vez que una guerra ha estallado, es fácil ser derrotado por el enemigo.

Esta deficiencia se hizo evidente en la Guerra de Crimea (1853-56) y en la Guerra Ruso-Japonesa (1904-05). En vista de la mejora del dilema geopolítico, el establecimiento de bases navales en “puertos marítimos cálidos” se convirtió en una prioridad.

Desde la década de 1960 —especialmente después de la derrota de la base de Vlora sufrida a manos de los albaneses en 1961—, la Unión Soviética comenzó a intensificar su asistencia militar y económica a los países del Tercer Mundo, así como a desarrollar vigorosamente su Armada y tratar de establecer bases militares en el extranjero, e incluso intervenir directamente en conflictos militares en algunas regiones.

Durante el apogeo de la Armada Soviética, las bases militares en el extranjero se extendieron por todo el mundo. Había 31 bases navales en la República Democrática de Vietnam (unificada luego en 1976), Laos, Camboya, Yemen, Irak, Siria, Etiopía, Somalia, Mozambique, Libia, Egipto, Cuba y Nicaragua, Perú y otros países.

Sin embargo, con la implosión de la Unión Soviética en 1991, la recesión económica de Rusia significó que el país ya no era capaz de mantener enormes bases militares en el extranjero. Desesperados, la mayoría de las bases militares en el extranjero fueron abandonadas y sólo se mantuvieron unas pocas instalaciones militares en las antiguas repúblicas soviéticas, como las bases de radar en Bielorrusia y Azerbaiyán, mientras que la base naval en Tartus, Siria, se redujo a una estación de apoyo técnico material.

A mediados y finales de la década de 1990, bajo la presión de la expansión de la OTAN hacia el este, Rusia comenzó a restablecer bases militares e instalaciones militares en los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), como bielorrusos y Ucrania en Europa oriental, y Azerbaiyán y Armenia en el Cáucaso.

Después que Putin llegara al poder, ya como primer ministro el 8 de agosto de 1999, los países de la CEI se convirtieron en la dirección prioritaria del desarrollo diplomático de Rusia, que poco a poco restableció las bases militares en Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán. A juzgar por la tendencia actual, con la recuperación gradual del poder nacional tras el colapso de la era de Yeltsin —cuando se pensaba que la Tercera Roma debería convertirse en una colonia estadounidense—, el retiro estratégico de Rusia ha terminado esencialmente y el país se ha vuelto más proactivo en su configuración global.

A diferencia de la proliferación de la era soviética, Rusia centra ahora sus energías en dos puntos estratégicos: el Ártico y el Mediterráneo. Debido al cambio climático, el calentamiento global y la contracción del hielo, el tiempo de navegación en el océano Ártico se está acortando, la zona se está expandiendo y las dificultades para desarrollar recursos árticos también están desapareciendo. La posición estratégica del océano Ártico es cada vez más importante.

Rusia es el país con más costa ártica. Desde el punto de vista de la construcción de las instalaciones pertinentes, en 2014 Rusia completó la construcción de la base militar ártica en las islas Kotel’nyj (Nuevas Islas Siberianas). Situada en el punto más septentrional del mundo, la base puede hacer que una variedad de vehículos de combate despeguen y aterricen, incluyendo bombarderos estratégicos de largo alcance. Es la mayor base militar rusa en el Ártico.

A partir de 2018, Rusia ha comenzado la renovación y expansión a gran escala de aeropuertos y bases militares en la región ártica y planea reiniciar trece antiguas bases aéreas de la era soviética. Hasta ahora, Rusia ha construido más de 400 instalaciones militares en las islas árticas de Novaja Zemlja, Tierra de Franz Joseph, Tierra del Norte y Nueva Siberia.

El Mediterráneo también tiene un significado estratégico extremadamente importante para Rusia. Rusia ha tenido un fuerte apego al mar Mediterráneo durante cientos de años. Dado que el mar Negro es una zona marítima casi cerrada con un solo estrecho conectado al Mediterráneo, es muy vulnerable a los bloqueos de otros países durante las guerras. Los zares esperaban tener acceso cerca del estrecho para garantizar un paso seguro. De ahí los diversos enfrentamientos entre zares-sultanes.

En 1960, el primer submarino estratégico estadounidense de misiles nucleares, el George Washington, entró en servicio y sorprendió a los soviéticos porque el misil estratégico Polaris A1 (con un alcance de 2.600 kilómetros) transportado por ese submarino podía golpear a Rusia directamente desde el Mediterráneo. Por lo tanto, la Unión Soviética tuvo que desplegar su fuerza naval en el Mediterráneo para expulsar eficazmente a los misiles estratégicos y submarinos nucleares estadounidenses y garantizar la seguridad de Moscú.

En la década de 1970, la Armada Soviética estableció el Quinto Escuadrón de Operaciones (la Flota mediterránea, disuelta el 31 de diciembre de 1992), que contaba con el puerto sirio Tartus para proporcionar equipos y tecnología para fortalecer su control de la región mediterránea. En los últimos años, Rusia ha renovado y modernizado dicho puerto para facilitar el atraque de buques militares rusos.

Actualmente, el puerto de Tartus es el único punto de apoyo de Rusia en el Mediterráneo. La base se encuentra en la costa oriental del mar y es la puerta de entrada al Oriente Próximo y Medio Oriente. Su posición geoestratégica es crucial. Poseer el puerto de Tartus amplía en gran medida el alcance de las operaciones de la Armada rusa en el Mediterráneo.

No sólo rompe el asedio de la Sexta Flota de EE.UU. y el bloqueo de la Flota rusa del mar Negro, sino que también ayuda a Rusia a intervenir en los asuntos del Próximo y Medio Oriente.

De 2010 a 2012, Rusia llevó a cabo trabajos de construcción a gran escala en Tartus para actualizarlo a una base moderna donde podrían atracar cruceros, portaaviones y otros grandes buques de guerra. En 2013, Rusia reorganizó el Pyataya Eskadra (la unidad operativa de la Armada rusa en el Mediterráneo) en respuesta a la situación que prevalecía en Siria. En 2015, ante el pedido del gobierno sirio, el ejército ruso entró inmediatamente en Siria para ayudar en los combates apoyando a los antiguos aliados y fortalecer la base en Tartus. Para Rusia, está claro que una vez que el puerto de Tartus se pierda, el ejército ruso puede quedar atrapado, sin salida en el mar Negro.

Además de Tartus, la cooperación militar de Rusia con Egipto también se ha desarrollado rápidamente en los últimos años. Especialmente después de la intervención militar de Rusia en la guerra siria, los dos países han recuperado la tradición de amistad soviético-egipcia que se remonta a la época de Nasser y la tecnología militar y la cooperación en materia de seguridad han continuado.

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. El Señor Valori ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Artículo traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción.

 

©2021-saeeg®