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LA CASTA Y EL FONDO

Santiago González

Negociar con un dealer es inmoral, no hacerlo es por lo menos imprudente

 

Los cambiemitas se ufanan sin el menor rubor de haber contraído una deuda astronómica con el Fondo Monetario Internacional, el préstamo más grande que ese organismo haya concedido en toda su historia, y los kirchneristas se aprestan con impostado disgusto a renegociar ese préstamo impagable. Aunque una cosa es consecuencia de la otra, las dos son igualmente inmorales, similares al tráfico con un vendedor de droga. El FMI ha sido el dealer de la Argentina desde 1976 y, como suelen hacer los dealers, amenaza con usar de la fuerza a fin de asegurarse el cobro, y no le importa si para eso es necesario matar a un jubilado, o a millones de jubilados.

No hay nada moral envuelto en el trato con el FMI porque el FMI tiene la moral de un dealer. Un prestamista profesional jamás le habría entregado 50.000 millones de dólares al gobierno de Mauricio Macri. Al dealer no le importan las cualidades de su cliente, sólo le interesa mantenerlo abastecido y con vida mientras siga consumiendo y pagando. En realidad, el FMI tiene menos moral que un dealer, porque el dealer en definitiva está haciendo un negocio para obtener una ganancia, mientras que el propósito del FMI no es cobrar intereses sino afianzar la dependencia y sumisión de sus clientes, manteniéndolos endeudados en beneficio de terceros. No fue creado para eso, pero se convirtió en eso.

A mediados de los 70, los Estados Unidos acababan de abandonar el patrón oro, y estaban en proceso de imponer el dólar como divisa mundial de atesoramiento y referencia. Mediante complejos mecanismos financieros descriptos con todo detalle en media docena de libros por el economista estadounidense Michael Hudson, lograron ordenar la economía mundial en función de sus propios intereses, convirtiendo en satélites al resto de los países desarrollados y condenando al atraso permanente a las naciones en desarrollo. El gran instrumento para la consecución de esos fines fue el endeudamiento, y sus operadores los organismos multilaterales como el FMI.

A mediados de los 70 la Argentina era el país más promisorio de América latina, con estadísticas de desarrollo humano comparables con las de las naciones avanzadas, el sistema de defensa más poderoso de Sudamérica y desarrollos propios en áreas críticas de la ciencia y la tecnología, desde la energía nuclear y la cohetería hasta la medicina y la genética. Contaba con todo lo necesario para dar el salto: energía, praderas, agua, todos los minerales imaginables y una sociedad educada y sin conflictos. Hacía gala además de una inquietante tendencia al comportamiento independiente, como lo comprobó Henry Kissinger en la famosa conferencia sobre población de 1974. En suma, la Argentina reunía todas las condiciones como para ser blanco de un ataque. Y lo fue.

El golpe militar de 1976 tuvo el propósito declarado de combatir a la guerrilla, y el objetivo oculto de acomodar la economía argentina al orden mundial gestionado desde los Estados Unidos. El asesoramiento brindado por el Comando Sur (y también por algunos ex miembros de la OAS francesa) sobre la forma de reprimir la insurgencia, las señales ambiguas de Washington respecto de Malvinas, el flujo constante y generoso de dólares en préstamo asegurado por David Rockefeller, y las políticas económicas del ministro José Martínez de Hoz se combinaron en una sinergia letal. Cuando los militares volvieron a sus cuarteles en 1983, dejaron un país sin guerrilleros pero desarticulado, indefenso, endeudado como nunca antes en su historia, y herido en su estructura productiva. Es decir, lo dejaron en manos del FMI.

La Argentina ya había requerido los auxilios del Fondo en 1958, 1959, 1960, 1961, 1962, 1967, 1968, 1975 y 1976 (antes del golpe): se trataba de pequeños préstamos puente destinados a salvar ocasionales desajustes financieros, tal como había sido el propósito original del FMI. A partir de 1976, cuando la Argentina comienza a endeudarse seriamente con la banca privada y a recibir inversiones extranjeras, el FMI se convirtió de hecho en garante de que los prestamistas pudieran cobrar sus créditos y las empresas retirar sus dividendos en divisas fuertes sin inconvenientes. Ése fue el propósito central en los acuerdos firmados con el Fondo en 1976, 1977, 1983, 1984, 1987, 1988, 1989, 1991, 1992, 1996, 1998, 2000, 2003 y 2018, todos los cuales incluyeron recomendaciones o exigencias de política económica.

El FMI es un dealer de dealers, proveedor pero también agente de seguridad para otros proveedores y, al estilo de Barceló y Ruggierito en la Avellaneda del siglo pasado, servicial custodio de los consumidores sociales. El economista Hudson lo describió así en una reciente entrevista: “Otra vez la Argentina está a punto de defaultear o repudiar la deuda que tiene con el Fondo Monetario Internacional, que esencialmente es un arma de la política exterior norteamericana. El FMI le presta plata a un país como la Argentina para solventar la fuga de capitales. Hace posible que las empresas norteamericanas y las familias ricas de la Argentina saquen fuera del país sus fondos en pesos, o escudos, o lo que usen allí, convertidos en dólares.” Hudson no conoce muy bien la Argentina: duda sobre la denominación de su moneda. Pero la cita como ejemplo sobre cómo funciona el FMI, cuáles son sus políticas respecto de cualquier país.

El ex presidente Macri, probablemente de manera involuntaria, le dio la razón al académico estadounidense cuando confió en un reportaje que “la plata del FMI la usamos para pagarles a los bancos comerciales que se querían ir porque tenían miedo de que volviera el kirchnerismo”. Las críticas que suscitó esa declaración le obligaron entrar en detalles que no hicieron más que ratificar su admisión inicial: “La plata de la deuda fue para pagar uno a uno los préstamos que iban venciendo, porque el que tenía ese préstamo no lo quería renovar”, dijo y añadió: “El FMI nos prestó para que podamos pagar y no entrar en default, y seguir administrando la transición política hasta el segundo mandato”.

No es un secreto que Donald Trump intervino personalmente para que el FMI aceptara conceder a la Argentina, contra la opinión de los socios europeos, un préstamo de magnitud sin precedentes. Pero, ¿con qué intenciones? ¿Arrojarle un salvavidas a un amigo o, como supone Hudson, amarrar todavía más a la Argentina con los lazos de la deuda? Macri no tiene dudas. Piensa que Trump “se portó muy bien con nosotros” y cree en las bondades del Fondo: “No están para ganar plata, sino para que a la Argentina le vaya bien. Necesitan que todos los países del mundo se fortalezcan y contribuyan a mejorar la calidad de vida de los habitantes de este planeta. El FMI pide un plan. Si hay un plan, esto se refinancia.” El FMI pidió y obtuvo un plan en cada uno de los acuerdos citados, pero a la Argentina nunca le fue bien.

Hudson describe así la naturaleza de los planes solicitados: “Y entonces el FMI deja que la moneda local colapse, de hecho insiste en que la moneda colapse. Porque dice que cuando uno no puede pagar sus deudas, la manera de hacerlo es imponer la austeridad, bajar los salarios y recortar la inversión en infraestructura, detener el gasto público. Y así, el resultado de esta política del FMI, con el Banco Mundial detrás, es reducir cada vez más la capacidad de los países para pagar sus deudas. Y así es cómo se endeudan cada vez más, y se vuelven cada vez más dependientes del crédito oficial estadounidense. Los préstamos del FMI y esencialmente la deuda se usan internacionalmente para empobrecer a otros países, tal como se está empobreciendo ahora la economía norteamericana.”

Pero se necesitan dos para bailar el tango. El FMI no tendría poder sobre la Argentina si no hubiese encontrado aquí su pareja en la casta política. La coreografía entre el dealer y el adicto es así: la casta primero endeuda al país para cubrir su propio desorden presupuestario, para proveerse de dólares baratos que se vende a sí misma y a sus amigos, y para brindar oportunidades a los expertos en triquiñuelas financieras; como no puede pagar sus vicios, algo que tanto el FMI como la casta saben de antemano, acto seguido renegocia el pago de la deuda en condiciones cada vez más lesivas para el país pero que aseguran el mantenimiento del sistema.

El endeudamiento es una estafa a la Nación, siempre lo ha sido. Desde el último cuarto del siglo pasado, la Argentina se ha endeudado de manera multimillonaria (y también ha pagado deuda de manera multimillonaria), pero el crédito no se advierte en inversiones ni en infraestructura ni en desarrollo. El único efecto palpable del endeudamiento ha sido el de paralizar el desarrollo argentino, abaratar el trabajo argentino y rebajar el precio de los activos argentinos. Y aumentar los impuestos.

En 1975, la deuda externa argentina sumaba 7.947 millones de dólares y representaba un 35% del PBI. Al término del primer semestre de este 2021, la deuda alcanzó los 257.643 millones de dólares y representó un 70% del PBI. Entre una fecha y otra se suscribieron 17 acuerdos con el FMI, cada uno acompañado de sus pertinentes recetas sanadoras. O el médico no acierta con el diagnóstico, o el adicto no tiene cura, y le están robando la plata con tratamientos inútiles mientras lo mantienen convenientemente abastecido. El fallecido diputado Mario Cafiero dejó documentado ese robo en dos trabajos cuya consulta es aleccionadora. El primero figura como anexo del llamado “informe Carrió” sobre lavado de dinero, emitido en 2001 por una comisión investigadora especial de la Cámara de Diputados. El segundo se titula “El FMI y la debacle argentina (1976-2003)”, y también se lo encuentra en los archivos de la cámara.

La economía argentina no recuperó la salud con las recetas del Fondo, dice Cafiero en el segundo informe citado. Pero, en cambio, “el FMI logró en Argentina un resultado concreto; obtuvo una profunda transnacionalización de su economía, en beneficio directo, casualmente, de las empresas e intereses del grupo de países del G7, que controlan el FMI”. Y agrega: “los resultados de estas políticas, que se miden en dramáticos costos sociales, económicos y humanos, han recaído y siguen recayendo sobre las espaldas del pueblo argentino, en especial de los más desprotegidos y pobres”. En el anexo al “informe Carrió”, Cafiero muestra cómo el pago de los intereses de la deuda representaba en 2001 el 20% del déficit fiscal; ahora la proporción se redujo a casi el 16% pero sólo porque el gobierno incrementó el déficit en todos los demás rubros.

La renegociación del crédito exorbitante que el FMI concedió al gobierno de Macri no es un simple trámite financiero como el ex presidente sugiere con desconcertante puerilidad. Sus condiciones pueden afectar seriamente la capacidad de decisión de cualquier gobierno respecto del manejo de su economía. Hay que reconocer que la vicepresidente tuvo una mirada más cautelosa sobre el asunto: “Nuestro país tiene el peso inédito de una deuda también inédita con el FMI. Es un momento histórico de extrema gravedad, y la definición que se adopte y se apruebe puede llegar a constituir el más auténtico y verdadero cepo de que se tenga memoria”, escribió Cristina Fernández hace algunos días. Y descargó la responsabilidad, correctamente, en el Congreso nacional.

No se trató, sin embargo de un republicanismo tardío de la líder kirchnerista, sino de una olímpica lavada de manos: “No es Cristina”, dijo hablando de sí misma en tercera persona. “Es el titular del Poder Ejecutivo quien lleva adelante las negociaciones, en ejercicio de su responsabilidad constitucional en esta materia” y “son los 257 diputados y los 72 senadores quienes tienen la responsabilidad legal, política e histórica de aprobar o no cómo se va a pagar y bajo qué condiciones la deuda más grande con el FMI de todo el mundo y de toda la historia”. Si después vienen los reproches, nunca está de más preparar de antemano el “yo no fui” y el “yo avisé”. Resguardos que toma cualquier político avisado.

Alberto Fernández, por su lado, pretendió hacerse el duro: “Antes de cerrar un nuevo acuerdo”, intimó a Kristalina Georgieva, “haga su evaluación de lo que fue el fallido programa por el que se desembolsaron 44.000 millones de dólares que se mal utilizaron en pagar deuda insostenible y en financiar salida de capitales”. Fernández le alcanzó su propia evaluación, pero no era necesario. Antes de que el presidente argentino lanzara su desafiante exigencia, el Fondo ya tenía preparado el balance sobre la utilización del préstamo que ahora debe renegociar, algo rutinario en estos casos. “Hemos trabajado hasta ahora de manera constructiva, pero aún queda mucho por hacer”, lo sofrenó Georgieva, instándolo a “trabajar por un programa que mejore significativamente los fundamentos macroeconómicos de la Argentina y la coloque en una senda sólida para recuperarse de esta crisis”.

Mauricio, Alberto, Cristina y Kristalina pueden estar tranquilos: la casta política va a aprobar la renegociación, como lo ha hecho desde 1983, con algún tira y afloja irrelevante sobre sus términos y condiciones como para salvar la cara y entretener a la tribuna.

“Como siempre ocurrió en la historia argentina, y ahora no será excepción —escribió el consultor Marcelo Posada—, el acuerdo con el FMI es a favor de la perduración del endeudamiento de mediano plazo, a favor de que la casta siga su juego y, por consiguiente, a favor de prolongar la agonía de la sociedad. Cada intervención del FMI ‘a favor del país’, como la de 2018, es en contra de la sociedad, y ésta será lo mismo. Los parches de estos ‘acuerdos’ sólo sirven para impedir cualquier reforma estructural del Estado. Y no sólo cualquier reforma: también inciden para asegurar el mantenimiento de la presión impositiva. Al buscar mantener elevados los ingresos públicos (para destinarlos al pago de la deuda), el FMI se opone a la reducción de impuestos”.

5Negociar con el Fondo es inmoral, no hacerlo es por lo menos imprudente: lo sabe cualquiera acostumbrado a tratar con dealers. O abonado a Netflix. La casta parasitaria entiende muy bien el mensaje mafioso contenido en las cifras del “riesgo país”, la amenaza que agitan cada noche los noticieros televisivos.

 

Artículo originalmente publicado el 10/12/2021 por Restaurar.org, http://restaurarg.blogspot.com/2021/12/la-casta-y-el-fondo.html

Tomado a su vez de https://gauchomalo.com.ar/la-casta-y-el-fondo/

CUMPLE UN AÑO LA COTIZACIÓN DEL AGUA EN WALL STREET

Agustín Saavedra Weise*

Imagen de rony michaud en Pixabay 

Un año atrás —desde diciembre de 2020— el agua (H2O) comenzó a ser cotizada en el mercado de futuros de materias primas de Nueva York; ya no se la trata como recurso natural sino como mercancía. Mucho ha tenido que ver con esto la aguda escasez de agua que arrastra el estado más importante de EEUU. Si se midiera como unidad política independiente California sería la quinta potencia mundial, superando a Francia. Su gran economía y la escasez intrínseca del líquido elemento obligaron a que los californianos regulen el agua bajo dominio estatal.

El hecho de que el líquido elemento sea tratado como mercancía y no como materia prima ha provocado asombro general, pero también trajo consigo un principio de racionalidad en su control; se trata de un bien básico para el comercio, la agricultura, vida cotidiana e industrias en general. El agua es multiuso en todo ámbito, es esencial para la marcha normal de un país y hasta para asegurar la sobrevivencia y bienestar de su población.

El “Water Index” rastrea el precio del agua y está basado en los precios de las cinco principales cuencas fluviales de California, aunque en el cercano futuro tal vez podría ser utilizado como referente en la comunidad internacional.

Hace varios años que se viene hablando del agua, pero siempre hablando y actuando poco. Por ejemplo, la Argentina es un país absolutamente independiente en materia de agua, no solamente por la Cuenca del Plata y los lagos sino también por poseer parte del acuífero Guaraní, el reservorio subterráneo de agua más grande del mundo. Empero, he aquí que el 25 % de la población en la provincia de Buenos Aires carece de acceso a múltiples servicios hídricos.

En su momento comenté en otra nota el caso de Manaos, capital del estado de Amazonas en Brasil, país número uno mundial en materia de oferta de aguas. Manaos está ubicada sobre las costas del río más caudaloso del mundo, el Amazonas justamente. Pese a tanta abundancia hídrica, la ciudad tiene serios problemas de abastecimiento.

En muchos casos latinoamericanos y africanos, los problemas sociales del agua son derivados de pésimas administraciones estatales. En otros casos, sí son problemas estructurales de escasez, como es el caso comentado de California, y algunos otros en la inmensa región euroasiática. En Bolivia también tenemos inconvenientes con el aprovisionamiento de agua para consumo humano, fines sociales e industria y ello, casi siempre como resultado de malas administraciones y falta de previsión.

El hecho de que al presente el agua sea considerada como un derecho humano por las Naciones Unidas mientras en simultáneo tiene efectos comerciales y especulativos mediante su cotización bursátil, es de interés general; nos muestra con respecto al segundo elemento natural más importante (el primero es el aire) que el mundo está comenzando a tomarse seriamente las cosas.

Es probable que después de un año de experimentar, el mercado de valores de Wall Street se amplíe e incluya cotizaciones hídricas en los mercados internacionales; eso no se puede descartar ni anticipar, pero que debemos cuidar el agua sí lo sabemos muy bien y debemos hacerlo. He aquí uno de los dilemas del siglo XXI: cómo aprovechar y racionalizar —sin desperdicio y con capacidad de reciclaje— el uso de un producto natural precioso para la humanidad.

 

* Ex canciller, economista y politólogo. Miembro del CEID y de la SAEEG. www.agustinsaavedraweise.com

Nota original publicada en El Deber, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, https://eldeber.com.bo/opinion/cumple-un-ano-la-cotizacion-del-agua-en-wall-street_258466

 

ACTIVIDADES REGIONALES CHINO-RUSAS DESPUÉS DE AFGANISTÁN

Giancarlo Elia Valori*

Después de que los talibanes tomaran el control de Afganistán en agosto pasado, Rusia advirtió contra la amenaza de la organización extremista del Estado Islámico (ISIS) y el aumento del tráfico de drogas. Los talibanes han decidido cooperar con Rusia, China e Irán para mantener la seguridad regional. La agencia de noticias France-Presse informó que los talibanes habían participado en conversaciones de alto nivel en Moscú. Durante ese tiempo, diez países solicitaron asistencia humanitaria de emergencia para Afganistán y dijeron que los países que se habían retirado recientemente del Afganistán debían proporcionar fondos para ayudar a la reconstrucción. Los países son los siguientes: China, India, Irán, Kazajstán, Kirguistán, Rusia, Pakistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán.

Antes de esa reunión, el presidente ruso, Vladimir Putin, había advertido que unos diez mil combatientes de ISIS se habían reunido en el norte de Afganistán para difundir la discordia religiosa y étnica. La Unión Soviética una vez fue fronteriza con Afganistán y Rusia todavía considera esta área una zona de influencia.

Putin informó a mediados de septiembre que el líder del ISIS planeaba enviar personas disfrazadas de refugiados a los países vecinos de Asia Central.

Los países participantes en las conversaciones de Moscú destacaron en una declaración conjunta que estaban preocupados por las acciones de las organizaciones terroristas y reafirmaron su voluntad de continuar promoviendo la seguridad en Afganistán para contribuir a la estabilidad regional.

El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, criticó la ausencia de funcionarios estadounidenses durante la reunión. Dijo anteriormente que los combatientes afiliados a ISIS y a Al-Qaeda estaban tratando de aprovechar el vacío de poder en algunas partes de Afganistán.

En la declaración conjunta, los países participantes instaron a los talibanes a aplicar políticas internas y externas apropiadas y cautelosas y a adoptar una política amistosa hacia los vecinos del Afganistán.

En términos de política interna, exigen que los talibanes respeten los derechos de los grupos étnicos, las mujeres y los niños. Antes de esa reunión, los representantes talibanes se habían reunido con funcionarios de la UE y de los Estados Unidos y también habían viajado a Turquía, con la esperanza de obtener el reconocimiento oficial y la asistencia de la comunidad internacional.

Los talibanes necesitan desesperadamente aliados en este momento porque la economía de Afganistán está en peligro debido a la pérdida de ayuda internacional, el aumento de los precios de los alimentos y el aumento del desempleo.

Con referencia específica a China y Rusia, con motivo del 20º aniversario del establecimiento de la Organización de Cooperación de Shanghai y la firma del Tratado Sino-Ruso de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa, las relaciones entre los dos países entraron en la tercera década de estabilidad y amistad.

Actualmente, sin embargo, la retirada de Estados Unidos de Afganistán ha llevado a al menos dos resultados negativos para China y Rusia: 1) Afganistán, ubicado en el “patio trasero” de China y Rusia, se ha desestabilizado; 2) el conflicto ha sido caótico y el futuro es incierto y después de treinta años desde el final de la Guerra Fría, Estados Unidos se ha liberado de esa carga para centrarse en los desafíos de las dos principales potencias euroasiáticas.

Antes de la retirada de Estados Unidos, aunque el juego geopolítico chino-ruso-estadounidense continuó intensificándose, Afganistán seguía siendo el lugar donde los intereses de los tres países se superponían y todas las partes estaban interesadas en lograr un “aterrizaje suave” sobre el tema.

Desde 2019, los tres países han estado trabajando juntos en forma de una “troika” ampliada para resolver pacíficamente el problema afgano. Para Rusia y China, la presencia militar estadounidense en Afganistán era un arma de doble filo: no solo representaba una amenaza geográfica, sino que también podía contener eficazmente a las fuerzas islámicas radicales en la región.

Tanto China como Rusia esperaban que, después de alcanzar un acuerdo de paz sostenible con las partes involucradas en Afganistán, el ejército estadounidense se retirara de Afganistán de manera ordenada para evitar que Afganistán se convirtiera nuevamente en un “santuario terrorista”. La rápida derrota de Estados Unidos en Afganistán, sin embargo, sin acuerdos y / o soluciones de compromiso, fue inesperada para China y Rusia, especialmente cuando, el 11 de mayo, el ejército estadounidense evacuó el aeropuerto de Kandahar sin informar al gobierno afgano, etc.

China y Rusia no tienen más remedio que enfrentarse a un Afganistán cuyo futuro político es dudoso. Las dos superpotencias, sin embargo, tienen actitudes completamente diferentes hacia la cuestión afgana: la primera es más proactiva en el contacto con todas las partes dentro y fuera de Afganistán.

El 11 de mayo, en la Segunda Reunión de los Cinco Ministros de Relaciones Exteriores en el formato de “Asia Central y China” celebrada en Xi’an, el Consejero de Estado y Ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, había advertido que “las tropas extranjeras deberían retirarse de Afganistán de manera ordenada y responsable para evitar acciones apresuradas contra Afganistán”. Unos días más tarde, el ministro de Relaciones Exteriores de China le dijo a su homólogo afgano que China estaba “dispuesta a acoger las conversaciones internas de Afganistán y ayudar a sus esfuerzos contra el terrorismo”. A mediados de julio, durante la reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Cooperación de Shanghai en Dusambé, Wang Yi reiteró esa propuesta.

Fue en ese contexto que Wang Yi realizó una visita oficial a Tayikistán el 14 de julio y luego participó en la reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Cooperación de Shanghai y se reunió con el Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Lavrov, en Tashkent al día siguiente. Además, el 16 de julio, el presidente chino Xi Jinping tuvo una conversación telefónica con el entonces presidente afgano Ashraf Ghan. Xi Jinping instó a “un diálogo político dirigido y propiedad de los afganos para promover la reconciliación nacional y los procesos de paz”. También prometió proporcionar más asistencia a Afganistán en la lucha contra el Covid-19 y confió en que la parte afgana brinde más protección a los ciudadanos y organizaciones chinas en Afganistán.

Diez días después de que las fuerzas estadounidenses se retiraran repentinamente de la Base Aérea de Bagram (6 de julio), es decir, cuando Xi Jinping y Ghani estaban en conversaciones, Estados Unidos anunció que la nueva fecha límite para la retirada de Estados Unidos era el 31 de agosto, causando así el colapso del ejército afgano en todo el país a fines de julio. El 28 de julio, mientras se reunía con el líder político talibán Abdul Ghani Baradar en Tianjin, Wang Yi dijo: “La repentina retirada de las tropas estadounidenses y de la OTAN de Afganistán marca el fracaso de la política estadounidense en Afganistán. El pueblo afgano se enfrenta ahora a una importante oportunidad para estabilizar y desarrollar su país”.

Baradar espera que China participe cada vez más en el proceso de consolidación de la paz en Afganistán y desempeñe un papel más importante en la reconstrucción y el desarrollo económico del país. Wang Yi dijo que los talibanes deberían trazar una línea clara con organizaciones terroristas como ISIS. En respuesta, Baradar prometió que los talibanes afganos “absolutamente no permitirían que ninguna fuerza hiciera nada dañino para China en el territorio de Afganistán”.

Baradar no es el primero en visitar China. Antes del 11 de septiembre de 2001, los talibanes tenían contactos con China pero, después de los trágicos acontecimientos, China apoyó a la Alianza del Norte afgana y los contactos mencionados con los talibanes se interrumpieron durante varios años. Sin embargo, China nunca ha clasificado a los talibanes como una organización terrorista.

La diplomacia activa de China hacia Afganistán tiene dos razones principales: en primer lugar, las preocupaciones de seguridad, en particular las fronteras occidentales de China; en segundo lugar, los intereses económicos, porque todos los vecinos del Afganistán son países vinculados a la Iniciativa de la Ruta de la Seda.

En la operación real, la seguridad y la economía están estrechamente relacionadas y son esenciales. El 14 de julio, el autobús lanzadera del Proyecto Hidroeléctrico Dasu en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, al noroeste de Pakistán, fue atacado por terroristas. El ataque causó la muerte de trece personas, entre ellas nueve ciudadanos chinos. La central hidroeléctrica de Dasu es parte de la construcción del Corredor Económico China-Pakistán.

Además, como país vecino de Afganistán, China tiene una frontera de 92 kilómetros de largo en el borde oriental del valle de Wakhan de 300 kilómetros de largo, que está conectado a este país devastado por la guerra. Según los informes, China proporcionó alrededor de 70 millones de dólares en asistencia militar a Afganistán entre 2016 y 2018 y ayudó al ejército afgano a establecer una brigada de montaña dedicada a combatir el terrorismo en el corredor de Wakhan.

Además, durante las dos décadas en que Estados Unidos ocupó Afganistán, la inversión de China allí incluyó millones y millones de dólares en asistencia económica, incluidos varios proyectos como escuelas, hospitales, pisos y asistencia alimentaria, y capacitó a miles de estudiantes y técnicos afganos en China y Afganistán.

Desde 2017, China, Afganistán y Pakistán han estado discutiendo la posibilidad de extender el Corredor Económico China-Pakistán a Afganistán. Sin embargo, algunos proyectos económicos importantes, como el contrato de cuatro mil millones de dólares de 2008 para la mina de cobre Anyak y el contrato de 2011 para el desarrollo conjunto del campo de petróleo y gas de la cuenca de Amu Darya, se han suspendido debido a preocupaciones de seguridad.

A diferencia de China, Rusia ha considerado a los talibanes una organización terrorista desde febrero de 2003, pero esto no le ha impedido tener contactos con ellos. El 13 de agosto pasado, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Lavrov, subrayó: «Estamos en diálogo con todas las fuerzas políticas importantes en Afganistán, incluido el gobierno afgano y los talibanes, los representantes de uzbekos y tayikos y otros».

De hecho, los representantes de los talibanes visitaron Moscú ya en noviembre de 2018 para participar en la Conferencia de Paz organizada por Rusia. También celebraron dos reuniones en 2021 (el 18 de marzo y el 8 de julio) para participar en consultas tripartitas, el formato preferido de Rusia para el diálogo. Dos días antes de que los talibanes tomaran el control de Kabul, el Ministro de Relaciones Exteriores Lavrov previó un mecanismo de consulta tripartito ampliado para incluir a Irán e India, además de Pakistán. Fuera de Afganistán, Rusia ha invertido muchos recursos en Asia Central y tiene una influencia considerable en el campo de la seguridad (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva).

Como países importantes, muchos problemas globales están relacionados con la relación entre China y Rusia. Los países occidentales, al igual que las colonias lideradas por los Estados Unidos de América, han preferido tener martillos en las manos y clavos en los ojos. China y Rusia no han seguido el modelo occidental, sino que han seguido caminos separados. Esta es una esperanza para los países que han sido devastados por la interferencia de los Estados Unidos (ex Yugoslavia, Afganistán, Irak, Siria, Libia, países africanos, etc.), y también es una esperanza para el orden mundial de Westfalia interrumpido por los Estados Unidos después del ataque a las Torres Gemelas.

El desarrollo y el progreso de la civilización humana no pueden tener un solo camino, ni debe haber un solo modelo. Como dice un refrán chino: “Aquellos que son aptos para sí mismos pero olvidan a los demás son abandonados por el pueblo; los que se niegan a sí mismos y resucitan son admirados por todos”

 

* Copresidente del Consejo Asesor Honoris Causa. El Profesor Giancarlo Elia Valori es un eminente economista y empresario italiano. Posee prestigiosas distinciones académicas y órdenes nacionales. Ha dado conferencias sobre asuntos internacionales y economía en las principales universidades del mundo, como la Universidad de Pekín, la Universidad Hebrea de Jerusalén y la Universidad Yeshiva de Nueva York. Actualmente preside el «International World Group», es también presidente honorario de Huawei Italia, asesor económico del gigante chino HNA Group y miembro de la Junta de Ayan-Holding. En 1992 fue nombrado Oficial de la Legión de Honor de la República Francesa, con esta motivación: “Un hombre que puede ver a través de las fronteras para entender el mundo” y en 2002 recibió el título de “Honorable” de la Academia de Ciencias del Instituto de Francia.

 

Traducido al español por el Equipo de la SAEEG con expresa autorización del autor. Prohibida su reproducción. 

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