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ASIA CENTRAL: INTEGRACIÓN AUTÓCTONA EN MEDIO DE TURBULENCIAS GLOBALES

Roberto Mansilla Blanco*

Imagen: Servicio de Prensa del Presidente de Uzbekistán

Los países de Asia Central estudian nuevas estrategias de integración regional para fortalecer intereses comunes ante los cambios en el sistema internacional. Así lo explicó el presidente uzbeco Shavkat Mirziyoyev durante una cumbre regional celebrada en Tashkent (Uzbekistán) en noviembre de 2025, en la que instó a la creación de una nueva Comunidad de Estados de Asia Central conformada por Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán.

La «autonomía estratégica» centroasiática

Tras la disolución de la URSS en 1991, Asia Central cobró interés para las principales potencias globales debido a sus recursos energéticos y rutas económicas. Este interés de actores exógenos condicionó la orientación geopolítica y estrategias de integración de los países centroasiáticos.

La cumbre de Tashkent pretendió abrir la ruta hacia la «autonomía estratégica» a través de un mayor control conjunto de las reservas de petróleo y gas natural (Uzbekistán, Turkmenistán y Kazajstán) y recursos hídricos (Kirguizistán y Tayikistán) así como atender asuntos comunes como el cambio climático, la seguridad alimentaria y las rutas comerciales. Esta integración autóctona persigue así reducir el peso geopolítico determinado por actores como Rusia, China, EEUU, Europa, India, Turquía, Irán y Arabia Saudita.

Para este fin los países centroasiáticos han impulsado iniciativas conjuntas como el Plan de Acción para el Desarrollo de la Cooperación Industrial 2025-2027, el Diálogo de Mujeres Líderes de Asia Central, la Plataforma Regional de la Juventud y especialmente los formatos de cooperación «Asia Central Plus» que conectan a estos países con la Unión Europea, China, Rusia y EEUU, entre otros, a través de diversos esquemas bilaterales.

Es importante destacar que el islam y una herencia histórica determinada por la expansión imperial (principalmente rusa) han cohesionado una especie de identidad común en el Asia Central post-soviética, completado con un proceso de «reinvención» histórica y recuperación de sus respectivas identidades nacional, cultural y lingüística.

Asia Central afronta igualmente retos de desarrollo como la demografía, con una de las tasas de densidad de población más bajas del planeta: 18,55 habitantes por km2, escasa cultura democrática ante la persistencia del nepotismo y el autoritarismo, desigualdades socioeconómicas y deficiencias de servicios públicos e infraestructuras; y conflictos interétnicos y religiosos (islamismo radical)

Es relevante considerar que la cumbre de Tashkent implicó dos hechos clave para la integración regional centroasiática: el primero fue la incorporación formal de Azerbaiyán, un país caucásico rico en petróleo y gas natural, como miembro de pleno derecho; y el segundo factor la anteriormente mencionada propuesta de creación de la Comunidad de Asia Central.

¿El nuevo «Gran Juego» del siglo XXI?

Como un émulo del histórico «Gran Juego» que libraron los imperios ruso y británico en Asia Central en la segunda mitad del siglo XIX, las expectativas de integración centroasiáticas deben abordar diversos equilibrios determinados por los intereses de potencias globales (Rusia, China, EEUU y Europa) y de otros actores emergentes (Turquía, Irán, India, Arabia Saudita).

  • Rusia

Rusia ha considerado a Asia Central como su «esfera de influencia», no exenta de tensiones ante su imagen histórica de poder dominante. Tanto el imperio zarista como la URSS definieron en gran medida el devenir de los países centroasiáticos a tal punto que el idioma ruso se ha convertido prácticamente en una «lingua franca» regional.

En la etapa postsoviética, Moscú creó diversos organismos como la Comunidad de Estados Independientes (CEI), que actualmente incluye a Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán; la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, OTSC (integra a Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán); y la Unión Económica Eurasiática (con Kazajstán y Kirguistán)

Moscú observa igualmente con atención el tema de la seguridad en sus esferas de influencia, en especial ante la expansión de los intereses occidentales tal y como se vio recientemente en las elecciones parlamentarias armenias. Con apoyo ruso, Uzbekistán se convertirá en el primer país de Asia Central en construir una central nuclear, un hecho significativo que le permitirá a Moscú acceder a nuevos escenarios dentro del mercado centroasiático.

Rusia también acoge en su territorio una numerosa inmigración de Asia Central, especialmente kirguizos y tayikos. Algunos de ellos han participado en el conflicto ucraniano enrolados en las fuerzas armadas rusas bajo promesas de regularización y legalización.

  • China

La presencia de China en Asia Central ha sido más reciente, principalmente bajo esquemas de cooperación cultural, educativa, lingüística y económica. Destacan así la Iniciativa de la Franja y la Ruta, la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) e incluso los BRICS, entidad en la que Kazajstán y Uzbekistán poseen el estatus de socios.

La OCS supone un instrumento estratégico para Beijing ya que incluye a Rusia, Kazajstán, Kirguistán, Uzbekistán, Tayikistán, Pakistán e India. Así mismo, Beijing ha fomentado iniciativas multilaterales propias como el Mecanismo China-Asia Central.

  • EEUU y la Unión Europea

A menudo de manera conjunta, sus prioridades se establecen en torno al fomento de la democracia, los derechos humanos, las rutas energéticas y la seguridad, destacando la Asociación para la Paz de la OTAN como iniciativa de modernización de las Fuerzas Armadas centroasiáticas.

No obstante, los intereses geopolíticos y geoeconómicos de EEUU y la UE han chocado constantemente con los de Rusia y China. La retirada militar estadounidense y de la OTAN de Afganistán (2021) confirmó el aparente declive de la presencia occidental. El actual conflicto entre EEUU e Irán han reorientado un papel más activo de Washington en Asia Central.

  • Turquía

El Asia Central postsoviético abrió una ventana geopolítica de soft power para Turquía a través del mundo «túrquico» en países como Kirguizistán, Kazajstán, Uzbekistán y Turkmenistán. Un ejemplo es la Organización de Estados Túrquicos (OET), creada en 2009 y conformada, además de Turquía, por Azerbaiyán, Kazajstán, Uzbekistán y Kirguizistán. Desde 2025, el Ministerio de Educación turco utiliza el término «Turquestán» en sus planes de estudio para referirse a la región.

No obstante las rivalidades históricas con una Rusia que alberga poblaciones de origen turco (tártaros, chuvasios, bashkires, yakutos, karacháis y tuvinianos), Turquía y Asia Central han avanzado en acuerdos de cooperación en educación, construcción de infraestructuras y en el ámbito energético a través del Corredor de Zangezur.

  • Irán

Ante las sanciones de Occidente, Irán observa en Asia Central un escenario alternativo de cooperación. Teherán ha impulsado una estrategia concreta, «Mirar hacia el Este», priorizando la cooperación económica, energética y de transporte así como la conectividad y el comercio.

Tayikistán se ha convertido en el eje de influencia iraní en la región por sus vínculos históricos, lingüísticos y culturales con Teherán. A pesar de sus permanentes tensiones, Afganistán, donde conviven minorías étnicas y lingüísticas persas, entra igualmente dentro de estas prioridades geopolíticas iraníes.

Vía Pakistán, Teherán está igualmente impulsando nuevas rutas logísticas y comerciales en Asia Central, un hecho que puede resultar significativo ante las negociaciones entre EEUU e Irán para finalizar el conflicto iniciado en febrero pasado. Islamabad ha sido un aliado clave de Teherán en lo relativo a las negociaciones diplomáticas con EEUU, toda vez que la concreción de intereses entre Pakistán e Irán puede anunciar un nuevo eje geopolítico regional.

  • Arabia Saudita

Tras su ingreso en la OCS en 2023 como «socio de diálogo», Arabia Saudita impulsa la iniciativa Visión 2030 con el objetivo de diversificar inversiones y asegurar socios energéticos en la región.

Riad ha sido prolífico en la expansión regional de su ideología oficial rigorista, el wahabismo, que ha encontrado eco en Asia Central vía cofradías y escuelas religiosas. Pero también existen tensiones derivadas de la presunta conexión saudita con grupos «yihadistas salafistas» como el partido panislámico Hizb-ut-Tahrir (Partido de la Liberación) y el Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU), este último vinculado a la red al-Qaeda.

  • India

El Diálogo India-Asia Central marca la pauta de relación multilateral con el factor energético y la cooperación antiterrorista como principales prioridades. Un factor importante de conectividad comercial lo constituye el puerto iraní de Chabahar, que le permite a Nueva Delhi mantener una ruta de transporte regional.

India coopera con Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán en el combate al terrorismo, el extremismo y el narcotráfico, temas especialmente sensibles para Nueva Delhi por su proximidad geográfica con Pakistán, potencia nuclear e histórico rival geopolítico indio, y el régimen de los Talibanes en Afganistán.

Es igualmente notoria la presencia de redes yihadistas transnacionales (Hizb-ut-Tahrir) en regiones como Jammu y Cachemira. Con más de 200 millones de musulmanes en su territorio, India afronta tensiones sectarias y separatistas ante el auge del nacionalismo indio. Por otro lado, India, cortejada por otros actores con intereses específicos como EEUU, China, Rusia e Israel, observa con atención la concreción de intereses entre Pakistán e Irán y cómo este escenario podría implicar un nuevo equilibrio de fuerzas regional.

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

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LA DIPLOMACIA PRAGMÁTICA DE COREA DEL SUR Y LAS VISITAS DEL PRESIDENTE A INDIA Y VIETNAM

Ruvislei González Saez*

Introducción

Desde que Lee Jae Myung asumió la presidencia de Corea del Sur en junio de 2025 promovió un cambio en la política exterior del país. El mandatario surcoreano ha desplegado una «diplomacia pragmática» justamente en momentos de un escenario internacional altamente complejo. Seúl se mueve en un entorno geopolítico delicado entre una fuerte alianza con Estados Unidos y un fuerte relacionamiento económico con China, justamente cuando estos dos últimos son rivales estratégicos. Aun así, el presidente Lee entiende que Washington es su principal garante de seguridad, mientras Beijing su mayor socio económico, y debe mantener un equilibrio, pero estimula una política exterior enfocada en los intereses nacionales. En este sentido, desarrolla la diversificación de las relaciones con el propósito de reducir la excesiva dependencia no solo de estos países, sino también de regiones.

La hábil diplomacia promovida por Corea del Sur en el actual entorno permite sortear los diversos impactos, sin obviar los efectos negativos de los conflictos regionales, especialmente en el Medio Oriente con gran afectación a la economía global. Recientemente se ha visualizado los intercambios directos de Lee con los principales líderes de Estados Unidos, China, Japón, Unión Europea, Francia, Filipinas, por citar algunos. Por el otro lado, ha adoptado una política de aproximación hacia la República Popular Democrática de Corea y menos agresiva hacia Rusia. La autonomía estratégica que intenta sortear Corea del Sur en las condiciones actuales aún no ha enfrentado su gran desafío dado que la atención mundial está enfocada en otra parte del mundo. Aun así, se abren oportunidades con naciones del llamado Sur Global. En este sentido, Lee Jae Myung viajó en la segunda mitad de abril de 2026 a la India y Vietnam, dos actores relevantes en la región asiática en diferentes dimensiones. 

Relevancia de la visita del presidente de Corea del Sur a la India

El presidente de la República de Corea Lee Jae Myung, realizó una gira oficial de Estado a la India por invitación del primer ministro Narendra Modi, del 19 al 21 de abril de 2026. Ésta constituyó la primera visita del mandatario Lee a la India, pero también la de un líder surcoreano en más de ocho años a la nación de Asia Meridional y el tercer encuentro en persona entre los dos líderes, tras sus diálogos previos celebrados al margen de las cumbres del Grupo de los Siete (G-7) y del Grupo de los 20 (G-20) en 2025. El propósito central fue el fortalecimiento de la cooperación bilateral en diversas áreas, incluida la construcción naval, el comercio, las inversiones, la inteligencia artificial (IA), los semiconductores, las tecnologías críticas y emergentes, los intercambios culturales y pueblo a pueblo. También discutirán sobre cuestiones regionales y mundiales de interés mutuo.

Corea del Sur y la India elevaron su relacionamiento en 2015 al nivel de Asociación Estratégica Especial. Ambos habían establecido en 2009 un Acuerdo de Asociación Económica Integral (AAEI) y tras la visita los dos países acordaron acelerar las negociaciones para actualizar dicho acuerdo en el presente año, así como establecieron el objetivo de aumentar el comercio bilateral de los 25 000 millones de dólares actuales a 50 000 millones para 2030[1].

Las conversaciones entre Lee y Modi se produjeron mientras ambos países buscan reforzar y diversificar sus relaciones internacionales en medio de la incertidumbre económica mundial y las interrupciones de las cadenas de suministro provocadas por la guerra de Irán. Los dos países constituyen para la otra parte socios relevantes, dado que no existen diferencias geopolíticas entre ellos y cada uno ha mantenido una posición de respeto y apoyo a la otra parte.

En el marco de la gira las dos partes firmaron 15 documentos destinados a impulsar el comercio, la inversión y la cooperación en ámbitos como la construcción naval y la IA, así como a crear un comité de cooperación industrial a nivel ministerial dedicado a la cooperación económica. Entre los acuerdos, un memorándum de entendimiento (MOU) sobre la construcción naval pretende apoyar la participación de las compañías surcoreanas en los proyectos de construcción naval de la India, incluidos aquellos para construir instalaciones de astilleros y ofrecer apoyo a la producción. Las dos naciones también acordaron establecer un «Centro Coreano en Mumbay», que servirá como un recinto para actuaciones de K-pop y centro para la cultura coreana, concebido como un espacio que fusione el K-pop y Bollywood, la industria cinematográfica india en lengua hindi[2].

Estratégica gira oficial de Lee Jae Myung a Vietnam

Finalizada la visita a la India, el mandatario surcoreano continuó hacia Vietnam para realizar una visita de Estado entre el 22 y el 24 de abril. Las relaciones entre Corea del Sur y Vietnam se han transformado en un ejemplo de Asociación Estratégica Integral desde 2022 que ha permitido el beneficio mutuo. Los vínculos se han elevado constantemente y las delegaciones de alto nivel han sido sistemáticas en los últimos cuatro años. El pasado año 2025, en agosto, el secretario general del Partido Comunista de Vietnam (PCV), To Lam realizó una gira por Corea. En noviembre del mismo año el entonces presidente vietnamita Luong Cuong, en el marco de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), asimismo realizó una visita a ese país del este asiático, mientras que en el mismo mes el presidente de la Asamblea Nacional de la República de Corea, Woo Won-shik, viajó a Hanoi.

En 2026 el viaje del presidente Lee Jae Myung marcó un hito de gran relevancia al ser el primer jefe de Estado extranjero recibido por el nuevo liderazgo vietnamita tras el XIV Congreso Nacional del Partido, en el que To Lam fue elegido además como presidente del país. En su visita por la nación del sudeste asiático, el mandatario surcoreano se reunió con los principales líderes vietnamitas. Hanoi es un socio clave en la política surcoreana hacia el sudeste asiático, especialmente en el marco de la Iniciativa de Solidaridad Corea del Sur-Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN).

En la esfera económica, la República de Corea sigue siendo la principal fuente de inversión extranjera directa de Vietnam, su segundo mercado turístico más grande después de China y el segundo mayor proveedor de asistencia oficial para el desarrollo (AOD). Además, la República de Corea es el tercer socio comercial más grande de Vietnam después de China y Estados Unidos (y viceversa) y el tercer mercado de destino laboral más grande. Es decir, en lo económico, comercial y financiero existe una profunda interrelación entre ambas partes.

Tal como se expresaba anteriormente, Corea del Sur se consolida como el mayor inversor extranjero en Vietnam, con un capital acumulado superior a los 90 mil millones de dólares, mientras que el comercio bidireccional alcanzó aproximadamente 88 mil millones de dólares en 2025. Las discusiones de los líderes se centraron en tres prioridades estratégicas fundamentales:

    1. Elevar el comercio bilateral a una meta de 100 mil millones de dólares a corto plazo y 150 mil millones para 2030, promoviendo un intercambio más equilibrado y sostenible.
    2. Profundizar la integración en las cadenas de suministro globales, especialmente en semiconductores, tecnologías digitales, datos, baterías y energías limpias.
    3. Fortalecer el vínculo entre la inversión, la innovación y la formación de recursos humanos, permitiendo que Vietnam ascienda en la cadena de valor global mientras se abren nuevos espacios de mercado para las empresas surcoreanas[3].

La visita del presidente Lee y su delegación a Vietnam tuvo resultados concretos prácticos. No fue casual la presencia de los líderes de los conglomerados principales surcoreanos en esta delegación, incluidos el presidente de Samsung Electronics, Lee Jae-yong; el presidente del Grupo SK, Chey Tae-won; el presidente del Grupo LG, Koo Kwang-mo; y el presidente del Grupo Lotte, Shin Dong-bin. Los intereses de Corea del Sur son estratégicos en Vietnam, especialmente ahora en momentos de tensiones geopolíticas globales y que no desaparecerán al corto plazo.

Las dos naciones, en el campo empresarial firmaron 74 MOU sobre la cooperación en varias áreas, incluida la IA, energía, infraestructura y tecnologías, según la Cámara de Comercio e Industria de Corea del Sur (KCCI). SK Innovation y SK Telecom firmaron un MOU con el Centro Nacional de Innovación de Vietnam sobre el desarrollo de un centro de datos de IA en la provincia vietnamita de Nghe An. Daewoo Engineering & Construction también firmó un MOU con SaigonTel de Vietnam para la construcción conjunta de un proyecto de centro de datos. El constructor de centrales nucleares Doosan Enerbility concertó un acuerdo con la Corporación de Servicios Técnicos PetroVietnam y la Corporación por Acciones de Construcción PetroVietnam para cooperar en proyectos de nuevas centrales nucleares en Vietnam[4].

Los dos países han estado desarrollando el Instituto de Ciencia y Tecnología Vietnam – Corea del Sur (VKIST) como centro neurálgico de colaboración, así como en la expansión de su red a nivel nacional. Con la intención de impulsar la segunda fase, promoverán áreas como la IA, los semiconductores y las tecnologías avanzadas, con el objetivo de convertir los resultados de investigación en productos y modelos comercializables. El proyecto contará con financiación no reembolsable del gobierno surcoreano, por un valor aproximado de 30 millones de dólares, y se implementará hasta 2033.

Con la gira oficial del mandatario de la República de Corea a Hanoi, se demostró que la cooperación en materia de defensa y seguridad se amplió en los ámbitos del diálogo político, la creación de capacidad y la industria de la defensa y la seguridad. Los intercambios culturales y educativos, junto con los lazos entre personas, a través de la cooperación laboral, el turismo, los programas de estudio en el extranjero y las visitas familiares, están creciendo tanto en volumen como en intensidad. En 2025 la República de Corea fue la segunda fuente más grande de turistas internacionales de Vietnam, con 4.3 millones de llegadas, lo que representó el 21 % de todos los visitantes extranjeros al país. La comunidad vietnamita en la República de Corea (que suma más de 350.000) y la comunidad coreana en Vietnam (aproximadamente 200.000) están sirviendo cada vez más como puentes vitales entre las dos naciones[5].

Consideraciones finales

En el contexto actual y sobre la base de la diplomacia pragmática de Lee Jae Myung, Corea del Sur promueve la diversificación de las relaciones, especialmente con actores no tradicionales y que han tenido un peso creciente en su economía nacional. Los retos del orden desequilibrado internacional vigente implican para Seúl la necesidad de promover los lazos con otras potencias medias y países relevantes para su desempeño económico, financiero y tecnológico. No es casual las visitas efectuadas por el presidente Lee a India y Vietnam, dos importantes socios.

Los acuerdos logrados entre Corea del Sur y la India tras la reciente gira oficial contribuirán sin dudas a transformar sus vínculos de confianza en una asociación orientada al futuro. Demuestran en medio del alto nivel de volatilidad y de crisis sistémica, que los países asiáticos profundizarán su relacionamiento intrarregional con mayor fuerza, ante retos derivados de las tensiones marcadas en Ucrania e Irán y que pueden agudizarse en otras partes del mundo, incluyendo el propio Caribe.

Con la visita efectuada a Vietnam se demostró la relevancia de este país como uno de los tres actores más importantes en su diversificación económico, comercial y financiera. Hoy Vietnam tiene un mayor rol comercial que India para Corea del Sur y aunque ambos países son sedes de inversiones de compañías surcoreanas, sin dudas, la nación del Sudeste Asiático por su carácter geopolítico deviene en un centro clave especialmente para conglomerados como Samsung.

La gira efectuada por el presidente Le Jae Myung a estas dos naciones, tiene un significado estratégico y práctico en medio de las complejidades actuales. Contribuyó a la elevación de la confianza mutua y a la profundización del relacionamiento económico-financiero. Ambas visitas condicionaron resultados exitosos y la complementariedad en un marcado proceso de evolución tecnológica de las tres naciones (Corea del Sur, India y Vietnam) aunque en diferentes gradaciones.

 

Referencias bibliográficas

[1] «India y Corea del Sur acuerdan casi duplicar el comercio bilateral a 50.000 millones para 2030». Associated Press, 20/04/2025, https://www.greenwichtime.com/news/world/article/india-y-corea-del-sur-acuerdan-casi-duplicar-el-22215441.php.

[2] Lee Hana. «Corea del Sur y la India acuerdan cooperar en las cadenas de suministro energético en medio de la guerra en Oriente Medio». Yonhap, 20/04/2026, https://sp.yna.co.kr/view/ASP20260420003000883?section=national/index.

[3] «Presidente surcoreano comienza visita de Estado a Vietnam».  Agencia Vietnamita de Noticias (VNA), 21/04/2026, https://es.vietnamplus.vn/presidente-surcoreano-comienza-visita-de-estado-a-vietnam-post234760.vnp.

[4] «Lee insta a una cooperación más estrecha con Vietnam en las cadenas de suministro de materias primas». Yonhap, 24/04/2026, https://sp.yna.co.kr/view/ASP20260424000200883.

[5] Nguyen Vu Tung. «South Korean President Lee’s visit to Vietnam to define the future of bilateral relations». Asia News, 22/04/2026, https://asianews.network/south-korean-president-lees-visit-to-vietnam-to-define-the-future-of-bilateral-relations/.

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EL «CHOQUE DE LAS OLIGARQUÍAS»

Roberto Mansilla Blanco*

En un clarividente artículo sobre la guerra en Ucrania escrito en octubre de 2022, el analista Rafael Poch-de-Feliu, con anterioridad corresponsal del diario hispano La Vanguardia en Rusia y China, explicó algunas variables escasamente tratadas en los mass media pero que definen una óptica asertiva sobre lo que está sucediendo en el entorno internacional. Poch-de-Feliu identificó como una de las claves del pulso ruso-occidental lo que podríamos denominar como el «choque de las oligarquías». A escala global podríamos ampliar este enfoque al pulso de poder que se observa entre las oligarquías occidentales y orientales, incluyendo obviamente China e India.

Desde esa perspectiva podemos igualmente considerar que estamos observando el declive de la arquitectura del poder global diseñada por Occidente tras la II Guerra Mundial. Este sistema, cada vez menos efectivo, encuentra ahora fuertes competidores, en este caso dentro del espacio euroasiático. Se señalan aquí países con grandes riquezas naturales y poderío militar (Rusia); y otros con poder económico, tecnológico, demográfico y militar (China e India). Con menor incidencia, pero no menos relevancia, deben añadirse otros actores de peso, algunos de ellos condicionados por las sanciones occidentales (Irán, Corea del Norte) pero aliados del eje euroasiático sino-ruso; y otros actores emergentes (Brasil, México), a veces afiliados, otras veces contestatarios, con Occidente.

Las elites rusas y china piden paso

El audaz proceso de transformación exhibido en la Rusia post-soviética y en la China post-maoísta implicó el fortalecimiento de élites de poder con clara vocación de expansión global. Siguiendo con el enfoque del «choque de oligarquías», el mismo ofrece un mapa de cambios donde Occidente se niega a asumir su declive histórico mientras Eurasia y Oriente piden paso.

En el caso chino incluso se argumenta que el peso de los cambios históricos les favorece tras casi dos siglos de predominio (y de desprecio) por parte de un Occidente reacio a aceptar como «primus inter pares», en igualdad de condiciones, a estas oligarquías y elites de Moscú, Beijing y Nueva Delhi que poseen capacidad para ascender en los foros internacionales.

Como competidores efectivos para desafiar esa hegemonía atlantista, en Occidente, con epicentro Washington, no dudan en enfilar el «hacha de la guerra» como estrategia que le permita, cuando menos, neutralizar esta competencia in crescendo desde Oriente.

Este choque entre élites atlantistas y euroasiáticas se define igualmente a través de los imperativos geopolíticos, espacios donde entran en juego otras variables no estrictamente limitadas por la riqueza económica. Conviene por tanto no aplicar visiones reduccionistas, únicamente explicadas en criterios de poder económico o financiero, a la hora de analizar la naturaleza y dinámica de estas oligarquías. El poder del Estado, las identidades nacionales, religiosas, culturales, etc., también entran en juego y definen muchas de esas dinámicas de poder.

Los casos ruso y chino son significativos en esta dirección. La Rusia de Putin ha operado una transformación de poder en la que las otrora poderosas oligarquías post-soviéticas, ávidas de riqueza exprés en medio del saqueo de los bienes estatales (como fueron los casos de oligarcas como Boris Berezovsky y otros tantos durante la década de 1990) fueron progresivamente desplazadas del equilibrio de poder una vez Putin y sus «oligarcas» llegaron al Kremlin.

Se imponen así en Moscú nomenklaturas más vinculadas con la operatividad del Estado, con experiencia en los servicios de seguridad y de inteligencia, en las Fuerzas Armadas y en la estructura política y burocrática. En un claro cambio de imagen con respecto a los anteriores «oligarcas», las actuales élites rusas actúan en clara concordancia con los intereses nacionales. A estas nuevas élites en Moscú se les denominan los siloviki, estrechamente ligados al círculo de poder en torno al presidente Putin. Se prevé su capacidad para trazar el futuro de Rusia, cuando menos hasta mediados de este siglo XXI.

En el caso chino, esas oligarquías económicas y burocráticas se ven insertadas dentro de las estructuras de poder del Partido Comunista Chino que, bajo el modelo de «partido-Estado», articula su peculiar sistema socialista aderezado con un modelo capitalista de control estatal pero con fidelidad a los intereses nacionales. El sistema ha sido probadamente efectivo en materia de progreso socioeconómico: no olvidemos que, en los últimos 30 años, aproximadamente 800 millones de chinos salieron de la pobreza, convirtiéndose en clases medias-altas con vocación de competitividad global.

La reciente cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai en Tianjin (China) interpretó la concreción de intereses entre China, Rusia e India, tres potencias a nivel militar, tecnológico, económico y demográfico, lo cual puede igualmente traducir la concreción de intereses de esas oligarquías euroasiáticas a la hora de confeccionar un nuevo sistema económico global que atienda sus prioridades.

El pulso tecnológico juega aquí un papel estratégico. La Inteligencia Artificial china se asume como el principal competidor tecnológico para Occidente mientras los grandes poderes de los holding empresariales estadounidenses y europeos comienzan a observar que sus competidores asiáticos (principalmente chinos e indios) están posicionándose con fuerza en los mercados globales, principalmente en América Latina, África y sureste asiático, con esquemas de cooperación bilateral «ganar-ganar» sin desestimar la siempre necesaria captación de recursos. Occidente ya no es, por tanto, el paradigma del desarrollo.

También está el tema de los liderazgos políticos y su relación con la sociedad. Los líderes occidentales en EEUU y Europa se ven frecuentemente contrariados por índices de impopularidad, una opinión pública fiscalizadora de la gestión gubernamental y los siempre incómodos equilibrios institucionales. El modelo democrático occidental acomete crisis de participación y de confianza ciudadana en sus liderazgos políticos.

Una radiografía muy diferente a lo que podemos observar en los casos de Putin, el chino Xi Jinping y el indio Narendra Modi, sin que esta perspectiva signifique elogiar estos sistemas como ideales. Estos liderazgos se observan, cuando menos, incontestables a mediano plazo, con relevantes índices de popularidad, una opinión pública básicamente domesticada hacia los intereses gubernamentales y escasos resortes de fiscalización de su poder.

En este pulso de oligarquías obviamente no se desestiman los focos conflictivos (Ucrania, Gaza, Taiwán) y sus respectivas dinámicas. Aquí entran en escena imperativos geopolíticos claves, como la soberanía y las esferas de influencia. La globalización económica y cultural impulsada por Occidente e imperante desde la década de 1980 se ve claramente contrariada por el retorno de los proteccionismos y de los intereses nacionales, precisamente en ese Occidente que se observa amenazado por nuevos competidores. Visto en perspectiva el contexto actual aborda una «guerra entre capitalismos» de oligarquías en disputa, en este caso el atlantista y el euroasiático, con sus inevitables diferencias de sistemas políticos, económicos y sociales.

En esta lucha por el control del capitalismo global, las élites, independientemente de su origen geográfico, tienen los mismos intereses y las mismas aspiraciones, definidas en cuanto al control hegemónico, sea éste unilateral, multipolar o multilateral. Ahora bien: en este pulso de hegemones oligárquicos, ¿hay lugar para la rebelión popular, para la construcción «de otro mundo posible»?

 

* Analista de Geopolítica y Relaciones Internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (Universidad Central de Venezuela, UCV), magister en Ciencia Política (Universidad Simón Bolívar, USB) y colaborador en think tanks y medios digitales en España, EEUU e América Latina. Analista Senior de la SAEEG.

 

Este artículo fue originalmente publicado en idioma gallego en Novas do Eixo Atlántico.