A CINCUENTA AÑOS DEL PLAN TRIENAL 1974-77 QUE PUDO CAMBIAR EL ACTUAL ATRASO MARÍTIMO Y PESQUERO

César Augusto Lerena*

En estos días concluimos nuestro trabajo “Plan Nacional de Pesca” que incluye “Cien acciones y sus efectos para potenciar la pesca y recuperar el Atlántico Sur” además de un proyecto de reforma de la ley Federal de Pesca (Ley 24.922) que nos llevó a estudiar toda la legislación de Suramérica y el Caribe, la de Estados Unidos y la de la Unión Europea. Analizamos también el Plan Trienal 1974-77 que quedó trunco por el golpe de 1976 y que no parecen haber leído y mucho menos ejecutado ninguno de los responsables de cuidar nuestra soberanía en el territorio marítimo y continental y desarrollar los pueblos patagónicos a través de la producción pesquera, naval y portuaria, en los últimos cincuenta años.

Tal vez, la contienda electoral de 2023 justifique la lectura de las 357 páginas de este Plan Trienal que deja en evidencia, que fuera del esfuerzo privado, empresario y del trabajo, el Estado ha estado ausente en el desarrollo de la actividad marítima y pesquera y, ello se verifica en la falta de cumplimiento de los objetivos y la asignación de fondos que para la promoción y crecimiento de este sector la Argentina tenía prevista hace cincuenta años.

Contribuyeron a la elaboración de este Plan Trienal —en la parte referida a esta materia— además de los Ministerios pertinentes, empresas del Estado, muchas de las cuales fueron vaciadas, desfinanciadas o privatizadas: Administración General de Puertos; Astilleros y Fábricas Navales del Estado S.A. (Astilleros Río Santiago); Atanor SA; Carboquímica Argentina Sociedad Mixta Comercial; Dirección General de Fabricaciones Militares; Fabricaciones Militares Aceros Ohler SA; Empresa Líneas Marítimas Argentinas S.A (ELMA).; Empresa Flota Fluvial del Estado Argentino; Hidronor S.A.; Hierro Patagónico de Sierra Grande SA; Minera Industrias Mecánicas del Estado SA; Petroquímica Bahía Blanca SAIC; Petroquímica Comodoro Rivadavia SA; Petroquímica General Mosconi; Soc. Mixta Siderurgia Argentina; SA Mixta Aceros Especiales; Talleres Navales Dársena Norte SA; Yacimientos Petrolíferos Fiscales; etc. No fue el fruto de apresuradas plataformas políticas electorales.

Se introducía al Plan con un Preámbulo cuya vigencia sigue intacta: “La Argentina sufre una de las peores formas de destrucción: el sojuzgamiento y el estancamiento. Ahora debe reconstruirse lo destruido. Ante todo, la fe en nosotros mismos, en nuestra propia capacidad para crear una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana; para ello, debemos reconstruir nuestras instituciones y su capacidad de realizar grandes obras y profundas transformaciones. y, paralelamente, consolidar la unidad nacional, en una sociedad dinámica, cuyo ámbito no sea degradado por la explotación indiscriminada de nuestros recursos naturales”.

El Plan en lo relativo a la construcción naval tenía por finalidad obtener un considerable incremento del tonelaje de nuestra marina mercante, a la par de incrementar sustancialmente el nivel de producción de los astilleros nacionales. En el período 1964/72, el tonelaje incorporado a nuestra bandera alcanzó a 655.643 TPB; de los cuales el 30% fueron barcos nuevos y de éstos el 53% fue provisto por los astilleros nacionales. El Plan indicaba que el total de embarcaciones a construir en los próximos cinco años alcanzaría a 136 con 514.000 TPB. Los astilleros grandes del país construirían 22 buques, con un total de 502.200 TPB, de los cuales el 52 % correspondían a los armadores estatales y el 48% a los armadores privados, en tanto que los astilleros medianos construirían 108 buques con 12.000 TPB para los armadores estatales y 6 remolcadores para armadores privados. De los 22 buques a construir por los astilleros grandes diez serían graneleros, seis cargueros, cuatro para carga frigorífica y 2 buques-tanque para YPF. Dado que en el último trienio el promedio anual de tonelaje entregado por todos los astilleros fue de menos de 50.000 toneladas, este programa de construcción implicaría duplicar su nivel de actividad. De este modo el programa, a la par de incrementar significativamente la capacidad de transporte de nuestra marina mercante, representaba una fuente de ocupación de magnitud y un mejor aprovechamiento de la capacidad de producción instalada en el país. El costo total del programa era superior a 4 mil millones de pesos, de los cuales, correspondían más de 3 mil millones a los astilleros grandes (buques de más de 5.000 toneladas de porte bruto) y casi mil millones de pesos a los astilleros medianos. Hay quienes dicen que no haber ejecutado este plan le significa a la Argentina una pérdida de 4 a 5 mil millones de dólares anuales en fletes. Según Barletti, “lo correcto sería expresar que la Argentina no participa de los fletes marítimos internacionales que genera su comercio exterior por no contar con empresas navieras dedicadas al transporte internacional o de ultramar radicadas en el país».

El Plan Trienal indicaba que el transporte por agua debía recuperar el papel que le correspondía en el transporte de mercaderías a granel de bajo valor unitario y distancias largas y debería, además, introducir otros tráficos adaptables también hoy al transporte por agua como resultado de las nuevas técnicas de transporte intermodal. Se aseguraría el reequipamiento de la flota de ELMA a fin de sustituir los buques obsoletos por unidades de mayor porte y evitar el uso excesivo de buques extranjeros alquilados. Se ponía especial énfasis en los buques graneleros. En cuanto a las vías fluviales, se impulsaba el uso del transporte por empuje. La flota Fluvial Estatal realizaría las inversiones necesarias para satisfacer la creciente demanda para este sistema de transporte. Por cierto, esta parte del plan sigue pendiente porque la producción de los pueblos del litoral patagónico sigue trasportándose por vía terrestre, con el consiguiente mayor costo y contaminación ambiental.

Respecto a la Industria Pesquera, el Plan refería a que la falta de una política coherente y estable de promoción de la actividad pesquera marítima que originó fuertes fluctuaciones de los niveles de producción y comercialización del sector. La demanda actual y el proceso de inversión de los últimos años han producido una brecha del orden de las 300.000 toneladas por año, entre la capacidad total de la captura y el desembarco efectivo en el año 1973. Un crecimiento adecuado se lograría a través de un incremento sustancial en la demanda interna, que·acompañase al incremento producido en los últimos años en las exportaciones. Esta tendencia parece acentuarse para el próximo quinquenio, actuando como factor determinante el nivel de la producción mundial y la escasez de productos proteicos. Por lo tanto, dice el Plan serán objetivos del sector: consolidar la tendencia a la exportación de productos de mayor grado de elaboración, pero que en 2023 un 60% aún sigue sin valor agregado; promover el desarrollo de la industria naval argentina; que, en 2023 sigue importando buques para la pesca, la investigación pesquera y las fuerzas armadas.

El Plan haría posible aumentar el consumo per cápita anual de 6,60 kg. en 1973 a 13,20 kg. en 1977 y 18,5 en 1980, con un incremento de las exportaciones de 70 mil toneladas en 1973 a 250 mil en 1977 y 450 mil en 1980, número similar a 2022. El cumplimiento de las metas de consumo interno, no se cumplió y en 2023 solo alcanza a los 4,5 kg de consumo per cápita, el más bajo de Latinoamérica y el Caribe, cuyo consumo promedio alcanza a los 10 kg. No podía esperarse otro resultado. Desde 1974 a la fecha nada se hizo al respecto.

Para el período del Plan la inversión sería de 1.500 millones. La mano de obra ocupada por el sector pasaría de 14.000 personas en 1973 a 34.000 en 1977; pero en 2023 alcanzan a solo 20.000 empleos registrados, reduciéndose incluso a los operarios que trabajaban en el sector en la década del 90, pese a que en esta época se incorporaron máquinas descabezadoras, fileteadoras, etc. que luego se desactivaron porque los rendimientos eran menores al trabajo manual. Gran parte del problema es la política extractiva y de proceso a bordo que se lleva.

Entre las medidas a tomar estaban la promoción del consumo de productos frescos y congelados; creación de un sistema de distribución y’ comercialización eficiente; estimular la creación de mercados de concentración y centros de distribución para el pescado de consumo fresco; promover la capacitación a todos los niveles y en función de las necesidades nacionales.

El programa de desarrollo pesquero tenía por propósito el aprovechamiento acelerado integral y racional de los recursos naturales del litoral marítimo, de modo de mejorar la dieta de nuestra población y lograr un fuerte incremento ·de las exportaciones de productos de la pesca. El programa implicaba en forma directa, la construcción de buques, el perfeccionamiento de la infraestructura portuaria existente y la creación de nuevas instalaciones, el perfeccionamiento y racionalización de la red de comercialización y distribución y el desarrollo de la industria derivada. El proyecto preveía una fuerte expansión de las capturas en el litoral marítimo patagónico, llegando al 63 % en 1977 y 83 % en 1980, del total nacional. Pese a que los subsecretarios de Pesca fueron de origen patagónico, el 50% de los desembarcos de estos puertos igualan al desembarco de Mar del Plata.

El Plan indicaba que las inversiones en infraestructura, medios de captura e industrias, serían fuente de demanda para otras ramas industriales y para la construcción. El programa, además impulsaría el desarrollo y aplicación de nuevas tecnologías. Le correspondería al Estado una participación muy decidida, que incluiría: la formación de recursos humanos; desarrollo de la investigación en materia· pesquera; otorgamiento de créditos y subsidios a pescadores, armadores e industriales; establecer un sistema de perfeccionamiento de la calidad; regularizar la comercialización; difundir recetas de fácil preparación en base a los productos más abundantes; organizar campañas de promoción de la demanda; multiplicar las bocas de expendio; crear un sistema de distribución y comercialización capaz de abastecer satisfactoriamente a todo el país; establecer un ente estatal único para la expansión de los productos pesqueros; desarrollar productos elaborados con especies argentinas de alto valor agregado y compatibles con las posibilidades de expansión de la demanda externa; realizar acuerdos para lograr el acceso a los mercados -de los países fuertemente proteccionistas. Nada de esto se ha ejecutado desde el Estado y los negocios son fruto de esfuerzo privado, en buena hora, pero los aranceles de importación de los importadores no se han compensado en el país.

El Plan trienal indicaba que las acciones previstas permitirán elevar la captura de 275 mil toneladas en 1973, a 723 mil toneladas en 1977 y en 1.152 toneladas en 1980. Nada que ocurra en 2023, cuyas capturas alcanzan a las 800 mil toneladas y ello puede deberse a que la Autoridad de Aplicación no ha resuelto el descarte del 30% que refieren los organismos técnicos y de auditoría. Muchos miles de millones de dólares perdidos de 1974 a la fecha. Sin contar con la pesca ilegal que se realiza en el área de Malvinas y sobre los recursos migratorios originarios de la Zona Económica Exclusiva en alta mar.

Las inversiones del Plan en el período 1974/77 alcanzarían a 1.516 millones de pesos, correspondiendo el 76 % a la adquisición de barcos, el 9 % al desarrollo de la industria derivada, 8 % para infraestructura y el resto para mejoras en la comercialización, investigación y formación de recursos humanos.

Respecto al rol de la pesca en el desarrollo regional el objetivo era equilibrar y armonizar el desarrollo de las distintas regiones del país mediante una acción que asigne carácter prioritario a las obras de infraestructura que sirvan al progreso social y a la ordenada y racional expansión de la propiedad y productividad agropecuaria: Ya hemos visto que eso no ha ocurrido, en especial con el desequilibrio que hay entre los puertos patagónicos. Asimismo, dice el Plan, el desarrollo pesquero adquiere un carácter perentorio. El impulso del desarrollo de la actividad manufacturera de producción regional considerando en particular la aplicación de tarifas diferenciales para los servicios públicos que constituyen insumos para aquellas producciones y, la revisión del régimen de coparticipación federal con miras a una más equitativa distribución de la recaudación fiscal.

Se promovía la instrumentación e inicio sin demora de los planes de desarrollo pesquero, dentro de un concepto de regionalización económica, para terminar con el estado de postración y vaciamiento del interior del país y, dentro del eje central de la política alimentaria se promovía un Programa de Fomento de Consumo de Pescado; el fomento mediante el crédito y exenciones impositivas, la industria de construcciones navales del sector de pesca; ejercer soberanía sobre todos los recursos y aprovechamiento de la Plataforma Continental y Mar Epicontinental dentro de las 200 millas y defensa contra la explotación irracional de sus recursos.

En materia de Puertos, afín de mejorar e incrementar la capacidad portuaria del país, superando definitivamente los problemas y limitaciones del Puerto de Buenos Aires, el Plan preveía, en el plazo más breve, que los estudios técnicos permitan la construcción del puerto de aguas profundas en Punta Médanos. Su funcionamiento a 50 pies de calado, lo cual contemplaba suficientemente las previsiones de la evolución de la tecnología naval y la operación de todo tipo de buques, en especial graneleros de gran porte: “La construcción del puerto de aguas profundas excede en su significación a las importantes repercusiones en el comercio de ultramar”. Su localización implicaba crear un importante centro de desarrollo urbano, el que sería provisto de toda la infraestructura de servicio y el desarrollo de importantes inversiones complementarias en actividades auxiliares y conexas a la exportación y el comercio internacional. Asimismo, debería adecuarse la infraestructura vial y ferroviaria para facilitar la convergencia de la producción hacia el puerto; esto significaría en los hechos una reestructuración del espacio, creando nuevos flujos de transporte y modificando la actual estructura de costos de la actividad. Todo ello, en suma, tendría un efecto dinamizador sobre el nivel de producción de importantes zonas agrarias no suficientemente explotadas aún, fortaleciendo y reestructurando los ejes del crecimiento del territorio argentino y contribuyendo, en definitiva, a la integración nacional. Por cierto, la situación de aislamiento del continente de Tierra del Fuego en 2023 resulta absolutamente inaceptable.

Se promoverá —decía el Plan— la construcción de nuevos puertos y el mejoramiento de los existentes, así como la apertura de canales navegables y, como vemos, el Puerto de Mar del Plata tiene más de cien años sin mejoras sustanciales y el puerto de Río Grande en Tierra del Fuego, es una materia de soberanía y operatividad pendiente, pese a encontrarse en un punto estratégico en el Atlántico Sudoccidental, frente a Malvinas, al área marítima ocupada por el Reino Unido y el acceso a la Antártida y los océanos Pacífico e Índico.

Por supuesto daremos a conocer nuestro trabajo “Plan Nacional de Pesca” que incluye “Cien acciones y sus efectos para potenciar la pesca y recuperar el Atlántico Sur” además, de un proyecto de reforma de la ley Federal de Pesca (24.922); pero sería interesante que los candidatos de los distintos partidos políticos digan que van a hacer respecto al Atlántico Sur y Malvinas y, las actividades pesqueras, navales y portuarias.

 

* Experto en Atlántico Sur y Pesca. Ex Secretario de Estado. Presidente de la Fundación Agustina Lerena (Fundada el 21/10/2002), Presidente Centro de Estudios para la Pesca Latinoamericana, CESPEL (Fundada el 02/04/1989).

Autor de “Malvinas 1982-2022. Una gesta heroica y 40 años de entrega” (2021) y de “Pesca Ilegal y Recursos Pesqueros Migratorios Originarios de los Estados Ribereños de Latinoamérica y El Caribe” (2022).

 

SOBRE RUEDAS

Iris Speroni*

Todo el dinero que la Argentina le ha dado a Brasil en los últimos 40 años, en particular durante los gobiernos de Lula, hace más mezquino y despreciable el gesto que el presidente brasileño tuvo para con el nuestro.

 

Argentina exportó en más de dos décadas, del 2000 al 2022, la suma de U$D 1.308.657 millones. Un billón trescientos mil millones de dólares y monedas.

En ese plazo (2000-2022) importó U$D 1.118.252 millones.

Por lo tanto, el saldo comercial de bienes arrojó un superávit acumulado, 2000-2022, de U$D 190.405 millones.

Esa cifra es la mínima que deberíamos tener de reservas en nuestro BCRA.

A la balanza comercial hay que sumarle y restarle los servicios. Esos números aparecen en los informes de cuenta corriente externa del BCRA y nos dedicaremos a eso otro día. Sólo como introductorio, son servicios: intereses públicos y privados, seguros, fletes, turismo, consultorías y asesorías, servicios intangibles (servicios de docencia y desarrollo de sistemas, derechos intelectuales sobre patentes, marcas, arte), dividendos, etc. Es una cuenta fuertemente deficitaria pero solamente porque nuestros gobernantes son extremadamente voraces. Si a quienes venden servicios no quisieran morderles 50% de su facturación por diferencia de tipo de cambio, más IVA, más ganancias, más Dios sabe cuántas más cosas, declararían su facturación y tal vez —tal vez— la cuenta corriente también sería superavitaria.

Esos 190 mil millones de dólares que deberían estar y no están, se fueron a las manos de los amigos. Canuto de políticos, la mentira de la deuda externa, venta de dólares baratos a los “empresarios” amigos muchos de ellos extranjeros. En fin, lo hemos hablado hasta el hartazgo.

Brasil

Durante los gobiernos de Alfonsín y Sarney se establecieron las bases de lo que fue el Mercosur. En un principio se vendió al público como una gran cosa. Básicamente, que le iba a abrir el mercado brasileño a la Argentina, lo que no sucedió.

Las industrias se mudaron de Argentina a Brasil motivados por exenciones impositivas, tipo de cambio competitivo (que estimulaba las exportaciones brasileñas), y un salario que era —en ese entonces— más barato en Brasil que acá. Hoy es al revés. Es mejor el salario brasileño que el argentino. Sin embargo, las empresas no se mudaron de vuelta para acá, lo que demuestra que los salarios bajos son una excusa y no la verdadera razón. Si fuera cierto —que no lo es— nadie pondría industrias en Alemania y las pondría en Namibia, lo que no sucede.

Las multinacionales y algunas empresas argentinas se mudaron y desde allí abastecieron a nuestro país sin pagar arancel alguno. En ese momento, el mercado interno argentino era más importante que el brasileño, lo que se revirtió ya hace varias décadas. No fue un intercambio de ida y vuelta porque la cantidad de trabas que ponen los brasileños a productos argentinos y uruguayos no permiten un comercio fluido (en absoluto). Creo que el Mercosur fue una de las tantas herramientas del tratado de Versalles luego de perder la Guerra del Atlántico Sur. Y que el objetivo —altamente exitoso— fue desindustrializar a nuestro país.

Intercambio comercial de bienes con Brasil

La balanza comercial de bienes con Brasil es altamente deficitaria. 2000-2022 perdimos con ellos la friolera de U$D 54.439 millones. Es decir, le vendemos a todo el mundo para poder comprarle cosas a Brasil. Y se los compramos a ellos y no, por ejemplo, a Irlanda, porque viene de Brasil sin aranceles. Por eso Unilever y Procter & Gamble y J&J nos abastecen productos tan sofisticados como el jabón de tocador, la pasta dentífrica y el shampoo desde Brasil y no desde Malasia o Dinamarca. El tipo de cambio retrasado, la ausencia de aranceles justifica traer esos sofisticadísimos productos por camión por miles de kilómetros en lugar de fabricarlos en, no sé, Merlo, PBA. Hago saber que los argentinos teníamos conocimiento del sofisticado proceso de fabricación de jabón desde las épocas de Vieytes. Digo. Pero no, se lo compramos a los gringos, a precios exorbitantes, fabricado en Manaos. Nos deberían dar el Darwin Award vitalicio.

Quiero hacer la siguiente cuenta y tratar de explicar su monumental importancia. Si sacamos de la ecuación a Brasil, nuestro superávit comercial con el mundo es de U$D 248.822 millones. Esto es, tan mal no hacemos las cosas si podemos exportar tanto al mundo y tener un superávit comercial sostenido. Y conseguimos divisas por el mundo, con la venta de nuestro trabajo, para ir como prostituta golpeada, a ponérselo a los pies de Brasil. En el orden de U$D 54.439 millones en más de dos décadas.

Aun así, quien más dinero le dio a nuestros hermanos brasileños fueron los gobernantes nacionales y populares del Kirchnerismo. Acá los números. De los U$D 54.439 millones de dólares, U$D 40.660 corresponden a los años de Néstor Kirchner, Cristina Fernández y Alberto Fernández. Tal vez así se pueda explicar el entrañable amor de Lula a los gobiernos “nacionales y populares” de aquí. Financiamos parte del crecimiento espectacular de Brasil en estas décadas. Debo aclarar que Brasil creció por su cuenta e hizo algo muy inteligente: desde que asumió Lula la primera vez, puso de motor de su crecimiento al campo. Triplicó las cabezas de ganado (lo que había propuesto el general Perón para nosotros lo llevó a cabo Brasil), mientras el amigo de Lula, Néstor Kirchner, prohibía las exportaciones de carne y era connivente en que los frigoríficos argentinos se vendieran —algunos por monedas— al gigante brasileño.

En qué gastó la Argentina. Esos datos los tiene clarísimos y desagregados el INDEC. Sólo voy a poner la lupa sobre algunas cosas.

En aeronaves (desde globo aerostáticos, helicópteros, aviones, y repuestos), desde el 2002 y el 2022 se compraron a Brasil U$D 1.066.814.281,07. En su mayoría los años 2010 (U$D 327.204.078,34), 2011 (U$D 410.276.795,49), 2013 (U$D 73.604.812,52) y 2016 (U$D 218.013.681,30), que no es otra cosa que el acuerdo de Cristina Fernández con Lula por los EMBRAER para Aerolíneas Argentinas.

Sólo para poder comparar, un buque carguero cero kilómetro ideal para fletar nuestras cosechas, sale 70 millones de dólares. Con ese dinero hubiéramos tenido flota de ultramar propia. Si nos quedamos en la aeronavegación ¿Cuántos Boeing podríamos haber comprado?

Los autos feos

Desde el 2002 al 2022 la República Argentina exportó U$D 136.232 millones por su complejo exportador automotriz. Los informes del INDEC sobre complejos exportadores siempre consignan en forma discriminada lo que trae a la Argentina este sector. Obtener los números de importación del mismo sector, es más complejo. Aun así, voy a tratar de mostrar algunos números.

Exportaciones del Complejo Automotriz – Fuente INDEC. en millones de dólares.

Las exportaciones del rubro 2002-2022 fueron de U$D 136.232 millones.

Del total, a Brasil se exportaron U$D 90.865 millones, lo que constituye el 67% del total. Es decir, de lo que el sector exporta, dos tercios van a Brasil.

Las importaciones del sector automotriz 2002 – 2022 fueron de U$D 190.128.413.481.

De Brasil, en particular, fueron U$D 110.814.054.359, lo que comprende el 58% de las exportaciones del sector.

Más interesante aún es ver cuánto del déficit con Brasil 2002-2022 (que fue de U$D -55.861 millones), U$D fueron por las importaciones netas (importaciones menos exportaciones) del sector automotriz.

Dicho de otra forma, el sector automotriz es una de las grandes succionadoras de divisas de nuestra economía y ciertamente, uno de los grandes motores del crecimiento económico de Brasil, que ya ha quedado en segundo lugar detrás del complejo de exportaciones industriales (para Brasil). Dicho de otra manera, sobre los dólares que nos sacaron en estas últimas cuatro décadas, las invirtieron en el campo y hoy son una de las grandes potencias mundiales. Uno de sus gastos, y bien que hacen, es el militar. Por lo cual, van a incrementar su importancia mundial aún más.

Pero para los tontos locales que sostienen que el campo no importa y lo que importa es la industria, Brasil es el claro ejemplo de que el campo es el motor de la economía, del crecimiento y puede financiar ser una potencia militar.

Todo el dinero que la Argentina le ha dado a Brasil en los últimos 40 años, en particular durante los gobiernos de Lula, hace más mezquino y despreciable el gesto que el presidente brasileño tuvo para con el nuestro cuando lo desairó públicamente y le negó, ante las cámaras, un crédito que el nuestro le solicitaba. Esas cosas no se hacen.

Las exportaciones del complejo automotriz a Brasil fueron de U$D 90.865 millones

Las importaciones del complejo automotriz desde Brasil fueron de U$D 110.814 millones.

El déficit del sector automotriz en el intercambio Brasil-Argentina fue de U$D 19.949 millones.

Nuestro déficit de U$D 55.861 es explicado en un 35% por el sector automotriz.

Inversiones

Por último, las inversiones. El gobierno ha anunciado las inversiones de diferentes terminales automotrices estos últimos días. Si bien toda inversión es bienvenida, debo recordar que el 50% de esas inversiones le salen a las terminales gratis, ya que el BCRA les vende los dólares a mitad de precio. El BCRA le compra dólares a mitad de precio a quienes producen bienes de exportación y luego se lo venden a favorecidos, por ejemplo las empresas extranjeras que ensamblan automóviles aquí. Y estoy suponiendo que los números genuinos y no que están dibujando inversiones con el objeto de comprar millones de dólares a mitad de precio. El mejor negocio que existe hoy en Argentina.

 

* Licenciada de Economía (UBA), Master en Finanzas (UCEMA), Posgrado Agronegocios, Agronomía (UBA).

 

Artículo publicado el 18/06/2023 en Restaurar, https://restaurarg.blogspot.com/2023/06/sobre-ruedas.html

 

PUTIN Y GORBACHOV: LÍDERES DIFERENTES, RETOS Y RIESGOS PARECIDOS

Alberto Hutschenreuter*

Imagen Victoria_Regen en Pixabay

 

Los acontecimientos de estos días en Rusia han recentrado una cuestión que desde hace tiempo provoca interrogantes, sobre todo desde que la invasión u operación militar especial rusa a Ucrania se transformó en campaña, y es la relativa con el grado de apoyo que conserva el presidente Putin como así de las perspectivas.

Lo que en principio fue una asonada por parte del líder de la milicia Wagner, Yevgueni Prigozhin, la misma evidenció no solo capacidad de fuerza, demostrada en Ucrania y en otros sitios de su proyección internacional de «servicios múltiples», sino una creciente capacidad para manifestar disconformidad y ejercer presión frente al mismo poder ruso.

Aunque las diferencias de recursos entre la compañía privada y el Estado ruso son enormes (pensemos solo en el poder aéreo), Prigozhin mostró resolución y llegó a inquietar, al punto que debió mediar el presidente de Bielorrusia para superar la situación y Prigozhin volviera a concentrarse en el complejo frente de Ucrania.

Si bien el poder de Putin nunca estuvo en juego, la «movida» de Prigozhin dejó en claro, como sostiene el analista Marcelo Montes, que aquel no es Stalin ni tampoco Xi, en el sentido de ejercer un mandato nacional absoluto; es decir, el denominado «putinismo de guerra» implica una férrea verticalidad de poder, sin duda, y ello se refleja en la prácticamente desaparición de cualquier expresión de oposición (el juicio que se lleva a cabo a Navalny no trascendió en lo más mínimo), pero esa verticalidad no expresa un mandato político y militar ruso totalitario.

Hace décadas que el totalitarismo ha desaparecido en Rusia como sistema político, incluso desde antes de la llegada de Gorbachov al poder en 1985. El experto francés Alain Besançon sostenía que a partir de la muerte de Stalin ya no hubo totalitarismo en la Unión Soviética, y sí hubo una larga «nueva economía política». Así continúa en parte siendo hoy: existe un régimen autocrático con un partido predominante (no único como antes el PCUS y hoy el PCCh en China).

Este sistema o modelo político supone que existan distintas (aunque controladas) manifestaciones, por caso, en la literatura, como sucedió en su momento con obras de Alexandr Solzhenitsyn e incluso en la misma política. Para el historiador Stephen Kotkin, la insurrección de Prigozhin significó el surgimiento de una alternativa en la política de Rusia.

Los hechos recientes dispararon algunos paralelos, por caso, con el intento de golpe que desde los sectores duros de la KGB se intentó en agosto de 1991 para desplazar a Gorbachov.

El mismo terminó fracasando porque los insurrectos no tuvieron mayoría y porque en aquella débil URSS había una dinámica de disgregación como consecuencia (principalmente) de la postura afirmativa del líder de la República Socialista Soviética de Rusia, Boris Yeltsin, quien junto con el presidente de la RSS de Ucrania y el de la RSS de Bielorrusia acabaron con la URSS en diciembre de ese año.

Putin se encuentra lejos de la debilidad y soledad que acompañaron a Gorbachov aquel año estratégico.

En la Rusia de hoy hay cuatro organismos sobre los que se apoya el poder: el Consejo de Seguridad, el Servicio de Inteligencia Militar (más conocido como el GRU), las Fuerzas Armadas y el Servicio Federal de Seguridad (ex KGB). Hasta el momento, y con las limitaciones en relación con la información que se dispone, no hay cuestionamientos (y menos conatos) contra el presidente dentro de estos «tanques» de poder.

Además, la guerra fungió funcional para que el régimen restringiera sensiblemente los movimientos y voces opositoras. En rigor, la ofensiva comenzó antes con el impulso de una legislación anti opositora. La guerra profundizó ese impulso, llevando a la detención y a severas penas a los críticos de la misma, por citar a dos: Vladimir Kara-Muza, a quien le dieron 25 años, e Ilia Yashin, condenado a ocho años.

Por otra parte, Putin posee rasgos de liderazgos más zaristas que soviéticos, es decir, se trata de un líder clásico, nacionalista y conservador (se tiende a relacionarlo con los zares del siglo XIX, particularmente con Nicolás I, 1825-1855, por su férrea defensa de la autocracia, la ortodoxia y la patria), a diferencia de Gorbachov que fue un mandatario soviético, ideológico y transformacional.

Ahora bien, hay retos que afronta Putin que lo aproximan al último mandatario de la URSS. Dejando por un momento la guerra, que es el principal desafío para Rusia hoy, Putin (o quien lo suceda) tiene por delante la enorme tarea de convertir a Rusia en un poder cabal, es decir, un actor estratégico. Grande lo es, rico lo es, pero Rusia es insuficiente o débil en varios de los segmentos de poder nacional e internacional, por ejemplo, en tecnologías avanzadas (de disponerlas, seguramente habría proporcionado semiconductores a China). Obviamente, el escenario de guerra dificulta sobremanera esta urgencia, y continuará dificultando en la posguerra.

Gorbachov fracasó en modernizar su país (que también se encontraba en guerra en Afganistán). Y como bien dijo Jacques Levesque, elegido para salvar la URSS, el «sétimo secretario» acabó siendo el responsable de su final.

Pero son los riesgos los que peligrosamente acercan a Putin a Gorbachov. Y los hechos de estos días hacen pensar en ello, más allá de la posición firme de aquel.

Lo que queremos decir es que, así como los acontecimientos empujaron a Gorbachov a no poder evitar la fractura del país-continente, Putin podría ser, a su modo, el responsable de una situación de desorden y fisión nacional. Tal vez no sea semejante a lo que sucedió con la URSS, pero sí aproximada.

Ello podría ocurrir si Rusia sufriera un revés militar en Ucrania, es decir, si fuera finalmente expulsada del territorio que ocupa. Un escenario así tendría secuelas políticas de escala en Rusia creándose una situación que podría devolver al país a los años noventa, un período de debilidad interna e internacional sin precedente en Rusia. Pero también podrían abrirse problemas con la prolongación de la guerra a partir de situaciones como la de estos días, pero en la que los insurrectos prosigan y el país (en estado de confusión y agitación) quede ad portas de un choque interno.

Por ello, en gran medida, en esta guerra «la victoria no tiene sustitutos» para Rusia, para emplear palabras de un general estadounidense.

Se trata nada más que de escenarios que merecen considerarse a partir de los sucesos de estos días, y porque no comprometen solamente a Rusia, una superpotencia nuclear y regional, sino a la seguridad continental y mundial.

 

* Alberto Hutschenreuter es miembro de la Saeeg. Su último libro se titula “El descenso de la política mundial en el siglo XXI. Cápsulas geopolíticas y estratégicas para sobrellevar la incertidumbre”, Editorial Almaluz, 2023.

©2023-saeeg®

Sociedad Argentina de Estudios Estratégicos y Globales

This site is protected by wp-copyrightpro.com