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GUAYANA ESEQUIBA: POR ENCIMA DE LA AFRENTA INTERNACIONAL, ENCARAMOS CON NUESTROS PROPIOS MÉRITOS

Abraham Gómez R.*

Nuestro país, desde su existencia republicana, ha sido respetuoso pleno de los acuerdos, pactos y convenimientos suscrito entre naciones y con las organizaciones que regulan el orden internacional.

Tal vez, por esa razón hemos visto vulnerado ―injustificadamente— nuestros legítimos derechos y, a pesar de los múltiples reclamos intentados, pocas veces conseguimos el resarcimiento adecuado y oportuno.

Las entidades supraestatales se crean, de modo preciso, para que asuman la promulgación de sus estatutos y reglamentos, como también para que apliquen la normativa específica en el discernimiento de asuntos controvertidos entre Estados; además ―concretamente― para la vigilancia absoluta de los Derechos humanos, entre otros menesteres.

Acaso se puede ignorar el juego de intereses el cual diseñan y se solazan con su despliegue quienes detentan las directrices de los organismos mundiales, cuyo primordial objetivo consiste en favorecer con sus decisiones al Estado que representan.

No es una invención sobrevendida en esta reflexión.

Hay suficientes ejemplos que dan cuenta de lo señalado anteriormente.

Nos conseguimos con funcionarios, en esos niveles, que sus conductas y desempeños públicos provocan vergüenza, por decir lo menos.

En el caso concreto de la reclamación de la extensión territorial que nos arrebataron ―que comporta el eje central de nuestros estudios académicos― tenemos densos elementos para explayar sobre lo que estamos denunciando.

Comencemos. No hubo forma ni manera de que la Gran Bretaña mostrara y demostrara ―con documentos indubitables― qué fue lo que arreglaron en supuesta compra-venta con el Reino de los Países Bajos, dígase las colonias Berbice y Demerara a la margen derecha del río Esequibo. Lo único que poseían los holandeses en la señalada región; por lo tanto, con lo único que podían negociar.

Toda esa tratativa quedó encriptada en el denominado: «Tratado anglo-holandés de 1814» que, por cierto, hasta la presente fecha dicho escrito no aparece por ningún lado.

Ese «extravío» quizás se produjo adrede para que no exista, en términos jurisdiccionales, la posibilidad de poner las cosas en claro, definitivamente, en esta controversia.

Los ingleses prefirieron adentrarse en ese mar de incertidumbres e indefiniciones; más aún, al saberse respaldados y cohonestados por la complaciente comunidad internacional, de entonces.

No hubo respuestas satisfactorias (ni eco solidario) para la siguiente exhortación hecha por el Padre de la Patria, Simón Bolívar, en 1822, con la finalidad de que los usurpadores reconsideraran la tropelía y desgajamiento que estaban perpetrando contra Venezuela:

«Los colonos de Demerara y Berbice tienen usurpada una gran porción de tierra, que según aquellos nos pertenecen del lado del río Esequibo. Es absolutamente indispensable que dichos colonos, o se pongan bajo la protección y obediencia de nuestras leyes, o que se retiren a sus antiguas posesiones».

A propósito de este centenario pleito, debemos mencionar igualmente el irrespeto de la delegación y gobierno del Reino Unido (y el silencio autoimpuesto de bastantes naciones) al acuerdo suscrito, entre ellos y nuestro país, en 1850; denominado «Convenio de statu-quo», que contemplaba, fundamentalmente, no tomar posesión ―ninguno de las dos naciones― del área disputada y cesar las mutuas acusaciones, hasta resolver la delimitación.

Por el contrario, violaron el compromiso, falsearon las cartografías y ocuparon militarmente las desembocaduras del Orinoco.

Nunca quisieron los ingleses y sus aliados en el mundo que se hiciera la más mínima mención de lo allí pactado.

Todo lo referido trajo como consecuencia que no se consiguiera una fórmula de entendimiento que discerniera la apropiación de la zona en conflicto.

Similar situación la confrontamos, cuando en 1859 suscribimos con Brasil el «Tratado de Límites y navegación Fluvial», mejor conocido como acuerdo para lograr la partición por cuencas; mediante el cual se estableció la frontera entre ambos Estados.

En tal contexto y aceptación: Venezuela le reconocía a Brasil la cuenca del río Amazonas (y hasta cerca o parte del río Negro) y Brasil admitía que la cuenca del río Esequibo correspondía a nuestro país.

Nada de eso se volvió a exponer (como documento de probanza) en ninguna parte.

Hubo demasiado interés internacional para sepultar lo convenido.

Subsiguientemente, nos han burlado y birlado de muchas maneras con estrategias arteras y sibilinas; ejemplo concreto en el «Tratado de Washington de 1897», donde no se permitió la presencia legítima de Venezuela para discutir, analizar y aprobar las preliminares reglas arbitrales para desarrollarse en el proceso llevado a cabo en París, en octubre de 1899, que devino ―en ausencia nuestra y en colusión de las potencias imperiales, de entonces― en la Laudo con el que nos arrebataron una séptima parte de nuestra geografía nacional.

Tal adefesio jurídico, desde sus orígenes, lo hemos calificado (porque exactamente así es) nulo de nulidad absoluta; por lo tanto, no posee la más mínima validez, no surte eficacia jurídica y mucho menos puede ser oponible en ningún juicio.

Abreviando. Más recientemente hemos percibido (sin asombro) cómo algunos entes internacionales siguen complotados contra Venezuela.

Con las reiteradas declaraciones del secretario general de la OEA se puede erigir un templo al descaro y a la desfachatez.

En esa misma línea y sentido los pronunciamientos de la Caricom, la Commonwealth, el G-7, la Unión Europea y en particular muchos países que aparentan ser amigos de Venezuela (explotando recursos aquí y allá); sin embargo, no disimulan la solidaridad que ofrecen a la contraparte, en la controversia que atravesamos.

Entendemos que están defendiendo «sus intereses e ilegales inversiones», y nosotros vamos por la restitución de nuestra soberanía.

 

* Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba. Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela (IDEFV). Asesor de la Comisión de la Asamblea Nacional por el Esequibo y la Soberanía Territorial.

XI VUELVE A EUROPA

Roberto Mansilla Blanco*

Tras cinco años de ausencia, el presidente chino Xi Jinping volvió a realizar una gira por Europa, esta vez con paradas en Francia, Serbia y Hungría. Desde su última gira europea en 2019, el mundo ha cambiado drásticamente: una pandemia global, dos guerras (Ucrania y Gaza) y clima de tensión permanente entre Occidente, China y Rusia.

Tampoco está Donald Trump en la Casa Blanca pero puede volver si gana las presidenciales en noviembre. Y esto merece una gira europea para pulsar las relaciones transatlánticas ante un «Trump II». Con una nueva reelección, el presidente ruso Vladímir Putin sigue férreamente al mando de una Rusia cada vez más compatibilizada en su alianza estratégica con China. Y eso inquieta a Occidente, molesto con Beijing por ese apoyo a su aliado ruso.

En Asia Oriental, Washington traza un eje AUKUS con Gran Bretaña y Australia pero cada vez más acercándose a Japón para cercar a China. Taiwán sigue siendo la crisis de seguridad global más apremiante. Y la OTAN «resucitó» de esa «muerte cerebral» que el presidente francés Emmanuel Macron llegó a tildar allá por 2018. Hoy la Alianza Atlántica redescubrió su ethos convencida de que el enemigo actual es Rusia y en el futuro lo será China; toda vez la OTAN alcanzó una inesperada ampliación hacia países históricamente neutrales como Suecia y Finlandia.

Todo esto gravitaba en la gira europea de Xi. Pero hay más. Como era de esperar, el foco mediático de la visita se concentró en conmemoraciones históricas (el 60º aniversario del establecimiento de las relaciones franco-chinas); vías diplomáticas para la resolución de las crisis actuales (Ucrania, Gaza) toda vez Israel «recibía» la visita europea de Xi invadiendo Rafah; la balanza comercial China-UE; y finalmente las expectativas de Beijing para «resetear» y revitalizar su Iniciativa de la Franja y de la Ruta, mejor conocida como la Ruta de la Seda.

Pero poca atención mediática tuvo un escenario igualmente estratégico: el Sahel. Xi llegaba a París en un momento difícil para el gobierno de Macron tras la súbita pérdida de influencia de sus tradicionales esferas geopolíticas del África francófona vía golpes militares (Níger, Burkina Faso) así como ante la creciente presencia militar y económica rusa y china en la región.

Nada de esto debió pasar por alto para Macrón en la visita de Xi y más cuando el presidente francés es el más entusiasta impulsor de la Europa de la Defensa como alternativa a la OTAN y mirando precisamente a Rusia y China como enemigos. En París, Xi se reunió con el anfitrión Macron y la presidente de la Comisión Europea, la alemana Úrsula von der Leyen, otra entusiasta de la Europa de la Defensa como el presidente francés.

Por otro lado debe observase con atención los crecientes temores europeos ante la desinformación rusa y china y más con unas elecciones parlamentarias europeas a la vuelta de la esquina, donde partidos euroescépticos, populistas e incluso «prorrusos» crecen en la intención de voto.

Tras perder momentáneamente su influencia en un escenario estratégico como el Sahel africano, el complejo militar-industrial francés busca recomponer sus prioridades. De acuerdo con el SIPRI, Francia acaba de desplazar a Rusia como el segundo exportador mundial de armamentos sólo por detrás de EEUU. La Europa de la Defensa es, por tanto, una oportunidad clave para que París reconstruya sus imperativos militares y geopolíticos. Y China, como Rusia, mira con atención este apartado. Occidente vuelve a la carga buscando desequilibrar el peso geopolítico sino-ruso en Asia Central, patente tras la retirada militar estadounidense de Afganistán (2021)

Macron, como anfitrión y portavoz occidental, espera que Xi se convierta en un interlocutor válido ante Putin a la hora de intentar frenar la contraofensiva militar rusa en curso en Ucrania que amenaza con saltar por los aires todo el apoyo financiero y militar occidental al gobierno de Volodymir Zelenski. Mientras Xi visitaba Europa, Putin celebraba en Moscú el tradicional Día de la Victoria contra la Alemania nazi (1945) con un desfile militar, si bien menos ostentoso que en ocasiones anteriores pero sin dejar de suponer una demostración de músculo militar en un momento tan tenso con Occidente como el que estamos observando actualmente.

Kiev tiene problemas de reclutamiento de efectivos y a pesar de los 61.000 millones de euros desbloqueados por el Senado estadounidense para ayuda militar a Ucrania e Israel, las fuerzas ucranianas están exhaustas. Por ello Putin vuelve a tomar la iniciativa, precisamente amparado en sus alianzas económicas y militares con China, Irán y Corea del Norte que le permiten desnivelar a su favor el equilibrio militar en la guerra en Ucrania y la tensión contra la OTAN así como acometer con garantías las sanciones occidentales. No debemos olvidar que Macron ya anunció el envío a Ucrania de tropas francesas de la Legión Extranjera. Xi sabe de antemano que vienen momentos decisivos en el conflicto ucraniano.

El comercio también tuvo su peso en la visita europea de Xi. Beijing quiere fabricar coches eléctricos en Hungría, junto con Serbia las otras dos paradas de la gira europea del presidente chino y, al mismo tiempo, aliados estratégicos europeos del eje euroasiático sino-ruso. Con una balanza comercial favorable a China, Bruselas quiere emitir nuevas leyes para disminuir la fortaleza económica china, especialmente en materia de competitividad tecnológica.

En Belgrado, Xi criticó a la OTAN con motivo del 25 aniversario de los bombardeos de la Alianza Atlántica contra Serbia en medio de la guerra de Kosovo (1999). Candidata para la admisión en la UE e histórica aliada de Rusia, Serbia es igualmente crítica con las políticas europeas. Belgrado mira a Beijing y Moscú como el equilibrio geopolítico ante Occidente. Y China ya sabe, tras la cumbre de Madrid (2022) que es el próximo enemigo estratégico para la OTAN.

La concreción de intereses geopolíticos entre China y Serbia se consolidó durante esta visita. Tomando en cuenta que Serbia tiene en Kosovo un problema con Occidente similar al que tiene China con Taiwán, el anfitrión presidente serbio Alexander Vucic no tuvo reparos al decir que «Taiwán es China». Esta declaración recuerda la concreción de intereses entre Xi y Putin durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Beijing, apenas semanas antes de la invasión militar a Ucrania, en la que ambos mandatarios oficializaron sus respectivos apoyos en escenarios de permanente tensión con Occidente como son Ucrania y Taiwán.

Por tanto, la gira europea de Xi fue una toma de contacto ante la permanente pulsación de tensiones entre Occidente y China, con Rusia en la recámara. Como bien pudieron apreciar Macron y von der Leyen Beijing mantiene inalterable sus intereses estratégicos pero no desestima la diplomacia y la negociación. Y en este apartado, si vemos la tendencia «incendiaria» existente actualmente en la política internacional, Beijing se erige prácticamente como el interlocutor global más capacitado para intentar alcanzar iniciativas de resolución de conflictos. Y lo hizo dos veces en Ucrania y una en Gaza.

Viendo el actual escenario salta la pregunta: ¿permitirá un Occidente cada vez más abocado a seguir manteniendo guerras que China se convierta en ese actor diplomático capacitado para pacificar conflictos?

 

* Analista de geopolítica y relaciones internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), Magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) Colaborador en think tanks y medios digitales en España, EE UU y América Latina.

 

Artículo originalmente publicado en idioma gallego en Novas do Eixo Atlántico: https://www.novasdoeixoatlantico.com/xi-volve-a-europa-roberto-mansilla-blanco/

LA VEJEZ ENTRE LA COMPRENSIÓN E INCOMPRENSIÓN

Francisco Carranza Romero*

Imagen: cottonbro studio en Pexels.

«Niños y ancianos son seres que no pueden sobrevivir sin la ayuda familiar».

Se atribuye a Sidarta Gautama (Siddhartha Gautama o Sakyamuni, el último Buda, siglo V antes de Cristo) este pensamiento: «El ser humano tiene cuatro sufrimientos: nacimiento, enfermedad, vejez y muerte. Todos, sin excepción, cumplimos los procesos de nacer, enfermarnos y morir; pero muchos, desgraciadamente, mueren antes de llegar a la vejez».

Bendita vejez

Juzgando con otra óptica, la vida no es sólo una continuidad de sufrimientos. Cada cumpleaños lo celebramos con alegría. Después de 50 años, cada década es motivo de fiesta y reunión familiar. Y el aniversario de los 100 años es un gran acontecimiento porque es el encuentro hasta de cinco generaciones.

La senectud es la resistencia y superación a enfermedades y problemas. En muchas familias los abuelos conviven con los nietos compartiendo la vida, aunque sea en un espacio reducido e incómodo. La convivencia con los menores también da vida. Es la demostración de que la familia está unida y en pleno diálogo de las generaciones. Los longevos que viven con sabiduría y práctica de las virtudes tienen momentos de alegría por los éxitos de los menores porque los consideran sus proyecciones. Así se merecen el respeto.

Por suerte, hay países donde hay atención preferencial a los adultos mayores. Los programas de atención a los ancianos es una buena ayuda. Así, la longevidad es bendición.

En Corea del Sur, fuera de las casas de retiro, en cada barrio hay un local para los adultos mayores donde ellos se reúnen, conversan, juegan, leen periódicos, ven la televisión y programan fiestas y paseos. Ahora oigamos el canto del poeta coreano Jeong Cheol (1536-1594), «Cantos didácticos para el pueblo»:

Anciano, deme sus bultos de cabeza y espalda. 

Como soy joven, para mí, ni las piedras pesan.

Es triste envejecer y todavía cargar bultos.

(Kim Cheon-taek, canto 54, p. 55)

Triste vejez

Sin embargo, algunos menores evaden la responsabilidad de cuidar a sus padres y abuelos cuando éstos tienen achaques de enfermedades al quedar solos por la viudez, y ya no pueden ayudarles en el cuidado de la casa y los nietos ni aportan económicamente. Prefieren recluirlos en «casas de retiro». Así la alegría de longa vida se convierte en tristeza y soledad interna.

Ahora relato una experiencia que viví en 2017 (texto completo en mi blog: Francisco Carranza Romero, universo quechua, la longevidad es bendición, pero también problema). Antes de viajar a la ciudad de Seúl (Corea), mi esposa y yo buscamos por internet un hospedaje. Una propaganda mostraba Jarden in Palace, un local con muchas comodidades: habitación con cocina y refrigeradora; gimnasio, sauna, comedor, juegos de mesa y cerca de una biblioteca. Hicimos la reservación. En la cálida noche lluviosa del mes de julio llegamos cansados al alojamiento después de muchas horas de vuelo y una hora y media por tierra desde el aeropuerto. Esa noche descansamos sacando sólo lo necesario de las maletas.

Al día siguiente, a las 6.30 am, al bajar a la sauna vimos a ancianos de rostros inexpresivos sentados ante la puerta del comedor aun viendo la hora de atención: 7.20 am. Nuestros saludos con palabras y venias, para nuestra sorpresa, no tuvieron respuesta. Sospechamos que nos habíamos alojado en una residencia de ancianos que, como es negocio lucrativo para laicos y religiosos, se presenta con nombres encantadores: silver town, casa de retiro, casa de reposo, casa de paz… Es el local a donde los hijos muy modernos y ocupados llevan a sus padres cuando ellos necesitan más ayuda y comprensión por sus limitaciones físicas y mentales. «Los mayores están mejor con los de su edad, no están abandonados», justificación de los hijos que se liberan de sus padres considerados como cargas. Pagando la mensualidad creen que están cumpliendo su deber de hijos. Estos ancianos, aun con comida y habitación, habían sido excluidos por sus familiares.

El domingo aparecieron los hijos y nietos con carros de marcas y modelos caros para sacar al anciano o anciana por unas horas para luego devolverlos. Otros ancianos seguían mirando hacia el exterior sin localizar un familiar o conocido. Después de la vana espera, cada uno sacaría su conclusión: «Estoy abandonado y olvidado». Con suspiros largos y profundos se marchaban a sus cuartos con o sin bastón arrastrando los pies, silenciosos y cabizbajos. «No hay dolor más grande que la soledad», verso de un canto andino.

«Qué lección a los menores. Los años pasarán; estos nietos también enviarán a sus padres a los depósitos de ancianos», comentamos contrariados y decididos a salir del lugar.

Recordamos la tradición coreana koryochang de la época de Koryo (918 – 1392): Cuando uno de los progenitores llegaba a la vejez con degradación física y mental y en estado de viudez, el hijo lo llevaba a la montaña o isla lejanas donde lo dejaba con la ración de comida para unos días. Luego se marchaba sin tornar la mirada atrás. El abandonado se quedaba mirando la espalda del hijo que se alejaba hasta perderse de su vista. Era la forma de acabar la vida en aquellos tiempos y lugares. Después del tiempo calculado de sobrevivencia del solitario abandonado, el hijo volvía a recoger y envolver el cadáver para cargarlo en la espalda y entrar al pueblo llorando a gritos como expresión de su amor filial.

En la cultura asiática el cuervo es el símbolo de la piedad filial. Cuando sus padres envejecen, les lleva la comida. Un buen ejemplo frente a tantos pajarracos vanidosos y egoístas que se olvidan de sus padres ancianos y hasta los botan del nido para dejarlos a sus suertes.

Otro canto coreano de autor anónimo:

Jóvenes, no os burléis de los viejos canosos.

Bajo el justo cielo, ¿creéis que siempre estaréis jóvenes?

Parece ayer nuestra alegría de la juventud.

(Kim Cheon-taek, canto 354, p. 142)

Comentario final

Lo que se siembra, se cosecha. Murunqantsikta pallantsik (en quechua). Proverbio universal de los agricultores. La gente de negocios dice algo similar: Tal como se invierte, se gana.

Los que invierten bien en los menores, gozan la ancianidad. Porque los hijos educados con los principios y la práctica del amor filial y gratitud tratan bien a sus padres ancianos. Pero, quienes viven sólo mirando los logros materiales, que no se quejen de los menores por el mal trato en la ancianidad. Ya el peruano Manuel González Prada había lanzado su proclama de joven imprudente: «Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra».

El desarrollo económico y tecnológico da muchas comodidades; pero éstas no significan la verdadera felicidad ni la madurez espiritual mientras haya niños recluidos en los orfanatos y ancianos depositados en los ancianatos. Niños y ancianos son seres que no pueden sobrevivir sin la ayuda familiar.

Y todos debemos prepararnos para asumir la vejez con dignidad, dando buenos ejemplos, sin repetir la cantaleta de que el tiempo pasado fue mejor. Wamram yashqakunata rikar, wiyar yachakun. Yashqam qipa kaqkunata rikar, wiyar yachakun (El niño aprende viendo y oyendo a los mayores. El adulto aprende viendo y oyendo a los menores). Así también llegaremos preparados y serenos a la última evaluación: la muerte.

 

* Investigador del Instituto de Estudios de Asia y América, Dankook University, Corea del Sur.

 

Referencia

Kim Cheon-taek. Antología del canto coreano Sijo. Madrid: Verbum, 2021, (traducción de Hyesun Ko, Francisco Carranza Romero).

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